Capítulo 10

Lord Cullen caminó hasta un tronco caído y se sentó. Entonces hizo una señal a Isabella para que hiciese lo mismo, a su lado. Ella se sentía libre para pensar, para hablar y para actuar. Y , con tal libertad, le contó a su marido sobre sus padres y sobre sus muertes prematuras, sobre los años en que fue llevada de casa en casa de parientes y conocidos, sobre el período breve, sin embargo feliz, en que permaneció viviendo en la casa de Lady Esme DuMonde.

— Sabe, ella era muy mucho parecida al señor. Excepto, es claro, por el hecho de ser mujer. Era muy severa y creía que la disciplina era la respuesta para todo en la vida.

— Disciplina?

— Si. Y sé que el señor insiste para que una disciplina sea seguida, también. Sus hombres están muy bien entrenados, con certeza mucho mejores que los de mi tío. Sabe, en las dos veces en que paramos en hosterías en nuestro camino hasta Donallow, ellos salían, jugaban y bebían, hasta caerse. A Mi tío hasta le costaba gran trabajo intentar reunirlos nuevamente. Si no hubiese estado con tanto miedo de lo que me guardaba, creo que hasta me habría divertido.

— Crees que soy rígido?

— No puede negarlo, señor… pero … estoy comenzando a notar que no es así todo el tiempo . Por ejemplo cuando estamos a solas como ahora.

Isabella le tocaba el brazo y lo miraba con un afecto que crecía a cada instante.

— Iba a besarme antes, señor?

Edward sonrió levemente. Se Levantó, entonces, y le ofreció la mano derecha a Isabella.

— Creo que los hombres ya esperaron demasiado — dijo.

Ella aceptó la mano que le era ofrecida, no sin cierto pesar. Pero se levantó, Edward la atrajo hacia sí y la besó con tanta pasión que la dejó sin aire.

— Todavía estás dolorida ... — susurró junto a los labios de ella, deslizándolos por el cuello que Isabella ofrecía.

— Mas ya me siento mejor… — observó ella cerrando los ojos. — Los hombres no pueden esperar un poco mas?

— No. — Edward se apartó, dejándola profundamente decepcionada. Pero sus ojos brillaban y había una expresión alegre y maliciosa en su rostro. — Me parece que vos estás preparada…

— Y cómo no iba a estarlo, señor? Si me besa de esa forma… Cómo es posible imaginarse que yo podría estar calma y no querer mas? Sabe una cosa? Creo que es un Don Juan , mi señor. Un bello y tentador Don Juan .

Don Juan era la palabra mas leve que ella había podido encontrar, ya que esa mirada y esa sonrisa que Edward traía en el rostro eran nada mas que la imagen misma de la mas escandalosa seducción.

— Cuando no estés dolorida, vas a ver que tipo de Don Juan puedo ser — él prometió, dejándola con las piernas temblorosas de sólo imaginar.

— Tal vez… esta noche, mi señor?

— Cuando estés lista.

— Bien, tal vez no tengamos que esperar hasta la noche … — sugirió Isabella ansiosa.

— Y eso que vos no ibas pedir nada mas … –Edward sonrió nuevamente y la tomó en sus brazos. Los hombres tendrían de esperar un poco mas…

— No puede ser verdad! — Mike Newton murmuró para sí mismo, algunos días mas tarde, al mirar a la mujer.

Tomó una pequeña piedra que se había soltado de la pared y la lanzó, con rabia, en dirección al lugar donde, un día, había habido una chimenea.

— Cómo puede ser que a ella le guste ese cretino?

Sue se encogió de hombros.

— Qué se yo? Lo que sé por seguro es que ella está se enamorando de él, a pesar de lo que vos puedas pensar. Y él también, está se enamorando de ella, si es lo que quieres saber.

— Estás segura?

— Bien, yo tengo ojos. Y me parece bastante evidente. Los vengo observado de cerca desde que ella llegó y puedo afirmar que él está diferente. Casi gentil.

Mike torció los labios con desagrado.

— Edward, gentil… eso hasta yo pagaría por verlo.

— Dudas de lo que estoy diciendo?

— No. Creo en tu palabra.

— Y ella está hecha una tonta creyendo que encontró el gran amor de su vida. Siento mi estomago retorcerse con sólo mirarlos.

