Capitulo 3

Shaoran Li exhaló un suspiro interior mientras su mirada se detenía en la jadeante vampiresa que sujetaba firmemente al niño pequeño contra su pecho. El demonio en él, fuerte ahora, estaba luchando por la libertad, la neblina roja en su mente pidiendo a gritos tomar el control. Y el vampiro había estado en lo correcto: suprimir al asesino interior se hacía cada vez más difícil. Podía sentir el poder y el gozo durante el combate, y pelear se tornaba cada vez más adictivo porque era el único momento en que sentía algo. Había sobrevivido siglos en una existencia fría, árida, negra y gris, sin deleitarse realmente en los colores o las emociones excepto el gozo por la lucha.

Se permitió barrer la playa con la mirada, y luego volvió su atención hacia la bruja que amenazaba al niño. Repentinamente, se calmó. Después de más de seiscientos años de no ver los colores, en ese momento distinguía la huella de la sangre contaminada que brotaba de la cabeza de Paul no como una veta negra, sino como un listón de color escarlata brillante, conduciendo su mirada directamente hacia la vampiresa.

Imposible. El color y la emoción regresarían a él sólo si encontraba una compañera. Y no había nadie allí excepto la lastimosa humana que Paul había tratado de transformar. La contempló con el corazón pesado. Casi sintió lástima por la desafortunada mujer. De nuevo se sintió extrañado por esa ráfaga inesperada de simpatía, de emoción, después de tantos siglos de no sentir nada, pero continuó su inspección de la hembra. Era imposible decir su edad. Era pequeña, casi infantil, pero el traje que llevaba puesto, incluso desgarrado, mojado y sucio como estaba, se pegaba a sus curvas llenas. Sus piernas eran una masa de verdugones ensangrentados, su boca hinchada y negra por las ampollas abiertas. Su pelo, enmarañado con algas marinas, pendía en una aglomeración exuberante sobre la espalda, largo hasta la cintura. Sus ojos azules contenían terror, pero también desafío.

Ella iba a matar al niño. La extraña mujer no podía convertirse en una de la Raza de los Cárpatos. Contrario al mito popular, la mayoría de las mujeres humanas no podían ser transformadas por un vampiro sin consecuencias horrendas. Inmediatamente se volvían locas y comenzaban a alimentarse de niños inocentes, y esa mujer había sufrido horrendamente. Las desgarradas heridas en su cuello daban evidencia del uso arduo que el vampiro le había dado, y los cortes en sus muñecas eran cruelmente profundos.

Shaoran trató mentalmente de alcanzar la mente de la mujer, deseando hacer su muerte tan indolora como fuera posible. Impactado por su resistencia, dio un paso amenazante hacia ella. La mujer era increíblemente fuerte. Su mente tenía alguna clase de barrera natural que resistía la voluntad del Cazador. En lugar de colocar al niño en la arena delante de ella como él había ordenado, la mujer empujó al niño hacia un lado, recogió un pedazo grande de madera flotante, y se lanzó contra Shaoran.

Él dio un salto hacia adelante, robando el madero de su mano. El impacto quebró un hueso, y aunque él pudo oírlo y ver el dolor en sus ojos, ella no gritó: evidentemente estaba más allá de los gritos. Él la atrapó, intentando acabar con su vida antes de que ella sufriera más de lo necesario, pero la mujer luchó a pesar de todo, resistiéndose a su asalto mental. Él inclinó la cabeza hacia la garganta de la hembra.

Ella era tan pequeña y estaba tan fría, temblando incontrolablemente, que cada instinto protector brincó dentro de su ser, con sentimientos que nunca antes había experimentado. Quiso acunarla contra sí, abrigarla en el calor de sus brazos. Sus dientes perforaron su garganta suave, e instantáneamente todo cambió para él, para toda la eternidad. Su mundo entero. Los colores bulleron y bailaron, casi abrumándolo con su belleza y vivacidad. Su cuerpo reaccionó con una urgencia alocada que no había sabido que fuera capaz de sentir, ni aun en días pasados, cuando todavía tenía emociones. La sangre de la mujer era caliente y picante, un dulce, adictivo banquete que nutría el cuerpo agotado del Cazador. La cacería y la pelea le habían robado mucha fuerza y no se había alimentado esa noche. El cuerpo de la joven compartió su fluido vivificador con el de él. Shaoran fue consciente en algún profundo nivel interior cuando los esfuerzos de ella cesaron y descansó pasivamente contra él. El hombre la elevó fácilmente en sus brazos, acunándola contra su pecho mientras se alimentaba. Luego algo lo golpeó con dureza en las piernas. Sobresaltado, cerró la herida con una caricia de su lengua y se volvió para quedarse mirando al niño. Era una medida de su atolondramiento que casi hubiera olvidado al chiquillo, y que incluso no lo hubiera oído acercarse.

Toya estaba furioso. Golpeó al Cazador en las piernas una segunda vez, meciendo el pedazo de madera flotante tan duro como podía.

—¡Deja de lastimar a mi hermana! ¡Se suponía que vendrías y nos salvarías! Ella dijo que vendrías si soportábamos lo suficiente. ¡Se suponía que nos ayudarías, pero eres lo mismo que él!

