Capítulo 9: Las cosas más valiosas de vivir

.

Me descompuse entre sus brazos, no quería verme frágil, no así, pero esas palabras suyas comprimieron mi corazón. Mi amado sempai de verdad estaba ahí como nadie jamás, para sujetarme cuando me sentía caer, para rescatarme de la oscuridad, las veces que fuera necesario y ahora que la culpa llegaba a mí directamente, que los remordimientos de mis acciones golpeaban mi cabeza, estaba él también con su amor, con nuestro amor. No pude hablar, no respondí, sentí las lágrimas amargas recorrer mi rostro, mojar sus ropas, y ese aroma suyo, esas caricias de sus manitas en mi espalda me daban confort, uno que no merecía.

— Morinaga… entiendo que duele, sabes que mi madre murió cuando yo era muy joven… pero por favor, tienes que avisar a tu hermano mayor. Le prometí a tu madre que él vendría.

Entonces me solté de sus brazos que gentiles me tenían aliviando mi dolor y agaché la mirada. Sentí vergüenza de estar así frente a él, lloroso, con ese dolor que intenté ocultar sonriendo. No supe qué tipo de rostro habré puesto que nuevamente me abrazó.

— No hagas esa cara… no debes ocultarlo, no necesitas ocultarme nada.

Justo a mí oído, pues me abrazó nuevamente, aquellas palabras que parecían querer confortar mi pena, aliviar la sensación de tristeza que se aglomeraba con fuerza… Si tan sólo no hubiera… Y de pronto un coscorrón a mi cabeza.

— ¿Qué hice?

— Puedo leer a través de ti Morinaga, sé que piensas que no deberías haber salido de casa, que debías obedecer. Pero creo firmemente que las cosas debían ser así. De lo contrario no estaría creciendo este bebé en mí. No importa lo que pase, esta vida es la cosa más valiosa que tengo, así que no te arrepientas de nada o ¿acaso puedes pensar un segundo en no haberlo concebido?

— Pero papá…

— Las enfermedades no son culpa de nadie, mamá enfermó y murió sin que tuviera problemas, ella era feliz con papá, conmigo y mis hermanos.

— Gracias sempai, yo no sé qué haría sin ti y sin el bebé.

Contuve la respiración, tenía que calmarme, por sempai, se angustiaba de mirarme a pesar de aparentar valentía, noté esa angustia suya. Sus ojos que me seguían insistentemente. Y busqué el teléfono para llamar a Kunihiro y de sólo pensar las palabras, mi garganta se cerró, las lágrimas nublando mi vista me impidieron marcar el número. Entonces esa mano delicada de él tomó el teléfono.

— Permíteme ayudarte. Te prometo ser amable.

Asentí agachando mi rostro, en busca de un trozo de papel para limpiarme y lo miré con firmeza responder, pero en un tono tranquilo y cordial:

— No, yo soy Souichi y necesito comunicarle algo importante… No, su hermano está bien, está justo a mi lado, es sólo que… Necesitamos que venga de inmediato a Nagoya, es su padre, el señor Morinaga está muy enfermo, agoniza en un hospital.

De inmediato accedió a venir en el primer vuelo, Kunihiro era como yo, su corazón era grande, lo supe en cuanto hicimos las paces aquella vez. Sólo que tenía miedo de lo que yo era, de lo que él mismo era cuando descubrió que amaba un hombre. Escuché las indicaciones de sempai, le dio el nombre del hospital y supimos que llegaría máximo en dos horas. Por mi parte no podía dejar de pensar en las cosas que le había hecho pasar a papá, no podía parar de llorar y sempai no dijo nada. Se metió del lado del conductor pues él sabía manejar el vehículo igual que yo. De manera que me senté a mirar por la ventana mientras me transportó. Me sentí tan bobo observando el panorama que me parecía de lo más deprimente, el cielo del atardecer que normalmente me resultaba venturoso, pues podía pasar horas al lado de él y de mi bebé, ahora parecía tan hueco el panorama y los colores.

