Descargo de Responsabilidad: Ni Glee ni sus personajes me pertenecen.


Capítulo 33. El testamento

Con Quinn y Beth fuera de la ciudad Sam estaba más que aburrida, normalmente sus tardes las pasaba con la pequeña y ahora no tenía mucho que hacer. Por otro lado, si ellas no estaban y aprovechando que tenía la llave de la casa de Quinn, podía ir allí si quería salir de la suya, la propia Quinn se lo había dicho, además le había pedido que se diera una vuelta por allí de vez en cuando. Al terminar las clases fue directa al apartamento de la rubia, todo lo que quería hacer esa tarde lo tenía allí.

La pelirroja estaba lista para una tarde de cine en compañía de las mágicas historias de Tim Burton, casa vacía, móvil desconectado, salón medio a oscuras, palomitas en el microondas… estaba a unos minutos y un solo clic de comenzar la sesión.

No había contado con las visitas, visitas inesperadas y no para ella, por supuesto, el timbre había sonado y después de debatirse entre abrir o no, se había acercado al interlocutor solo para comprobar quien era. Para su sorpresa ella estaba ahí, la chica a la que menos esperaba ver ese día y en la casa de Quinn, otra breve disputa interior y finalmente contesta a la llamada que se repite con un simple ¨ sube ¨.

La espera tras la puerta, cualquiera diría que está nerviosa, en realidad lo está, no imagina que puede hacer ella ahí. Solo unos minutos y vuelve a sonar el timbre, esta vez de la puerta del apartamento. Sam resopla un par de veces y finalmente abre dejando paso a una cabizbaja morena.

Hola

¿Sam? – pregunta levantando la mirada del suelo para encontrarse con su compañera - ¿Qué…? ¿Esta Quinn?

Eh… no – la pelirroja no puede evitar sentirse decepcionada, le habría gustado poder decir otra cosa para retenerla porque probablemente estaba a punto de irse

Oh… ¿sabes cuándo volverá?

No, ¿estas bien? – Sam se preocupa, parece triste, apagada, nada que ver con la vitalidad y sonrisa que suele profesar

Si, volveré en otro momento, adiós – Kyla ya se despedía ante una impotente Sam que no sabe qué hacer para retenerla

En realidad… - comienza a decir dubitativa – Quinn ha salido de la ciudad y no sé cuándo va a regresar

Está bien, gracias

¿Ocurre algo? Pareces…

Te he dicho que estoy bien – contesta más brusca de lo que pretendía

Lo siento, no quería molestarte – Sam se disculpa bajando su mirada

No… yo lo siento, no tenía por qué contestar así - el silencio se instala entre ellas, solo es interrumpido por la alarma del microondas anunciando que las palomitas están listas

Iba a ver una película…

Lo siento, será mejor que me vaya – se vuelve a disculpar sin dejar terminar de hablar a su compañera

No, yo… ¿quieres verla? Prometo no hacer preguntas – dice ante las dudas claras de la chica consiguiendo hacerla sonreír

¿Qué película? – Sam sonríe, al menos se lo está planteando

Sweeney Todd, el barbero diabólico de la calle Fleet

Déjate atrapar por la magia de Tim Burton – dice como si se tratase de un anuncio

¿Eso es un sí? – Sam intenta mantener su emoción bajo control aunque su sonrisa la delata

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Beth se había cansado de compartir el sillón de una sola plaza con su madre, así que la abandona para unirse a Rachel en el amplio sofá de tres plazas que la morena estaba ocupando ella solita, acostándose junto a ella en el borde del mueble, entre sus brazos, sorprendiendo a las dos adultas que cruzan su mirada inmediatamente, Rachel la retira enseguida para intentar detener las lágrimas de emoción que amenazan con salir. La diva rodea con sus brazos a la pequeña manteniendola cerca de su cuerpo, protegiéndola para que no caiga al suelo y deja un tierno beso sobre su cabeza.

Ajena a las miradas entre Rachel y su madre, la pequeña Beth continua mirando la película que ella misma había elegido, Buscando a Nemo. La primera vez que la vio, se pasó toda la película preocupada por el pobre Nemo, si su papa no conseguía encontrarlo iba a estar muy solo. También le preocupaba y le daba un poco de pena su papa, el pobre lo buscaba por todos lados y nada, no aparecía, había tenido que enfrentarse a tiburones, gaviotas, ballenas… y la única ayuda que tenía era la de Dory, Beth no quiere ser mala pero cree que Dory es un poco tonta.