Las lágrimas se derramaban por la cara del niño. shaoran podía ver claramente que el jovencito tenía cabello castaño y ojos avellanas. Los colores casi lo cegaron. Miró hacia abajo, hacia la cara devastada de la mujer en sus brazos. El corazón de la mujer se esforzaba, lento, en latir, sus pulmones luchando por aire. Estaba muriendo.

—Estoy aquí para ayudarte— murmuró él suave, casi distraídamente, hacia el niño. Se hundió dentro de sí mismo, encontró un remanso calmado y tranquilo para detenerse, y se lanzó a buscar fuera de su cuerpo y dentro del de la mujer. No podía creer que la había encontrado después de todos esos largos siglos. Pero tenía que ser.

Sólo encontrar a su compañera podía causar esos cambios asombrosos en él.

Ella estaba desvaneciéndose, sin pelear más. Su voluntad rodeó la de la mujer. No me dejarás. Toma mi sangre, libremente ofrecida a ti. Debes beber para vivir.

La mente de la muchacha se alejó de la suya. Su espíritu era todavía losuficientemente fuerte para evadir su apremio. shaoran cambió de táctica. Tu hermano te necesita. Lucha por él. Él no puede estar sin ti. Morirá.

Con una uña, el Cazador cortó los músculos pesados de su propio pecho y la presionó contra ellos. La mujer se resistió al principio, pero él fue implacable, rodeándola, apremiando su voluntad, golpeando la barrera hasta que, en su débil condición, la mujer cedió a su exigencia y se alimentó.

—¿Qué estás haciendo?— demandó toya.

—Ella ha perdido mucha sangre. Debo compensársela—. Shaoran pensaba borrar los recuerdos del niño de esa pesadilla. Una explicación satisfactoria no lo dañaría a esas alturas. El niño era muy valiente y merecía oír algo que aliviase su terrible miedo. Había necesitado hacer un rastreo meticuloso del vampiro para encontrarlo. Éste siempre había dejado un desorden cruento tras de sí, pero había permanecido un paso delante de su Cazador. La noche anterior, Shaoran había llegado demasiado tarde. Había ido al restaurante en los acantilados, rastreando las perturbaciones en el aire, pero Paul Yohenstria ya había matado a un viejo, arrancándole el corazón y dejando atrás un cadáver aún caliente para que la policía lo descubriera. Shaoran se había deshecho del cuerpo y se había asegurado de que las tres víctimas hembras del vampiro nunca pudieran ser encontradas. Pero había perdido la huella del no muerto poco antes del amanecer. A pesar de todo, había estado seguro de que se acercaba a su guarida, y finalmente lo había encontrado y lo había destruido.

Ahora no tenía más alternativa que quemar al vampiro y llevar a esos dos perdidos de regreso a su propia casa. Pues esa mujer lastimosa y desfigurada era claramente la compañera que él había estado buscando esos ochocientos años. Sus respuestas asombrosas hacia ella lo probaban. No tenía idea de cómo era, o siquiera cómo se veía, pero ella había revivido su cuerpo y su corazón a la vida. Ésta era la única.

—¿Cómo te llamas?— preguntó Shaoran al niño. Parecía más amable que simplemente leer su mente. No era que hubiera prestado gran atención a esas cortesías antes. —Toya kinomoto. ¿Sakura va a estar bien? Se ve tan blanca y horrible. Creo que el hombre malo realmente la lastimó.

—Soy un sanador entre mi gente, toya. Sé cómo ayudar a tu hermana. No te preocupes; me aseguraré de que este malvado nunca pueda lastimar a otro ser viviente. Luego iremos a mi casa. Estarás a salvo allí.

—sak va a estar molesta. Su traje está arruinado, y necesita ese traje para conseguirnos un gran trabajo y montones de dinero—. Toya sonó desamparado, como si estuviera a punto de ponerse a llorar de un momento a otro. Contemplaba al Cazador buscando consuelo.

—Le conseguiremos otro traje— aseguró Shaoran al niño. Amablemente, detuvo a la mujer de seguir alimentándose. Necesitaba fuerzas para transportarlos a todos de regreso a su casa, y también implicaba el uso de una energía tremenda sanar a otro. Tenía que encontrar tiempo para ir en busca de sustento esa noche.

Shaoran colocó a Sakura en la arena y atrajo a toya amablemente a su lado.

—Ella está muy enferma, Toya. Quiero que te sientes a su lado para que pueda sentir tu presencia y saber que no estás lastimado. Necesitará que la cuidemos por algún tiempo. Eres un gran muchacho. Puedes hacer eso, aun cuando ella diga cosas que den miedo, ¿verdad?

—¿Por qué diría ella algo que dé miedo?— preguntó toya suspicazmente.

—Cuando las personas están muy enfermas, la fiebre las puede hacer delirar. Eso significa que no saben lo que dicen. Pueden tener miedo a las personas o las cosas por ninguna razón real. Tenemos que quedarnos cerca de ella y asegurarnos de que no se haga daño.

Toya asintió con la cabeza solemnemente y se sentó en la arena mojada junto a sakura. Los ojos de la joven estaban cerrados, y no respondió aun cuando el niño se inclinó y la besó en la frente como ella algunas veces lo hacía. La arena y la sal se habían endurecido en su piel. Toya acarició hacia atrás las hebras mojadas de pelo con gentileza, cantando suavemente como a menudo lo hacía ella cuando estaba enfermo. Parecía muy, muy fría.

