Noviembre 3er mes
Damon POV:
No volví a ver a Bonnie desde la vez de la jardinería. La verdad es que la extrañaba, extrañaba tener una plática racional con un ser racional. No, me retracto, mi hermanito no cuenta como buena charla, a pesar de que es racional. Stephan es tan aburrido. Aunque cumplió su promesa de parecer que no se encontraba aquí.
Un día decidí levantarme temprano para poder verla, de verdad tenía que verla. Era como una droga para mí. No estaba en el jardín, suspiré frustrado y volví a mi casa. Stephan estaba en la cocina con un café en una mano y el periódico en la otra. Tenía el ceño fruncido.
-¿Qué haces Hermanito? ¿Cosas de negocios? –dije tomando una cerveza del refrigerador. Empezando el día.
-No, estoy buscando una película para ver con Elena, -dijo distraídamente.
-¿Elena? ¿Quién es Elena? –sonaba a nombre de zorra. Mi hermano merecía algo mejor que una prostituta.
-Tú vecina, idiota, -dijo con tono de estúpido.
-¿Cuál vecina? –dije sacando una barra de frutas. Vivir con Stephan era bueno en algunos aspectos, siempre había comida.
-La vecina de al lado, al lado derecho.
-Estás loco, ahí vive Bonnie.
-Sí, ahí viven Elena y Bonnie.
-Oh, espera. Estás hablando de la rubia despampanante embarazada. Wow hermano, creí que tirarías más lejos. Vamos Stephan, ¿una chica embarazada?
-¿Qué tiene de malo Damon? –dijo sin quitar la mirada del periódico.
-Que no es tu hijo, que alguien más la tocó. No puede ser que después todo el tiempo que llevas imponiéndote autocelibato salgas con que te gusta alguien embarazada. Al menos consíguete a alguien que esté a tu nivel, que tenga tus ideales.
-¿A qué te refieres? ¿Ella es menos o más que yo? –dijo mirándome sobre el periódico, bueno, era un comienzo.
-Es obvio que ella no te llega ni a los talones hermano, -dije sonriendo. Stephan se puso de pie y vi que estaba enojado, muy enojado.
-No te atrevas a hablar mal de Elena O de Bonnie porque te prometo que te golpearé tanto que te dejaré sin dientes.
-Cálmate, yo solo intentaba halagarte. Ya no se te complace con nada. Deberías intentar dormir con una mujer, te quita el estrés.
-Ya cállate Damon, en serio. ¿No piensas en otra cosa?
-Sí, en comer y tomar y quizá dormir.
-De verdad Damon, ya supéralo. Han pasado 7 años.
-No empieces, deja de joder.
-Yo no estoy jodiéndote, tú te jodes la vida solo, -me fui antes de que continuara. Seguro que seguía el típico discurso de "ya supéralo, eres un hombre competente e inteligente, blah, blah, blah". A la mierda con todo. Llegué a la estancia y prendí el televisor. Diez minutos después Stephan se asomó.
-Iré al cine más tarde, tengo una junta en…
-No me tienes que dar tu itinerario, me vale lo que hagas.
-Solo quería decirte que si quieres hacer algo diferente esta noche, vamos a estar en el cine, Elena, Bonnie y yo a las 10. Adiós.
Lo consideré por un momento. Katerine no me había llamado hace dos días. No tenía planes esta noche. Hacía años que no iba al cine, no había pasado una sola noche lo suficientemente sobrio como para ir. Y la razón por la que tuve que decir que sí fue porque Bonnie estaría ahí. Quería volver a verla. Decidí que iría.
A las ocho y media me metí a la ducha, me cambié, me rasuré. Hacía tiempo que no lo hacía, parecía mucho menor que antes. Mi cara quedó completamente limpia. Me puse algo formal, pantalones negros y camisa blanca. Hacía años que no me cambiaba así. Me miré en el espejo y la imagen del yo pasado vino a mi cabeza. Suspiré y estuve a punto de mandar a la mierda mis planes y volver a recostarme en la cama y festejar bebiendo más de lo normal. Pero hubo una razón mayor: Bonnie.
Salí de mi casa y tomé mi lindo Volvo, el que hacía meses no utilizaba. Era lo bueno de que Katerine siempre trajera comida, y ahora Stephan. Llegué al centro comercial donde estaba el cine con antelación y me puse a caminar cómodamente. Pasé por algunas tiendas que no sabía que estaban ahí. Al diez para las 10 volví al frente del cine y me puse a esperar. Miré alrededor fijándome en 'los ojos' de las mujeres. Había unas buenas, pero ninguna llamó mi atención.