— Ella no tiene idea de que vos la estás engañando?

— No soy ninguna estúpida . Claro que no!

— Y no se imagina quien sos … o mejor dicho … quién fue tu familia?

— El conde pensó que todos estábamos muertos cuando robó nuestras tierras y llamó al rey para dar a De Masen el título que perteneció a mi padre.

— Tu padre era un traidor.

— Si, pero mi madre, no! Ni yo! No había motivos hacía el rey nos sacara nuestro sustento!

— El motivo, por lo que sé, Sue, fue la ley . La fortuna de cualquier traidor es propiedad del rey. Confieso haberme sorprendido con tu osadía al volver.

— No me venga con ese cuento sobre la ley , sir Mike! Conozco la ley mucho mejor que usted ! Y por qué no iba a volver? Tengo mucho mas derecho de estar aquí que Edward De Masen y haré justicia con mis propias manos!

— Ten cuidado cuando hablas conmigo, mujer! Yo podría matarte ahora mismo y no habría consecuencia alguna, mucho menos remordimiento de mi parte! Tu cuerpo sería encontrado en un bosque y todos culparían a ladrones o gitanos por tu muerte. Yo jamas sería sospechado.

Sue sonrió irónicamente .

— Podría matarme, si, pero perdería su espía en Donallow. Todos allá adentro respetan a Lord Cullen como si él fuese un Dios y lo temen demasiado.

—Entonces, dime, Sue, por qué no lo matas?

— Para qué? Para ser ahorcada? Odio ese hombre y a toda su familia, pero pienso mucho mas en mi propia vida.

— Y si descubriese que eres una espía ? Estás segura de que él no desconfía de nada?

— Absolutamente.

— Sabe muy bien que jamas conseguirá tu propiedad de vuelta, aunque él esté muerto, lo sabes?

— Si, lo sé. Pero , mientras tanto, sólo ayudaré al enemigo de ese infeliz a destruirlo y ganaré un buen dinero con eso.

— Es verdad. — Mike sacó de un armario cercano una pequeña saca con monedas de plata. — Con todo lo que te pago, podrías ir a Londres y vivir como una reina.

— Pero no saldré de aquí hasta ver a Lord Cullen muerto! — Sue tomó el dinero que él le arrojó.

— Aún así, creo que está corriendo un gran riesgo.

— Valdrá la pena. Como dijo usted , podré ir a Londres y vivir como una reina cuando él morir.

— Y eso será en breve, lo prometo. Los planes ya están en acción. Muchas cosas pueden pasar, cuando un hombre está viajando lejos de su casa…

— Si, lo sé.

Newton dio dos pasos rápidos y sujetó a Sue por el cuello, en un movimiento abrupto.

— Es mejor que mantengas tu boca enorme cerrada, oíste bien? — amenazó.

— Así lo haré — ella respondió, casi sin aire.

— Perfecto. Haz eso. Ahora vete pronto de aquí antes que tu ausencia sea notada.

La sonrisa de satisfacción que Edward traía en los labios desapareció cuando cruzó los portones de su castillo y uno de los guardias le vino a entregar un mensaje que estaba lacrado con el sello del conde de Chesney. Le dijo al mensajero que seguía a uno de sus soldados:

— Dígale que estaré honrado de atender su llamado. El joven, pareciendo tenso, se inclinó en una reverencia.

— Cómo quiera señor!

— Quédese esta noche en el castillo y siga camino mañana temprano.

— Gracias, señor!

Edward se levantó y fue hasta la ventana a mirar, las murallas de su castillo. Finalmente, el conde, su Lord mayor, le pedía que estuviese presente en el Consejo de Nobles. Edward había vivido en su castillo durante toda la vida y el conde jamas lo había llamado, ni a su padre, para participar de tal honra.

Y, recibiendo invitación después de su casamiento, la razón le parecía obvia: estaba, ahora casado con la sobrina de Lord Vulturi, un antiguo amigo y gran aliado del conde.

A Newton no le gustaría saber de ese hecho. Él había usufructuado de la amistad do conde durante años, hasta había llegado a influenciarlo en ciertas ocasiones, pero, ahora, al parecer, tal influencia se había debilitado bastante. Era una razón mas para Edward estuviese contento de haber desposado a Isabella.