Observarlos juntos hizo un nudo en la garganta de Shaoran. Se veían de la forma que una familia se suponía que debía verse. La forma en que Tomoyo, su ama de llaves, había mirado a sus hijos mientras crecían, la forma en que ella lo miraba y él nunca había podido corresponder. Suspirando, se ocupó del asunto sombrío de deshacerse de los restos del vampiro. Los vampiros eran siempre peligrosos, incluso después de que estuvieran muertos. Él había extraído el corazón, pero aun ahora estaba pulsando, difundiendo a los no muertos su posición, para que el vampiro pudiera reunir a su casta. Shaoran se concentró en el cielo, construyó una tormenta en su mente, y creó un látigo de relámpagos que crepitó y bailó mientras golpeaba la tierra. Las llamas se precipitaron a lo largo del camino carmesí, dejando atrás cenizas negras. El cuerpo del vampiro se arrugó; las llamas azules y anaranjadas bulleron juntas, y un chillido bajo pareció alzarse sobre el viento.

El olor era podrido y rancio. Toya se apretó la nariz y observó con una mirada asombrada mientras el vampiro simplemente desaparecía en el humo negro y nocivo. Quedó impactado cuando el Cazador sostuvo sus manos sobre las llamas anaranjadas y no lo quemaron. Shaoran cansadamente se limpió las palmas a lo largo de los pantalones antes de girar hacia el niñito que había tratado tan duro de defender a su hermana en la playa. Una sonrisa débil suavizó la línea dura de su boca.

—Tú no me tienes miedo, ¿verdad, Toya?

Toya se encogió de hombros y apartó la mirada.

—No—. Hubo un silencio pequeño, casi desafiante—. Bueno, puede que un poco.

Shaoran se agachó al lado del niño y miró directamente los ojos avellana. Su voz se dejó caer una octava, convirtiéndose en un tono puro, las notas de plata entrando en la mente de Toya y tomando posesión de ella.

—Soy un viejo amigo de la familia que has conocido toda tu vida. Nos preocupamos mucho el uno por el otro y hemos compartido toda clase de aventuras—. Él se derramó fuera de su propio cuerpo y entró en el del niño, estudiando los recuerdos que Toya tenía de su joven vida. Fue fácil implantar unos cuantos recuerdos de sí mismo.

Shaoran mantuvo el contacto visual con el niño.

—Tu amigo ;

Masaqui tuvo un ataque al corazón y murió. Estabas muy triste. Me llamaste para que viniera y los buscara porque tu hermana estaba muy enferma. Sakura y tú han estado planeando mudarse conmigo. Los dos ya han metido algunas de sus cosas en mi casa, y has conocido a mi ama de llaves, Tomoyo. Te gusta mucho ella. Eriol, su marido, es un buen amigo para ti. Hemos estado organizando la mudanza por semanas. ¿Recuerdas?—. Él implantó memorias e imágenes de su ama de llaves y su vigilante para que los dos fueran familiares y gratos para el niño.

El niñito asintió con la cabeza solemnemente.

Shaoran desgreñó el pelo de Toya.

—Tuviste una pesadilla, algo acerca de vampiros, pero realmente no la recuerdas. Es todo muy nebuloso. Me hablaste acerca de eso, y si alguna vez regresa para perturbarte, vendrás a mí y lo discutiremos. Siempre te sientes libre de hablar conmigo acerca de cosas que algunas veces no tienen sentido. Quieres que yo esté con tu hermana siempre.

Hablamos de eso y conspiramos para que ella quiera quedarse conmigo como mi esposa, como una familia. Tú y yo somos los mejores amigos. Siempre cuidamos de Sakura. Sabes que ella me pertenece, que nadie puede cuidarla y protegerlos a los dos como yo lo hago. Eso es muy importante para ti, para nosotros dos.

Toya sonrió y asintió. Shaoran sujetó la mente del niño algunos minutos más, dejándolo reconocer su tacto y sentirse confortado por él. El pequeño había sufrido un trauma terrible. Shaoran se aseguraría de que el método por el cual los llevara a casa pasara instantáneamente al olvido, y el niño recordara un coche negro y grande, en un paseo que le había gustado.

El viaje de regreso fue hecho en los talones de una tormenta. Las nubes negras remolinantes protegieron al enorme pájaro dorado y sus cargas de cualquier ojo indiscreto mientras pasaban rápidamente a través del cielo. Shaoran entró en la casa de tres pisos a través del balcón del piso superior, para que ninguno de los vecinos lo viera llevar al niño y su hermana adentro.

—¡Shaoran!—. Tomoyo, su ama de llaves, se apresuró a ir a ayudarle mientras él bajaba la escalera de caracol—. ¿Quiénes son estos jóvenes?—. Observó la cara inflamada de Sakura, las ampollas y escoceduras—. Oh, Dios mío. Has peleado con el vampiro, ¿verdad? ¿Están todos bien? ¿Te lastimó? Déjame llamar a Eriol.

