Ni l ahistoria ni los personajes me pertenecen es una adaptacion

Capítulo 8

Edward golpeaba el pie derecho en el suelo , impaciente, y esperaba. Os otros, reunidos en el hall, también aguardaban, tan silenciosos como él mismo, mirándose, con aire significativo, para después volver a mirar tensamente a su Lord.

Él jamas se preguntaría donde su esposa había ido. Eso sería demostrar que le importaba y los criados podrían imaginar que a él le importaban los sentimientos de ella. Y , si eso aconteciese, ella tendría poder sobre él…

Pero , dónde podría haberse metido ella ?, se preguntaba. Isabella había comido como una hambrienta la noche anterior, pero estaba acostumbrada a los ayunos del convento, a las privaciones alimentarias, a la frugalidad … y, si la había decepcionado demasiado y ella se estaba vengando con una actitud puramente infantil, dejándolo esperando , podía estar segura de que eso no lo haría arrepentirse.

— Sue! — llamó, la voz cargada de rabia, los ojos brillando fijos en la criada que esperaba cerca de él.

— Si, mi señor? — ella se apresuró a atenderlo.

— Sirve la comida.

— Pero la señora…

— Ahora!

Sue asintió y salió, apresurada, en dirección al corredor que llevaba a la cocina. Minutos después volvía, acompañada de otras sirvientas, para traer a la mesa pan fresco y manteca.

Tal vez Isabella estuviese de vuelta antes de que la comida terminase, se imaginó él, contrariado. Si eso pasase, él la expulsaría de allí hasta que el almuerzo estuviese concluido. Ya que a ella no le había importado estar allí al comienzo de la comida, podía perdérsela por completo.

Isabella no apareció ni aún cuando se sirvió el plato principal. Su ausencia estaba alterando los nervios de Lord Cullen

Después de todo, qué pensaba ella que estaba haciendo?, se preguntaba, alterado. Con certeza, ella no sería tan tonta como para salir del castillo… Isabella sabía que él había tenía enemigos…

Mike newtonharía cualquier cosa para herirlo, si tuviese una chance. Y newton la había mirado con codicia… Si la encontrase sola y desprotegida…

Edward se levantó de repente, haciendo con que la pesada silla raspase el suelo de piedra. Y, sin una palabra a sus hombres, se dirigió al patio, seguido de cerca por su fiel perro.

Los dos guardias de los portones se enderezaron al verlo aproximarse.

— Señor! — saludó el mas viejo, solemne, cuando Lord Cullen se detuvo delante suyo.

— Mi esposa?

— Pasó por aquí, mi señor.

— Cuándo?

— Hace algún tiempo.

— Y a dónde fue?

— Ella no nos dijo, señor.

La mirada del otro guardia se desvió por segundos y Edward lo miró con la expresión en blanco .

— Yo la vi yendo en dirección a la villa, señor — informó el muchacho.

— Sola?

— Si, señor. Sola.

— Ella jamas debe dejar Masen sin una escolta, entendieron?

— Si, señor! — los dos soldados respondieron al unísono.

El comandante de la guardia apareció por la puerta de los alojamientos y se apresuró en su dirección.

— Algo anda mal , señor? — preguntó solícito.

— Mi esposa no debe dejar Masen sola nuevamente, Barden!

Las cejas del soldado se levantaron.

— Si yo no estoy de vuelta con ella antes que el sol desaparezca detrás del muro oeste, comiencen a organizar grupos de búsqueda. — Edward ordenó, el rostro como una máscara de piedra.

— Si, señor.

No había razón para que Lord Cullen explicase a Barden lo que temía. El jefe de la guardia ya ocupaba ese puesto cuando Edward todavía jugaba en las rodillas de su padre y conocía muy bien la animosidad entre su señor y Newton. También había sido él quien lo había encontrado, bañado en su propia sangre, arrodillado al lado del cuerpo de Tania.

Había sido el testimonio de Barden ante el conde de Chesney, así como la herida terrible en la garganta de Edward, que habían hecho que él no fuese llevado a juicio ante el rey bajo sospecha de asesinato.

— Cree que debemos esperar, señor? — barden preguntó.

— Si.

Edward siguió hacia la villa. Isabella podría estar allá, sana y salva, y podía estar preocupándose en vano . Los primeros habitantes con los cuales se cruzó en el camino, lo miraron admirados, pues jamas habían visto a su Lord entrando a la villa a pie . Él siempre se hacía acompañar por una tropa, y siempre a caballo.