Llegar ahí con esa sensación apabullante que comprimía mi estómago, que me hacía sentir tan deprimido, algo le faltaba a mi vida, hacer las cosas de mejor forma. Quizá si nadie hubiera sabido mis gustos, si nunca hubiera sido descubierto por Masaki todo sería distinto y no tendría que despedirme de papá. Mis ojos se llenaron de lágrimas otra vez de pensar en su destino, había tantas cosas que debía decirle. Yo agradecía que aunque nunca me aceptara eso, también en cierto lugar, en ciertos momentos podíamos conectar, hablar un poco, ya fuera del clima, de mis estudios. Siempre lo miré distante, trabajando, como si me hiciera falta y jamás se lo dije, tenía esa extraña piedra en mi garganta que era nuestra falta de comunicación, yo debí decirle tantas veces lo mucho que lo apreciaba.

Papá… ¿por qué tenía que irse sin que hubiera dicho tantas veces que lo quería? Pude haberlo abrazado en demasiadas ocasiones, todas las mismas que necesitaba confort y que jamás llegó de él o de nadie.

— Morinaga… — Su voz y una de sus manos que pasó por mi cabello acariciando. De pronto un leve golpe en mi cabeza. — No debes ponerte así. ¿No te parece malo que entres a ver un enfermo haciéndole sentir mal en su condición? Intenta calmarte que es necesario hablar, debes decirle todo eso que piensas, no llorar y llorar. Yo estaré ahí, vamos…

Me sentía tan infantil a su lado, siempre prudente, calmado, era esa parte que yo necesitaba para mesurar mis reacciones. Ni siquiera recordé que él, era ella y que estaba encinta hasta que salí del vehículo y sempai tardó un poco mientras se tocaba la espalda baja.

— ¿Te encuentras bien?

— Yo estoy bien, sólo me duele la espalda por la tensión.

— No has descansado y yo sólo he sido egoísta, no he pensado en mi bebé y en ti. Lo lamento tanto.

— No digas eso, hay cosas que ameritan ser egoísta, así que vamos, descansaré después, soy fuerte y el bebé es fuerte también como su padre.

Sempai podía decir cosas tan lindas en ocasiones, y sobre todo en esta me demostraba que si él podía ser fuerte por los dos, yo debía enfrentar las palabras de despedida, debía decirle tantas cosas a papá. Y sonreí, no porque la tristeza se hubiese marchado, sino a razón de que yo vería a papá para contarle que gracias a él yo había nacido y era feliz pues formaría una familia. Me volvería papá y como él sentiría una necesidad de velar por una pequeña parte mía, aunque no buscaría que mi hijo fuera a mi imagen…

Caminamos hasta el lugar, de pronto una mano sujetó la mía, era sempai que me hacía saber que podía contar con él. Tocamos a la puerta y mamá salió para verme y sonrió apenas.

— Tetsu… yo…

— No tienes que decirlo mamá, entiendo.

Ella me abrazó y me dijo en el hombro:

— Nunca me olvidé de ti, me hacía falta mi pequeño que me ayudaba en la cocina. Y cuando te fuiste, yo lamenté no poder decirte que no quería que te fueras pero temía que eso te alentaría a seguir el mal camino. Lo siento mucho, nunca imaginé que se podía ser feliz así… luego tu papá …

Su voz se cortó como a medias, y escuché sollozos mientras que acaricié su espalda con suavidad.

— No te disculpes mamá, yo debí explicar muchas cosas… Nunca quise ser así…

Mi llanto fue casi irresistible al escucharla decir aquello y se separó de mí con sus ojos enrojecidos diciendo:

— No digas eso, sabes… me alegra que ocurriera porque has conocido a esta persona que me ha hecho entender tantas cosas. Has elegido bien, tienes una pareja que es todo lo que siempre desee para ti, además me darán un nieto y es una bendición que no podría rechazar. Señorita Tatsumi… digo joven Tatsumi, le doy la bienvenida a la familia, gracias por cuidar de mi hijo como yo no supe hacerlo.

Abrí mis ojos en sorpresa, al tiempo que sempai sonrió levemente cuando mamá lo estrechó con efusividad.

— Suki… — Escuché la voz de papá llamando a mamá al fondo de la habitación pues nos encontrábamos en la entrada.