—Estoy bien, Tomoyo. No te preocupes por mí—. Incluso mientras lo decía, sabía que no apartaría a tomoyo de su propósito. Ella y su marido habían estado ocupándose de sus necesidades, de su familia, por casi cuarenta años. Antes de ella, su madre y padre lo habían servido. Durante toda su vida, los miembros de esa familia lo habían asistido voluntariamente, sin la ayuda del control mental. Él les había dado suficiente dinero para que ninguno de ellos alguna vez tuviese que trabajar, pero eran leales a él y a su ausente hermano gemelo, hien. Sabían que eran los únicos humanos a los que él había confiado la existencia de su especie, pero eso no tenía importancia para ellos.

—¿El vampiro la ha dañado?

—Sí. Necesito que cuides del niño. Su nombre es Toya. He implantado recuerdos de nuestra amistad, así que no temerá estar aquí. Eriol debe ir a la pensión donde vivían, recoger sus pertenencias y traerlas aquí. Su coche permanece en el estacionamiento de un restaurante—. Él le dijo dónde—. También debe ser recogido. El niño tiene las llaves del coche en su bolsillo. Curar a su hermana llevará bastante tiempo. El niño no debe interferir de ninguna manera. Tendré que salir y alimentarme. La mujer necesita muchos cuidados, y debo mantener mi fuerza.

—¿Estás seguro de que no está contaminada?— preguntó Tomoyo con gran agitación. Trató de alcanzar la mano de Toya.

El niñito le sonrió con reconocimiento y voluntariamente tomó su mano. Incluso dio un paso para acercarse y tiró fuertemente de su delantal, conspirador.

—Él va a hacer que Sakura se ponga bien. Está muy enferma.

Tomoyo empujó a un lado de su ansiedad e inclinó la cabeza hacia Toya.

—Por supuesto. Shaoran es un hacedor de milagros. Pondrá bien a tu hermana en un santiamén.

Después de aplacar al niño en la mesa de la cocina con galletas y leche, siguió a Shaoran a través del cuarto, arqueando una ceja hacia el Cazador, silenciosamente requiriendo una respuesta a su pregunta.

—Él no la convirtió, pero temo que inadvertidamente puedo haberlo hecho yo. Ella protegía al niño, pero no lo comprendí; pensaba que iba a matarlo—. Él dio dos pasos alejándose del ama de llaves, luego dio vuelta para confrontarla—. ¿Tomoyo? Veo colores. Tú llevas puesto un vestido azul y verde. Te ves bella. Y siento otra vez—. Él sonrió a la mujer—. Sé que nunca te lo he dicho en todos nuestros años juntos, pero siento un gran afecto por ti. Estaba tan perdido, que era incapaz de sentirlo antes.

La boca de Tomoyo formó a una O perfecta, y las lágrimas brillaron tenuemente en sus ojos.

—A Dios gracias, Shaoran. Por fin ha ocurrido. Esperamos y rezamos, y al fin nuestras oraciones han sido escuchadas. Éstas son noticias tremendas. Vete ahora. Cuida de tu mujer, y nosotros nos ocuparemos de todo lo necesario aquí. Estoy segura de que este jovencito tiene mucha hambre y sed.

Había tal alegría en su cara que Shaoran la sintió reflejada en su corazón. Era asombroso sentirlo. Era asombroso poder sentir. Sin su compañera, un varón de la Estirpe de los Cárpatos perdía todos los sentidos, todas las necesidades, todas las emociones después de doscientos años. Vivía en un abismo vacío, y desde ese momento, estaba en peligro de transformarse en vampiro. Durante el tiempo que él había sobrevivido, como en los siglos pasados, un hombre de la Raza de los Cárpatos se distanciaba más y más de su comunidad y se mantenía solo. Sólo dos cosas podían salvarlo de su destino vacío y desesperado. Podría preferir buscar el amanecer y poner fin a su vida, o podía ocurrir un milagro y encontrar a su compañera.

Unos pocos varones de la Raza de los Cárpatos eran lo suficientemente afortunados para haber encontrado a su compañera. El varón de la Raza de los Cárpatos era por naturaleza un depredador oscuro y peligroso, y necesitaba el balance de su otra mitad. Necesitaba encontrar a la mujer cuya alma complementara perfectamente la suya. Dos mitades de un mismo todo, su luz para su oscuridad. Había sólo una compañera verdadera para cada varón. La química tenía que ser perfecta. Y Shaoran finalmente había encontrado la suya.

En esos momentos, él se movía a través de la casa con sus zancadas silenciosas y fluidas. El peso de Sakura no era nada para él. Su guarida estaba localizada muy por debajo el primer piso, una larga cámara subterránea completamente provista de todos los lujos. La colocó cuidadosamente sobre la cama y la despojó de los restos de su traje. El aliento se le quedó atrapado en la garganta. Su cuerpo era tan joven, sus pechos llenos y firmes, su piel hermosa. Tenía una caja torácica estrecha y una cintura ridículamente pequeña. Sus caderas eran delgadas, casi como las de un niño. A pesar de que su cara y sus extremidades estaban cubiertas de escoceduras por la larga exposición al golpeteo del agua salada, Sakura Kinomoto, después de todo, podía ser una mujer bonita.