A pesar de lo que había pensado al casarse con ella, la alianza con Vulturi no era el motivo mas importante para sentirse bien ahora. Su motivo tenía un nombre: Isabella. Adoraba estar en su compañía, en especial cuando estaban a solas, y no necesariamente en la cama. Tenerla cerca ya era un gran placer y oírla hablar, ver sus ojos vibrantes y puros, era mas de lo que podría desear de la vida.

Sabía que podía hacerla feliz y que podía ser feliz con ella, lo que era impresionante, pues se había casado con una mujer espléndida, osada, inteligente, y bella…

Se sentía un hombre completo nuevamente, no mas un monstruo de voz tenebrosa que asustaba a todos.

Isabella estaba en la cocina, en aquel momento, discutiendo el menú de la semana con Lud. Aunque le gustase la comida de allí y hasta estuviese engordando un poco, lo que era absolutamente necesario dado el estado de delgadez con que había llegado a Donallow, Isabella era una mujer frugal y no quería desperdiciar alimentos, lo que también alegraba a Edward de sobremanera.

Sin embargo , había gastado mucho en ella en los últimos días.

Le había Comprado ropa, usando una cantidad de dinero que no podía gastar. Pero , no se arrepentía, pues ella había quedado tan agradecida como en aquella mañana en que le había permitido que se quedase mas tiempo en la cama. Hasta la gratitud que Isabella demostraba era extremamente agradable.

El castillo del conde quedaba en el centro de una gran ciudad, pensó Edward, al dejar el solar. Tal vez pudiese comprar un bello vestido para Isabella, verde o rojo, para que combinen con sus ojos…

Tal vez compraría un arpa, también, para dársela a ella…

Pero no precisaba ir a Chesney para eso. Estaba Jóhannes en la villa, pero entonces no sería una sorpresa…

Le Gustaba mucho sorprenderla, verla mostrar esa sonrisa feliz, ver sus ojos iluminarse . Si, definitivamente, iba a comprarle un arpa y un bello vestido.

Cuando entró en el hall vio que Isabella estaba junto a la chimenea, sentada en un banco, y que el mensajero estaba a su lado. De repente, un pensamiento le cruzó su mente con la velocidad de un rayo: el mensajero era joven, tal vez tuviese la edad de ella… Y era un muchacho guapo , tal vez, hasta, un tanto parecido a Newton.

Lo peor de todo era que Isabella estaba riendo de algo que él había dicho. Y, con pasos largos, Edward se colocó delante de ellos en una fracción de segundo.

El mensajero se levantó de inmediato, asustado y pálido.

Isabella miró a su marido interrogativa, y frunció las cejas.

— Si, mi señor? — indagó inocentemente.

— Ven conmigo.

— Seguro. — Ella estaba calma. — Con permiso, Douglas.

Edward volvió al solar sin mirar atrás. Allí, esperó algunos segundos a Isabella, que lo seguía, pero que no había podido acompañar la velocidad de sus pasos.

— Si, mi señor? Qué pasa? — preguntó ella cuando entró un tanto cansada.

— Fui invitado a ir al castillo del conde de Chesney, para formar parte de su consejo.

Isabella abrió los ojos.

— Y eso es malo ?

Edward negó con la cabeza.

— Es bueno ,entonces? Oh! — Isabella se dejó sentar en una silla cercana, aliviada. — Imaginé que pasaba algo terrible! Pues, el señor actuó como si fuese… Me asustó demasiado!

Edward no quería asustarla, Al mensajero, si, pero no a ella.

— Algo mas? — Isabella indagó, mirándolo. — Hay algo mas… Yo… no debo ir con el señor, o debo?

— No.

— Y te vas a ir por mucho tiempo?

— Algunos días.

— No me gusta pensar que estará ausente, mi señor. Pero debo confesar que me siento un tanto aliviada. Sabe, todavía no estoy acostumbrada a los deberes de la esposa de un noble…

Edward fue hasta la ventana y miró el cielo.

— Pero parecía que te estaba gustando mucho hace algunos minutos….

Y , para su sorpresa total, ella rió y confesó:

— Es verdad!

Él se volvió, muy serio, y la risa desapareció del rostro de Isabella.

