Capítulo 4 Ahora que todo parecía estar bien.
POV SEMPAI
Una extraña voz me llamaba señorita Tatsumi como vagamente en medio de mi sueño, cuando abrí los ojos solo pude reclamar que me nombraran como mujer ya que a pesar de mi cuerpo no corresponda con lo que soy, nunca he dejado ni dejaré de ser un hombre. Al reaccionar completamente, sólo quería salir del lugar, pues Morinaga estaba ahí con cara de preocupación, cosa que simplemente me dejo de importar, ya que no quiero que piense más en mí ni en el bebé que tengo dentro de mí, a razón de que no quiero volver a verlo nunca más. Fue cuando le dije al traidor:
— ¿Te lo dije no? Podías seguir tu camino tu solo y yo podría con esto, pero querías quedarte… ¡Eres un imbécil! No quiero volver a saber de ti, para mí y para este bebé tú estás muerto.
— No hagas esto por favor, yo no quería causarte un disgusto y por eso oculté todo, yo no quiero estar con nadie más que contigo.
— Ya deja de mentir que yo te vi, nadie estaba obligándote a hacer nada.
— Yo lo obligue. — respondió el estúpido cantinero.
No podía creer nada de eso, ese tipo estaba cubriendo las acciones de Morinaga, todo es una gran mentira seguramente estaba buscando un remplazo para lo que yo fui.
— ¿Qué estupideces dices? Se notaba que lo hacías por tu voluntad, reconócelo de una vez, querías ver si encontrabas algo mejor. Sí, es verdad, a mí tampoco me gusta ser una mujer, pero lo soy, y tú eres un hombre gay. ¡Maldita sea Morinaga! Solo deberías haberme dicho que querías intentar estar con otras personas y yo me habría hecho aún lado.
— ¿Yo soy el único que miente? Tu tampoco me puedes decir las cosas, me drogaste y abusaste de mí apropósito, luego me llevas a embriagarme para tener sexo, lo que quieres no tienes el valor de decirlo.
— Tú también abusaste de mí y terminé perdonándote no recuerdas, de cierta forma fue culpa tuya que bebiera eso, te acepté y te pedí quedarte conmigo.
— Es cierto, pero en todos los malditos años que tenemos juntos nunca me has dicho que me quieres y mucho menos que me amas, a pesar de eso me tienes aquí disculpándome. En serio discúlpame, es cierto, lo besé porque necesitaba saber si lo nuestro es costumbre, ¿sabes que descubrí? Que no es así, cuando te beso siento latir mi corazón emocionado, siento una unión indescriptible contigo así seas hombre o mujer no me importa. ¿Nunca te preguntaste que sería para ti hacer lo opuesto e intentar algo con una mujer?
Sus palabras llenas de verdad me tocaron, varias veces llegue a pensar lo que sería conocer a una mujer, sin embargo él complacía cada aspecto que yo necesitaba sin importar que fuera un hombre, asimismo aguantaba mi mal carácter volviendo a mí todas las veces suplicante por mi perdón, aunque yo fuera el causante del problema. Realmente no sé si lo amo, nuestro hijo crece sin saber si yo estoy enamorado de su padre, a veces también he creído que todo esto es costumbre, pero al mirarme en sus ojos imagino que algo dentro mí brilla como si él pudiera verlo. No imagino que sería si nos separamos, que en verdad me sentiría tan mal; no obstante si el ya no me quiere, sé que el bebé será la única cosa que me dará la fuerza para hacer las cosas bien.
Una ambulancia llegó por mí pero yo preferí ir en taxi, no soy ningún lisiado, ni moribundo, sin embargo al estar en la sala de espera comencé a reflexionar sobre las cosas que venían en los libros sobre abortos espontáneos y demás cosas malas que pasaban con las embarazadas que reciben impresiones o disgustos muy fuertes. Acaricié mi abdomen pensando en la diminuta vida que se gesta, a mí lado se encuentra el mentiroso y poco confiable Morinaga, que ha logrado atormentarme y a la vez hacerme entender que de cierta forma tiene razón, pues nunca hemos delimitado nada sobre nosotros y esto que tenemos; más a pesar de todo estoy seguro que es la persona ideal con la que comparto mis secretos más escabrosos. Lo miré lleno de angustia, sus ojos miraban al suelo con gran preocupación, la vergüenza por sus acciones no le permitían mirarme a la cara, quizás podía ser verdad que fue obligado a tener citas y es beso fue todo lo que hizo, entonces hablé para relajarme un poco preguntando la cosa que él mismo seguramente está pensando:
— ¿Crees que el bebé estará bien?
— Estoy seguro, el medico que te revisó dijo que si tenías dolor era una mala señal.
— Pero si he sentido dolor desde que estoy embarazado, aunque no es algo anormal, lo leí en los libros de maternidad.
— No sé qué sería de mí si los pierdo, por favor no me dejes. Estos días que tuve esas citas obligadas, entendí que eres la persona con la quiero estar.
¿El suplicando para que no me marche? Las cosas son tan distintas, quizá en el pasado hubiera intentado escapar de todo para chantajearme, pero ahora estaba aquí rogando que yo sea quien se quede a su lado. Por otra parte él es quien hizo cosas que me dejaron lastimado, ya no me quiere de la misma forma porque mi cuerpo es distinto, a pesar de todo no quiero que se vaya, por lo que respondí:
— No lo vuelvas a mencionar, no quiero escuchar que deseabas a alguien más.
— Pero no es así, no he deseado a nadie desde que tú y yo lo hicimos la primera vez. Deberías decirme cuando necesites que yo te lo haga, siempre es algo que yo también disfruto.
Me abochornó su respuesta, de verdad no sé cómo puede ser tan desvergonzado, ¡Disfruta el sexo conmigo! Creo que yo también lo disfruto y lo necesito más ahora que mi cuerpo exige esas sensaciones, pero jamás sería capaz de decirlo abiertamente, razón por la que respondí:
— Eso es algo que no puedo hacer, sabes que no soy así, por más desesperado que me sienta, no puedo decirlo.
De inmediato aproximó su rostro a mi oreja con su tono seductor unas palabras fueron expresadas de sus labios:
— ¿Te parece bien hoy?
La excitación recorrió mi cuerpo como un calor irrigándose desde mi entrepierna hasta cada parte, sobretodo mi rostro que se acaloró, no pude sostener su mirada inquisitiva ante mis reacciones. Estoy seguro que ya lo sabía, yo deseaba su tibieza en mi interior, el placer y toda la ternura que es capaz de entregarme junto con esa total relajación que indudablemente mi bebé aprecia. De inmediato recordé que mi bebé puede estar en riesgo luego de nuestra pelea, por lo que hacer esas cosas podría ponerlo en peligro; cosa que no puedo preguntar al médico ¿Cómo podría preguntar si puedo tener sexo con un tipo idiota como este? Mejor será que lo haga él.
— ¿Puedes preguntarle al médico?
Su asombrosa reacción ante mi petición lo ruborizó, que él sea capaz de sentir turbación por cosas así me emocionó. Luego de eso nos llamaron al consultorio, no supuse que las cosas pudieran ser todavía más vergonzosas; no basta que sea una chica sino que me va a examinar un médico ese lugar tan privado, no sólo eso, me va a meter algo que parece un pene para realizar el ultrasonido ¡vaginal! Es odioso hasta de imaginarlo, pobres mujeres que deben pasar por estas cosas tan vergonzosas. Ahí estaba yo con una bata sin ropa interior y recostado con las piernas abiertas recibiendo en mi interior un aparato que movió el médico mientras apreté los ojos, hasta que la voz del médico dijo:
— Miren, todo está bastante bien. Eso que ven aquí es su bebé, no hay síntomas de aborto ni nada, todo está perfectamente. Checaré su presión.
