Capítulo 5
Isabella vulturi era, sin la menor duda, la mujer mas extraña que él había conocido, pensaba Edward mientras la ignoraba a propósito. Era como si ella no tuviese la menor idea de lo que estaba haciendo. O de como sus actos podrían ser interpretados por aquellos que la rodeaban. Y, lo mas interesante: era como si ella no tuviese el menor concepto de dignidad y de respeto en relación a él, su marido y su Lord.
Se acordó de la manera en que ella lo había besado, indignado, mientras se quitaba la túnica y la arrojaba sobre el vestido en el aparador. No quería que ella lo besase, ni en aquel momento, ni nunca! Y , en aquella noche, la poseería de la forma lo mas suave posible , pero con la menor intimidad posible.
Isabella no quería que las personas pensasen que había sido forzada a casarse? Se Repetía. Y qué, en nombre de Dios, le importaba la opinión de las personas? El era el Lord de aquella región, gobernador y protector de todos los que allí vivían. Y eso era todo lo que necesitaban recordar.
Después, ella casi se había emborrachado ! Por Dios, ella casi se había caído en el hall! No había disculpa posible para eso! Había tenido que tomarla en sus brazos y cargarla hasta allí antes que acabase de avergonzarlo por completo!
Desnudo de la cintura hacia arriba, el se lavaba con el agua fría que había en la palangana sobre la cómoda. Su cuerpo reaccionaba con una erección , obviamente , por la sensación de tenerla en sus brazos. Le pasaría lo mismo si fuese cualquier otra mujer. Y , cuando ella había apoyado la cabeza en su pecho, como si se sintiese segura…
Bien , no quería que Isabella se sintiese segura con él, ya que nunca se sentiría seguro con ella, por temor a que lo traicionase también.
Que Dios lo perdonase, pero jamás se olvidaría de la dura lección aprendida, ni cargándola en sus brazos, ni riendo, genuinamente divertido con la observación que Isabella había hecho, tan infantil y dulce, sobre que aquel había sido un día extraño.
Lo que necesitaba hacer ahora era convertirla en su esposa carnalmente y acabar con eso. Tenía que consumar el matrimonio. No vacilar. Ir hasta la cama y listo!
Se volvió, viéndola allí, sentada, observándolo con sus lindos ojos castaños muy abiertos, las mantas subidos hasta los hombros, los cabellos, largos y ondulados cayéndole por sobre los brazos.
— Mi Lord tiene muchas cicatrices — La Oyó observar, en un tono casual.
De repente, Edward se sintió mas que parcialmente vestido, lo que le pareció absurdamente ridículo. No estaba delante de su primer mujer, ni era un joven inexperto.
En silencio, fue hasta la cama y, sentándose, pasó a quitarse las botas. Y tuvo un sobresalto cuando Isabella pasó el dedo delicado por una de sus cicatrices, en la espalda:
— No hagas eso! — protestó él . Y oyó los ruidos en las tablas debajo de la cama, cuando ella se apartó rápidamente.
Se Levantó, entonces, para sacarse el pantalón, dejándolo en el piso. Se volvió para encarar a Isabella y la oyó nuevamente, la voz mas suave que nunca:
— Nunca vi a un hombre desnudo. Todos son como el Lord ?
Sin responder, Edward levantó las mantas y entró debajo de ellos. Sin preámbulos, se aproximó, apartando las ropa íntimas de Isabella y colocándose sobre su cuerpo cerró los ojos y se acordó de la primera mujer con quien había acostado en su vida, una criada de su casa. Tenía catorce años en aquella época y kate había sido muy suave. Podía todavía acordarse muy bien de aquel día con kate, cuando había aprendido que una boca podía hacer muchas mas cosas que comer, beber, hablar y besar.
