Descargo de Responsabilidad: Ni Glee ni sus personajes me pertenecen.
Capítulo 42. Pequeños momentos
¿Por qué sonríes?
Por nada… mira a la carretera, quiero llegar viva a casa – Sam obedece por unos segundos y vuelve a ver sonreír a Kyla
No, en serio ¿Qué pasa?
No es nada Sam, mira al frente – pide de nuevo señalando con sus manos, unos minutos después e intrigada por la permanente sonrisa de la chica, la pelirroja detiene el coche en el arcén - ¿Qué haces? – pregunta divertida
No has dejado de sonreír desde que subimos al coche como si algo tuviera mucha gracia y quiero saber que es – exige girándose al lado para poder mirar a su novia a la cara, donde se encuentra una sonrisa aun mayor
¿Qué gano yo?
Lo que pidas – le concede desesperada
Quédate a cenar
¿Dónde? ¿En tu casa? – cuestiona poniéndose nerviosa
No en la de mi vecina ¿tú que crees?
¿Y tu padre?
Hay sitio para los dos aunque no viva en una mansión ¿sabes? – Sam rueda los ojos
Quiero decir ¿va a estar?
Si
Entonces sería algo así como una presentación o…
O nada, de momento puede ser una amiga cenando en casa ¿lo tomas o lo dejas?
Cuéntame – dice tras pensarlo unos segundos y aceptar resignada
Me acordaba de algo que me ha dicho Beth cuando nos íbamos, voy a tener que llevar mucho cuidado porque al parecer, si te hago llorar, ella me pegara – Kyla ríe recordando la amenaza de la pequeña y Sam la mira seria
¿Y por eso he aceptado una cena con tu padre?
Podías haberlo dejado pasar – Kyla se encoge de hombros y las dos caen un cómodo silencio cuando el coche vuelve a reanudar su marcha – Sam
¿Hmn? – murmura sin desviar la vista de la carretera
No tienes que quedarte si no quieres – dice mientras acaricia su pelo
Me quedo, solo… avísame si meto demasiado la pata – pide mirándola y ladeando su cabeza, lo que a Kyla le parece el gesto más tierno que ha visto nunca
No eres tu quien me preocupa – aclara con un dulce y rápido beso
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A la de tres ¿ok? – Beth mira a su madre y a Rachel, una a cada lado, agarrando con fuerza sus pequeñas manos
No es tan difícil cielo, solo cuenta – pide Quinn desde dentro del ascensor, llevan unos minutos ahí, con las puertas abiertas y Miles riendo desde el otro lado
¿Rachel?
Preparada – asegura la morena con una sonrisa
1 Mississippi, 2…
¡Beth Fabray!
Ella odia los Mississippi – se dirige a Rachel riendo
¡Cuenta de una vez o suelto tu mano y te dejo aquí encerrada!
Ella tampoco sabe mentir – vuelve a mirar a Rachel provocándole una carcajada
Lo que me faltaba, que mi propia hija se burle de mi – Quinn trata de soltar su mano pero la pequeña la retiene
No, no, no… ya va – se aferra con fuerza a ambas chicas – uno, dos y ¡tres! – grita a la vez que la pareja la levanta del suelto impulsándola hacia delante en un salto
¡Por fin! – exclama Miles recibiéndola con una abrazo a cada una - ¿Cómo ha ido todo?
Bien, siento no haberte avisado – se disculpa la rubia dejando sus cosas en su despacho
No hay problema, Rachel se encargó de todo – Quinn sonríe, si no llega a ser por la morena no sabe que habría hecho - ¿Has conocido a sus padres? – susurra para que no lo escuchen desde fuera las dos morenas, que se entretienen jugando con las pelucas y complementos de la sesión que el chico había terminado hacia poco
Ya los conocía tonto
Sí, pero no como la novia de su única hija – señalo lo obvio el muchacho
Ahí tienes razón… se han portado genial conmigo y con Beth, al final no fuimos a ningún hotel, nos quedamos en su casa y cuidaron de Beth mientras yo hacia algunos tramites
Me alegra escuchar eso
¡Mami! ¡Mami!
¡¿Qué? – grita Quinn desde su escritorio encendiendo el ordenador
¡Ven, corre!
Que… - Quinn no puede seguir hablando por culpa de la repentina risa que le entra, la misma que Miles tiene a su lado al ver a ambas chicas completamente caracterizadas. Rachel con una peluca naranja, unos grandes pendientes redondos en sus orejas, unas gafas con forma de estrella y un sombrero gigante. Beth por su parte, tiene puesta una peluca fucsia, montones de collares y pulseras, los labios pintados de rojo y un sombrero que apenas deja ver su carita
¿Cómo estamos? – interroga Rachel con su mejor sonrisa
No os mováis – pide la rubia desapareciendo y volviendo a aparecer con su cámara entre las manos
Rachel y Beth posan para la cámara encantadas, haciendo las delicias de Quinn y morir de la risa a Miles, Quinn no tarda en unirse a ellas, a petición de su hija y empujada por su amigo, quien se encarga de seguir sacando fotos del momento. Cambian sus complementos tantas veces como quieren, entre risas y voces de diversión, obedeciendo las órdenes del fotógrafo, incluida Quinn, poco dada a posar para una cámara, pero por Rachel y sobre todo por Beth podía hacer una excepción.