Señaló en la pantalla unas manchas extrañas que no supe realmente donde o que cosa es mi hijo o hija, sin pensarlo compartí ese momento con esa persona que a mi lado sus verdes ojos vidriosos tenían la misma felicidad que yo sentía, tomé su mano entrelazando nuestros dedos. Unas incipientes lágrimas rodaron por mi rostro mientras el médico preguntó si deseábamos una foto del ultrasonido a lo cual asentimos sin dudarlo. Finalmente me levanté, me puse la ropa, checó mi presión e incluso midió mi azúcar con un pinchazo en mi dedo. Luego de muchas preguntas sobre mi alimentación, el tiempo de gestación, mis actividades y sobre nuestra relación nos dijo:
— Debe cuidarla más, evite estresarla. Ella será agresiva y grosera muchas veces por las hormonas, pero usted debe ser paciente y tratarla con amor.
— Claro doctor, no volverá a ocurrir otra vez. Solo tengo una duda, nosotros podemos seguir … ya sabe… haciéndolo…
— Pero claro, el sexo en una pareja es importante, los orgasmos la relajan y por eso deben hacerlo tan seguido como ella quiera.
Tan retrasado para decir las cosas de una forma brusca y directa, no podía creer la naturalidad para responder del médico. Yo no necesito orgasmos para tranquilizarme ni a este tipo haciendo esas cosas ¿O sí? Al salir del lugar partimos al departamento ya bastante avanzada la noche, tenía sueño vergüenza y felicidad en mis pensamientos, con una foto de un ultrasonido mío, la realidad se tornaba cada día más extraña pero buena. En el departamento coloqué mis zapatos en la entrada dirigiéndome a mi habitación cuando fui detenido por él y sus suaves palabras cortaron el silencio de nuestro hogar:
— Es algo tarde pero yo quiero… ¿Te gustaría que nosotros?
De inmediato me abrazó, el confort de sus brazos rodeando mi anatomía me dieron tanta paz, escuché un sollozo casi inaudible acompañado inmediatamente con su voz:
— Te quiero tanto, discúlpame por hacerte sufrir, a ti y a nuestro bebé. No sabes la alegría que me causó conocerlo.
No comprendo realmente si fue toda la experiencia de ver que su amor crece en mí o que en verdad no le importa si soy un hombre o una mujer para estar conmigo, pero sentí una necesidad imperiosa de unirnos hasta olvidar todo de una vez. Cosa que ocurrió unos minutos después, desafortunadamente o no, al levantarme por la mañana no estaba a mi lado, pero fue tranquilizador que no estuviera, para no enfrentar la realidad de ser algo más que amigos ¿Qué somos?...
Unas semanas pasaron luego de nuestro problema y al mirar los papeles de resultados de embarazo recordé que mi cita con el ginecólogo es para dentro de dos días, puesto que cada mes debo ir a revisiones; por lo que no se si decirle al estúpido que vive conmigo para hacer mucho más grande la humillación de ser revisado como una chica en lugares que nunca tuve. La pregunta aquí es ¿Cómo escaparé de sus atenciones excesivas sin que sepa que voy a un ultrasonido y revisión del embarazo?
Durante todo el día pensé los pros y contras de llevar a ese tipo conmigo, pero a pesar de saber que es mi obligación decirle, no tengo el valor de ello. Cansado luego del día laboral llegué a la casa y encontré algo que no imaginé, Morinaga estaba en mi habitación armando una pequeña cuna junto a mi cama, tenía las cosas hechas un completo desastre, ponía una pieza y otra caía al piso. Luego de ver una escena así sé que es un total retrasado.
— Sempai … veo que ya llegaste… disculpa el desorden, es que quería darte la sorpresa con la cuna armada pero me ha vencido y no puedo armarla.
— Hazte aún lado y yo lo haré, parece que tú no sabes hacer nada bien.
Tomé el confuso instructivo con muchas piezas por insertar, mover y atornillar, a lo cual simplemente escuche:
— ¿Tu tampoco sabes cómo verdad?
— ¡Cállate tarado! Esta pieza es de aquí.
Efectivamente coloqué con certeza un barandal, pero todo lo demás fue tan confuso que se aproximó y entre los dos entendimos poco a poco el instructivo ayudando a armarla conjuntamente. Al terminar nos sonreímos y me dio un suave abrazo que me enterneció llenando mi corazón de una calidez extraña, tan distinta a todo lo que sentí, pues realizar algo como una pareja común me hizo creer que podemos hacer que esto funcione para nosotros y el bebé.
Las cosas mejoraron con ayuda de esa maldita agenda que tengo ganas de romper en pedazos cada que me miro escribiendo: "Maldito Morinaga chantajista". Al parecer lo toma como el código para presentarse en mi habitación e intentar complacerme, pues algunas veces le cuesta más trabajo hacerme llegar porque algo me desconcentra, ya sean las náuseas que han disminuido o no sabe qué hacer con este cuerpo nuevo que poseo. Aunque hay algo que me intriga ¿qué siente cuando lo hacemos? Todas las veces él logra correrse sin esfuerzo, ¿será posible que nunca fuera totalmente gay? El hecho de que comprara una cuna y sin discutir la pusiera en mi habitación me hace pensar que le debo mucho y no puedo ser egoísta en cuanto eso de ir al médico, seguro que quiere saber si el bebé está bien o el sexo que tendrá, no sé cuándo nos dirán esa información. ¿El idiota querrá saber también?
Esa noche luego de cenar me levanté de la mesa y fui sujetado por la espalda, con brusquedad bajó mis pantalones y me tomó ahí mismo con las manos recargadas sobre la mesa, puesto que por ser una mujer no necesito preparación, al menos no cuando lo hace salvajemente envistiendo y tocando partes sensibles tan afanosamente, que aunque se tarda consigue que me venga.
La única ventaja que he notado de ser una mujer es que el sexo no me duele al siguiente día, supongo que la flexibilidad es algo que he adquirido por culpa de ese loco sexo-adicto, pero la diferencia es que mi trasero no duele aunque lo hagamos mucho tiempo, sin embargo si ha logrado irritar esa zona un poco. Pensé en esas cosas sucias que ahora él hace para hacerme feliz y que supongo le son incómodas como lo fueron para mí hacerlas cuando fui un hombre, entonces recordé la agenda en la que todos los días he escrito esas mismas palabras, por lo que debo poner justo ahí lo de la cita con el médico.
La mañana siguiente me levanté nervioso esperando que llegara la noche a ver la agenda pues no se su reacción sobre lo de la cita, aunque no necesito que venga conmigo yo puedo ir solo. Todo el día me apresuré a terminar en el laboratorio, presioné a los ayudantes hasta que finalmente los dejé partir a casa temprano con tal de volver antes que Morinaga, al llegar él estaba preparando la cena alegremente como todos los días.
— Sempai llegas temprano, es bueno para el bebé que procures llegar a descansar.
— No llegue por esa razón.
— ¿Entonces ocurrió algo?
— No hay nada que yo quiera de ti.
— Bueno sempai no te preocupes más tarde me ocuparé de ello.
— Te digo que no importa, mañana me voy más temprano a la universidad y es todo.
— No te preocupes sé que están por terminar su tiempo límite para el experimento, procura no oler las sustancias peligrosas.
— Eres un retrasado irresponsable, me voy a dormir perdí el apetito.
Ahora si sentí ganas de golpearlo con fuerza pero debo relajarme o estreso al bebé, hice los ejercicios de meditación para liberar la ira y no guardarla, sin embargo todo fue inútil, mis pensamientos volvieron al retrasado de Morinaga que no ha leído la estúpida libreta y creo que me lo hace todos los días sin mi consentimiento. Reflexioné sobre eso del acto consensual y que de todas formas yo he anotado mi aceptación aunque él no la lea. Lo más horrible es que no estará en el desagradable consultorio para evitarme preguntar cosas vergonzosas, o para darme seguridad ¿A quién engaño? Si tomar su nerviosa mano me tranquiliza cuando estamos ahí expuestos como ratas de laboratorio ante el médico.
Unos minutos después entró con una charola de comida a mi habitación:
— Te traje un poco de comida, recuerda que debes comer no por ti sino por él o ella.
