Ni la historia ni os personajes me pertenecen son de la señora meyer y esto es una adaptacion

Capítulo 3

La expresión de Lord vulturi se mantuvo cerrada.

— Nada que logre evitar el casamiento — respondió secamente.

— Vos quieres continuar aliado con él, yo presumo…

Isabella no creía haberse engañado respecto a Lord cullen. Pero, tal vez estuviese tan determinada a no volver al convento, que había omitido ver algo en él ... algo que no quería ver en realidad…

— Tío, debo imaginar que, aún siendo él la personificación del mal, a vos no te importaría que las familias estuviesen unidas y no dirías una palabra de aviso a la novia lista para ser sacrificada ?

— No, no! — vulturi protestó. — Lo que quiero decir es que vos tenes el don de hacer irritar a las personas, Isabella ! Y no debes irritarlo! No puedes negar el hecho de que él no es exactamente un hombre cordial… Y yo no quise decir nada mas allá de eso.

— Pero hay algo mas allá — ella insistió. — Puedo ver eso en tu rostro.

— Prefieres volver al convento?

Isabella pensó en el convento y en la sonrisa de satisfacción que habría en el rostro de la reverenda madre, si volviese. Con certeza, no había creído la historia de que había un hombre que estaba dispuesto a desposarla, se imaginó.

Hasta en el convento se contaban historias sobre hombres malos y perversos y Lord cullen jamás había sido mencionado allá… Mas allá de eso, el había venido en su auxilio cuando casi se desmayó. Si fuese cruel y egoísta, no lo habría hecho… Y habría discutido sobre la alteración en la dote, pues tenía derecho a hacer tal cosa. En verdad, no parecía estar feliz, pero ni ella misma parecía estar mas feliz que él…

Isabella sabía también que no debería juzgar a nadie sólo por las apariencias. Había aprendido tal lección de modo bastante amargo algunos meses después de su llegada al convento, cuando había contado a la gentil y amable Jesica sobre sus planes para robar algunas masas de la comida de la reverenda madre.

Jesica la había incentivado y luego la había denunciado sólo para caerle en gracia a la monja. Tal vez, si hubiese prestado mas atención a el rostro de Jesica, a su modo de ser , a sus actitudes, no hubiese sido engañada… Había mirado con mucha atención a Lord Cullen y ahora era mas experta que antes.

— No, tío, no deseo volver al convento — respondió tranquilamente.

Había oído pasos en la escalera y en seguida Lord Culen apareció, trayendo algunas prendas en sus brazos.

— Un regalo de casamiento — dijo, entregando la ropa a Isabella — Pediré a una criada que te lleve hasta mi cuarto para que cambies de ropa. Señor, venga conmigo!

Antes que Isabella pudiese decir algo,Edward ya continuaba descendiendo las escaleras. Y, sin una palabra, su tío lo seguía.

Ella pasó las manos por el tejido de la ropa, sintiéndolo suave como un pétalo de rosa. Una señora de mediana edad apareció en seguida, apresurada, informándole:

— Debo llevarla a los aposentos de mi señor.-

isabella asintió y la siguió mas allá de la entrada del solar. Cuando llegaron a lo alto de la torre, la sierva abrió a pesada puerta de roble, indicando el interior para que entrasen.

El recinto era frío: había una única lámpara de óleo sobre una mesa próxima a la cama y un olor fuerte a cuero impregnaba el aire.

— Voy a encender la chimenea — informó la mujer, aproximándose para tomar la ropa que Isabella todavía sostenía. La Colocó entonces, sobre la enorme cama, en la cual una colcha de piel sobresalía en el aspecto general del aposento. — Gracias, señora…

— sue, señora. Mi nombre es sue

Isabella vaciló por algunos momentos, pero su curiosidad acabó siendo mas fuerte:

— Estás en el castillo hace mucho tiempo sue?

— Vine acá hace nueve o diez años, mi lady.

— Lord Cullen es un buen patrón?

La sierva se encogió de hombros, mientras procedía con la actividad de encender las brasas de la hoguera. Isabella se arrepentía de haber preguntado.

Podía todavía recordarse de lady Marie diciéndole que la dueña de un castillo, jamás debía crear intimidad con los criados para que estos no perdiesen el respeto. A pesar del consejo, ella todavía quería saber mas:

— no me gustaría de casarme con un hombre cruel…

— A Nadie le gustaría — comentó sue, volviendo a colocar sobre la mesa la lámpara que usaba para ayudar a encender las brasas.

Al parecer, los siervos de Lord cullen eran tan reticentes como él mismo…

— Vi la cicatriz alrededor del cuello de él. El se hirió? Es por eso que su voz quedó así?

Sue fue hasta la cama y tomó la ropa.

— La garganta de él fue apretada — informó en un tono casual, sacudiendo las prendas.

La revelación dejó a isabella pensativa. El había tenido la garganta apretada, de alguna forma violenta y , aún así, no había muerto. Pero parecía ser fuerte e saludable, lo que debía explicar el hecho.