Qué podrían pensar si supiesen que estaba detrás de su esposa?, pensó él, con creciente frustración. Lo hallarían ridículo! aún así, prosiguió, decidido a encontrarla, ignorando la sorpresa en el rostro de sus vasallos. Muchos de ellos se desviaban de su camino, bajando la cabeza en señal de respeto.

Dónde, en nombre de Dios, estaría Isabella ?, se repetía, a cada instante mas tenso. Era como si la tierra se la hubiese tragado… O alguien la hubiese raptado…

Se Pasó la mano por la frente sudada, mirando a su alrededor, y comenzando a pensar en volver al castillo. Fue entonces que oyó su voz. Ella estaba cantando!

Edward conocía la canción. Era una balada sobre una pareja de amantes infortunados. Le Gustaba cantar esa misma canción cuando era mas joven, en especial cuando cortejaba a Tania, cuando su voz era todavía fuerte y melodiosa.

Para quien estaría cantando Isabella? Y quién la estaría acompañando con un arpa, como él había hecho con Tania?

Siguió la música, entrando en un sendero y yendo hasta el final del mismo.

Isabella estaba en la última y la pobre de las moradas de allí, junto a las murallas de la villa. Y, como la puerta estaba abierta, no le fue difícil ver a su esposa. La música se detuvo, entonces, ella se rió . Una risa leve y alegre…

Edward espió subrepticiamente , viendo la sala en la cual había muchos pedazos de madera e instrumentos incompletos. Un hombre extremamente viejo estaba sentado en un banco tosco, cubierto de virutas de madera y herramientas.

Edward ni siquiera sabía que había un hombre que hacía instrumentos musicales en la villa…

Cerca del viejo, en un banquito bajo, Isabella sostenía un arpa hecha de madera clara. Un rayo de sol pasaba por la ventana y le coloreaba los cabellos.

— Toca muy bien, señora — elogió el anciano, con su sonrisa sin dientes.

— No… Vos sos muy gentil Johannes. Es obvio que no toco hace mucho tiempo. Apenas pude recordar la letra de la canción…

— Pero su voz es como la de un ángel.

Ella no sólo cantaba como un ángel, Edward pensó, sino que se parecía a uno . Y qué estaba haciendo él allí , como un espía, cruzando la villa a pie y fisgoneando por una abertura de la puerta? Esa era "su" esposa, y estaban en "su" villa, protegida por "su" castillo!

Salió de atrás de la puerta y entró en la sala con pasos firmes.

Con un sobresalto, Isabella se levantó, dejando el arpa, que acabó cayendo al suelo cubierto de aserrín.

El viejo , respirando con dificultad, se levantó también.

— Este es mi marido, Lord Cullen — Isabella lo presentó, después de calmarse , como si aquel viejo fuese un noble que mereciese el mismo tratamiento dado a los ricos y poderosos. — Mi Lord , este es Johannes. Él hace arpas.

— Ven — fue la única respuesta de Edward, extendiendo el brazo para tomarla.

Isabella , sin embargo , se movió con gracia y delicadeza apartándose de él , se agachó y tomó el instrumento que se había caído y se lo entregó al anciano .

– Por suerte no se quebró…

El hombre mantuvo el instrumento apartado de su cuerpo, como si quisiese que Isabella se quedase con él, pero antes que ella pudiese tomarlo nuevamente, Edward se colocó entre ambos, mirándola muy seriamente, y repitió:

Ven!

Estaba descubriendo que su esposa había tenía opinión propia también.

Pero , ella no dijo nada, apenas se volvió hacia la puerta y comenzó a andar. Él la siguió, la sujetó haciéndola detenerse ya en la calle.

— Jamas dejes Masen sola otra vez! — gruñó él.

Isabella levantó la cabeza y lo miró altiva.

— Soy tu prisionera?

Lord Cullen nunca había encontrado una mujer que lo desafiase de aquella forma.

— Sabe muy bien que no.

— Entonces, por qué debo ser tratada como una?

Ella debía haber confundido a la reverenda madre en el convento, Edward pensó, atónito. Y la monja debía estar acostumbrada a obtener obediencia ciega, como él … Podía entender lo que la religiosa había sentido, pero de repente, se dio cuenta que admiraba a Isabella.