— Lo haré pero ya vete, no te atrevas a tocarme o te matare a golpes.
— Comprendo, no los molesto más, descansen. — Dijo dando un beso en mi frente.
No hay cosa que me moleste más que él me niegue el sexo, yo quería hacerlo, todos los días me lo hace y hoy se fue sin discutirme. Intenté volver al ejercicio de respiración hasta que mi hambre fue la que me saco de mis meditaciones.
Al terminar la cena, me asee y me metí en la cama para intentar dormir, di vueltas una y otra vez sin poder relajarme lo suficiente para conciliar el sueño, de verdad que necesitaba "eso" para dormir tranquilamente. Intenté tocarme metiendo un dedo luego estimulando por fuera pero nada podía darme un orgasmo. Creo que ese tarado sabe algo que yo no sobre mi cuerpo, pero no debería ser así, ya que soy una mujer y él no sabe nada de mujeres.
Como si pudiera llamarlo mentalmente un leve golpeteo en la puerta me avisó de su presencia:
— Sempai… yo…
— ¿Qué demonios quieres?
— Nada, es que no puedo dormir, perdón por despertarte…mmm… hasta mañana.
— ¡Maldita sea! Entra ahora que me haces enojar.
Entró a la habitación tímidamente y se metió bajo las frescas sábanas conmigo, no dudó un segundo en tocarme un poco diciendo suavemente mientras sus dedos recorrían mi húmedo interior.
— Me acostumbras a hacerlo diario y ahora no puedo descansar sin tocarte. ¿Puedo hacerlo? ¿Tú quieres?
— ¿No es la finalidad de la estúpida agenda que dejaste en la entrada? Si no la revisas ahora me voy a enojar contigo idiota.
— Pero ya estoy aquí, ¿Puedo continuar?
— Dije ¡AHORA!
Se levantó extrañado de mis palabras hasta que al volver me preguntó antes de recostarse a mi lado:
— ¿Puedo ir?
— No entiendes que no puedo decirte las cosas.
Se recostó a mi lado para tomarme tal cual me encuentro, sin preocuparse de mi desnudez que descubre la feminidad de mi anatomía; ya que normalmente me lo hace disfrazado de hombre para evadir nuestra realidad… supongo.
Ahora con cuatro meses de gestación mi cuerpo cambió a pasos agigantados mi vientre se volvió enorme, en comparación con lo plano que solía ser, además de mis pies hinchados junto con el extremo cansancio que me ha vencido ya varias veces en la universidad. Muy pronto tendré que pedir el permiso puesto que no creo poder ocultar esto más tiempo, parece que estoy engordando pero mi rostro sigue siendo delgado. Dormir en la cafetería o en el laboratorio es malo para mi circulación pues mis pies se inflaman al final del día. La cosa que más me ha asombrado es que mi apetito sexual se volvió mayor al del depravado de Morinaga, satisfacerme se ha vuelto un reto para él ya que últimamente no puede hacerlo completamente puesto que mi cuerpo le exige más cada vez y él acaba totalmente muerto de cansancio, incluso la última vez en la mañana tuve que abofetearlo con suavidad para despertarlo y que se marchara a trabajar. Ha tenido días difíciles lo ponen a trabajar horas extra junto con trabajo en casa, pero no deja de darme todo de él, cuida de nosotros alimentándome demasiado saludable, aunque a veces quisiera comerme un gran pastel de chocolate para desayunar, sin que pueda puesto que me vigila para que consuma todo lo que prepara junto con un almuerzo para llevar, el cual me lo termino en la cafetería junto con helado y pastel todos los días, por esa razón no le discuto ya que en mi trabajo soy libre para comer todos los postres que puedo. Afortunadamente para mí, las náuseas son historia, exceptuando alguna que otra cosa que me provoca asco, tal cual olores penetrantes junto con algunos horripilantes perfumes, muchos de ellos Morinaga los tiró para ya no causarme molestias. Cada día que transcurre, me pesa en la báscula así como lo ordenó el médico, vigilando que todo esté ocurriendo bien con nosotros; detesto pensar lo espantoso que será tener un abdomen todavía más enorme, aunque no puedo esperar por sentir eso que a mi madre la hacía llorar de alegría: un piececito y una manita asomando por su vientre, creo que eso será una señal evidente de que recibiré a un pequeño integrante que hará de mi vida la cosa más hermosa que pueda vivir.
Esa tarde metí el trámite para la licencia de seis meses en la universidad, ya estoy muy cerca de ser descubierto si sigo viniendo a dar clases, mi apariencia femenina es cada vez es más notoria. Al llegar al apartamento no había llegado todavía mi compañero, por lo que me dirigí al refrigerador para comer, a los poco minutos apareció algo preocupado, lo supe al instante de que me miró y desvió la vista, ni si quiera miró la agenda cosa que hacía todos los días justo al llegar a casa, luego de nuestro problema:
— Buenas tardes Morinaga ¿Qué te preocupa? — Indague esperando saber el problema que día con día se hace evidente.
— No es nada, solo estoy algo cansado.
Ignoré su comentario mientras continuaba comiendo una de las comidas preparadas que siempre me deja en el refrigerador para después del trabajo.
— Tengo más hambre y esta comida fría se está terminando.
— Oh si, lo siento, en seguida preparo la cena.
Su contestación totalmente dispersa en sus pensamientos me delataba que las cosas estaban mal en algún aspecto que intentaba cubrir, mis celos crecieron sin que pudiera evitarlo, será que hay alguien tras de él chantajeándolo acosándolo o será posible que tenga sexo con alguien más, no ha sido el mismo desde hace unas semanas. Mis pensamientos volaron a tantas cosas y suposiciones, no podía dejar las cosas así, sabía de antemano que todo puede salir mal cuando se trata de Morinaga ya que hace más de un mes sigo sin poder olvidar que sus labios se unieron a otra persona, que lo chantajearon pero también que no confió en mi para contarme todo. Mi corazón tenía una herida que todavía estaba sensible, todo esto hacía que la paranoia de la que hablan en los libros sobre de embarazo creciera; estoy seguro que no sólo son las hormonas sino que también algo extraño está ocultando hoy, más que otros días se encuentra molesto y pensativo aunque intente disimularlo.
Tanto mencionó mi falta de confianza en él sobre pedirle "eso", que pensé que debería presionarlo para que dijera lo que ocurría con él, pero debo hacerlo de manera inteligente, sin embargo en mi cabeza solo hay pensamientos con mis manos ahorcándolo y golpeándolo con fuerza hasta que me diga las cosas. Primero decidí esperar hasta que preparara la cena pues morimos de hambre, este diminuto bebé y yo, al parecer este niño sacó mi ansia loca por la comida de Morinaga, el idiota es tan bueno cocinando que podría dedicarse a ello.
Todo el tiempo observé con atención lo que hace, me preocupó bastante que nunca me dirigió ni una mirada, todo el tiempo centrado a cortar picar y mover los alimentos; no es que me gusté que él sea tan fisgón de mis movimientos pero estás semanas ha estado cada día más extraño y ahora ni me ha visto juzgando su actitud. La cosa más obvia llegó a mi cabeza y en un impulso dije:
— Morinaga… yo…
—Ya casi termino no te preocupes.
De inmediato me arrepentí de preguntar sobre la libreta que no revisó, favorablemente nunca salió de mis labios algo tan vergonzoso. Un par de minutos después tapó la comida mientras hervía y tomó su celular apretando la pantalla táctil, de seguro mandando mensajes a alguna persona. La ira crecía en mi interior de sentirme ignorado y sí ¡Sumamente CELOSO! Ese retrasado cree que puede acostarse con alguien aparte de mí y al mismo tiempo ¡Lo voy a matar!
— ¿Con quién hablas Morinaga?
— Son algunas cosas del trabajo sempai.
