Descargo de Responsabilidad: Ni Glee ni sus personajes me pertenecen.


Creo que este es el capitulo mas largo de los que he escrito hasta ahora jeje ya estan en Lima, en casa con todo lo que eso conlleva, bueno o malo, ya se vera xD

No digo nada sobre este capitulo, lean y luego comenten lo que quieran, solo espero que sea del agrado de tods.

Saludos.

Próximamente mas de Faberry, Brittana, Sam&Kyla, Beth...


Capítulo 30. Sweet Home, Ohio

Si vives en Ohio, concretamente en Lima, y llaman a tu puerta en medio de la noche te preocupas, si quien lo hace es tu hija te asustas por completo.

Ninguno de los señores Berry esperaba encontrarse con su hija en la puerta de su casa, de madruga y con una niña durmiendo en sus brazos. Por no hablar de las maletas a su alrededor y el evidente cansancio que reflejaba su rostro.

Sin mediar palabra la morena había entrado dirigiéndose a la parte superior, dejando a sus padres la tarea de recoger las maletas. Tras llevar a Beth al cuarto de invitados y asegurarse de que estaba absolutamente a salvo, se reúne con los dos hombres en el salón de la casa, donde ambos la esperan buscando una explicación. No es que no se alegraran de tener a su pequeña con ellos, simplemente ella solía avisarles cuando iba de visita.

Russel Fabray ha muerto – confiesa como si eso lo explicara todo

Lo sabemos hija – Liam es el primero en hablar rompiendo el silencio que habían creado las palabras de Rachel

¿Cómo esta Quinn? – pide Leroy preocupado, ambos sabían de la nueva situación de su hija y la ex animadora, no todo pero sí que se veían a menudo

No lo sé… ni siquiera quería venir, es como si no le importara

Estará en shock Rachel, no debe ser fácil para ella

No tenían relación desde que la hecho de casa a los dieciséis años papa, a él nunca le importó

¿Y por qué ha venido? – pregunta con curiosidad Liam, podía entender perfectamente que la rubia no quisiese saber nada de su familia

Yo… la obligue a venir – dice sintiéndose estúpida y culpable, igual habría sido mejor quedarse en Nueva York

Rachel cariño – Leroy toma asiento al lado de la morena y coloca una mano en su espalda – por lo que recuerdo de Quinn, si no hubiese querido venir no habría venido, esa chica es la persona más testaruda que he conocido después de tu padre

¡Eh! – se queja Liam por el ataque gratuito, aunque si hace sonreír a su hija puede pasarlo por alto – Papa tiene razón, hemos visto a Quinn ¿Qué? Tres, cuatro veces… y siempre ha demostrado ser muy obstina entre otras cosas, así que deja de sentirte culpable – el hombre más pequeño casi se lo está ordenando en lugar de pedírselo, la conoce bien y sabe que la culpabilidad junto con más sentimientos habitan en el interior del pequeño cuerpo de Rachel

¿Dónde está Quinn? – indaga Leroy

De camino aquí pidió al taxista que la dejara en su casa… bueno en casa de sus padres

¿Sola?

Si, insistió en que viniera a casa

Seguro que está bien – la tranquiliza Liam

Ni siquiera la llamó – Rachel murmura conteniendo las lagrimas

¿Quién?

Su madre… no fue capaz de llamarla para decirle que Russel había muerto, fue el abogado quien dejó un mensaje en el contestador – revela asombrando a los dos hombres, no podían culpar a la rubia por no querer volver

Así que… la niña es Beth ¿no? – Leroy intentando aliviar la tensión

Si – Rachel sonríe – Quinn me pidió que la cuidara por esta noche

No se parece mucho a ella, supongo que salió a… - Liam interviene

No… espera a mirar a sus ojos y verla sonreír, y ahí veras el parecido

Creo que por hoy has tenido demasiadas emociones – comenta Leroy envolviéndola en su brazos – será mejor que descanses hija – el hombre deja un beso en su frente y su marido lo imita

Si necesitas cualquier cosa nos llamas ¿de acuerdo?

Claro… buenas noches – se despide de sus padres que suben las escaleras hacia su habitación, minutos después Rachel hace lo mismo.