Sentí algo de pánico, entender que papá estaba enfermo y enfrentarme a tantas cosas, decirle tanto. Sobre todo me urgía disculparme, no podría cargar con eso en mi conciencia, aunque lo que pensé mientras mamá entró, era en escapar viendo la habitación hacerse larga enorme y al fondo la cama con los tubos y monitores. De pronto, parado a mi lado estaba sempai, del que se asomaba su pancita tan adorable y si él estaba ahí para mí, no escaparía. Tenía que hacer las cosas adecuadamente, demostrarle que yo era un buen padre para nuestro bebé. Instintivamente busqué su mano y no me rechazó, la sujetó entrelazando nuestros dedos mientras caminamos cerca de papá pero no demasiado pues tenía miedo de sus palabras.

— Papá…

— Espera un segundo Tetsuhiro. — Me interrumpió papá. — Tu… Tatsumi-san me ha explicado algunas cosas. ¿Es cierto todo eso? ¿Tienes un buen empleo? ¿Y has vivido de forma honorable? ¿Y… eres feliz con esa vida que has elegido?

Solté la mano de sempai y me agaché al suelo para decir sin levantar la cara:

— Padre, me he guiado conforme a los designios de mi corazón. Me he esforzado en cada cosa que he querido obtener, hasta conseguirla. He amado profundamente y entregué cada aliento a lograr mis metas con fervor. Y de todas formas lamento tanto haber sido una mala persona, pues el día de ayer he sido malagradecido con usted y con mamá. No merezco su bendición, ni sus palabras, pues esas respuestas que usted busca, quizá puedan complacerlo en parte, ya que tengo un empleo muy bien pagado, siempre me he guiado conforme a los preceptos de rectitud, con excepción de aquello que usted no aprueba. Pero… — Entonces me levanté del suelo para mirarlo y decir: — Eso último no lo lamento, porque lo conocí a él que es mi mundo, que inspira esa fuerza con la que lo puedo todo. Y así es papá, no podría ser más feliz.

Me quedé mudo unos instantes esperando escuchar su respuesta. Papá aclaró un poco su garganta e hizo una especie de negativa con un breve resoplido.

— Ya lo sabía, lo supe cuando te vi en tu casa con Tatsumi-san. Ha sabido darte lo mismo que Suki, tu madre me ha dado a mí, has venido aquí a sabiendas de mi estado y has sido sincero. No escapaste, no agachaste la cabeza más que para reconocer tu error y me alegro por ello. Estoy orgulloso de ti Tetsuhiro, yo lamento haber dicho esas cosas aquella vez, sin duda lo comprenderás cuando nazca tu hijo, porque vas a imaginar sueños que no se cumplirán y esa personita será independiente a tus deseos.

Yo era un mar de lágrimas, me aproximé hasta papá para abrazarlo ahí en esa cama de hospital, tan frágil. Una de sus manos acarició mi espalda mientras seguí disculpándome:

— Papá lo lamento… yo estoy feliz de haber sido su hijo, siento no haberle dicho tantas veces que lo quería y haberle decepcionado, yo quería ser alguien que usted se sintiera orgulloso de llamar hijo… yo…

— Descuida, creo que la perspectiva es distinta cuando el tiempo es poco y esa pareja tuya me ha hecho entenderlo. No quiero marcharme dejándote creer que no me sentía bien de ser tu padre. Siempre ibas a ser mi hijo, sé que fui muy duro pero tenía miedo de tantas cosas, supuse que eso era algo que debías quitarte de la cabeza. Es tan raro, no entiendo por qué tú y tu hermano debían ser así… pero ya no importa.

— Gracias papá… te quiero… de verdad discúlpame por haber sido grosero… no sabía… no escuché, ni vi más allá de mi nariz.

— Ya, ya hijo, cálmate que eres un hombre y que el enfermo soy yo.

— Perdón padre. — Me separé para mirarlo y mamá estaba emocionada muy cerca de mí. De pronto volvió a hablar papá que también parecía emotivo, con ese rostro extraño que jamás vi en él, sus ojos un tanto vidriosos y había dibujado una leve sonrisa de ese gesto adusto que solía portar todo el tiempo, el mismo que ahora lucía cansado. Su voz volvió a resonar en la habitación:

— Tatsumi-san, ¿dígame cuándo nacerá mi nieto?... Ese bebé me recuerda a algo que yo solía pensar al casarme con la madre de Tetsuhiro. Tuve un sueño de que mi primer hijo sería una niña que traía cargada mientras la luna de verano brillaba en lo alto… Natsuki, ese nombre llevaría, pues así sería la luna más grande, digna de admirarse y en lo alto para hacerme sentir su fulgor. Luego lo olvidé al tenerlos a ti y a Kunihiro, pero quizá ese sueño mío se refería a mi nieta.