Evadir mi pregunta sin decirme quien jodidos está hablando con él tan insistentemente, ¡Ahora si lo voy a matar lentamente! Intenté calmarme por el bien del bebé, respiré profundo muchas veces quería que advirtiera mi molestia o que me notara un poco. Mientras respiré varias veces lo más sonoramente que pude, me percaté que nada de lo que hago logra sacarlo de su trance, no obstante se que no necesito su ayuda con nada, ni con el bebé, ni con la comida o el sexo.
— Ya está listo todo sempai te serviré enseguida. — Dijo interrumpiendo mis pensamientos asesinos.
Tomó los recipientes y puso todo en platos colocando las cosas en la mesa donde me encontraba sentado. Al terminar de servir todo no puso un plato para él y dijo:
— Estoy algo cansado, me voy a dormir.
— Aún es muy temprano para dormir ¿no piensas cenar?
— Discúlpame, tengo cosas que pensar sobre el trabajo.
— ¡Maldita sea! ¡No viste la estúpida agenda!
Me tape la boca de inmediato luego de decirlo. Una dulce sonrisa salió de su rostro y se aproximó a mí para darme un beso en la frente.
— Sempai lo siento mucho, de verdad no tengo energía para eso.
— Quien dijo algo de eso pervertido, lo mencioné porque hoy no la miraste y todos los días lo haces al llegar.
— Bueno mañana pensaré en una forma de compensarte.
— Te dije que no quiero eso.
Toqué mi vientre, me doble hacia delante y comencé a gemir.
— ¡AAAAHHHH!
.
POV MORINAGA.
La vida se volvió tan distinta a lo que imaginé que sería, vivo con una mujer, tengo sexo con ella y además la quiero mucho, junto con algo más, lleva a mi bebé cosa que la vuelve única y especial pues antes era un hombre al cual amaba con locura.
Mientras más días han pasado, me he dado cuenta que todo es bastante bueno tal cual es, no obstante extraño tanto el anterior cuerpo de sempai con el que fantaseo de cuando en cuando mientras tengo sexo con ella; al cerrar los ojos algunas veces puedo imaginar que tiene un pene que rosa contra mi abdomen. La humedad en su vagina se siente bastante bien, a veces es tanta que imagino me he corrido ya en su interior. Todo funciona bien excepto que sus senos me traen de vuelta a la realidad ya que no son algo que me agrade sentir mientras me muevo sobre él. También está el hecho que le causo dolor si lo aplasto un poco ya que están cada vez más inflamados y sensibles, en esos momentos en los que no me puedo recargar sobre él es cuando extraño a mi antiguo sempai que no tenía nada que yo le pudiera aplastar. Lo único bueno es poder cambiarlo de posiciones para mi placer y el suyo, me permite penetrarlo de formas distintas, de igual forma hacerlo muchas más veces de las que antes accedía, cada día parece más adaptado a mi forma, su cuerpo y el mío aparentan estar hechos para unirse hasta el cansancio. Me pregunto si él sentía o siente esta confusión respecto a mí, nunca comprendí su razón para rechazarme tan tajantemente todas las veces que yo suplicaba por sexo, necesitaba su cuerpo para sentirme vivo, pero él nunca necesito una cosa de ese estilo al menos no tan seguido como yo, pasaban semanas antes de que me permitiera entregarle la pasión loca que mi cuerpo tenía.
Cada día que transcurre me he percatado que me encanta tenerlo embarazado, aunque sea una mujer todos sus antojos y las sonrisas tiernas llenas de emoción cuando le preparo un rico postre, además sus ojos llenos de satisfacción cada que consigo que llegue al orgasmo, me dan felicidad. Por ahora las cosas son casi perfectas exceptuando que el amor de mi vida quizá desaparezca para verse transformado en un cariño distinto que me satisface de cierta forma. Aunque espero que al tener a mi bebé en brazos pueda recuperar al sempai que amo con todo mi corazón, no puedo decir que no ame a esa forma femenina es sólo que es algo tan distinto de lo que tenía antes en la cabeza y en el corazón. Asimismo me preocupa sobremanera que ocurrirá cuando nazca y él ya no requiera que tengamos intimidad volviendo a ser completamente frío en su trato hacia mí y más ahora que su género es distinto, si yo soportaré vivir de esa manera por amor a mi hijo.
Desde que recurrí a la idea de la agenda me percaté que tenemos comunicación sexual que antes no podría ser posible, su mensaje que escribe diario siempre es: "Maldito Morinaga chantajista". Pero yo comprendo que lo que quiere decir es que necesita de mí desesperadamente, por lo que como todas las veces debo asumir la culpa para tenerlo tranquilo y feliz, más por el niño que crece dentro de su cuerpo.
Esa tarde al llegar al apartamento noté sumamente extraño a sempai, mientras yo picaba las verduras y la carne de la cena, él llegó como un loco algo agitado, entonces dije:
— Sempai llegas temprano, es bueno para el bebé que procures llegar a descansar.
— No llegue por esa razón.
— ¿Entonces ocurrió algo?
— No hay nada que yo quiera de ti.
Sin lugar a duda al expresar que no quiere nada de mí se debe a que desea que yo tenga sexo con él, no es ninguna novedad puesto que diariamente es algo que acostumbramos hacer desde que coloqué la agenda en la entrada. Me causó mucha ternura su desesperación por lo que respondí:
— Bueno sempai no te preocupes más tarde me ocuparé de ello.
— Te digo que no importa, mañana me voy más temprano a la universidad y es todo.
— No te preocupes sé que están por terminar su tiempo límite para el experimento, procura no oler las sustancias peligrosas.
— Eres un retrasado irresponsable, me voy a dormir perdí el apetito.
¿Quién entiende a las embarazadas? O a las mujeres, por eso siempre me entendí mejor con los chicos, son más directos y no se andan con interpretaciones, aunque Souichi ha parecido una chica en ese aspecto desde siempre con esta extraña relación y ahora mucho más desde que es una chica embarazada, pretende que adivine la razón de su enojo. Pensándolo bien me divierte tener que descubrir lo que me oculta ¿Será que necesita algo en especial de mí?
Cuando terminé de preparar la cena toqué a su puerta con el pretexto de llevarle la comida porque nuestro hijo necesita comer.
— Te traje un poco de comida, recuerda que debes comer no por ti sino por él o ella.
— Lo haré pero ya vete, no te atrevas a tocarme o te matare a golpes.
Al escuchar sus palabras llenas de enojo supongo que algo ocurrió en el laboratorio y está molesto o simplemente se cansó de que yo esté todos los días teniendo sexo con él, razón por la cual me corresponde darle un poco de espacio.
— Comprendo, no los molesto más, descansen.
Estaba terminando unos reportes de la farmacéutica mientras lo escuché azotar la puerta del baño al salir de su ducha, me atemorizó que entrara para pelear conmigo sin justificación, supongo que de verdad algo muy malo le ocurrió para tenerlo tan enojado. Mañana le preguntaré en cuanto lo vea un poco más tranquilo.
Un rato más tarde terminé afortunadamente mis reportes bastante rápido por lo que me acosté pensando en las anteriores noches a su lado, sin darme cuenta una erección creció en mi pijama y me dispuse a darme alivio hasta que pensé en él, un sentimiento de algo raro me hizo recapacitar sobre su enojo en el cual quizá soy el causante o puedo darle alivio a sus frustraciones si lo hacemos como todos los días en los que amanece tan tranquilo. Caminé entre la oscuridad y toqué a su puerta levemente para no despertarlo si es que se encuentra dormido:
— Sempai… yo…
— ¿Qué demonios quieres?
De inmediato respondió por lo que me alteró un poco su tono enojado, seguro que le molesta que yo venga, fue cuando dije rápidamente:
— Nada, es que no puedo dormir, perdón por despertarte…mmm… hasta mañana.
— ¡Maldita sea! Entra ahora que me haces enojar.