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Odia Lima, odia Ohio, odia esa casa y odia todo lo que la rodea. Tres horas ahí y Quinn todavía se pregunta para que ha ido. Su madre no ha sido capaz de acercarse a ella, la ha visto, lo ha hecho nada más entrar por la puerta de la casa y lo único que ha hecho ha sido mirar a otro lado y seguir con su camino, situándose al lado de su marido fallecido al que todos estaban velando. Algunas personas se han acercado a ella, socios de su padre que querían darle el pésame, vecinas cotillas queriendo saber que es de su vida… todos unos falsos y su vida ante ellos más. Hablando con unos y con otros, bueno escuchando lo que le contaban, Quinn había descubierto que su padre había sido hipócrita hasta el final, le iba contando a todos que su hija es una famosa fotógrafa en Nueva York y que entre el trabajo y cuidar a su preciosa nieta no tenía tiempo para viajar, eso sí, los llamaba casi a diario. ¡Mentira! Quinn no había llamado ni una sola vez desde que se fue, ni un mensaje, ni un correo ¡nada! Se había sentido tentada a contar la verdad pero ¿para qué? Russel estaba muerto y descubrir sus mentiras no iba a cambiar nada.

La casa no había cambiado en nada desde la última vez que estuvo ahí, mismos muebles, mismos retratos… estaba segura que Russel habría preferido quitar todos en los que salía ella y quemarlos, pero no podía mantener su mentira si no había ni una sola foto de su hija en casa, así que había conservado aquellos en los que salía junto a ellos, la perfecta familia Fabray. Le da risa solo pensarlo ¿Perfectos? Nunca ha conocido una familia más imperfecta que la suya. Un padre alcohólico, hipócrita y homófobo. Una madre desnaturalizada, sujeta a las órdenes de su marido. Y ella, Quinn Fabray, jefa de animadoras, fría y calculadora… toda una falsa que tuvo que mantener durante toda la secundaria, solo para dejar salir a la verdadera Quinn una vez lejos de todo este mundo.

No había llorada, ni una sola lagrima por su padre muerto, algunos dirán que es una mala hija, no le importa, Russel no merece que llore por él. A él no le tembló el pulso para echarla cuando era una adolescente embarazada, no soltó ni una lagrima cuando la vio salir con sus maletas llorando y sin saber qué hacer con su vida. No se preocupó si tenía donde vivir, si comía, si pasaba frio. Russel no fue un buen padre y tiene lo que se merece, que no llore por él.

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Al despertar Rachel esperaba encontrar a Quinn en casa pero ni rastro de la rubia, solo se escuchaban risas en la parte baja de la casa, risas de sus padres y risas de Beth. La morena revisa su teléfono, tampoco hay señales de Quinn ahí. Adormilada decide bajar y unirse a lo que quiera que sea tan divertido en la cocina.

Buenos días – saluda nada más entrar

Buenos días – contestan los tres dejando de reír

¿Tortitas?

Si, a tu padre le ha parecido un buen día para cocinar – dice Leroy haciendo a Rachel tomar asiento – doy gracias porque estés aquí, solo las hace cuando vienes – dice sacándole la lengua a su marido lo que hace a Beth reír a carcajadas

No me habías dicho que tus papas son tan divertidos

Oh, no te lo parecerán después de unas horas – bromea con Beth que vuelve a reír - ¿Vais a salir? – cuestiona al verlos perfectamente arreglados

Si, vamos al centro comercial y esta señorita – dice Leroy levantando a Beth del taburete para dejarla en el suelo – viene con nosotros

¿Y yo?

Tu puedes esperar a mama

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Rachel había esperado más de dos horas antes de salir a dar una vuelta, se iba a volver loca encerrada sin noticias de Quinn, la había llamado pero la rubia tenía activado el buzón de voz. Se le había pasado la idea de ir hasta la antigua casa de Quinn para buscarla pero tras pensarlo mejor, había desistido. En su paseo por el vecindario había visto a la señora Hastings, una anciana que vive unas calles más abajo que ellos, siempre le ha gustado, cuando era niña le regalaba caramelos y le dejaba actuar para ella. Rachel aún no se explica cómo seguía viva, desde que ella recuerda ya era una anciana cuando la conoció. También había visto al señor Anderson, a los señores Jam y algunos vecinos nuevos a los que solo conocía de verlos. Regresaba a su calle cada diez minutos por si había rastro de la fotógrafa pero después de las tres primeras veces, sin resultados positivos, había desistido.