— Lo tendré en cuenta señor Morinaga, pero todavía no sabemos qué será el bebé. Y nacerá justamente en verano, faltan tres meses todavía, así que debe recuperarse para conocer a su nieto. — Respondió sempai con seriedad.

— Gracias Tatsumi-san, quisiera quedarme créame.

— No lo sabes papá, nadie sabe cuándo llegará el momento. Pero hablemos de otra cosa, tengo tanto que contarte y descuida, no hablaré de cosas incómodas o que te molesten.

— Yo quiero saber cómo es que conociste a Tatsumi-san, parece ser alguien muy complicado.

Sempai negó moviendo la cabeza y salió con mamá mientras que yo le conté a papá sobre él y la universidad. Tantas cosas como mi maestría, el trabajo, el acosador y mi soledad escapó a mis pensamientos, la cual pareció comprender. Papá se disculpó por aquello, por aventarme al mundo solitario y que yo pudiera sentir tantas cosas negativas, entonces le conté sobre Masaki y entendió todavía más sobre mí. Me regañó por no haberlo dicho pero reconoció que estaba orgulloso de mí por haber sido capaz de soportar una pena que no me correspondía como todo un hombre. Así fue que un par de horas se fueron a prisa hasta que mamá entró con mi hermano. Me imaginé que debía hablar con él a solas y al levantarme me detuvo:

— Tetsuhiro tú también quédate un poco. — Suspiré al notar el ambiente tenso, observando a la entrada a mamá salir nuevamente. Entonces continuó papá: — Lo que voy a decir es para ambos… estaba enfadado por haberme dado dos hijos así, no voy a negar todo ahora, me resulta desagradable es cierto, pero como dijo Tatsumi-san lo que hagan tras los muros no me incumbe, yo no soy quien hace alguna cosa así, son ustedes. Menos ahora, no soy perfecto tampoco, mis únicos hijos los alejé siendo que yo quería compartir el tiempo que nunca tuve. No puedo resarcir mi falta de tiempo, yo quería un día jugar con mis nietos y terminé por quedarme sin hijos. Saben que lamenté tanto no tenerlos cerca cuando me retiré… y ahora que seré abuelo, no podré disfrutarlo tampoco. Pero así es el destino, aprendan de mis errores y no los repitan.

Papá nos pidió vigilar la compañía Morinaga que daba ganancias bastante buenas y luego salí para dejarle a solas con Kunihiro. Justamente deseaba quedarse con papá, esa noche que caía lentamente sobre nosotros.

Afuera, Mamá se veía cansada, junto con sempai que parecía bostezar y sujetar su espalda en repetidas ocasiones. Así que fuimos a nuestra casa e instalamos a mamá en la habitación que ahora decorábamos lentamente para el bebé. Estaba la vieja cama individual de sempai, junto con la cuna y las paredes en colores pastel con dibujos que había hecho yo a lápiz y que sempai pintaba paulatinamente conforme los días pasaban.

Sempai se durmió en cuanto llegamos, se recostó cansada luego de lavar sus dientes. Mamá al contrario, a pesar de tener ojeras, no parecía tener sueño. La topé en la cocina sirviendo más té y le ofrecí mi compañía para hablar de muchas cosas, así que ella preguntó lo mismo que papá, sobre sempai. Supongo que a ambos les resultaba tan raro que yo estuviera con una mujer que era un hombre cuando la conocí. Además de que pidió saber cosas románticas, no parecía asqueada al escuchar que estaba enamorado de su sonrisa que aparecía con los postres, de su ceño fruncido, de sus desplantes y de su forma detallista de ser en sus labores. Preguntó si era lo mismo el estar con ella como mujer que como hombre y sólo respondí que algunas cosas eran totalmente distintas, incluso el tacto parecía ser algo diferente, la piel femenina era más suave por el tipo de hormonas que la conformaban.