Su respuesta afirmativa me hizo velozmente ingresar a su habitación e incluso recostarme a su lado bajo sus sábanas. Suspiré mientras metí una mano bajo su pijama y verifiqué que estaba húmedo y deseoso de ser tomado por mí, entonces pregunté con voz sensual:
— Me acostumbras a hacerlo diario y ahora no puedo descansar sin tocarte. ¿Puedo hacerlo? ¿Tú quieres?
— ¿No es la finalidad de la estúpida agenda que dejaste en la entrada? Si no la revisas ahora me voy a enojar contigo idiota.
— Pero ya estoy aquí, ¿Puedo continuar?
— Dije ¡AHORA!
Obedecí pensando en que algo particularmente vergonzoso sería comunicado a mí por ese medio y mucha fue mi sorpresa al leer: "cita con el ginecólogo". Necesita mi apoyo para asistir a algo como eso, nunca imaginé que una persona tan dura pudiera depender realmente de otra persona.
Luego de nuestro problema de comunicación no ha habido un solo día que no revise en la agenda la frase de la libreta, ni siquiera tengo que mirarla para saber que tendremos sexo todos los días, sin embargo adoro mirarla y descubrir la forma en la que finge no verme hacerlo y se sonroja de ver mi sonrisa cuando cierro la agenda. La manera en la que escribe los kanjis ha cambiado con los días, las primeras veces con letras enormes y subrayado como si su molestia superara su necesidad, pero ahora lo escribe delicadamente con esa hermosa caligrafía que lo caracteriza en todos los reportes de los experimentos que realizamos en aquellos tiempos en el laboratorio juntos. Incluso he notado que quizás podría poner algo distinto pero su vergüenza supera el agradecimiento que tiene por mi forma tan devota de cuidarlo. Sin olvidar que cada vez que llega una cita con el médico aparece en nuestra agenda.
Los días pasan muy rápido, esa mañana me asee y al ponerme un poco de perfume lo notó al salir de la habitación cubriendo su rostro con la mano poniéndose prácticamente verde por el asco ante mi amado perfume.
— ¿Que carajos es ese repulsivo olor? — Preguntó Sempai regresando a su cuarto de inmediato.
— ¡Lo siento! ¡Lo siento! Supuse que como ya no vomitas no te molestaría mi perfume.
— ¡Retrasado mental! No has entendido que me siento un poco mejor, pero sólo un poco, ya no me da nauseas todo pero si muchas cosas, a veces en la calle tengo que contener la respiración para evitar vomitar por los olores que percibo. — Expresó sempai desde la habitación.
De inmediato abrí las ventanas para que se ventilara y me quité la ropa, me metí a la regadera frotando con la esponja los lugares donde me había puesto el perfume, para después ponerme ropa limpia de mi armario, la otra la coloqué en una bolsa de plástico en el cesto ropa sucia. Entonces le grité por fuera de la habitación:
— Ya me cambié de ropa, me di una ducha y ventilé el apartamento.
Salió con su rostro de molestia a mirar la mesa de la cocina buscando seguramente su desayuno, al mirar en la mesa todo servido su rostro cambio totalmente y comenzó a comer con felicidad. Mientras tanto yo tomé mi adorado y costoso perfume de mi habitación para tirarlo envuelto en una bolsa plástica en la basura de la cocina.
— ¿Qué llevas ahí? — Preguntó intrigado sempai al mirar la bolsa negra entre mis manos.
— Es el perfume que te hizo sentir mal, de verdad disculpa por causarte tanto malestar.
— Olvídalo no importa… — Dijo al tiempo que ingería con velocidad sus alimentos, pero seguramente notando mi gesto para su persona pues agachó el rostro reflexionando.
Esa mañana todo comenzó a salir mal en el trabajo, el infierno se desató trayendo viejos problemas que creí superados. Mi exjefe se jubiló y curiosamente contrataron al loco tipo que me escribe mensajes que ignoro desde hace semanas. Diario me ponía saludos incansablemente, chistes y cosas que nunca me importaron, nunca le respondí ninguno sin embargo seguía escribiendo. Tenerlo de jefe creo que puede ser un problema, aunque al saludarlo y ver su amigable respuesta sigo teniendo fe en que se comporte como un adulto maduro. En la cafetería a la hora de la comida se sentó a mi lado sonriendo como un verdadero tonto y me intentó hacer platica a lo cual yo tuve que ser amable y responder puesto que los compañeros pensarían mal de mí.
En el trabajo nunca mencioné nada personal, estar con sempai siempre fue algo que no podía decir abiertamente sin que los demás al verme en la calle con él pudieran hacerlo enojar, por lo cual hablé de mi compañero de cuarto, mi mejor amigo cosa que los hizo sospechar mi identidad sexual, sin embargo todos sabían de antemano que no tenía una relación formal.
Mi nuevo jefe me ha hostigado todos los días, llega a mi lugar de trabajo para platicarme cosas aunque intento ser cortante no puedo evitar que siga molestando. Algunas chicas del trabajo quieren volvernos una pareja puesto que notan que él tiene intenciones de salir conmigo, manipula la situación y ahora todos hablan de que Maeda Kaito se siente muy sólo, además de que le gustó mucho como para tener una relación formal. Esto lo escuché una vez que pasé por accidente junto a algunos compañeros reunidos hablando, no tengo idea de cómo rechazarlo sin que todos me odien y el trabajar aquí se convierta en un infierno, aunque no me ha dicho nada directamente por lo cual no puedo rechazarlo. No tengo idea como es que en el trabajo saben que me gustan los hombres, o que no tengo pareja, debería inventarme una pero si lo hago deberé llevarlo a la comida especial que organiza la empresa para los empleados, no sé si sempai podría ir conmigo además que su estado se notará para cuando llegue la fecha del evento.
Las cosas van de mal en peor, el día de hoy Maeda llegó con flores mientras me encuentro sentado en la cafetería junto con los demás compañeros, parece que se hace lento todo al verlo caminar hacia mí con esas flores, se sentó junto a mí y dijo:
— Tetsuhiro, sé que puede ser extraño que haga esto aquí pero me gustas y quisiera salir contigo.
— Disculpa Maeda-san no puedo.
— ¿Entonces no te gustó? ¿Ya tienes una pareja?
— No se trata de eso, es que no me siento bien por ahora para tener una relación.
En la cafetería el silencio se hizo profundo, un par de compañeros se levantaron para llevarse a Maeda a otra mesa e intentaron consolarlo pues se puso a llorar, los demás me miraron con disgusto pues rechacé tajantemente al jefe sin una justificación. Una compañera me preguntó ahí mismo:
— Si no tienes novio ¿por qué no aceptaste salir? Él es un buen hombre, no tenías que ser tan grosero.
¿Qué cosa podía decir? ¿Estuve enamorado de un hombre que se volvió mujer? ¿Salgo con una mujer que se viste de hombre y está esperando a mi hijo? Es tan confuso que hasta sempai me mandaría a volar con cualquier respuesta que lo involucre, por lo que sólo me queda decir que estoy indispuesto para amar o ser amado.
A partir de ese hecho las cosas se complicaron todavía más, Maeda comenzó a abusar de su poder poniendo más y más trabajo a mí. Nadie en el laboratorio me ayudaba, me miraban feo por ser amargado y rechazar a un tipo bien parecido y tierno sin tener una excusa real que involucrara tener un corazón. Incluso al intentar poner una queja por acoso y abuso de autoridad me evadieron, deseaban que renunciara al presionarme, pero ahora con un bebé en camino renunciar no está en mis planes.
Un lento mes transcurrió, sempai comenzó a exigirme más sexo, no se conformaba con hacerlo una vez, ahora me obliga a darle más de mí, transformando todo en un interminable ciclo de trabajar y trabajar para finalizar los días rendido luego de tener sexo. No podía descuidar ninguna de mis actividades, cuidar de él y de mi trabajo es lo primordial para subsistir.
Esta última semana no puedo más con tantas cosas, creo que terminaré por renunciar a alguna si no consigo un poco de descanso, llegar a casa para tener una chica embarazada con un deseo sexual demasiado activo creo que me tiene cada día más agotado de lo normal, la última vez hice que se corriera y yo me tumbé a dormir sin obtener un orgasmo para mí.
