Capítulo 2
Isabella jamas había oído algo tan suavemente ronco como la voz de Lord Cullen. La sensación que la invadió, fue extraña, como si estuviese delante de algo íntimo y, aún así, atemorizante. Como si él fuese parte hombre, parte fiera… E imaginó que la voz de un hombre podía ser así en momentos de pura pasión, murmurando cosas en su oído…
Se ruborizó con tal pensamiento, sintiéndose mas acalorada de lo normal, presa de excitación y vergüenza. Sabía que precisaba mantenerse bajo control ante de la situación que iba a enfrentar.
Cuando ya estaban en medio de la sala hacia la cual lo habían seguido, ella arriesgó una mirada hacia arriba, notando la cicatriz que él llevaba en el cuello, una línea fina de carne roja. Eso tal vez explicase el problema con su voz, imaginó. Debía haber sido herido allí, aunque fuese una cicatriz un tanto extraña, como si él hubiese sido colgado por el cuello con una tira fina de cuero.
Pero ella no se atrevía mirarlo. Tal vez estuviese irritado por no estar delante de la novia que le fuera prometida… DE alguna manera ella era una movía inesperada. Tal vez, no la aceptase a esa pobre substituta, que era lo que ella era , y la enviase de vuelta al convento.
Había una única antorcha, sujeta a la pared, iluminando el ambiente. Sin embargo , la luz que producía no era suficiente para mostrar los rincones de la sala. En el centro, había una enorme mesa de cedro acompañada de una silla solitaria, que estaba en su cabecera.
Intentando no estremecerse ,Isabella aguardaba, al lado de su tío, en una actitud humilde, los ojos bajos. Tal vez fuese necesario pedir la intervención divina para que aquel hombre intimidante la aceptase. -
Rezaba, en silencio, para que él no la enviase de vuelta en compañía de las monjas. Prometía ser la esposa perfecta, humilde y mansa. Sólo no quería volver a ver a la reverenda madre, la cual, con certeza, la llevaría a la muerte a través de sus castigos brutales.
Lord vulturi parecía inquieto. Estaba mas tenso que receloso, sin embargo Isabella había notado cuanto se enojaba al mirarla, hacia poco, en el hall.
Pero, le bastaba mirar a Lord cullen para saber que no debería mentirle a él. Mucho menos sobre su identidad. El daba pasos largos y lentos alrededor de la mesa, colocándose del otro lado de ella. Se sentó en la silla de espaldar alto y los miró.
— Señor — comenzó Lord vulturi en tono de penitencia. — Debe entender la situación en la que yo me encontraba. Bree nos desgració, aunque hubiésemos tan amigablemente acordado en reunir a nuestras familias. Imaginé lo que podría hacer, como actuar para mantener mi palabra…entonces me acordé de Isabella. Puedo asegurarle, mi señor, que ella es virgen. Estuvo trece años en un convento y, en ese tiempo, jamas vio o habló con hombre alguno.
— Jamas? — indagó Lord Cullen en voz baja y ronca.
— Jamas, señor — Isabella confirmó. — Mi tío fue el primer hombre que vi en los últimos trece años.
Ella levantó la mirada para encontrar la de él, firme, perspicaz. La luz difusa de la antorcha tornaba su rostro en una máscara de bronce, los contornos de sus rasgos mas definidos y demarcados en un juego de luz y sombra.
Qué estaría pensando? Se preguntó. Estaría notando señales de las privaciones por las cuales ella había pasado en el convento? Estaría evaluando se valdría o no la pena aceptarla?
Por lo que podía ver, Isabella concluía que aquel rostro debía haber sido hecho de pura roca… Pero, de repente, sus labios se movieron levemente. Una sonrisa? O habría sido una ilusión provocada por el movimiento de las llamas de la antorcha?
— Sé que Isabella no es su prometida, mi señor — Lord vulturi interfirió, queriendo aliviar la tensión que sentía en el aire. — Pero ella también es mi sobrina y los términos del acuerdo de casamiento no deberían ser alterados.