— Precisas un escolta para salir — sólo dijo , mas calmo.

— Aún para venir aquí? No imaginé que corriese peligro en nuestra propia villa… En verdad, creí que mi noble marido estaba tan enojado y furioso conmigo, que mi presencia podría causarle una indigestión a la hora del almuerzo.

Lord Cullen le lanzó una mirada escéptica.

Isabella prosiguió:

— Bien … tal vez no hay sido eso… Tal vez yo no quería comer en tu compañía cuando estás con ese humor…entonces… vine a la villa.

— Sin permiso.

— Si, mi señor. Sin permiso.

Edward se aproximó y , al hacerlo y verla tan de cerca, casi se olvidó de lo que iba a decir y del motivo por el cual se había enojado.

— Debes recordar que tengo enemigos —le avisó — y ellos pueden ser muy audaces respecto a vos.

Isabella levantó los ojos para mirarlo.

No soy su enemiga, mi señor — susurró, causando un escalofrío en todo el cuerpo de Edward.

Pero su mente insistía en alertarlo: "Ella no es tu enemiga ... todavía !" Como Tania… Ella no había sido su enemiga cuando se había casado de eso estaba seguro pero después…

Entonces, sin mas nada que decir, colocó la mano de Isabella en su brazo y, en silencio la acompañó de vuelta a Masen.

En aquella noche, Isabella se recostó al lado de la ventana de su cuarto, observando las sombras que la luz de la luna proyectaba en el muro del castillo. El cielo, muy negro, estaba cubierto de estrellas. Las miró, imaginando si cada estrella estaría allí sola o si ellas formaban familias, estando siempre unidas en armonía. La ponía feliz el pensar que así era. Tal vez ella misma, un día formase parte de una familia nuevamente. Si consiguiese aprender a contener la lengua y ser obediente y dócil como había prometido a su marido que sería. Pero, … y si no lo consiguiese? Hasta ese momento , al parecer, no lo había conseguido. Tal vez Lord Cullen ya estuviese pensando en anular su casamiento y mandarla de vuelta al convento. Sin embargo , el matrimonio ya había sido consumado. Él no podría actuar así.

Cinco de las mujeres que había conocido en el convento habían sido enviadas allí porque sus maridos insatisfechos habían encontrado algún motivo obscuro en su lazo matrimonial que los volvía ilegales y lograban anular el matrimonio .Era un ardid muy bien planeado por los maridos , pero tenía validez …

Isabella no quería volver al convento . Sabía muy bien que su vida allí había sido terrible y que le sería absolutamente imposible volver al convento después de haber experimentado el gusto de la libertad y … de otras cosas mas...

Debía haber escuchado a Sue cuando la criada le había hablado sobre lo que Lord Cullen pensaba de los vendedores ambulantes. Pero ella había actuado movida por el sentimiento de caridad …

Era muy perturbador descubrir que su marido era, como su tío le había advertido , un hombre de sentimientos no muy buenos.

No había pasado suficientes tragos amargos en su vida? No había posibilidad de algo de felicidad en su destino? Nunca? Siempre tendría que vivir bajo la sombra del dolor y de las palabras severas? Jamas alcanzaría paz de espíritu? Tal vez, cuando quedase embarazada, su marido ya no le prestaría mas atención …

Pero no era eso lo que quería, aún siendo la señora de ese castillo hacia tanpoco tiempo, sabía que no quería ser ignorada por su marido. Quería ser una verdadera esposa; y no sólo una buena reproductora. Mas allá de eso, si ella no le importase nada a Lord Cullen , él no habría ido a buscarla como lo había hecho para advertirle de los peligros que podría estar corriendo?

También estaba esa extraña e intensa mirada que había notado en él cuando le había jurado que no era su enemiga. Era como si él temiese creer… Con olo que su primer esposa había intentado hacer, no era de extrañarse que le fuese difícil creer nuevamente…

Tal vez sólo debiese ser paciente y esperar. Lo vio afuera, caminando por la muralla, parando de vez en cuando para intercambiar algunas palabras con los guardias .

Esos soldados estaban todos muy bien entrenados y nada había que discutir con ellos sobre sus deberes, por eso las conversaciones de Lord Cullen con ellos eran siempre muy breves.