Además de todos mis problemas cada día he salido mucho más tarde de lo normal, nadie se compadece de mí y las tremendas ojeras que portan mis ojos. Caminé con pasos cansados hasta nuestra casa llegando a preparar la cena y dormir temprano, el día de hoy me disculparé para poder descansar un poco más. El maldito jefe abusivo no me deja tranquilo ni aún mientras estoy en casa, algunos mensajes decían que no terminé algunas cosas, los respondí de mala gana y terminé de preparar la cena. Le serví a sempai que se veía algo agitado, entonces le dije:
— Estoy algo cansado, me voy a dormir.
— Aún es muy temprano para dormir ¿no piensas cenar?
— Discúlpame, tengo cosas que pensar sobre el trabajo.
— ¡Maldita sea! ¡No viste la estúpida agenda!
Su dulce gesto no pudo más que hacerme sentir bien pues me necesita tanto para atreverse a pedirme algo que lo apena de tal forma, pero el día de hoy me urge descansar un poco, por lo que respondí:
— Sempai lo siento mucho, de verdad no tengo energía para eso.
— Quien dijo algo de eso pervertido, lo mencioné porque hoy no la miraste y todos los días lo haces al llegar.
— Bueno mañana pensaré en una forma de compensarte.
— Te dije que no quiero eso.
Caminé unos pasos para llegar a mi habitación evadiendo su berrinche hasta que lo miré doblarse de dolor y tocar su vientre:
— ¡AAAAHHHH!
Sin dudar corrí hasta él y me incliné apresuradamente ante él diciendo:
— ¡Sempai! ¿Te sientes bien?
Me sujetó con ambas manos de la camisa mirando con mucha ira y gritó:
— ¡Ahora idiota me dirás que estás ocultando!
— No te oculto nada, no juegues conmigo sobre el bebé, pensé que algo les pasaba, ya suéltame, por favor quiero dormir.
— Es que estás volviendo a salir con otros tipos ¿verdad? Si encontraste un hombre deberías decirlo y me iré. — Expresó sempai con lágrimas en los ojos, no dejaba de lloriquear.
— Ya no te pongas así, son problemas que tengo en el trabajo, yo lo resolveré.
— No es cierto, algo ocultas, otra vez seguro estás besando a hombres ¡nunca quise ser una mujer! Lo siento pero quiero tener al bebé así que no puedo renegar de ello, pero si tanto me detestas déjame ir.
— No es eso, te lo juro.
— Entonces dime ahora ¿qué es lo que pasa? Por una vez en tu vida confía en mí para algo.
— Es Maeda, el tipo que besé aquella vez, es mi jefe y me acosó pero como lo rechacé me está poniendo más trabajo de lo normal.
— ¿Qué hay de los superiores y tus compañeros?
— Nadie me apoya, creen que soy un desconsiderado y desagradable porque lo rechacé diciendo que no quiero una relación, sin que tenga una que me lo impida. No podía decirles de ti, sé que te molesta que todos piensen que eres gay. Además no somos nada formal.
— ¡De verdad que eres un completo imbécil! Si tenías tanto problema por no tener una relación debiste decirme, yo puedo fingir serlo si eso te quita problemas, no tenemos que hacer nada especial, quizá caminar juntos.
— Ese es el problema, el fin de semana hay un evento en el cual deberás tomar mi mano y darme un beso para que sea creíble; además lo más importante es que nadie te va a creer que eres un hombre con esa pansa, tus senos son enormes, ya nos los puedes ocultar.
Respiró profundo, sus ojos parecían repasar las cosas ágilmente por su cabeza, me dio un coscorrón y entonces refutó mi argumento:
— Deja de ser tan idiota, si el problema es eso seré tu prometida embarazada, no creo que eso lo vean mal, de hecho es lo más normal.
— Pero soy gay y todos saben que soy gay.
— ¿Por qué deberían creer que eres gay? Con mayor razón, si les demuestras que no es así te dejarán en paz y verán que ese tipo está haciendo las cosas mal. Además te lo quitarás de encima si manifiestas que somos más que buenos amigos.
Un par de lágrimas rodaron por mi cara, no podía creer que sempai esté dispuesto a realizar un acto tan desinteresado para ayudarme.
— Gracias ¿De verdad harás eso? ¿Vestirte como mujer? ¿Expondrás la pansa a la vista?
— Tú lo dijiste, ya nada puedo hacer para ocultarlo, de hecho acabo de finalizar el trámite para mi licencia de seis meses en la escuela.
— ¿Por qué no me habías dicho?
— Para empezar porque nunca estás y porque son cosas personales. Además si tanto odias ese empleo deberías renunciar, yo tengo dinero suficiente para que estemos bien.
— No podría hacer una cosa así, los bebés requieren muchas cosas costosas y no quiero ser un parásito.
— Entonces solucionemos las cosas o busca un nuevo empleo.
— Muy bien, el problema es que debes ir a buscar ropa que sea para embarazada. ¿Estás dispuesto a hacerlo?
— ¡Qué más da! Nada puede ser peor que ir con el ginecólogo, además he visto que las mujeres se ven cómodas en esa ropa de maternidad.
La mañana del sábado muy temprano, le sugerí a sempai que esta vez se vistiera sin el disfraz, salió con su ropa normal, con una camisa común y sus pantalones, al salir de esa forma me miró incómodo:
— Morinaga no crees que podría ponerme las hombreras, estas cosas pesan y me duelen así sin nada. — Señaló con mucha molestia sus enormes senos.
— Creo que debemos comprar primero un sostén de maternidad, mientras póntelas hombreras.
Salimos a comprar la ropa para que por la tarde fingiéramos ser una pareja heterosexual, nunca pensé que pudiera negar mi identidad delante de todos, algo que siempre he defendido me causa problemas de una forma que no creí posible.
Caminamos en medio de pasillos llenos con tiendas de maternidad con enormes vestidos sueltos, otros ajustados al contorno de la embarazada, suéteres, bolsos, sobreros y demás cosas en todos tamaños y colores. Me causó tanta ternura observar su cansancio al rato de caminar en medio de los pasillos, lo senté en el área de descanso que tenían en una tienda y fui a elegir un par de vestidos sueltos con algo de escote para que vean que es una chica, se los mostré de inmediato:
— Vamos a que te pruebes esto.
— Como digas. — Expresó en tono de hastío.
Entró al probador con un sostén y un par de vestidos. Unos quejidos y sonidos raros salieron de ahí por lo que pregunté:
— ¿Todo está bien?
— ¡Nada está bien! No se ponerme esta maldita cosa.
Entré al vestidor para verlo enredado con el sostén, no comprendí la razón si sus hombreras tienen un diseño similar, claro que los tirantes vienen cubiertos y no parece sostén. Lo ayudé a colocarlo adecuadamente, creo que soy bueno calculando su talla puesto que todo ajustó a la medida, ahora sí luce como una hermosa mujer con el cabello amarrado en su liga, la única cosa que nos falta son los zapatos.
Lo dejé probándose otro de los vestidos mientras elegí un par de zapatos especialmente cómodos de la misma tienda y pagué el vestido junto con el sostén mientras se midió un par de cosas más, lo saqué de la tienda totalmente vistiendo como una mujer encinta, algo desarreglada en su cabello y sin nada de maquillaje, aunque no creo que esas cosas pueda modificarlas a menos de que quiera morir lentamente.
En el centro comercial también miramos algunas cosas para bebé y compramos camisetas, chambritas, zapatitos todos de distintos colores para evitar darle una educación orientada a un género, ya que no debemos inculcar un tipo de colores en base a su género, pues los roles machistas que inculca la sociedad son muchos de los que me han provocado tantos problemas con mi familia.
Al volver al apartamento dejamos las compras en el sillón para darles un lugar una vez que compremos un mueble para colocar las cosas del bebé, tanto que nos falta por hacer aunque tenemos varios meses antes de decidir qué hacer.