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¿A qué hora llega?
Nueve
¿Estas segura?
Si, así que relájate de una vez – pide Kyla volviendo a besar a su chica
Pero…
¿Qué? – Kyla se separa mirándola con frustración
Desde que habían llegado la pelirroja está más nerviosa de lo habitual, por no hablar de que casi le da un ataque cuando Kyla la había dirigido a su habitación. Tras los nervios y dudas iniciales, Sam había hecho un pequeño recorrido con su mirada por el lugar, ni muy grande ni muy pequeña, la cama de cuerpo y medio situada junto a la pared a la izquierda de la puerta, la mesa de estudio, llena de libros y el portátil, a la derecha, una ventana al fondo y el armario a los pies de la cama, justo al entrar. Un par de estanterías con libros completan el mobiliario, así como unos posters colgados en la pared hacen la decoración.
¿Dónde vas? – cuestiona Sam al ver como su novia se levanta de la cama donde estaban tumbadas
Es evidente que no estas cómoda, así que mejor vamos al salón y vemos una peli – le indica tendiéndole una mano para ayudarla a levantarse
Lo siento – dice la pelirroja sintiéndose estúpida
Eh, mírame… nunca, Sam – vuelve a llamar su atención para que la mire – nunca te disculpes a no ser que hagas algo malo ¿de acuerdo? – Sam asiente – vamos tonta – la morena tira de ella sacándole una sonrisa – mucho mejor, además en el salón también puedo besarte – dice sabiendo que por alguna razón el estar en su habitación incomodaba a la chica – aunque la probabilidad de que mi padre nos pille es mayor – añade a modo de broma provocando que Sam se pare en seco tras ella – Es broma – aclara girándose con una pícara sonrisa para besarla y arrastrarla al sofá del salón para ver la película
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Cielo – Quinn regresa al salón desde la cocina
Dime, Que – contestan Rachel y Beth al mismo tiempo
Beth – especifica la rubia – es tarde, sube a tu cuarto
Mama…
No, mañana hay colegio, así que es hora de ir a dormir
Pero…
Di adiós a Rachel
Adiós – se despide de la morena con desgana mientras su madre la arrastra hasta la habitación, después de ayudarla a colocarse el pijama, meterla en la cama y contarle un cuento, la rubia se reúne de nuevo con Rachel
Sabes que solo son las ocho y media ¿no? – pregunta la actriz envolviéndola en sus brazos
Si ¿y? Mañana tiene que levantarse pronto para ir al colegio, además entre que se duerme y no se duerme puede pasar una hora
No he dicho nada – Rachel pone sus manos en alto a modo de rendición – Así que… ¿mañana hay colegio?
Aja – asiente Quinn un tanto confusa, se lo acaba de decir no entiende a que viene la pregunta
¿Y tienes que trabajar?
Al igual que tu – confirma la rubia
Me gustaría estar en Lima otra vez – confiesa atrayendo la mirada de Quinn que hasta ese momento no había levantado su cabeza del hombro de la morena
Que no podamos estar las veinticuatro horas del día juntas no significa que las cosas empeoren
Lo sé, pero me había acostumbrado a verte a todas horas – declara ganándose un beso
¿Te vas a quedar esta noche? – cuestiona con esperanza
Me gustaría – responde sinceramente con una amplia sonrisa igual o mayor que la de la rubia
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Has tenido suerte, pequeña – Sam sonríe ante la forma en que la llama Kyla
¿Por qué?
Era mi padre – explica levantando el móvil aun en su mano – tiene que quedarse hasta tarde en la oficina... te libras de la presentación
Qué pena – murmura sintiéndose aliviada - ¡auch! – se queja al recibir un golpe en el brazo de parte de su novia - ¿Qué? Estaba histérica por si no te has dado cuenta, habría metido la pata hasta el fondo
No eres muy disimulada que digamos – reconoce con una sonrisa – y de verdad, tranquilízate, te va a adorar… ¡eres adorable! – exclama agarrando su cara y plantándole un dulce beso
¿Y ahora qué?
¿Qué de qué? – pide Kyla sin entenderla
La cena… ¿Qué vamos a hacer?
Podemos preparar cualquier cosa con lo que haya en la nevera…
O podemos pedir algo y esta vez, dejas que te invite – propone como alternativa a tener que cocinar, no es su fuerte precisamente
Te recuerdo que me devolviste el dinero antes de besarme… eso cuenta como una invitación ¿no?
No – responde sin ninguna duda – eso es más una obligación, ahora quiero invitarte a la cena y que tu aceptes por las buenas
¿Y si no acepto? – Kyla habla desafiante colocando su mano en la pierna de la chica
Puedo convencerte – espeta con seguridad
¿Cómo?
Así – dice justo antes de besarla, primero lento hasta que poco a poco va atrayendo a Kyla sobre sus piernas e intensifica el beso, por cómo responde la chica, la invitación está asegurada