— Mi señor qué hice de malo? — preguntó ella, levantándose y yendo en su dirección. — Apenas hablé con el mensajero del conde y admito que, después del convento, donde era tratada casi como un animal, pasé a apreciar la atención de las personas, pero eso no significa que me sienta cómoda así… Si el conde no es su enemigo, qué hay de malo en ser gentil con su emisario?

Edward apretó los dientes y le dio la espalda, volviendo a mirar por la ventana. Isabella, sin embargo le tocó los hombros y lo forzó a mirarla — hable conmigo, señor… Qué hice de malo?

— No me gustó el modo en que él te miró.

— De un modo ...como si … — ella comenzó a repetir, pero se detuvo, obviamente atónita, sacando las manos que lo tocaban. — Él estaba sólo estaba siendo educado.

— SE Estaban riendo juntos.

— Él me dijo que sentía que el señor era intimidante y yo le dije que pensaba de la misma forma, entonces yo me reí y él acabó por relajarse y se rió también. Es un deber de la señora de un castillo hacer que sus huéspedes estén cómodos. No lo veo mal , ni lo que yo hice o dije, ni el hecho de de haberme reído.

Él no dijo nada y , después de algunos momentos durante los cuales sus miradas se cruzaron, Isabella comenzó a entender.

— Señor… no puede… no puede estar celoso!

Edward dio algunos pasos en dirección a la puerta. No le explicaría a ella. No había tenía obligación de hacerlo. Era su marido y ella debía entender que…

Pero Isabella corrió delante suyo y se colocó entre él y la pesada puerta.

— Está celoso a causa de ese muchacho? — preguntó, pareciendo incrédula.

— Sal de mi camino.

— No, hasta me diga la verdad!-

Edward, sin embargo , no dijo nada.

-Es verdad… — Ella parecía estar perpleja. — Mi Dios, no puedo creerlo ! Esto es… es ridículo!

— Vos sos mi esposa!

— Si, lo soy, pero… una esposa que no es linda…

— Deja de ser modesta!

— No estoy siendo modesta, Como tampoco soy vanidosa. Qué me va a decir en seguida? Que Cadmus también es bello? O es sólo porque no soy lo que debería ser : fría y distante ? Si es eso lo que espera de mí mi señor, intentaré obedecer, pero no es, con certeza, el modo en que fui educada para proceder como una dama . Aparte de eso , no me siento feliz de ver que el señor me considera una persona superficial para tomar los votos del matrimonio de manera tan irresponsable! Por lo tanto, si fue ese el motivo por el que procedió, de modo tan grosero en el hall, creo que me debe disculpas!

— Disculpas? — Edward gruñó.

— Señor, quiero que me oiga y marque bien las palabras que voy a decirle : yo jamas seré motivo de deshonra para mi Lord ! Hice mis votos de fidelidad ante Dios y seré su esposa fiel y compañera hasta la muerte!

Él asintió. Creía que Isabella era del tipo de persona que toma los votos en serio .La Miraba, viendo su determinación, defendiendo su honra con tanta altivez, y supo que la vida sin Isabella sería vacía, sin gracia y sin importancia.

— Soy una mujer honrada, aunque no sea bonita, mi señor — la oyó murmurar y sintió que había amargura en su voz.

— Espera aquí — ordenó entonces, y sin esperar que ella dijese alguna otra cosa, dejó el solar y fue hasta su cuarto, subiendo la escalera de dos en dos escalones.

Fue hasta su armario y , revolviendo entre las prendas , encontró el espejo que había puesto allí años antes, cuando no soportó mas mirar la terrible cicatriz en su cuello.

Tomó el objeto de plata y descendió de vuelta al solar, donde Isabella todavía lo esperaba. Le Entregó el espejo, pero ella no se movió.

— Qué significa esto? — ella murmuró.

— Nunca viste un espejo?

L labio inferior de Isabella comenzó a temblar.

— Por favor, no haga eso conmigo, señor. Yo le imploro! No me humille así!

Él prácticamente le metió el espejo en las manos de ella y esperó. Pero ella cerró los ojos, negándose a mirar.

— Vamos! — Edward ordenó. Después, viendo que ella continuaba con los ojos cerrados dijo, en voz mas suave:

— Mírate en el espejo. Isabella.

Ella apretó los labios uno contra el otro y , vacilante, obedeció.