Dieron las tres de la tarde y sempai se puso algo ansioso por irnos a la comida de la empresa, creo que se siente tan incómodo como yo con este tipo de cosas, exponernos al escrutinio de las personas y responder sus preguntas sobre nosotros.
Partimos a la fiesta con un sempai algo cansado por tanto viaje, al llegar al salón de fiestas lo tome de la mano y entramos juntos como si realmente pudiéramos ser una pareja normal.
— Bienvenidos. — Dijo la persona de recepción al mostrar mi invitación.
Al ingresar al salón las personas en distintas mesas que cuchicheaban aguardaron silencio y nos miraron caminar directamente al grupo de jefes que se encontraban hasta la mesa de honor, entre ellos Maeda con un grado un poco inferior a ellos, pues él es el supervisor de mi área, aunque más arriba están los gerentes y el dueño de la empresa el gerente general.
— Ya cálmate Morinaga no me aprietes la mano o te voy a golpear.
Di una bocanada de aire para tranquilizarme y dejé inmediatamente de apretar la suave mano que me apoya en algo tan importante para mí.
— Lo siento sempai, estoy algo nervioso. Esos que iremos a saludar son los supervisores de área con los gerentes y el dueño de todas las sucursales que hay.
— Es un ser humano, no un dios así que tranquilízate.
Su acertada respuesta realmente me hizo pensar las cosas de una perspectiva distinta, en esos largos segundos hasta llegar con los jefes.
— Hola buenas tardes, les presento a mi prometida Tatsumi Souichi.
De inmediato todos voltearon a vernos, incluido Maeda que se levantó de su asiento para indagar y frustrar nuestros planes. Delante de todos comenzó con su interrogatorio:
— Veo que trajiste a tu amiga que embarazaste por error.
— Maeda-san, disculpa que Hiroto te diera esa impresión pero ella es el amor de mi vida desde hace años que la conocí en la universidad.
— ¿Qué curioso su nombre es de hombre? — Expresó uno de los gerentes.
— Así es, mi padre quería tener un niño y como fui niña decidió ponerme ese nombre. Me criaron como un hombre e incluso hasta la fecha me gusta vestir como uno, pero me encontré con Morinaga y luego de algunos años de vivir juntos como amigos hemos formalizado nuestra relación. — Aseveró Souichi.
— Todos creímos que Morinaga era gay, su forma de ser y de hablar nos confundieron. — Dijo una supervisora.
— Es por eso que somos una pareja, él es algo femenino y yo soy masculina. — Explicó sempai.
— ¡Qué gusto que puedan acompañarnos! No cabe duda que es una mujer bella. — Expresó el dueño de la empresa con alegría.
— Estoy cansado, me voy a sentar. — Respondió sempai con cara de molestia.
Caminamos hasta una mesa y con dos sillas, en una se sentó y la otra la usó para recargar sus pies. Al ponerse cómodo me ordenó:
— ¡Tráeme comida ahora!
— ¿Qué te traigo?
— De todo y mucho.
Todo el mundo nos miraba en la distancia sentados solos en una mesa pues los demás ya tenían un lugar desde antes de nuestro arribo, pero no faltó el grupo de chismosos que se sentaron a propósito a nuestro lado. Tomé comida variada con el conocimiento de las cosas que le desagradan y llevé todo a sempai que esperaba con ansiedad. Me senté a su lado para verlo comer pues yo no tengo hambre a razón de tantos nervios, mirarlo después de tantos días sin poder convivir con él me parece extraño, me da un sentimiento de añoranza, mi corazón se acelera de mirar sus bellos ojos miel que no cambian, que contienen en el fondo aquél hombre que conocí en los jardines de la universidad, de ese hombre que ama mi comida, al que extraña mi compañía, al hombre que derrito entre mis brazos, el que suspira y pierde la fuerza con uno de mis besos. Ahora a pesar de ser mujer, creo que esa vida que crece en él le ha dado un brillo especial, nos ha dado una oportunidad para conocernos en circunstancias distintas, yo cuido de él pero también él está cuidando de mí.
Lo miré comer y seguir comiendo hasta que me miró:
— ¿Morinaga no piensas comer?
— No tengo hambre tu continúa.
Tomó los palillos y de inmediato ya tenía comida frente a mi boca.
— No pienso comer si tú no comes conmigo, necesitas comer puesto que estas muy flaco sino te vas a enfermar y quién me va a cocinar.
Con los demás mirando a la distancia no pude rehusarme y acepté la comida frente a mí, de modo que dispuso un bocado para él y otro para mí consecutivamente hasta que terminamos con la comida en su plato. Mi corazón saltó tantas veces emocionado cada vez que me alimentó de sus palillos, un gesto tan tierno como cuidando de mí con dulzura.
— Trae postre, quiero pastel de chocolate y helado de fresa de los de la mesa.
— Pero sempai comer tantas cosas dulces es malo para tu salud.
Me agachó hasta decirme al oído sin que nos escucharan los mirones:
— ¿Qué dices? Estoy embarazado y este bebé se come mis calorías, así que trae las cosas de inmediato. Además es la única forma en la que puedo olvidar que nos están observando tantas personas. Además si no vas tú me levantaré a traerlo yo mismo pero en casa me las pagas.
— Bueno sólo no te enojes, traeré todo lo que quieras.
Serví bastante pues conozco el gran apetito que tiene últimamente, me senté nuevamente a su lado y comió con mucho más ahínco los postres hasta que le dije para molestar:
— ¿No me vas a invitar también?
— Todo es mío. — Dijo con un lindo puchero.
Sin embargo tomó un poco de helado y me lo ofreció. Al instante que lo metí en mi boca nos miramos transformando todo silencioso y especial, no pude evitar pensar en compartir el sabor del helado con el sabor de sus labios. Junté de inmediato nuestras bocas en un impulso, pero no sólo yo tuve esa idea pues su lengua tocó la mía y nos unimos tan profundamente que casi olvidé que es una mujer, pues todas las veces que lo he besado siento la misma cosa desde la primera vez que lo hice. Realmente no pienso en su género sino en esa emoción que produce en mi cuerpo y mi cabeza.
— Morinaga no teníamos idea que estuvieras una pareja o que estuvieras tan enamorado. — Escuchamos la detestable voz chillona de una compañera interrumpiendo de golpe mis pensamientos.
No separamos de inmediato, miramos hacia otro lado y sentí calor en el rostro, una vergüenza extraña me cubrió de pensar que me vieron besar una mujer delante de tanta gente.
— ¿Por qué le dices sempai y no su nombre si es tu prometida? También ella te dice tu apellido como si fueran extraños. — Preguntó un tipo en la mesa.
— Es verdad, nos parece tan peculiar que tengas una novia, siendo que tu pareces gay, tu voz, tus gestos y los de ella tan masculinos e incluso su voz si la finge un poco, seguro la puede hacer más masculina que la tuya. — Completó una mujer de la mesa.
Pensé de inmediato que la realidad es similar a nuestra mentira por lo que respondí al tiempo que sempai parecía querer reír por que dijeron que es más masculino que yo a pesar de ser mujer.
— Es que desde que la conocí en la universidad de un grado superior, me enamoré de ella pues siempre la noté solitaria y callada, al principio pensé que era un chico ya que su vestimenta masculina ocultaba su género, por lo que la confusión creció de que me gustara un hombre, pero no me resistí ante su forma de hablar y de ser tan seria, tan inteligente que me empeñe en estar a su lado hasta que lo conseguí, nos volvimos amigos durante años sin que yo supiera la verdad, sin embargo cierto día cedimos ante la pasión y desde entonces no nos hemos separado.
Mis palabras sonrojaron de inmediato a sempai que bajó su rostro y no pudo decir nada.
— ¡Qué lindos! Se enamoraron sin que les importara nada. —Respondió una chica de la mesa.