— Si que deberían — Isabella habló una vez mas. No tenía la menor idea de cuales eran tales términos, pero no permitiría que la ambición de su tío le quitase la única chance de libertad que tenía. — No soy la novia que le fue prometida y eso debe ser tomado en cuenta.
—Isabella, manténte en tu lugar! — Lord Vulturi le avisó alterado.
— Pero, tío, parece se olvidarse que no soy Bree. Y Lord Cullen no está recibiendo la novia que le fue prometida! Creo que la dote debe ser aumentada, o que debe haber algún otro tipo de compensación…
— Por el amor de Dios, vos todavía no eres la esposa de él para estar intercediendo a su favor de esa forma!
— Tío, no es justo…
— Justo? Lord Vulturi gritó, volviéndose para mirarla e intentar de alguna forma, hacerla callarse. — Justo sería que esa infeliz de tu prima hubiera permanecido virgen y no hubiese saltado en la cama del primer caballero simpático que encontró! Justo sería que vos supieras exactamente cual es tu lugar y te pusieras de parte de él! Justo sería…
— Salga, Lord Vulturi — cortó la singular voz de Lord Cullen.
— Perdóneme por haber perdido el control , señor… — comenzó Lord Vulturi, en un tono mas bajo. — Es que tuvimos en un largo y difícil viaje hasta aquí y… acabé excediéndome…
— Salga — él repitió.
— Tal vez Isabella tenga razón.. . Tal vez una alteración en la dote…
Edward se levantó lentamente y Lord Vulturi con una reverencia, se retiró.
Confusa y temerosa,Isabella observó que Lord Cullen volvía a sentarse. Sería esa una buena o mala señal?, pensó. Esperó por algunos instantes mas, como él no dijo nada , decidió romper el silencio:
— Perdone mi impertinencia por hablar en lugar de mi tío, señor — pidió en un tono que juzgó ser apropiadamente humilde. Se sorprendía con la facilidad con que conseguía mostrarse sumisa ahora, mucho mas de lo que lograba cuando estaba delante de la reverenda madre. Prosiguió ,entonces, en voz baja: — Creo que es justo ajustar la dote. -
— Por qué?
— Porque no soy Bree
— Por qué? — él repitió.
— Porque no soy Bree
Edward negó levemente sacudienso la cabeza y esclareció:
— Por qué sería justo?
— Porque... digamos que soy una novia... inesperada ... no soy la novia que el señor estaba esperando cuando hizo el acuerdo. No soy igual a ella.
— No?
Ahora, ella estuvo segura que había una sombra de sonrisa en los labios de Lord Cullen. Se Estaría riendo de ella? Habría percibido que estaba desesperada y eso le parecía gracioso ?
— También quiero saber por qué quieres casarte conmigo? — preguntó el.
Isabella tragó en seco ante tal indagación, ella necesitaba encontrar una respuesta plausible. Su futuro podía depender de lo que dijese ahora.
— Mi tío hizo un acuerdo con el señor… Y si Breeno puede cumplir su parte en el acuerdo y yo debo hacerlo.
Edward levantó las cejas, pero no dijo nada, dándole una señal para que continuase:
— Mi tío teme lo que podrá pasarle si él no cumple el acuerdo.
Las cejas de Edward se levantaron todavía mas.
— Quiero casarme, señor!
Esta vez, él bajó las cejas en una expresión sesuda.
— Señor, si no se casa conmigo, él me va a mandar de vuelta al convento y no quiero volver allá! Es una vida miserable la que se vive allá adentro! — Isabella se aproximó a la mesa, las manos en un gesto de súplica. — Si aceptar casarse conmigo, mi señor, le prometo ser una buena esposa. No reclamaré nada y no pediré nada! Sólo… — Ella se interrumpió, sabiendo que no debería proseguir.
Pero Edward indagó curioso.
— Sólo …
— Sólo quiero hijos. Es un deseo que siempre tuve, el de ser madre.
Otro sonrisa, tan suave como la primera, curvó levemente en los labios de él. Qué no daría Isabella por saber lo que él estaba pensando!
— Sé que mi apariencia no es de las mejores — ella prosiguió, todavía mas humilde. — Por lo tanto, si desea tener una amante, no lo culparé por eso.
