Declaimer: ni la historia ni los personajes me pertecen
Octubre, 2° mes:
-¿Qué dices entonces Damon? –dijo Katerine mientras seguía poniendo bronceador en mi espalda.
-No entiendo por qué sigues preguntando si sabes que siempre digo que sí.
-Muy bien, llamaré a todos para avisarles. Entonces tengo que ir a alistarme, tú puedes quedarte aquí y tal vez limpiar un poco. Aunque dudo que alguien note lo sucio que está.
-De acuerdo, -se acercó por atrás y me dio un rápido beso en la mejilla.
-Nos vemos en la noche.
Se fue y me puse de pie. Ya no quería estar bajo las nubes "asoleándome", era estúpido. Pero claro que Katerine había insistido. Me dio hambre y fui a la cocina. Hice in sándwich con queso, caliente y fui de nuevo afuera. Escuche música y sonreí automáticamente. Hacía tiempo que no veía a Bonnie, desde que salió del hospital esa noche. Había estado ocupado con las fiestas próximas y las pre-fiestas de halloween que todos festejaban en mi casa. De hecho, esa misma noche tendría una. Me acerqué a la cerca de madera y me quedé mirándola.
Estaba de cuclillas frente a una jardinera. Traía guantes amarillos gruesos. Su cabello estaba recogido y traía su playera recogida a la altura del pecho, dejando ver su abdomen. Su short era corto, de color verde. Se veía como modelo de revista o modelo de un programa erótico de jardinería. Seguro que eso hacía, por eso tenía tanto dinero.
-Hola Bonnie, -dije al fin. Se puso de pie con mucha rapidez y cerró los ojos. Se puso una mano en la cabeza y se quedó ahí por un momento. –Lo siento, no quise sorprenderte.
-Vaya, pues qué extraño, cada vez que hablas conmigo me sorprendes, -dijo algo irritada.
-De verdad, no es intencional.
-¿Qué quieres Salvatore? –dijo poniendo los brazos como jarra y mirándome. Su mirada era tan profunda.
-Solo quería saber cómo estabas. Luces mucho mejor que la última vez.
-Es cierto, estoy bien. Gracias, -se acercó un poco a mí para recoger una pala.
-Que bueno, -no sabía qué decir, ella parecía reacia a hablar conmigo. -¿Ya comiste? Son las dos de la tarde, ¿no tienes hambre? –dije acercando mi sándwich a ella. Ella lo miró y arrugó la nariz. Se veía tan inocente. De pronto su rostro cambió y se vio un poco verde. -¿Bonnie? ¿Te sientes bien?
Corrió dentro de la casa y no cerró la puerta. Escuché como vomitaba y me desconcerté un poco. Salté la cerca y entré despacio. Bonnie estaba en el fregadero de la cocina. Cuando terminó lavó su boca rápidamente y se enderezó.
-Lo siento, creo que sigo un poco enferma.
-¿Te dijeron qué era lo que tenías? –dije algo desconcertado.
-Sí, algo así. Tengo un parásito, -su sonrisa parecía como si se estuviera burlando. –Uno que no se quitará hasta dentro de unos meses. Tendré que hacerme revisiones mensuales y cuando todo termine me han dicho que duele mucho, tanto que preferirías morir.
-¿En serio? ¿Es contagioso? –dije alejándome un poco de ella. Ella soltó una carcajada y se acercó a mí.
-¿Temes enfermarte? –corrió un dedo sobre mi pecho y se alejó de nuevo riendo. –Dudo que esto sea contagioso. Y menos para ti, por ser hombre.
-Es bueno saberlo, -salió de nuevo al patio y yo la seguí. Continuó su trabajo con las plantas. -¿Qué haces?
-Arreglando el jardín, -dijo mientras intentaba sacar una planta desde la raíz pero no podía. Me acerqué y quité sus manos. La jalé y cedió bajo mi fuerza. –Gracias.
-Por nada, -la seguí mirando. Era delicada en lo que hacía. -¿Te gusta mucho la jardinería?
-Sí, y la música, pero eso ya lo sabes. Me gusta leer, me gusta cocinar, todo lo que tenga que ver con el hogar. ¿Alguna otra pregunta? Si no te molesta, me gustaría saber de ti. Estoy en desventaja al no saber nada.
-No creo que mi vida sea emocionante.
-No me refiero a tu vida genio, me refiero a tus gustos, tus sueños, lo que sea que me dé un indicio de quien eres.
-De acuerdo, me gusta la música, la lectura, las fiestas, las mujeres…
-De acuerdo, no más. Sé exactamente el tipo de persona que eres.
-Ni siquiera me dejaste terminar.
-No era necesario, no quiero saber más de ti, -eso me dolió, no comprendí por qué pero lo hizo.