— Cuándo pasó eso? — continuó preguntando.

— Antes de que yo viniera para acá, señora.

— Y cómo… — Pero ella se interrumpió cuando la sierva abrió un baúl , que se reveló un bellísimo vestido de terciopelo oscuro bordado con hilos de oro y plata en el escote y en las mangas. Era el mas bello vestido que hubiese visto en su vida.

— Él tiene un gusto excélnte! — comentó:

La mujer no respondió, apoyando la ropa cuidadosamente sobre el lecho. Estaría pensando que el gusto de él era dudoso en lo que se refería a la elección de la novia o imaginaba que Isabella estaba esperando de un elogio? No…isabella casi rió. El día en que esperase recibir un elogio sería un día de milagros…

— Creo que no debemos demorarnos, señora — aconsejó la criada con la sabiduría de quien conocía al dueño del castillo.

— No, claro que no. — Y pasó a desvestirse, sacándose primero la capa y después la toca que detestaba.

Pasó la mano por los cabellos, soltándolos, sintiendo las raíces doloridas por haber estado sujetos por tanto tiempo. En seguida se libró del vestido simple, que había aprendido a usar desde que entrara al convento. Felizmente, su ropa interior estaba seca.

A pesar de la prisa, se aproximó al vestido con cuidado, de modo casi solemne, como si temiese tocarlo. Era demasiado delicado y lujoso para ella…

— Déjeme ayudarla ,señora — ofreció sue. Isabella permaneció parada, levantando los brazos, y el vestido, colocado por la sierva, cayó sobre sus hombros con gracia y suavidad.

— Es un poco largo — sue comentó. — Pero voy a apretar los lazos y va a quedar bien.

Maravillada con la belleza del vestido, isabella sólo conseguía pasar las manos con suavidad a lo largo de la cintura, y admirar a cualidad de lo que vestía.

— Cómo quiere que le arregle sus cabellos, señora? Con trenzas?

El vestido estaba ahora ajustado, pero continuaba siendo un poco grande en la cintura y isabella imaginó que sus largos cabellos servirían para cubrir el pequeño fruncido que había quedado por detrás de los lazos.

— No, no quiero trenzas.

—Entonces, déjeme peinarlos. — La criada fue hasta un mueble, en uno de los rincones, para tomar el cepillo.

Sin trenzas, sin toca, sin nada que los sujetase… Isabella no contuvo la sonrisa.

— Parece estar muy feliz, mi lady — sue comentó.

— Y no debería estarlo? Hoy es el día de mi casamiento!

Una expresión un tanto preocupada apareció, en el rostro de la mujer, que observó:

— Es verdad. Y todos deberíamos estar felices, yo supongo. No hay dudas de que nuestro Lord quiere mucho un heredero.

— Ese es mi mayor deseo también— Isabella confesó, viendo que la expresión en el rostro de la criada se acentuaba. — Por qué? Le parece extraño?

— Es que… imaginé…

— Si? Que yo no iba a querer cumplir mis deberes de esposa?

sue pareció vacilar. Se aproximó, trayendo el cepillo y el peine , y comentó, insegura.

— No lo encuentra… atemorizante, mi lady?

— Atemorizante? —Isabella pensaba. La voz podría ser… diferente, extraña, pero sólo eso.— No. Intimidador, tal vez. El la asusta?

— No. —sue parecía vacilar en usar el peine.

— Cree que a él le importaría si yo usase sus objetos? — Isabella indagó, percibiendo su actitud.

— Creo que no. Después de todo es su prometida…

Si, era su prometida, Isabella se repitió a sí misma, por lo tanto, a el no debería importarle si usase algunos de sus objetos personales.

El perro estaba nuevamente a sus pies y Edward mantenía la mirada fija en las llamas de la enorme chimenea del hall. El Padre Daniel esperaba, pacientemente , a su lado, listo para pronunciar las palabras que lo unirían a Isabella vulturi

Un Poco mas adelante, Lord vulturi se había instalado en una de las mesas preparadas para la fiesta de casamiento y bebía el excelente vino de la casa. Por el menos, así, se mantenía quieto, pensó Edward lanzándole una mirada rápida.

Los criados se agitaban de aquí para allá, ocupándose de los platos y las bebidas. Tortas y dulces, Edward no parecía verlos mas. Sus pensamientos estaban centrados en su otro casamiento; hacía casi veinte años. Había estado tan feliz y orgulloso aquel día! Tania estaba linda, encantadora, graciosa… todo lo que un hombre podría desear en una esposa.

Pero él era demasiado joven para percibir que aquella belleza y aquel encanto eran fugaces y que la vanidad de ella sería la única cosa que duraría por mucho tiempo. Isabella vulturi también era bella, pero su belleza era de otro tipo. Sus facciones eran adorables, pero había um fuego en sus ojos, una inteligencia aguda, una determinación… Y un orgullo, aún cuando ella le había implorado para que la aceptase…

Estaba impresionado. Ella no era una criatura común, gobernada por el capricho y por la presunción.