Bajo la mesa observé que sus manos temblaron sujetando su vestido, por lo que tomé su mano con discreción y fui correspondido sin escuchar reclamos o alguna cosa que nos incomodara. Sólo pensé que toda la vida esperé poder tener un momento así con sempai aunque es totalmente distinto a lo que imaginé, no obstante me preguntaré eternamente si de alguna forma logré conquistar su corazón y nuestro hijo o hija es el fruto de tal sentimiento.
Las horas pasaron mientras las personas se aburrieron de sentarse a nuestro lado ya que no nos separamos y permanecimos en la mesa sin bailar ni beber alcohol, mientras todos continuaron dejando que charlemos en privado, tantos días sin hacerlo me parecieron largos; a tal grado que contarle y a la vez escuchar las cosas raras que siente últimamente con el embarazo, junto con los experimentos que dejó terminados me dieron alegría. Es como de cierta forma tener a medias a sempai, no desapareció sino sigue ahí en parte.
La tarde se pintaba de oscuridad por fuera del salón, me levanté de mi asiento:
— Sempai ya regreso, voy al sanitario.
— No tienes que anunciarlo, sólo ve.
Al salir del sanitario corrí con sempai pues Maeda lo agredía verbalmente:
— ¡No sabes nada de él, ni de mí! ¡Mejor lárgate antes de que te rompa los huesos a pesar de tener este bebe! — Dijo sempai poniéndose de pie con enojo en su mirada y los puños cerrados.
No pude evitar cegarme de ira y golpear directo a la mandíbula a Maeda por agredir a mi pareja:
— ¡No te atrevas a lastimar a sempai o no lo vas a contar! — Grité.
En el suelo Maeda intentó defenderse pues nos rodeaban los compañeros:
— Yo sólo hablaba con esa mujer, ¿vieron lo agresivo que es Tetsuhiro?
— Un momento, hagan espacio. ¿Tatsumi-san se encuentra bien? No es bueno que haga corajes. — Dijo el dueño de la empresa con el silencio de todos los demás.
— Sí. — Expresó sempai, mientras lo cubrí en un abrazo lleno de angustia.
Le hablé al oído, no me importó el problema o los compañeros de trabajo que nos rodearon, sólo sempai y el bebé:
— ¿Estás bien? Discúlpame por dejarte solo.
— Morinaga ya suéltame, estoy bien y todos nos están viendo. — Dijo tímidamente sempai.
— Maeda me decepcionas, noté de inmediato que tienes un problema obsesivo con Morinaga, toda la noche no dejaste de observarlos, además escuché lo que le dijiste a Tatsumi-san. Creo que deberás buscar un nuevo empleo lejos de él, estás despedido. — Expresó el dueño de la empresa.
— ¡No tiene derecho a correrme, yo fui golpeado! — Refutó Maeda.
— Si puedo despedirte por abuso de autoridad y acoso, el día de ayer revisé la productividad y en el área donde labora Morinaga, él solo ha hecho reportes de trabajo de un equipo completo durante dos semanas, algo muy inusual que me hizo investigarte, lo cual corroboré el día hoy.
La seguridad del lugar entró y ayudó a levantarse a Maeda escoltándolo hasta la salida por orden del jefe, luego de ello el dueño de la empresa me miró y nos dijo:
— Morinaga, eres el empleado más valioso que ha tenido mi empresa, tu trabajas eficiente y además lo haces bien bajo presión, creo que mereces un ascenso al puesto que quedó vacante, seguro les ayudará con su nueva familia. Desde el lunes me quedaré una semana en tu sucursal para poner todo en orden.
— Gracias señor, no tiene que compensarme de esa manera.
— No seas modesto, leí los informes y revise tu trabajo, creo que eres el más indicado para llegar alto en la empresa. En cuanto a tu prometida, creo que son una hermosa pareja enamorada, basta con ver su forma de actuar, hablarse y sobretodo la mirada que se dan mutuamente.
— Gracias señor no sé cómo podemos agradecerle. Creo que nos marcharemos a casa a descansar, sempai no puede sufrir disgustos y está cansado.
— Adelante que descansen.
Partimos al departamento y dentro de mi creció una emoción enorme de recibir tantas bendiciones en tan poco tiempo, las cosas saldrán bien porque pondremos nuestro empeño en realizarlas adecuadamente. Aún falta mucho tiempo para conocer a mi pequeño pero sé que lo adoro.
No puedo dejar de pensar en que tendré finalmente más tiempo para descansar y llegar a casa temprano para ir de compras llenando la casa con todo lo que compraré al bebé. Hablé con sempai de eso que imaginé y él también lucía emocionado con mis planes para decorar su habitación, colocar muebles para las cosas del bebé en conjunción de los artefactos para cuidar de él. Creo fielmente que nadie puede entenderme más que sempai que comparte esta extraña locura.
Nos fuimos a dormir en una noche de pasión que nos ayudó a descansar plácidamente en mi cama. Antes de quedarme dormido no pude evitar pensar en que necesito tenerlo en la misma cama para estar al tanto de su salud, no puedo saber si algo le duele por permanecer habitaciones distintas, por lo cual encontraré una forma de decirle las cosas sin que se moleste conmigo por pensar en invadir su espacio personal.
La mañana siguiente sempai se levantó al sanitario a vomitar por haber irritado su estómago comiendo tantas cosas condimentadas en la fiesta. Con cansancio todavía me levanté a ayudarlo a sostener su cabello y lo sujeté del torso puesto que es agotador para ella vomitar.
Unos minutos después alguien tocó a la puerta a esa hora de la mañana:
— Un segundo. ¡Ya voy! — grité mientras dejé a sempai lavando sus dientes.
Abrí la puerta siendo recibido por un abrazo y una voz melosa que lloriqueaba, del hermano pequeño de sempai que no se percató de a quien abrazó.
— ¡Hermano!
— Lo siento, creo que buscas a sempai.
Sin soltarme dijo entre sollozos, liberándome paulatinamente.
— Lo siento mucho Morinaga, ¿dónde está?
Cuando Tomoe había dicho la última palabra de esa frase me soltó pero se quedó parado frente a mí en la puerta hasta que recibí un abrazo de sempai rodeándome, además que se asomó por un costado mío diciendo:
— ¿Tomoe qué rayos haces aquí tan temprano?
— Hermano… es que yo… — Al decirlo casi comenzó a llorar de nuevo pero se detuvo y continuó: — ¿Por qué abrazas a Morinaga?
— Porque es mi cumpleaños — respondí.
— Ah sí, por su cumpleaños, felicidades Morinaga. Pero mejor ve a casa de Matsuda y luego hablamos Tomoe. — Dijo sempai sin soltarme.
— No hermano, es que dejé a Kurokawa y no quiero decirle a ellas, no comprenderán y pensé que tú me dejarías quedarme mientras encuentro un empleo en Nagoya, no quiero volver a verlo.
— Pasa por favor Tomoe. — Le indiqué con una mano.
Sempai no me soltó y giré con el pegado a mi espalda. Tomoe pasó con sus maletas hasta la sala mientras pregunté en voz baja a sempai:
— ¿Qué ocurre? ¿Por qué no me sueltas? ¿Algo está mal?
— No idiota, lo que pasa es que no traigo el disfraz y Tomoe sabrá que algo está raro conmigo si me ve así con esta pansa y ya sabes… lo de arriba. Por cierto ¿De verdad es tu cumpleaños?
— Claro que no sempai, lo dije porque me pareció raro que me abrazaras así. ¿Qué otra razón podrías tener para abrazarme? Así que pensé en eso.
.
.
.
Espero que disfrutaran el episodio, en el siguiente habrá bastantes enredos y sempai se vera forzado a ... varias cosas. En fin aguardaré por sus comentarios y nos vemos el 28 para una nueva historia que subiré, con un motivo especial.
Agradecimientos a Gaby Ibarra por la hermosa imagen que amé, donde ellos se ven como una linda pareja, Souichi es tan el/ella ¡que me encanta! Sus lindos ojos que traen esa felicidad n_n.