Seguí mirando hasta que reconocí el cuerpo que había ansiado ver hace días. Ahora traía pantalones largos, no me permitían ver sus piernas. Traía una blusa de manga larga que le quedaba holgada, sin permitirme ver sus curvas o su cuerpo en lo absoluto. Noté que venía con alguien, de la mano. Estaba riendo, su sonrisa era hermosa. Se acercó y cuando nuestros ojos se toparon ella dejó de sonreír. El chico que venía con ella la miró y la sacudió un poco. Detrás de ellos llegaron mi hermano y la rubia des… Elena. Elena miró a Bella y le preguntó algo. Bonnie seguía mirándome como si fuera una alucinación. Elena me miró y estuve casi seguro de que sus ojos reflejaron odio y enojo. Temí por mi vida. Se acercaron y Elena se puso frente a mí.
-¡¿Qué demonios estás haciendo aquí, pedazo de basura, adefesio, animal? –dijo mientras me daba un golpe en el pecho con su dedo por cada insulto.
-Elena, él es Damon, mi hermano, tu vecino, -dijo Stephan tomándola por la cintura.
-¡¿Qué? –dijo girándose molesta hacia Stephan. –Nunca me dijiste que vivías con este pedazo de idiota. Tienen apellidos diferentes.
-Te dije que vivía con mi hermano, que era tu vecino. Nuestra madre fue la misma, tuvimos diferente papá.
-Pero nunca me dijiste que era Damon, y aun así, ¿Qué hace aquí?
-Yo lo invité, creí que se llevarían bien. Lo siento nena, debí preguntarte primero, -la abrazó por la cintura y ella pareció relajarse al instante.
-No importa, ya está aquí. Bonnie, cariño, ¿hay algún problema? –dijo mirándola. Bonnie negó con la cabeza, no me miró, el tipo a su lado la tomó de la mano y la abrazó. Una ola de un sentimiento que no conocía pasó por mí. Identifiqué eso como celos, era increíble, jamás lo había sentido. La única persona que amé no me dejó sentir celos, lo único que sentí por ella fue enojo.
Compramos los boletos para la película, era una bobada, una película de chicas. Pero dado que la que mandaba en este caso era Elena, me quedé callado. Fui a la tienda y compré golosinas a lo tonto. Si no me iba a emborrachar al menos me empacharía con dulces. Compré un bol enorme de palomas y un refresco grande. Me giré con todo en las manos y topé con alguien, derramando todo. Gracias a Dios los dulces vienen en empaques. Miré a la persona y vi que era Bonnie. Demonios, seguro que ahora me odiaba más. Tomé servilletas y comencé a limpiarla.
-Lo siento mucho Bonnie, no quise arruinar tu atuendo, -cuando pronuncié eso me di cuenta de que estaba frotando mis manos sobre su pecho y que la blusa que traía dejaba un poco reflejado gracias a lo mojado. Comencé a sentirme incómodo y me aparté.
-No importa, no es como si fuera un Armani o un Gucci, -dijo tomando papel y limpiándose ella misma. –Iré al baño, los alcanzo después.
Elena y Stephan asintieron y el chico que venía con Bonnie también. Se acercó a ella y le susurró algo en el oído. Ella asintió distraídamente mientras seguía limpiando su blusa. Se fue y yo no me quería ir, así que la seguí al baño. No me notó y cuando salió y me vio ahí se asustó.
-Lo siento, de nuevo, no quise sorprenderte, -extrañamente rió, supongo que recordando que cada vez que la veía la asustaba.
-No tenías por qué quedarte. Te perderás la película.
-Oh vamos, ¿una película de chicas? Las odio, no discutí porque estaba seguro de que Elena cortaría mi cabeza, -dije haciendo una mueca. Ella rió y asintió.
-También las odio, todas esas bobadas de amor a primera vista y primeros besos apasionados. Y lo peor es que esta trata sobre un chico que tiene a la persona adecuada frente a él todo el tiempo pero nunca lo ve.
-Eso es estúpido, no creo que alguien tan importante pueda pasar desapercibido. Significa que el hombre es un ciego.
-Sí, -dijo mientras avanzaba. De pronto tuve un impulso y la tomé del brazo. Ella me miró y frunció el ceño.
-Ven conmigo, saltémonos las bobadas esas y vayamos a comer una nieve.
-Damon, sé que no te agrado para nada más que para llevarme a la cama. Yo no soy de ese tipo, si me disculpas me están esperando, -se soltó de mi agarre pero volví a sujetarla.
-¿Quién te dijo eso? –dije algo molesto. Si había sido Stephan lo mataría.
-Tú, -noté que sus ojos se volvieron vidriosos y bajó la mirada.
-¿De qué estás hablando? Yo nunca dije algo así.
-Tal vez tu estando sobrio no, pero cuando estabas ebrio el otro día lo dijiste. Antes de ponerte a besar a otra.
Demonios, la había insultado sin darme cuenta. Me maldije interiormente y después me acerqué más a ella. Levanté cuidadosamente su mentón.