Cansada de dar vueltas y vueltas Rachel vuelve a casa, silencio es lo único que hay, sus padres la habían llamado para decirle que comerían en el centro comercial y Quinn seguía sin llamar. La morena dirige sus pasos a su habitación con la idea de escuchar algo de música pero sus planes cambian cuando al abrir la puerta se encuentra con Quinn sentada en el centro de la cama, con sus piernas recogidas y agarrando fuertemente sus rodillas.

Quinn – la llama con la voz rota de dolor por la imagen ante ella, la rubia solo se abraza a ella y llora desconsolada

¿Dónde… - Quinn hipa a causa del llanto - ¿Dónde está Beth?

Mis padres se la han llevado al centro comercial ¿Qué ha pasado? – pregunta preocupada

Nada… es solo que… demasiados recuerdos

¿Has… Has hablado con tu madre? – Rachel pregunta inquieta y Quinn niega con la cabeza

No se ha acercado a mí ni yo a ella… todo estaba igual ¿sabes?... la casa, él, ella…

¿Por eso estas así? – Quinn vuelve a negar

Yo... odio este lugar, las cosas que hice cuando estaba aquí – confiesa dejando salir algunas lágrimas más – solo quiero volver a casa, poder agarrarte de la mano sin que nadie nos mire ni le importe – dice tomando la mano de Rachel – poder besarte en medio de Central Park y que no pase nada... ¡este maldito lugar no acepta eso y yo lo odio!

¡Hey! Mírame – pide sin éxito – Quinn, mírame – insiste Rachel obligándola a hacerlo – ya no eres la misma chica… me equivoco, si lo eres, la de verdad porque aquella chica que se pasaba el día torturando a los demás no era la verdadera Quinn… la verdadera Quinn esta aquí y podemos agarrarnos de la mano ¿lo ves? – cuestiona mostrándole sus manos unidas – y podemos besarnos – continua acercándose para darle un rápido beso – podemos…

Las palabras de la morena quedan atrapadas en su garganta cuando sus labios son capturados por los de la rubia en un beso lento y delicado. Esta vez no hay luchas por tener el control, Rachel se lo cede rápidamente, dejándose llevar por el ritmo impuesto por Quinn. Sin ni siquiera darse cuenta la rubia esta sobre ella, ambas tumbadas en su antigua cama, sin dejar de besarse y acariciarse. No hay necesidad de palabras, sus gestos, sus miradas, hablan por sí solas y están cargadas de deseo y un profundo amor.

Ya no hay besos castos ni caricias tímidas, las dos, especialmente Quinn, saben lo que buscan, lo que tanto llevan deseando. Suaves gemidos y jadeas escapan de sus bocas cuando sus lenguas se encuentras y acarician entre sí, jugando un juego que nunca querrían acabar.

Quinn lleva la delantera y sus manos hace rato que están bajo la camiseta de Rachel, acariciando, arañando, provocando… quería disfrutar el momento, vivir cada instante como si fuera el ultimo. Necesita sentir más, sentir su cuerpo, su suave piel y sin dudarlo se deshace de la prenda, cuando Rachel trata de hacer lo mismo la detiene, se separa lo suficiente para mirarla y tras una pequeña sonrisa, comienza a desabrochar uno a uno y lentamente sus botones. Rachel no pierde detalle de cada movimiento de sus manos, volviendo a cada instante para encontrarse con la mirada fija de la rubia en ella, sabe que Quinn necesita tener el control, necesita que por una vez ella se deje llevar.

Sus camisas descansan una junto a la otra a los pies de la cama, en cualquier otra situación eso habría vuelto loca a Rachel, pero ahora en lo único que puede pensar es en tocar la suave y blanca piel de la chica sobre su cuerpo. Lentamente lleva su mano hasta la mejilla de Quinn, que inmediatamente con el contacto entrecierra sus ojos. La morena baja sin prisa, pasando por su cuello, su hombro, su brazo, hasta llegar a su mano y dejar un dulce beso en ella. Repite el mismo camino con su otra mano y finalmente ambas descansan en las caderas de Quinn.