Fue hasta la puerta y oyó. Intentaba oír si él ya estaba subiendo. Tendría su marido intención de permanecer conversando con sus guardias toda la noche, dejándola sola?

Él no parecía apreciar la compañía de ellos mas de lo que había apreciado la de ella esa tarde, pensó, amargada. No le había dicho ni una sola palabra después que regresaron a Masen, ni siquiera durante la cena. Y , mas tarde, había arrojado algunos pedazos de carne que sobraron a Cadmus, mirando, absorto, hacia el fuego que crepitaba en la chimenea.

Isabella había estado callada también. La vida allí en el castillo era mas fácil de lo que había sido en el convento, se recordó. Después de todo, en el castillo había una comida deliciosa que Lud preparaba como nadie, y la falta de conversación sólo la dejaba un poco ansiosa.

Volvió a mirar por la ventana. No podía ver mas nada allí.

Continuó pensando. Eran marido y mujer y eso no implicaba necesariamente que tuviesen que estar viéndose todo el tiempo . Había prometido ser una esposa buena y dedicada, y era eso lo que haría.

Pero, Lord Cullen, como su marido, no tenía ciertas obligaciones también? Estaría equivocada a; querer que él la respetase y, hasta, que tuviese afecto por ella ?

A pesar de sus pensamientos atrevidos, al oír los pasos firmes de su marido aproximándose a la puerta, corrió a meterse debajo de las mantas. Podía también oír el ruido de las patas de Cadmus, siguiéndolo. Empujó las mantas hasta el mentón y vio la perro entrar y comenzara olfatear todo el cuarto .

Qué ganaba con eso?, pensó. Si hubiese algún extraño allí ella ya estaría muerta.

— No hay nadie aquí mas allá de mí, señor. — declaró, intentando encontrar fuerzas para no temer al perro.

— Ya te dije que no muerde — Lord Cullen le aclaró sin volverse…

— No me sorprendería sy Cadmus me considerase una extraña…

Entonces, como para probar que ella estaba equivocada, el gran animal, apoyó la cabeza sobre la cama y la miró con un aire que mas se aproximaba a la devoción absoluta que a cualquier otra cosa.

Tal vez, ella fuese… apetitosa, pensó Isabella, sintiendo un frío recorriéndole la espina dorsal.

— La apariencia de él puede ser mas feroz que su naturaleza — ella continuó encogiéndose mas — pero no tengo cómo asegurarme que él no tendrá una actitud agresiva repentinamente . Después de todo, lo conozco hace muy poco tiempo.

Edward se volvió lentamente para verla.

Isabella prosiguió, en el mismo tono casual:

— A veces puede ser difícil ajustarse a las nuevas personas…

— Tal vez — lo oyó contestar .

— Además de eso, se pueden cometer errores sin mala intención -— ella aprovechó para agregar, percibiendo que ganaba su atención.

Edward la miró por un largo momento. Finalmente , dijo:

- Hace muchos años, un vendedor ambulante apareció aquí y trajo una enfermedad terrible. Llegó enfermo y acabó por contagiar su mal a mucha gente. Inclusive Mi padre y yo caímos enfermos . Muchas otras personas acabaron contangiándose , en especial los viejos y las criaturas. Varias personas murieron , mi padre entre ellas.

Isabella abrió los ojos.

— Lo Siento mucho, mi señor. Yo no sabía… — se disculpó de nuevo. — No me habría irritado tanto cuando echaste a esa gente si hubiera sabido esa historia.

— Eses hombres son, la mayoría de las veces, deshonestos también, Isabella — él agregó, secando su cuerpo con una toalla que había tomado del armario, — No quiero que mis vasallos, guardias o protegidos sean engañados por ellos.

— Entiendo eso también, mi Lord . Y para decir la verdad, creo que ese vendedor no era muy honesto . Eran a la mujer y a la criatura a quienes yo quería ayudar.

— Lo sé. Podrías haberme explicado todo eso sin alterarme. Pero… no podía imaginarme que mi esposa se sintiese tan… contenta de compartir su alimento.

— Me Han enseñado que la dueña de un castillo debe ser caritativa, mi señor. En el futuro, sin embargo , preguntaré primero.

— Perfecto.

Edward comenzó a desvestirse, lo que aceleró, de inmediato, el corazón de Isabella. Pero, no quería distraerse.