Mamá me contó sobre sus vidas, y también acerca de Kunihiro, que un par de años atrás había llegado a casa, a presentarles a Masaki como su esposo aunque no tuvieran nupcias. Ella se preguntó si todo eso era algo como una maldición, dos hijos con esos gustos y que le parecía malo en muchos sentidos, si la vida ya tiene complicaciones ahora sus únicos hijos llevaban esa carga. No obstante, a diferencia de papá, ella se percató que sin importar lo que eligiéramos lo importante es que no nos tenía cerca y eso la hacía sentir tan solitaria. Mamá había sido quien había traído a papá a mi puerta aquella vez, con tal de conciliar de cierta forma.

La noche se hizo extraña, un tanto pesada cuando le expliqué muchas cosas sobre la naturaleza homosexual y que yo jamás elegí ese camino por cuenta propia, sino que la genética tenía mucho que ver con ello. A pesar de todo, comprendió que la felicidad que Sempai me daba, era algo que siempre deseó para mí, sin olvidar que el pasar horas charlando con Souichi, la hizo conocerlo un poco, y sentir ese corazón que yo adoraba, el cual parecía ser más blando desde que nuestro bebé crecía en su interior.

Algo tarde marchamos a descansar, me recosté y enseguida abracé ese cuerpo que suspiró al percibir mi calor. La sensación de preocupación se perdió al tenerlo ahí y acariciar su vientre, se podía ser tan feliz de imaginar el futuro.

Muy temprano, ya estábamos listos en el hospital para cuidar de papá, cuando apareció prácticamente corriendo Masaki y saludó de inmediato:

— Buenos días señora Morinaga, Tetsuhiro y…

— Buenos días Masaki, justamente nos dirigimos a intercambiar con Kunihiro. — Respondió mamá asombrando a Masaki que se había quedado a unos pasos de distancia de nosotros.

Extendió su mano hacía él, que no dejó de abrir los ojos, quizá por su última reacción cuando fue presentado como pareja oficial. Sempai que venía vestido como una chica, con su bata de embarazada, caminó a mi lado. Los ojos de Masaki venían nerviosos dirigidos al suelo, sin duda puesto que venía al lado de mamá, seguramente temía que le fuera dicho algo desagradable que ella no le diría, menos luego de nuestra charla nocturna, en donde supe que las cosas que me habían herido años atrás, venían del desconocimiento, del temor por lo distinto. Algo que mamá aprendió a aceptar mucho más al conocer a sempai, que por alguna razón parecía estar a gusto a su lado.

Llegamos a la habitación, en la que Kunihiro leía un libro sentado cerca de papá que dormía profundamente. Sus ojos se abrieron más, aunque lucían cansados y se levantó a casi abrazar a Masaki que le extendió su mano.

— Buenos días Kunihiro. Lamento haber tardado tanto, tenía que ordenar algunas cosas en el trabajo para poder pedir unos días. — Le dijo a mi hermano, mientras que mamá sonrió.

— Descuida Masaki, yo tengo que disculparme contigo y con Kunihiro por nuestra actitud aquella vez. Y te doy la bienvenida a nuestra familia, que cada día parece más grande. No puedo esperar a que nazca mi nieto.

Acercó su mano al vientre de sempai y le dirigió una mirada feliz a él.

— ¡Bebé! — Exclamaron sorprendidos Kunihiro y Masaki.

En realidad no sabía dónde ocultarme, no es que me avergonzara ser padre, pero solía ser gay. Y el que todos supieran que una mujer iba a dar a luz a mi hijo, siendo con ella una pareja normal, me incomodó.

— ¿Tetsuhiro, entonces tú de verdad cambiaste tus gustos?— Preguntó Masaki.

Sempai se agarró la frente mientras yo balbuceaba. De pronto la voz tenue pero firme se escuchó:

— ¿De verdad les importa?... Tatsumi-san es mi yerno, sólo que volverá a ser como era hasta que nazca mi nieta. — Explicó papá.

— ¿Tatsumi? — Observaron a sempai, Kunihiro y Masaki.

— ¡Que rayos miran! — Gritó sempai.