-Lo siento Bonnie, de verdad no era mi intención. Cuando estoy ebrio no pienso, no razono. Nunca te pediría que te acostaras conmigo, eres diferente, -deslicé mi mano por su mejilla y ella cerró los ojos. Tembló bajo mi roce y me sentí poderoso. Después abrió los ojos y sin decir nada se alejó.
No dijo nada más y yo estaba tan…extrañamente apenado, nunca me había sentido así, nunca me habían rechazado. Decidí no volver a entrar y mejor me fui a mi casa. Esa noche Katerine me llamó y dijo que quería verme mañana. Esa noche me dormí temprano, por lo que pude despertar temprano.
Katerine llegó con la ya común porción de café Starbucks. Salimos y dijo que tenía que hablar de algo serio conmigo. Cuando salimos se escuchaba música, mi estómago se contrajo al pensar que era Bonnie. Katerine también la escuchó. Se acercó a la cerca y vi que tapaba su boca para evitar reír. Me acerqué y la vi. Estaba bailando y colgando ropa al mismo tiempo. ¿Era posible que sus caderas hubieran crecido? ¿O su pecho? Dios, si no estaba alucinando, eran dos o tres veces más grandes. Estaba un poco más infladita del estómago, pero aun así era una belleza. Todo eso no lo pude ver ayer por su ropa holgada, pero ahora era diferente.
Katerine comenzó a reír en alto y Bonnie notó nuestra presencia. Apagó rápidamente la música y se sonrojó, sus mejillas eran tan adorables. Quería tocarlas. Di otro recorrido por su cuerpo y concluí que no estaba alucinando. Sus caderas y su pecho eran más grandes.
-Es patética, -dijo Katerine, estaba seguro de que Bonnie pudo oírla. Traté de decir algo pero ella continuó. -¡Oye! –dijo hablándole a Bonnie. –Oye tú, Bunny, -dijo moviendo la mano.
-Es Bonnie, -dije presionando el tabique nasal con mi pulgar y el índice.
-Sí, eso, -Bonnie se giró y la miró. –Ven, acércate. Quiero preguntarte algo, -Bonnie se acercó y cruzó los brazos en el pecho.
-Dime Katerine, -remarcó su nombre para darle a comprender que la recordaba.
-Dime algo, ¿es mi imaginación o cada vez que te veo estás más gorda y fea? –la miré frunciendo el ceño y después a Bonnie. Ella estaba con los ojos muy abiertos y llorosos.
-¡Katerine! –dije tomándola por el brazo.
-Es en serio Damon, no me digas que no notaste esas caderas de… ni siquiera tienen nombre. Y sus senos, por Dios casi se salen. Sin mencionar su creciente barriga, ¿Cómo te cabe la ropa?
-Es suficiente, pídele una disculpa, -dije amenazándola con los ojos. Me sentía como el padre de una niña malcriada.
-¿Qué? Estás loco, no me voy a disculpar por decir la verdad, -se soltó de mi brazo y fue a la casa. Me giré y miré a Bonnie. Bajó la mirada y se giró.
-Bonnie, espera. Lo siento mucho, ella no quiso…
-Sí Damon, sí quiso y lo hizo. Adiós.
Se metió en su casa y yo gruñí. Regresé a la casa y Damon estaba tomando algo en la cocina. La tomé por el brazo e hice que me mirara.
-¿Qué demonios pasa contigo? –dije casi ladrando.
-No, la pregunta aquí es, ¿Qué pasa contigo? ¿Por qué la defiendes? Nunca habías hecho eso ni mucho menos me habías hablado así. Soy mayor que tú, tienes que respetarme, -tenía que estar bromeando.
-Pues estás en mi casa y son mis reglas. ¿Sabes cuánto me tomó que volviera a hablarme? ¡Dios! ¡Katerine lo arruinaste todo, no volverá a hablar conmigo!
-¿Y a ti que te importa eso? Creí que no te gustaban las gordas.
-¡No está gorda! ¡Está incluso mucho mejor que tú! –ella se molestó y se soltó de mi agarre, de nuevo.
-¡Pues me alegra que pienses así porque voy a crecer mucho en estos meses! –dijo con una mirada asesina. Me quedé en shock.
-¿A qué te refieres? –dije en un susurro. No quería que fuera lo que creo.
-Que estoy embarazada, eso es de lo que venía a hablarte.
-Pero… no puede ser. Tú y yo hemos sido precavidos, -dije mirándola de frente.
-Pues parece que no lo suficiente, -se puso los brazos alrededor del vientre y bajó la mirada.
-¿Cómo sé que es mío? Estás casada, puede que sea de él.