Las cejas se levantaron una vez mas, mientras Isabella se ruborizaba ante su mirada escrutadora.
— Yo me mantendré atenta a mis servicios en la casa y jamas interferiré en la administración de sus bienes.
Edward continuaba levantando las cejas y Isabella buscaba en lo profundo de su mente, las otras observaciones que todavía recordaba de haber oído de la boca de lady Marie sobre los deberes de una buena esposa y madre a fin de llevar una vida familiar sino feliz, por lo menos, sin conflictos.
— Seré una buena anfitriona para sus amigos y para su familia, buscando hacer que nuestro hogar sea confortable para todos ellos, para el señor, y para cualquier invitado que traiga acá.
La expresión en el rostro de él no se alteraba en lo mínimo, dejándola todavía mas confusa respecto a lo que debía decir. Tal vez el no quisiese que fuese tan hospitalaria…
— Ve a buscar a tu tío — oyó, en un sobresalto.
Qué significaban aquellas palabras? Pensó desesperada. No eran una aceptación ni una dispensa. Apenas una orden.
Sabía que no había motivos para vacilar, o continuar hablando. El era un guerrero, un comandante. Ya había tomado su decisión y nada había que ella pudiese hacer para modificarla!
EN eso, el actuaba como la reverenda madre, la cual había decidido, ni bien había puesto sus ojos en Isabella por primera vez, que ella era un gran problema en forma de muchacha, y nunca había cambiado de opinión, a pesar de todos los esfuerzos de Isabella para convencerla de lo contrario.
Sin mayores esperanzas , ella no quería darse por vencida. Precisaba intentar mas todavía.
— Por favor, mi señor — imploró. — Acépteme. Y, aunque sea un hombre muy malo, seré la esposa mas devota y fiel que un hombre jamas podría tener.
Edward la miró por algunos segundos y preguntó:
— Cómo sabes si soy o no un hombre malo?
— No lo sé con certeza. Pero no creo que lo sea, pues, aún en el convento, habríamos oído hablar del señor, si fuese malo o perverso . Los actos ruines de un hombre corren mas rápido que los bondadosos…
— Nunca oíste hablar de mí?
— No, hasta que mi tío fue al convento.
Isabellapensó haberlo oído suspirar.
— Ve a buscarlo — Edward repitió la orden.
— Señor, por favor, no me mande de vuelta! Yo preferiría morir!
— A casarte conmigo!
— Si! — así habló, ella se maldijo por haber dicho tal palabra. Qué chances tendría ahora? -
Lo Vio apuntar hacia la puerta, imponente, y notó que no había mas esperanzas.
Bajó la cabeza, pero se levantó en seguida, y, con el resto de dignidad que todavía sentía fue hasta la puerta y la abrió, viendo que su tío aguardaba, impaciente, del lado de afuera.
— El quiere verlo, tío — dijo solamente.
Los ojos de LordVulturi se abrieron, como en una pregunta muda, pero Isabella no le hizo ninguna señal, ni mala ni buena . Miró para atrás, por sobre su hombro izquierdo, hacía el hombre que no conocía y que, sabía ahora, jamas conocería.
— Voy a esperar aquí afuera — dijo, dando un paso , pero la voz ronca deEdward ordenó:
— Quédate !
El quería que aguardase para oír su rechazo personalmente, Isabella imaginó, entristecida. Se sentía inferior a un ratón … Pero se volvió, retornando a la sala. Levantó el rostro, mirándolo de frente, casi desafiante.
— Señor? — se apresuró Lord Vulturi, colocándose delante de la silla en que Edward todavía permanecía.
Voy a casarme con ella.
El acababa de decir que la aceptaba! Isabella agradecía a los Cielos, sin todavía poder creerlo del todo. No tendría que volver al convento! Bajó la cabeza, permaneciendo allí, parada, estática.
Muchas veces se había desmayado en su vida, pero siempre por falta de alimento o debido a las largas y cansadoras vigilias durante las cuales las monjas la obligaban a contemplar la naturaleza terrible de sus pecados. Nunca antes se había sentido atontada debido al alivio. Ahora, sin embargo , eso le estaba pasando!