Intuía que Isabella era virgen. Eso era perfecto. Forzó su cuerpo, oyéndola gemir levemente, pero nada mas allá de eso. Después, conforme los movimientos que él ejecutaba Isabella lo seguía en silencio. Recordaba la boca de kate. Los labios de Isabella estaban entreabiertos, su respiración caliente pulsaba junto de él. Los labios de kate sobre su cuerpo eran ardientes…
Isabella lo abrazaba con todo su cuerpo. Gemía levemente y sus manos lo apretaban en los costados. Ya no estaba kate en sus pensamientos, sólo Isabella .. Y con al continuidad de los movimientos y dos gemidos que oyó junto a su oído, alcanzó el clímax con facilidad.
Cuando volvió a abrir los ojos, encontró los de su esposa, muy abiertos, mirándolo. De repente, todavía respirando agitadamente, sintió ganas de besarla con pasión, y abrazarla con fuerza.
— Es sólo esto? — ella murmuró.
Edward se apartó de inmediato, dándole la espalda.
— Si — dijo .
— Espero que hayamos hecho una criatura — Isabella deseó, con una sonrisa en los labios, acomodando su ropa en su lugar.
edward apretó los dientes. Por los clavos de Cristo, pensó, ella era tan inocente que ni se había dado cuenta de que él acababa de tomarla con toda la delicadeza con que un soldado borracho poseería a una prostituta.
— Que Duerma bien, mi Lord — la oyó desear, profundizado todavía mas aquella sensación de arrepentimiento que lo consumía.
No respondió. Y no durmió bien…
Ella despertó asustada, con el gran cachorro lamiéndole el rostro. Intentó gritar, pero su voz parecía haber desaparecido.
— Cadmus! — Edward gritó.
Debía haber percibido que no estaba teniendo otra pesadilla terrible en el convento, porque estaba acalorada y cubierta. Y muy dolorida, sintiéndose mareada, se sentó rápidamente.
Lord cullen ya estaba vestido y la miraba desde la puerta, el perro ahora a su lado. Sería posible que un perro sonriese de alegría? Pensó ella, todavía tonta por el sueño: Porque su marido no sonreía.
— No tengas miedo de él — dijo edward, muy serio.
Isabella empujó mas las mantas, apreciando la comodidad de su calor.
— Intentaré no temerle señor, pero fui mordida una vez.
El vería la cicatriz, mas tarde o mas temprano , se resignó ella ,entonces decidió mostrársela ahora, levantándose un poco el escote de la larga camisola, reveló la fea y oscura marca de la mordedura hecha por el cachorro de la reverenda madre. Los ojos de Edward se cegaron un poco mientras se aproximaba a la cama.
— Un perro hizo eso? — indagó extrañado.
Isabella asintió.
Él se inclinó, observando la piel suave marcada por los dientes del animal. Avergonzada con tal proximidad y temiendo por lo que él podría ver desde el ángulo en que se encontraba, Isabella acomodó el tejido de vuelta a su lugar.
— Y las otras cicatrices?
Ella sabía que su marido las notaría también, mas tarde o mas temprano. Pero, no conseguía levantar los ojos para ver los de él.
— Yo… robé algunas cosas en el convento y fui castigada — explicó.
— Vos ? Robando?
Ella se encogió de hombros al esclarecer:
— Estábamos siempre con hambre y las niñas menores lloraban. Entonces…
— Vos robaste comida? — Edward se sentó a su lado, en la cama.
Isabella .. arriesgó mirarlo, pero no supo decir si él aprobaba o no su procedimiento. Sabía que era un pecado grave robarles a las mujeres santas, aunque, en lo profundo del corazón, no se arrepentía.
— Todo lo que podía, siempre que podía — confesó.
— Y les daba a las otras?
Era muy tentador decirle que jamás había tocado una migaja, pero sabía que, con esa mirada intensa y escrutadora, su marido descubriría la verdad en un instante.
— Comía también— reveló, cabizbaja.
Lord cullen le tomó una de las manos y le examinó los brazos delgados.
— Pero no mucho… — comentó.
— Lo suficiente — isabella susurró, recelosa de hablar y , con eso, hizo que él la soltase.