— ¿Eres el sempai de Morinaga? — Preguntó Kunihiro.

— ¿Entonces eras una chica? — Intrigado cuestionó Masaki.

— ¡Basta ya! — Gritó Souichi, caminando a la puerta, mientras le dije:

— Permíteme explicar sempai, no te enfades que le hace daño al bebé.

— ¡Yo me largo! — Exclamó enojado sin detenerse.

Entonces mamá con preocupación nos hizo señas de que se marcharía con sempai, al tiempo que le dijo mientras salía:

— No te preocupes, iré contigo, vamos a comprar un pastel Souichi-san, hay una pastelería cerca, ¿qué dices?

La puerta se cerró mientras un par de incrédulos me cuestionaron. Afortunadamente papá les hizo ver que era algo muy tonto preguntar cosas así, ya que si él estaba dispuesto a no juzgarlos por tener una relación homosexual, tampoco debían juzgarme por cambiar de parecer, fuera temporalmente o de forma permanente.

Me alegré que finalmente, papá pudiera hacerme sentir de verdad feliz de ser de su familia. Había defendido mi punto, y sobre todo me salvó de explicar tantas cosas. Sólo supieron el problema con la máquina y que todo volvería a ser normal cuando naciera el bebé.

Esa noche, yo me quedé a cuidar a papá, tenía la ilusión de que se recuperaría, a pesar de los diagnósticos, quería ganarle al tiempo las heridas de guerra, todas las que había sufrido por no poder tener más tiempo con papá. Si algo le ocurría, noté que iba a extrañarle mucho.

Desmitifiqué su figura implacable a lo largo de la noche, él no podía dormir mucho, nunca durmió demasiado. Solía decir tantas veces que el dormir era perder el tiempo, así que charlamos y nos entendimos como un par de hombres. Supe de su boca la primera vez que me vio, cuando una enfermera me pasó a sus brazos y su frase:

— Mi pequeño Tetsu, travieso.

Solía decirlo a menudo pues el parto de mamá se adelantó conmigo, porque venía más grande de lo que Kunihiro y solía patear mucho a mamá. Saber esa y tantas cosas de mi nacimiento, me hicieron notar que de verdad había sido tan amado. Todas esas horas en que me convencí de ser un paria, eran en realidad una visión distorsionada creada en momentos de enfado.

Por la mañana, todos vinieron a recogerme. Mamá había cuidado de sempai y parecía bastante tranquilo ese día. El problema se suscitó esa tarde, mientras me tocaba volver a descansar a casa, una llamada nos hizo regresar a sempai y a mí. Al volver, mamá lloraba, Kunihiro abrazado de Masaki no podía hablar, entendí con la explicación de la enfermera, que un paro había terminado con el sufrimiento de papá.

En realidad no sabía que sentir, estaba pasmado, no podía creer que ese hombre con el que había pasado la noche charlando ya no estuviera más. Su cuerpo yacía en la cama tapado con una sábana. Mis piernas pesadas, mi cuerpo que tenía esta asfixia, esa sensación recurrente que me molestaba, que me apabullaba. No me fijé en qué momento estaba cerca de su cama tomando su fría mano.

— Papá…

A mi espalda algo me trajo de vuelta, la sensación de calidez del vientre abultado que se apretaba contra mí. No era verdad… papá se había ido y justo ahí recordé su leve sonrisa. Me giré abrazando a mi pareja, porque sempai no era sólo un amante, era el compañero de mi vida, no importaba su forma, no importaba en realidad los estigmas que atañen a los géneros, yo le amaba. Quería ser eso que papá me había dicho se imaginó volverse con sus nietos, pues me contó quería verlos crecer, ir a todas sus presentaciones en la escuela como nunca pudo estar en las mías, mientras la compañía Morinaga estaba saliendo a flote. No lo culpé, comprendí tantas cosas esa noche en que nos despedimos.

Sólo así un funeral, el funeral de papá en Fukuoka que terminó demasiado a prisa. Despedirnos, ser abrazados por la familia, recibir el pésame de esas personas a las que les importó mi padre, aquellos que nos acompañaron en nuestro dolor. Muchos de ellos gente de la empresa, quizá como obligación, quizá como personas que le habían conocido mejor que yo y que mamá.