Quinn – Leroy la llama desde el pie de la escalera, llevaba unos segundos observando la escena, las tres juntas, su hija más feliz que nunca, no quería interrumpir pero el móvil de la rubia no dejaba de sonar y podía ser importante

¿Quién es? – pregunta sin moverse del sitio, no tenía ganas de atender a nadie

Número desconocido, ha llamado varias veces

Vuelvo enseguida – susurra a las dos morenas dejando un beso sobre la cabeza de cada una – gracias – dice tomando el teléfono de manos del padre de Rachel

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Siempre era extraño regresar a Lima, no lo hacían muy a menudo pero mínimo tenían que hacerlo una vez al año para visitar a los padres de la latina. Richard y Sarah se habían acostumbrado a la relación de su hija y la bailarina de forma sorprendentemente rápida cuando empezaron a salir, siempre había sido la amiga de su niña, así que nada cambiaba si ahora eran más que eso. Santana se había sorprendido por la reacción de sus padres, esperaba algo de drama, algo de rechazo pero si lo pensaba bien, era un tema que nunca había tratado con ellos hasta que llegó el momento de decirles que Britt era su novia, que adoraran a la rubia era un plus a la hora de confesar su relación.

Desde ese momento la relación con sus padres se volvió más cercana, ellos seguían haciendo sus viajes pero siempre llamaban para preocuparse y ahora que ella estaba en NY era lo más cercano que podían tener. Eso sí, su visita anual era obligada, aunque la hacían con mucho gusto. Volver al lugar donde crecieron, de donde salieron, no era tan malo como suponían iba a ser.

En su última visita Brittany había descubierto un nuevo lugar al que ir para estar a solas con su chica, ojala hubieran descubierto todos esos lugares cuando apenas eran adolescentes, las cosas habrían sido más fáciles, por lo menos a la hora de estar a solas.

Me encanta este lugar – dice Santana tumbándose y tirando de Britt junto a ella – Aun no entiendo como lo encontraste

Ya te lo he dicho mil veces – la rubia rueda los ojos - salí a dar paseo mientras tu dormías y persiguiendo un gatito llegue hasta aquí

Ya pero está lejos de mi casa – de hecho estaba a unos cuantos km, demasiados para la latina si tenía que ir andando. Una pequeña explanada, rodeada por inmensos árboles que no permitían ver nada de lo que sucedía ahí

El gatito me trajo hasta aquí – se excusa apoyando su cabeza en el hombro de la latina – aunque luego se escondió y no lo encontré – revela con tristeza ganándose las caricias de su chica

Seguro que regresó con su mama – la tranquiliza ella - ¿sabes? Me gustaría hacer algo que nunca hemos hecho – Britt la mira desconcertada, se le ocurren pocas cosas que no hayan hecho ya – ¿Qué te parece si mañana por la noche volvemos aquí para ver las estrellas? – propone con una sonrisa que se amplía al sentir el cuerpo completo de la bailarina sobre ella abrazándola

¡Es genial! Y podemos hacer una hoguera, y cantar canciones y…

Lo que quieras menos la hoguera

¿Qué? ¿Por qué? – cuestiona desilusionada

Nena, no me mires así… es solo que no quiero salir ardiendo, al menos no por el fuego – bromea la latina y Britt le da un golpecito en el estómago para que deje de hacer el tonto – lo digo en serio, hay muchas ramas secas por aquí, esto podría prenderse antes de que nos demos cuenta

Está bien pero lo demás si ¿no?

Sí, todo lo que quieras

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Solo llevaban media película y por primera vez en su vida no estaba prestando la atención requerida, su mirada se debatía entre la imagen del televisor y la chica a su lado, Kyla Stevens, hace apenas unas semanas las únicas palabras que había intercambiado con ella eran hola, adiós y las líneas de la obra, y ahora está sentada a su lado viendo una de sus películas favoritas, para hacerlo mejor parecía gustarle lo que hace que aún le guste más su compañera, sería algo en común.

La morena esta ensimismada con la película, no había querido decir nada pero es fanática de Tim Burton y sus películas, no imaginó que a Sam también le gustara, siempre la imaginó más del tipo de comedias románticas con final feliz. Lo mismo le pasaba a la pelirroja, creía que Kyla era más del tipo chica conoce chico, chica se enamora, chico engaña chica con alguna estupidez, chica perdona al chico y vivieron felices y comieron perdices. Descubrir que no es así, es una grata sorpresa para ambas, a lo mejor había otras muchas cosas en común de las que no tenían ni idea.