-Sí, puede ser. Lo sabremos con una prueba de ADN, -subió la mirada y vi que tenía los ojos llorosos. -¿Qué vamos a hacer si es tuyo, Damon? ¿Cuidarías de él o fingirías que no existe? Tal como lo hizo tu padre, -cerré los ojos con fuerza para evitar la ola de furia que me invadía.
-Con mis padres no te metas, ¿de acuerdo?
-Respóndeme. ¿Me dejarás ahí o te casarás conmigo?
-Tengo 24 años, no pienso casarme ni ahora ni nunca.
-¡24 años, Damon! ¿No se te hace suficiente? Yo me casé a los 23
-Tú eres tú, yo no me pienso casar. Ni siquiera pensaba tener hijos. Haremos la prueba cuanto antes. Si sale negativo dejaremos de vernos. Si sale positivo entonces…le dirás a tu esposo la verdad y…vendrás a vivir conmigo. Si no funciona entonces puedo comprarte una casa y mantenerte a ti y a mi hijo o hija. Pero no me voy a casar.
Katerine pareció aceptar. Esa tarde llamamos a un laboratorio para hacer una prueba, pero antes de eso iríamos al doctor. Hicimos una cita para después de comer. Ni siquiera podía comer, tenía un nudo enorme en el estómago.
El día pasó rápido, todo iba bien con el bebé, tenía apenas 3 semanas. Después pasamos al laboratorio y nos dijeron que tendrían los resultados en dos semanas, al parecer tenían mucho trabajo. Dejé a Katerine en su casa y decidimos que no dijera nada a su esposo sobre el bebé hasta que estuviéramos seguros de quién era el padre. Regresé a mi casa y me sentía tan confundido. Quería hablar con Bonnie, ella era mi droga y hacía tiempo que no la consumía. Sin mencionar que estaba molesta conmigo.
Salí al jardín, con la esperanza de verla. Pero no fue así, no estaba. Vi que había un dormitorio con la luz encendida. Tomé una piedrecilla y la lancé, procurando no romper el vidrio. Solo esperaba que fuera Bonnie y no Elena, ella me mataría. Lancé otra y la ventana se abrió. Bonnie asomó la cabeza.
-Bonnie–dije en un susurro alto. Me miró y frunció el ceño.
-¿Qué quieres? –dijo con voz cargada de coraje.
-Quiero hablar contigo, por favor. Baja unos minutos, -escuché que gruñó y cerró la ventana. Esperé unos momentos para ver si salía. Estuve a punto e marcharme cuando escuché la puerta. Bonnie se acercó con la pijama puesta. Se veía adorable.
-Ya estoy aquí, ¿Qué quieres?
-Quiero disculparme, Katerine no suele ser así. Es una persona muy agradable si la tratas. Estaba pasando por algo difícil.
-Claro, ¿eso es todo?
-No, quiero saber si estás molesta conmigo. Yo no dije nada, de verdad. De hecho creo que te ves más linda, pero eso es irrelevante en estos momentos, -moví la cabeza a los lados intentando concentrarme. A la luz de la luna su piel se veía más linda, parecía brillar. Sus ojos parecías chocolate líquido.
-No Damon, no estoy molesta contigo. Solo que… no quiero ser tu amiga. No te conviene, ¿de acuerdo?
-¿Y qué hay de mí? Yo sí quiero ser tu amigo, -comencé a desesperarme y atravesé la cerca de madera. Me acerqué a ella y ella se hizo para atrás.
-Solo aléjate, de verdad es por tu propio bien, -la tomé por la cintura y ella comenzó a temblar. –D-Damon. Esto no está bien, por favor, aléjate.
-No lo voy a hacer.
-¿Por qué? –sus ojos se llenaron de lágrimas.
-Porque me… me gustas, mucho.
-No lo entiendes, esto no puede ser, no es posible. Tres son multitud. A parte, no puedo estar esperándote en casa y estar preocupada por quién serás, Damon Hyde o el Dr. Jekyll.
-¿A qué te refieres? ¿El problema es por la bebida? La dejaré, también dejaré a Katerine, puedes mudarte conmigo, dejar a Elena. Stephan estará encantado de vivir con ella, -no sabía que estaba pensando pero la necesitaba conmigo. Acababa de enterarme que tal vez sería papá y aquí estoy, ofreciéndole mi corazón a otra mujer.
-No me refiero a Katerine o a Elena, -bajó la mirada y yo subí su rostro tomándola por el mentón.
-¿Entonces a quién? ¿Es el chico que estaba contigo en el cine? Seré mejor que él, ya te dije, dejaré de beber si tú me lo pides. –dije algo impaciente. Ella negó con la cabeza.
-Deja de beber, pero no porque yo te lo pido, sino por tu voluntad. Yo no te voy a decir qué hacer. Matt es solo un amigo.
-¡Entonces dime quién!
-A mi bebé Damon, -oh no, un deja vú.
-No entiendo.
-Estoy embarazada.