-¿Por qué? –dije frunciendo el ceño.
-Porque sé el tipo de hombre que eres y definitivamente no me quiero relacionar con alguien así.
-Bien, explícame que crees saber de mí.
-Eres un vanidoso, mujeriego idiota que usa a las mujeres como trapos sucios y que es irrespetuoso y grosero. Seguro que no respetas ni a tu propia madre.
-¡Con mi madre no te metas! –dije apuntándola con el dedo. Bonnie debió ver el enojo y la seriedad con la que estaba hablando pues se puso de pie y sin decir nada más se metió en su casa. Maldije para mis adentros y me fui a mi casa.
En la noche comenzaron a llegar mis 'amigos', a quienes no conocía. Katerine había invitado a mucha gente, pero por suerte siempre traían comida y bebida. Comencé con la primera cerveza de la noche. Me sentía tan enojado aun, no por lo que dijo Bonnie, sino por mi actitud. Me porté como un idiota, seguro que ella me odia ahora. La asusté, lo noté en sus ojos.
Estaba en mi habitación, terminando de cambiarme, cuando llegó Katerine. Ayudó a ponerme la corbata y me dio un beso en la mejilla. Nunca nos besábamos en la boca, era como un acuerdo no declarado. No me sentía bien besándola, sabiendo que ella besaba a su esposo.
Salimos al jardín trasero, donde estaba la piscina. Por suerte no estaba lloviendo. Y así comenzó la noche. No recuerdo mucho de lo que pasó después.
Bpov
Después de ver los ojos de Damon me quedé pasmada. De verdad daba miedo. Estaba en el sofá de mi casa leyendo algo cuando la música comenzó a sonar. Genial, sería otra de esas noches. ¿Qué a caso Damon no se cansaba? Tenía fiestas todos los días, seguro que cada una de ellas la pasaba con una chica diferente. Mi corazón se contrajo y me regañé mentalmente por eso, no debía sentir nada por él, no podía.
Una lágrima cayó por mi mejilla al recordarlo, puse una mano en mi estómago y sorbí por la nariz. Tenía que ser fuerte ahora. Decidí salir al jardín solo para… no sé para qué. Por suerte no estaba lloviendo y la piscina estaba limpia. Me quité los zapatos y recogí mi pantalón hasta la rodilla. Me metí en la piscina, solo los pies y comencé a juguetear con el agua.
-¡Bonnie! –escuché de pronto. Me giré y vi a Damon parado frente a la reja. Me hizo señas para que me acercara y lo hice. Cuando estuve más cerca, el olor a alcohol llegó a mis fosas nasales, provocándome nauseas. Damon estaba ebrio, muy ebrio. –Bonnie, hola, que linda estás. ¿Sabes? Siempre me he preguntado que será estar contigo. ¿Sabes a lo que me refiero?
-No. Damon, estás muy ebrio, tengo que irme, -me dispuse a irme pero él alcanzó mi muñeca y me jaló con brusquedad. -¡Ouch!
-Me refiero a tú, yo y una cama. Seguro que gritas como una… -no dejé que continuara, lo cacheteé y me soltó. En ese momento se acercó una mujer castaña.
-Hola Damon, -se acercó y lo besó en los labios. Damon contestó con bastante ímpetu como ella. No pude más y me alejé. No volvería a hablar con él mientras pudiera evitarlo.
Stephan POV
La semana había sido tan pesada. Todo el trabajo y el papeleo que tuve que hacer para venir aquí. Eran las desventajas de ser el jefe de uno mismo. Saqué la agenda electrónica de mi bolsillo y vi lo que tenía que hacer mientras estacionaba en el supermercado.
Fell's Church era un pueblo muy lindo. A nuestra madre siempre le había gustado. Bajé del auto y lo cerré. El Mercedes no me agradaba mucho, pero era rápido y económico en comparación con el Jeep. El cielo estaba encapotado y sentía que en cualquier momento se soltaría una tormenta. Resoplé y entré en el lugar.
Era pequeño, nada comparado con lo que hay en Nueva York, extrañaba el Wal Mart de ahí. Tomé una canasta y comencé a tomas cosas sin despegar mucho los ojos de mi agenda. Tenía una junta mañana por la mañana, después una conferencia de prensa el martes, en dos días. Seguí caminando y buscando mantequilla de maní. Sabía que el idiota de mi hermano tendría solamente cerveza en su refrigerador.
No la encontraba y me decidí a preguntar. Busqué a alguna persona con el ridículo traje del supermercado. Un mandil azul, pantalón negro y playera blanca. Amaba no tener que utilizar uniforme. Encontré a alguien, era una mujer, alta, rubia. Era realmente hermosa. Estaba estirándose para acomodar algo en los estantes. Noté su vientre, estaba abultado, quizá no demasiado pero sí lo suficiente para dar a entender que estaba embarazada. Me quedé mirándola y no me di cuenta que estaba batallando hasta que soltó un jadeo de frustración.