De repente, dos brazos fuertes la ampararon, llevándola hasta un banco que no había notado , por estar envuelto en las sombras. No había visto un hombre durante trece años y, por mucho mas tiempo todavía, no había estado en contacto físico con uno . Ningún hombre la había tomado de aquella forma, ni aún para ayudarla.
Crispó los dedos en los antebrazos que la sostenían todavía, sintiendo los músculos que se contraían por bajo del tejido oscuro de lana. Sintió que la respiración se aceleraba involuntariamente al sentir el olor tan masculino, tan diferente del de las mujeres, o del de su tío, que siempre al que le gustaban los perfumes orientales.
Quería poder inclinar la cabeza sobre el pecho ancho que estaba tan próximo para sentirse todavía mas protegida pero no se atrevió a hacerlo.
— Vino? —Edward ofreció mientras la ayudaba a sentarse.
— No… si…
— Vino, Vulturi Allí! — Lord cullen apuntaba a un aparador, en uno de los rincones oscuros de la sala, y el otro noble se apresuró a tomar la botella.
— Estás enferma? — Edward preguntó.
— No, mi señor — ella respondió, antes de tomar el primer trago de la bebida. Después, levantando los ojos hacia el rostro de él, completó: — Estoy feliz.
El se apartó abruptamente, como si Isabella hubiese escupido el vino en la cara, después se volvió, y caminó hasta la silla. Al parecer, Isabella se había precipitado. Una vez mas.
Lord Cullen miró a Vulturi, después apuntó a otro de los rincones oscuros, donde había otra silla, haciéndolo apresurarse para traerla junto a la mesa.
— Tengo el documento aquí, señor, listo para ser firmado, con una copia obviamente — explicó Lord vulturi, sacando dos rollos de papel de la bolsa de cuero que traía consigo. — Ahora, en cuanto a las alteraciones en la dote.
Isabella sintió mas de lo que vio cuando, Edward le lanzó una mirada, antes de decir:
— Sin alteraciones.
Cuando ella levantó la cabeza, el ya no la miraba, sino a su tío, quien parecía estar tan atónito como ella.
— Dejelo como está — Lord cullen agregó.
— Pero no soy Bree… — Elizabeth protestó , levantándose lentamente.
— Creo que Lord Cullen esté mas que consciente de eso ahora — comentó su tío, todavía pareciendo irritado con ella. — No veo necesidad de estar recordando ese hecho a cada momento.
Volviéndose hacia Edward, continuó con expresión ambiciosa, lo que dejó a Isabella horrorizada:
— La cosecha no fue tan buena como yo esperaba este año.
— Cuándo será el casamiento? — ella interfirió, sin poder contenerse. Quería colocar un punto final a la tentativa de su tío de alterar el contrato de casamiento a su favor, que claramente era su objetivo. No podía permitir que él provocase la ira de Lord Cullen
— Mañana, al mediodía — Edward respondió.
— Excelente, mi señor! — Vulturi exclamó, con una sonrisa satisfecha. — Cuanto antes, mejor. Y, si ese caballo no se hubiese lastimado la pata…
Isabella se aproximó a la mesa.
— Por qué esperar hasta mañana? preguntó, ansiosa. — El documento está aquí, listo para ser firmado! No veo necesidad de que esperemos, a no ser que no haya un sacerdote disponible…
Edward la miró con calma.
— Donallow tiene un sacerdote — informó.
— Entonces, señor, por qué no nos casamos hoy?
— Isabella, cállate la boca! Oíste lo que dijo Lord cullen! — la amonestó su tío. — El estableció la fecha para mañana y vos no…
Edward levantó la mano izquierda, silenciándolo con la fuerza del gesto. Por algunos momentos, vulturi miró aquella mano, sin saber que hacer, hasta que Edward en un gesto impaciente le mostró que quería ver el documento.
— Nos Vamos a casar hoy — remató Raymond.
Isabella respiró profundamente y muy satisfecha. Vio cuando Lord Cullen levantó los ojos del documento y sus miradas se encontraron por instantes.