Pero, Edward no podía negar las otras cualidades de Tania, ella había sido muy amorosa hasta aquella fatídica noche cuando, sorprendentemente entorpecido, él había sentido el tirón doloroso de la tira de cuero en su garganta, la presión creciente que le cortó la respiración, el dolor agudo, la sangre…

Cadmus gruñó a su lado y sólo entonces fue que Edward se dio cuenta de que sus manos se crispaban en los costados de la silla a tal punto que sus nudillos quedaron blancas. Notó también que su prometida aguardaba, al final de las escaleras de la torre tan paciente como el padre Daniel.

Se Levantó con una majestuosidad que le era peculiar, y la observó al aproximarse. Los cabellos castaños parecían flotar sobre sus hombros, como si tuviesen vida propia, las leves ondas captando la luz de las antorchas esparcidas para iluminar el ambiente.

Pero no había luz en aquel gran hall que se comparase a la que estaba en los ojos de Isabella y en la sonrisa que ella le ofrecía, suave y encantadora.

Edward se acordó de las palabras de ella en el solar. No sabría cuan bonita era ? Habrían las monjas Inculcado tamaña modestia en su mente? Ella le había parecido tan sincera en eso y en todo lo que había dicho…

El vestido le quedaba bien y no parecía guardar las marcas del tiempo. Lo había comprado en Londres, un presente para Tania … Había Pensado en quemarlo centenas de veces, pero ahora estaba satisfecho por no haberlo hecho.

Cadmus le alcanzó la mano en busca de una caricia . Desviando los ojos hacia el animal, Edward se acordó , una vez mas, de que no debía confiar en nadie. En especial, en ninguna mujer, no importaba cuan bonita fuese ni cuanto le sonriese. Había quedado con su voz arruinada para recordarle eso por el resto de su vida.

El tío de la novia se levantó, una expresión de absoluto triunfo animándole la sonrisa idiotizada por el alcohol. Edward consideró que debería haberlo hecho aumentar la dote en vez de dejarse impresionar tanto por Isabella .

Hacia mucho tiempo nadie se atrevía a discutir frente a él. Y no había percibido la energía que aquel tipo de discusión podría provocar, en especial en una mujer. Ella había estado tan movilizada por la pasión!

Cuánto mas podría dejarse llevar?

Edward no tenía la menor intención de sentir algo por su esposa, mas allá de una cierta tolerancia. Y , ya que no podía confiar mas en mujer alguna, tampoco amaría a ninguna de ellas.

— Tiene el anillo, mi Lord? — preguntó, el padre, en voz suave.

Raymond tomó uno que perteneciera a su madre y que ahora estaba en su dedo pequeño y lo entregó al padre mientras Isabella se colocaba a su lado. Padre Daniel hizo la señal de la cruz sobre la pieza de oro y la devolvió . Edward , entonces se volvió y tomando la mano de Isabella , colocó el anillo en su dedo anular de la mano izquierda. Lo Hacía sin mirarla, mientras el padre pronunciaba las palabras apropiadas para aquel momento:

— En nombre del Padre, do Hijo y del Espíritu Santo, yo los declaro marido y mujer, delante de los ojos de Dios, Nuestro Señor, y delante de las leyes de nuestro reino. Puede besar a su esposa, mi Lord.

Edward miró al padre con agudeza. No quería besarla. No allí, en aquella sala llena de gente. En verdad, nunca. Besar lo hacía acordarse de Tania .

— Es para sellar la promesa, mi, señor — el padre susurró tenso. — No es estrictamente necesario, pero las personas quedarán decepcionadas si no lo hiciera.

A El no le importaba si se decepcionaban o no. Y, de repente, su novia lo tomó por los hombros y lo hizo volverse para darle un beso apasionado en los labios.

Edward no podría haber quedado mas sorprendido si ella hubiese sacado una daga de entre sus faldas para matarlo.

Isabella se pegó aún mas para murmurar:

— Quiero que todos aquí sepan que me estoy casando con el lord por mi libre voluntad.

Qué podría responder a eso, a no ser:

— Ven hasta la mesa.

Ella le tomó el brazo, de un modo que parecía mucho mas cariñoso.

— Vas a presentarme a tus criados ?

— No. — Y no la miró para ver si la respuesta seca la había afectado o no.

Conforme tomaban sus lugares en la enorme mesa, Edward asintió en dirección al padre, el cual declaró a todos, ya que el Lord no podía hacerlo:

— Den la bienvenida a la nueva ama de este castillo, lady Isabella masen!

Wiiiiiiiiiiiiii termiamos el tercer cap ay que ver que paa en la noche de bodas ya se van desvelando misterios sobre la herida en el cuello que le habrá pasado en realida d terias