Sus miradas se encontraron por segundos y después el dijo, en una voz ronca y arrepentida:
— Cadmus va a pasar a dormir del lado de afuera de la puerta.
Sin poder disimular el alivio que sentía, ella murmuró:
— Gracias, mi señor. Pero, intentaré acostumbrarme a él, para que no tengas que quedarse allá, exilado para siempre.
Edward sonrió levemente y Isabella se sintió , de repente, mas acalorada entonces, unos ruidos en el patio, allá abajo, le llamaron la atención y él le soltó la mano para ir hasta la ventana. Imaginando que ya era la hora de la misa, Isabella apartó las mantas y se estremeció con el frío de la mañana.
— Quédate allí. — su marido ordenó.
— Cómo, señor?
— Quédate en la cama.
— Pero … ya es tarde. — Y se Levantó, sintiendo el piso helado bajo los pies. Pasó los brazos alrededor de sí misma, intentando calentarse. — Debe haber cosas que yo necesite hacer… los criados van a pensar que soy perezosa. Y eso sería un comienzo terrible.
— Nadie te perturbará.
— Cómo, señor?
— Quédate en la cama tanto como quieras hoy. Y llama a sue cuando necesites algo .
Isabella no sabía lo que la sorprendía mas: la idea de que podría volver a la cama caliente o el hecho de que él hubiera hablado tanto.
— Pero, … y la misa? — insistió.
— Ya se acabó.
— Se Acabó?
Él asintió.
— No tiene miedo de lo que los criados puedan pensar sobre mí?
Edward volvió a negar.
Ciertamente, a él no le importaban las ideas de los siervos, pensó Isabella, se recordó, una vez mas de las palabras de lady marie Por lo tanto, a ella no debería importarle . Entonces, porque no aprovechar la oferta de su marido y quedarse un poco mas en la cama?
Volvió al lecho, feliz, cubriéndose, percibiendo que Lord cullen sonreía.
— Gracias, mi señor. No puedo recordar cuantas veces soñé con un lujo de estos!
— Vas a dormir?
— Dormir? No! Si durmiese, no conseguiría aprovechar esta delicia!
Edward sonrió una vez mas.
— Como quieras — aceptó.
Isabella suspiró profundamente, satisfecha.
— Ah! Primero aquel maravilloso vestido y ahora esto! Oh, mi señor, le agradezco desde lo profundo de mi corazón y pido a Dios que lo bendiga por haberse casado conmigo!
Lord cullen no dijo nada mas . Salió del cuarto, dejando a Isabella feliz en su soledad. Había tenido ganas de reír sólo de recordar de que él se había sonreído.
No había duda de que su marido había tenía muchos quehaceres, siendo tan rico y poderoso. Y haría de todo para ayudarlo a descansar de sus deberes. SE rió otra vez Tal vez una criatura lo pusiese mas contento también.
Se Movió en la cama y , levantando las sabanas, notó la sangre seca en ellas.
— Oh, Dios! — Suspiró. — Hazme estar embarazada! Si todavía no lo estoy, que sea pronto!
Permaneció algún tiempo mas en la cama y después, animada, se levantó y , estremeciendo con el frío, oyó el ruido de caballos. Fue hasta la ventana y vio que su marido cabalgaba un bello animal negro y, detrás de él, una tropa de soldados se preparaba para partir. SE quedó observando mientras Lord cullen levantaba el brazo, dirigiéndose a a los pesados portones, sus bien equipados hombres lo seguían
Él nada había dicho, apenas había levantado a mano enguantada y había hecho un gesto breve. Todo era hecho en un silencio deliberado, con la obediencia total y bien entrenada de todos los soldados.
Con una sonrisa tonta ,Isabella se dio cuenta que la reverenda madre aprobaría a su marido, aunque hallase que él había hecho una pésima elección en lo que se refería a su esposa.
Pero la reverenda madre estaba muy lejos ahora y ella estaba casada y en breve, con la ayuda de Dios, sería madre; una madre cariñosa y dedicada, como había sido la suya, antes de morir de aquella fiebre que también se había llevado a su padre , cuando ella tenía apenas ocho años .