Él puso mucho cuidado para lavar la sal de su piel y su pelo, desechando luego la colcha húmeda bajo ella. La muchacha yacía sobre las sábanas, su pelo largo envuelto en una toalla, su respiración trabajosa pero estable. Estaba gravemente deshidratada, y necesitaba más sangre. Mientras permanecía en ese estado comatoso, Shaoran la abasteció de más. Además de su condición frágil, estaba seguro de que su cuerpo todavía debía experimentar los rigores de la transformación, y era muy necesario diluir la sangre del vampiro. Era más fácil ganar acceso a su mente y hacer las reparaciones a su cuerpo dañado mientras ella estaba inconsciente. La mujer se movió con inquietud, gimiendo suavemente. Shaoran comenzó el cántico suave, cicatrizante, de los pasados siglos en la lengua antigua de su gente, mientras aplastaba hierbas alrededor del cuarto.

Las pestañas largas de Sakura revolotearon, levantándose. Por un momento, pensó que estaba en medio de una pesadilla. Sentía dolor en todas partes, su cuerpo magullado y golpeado. Miró alrededor del cuarto poco familiar.

Era bello. Quienquiera que poseyera ese lugar, tenía buen ojo para que la elegancia y el dinero permitieran sus gustos. Sus dedos se retorcieron sobre la sábana. Encontró que estaba demasiado débil para moverse.

—¿Toya?— pronunció su nombre suavemente, su corazón comenzando a golpear con alarma cuando se percató de que estaba despierta y no soñando.

—Él está a salvo—. Esa voz otra vez. La reconocería en cualquier parte. Era tan bella, sobrenatural, como la voz de un ángel hablándole. Pero sabía la verdad: ese hombre era un vampiro con poderes sobrenaturales. Era capaz de cambiar de forma, de asesinar sin titubear. Se alimentaba de la sangre de humanos. Podía leer las mentes y forzar a otros a ejecutar sus órdenes.

—¿Dónde está él?—. Ella no se molestó en moverse. ¿Qué sentido tendría? Claramente él llevaba ventaja. Sólo podría esperar y ver lo que quería.

—En este preciso momento come una nutritiva cena preparada por mi ama de llaves. Está a salvo, sakura. Nadie en esta casa jamás dañará a ese niño. Al contrario, cada uno de nosotros daría la vida por protegerlo—. Su voz era tan suave y tierna, que ella podía sentir sus notas apaciguando su mente.

Cerró sus ojos, demasiado cansada para mantenerlos abiertos.

—¿Quién eres tú?

—Shaoran Li. Ésta es mi casa. Soy un sanador así como también un Cazador.

—¿Qué planeas hacer conmigo?

—Necesito saber cuánta sangre te obligó a aceptar el vampiro. Imagino que Yohenstria fue realmente mezquino, queriendo mantenerte en una condición débil. Estás muy deshidratada, tus ojos negros y hundidos, tus labios agrietados, tus células demandando nutrición. A pesar de eso, sin importar cuánta sangre te dio, está contaminada, y tu cuerpo está a punto de experimentar la transformación—. Muy gentilmente él aplicó un bálsamo calmante sobre sus labios torturados.

Sus palabras penetraron en el cerebro nebuloso de la joven. Parpadeando, sakura clavó la mirada en él, horrorizada.

—¿Qué quieres decir con la transformación? ¿Voy a ser como tú? ¿Como él? ¿Debo convertirme en algo como tú? Mátame, entonces. No quiero ser como tú—. Su garganta estaba tan lastimada que no podía hablar más que en un susurro ronco.

Él negó con la cabeza.

—No entiendes, y hay poco tiempo para enseñarte. Tu mente es muy fuerte, completamente diferente de la mayor parte de la humanidad. Eres resistente al control mental. Quiero ayudarte a atravesar esto. Pasarás a través de la transformación con o sin mi auxilio, pero será mejor para ti si me permites ayudarte.

Ella cerró los ojos contra sus palabras.

—Me duele el brazo.

—Lo sé. Sé que la mayor parte del cuerpo te duele— contestó él, su voz de alguna manera penetrando su piel y alcanzando su brazo dolorido hasta tocar el hueso. Un zumbido caliente se inició y empezó a propagarse, aliviando la palpitación—. Tu brazo está quebrado, pero he empezado a sanarlo. El hueso está en línea, y la cura ha comenzado sin problemas.

—Quiero a Toya.

—Toya es simplemente un niño, y piensa que estás enferma por un virus. No es necesario asustarlo y traumatizarlo más aún, ¿no estás de acuerdo?

—¿Cómo sé que me dices la verdad?— preguntó Sakura cansadamente—. ¿No mienten y engañan todos los vampiros?

—Soy de la Raza de los Cárpatos, aún no soy un vampiro. Debo saber cuánta sangre te ha dado Yohenstria—. Él habló pacientemente, quedo, su voz sin cambiar nunca de inflexión—. ¿Cuántas veces intercambió su sangre contigo?

—¿Eres muy peligroso?—. Ella se mordió el labio inferior, luego se sobresaltó cuando dolorosamente tocó con sus propios dientes las ampollas y escoceduras—. Tienes esa manera de actuar, haciendo que todo el mundo desee hacer lo que dices. Hiciste que el vampiro creyera que podrías derrotarlo, ¿verdad?— Le dolía hablar, pero era reconfortante poder hacerlo.

—Uso el poder de mi voz— reconoció él gravemente—. De esa manera me desgasto y me hiero menos al cazar vampiros, aunque he tenido mi cuota de heridas—. Él la tocó entonces, la más ligera de las caricias en su frente—. ¿No recuerdas tu propia historia para el joven Toya? Soy el Cazador, listo para rescatar a mi bella dama y su hermano. Toya me reconoció como a tal, me dijo para qué. ¿No encuentras una extraña coincidencia en que me hayas descrito tan exactamente?