Me acerqué y puse el objeto en su lugar. Ella me miró y pude ver sus ojos azules claro, eran los más hermosos que haya visto jamás.
-Gracias, -dijo después de un momento que la observé.
-Por nada…
-Elena, Elena Gilbert -dijo con una sonrisa y extendiendo su mano. La tomé y su piel estaba suave y fría. -¿Tú eres?
-Stephan, Stephan Morelli -dije respondiendo su sonrisa. Era verdaderamente la mujer más bella que había visto.
-¿Se te ofrecía algo?
-Em…sí, quería saber dónde está la mantequilla de maní, por favor.
-Ah, claro. Está en el pasillo cinco en el segundo estante.
-Muchas gracias, -dije sonriendo. Seguro que parecía estúpido, pero ella causaba esa reacción en mí.
Me alejé algo reacio pues tenía mucha curiosidad. Quería conocer a esa mujer. Pero después recordé que estaba embarazada, seguro que estaba casada. Busqué y encontré lo que buscaba y me dispuse a pagar. Me formé en la fila y esperé mi turno.
-¡Elena! –gritó de pronto la cajera. Vi a Elena asomar la cabeza.
-¿Si?
-Necesito ir al baño, ¿me cubres? –Elena rodó los ojos y asintió. Se acercó y tomó el lugar de la antigua cajera.
-Parece que eres tú la embarazada, -dijo sonriendo. –Date prisa que estoy por salir y no quiero que me alcance la tormenta.
La cajera asintió y corrió al baño. La fila avanzó rápidamente y pronto estuve frente a Elena de nuevo. Miré disimuladamente su dedo y vi que no tenía anillo. Sonreí para mis adentros. Empezó a pasar distraídamente los artículos. Vio la mantequilla de maní y levantó la mirada.
-Veo que la encontraste, -dijo sonriendo.
-Así es, la necesitaba a toda costa. Seguro que el inútil de mi hermano no tiene esto y es esencial para mi vida, -sonreí y ella rió.
-Entonces no eres de por aquí.
-No, vivo en Nueva York. Vine en un viaje de negocios.
-Claro, seguro que estás ocupado, -pasó el siguiente artículo cuando el hombre detrás de mí carraspeó molesto. Terminó y después lo empacó en bolsas. Las iba a tomar para ponerlas sobre el carrito de las compras pero se las quité de la mano.
-Es mejor que no hagas esfuerzo, -dije mirando su estómago.
-Tienes razón, muchas gracias.
Sonreí y el hombre de atrás volvió a emitir un sonido molesto. Suspiré y tomé el carro. Mientras caminaba hacia la entrada comenzó a llover. No solo a llover sino a granizar. Por un momento temí por mi vida. Gemí al ver que me iba a empapar al salir y que lo que acababa de comprar probablemente le pasaría algo.
-Elena, por Dios. No puedes salir así, -me giré y vi a Elena poniéndose su abrigo. ¿De verdad pensaba salir así?
-Puedo y tengo que hacerlo. Bonnie está sola en casa.
-Elena, no puedes. Te enfermarás.
-Tengo un paraguas. No pasará nada.
-¿A caso viste los meteoritos que estás cayendo? Te romperán la cabeza.
-No me importa, si no llego se preocupará. Adiós Beca, -caminó hacia la salida y por supuesto que no la dejé salir. Me acerqué y tomé su brazo suavemente.
-Elena, espera. Yo puedo llevarte.
-No Stephan, muchas gracias, de verdad.
-No te dejaré salir así, -debió ver que hablaba en serio. Me miró a los ojos un rato más y después asintió.
- Está bien. Puedes llevarme a mi casa.
Sonreí y le dije que esperara ahí. Fui por mi auto y lo detuve justo frente a la puerta, Elena salió con el paraguas en mano y corrió al auto. Le abrí la puerta desde adentro y entró corriendo. Prendí la calefacción para que estuviera más cómoda y puse el estéreo. Me dio la dirección y rápidamente supe donde estaba, era la casa de al lado de mi hermano. Vaya casualidad. Estuvimos en silencio por un momento.
-Es un V8 o un V12.
-¿Disculpa? -había estado algo absorto en mis pensamientos.
-El auto, es un CL V8 o V12, -la miré extrañado.
-Un V12 por supuesto, si no tiene más de 10 cilindros no es un carro, -sonreí y ella también.
-Estoy segura de que corres como desquiciado por la ciudad, -sus ojos tuvieron un destello de algo que no supe identificar. Pasó sus largas y delicadas manos por el tablero y el estéreo. ¿Cómo era posible que supiera de autos? Esta mujer iba a matarme.