La joven fotógrafa vuelve a tumbar a la diva y esta vez ataca sus labios en un beso desesperado, la necesita cuanto antes. Sin delicadeza baja hasta el cuello Rachel, lamiendo, mordiendo, haciéndola gemir más alto. Sus manos entran en juego llegando hasta el pecho de la morena, primero uno, luego el otro, pero no es suficiente, necesita más y se deshace de la única prenda que le impide tocar donde tanto desea. Quinn se toma unos segundos para admirarla completamente desnuda de cintura para arriba, perfecta, simplemente perfecta es como le parece. Regresa a sus labios con un corto beso que hace suspirar a la diva, y jadear cuando con sus dedos alcanza uno de sus pezones endurecidos. Mientras, hace un camino de besos hasta su otro pecho ocupándose de el con las suaves caricias de su lengua.

Rachel se sentía morir con cada lamida de la rubia, su respiración cada vez más entrecortada solo le indica una cosa, no va a necesitar mucho más para llegar. Pero ella también necesita tocarla, necesita sentir su cuerpo desnudo. Elimina el sujetador de Quinn con un rápido movimiento y sin más lleva la mano hasta uno de los pechos de la rubia, quien se separa levemente de su opuesto a causa del gemido que escapa de su garganta.

A las camisetas y sujetadores se unen pronto los pantalones de ambas chicas revelando la ropa interior negra y blanca de Quinn y Rachel respectivamente. No hay momentos de timidez, a través de la fina tela pueden sentir la humedad de la otra. No hay necesidad de alargar el momento, las dos lo quieren y las dos lo necesitan. Pronto todas sus ropas se entremezclan esparcidas por el suelo de la habitación.

Ruedan por la cama y por un momento Quinn cede su lugar a Rachel, dándole el control, dejándola tocar y sentir cada centímetro de su cuerpo para hacerla respirar con dificultad. Cada caricia de la morena va acompañada de los gemidos de la rubia.

Quinn retoma su lugar, arriba y entre las piernas de Rachel que la rodea con ellas. Besa su cuello, su hombro, baja entre sus pechos hasta llegar a su obligo y detenerse. Se entretiene alargando la espera de la morena. Se burla pasando sobre su entrepierna sin detenerse, llega hasta una de sus piernas y comienza un nuevo camino de besos en sentido ascendente, se vuelve a detener, esta vez en su ingle y Rachel ruega en silencio que vaya al lugar exacto, inconscientemente se lo hace saber a Quinn con un pequeño movimiento de sus caderas. Quinn mira hacia ella, que se muerde el labio y le devuelve una mirada suplicante.

No más sufrimientos, no más esperas, solo gemidos de placer escapan del cuerpo de Rachel al sentir la lengua de Quinn en el manojo de nervios entre sus piernas. Agarra fuertemente las sabanas al tiempo que trata de mantener su cuerpo bajo control , quiere que dure lo máximo posible, quiere sentir a la rubia en su cuerpo todo lo que pueda.

Un nuevo pensamiento cruza la mente de Rachel justo cuando Quinn lleva su mano hasta su entrada. Tira de la rubia hacia arriba, cara a cara, mirándola a los ojos, ¨ las dos juntas ¨ susurra, son las únicas palabras, además de gemidos y jadeas, que se han escuchado en la habitación desde que empezaron a besarse hace ya un rato. Quinn asiente y se coloca con una pierna a cada lado de Rachel, su mano vuelve al lugar donde se había quedado antes de la interrupción de la diva. Acaricia suavemente el clítoris de Rachel a la espera de sentir la mano de la morena sobre el suyo propio. Nada más hacerlo deja salir todo el aire contenido y se inclina hacia delante apoyando su frente el hombro de Rachel, que masaje el manojo de nervios de la rubia.

Todo se vuelve frenético, sus respiraciones, los jadeos, el volumen de sus gritos, hasta que sus músculos se empiezan a tensar, primero Rachel, segundos después Quinn, y ambas caen rendidas en la cama, la rubia sobre el cuerpo de la morena.