Su mente se rehusaba a pensar en ello, así que la joven cambió de tema.

—Toya vio al vampiro matar a Masaqui. Debe estar tan asustado.

—Él recuerda la muerte de Masaqui como producto de un ataque al corazón. Para él, soy un viejo amigo de la familia. Piensa que me llamó para venir y ayudarte por tu enfermedad. Cree que caíste enferma en el restaurante.

Ella estudió su apariencia. Era físicamente hermoso. Su pelo tenía chocolatosas ondas ricas y espesas hasta más allá de sus hombros anchos. Sus singulares ojos de oro derretido, intensos y atemorizantes, la contemplaban a su vez con la mirada sin parpadeos de un felino de la selva. Sus labios eran increíblemente sensuales. Era imposible juzgar su edad. Especulaba que estaba en algún punto de su treintena.

—¿Por qué no borraste mis recuerdos?

Una sonrisa pequeña y sin humor curvó su boca, revelando sus fuertes dientes, parejos y blancos.

—Tú no eres tan manejable, piccola. Eres resistente a mis órdenes. Pero necesitamos ocuparnos de lo que te ocurre.

El corazón de la muchacha comenzó a retumbar.

—¿Lo que me ocurre?

—Necesitamos diluir y expulsar la sangre contaminada de tu sistema.

Sakura quería confiar en él. El olor de las hierbas, el sonido de su voz, su aparente honradez, todo le hacía desear creer que trataba de ayudarla. Y él no forzó su decisión, incluso ni siquiera pretendió apresurarla, aunque ella sintiera que estaba preocupado porque lo que iba a ocurrir —fuera lo que fuera—, sucediera antes de que estuviera adecuadamente preparado para tratar con ello. La joven aspiró profundamente.

—¿Cómo haremos eso?

—Debo darte una gran cantidad de mi propia sangre.

Él lo dijo quedamente, como si no hubiera alternativa. Sakura apartó la mirada. Esos ojos dorados nunca parpadeaban: temía que si los miraba demasiado tiempo, caería para siempre en sus profundidades.

—¿Me harás una transfusión?

—Lo lamento, piccola, pero eso no funcionará—. Había una pesadumbre real en su voz. La tocó otra vez, volviendo su barbilla para que ella lo confrontara. El tacto, suave como una pluma, hizo latir con fuerza su corazón.

—Yo no puedo... no puedo beber sangre.

—Te puedo poner bajo trance si estás dispuesta a que lo haga. Te ayudará. Es nuestra única oportunidad, Sakura.

La forma en que él dijo su nombre envió mariposas aleteantes a través de su estómago. ¿Pero era posible que beber más sangre fuera la única forma de sanarla? —Si es imposible que bebas por tu propia voluntad, debes consentir que yo te ayude— dijo él.

—No estoy segura de que pueda hacerlo—. El solo pensamiento la repelía. Su estómago se agitó, rebelándose ante la idea—. Debe haber otra forma de curarme. No creo que pueda hacerlo— repitió.

—La sangre que Yohenstria te dio está contaminada, sakura. Si bien él está muerto, te puede causar mucho dolor y sufrimiento. Tenemos que diluirla antes de que experimentes la transformación.

Esa palabra otra vez: transformación. Ella tembló.

Él alcanzó una camisa de seda inmaculadamente blanca, claramente suya, y, con los ojos sosteniendo los de ella, amablemente se la puso, tratándola como si fuera una frágil muñeca de porcelana. Ambos fingieron que el acto era impersonal, pero había algo en su tacto, alguna cualidad en su mirada que sólo podía ser descrita como posesiva.

Sakura, exhausta, trató de pensar. El vampiro había sido atroz, y el pensamiento de cualquier parte de él viviendo en su corriente sanguínea la aterraba.

—Está bien. Hazlo—. Sus ojos verdes encontraron la mirada dorada—. Ponme bajo trance para deshacerte del vampiro en mí. Pero nada más. No quites o pongas nada en mi cabeza. Nada más. Tienes que darme tu palabra sobre eso—. Por todo lo que valdría.

Él asintió con la cabeza. Ella estaba demasiado débil para incorporarse, así que shaoran la acunó en su regazo. La joven comenzó a temblar, su corazón golpeando tan fuerte, que él temió que se hiciera pedazos antes de poder aliviarla. Deliberadamente, empezó a acariciar su pelo largo para apaciguarla y distraerla. Luego, silenciosamente, empezó un quedo cántico en la mente de la muchacha, murmurando en su antigua lengua, para llevarle un poco de alivio. Ella se relajó visiblemente.

—Quiero hacer que duermas mientras se completa tu transformación. Es muy brutal, piccola. Te despertaré cuando haya terminado—. Su voz de terciopelo hizo la sugerencia, y sak sintió las notas enrollándose alrededor de ella como brazos seguros y cálidos, incitándola a hacer lo que él deseaba.