Sabía que él la quería, vio eso en aquellos ojos oscuros y misteriosos. Por todo lo que ella había dicho o habría algo mas? Se preguntó.
No estaba segura . Aún así, sabía que, si él no la quisiese, no habría poder en la Tierra que lo hubiese hecho aceptarla como esposa. Y Isabella estaba segura de que quería sentirse en los brazos de él nuevamente, poder descansar la cabeza en su pecho, sentir su contacto . Quería darle hijos.
El volvió a leer el documento y Isabella dejó que sus ojos paseasen por su figura como si fuese una pintura a ser admirada en el techo de la capilla la del convento…
El se levantó y yendo hasta un armario próximo, extrajo de allí una pluma y un pequeño frasco de tinta . Mientras Lord Vulturi se mordía el labio inferior ansiosamente , el firmó con su nombre. Después, con calma y deliberación, Edward leyó la siguiente hoja del documento y, com la misma actitud, la firmó también. Después volvió a mirar a Isabella, entonces la llamó:
— Ven — Y le extendió la mano derecha.
Temblorosa y agradecida, ella aceptó la mano que le era ofrecida y permitió que el la acompañase fuera de la sala. Mientras caminaba, prestaba atención a lo que no había notado antes: la torre por donde pasaban estaba hecha de piedras enormes, así como el resto del castillo, muy sólido y gris. Una baranda había sido instalada y los escalones estaban gastados. Donallow era muy antiguo, en especial aquella parte por donde caminaban ahora.
De repente, las ganas de estornudar la dominó , haciéndola cubrir la boca y la nariz con la mano.
— La mojadura siempre me hace estornudar — explicó después, como en una disculpa.
Edward se detuvo de inmediato haciéndola imitarlo. La Miró de arriba a abajo, diciendo apenas:
— Espera aquí.
Y volvió al solar, siguiendo todavía mas adelante, hacia adentro de la torre, dejándola en las escaleras. Su tío apareció por la puerta del solar, la vio allí, sola, y se aproximó, amonestándola:
— Qué hiciste ahora?
— Estornudé.
— Vos… qué?
— Estornudé. A causa de la mojadura. Y Lord Cullen me dijo que esperase aquí.
— Muchas gracias, sobrina! — Pero a él no le había gustado nada la broma. — Debiste haber sido humilde y dedicada en el solar y así yo podría haber bajado el valor de la dote…
— O pagado mas… Dime, tío, también negoció un descuento con él cuanto hizo el trato por Bree?
No hubo respuesta, su tío no la miraba, y Isabella prosiguió:
— No lo hizo, estoy segura. El dictó los términos y vos aceptaste porque sabes que Lord Cullen no es un hombre que acepte negociar entonces, por qué creíste que podría negociar ahora? Podrías haber estropeado todo…
— O haber conseguido términos mejores en el acuerdo.
— Mejores para vos…
Ahora, él la miraba.
— Y vos sos tan experta en asuntos masculinos? Conoces a los hombre sólo con mirarlos , no es cierto ? — Había ironía en sus palabras.
— Conozco lo suficiente para saber cuando debo permanecer callada.
— Vos , callada? — El se burló — Qué fue toda ese discurso en el solar, entonces? Por los clavos de Nuestro Señor Jesucristo , muchacha, vos debiste haber permanecido callada, como cualquier mujer haría!
— Si me hubiese callado, podía estar saliendo de este castillo ahora mismo, en vez de estar lista a casarme; Lo que quiero decir, tío, es que sé cuando hablar y cuando debo callar.
— Espero que si, o las cosas se pondrán peores para vos, aunque él parezca quererte ahora.
Isabella no entendió lo que aquellas palabras querían significarle.
— Qué quieres decir con eso? — preguntó desconfiada.
— El puede no haber puesto objeciones a tu audacia de hoy, mas podrá hacerlo así cuando seas su esposa. Debes recordar eso, Isabella. Lord Cullen no es un hombre de buen corazón, y hay cosas que no sabes sobre él .
— Qué cosas?