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El pececito por fin se había reunido con su padre dando lugar al final de la película y a los aplausos de Beth con el reencuentro, volviendo todo a la normalidad, el silencio que habían mantenido durante ese tiempo era inusual en aquella casa. Quinn no había vuelto desde que la llamaron y Rachel, dejando a la pequeña bajo la vigilancia de Hiram y Leroy, quienes habían preferido subir a ver la televisión a su cuarto mientras duraba la película y ya se habían unido a ellas de nuevo, sale en su busca, encontrándola sentada en el porche de la entrada.

¿Todo bien? – Rachel se siente justo detrás de ella, un escalón más arriba

Si… era el abogado otra vez – revela apoyándose en la morena – Dentro de una hora van a hacer la lectura del testamento, tengo que estar allí – añade entendiendo el silencio de Rachel, que no pregunte no quiere decir que no quiera saber, solo quiere darle su espacio

¿Dónde va a ser?

En casa

¿Quieres que te lleve?

No, no sé lo que va a durar… ¿para qué voy? No necesite que me confirme que salí de su testamento hace mucho

No sé, a lo mejor no es así, además le gustase o no eras su hija y como tal te corresponde una parte

¿Desde cuando eres abogada? – Quinn mira hacia arriba encontrándose con los ojos chispeantes de la morena, apoyándose en las rodillas de Rachel se eleva ligeramente besando sus labios – No quiero nada – asegura mirando al frente de nuevo y dejándose acariciar por Rachel

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Habían encadenado una película con otra y antes de poder darse cuenta la noche se les había echado encima cuando la versión de Alicia en el País de las Maravillas de Burton llega a su fin. Una sorprendida y alarmada Kyla se levanta inmediatamente del sofá tras ver la hora.

¡Maldita sea! – jura en voz baja recogiendo su bolso – Tengo que irme

¿Te llevo? – Sam se ofrece a llevarla, normalmente iba andando a casa de Quinn pero hoy había llevado el coche

No hace falta… gracias por eso – dice señalando a la televisión

De nada, yo… ha sido divertido – reconoce nerviosa acompañándola a la salida

Si… bueno… eh… adiós

Adiós – Sam se despide cerrando la puerta

Podía haber dicho algo más, haber insistido en llevarla, pero era incapaz de decir nada más. Casi ni habían hablado durante toda la tarde, se habían limitado a ver las películas y compartir palomitas, Sam había creído que le iba a dar un infarto de lo rápido que iba su corazón, cuando la mano de Kyla tocó la suya sin intención. Ahora lo piensa y se siente estúpida.

Después de recoger el salón, se sienta para tomar un descanso antes de ponerse en camino hacia su casa y encuentra el móvil de Kyla bajo uno de los cojines, demasiado tarde para salir detrás de ella, probablemente ya estaría a medio camino de su casa si no había llegado ya. Sam sonríe, puede que sea una señal y la excusa perfecta para volver a verla.

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Quinn llevaba alrededor de cinco minutos sola en el salón de su antigua casa cuando el abogado acompañado por su madre se unen a ella, nadie más tenía que estar ahí. En parte sentía pena por su madre, ahora, sin Russel se iba a quedar más sola que nunca. Podía tener dinero, posesiones pero a nadie. Sus ¨ amigas ¨ del club seguirán ahí mientras siga manteniendo su posición, después desaparecerán. Los tres toman asiento, de un lado Quinn, al otro Judy, frente a frente, en medio el abogado Jamie Simmons.

Bien, el propio Russel pidió que ustedes dos estuvieran presentes en la lectura de su testamento cuando lo hizo. Usted Judy se representa a sí misma y usted señorita Fabray está aquí en representación suya y de su hija Beth Fabray, quien fue incluida en el testamento hace unos meses – revela sorprendiendo a ambas mujeres

¿Russel cambio su testamento? – pregunta Judy, ignoraba que su marido hubiera hecho algún cambio

Si, hace dos meses vino a mí para comunicármelo y entregarme el nuevo testamento. Bien, si no hay más preguntas pasó a leer los documentos.

La reunión se alarga por más de dos horas, leyendo paso a paso la última voluntad del hombre y a quien pasa cada una de sus propiedades. Durante la lectura el único que habla es el abogado porque ni Quinn ni Judy mencionan palabra alguna.

Esto es todo – finaliza el abogado – si tenéis alguna pregunta ahora o en los próximos días, ambas tenéis mi teléfono, igualmente se os pasara un copia de los documentos para que podáis leerlos y si queréis otra opinión

¿Puedo irme ya? – Quinn está deseando salir, necesita tomar aire y procesar todo lo que había escuchado

Claro, yo también me marcho – el hombre sigue a Quinn a la salida

¡Quinn! – Judy la llama haciendo que se detenga y ceda el paso al abogado – yo… ¿podemos hablar?