-No, solo en la carretera. El kilometraje llega a 360 kilómetros por hora, de los cuales solo he podido levantar 220 en la ciudad y 300 en carretera, la sensación de la adrenalina es… -no supe como describirlo así que preferí quedarme en silencio.
-Wow, lo que daría por poder correr un bebé como estos. Es realmente hermoso.
-Si prometes que nos volveremos a ver, yo prometo que te llevaré a correrlo, -las palabras salieron antes de que incluso pasaran por mi cabeza. Algo que no era muy común en mí, siempre solía pensar con cuidado lo que decía. La miré de reojo para ver su reacción. Pareció confundida al principio.
-Me encantaría Stephan, pero no creo que sea conveniente, -dijo mirando hacia abajo.
-¿Por qué?
-No creo que te guste andar con una mujer embarazada, -en ese momento llegamos a la entrada de su casa y me detuve. Me giré para mirarla y tomé su mentón.
-Elena, dudo que me importe mucho. Si a mí no me importa, ¿por qué a ti si? Vamos, sal conmigo, -ella pareció dudarlo más. De verdad necesitaba que me dijera que sí.
-Está bien, acepto Stephan, -sonrió y yo le contesté.
-Hay algo que he querido hacer desde que te vi pero no estoy seguro. Elena, ¿me permitirías besarte? –dije sin pensar, de nuevo. Me acerqué un poco a ella para ver su reacción. Si retrocedía la dejaría en paz, si no, la besaría obviamente. No se alejó, lo que tomé como una aprobación.
Bajé mi rostro poco a poco y después la besé. Ella respondió, primero despacio, después enredó sus brazos en mi cuello. Yo puse una de mis manos en su cabeza y la otra en su cintura para atraerla más a mí. Sentí su vientre y lo acaricié suavemente. Tenía tan poco tiempo de conocer a esta mujer y sabía que moriría o mataría por ella. Incluso me convertiría en padre si me diera permiso.
Nos separamos cuando nos faltó el aire. Ella no abrió sus ojos, recargó su mejilla en mi hombro y suspiró profundamente.
-Gracias Elena, -dije acariciando su cabello. Me miró y sonrió.
-Gracias a ti, Stephan.
Salió del auto con su paraguas en alto y en el porche de su casa se giró y se despidió con una sonrisa. Cuando la perdí de vista recargué la cabeza en el asiento y suspiré profundo. Esta mujer me iba a volver completamente loco.
Elena POV
Entré a la casa aun algo distraída. Puse mi mano sobre mis labios. El beso había sido grandioso, nunca ningún hombre me había besado con tanto cariño como lo hizo él. Lo había conocido ese mismo día y estaba segura de que era él. Desde el momento en que vi sus hoyuelos.
No le importó que estuviera embarazada, nunca me miró mal o me criticó. Ni siquiera preguntó. Aunque sabía que las preguntas vendrían con el tiempo. No me importaba, si me dejaba cuando le dijera la verdad entonces tendría el recuerdo de lo que pasé con él, antes de dejarlo ir.
Volví a la realidad y escuché a alguien sollozar. Me acerqué a la estancia y vi a Bonnie en el sofá, llorando.
-Cariño, ¿Qué pasó? –dije mientras me acercaba. Me senté a su lado y ella me abrazó. –Bonnie, dime qué pasó.
-Yo…yo…salí a tomar aire y…y Damon tenía una fiesta, -al escuchar ese nombre me puse tensa, no de la preocupación sino del coraje. –Me llamó y me acerqué, dijo que siempre había pensado en que quería llevarme a la cama y…y que gritaría como… como algo. Lo cacheteé antes de terminar. Después llegó Caroline y lo saludó con un beso en la boca y él respondió con…con tanto ímpetu. ¡No le importó que yo estuviera ahí! –Bonnie soltó más sollozos y se presionó más contra mí. Damon Salvatore era el hombre más horrible e insoportable del planeta.
-Bonnie, sé que no es el mejor momento cariño, pero te lo dije. No debiste fijarte en él dos años atrás. Ni entonces ni ahora, él no es un hombre, es un monstruo.
-No puedo evitarlo, algo dentro de él me llama como un imán. Pero prometo no volver a acercarme a él de ahora en adelante.
-Esa en mi chica. Ahora, a dormir.
-Diablos Elena, eres peor que mi mamá
-Tengo que acostumbrarme, -ella sonrió y asintió. Bajó su cabeza puso uno de su oído en mi panza.
-Hola bebé, hola angelito. Te estamos esperando por aquí. Serás bienvenido con tanto amor. Nada te faltará nunca mientras yo viva. Y menos con una mami como Elena.
Sabía de algo que le faltaría y eso sería un padre.
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Nos Leemos 3 Minelis XD