Suspiró una vez mas, buscando apartar tales pensamientos, que la ponían demasiado triste, pues provocaban otras recuerdos, en especial aquellos de cuando había ido a vivir a la casa de parientes, siempre cambiando de una casa a la otra sin nunca ser aceptada o amada. La mejor etapa que había vivido había sido aquella en que había estado en compañía de lady marie, quien , a pesar de ser rígida, era muy justa. Después habían venido los terribles años del convento… Se volvió y miró la cama invitante, mas creyó que de nada ganaría con acostarse nuevamente.
No quería dar margen a que los criados la juzgasen mal, a pesar de lo que su marido había asegurado. Además , estaba ansiosa por saber si el desayuno sería tan sabroso como la fiesta de la noche anterior…
Se Calzó los zapatos apresuradamente , yendo hasta la puerta.
—sue!
La criada apareció tan rápido que Isabella imaginó que estaba en las escaleras, a la espera de su llamado.
— Mi lady?
— Bien, yo debía llamarla cuando necesitase algo … y creo que necesito algo ahora — dijo Isabella sonriendo. — Sabe dónde está mi otro vestido? No puedo usar el de la fiesta de casamiento.
— Está en el armario, al lado de la cama señora.
— Y mis otras pertenencias?
— Están allí también.
— No ocupan mucho espacio, no es así ? — observó ella, abriendo el armario.
— Quiere que traiga un poco de agua caliente?
— No se preocupe. Estoy acostumbrada a usar agua fría. — Y no había mentira alguna en eso, pensó, poniéndose las medias y el vestido de lana.
Sue procedió a arreglar la Cama y eso la hizo acordarse de la sangre. Corrió a lavarse el rostro para taparse la cara con las manos y poder esconder la vergüenza que sentía. Intentaba convencerse de que sue obviamente sabría lo que se había pasado la noche anterior . Por lo tanto, todos lo sabrían.
Pasó varias veces las manos por su rostro, con el agua fría, intentando olvidar el calor que había en su piel. Después tomó la pequeña toalla que estaba al lado de la palangana y se secó. El tejido traía en si el olor de su marido, Lord cullen…
— Oh, Dios… — suspiró, acordándose, de repente, que todavía no sabía el primer nombre de él.
— Precisa algo mas , señora? — indagó sue, tomando la ropa de cama enrolladas .
— No… Ah, si! Yo… bien , con toda el apuro de anoche, me olvidé de preguntar cual es el primer nombre de mi marido… — SE Colocaba la toca que siempre había usado en el convento.
— Edward masen es su nombre de cristiano, señora. El mismo nombre que había tenía su padre.
— Conoció a los padres de él?
La criada levantó los hombros.
— El padre del Lord era, según cuentan , un hombre bueno, aunque hubiese nacido pobre.
— Y cómo consiguió toda esta fortuna?
— Todas las propiedades le fueron quitadas a e otro hombre y Lord biers se las dio a él .
— Cree que él no merecía recibirla?
— Eso no es asunto mío , señora. El conde de biers, con certeza, creía que él las merecía.
— Y en cuanto a la madre de mi marido?
— Falleció cuando él nació. Y su padre no volvió a casarse como mi Lord hizo.
Isabella fue tomada de sorpresa con la revelación, pero buscó no parecer perpleja. Intentaba entender aquella situación. Lord cullene no era tan joven así que debía haber estado casado antes, tal vez, hasta mas de una vez.
— Cuántas esposas tuvo él ? Preguntó incapaz de guardar para sí lo que pensaba.
— Sólo una. Antes de usted , obviamente.
— Y ella falleció dando a luz, también?
— No, mi lady.
— Fue una enfermedad ,entonces?
— No, señora. Él la mató…
UYYYYYYYYYYYYYYYY SERA CIERTO QUE ES ASESINO O HABRA GATO ENCERRADO WIIIIIIIIIIIIII HASTA ELPROXIMO