Instantáneamente retrocedió, su mente cerrándose de golpe y alejándose de él. No estaba dispuesta a ser tan vulnerable, a dejar todo control, incluso toda conciencia, a un desconocido, especialmente a uno capaz de las cosas que ese hombre podía hacer. ¿Qué era él, después de todo? Posiblemente otro vampiro, a pesar de la distinción que había hecho acerca de ser "de la Raza de los Cárpatos, aún no un vampiro", lo que fuere que eso significara.

—Te ayudaré a diluir la sangre contaminada del vampiro, sakura, nada más, si ese es tu deseo—. Él escogió sus palabras cuidadosamente. Había estado en su mente varias veces ya, y el enlace se reforzaba con cada uso mental compartido. Ella era inconsciente de eso todavía, y por el momento era mejor conservarlo de ese modo. shoran sabía que estaba confundida y equivocadamente esperando que la transformación la restaurara a la vida humana. Por ahora, tendría que actuar suavemente, con el mismo cuidado con que le acariciaba el pelo, para ahorrarle la agonía de la transformación inevitable, ya comenzada, hacia la vida de la Estirpe de los Cárpatos.

Sakura suspiró. La sensación de las manos masculinas en su pelo, el susurro suave de su voz ronca, la confianza total que él exudaba eran hipnotizantes.

—Terminemos con esto antes de que pierda los nervios.

Tan pronto como las palabras salieron de su boca, él cambió de posición su peso leve, acunándola mejor en su regazo, e inclinó su cabeza castaña lentamente hacia la garganta de sak. El contacto de su boca era como seda ardiente en su piel, y sintió esa unión salvajemente erótica directamente hasta los dedos de los pies.

sakra se tensó, repentinamente asustada de perder mucho más que su vida. Los labios del hombre estaban en su garganta, directamente sobre su pulso. Tienes que confiar en mí, piccola. Déjate sentirme en ti. Soy parte de ti. Alcánzame ahora, como te alcanzo yo. Las palabras parecieron estar en su mente antes de escucharlas en su voz. Él era fuerza y calor, fuego y hielo. Él era el poder y la protección de la locura que estaba absorbiéndola.

Un calor al rojo blanco perforó su garganta, y luego sintió una intimidad erótica tan bella, que llenó de lágrimas sus ojos. Nunca se había sentido tan querida, tan hermosa, tan perfecta como lo hacía en ese momento. Lo sintió en su mente, explorando sus deseos y pensamientos secretos. Él la serenaba y cicatrizaba, saboreándola, compartiendo su mente. shaoran examinó cada recuerdo, la fuerza de su bloqueo contra él.

Cuando estuvo seguro de que había dado suficiente de su sangre para asegurar una transformación en la dirección correcta, su lengua, a regañadientes, acarició la herida y la cerró.

Con una uña, abrió una línea sobre su propio corazón. Bebe, Sakura. Toma lo que es libremente ofrecido. Su mente estaba lista para asumir el control de la de ella, imponer lo que la muchacha no deseaba hacer. El cuerpo masculino se tensó a medida que la boca femenina se movía sobre su piel, encontraba lo que buscaba, y la sangre de su vida fluía en ella.

El corazón de Shaoran golpeaba ruidosamente, con fuerza, contra su pecho. Sabía que ella era su compañera, que era suya: su ser entero le respondía, y la química entre ambos era eléctrica, exacta. Había esperado tanto tiempo, aparentemente desde siempre, por ella, y ahora no correría ningún riesgo de perderla. Empezó el cántico que los vincularía para siempre. Yo te reclamo como mi compañera. Te pertenezco. Te ofrezco mi vida. Te doy mi protección, mi fidelidad, mi corazón, mi alma y mi cuerpo. Para compartirlo todo. Tu vida, tu felicidad y tu bienestar serán lo primero para mí. Eres mi compañera, unida a mí para toda la eternidad y siempre bajo mi cuidado.

Él pronunció las palabras rituales en su mente, al mismo tiempo en el lenguaje de ella y en su propia lengua materna. El ritual no estaría completo hasta que el cuerpo de la mujer estuviera unido al suyo, pero, hecho eso, nadie podría quitársela, ni ella podría escapar de él.

Shaoran le dio tanta sangre como pudo. Quería que la sangre del vampiro estuviera completamente diluida cuando la transformación comenzara, cuando ella expelería lo que pudiera haber quedado. Tenían poco tiempo antes de que empezara, y él estaba pálido y débil. Necesitaba desesperadamente cazar antes de que ella lo necesitara otra vez, lo que sería muy pronto.

Sakura se recostó, sus pestañas largas medialunas gruesas descansando sobre sus mejillas. Aun en su estado hipnótico, él pudo ver el dolor retorciendo su cuerpo. Era difícil mantener su promesa y no ordenarle que durmiera en el sueño profundo y cicatrizante de los inmortales. Pero si deseaba que sakura confiara alguna vez en él, tendría que mantener cada promesa que le hiciera. La joven tenía motivos excepcionales para despreciar a su especie. El trauma y el terror nunca serían completamente olvidados, del mismo modo que nuca conseguiría comprender del todo a su raza.

Su llamada a Tomoyo llevó a la mujer mayor a la cámara inmediatamente.

—Te quedarás con Sakura mientras cazo esta noche.

Tommoyo lo observó, consternada, mientras él se tambaleaba por la debilidad. Lo había visto antes cansado y herido por la batalla, pero nunca tan famélico. Estaba casi gris. —Debes tomar mi sangre antes de que salgas, shaoran— dijo ella—. Estás demasiado débil para cazar. Si un vampiro te pillara en estas condiciones, te destruiría.