Entonces, sus ojos e abrieron y , su boca se entreabrió.

— Pero… no puedo ser yo…

— Pero lo eres.

— No es posible! Podría ser mi prima Bree, pero no yo. Mi tío no estaba mintiendo, después de todo…

Para sorpresa de Edward, ella no parecía estar contenta.

Estaba, eso si, perdida, angustiada.

— La reverenda madre siempre me decía que yo era fea y nadie la contradecía. Y obviamente no había espejos en el convento.

Isabella levantó sus ojos tristes hacia su marido. Su voz no era mas que un lamento:

— Por qué ella siempre decía que yo era fea?

— Para herirte — respondió él, en un tono suave. — Y para quebrar tu fuerza interior.

— Yo, estoy casi deseando que no me hubiese mostrado este espejo… — Y le devolvió el espejo, con manos temblorosas. — Me siento tan…confusa… Cuando las personas de la villa, sus hombres y Newton, me miraron , pensé que su atención era sólo porque soy su esposa. No tenía la menor idea de que pudiese tener que ver con mi apariencia. Soy… soy la misma persona que siempre fui, pero … — Isabella se interrumpió, los ojos llenos de lágrimas. Se sentó en una silla cercana, pareciendo postrada.

Quien estaba confuso ahora era Edward. Una mujer no debería estar feliz por ver cuan bella era ?, pensó.

— Por qué estás así? — preguntó.

—Me pregunto , por qué me aceptó por esposa, mi señor? Es por esto que hace el amor conmigo tan… tan ardientemente y tan... seguido ? Porque soy bonita?

Edward se arrodilló junto a ella, tomándole las manos pequeñas en las suyas.

— Te acuerdas de la primera vez en que nos quedamos a solas? — preguntó. — Fue diferente de nuestras otras noches, verdad ?

Ella sólo asintió, sin mirarlo.

— Y vos eras, en aquella primera noche, como eres ahora. Vos sos muy linda, Isabella, pero eres mucho mas que eso.

— Lo Soy? — Ella finalmente lo miró.

Edward pasó el pulgar por su rostro, secando una lágrima que rodaba.

— Es así .

— Me siento … feliz por oírle decir eso, mi señor. Tuve tanto miedo…

Él no comprendía. Miedo de qué? Isabella era la mas valiente mujer que jamas hubiera conocido.

— Todo… todo lo que aprendí al observar la reacción de las personas ante mi presencia es una mentira — ella comenzó a hablar, explicando sus sentimientos. —Me sentía feliz de ver que el señor encontraba méritos en mí a pesar de mi falta de belleza. Pero al verme al espejo quedé horrorizada.

Ella levantó las manos, acariciándole el rostro.

— Pero el señor puede entender mejor que nadie lo que siento. O por qué quiero que todo continúe como antes… Yo.. tenía una idea sobre el mundo y sobre mi lugar en él como una mujer simple, sin importancia y sin valor… De igual modo el señor tenía una idea sobre el mundo y su lugar en él antes de que su confianza fuese traicionada y su voz quedase arruinada… Debe haber sido tan difícil, no? Yo estoy arrasada emocionalmente , y lo que acabo de descubrir debería ponerme feliz. Y el señor aprendió a superar algo mucho peor… Ni puedo imaginar cuanto debe haber sufrido… Mi pobre Edward…

Él tragó en seco. Cerró los ojos y agradeció a Dios por haberle enviado a Isabella como esposa. Porque ella comprendía todo por lo que él había pasado y como su mundo se había alterado.

— Y creo que la amaba… — ella agregó, casi sin voz.

Desde la traición de Tania, él había intentado olvidar que había sentido amor por una mujer. Estaba tan desesperado, sintiendo tanto miedo y rabia, que no podía admitirse a sí mismo que, cierta vez, una mujer había sido importante en su vida.

Y, en aquel momento, oyendo a Isabella decir aquellas palabras, algo parecía romperse en su corazón. Era el muro de defensa que había construido para protegerse del mundo y del amor.

— Si, yo la amé — confesó, finalmente , libre de sus sentimientos. — Oh, por Dios, yo la amé tanto! — Y recostó la cabezas obre la falda de Isabella, para que ella le acariciase sus cabellos con ternura y comprensión.