— Señor, como mi marido, debo respetarlo y honrarlo y preguntaré siempre antes de hacer cualquier acto de caridad. Siento mucho si le causé algún problema, pero… yo… — Isabella respiró profundamente antes de completa la frase r: — …yo no quiero temerlo.

Edward la miró por largos segundos. Era como si algo dentro de él se estuviese modificando. Su expresión se suavizó, aunque muy poco, pero lo suficiente para alertarla que estaba siendo sincero al decir:

—Tampoco quiero que tengas miedo de mí.

Una extraña sensación de alivio y alegría la invadió. Una sensación muy parecida como la que la dominaba cuando estaba robando comida en el convento y casi era sorprendida … Osadía era el nombre de tal sensación. Y fue lo que la llevó a preguntar:

— Señor ; dime entonces ... es su costumbre estar siempre de mal humor?

Él levantó las cejas, pero no respondió. Isabella sintió, de inmediato, que podría haber estropeado todo nuevamente con su lengua suelta.

Quiso arreglar lo que había dicho con mas palabras que parecían venir a su boca antes que pudiese contenerlas:

— Tal vez se pone así sólo por las noches ,entonces? Si así fuera, podría ar bordar por las noches , aunque detestaba tal pasatiempo. También podría aprender a jugar ajedrez, aunque me parezca un juego cansador … Vi a la reverenda madre y una de las hermanas jugando cierta vez, mientras yo limpiaba el piso del cuarto. Ellas estaban allí, sentadas, mirando el tablero, y no hacían mas nada. Ah, también puedo permanecer callada si el señor así lo prefiere.

Edward una vez mas la miró con las cejas erguidas.

— Puedo asegurarle que consigo permanecer callada, si fuera necesario — ella prosiguió. — Sólo Dios sabe cuantos años tuve para entrenarme … Por lo tanto, podré soportar la tortura de los silencios con resignación si el señor me asegurar que no está ignorándome a propósito. Sabe, no me gusta ser ignorada…

Un cierto aire de diversión apareció en el rostro de él.

— Ya lo noté — comentó.

— Y, comparada con otras personas — Isabella seguía adelante mas aliviada — puedo no tener una naturaleza tranquila ,pero jamas fue mi intención llamar la atención sin motivo alguno. En el convento, hacía todo o que podía para que no me notasen, pero no tuve muy mucho éxito…

— Creo…

— Sólo Quiero que entienda que no quiero ser ignorada cuando haga algo que le desagrade. Puedo aprender de mis errores y me acuerdo muy bien del juramento que hice cuando aceptó casarse conmigo.

— Qué bien! — Edward se sentó en la cama y se sacó las botas, después se levantó y se quitó las ropa interior . Y cuando miró a Isabella hubo algo mas que ella notó que jamas olvidaría: como él la había poseído con pasión en el solar aquella mañana.

Isabella tragó en seco.

— Se no quiere conversar conmigo — murmuró — es obvio que no espero que se fuerce a hacerlo, mi Lord . Como le dije, puedo permanecer callada y …

Edward se acostó a su lado.

— Isabella, quédate callada — dijo en voz ronca y baja, tomándola en sus brazos y cubriéndole la boca con un beso ardiente.

Y, sin tener nada mas que agregar , Isabella correspondió al beso con pasión. Edward la acariciaba con la certeza de que no sería rechazado, profundizaba el beso cada vez mas. Y, con la misma delicadeza con que un músico sabe tocar su instrumento, empezó a acariciarla recorriendo los lugares que la dejarían mas vulnerable a la entrega.

Isabella, sin embargo , no era pasiva ni en la vida, ni en la cama. No podía resistir la urgencia de acariciar el cuerpo de su marido , de palpar cada cicatriz, y de sentirse maravillada ante cada gemido que conseguía extraer de su boca.

— Podemos hacer esto dos veces en el mismo día? — preguntó inocentemente , mirándolo a los ojos.

Edward se apartó un poco.

— Si vos quieres… — respondió.

Isabella mostró una sonrisa maravillosa. No necesitaba responder.

— Déjame prepararte— le oyó a él decir sin entender a que se refería .

— Cómo? — ella indagó, su corazón golpeando locamente.

— Así…- dijo él metiéndose debajo de las mantas.

Donde me escondo perdonnnn sory pero no tenia tiempo pero empezare a a actualizar problemas de estudio de trabajo todo se me junto si todavía al alguien