Él negó con la cabeza, posando la mano sobre su brazo.

—Sabes que nunca haría tal cosa. No uso a aquellos que cuido, a los que protejo. —Ve entonces, y apresúrate—. Tomoyo observó con ojos ansiosos mientras él se inclinaba para rozar con su boca la frente de la chica. Era repentinamente tan tierno, ese hombre que ella había llegado a conocer tan bien. Siempre había sido frío, remoto, calmado incluso ante aquellos que él llamaba familia. Ese gesto raro de ternura la hizo querer llorar.

shaoran murmuró la orden para despertar a sakura de su trance.

—Debo irme ahora— le dijo a ella—. Tommoyo se quedará contigo hasta mi regreso. Llámame si me necesitas.

Por alguna razón extraña, sakura no quería que se marchara de su lado. Enrolló los dedos en la sábana para evitar llamarlo. Pero él se movió rápidamente, con su gracia peculiar, como un gran felino de la selva, y de pronto se había marchado.

Tomoyo sostuvo un vaso de agua contra sus labios.

—Sé que está lastimada, sakura... ¿puedo llamarla así?.. Pero un poco de agua podría ayudar. Siento que la conozco debido al joven Toya, que me ha contado muchas historias sobre su maravillosa hermana. Él la ama muchísimo.

El borde del vaso lastimó su boca, y sakura lo apartó.

—Simplemente sak, así es como a toya le gusta llamarme. ¿Está bien él?

—eriol (ese es mi marido) cuida de él. Estaba hambriento y cansado, un poco hipotérmico y deshidratado, pero atendimos eso. Ha comido y está de buen humor. Se quedó dormido cerca del fuego, escaleras abajo. Dadas las circunstancias, con él tan preocupado por usted, pensamos que debería dormir cerca de nosotros y no solo en su cuarto.

—Gracias por cuidar de él—. Ella trató de incorporarse. Con la fusión de la sangre del Cazador, se sentía más fuerte—. ¿Dónde está ahora? Me gustaría verlo.

Tomoyo negó con la cabeza.

—Aun no debe tratar de dejar esta cama. Shaoran pediría nuestras cabezas. Está muy débil, sak. Supongo que tampoco se ha visto aún; en sus condiciones, asustaría muchísimo a toya.

sakura suspiró.

—Pero necesito verlo, tocarlo, simplemente saber que está bien. Todo el mundo me dice que lo está, ¿pero cómo saberlo con seguridad?

Tomoyo acarició hacia atrás las hebras vagabundas de cabello dorado de la frente de Alexandria.

—Porque shaoran no miente. Nunca dañaría a un niño. Él es quien, con grandes riesgos para sí mismo, caza a los vampiros que se alimentan de la raza humana.

—¿Existen realmente tales cosas? Tal vez, simplemente, tengo una pesadilla terrible de la que no puedo despertar. Tal vez simplemente estoy enferma y con fiebre— dijo sak esperanzada—. ¿Cómo podrían existir realmente cosas como vampiros en nuestra sociedad sin que todo el mundo lo sepa?

—Porque existen aquéllos como shaoran, que los detienen.

—¿Qué es shaoran? ¿No es un vampiro también? Lo vi transformarse en pájaro, en hombre y en lobo. Le crecieron colmillos y garras. Bebió mi sangre, y sé que tenía la intención de matarme. Todavía no sé por qué cambió de idea—. Repentinamente, sintió su cuerpo comenzar a arder. Sus músculos empezaron a apretarse en nudos duros. Incluso la sábana delgada se sentía demasiado pesada y caliente contra su piel. Sus músculos parecieron retorcerse, el calor viajando a lo largo de su cuerpo.

—shaoran se lo explicará todo. Pero tenga la seguridad de que no es un vampiro. Lo conozco desde que era una muchachita. Él me vio crecer, tener mis propios niños, y ahora convertirme en una anciana. Es un hombre poderoso y peligroso, pero no para aquéllos de nosotros que él llama suyos. Nunca la dañará. La protegerá con su vida. sakura se sentía aterrorizada. No quería pertenecer a shaoran li. Pero se percató de que él nunca la dejaría ir. ¿Cómo podría? Sabía demasiado.

—No quiero estar aquí. Llame al 911. Tráigame a un doctor.

Marie suspiró.

—Ningún doctor puede ayudarla ahora, sak; sólo shaoran puede hacerlo. Es un gran sanador. Dicen que sólo hay uno mejor que él—. Ella sonrió—. Shaoran regresará, y le quitará el dolor.

Las entrañas de la joven se retorcieron tan dura y abruptamente, que sakura por poco cayó de la cama. Gimió, gritó.

—Tiene que llamar a un doctor, Tomoyo. ¡Por favor! Es humana, como yo, ¿verdad? Tiene que ayudarme. ¡Quiero ir a casa! ¡Simplemente quiero ir a casa!

Tomoyo trató de sujetarla en la cama, pero el dolor era tan intenso, que el cuerpo de sakura se agitó violentamente, y cayó sobre el piso duro.

Continuara….

No me maten jajajaja hace muchos años que no actualizaba perdón, ya no dejare las historias otra vez espero sus reviws un abrazo gracias