Sempai no se separó un segundo de mi lado, un viaje largo a Fukuoka y ni un segundo se quejó o antepuso sus necesidades. Mamá parecía un muerto viviente, no hablaba, no se movía, yo quería desmoronarme pero debía ser fuerte para los demás y aun así tenía casi todo el tiempo a sempai tomando mi mano, frotando mi espalda. No sé cómo pero se encargó de hacer sentir mejor a mamá. Poseía dentro de si esa sensibilidad que se expresaba en acciones, no decía palabras, sólo estaba ahí confortando. Trajo comida para todos, nos forzó a comer luego del funeral, ahí donde te preguntas ¿qué sigue? Despedirse de esa persona a la que aprecias, a la que crees inmortal cuando a tierna edad le conoces, sin embargo pesa saber y entender que se ha ido finalmente. El consuelo de quienes lo vieron sufrir no es suficiente, de todas formas ese vacío te comprime el corazón.

Por la noche en la fría y enorme casa Morinaga, observé a sempai sentarse un poco en el sofá de la sala, mamá que estaba sentada frente a él, miraba el reloj en la pared absorta en su dolor. Yo charlaba con Kunihiro hasta que la vi pararse a acariciar el rostro de sempai y decir:

— Tetsu, lleva a descansar a Souichi a una de la habitaciones, es malo para ella estar tanto tiempo sin descansar.

Fue a la cocina y tomó un poco de té mientras me levanté a moverlo un poco:

— Sempai… — Y retiré sus cabellos del rostro hermoso que él poseía, le di un pequeño beso que se sentía tan relajante luego de todo el día.

Abrió sus ojos y mamá se aproximó hasta nosotros.

— Souichi, debes beber un poco de té, les hará bien. El embarazo te exige más de todo. ¿Comiste bien?

— Si señora, no se preocupe, creo que sólo tengo sueño. — Respondió un poco adormilado.

— ¿Quieres que te lleve arriba? — Pregunté observando su rostro con el ceño fruncido.

— No te atrevas a cargarme o te arrancaré los brazos…

— Descuida, sólo lo decía para indicarte la habitación que usaremos.

— Creo que debe comer un poco de avena para irse con algo en el estómago a dormir. — interrumpió mamá. — Y nos trajeron fruta y comida los vecinos, así que come por favor, por mi nieto.

Sempai bostezó y se levantó hasta la cocina, donde mamá picó una sandía, melón y plátano. También le sirvió un plato de avena y se sentó a su lado.

— Cuando Kunihiro estaba dentro de mí, no podía comer más que fruta. — Sonrió mamá al decirlo.

— ¿Cómo fue con Morina… Tetsuhiro? — Preguntó sempai, al tiempo que me aproximé hasta ellas y me senté a escuchar las historias de mamá.

Veinte minutos después, sempai había terminado la fruta y su avena, ahora si lucía como si fuese a colgar la cabeza al plato. Aunque intentaba abrir sus ojos para escuchar lo que mamá narraba emocionada.

— Después te diré que hizo Tetsu cuando lo descubrí saltando la cuna. Ahora debes descansar. — Expresó mamá acariciando el rostro de sempai que extrañamente se emocionaba cuando ella tenía gestos maternales.

Llevé a sempai hasta una de las habitaciones y nos recostamos juntos, me sentí tan protegido al abrazarlo. Todo lo malo del día se disolvió cuando él me besó mientras se quedaba dormido de lado, recargado en mi brazo y con su pierna sobre las mías. Era la única forma en la que su vientre le dejaba relajarse completamente, si me usaba como almohada. Así que suspiré, pensando en mamá, me preocupaba dejarla aquí en Fukuoka, solitaria, sin papá…

Me levanté muy temprano, no podía dormir demasiado de pensar en tantas cosas, me preocupaba mamá, ¿qué haría sin papá? Entonces supuse que debía traerla conmigo. Lo iba a cuestionar cuando la miré aparecer, mientras ponía café para el desayuno y picaba un poco de la fruta que había quedado del día anterior. Ella venía de la calle con provisiones.

— Nos hace falta una buena comida, más a Souichi que no ha comido adecuadamente.

Así que ambos hicimos algo especial, una comida casera para todos y nos sentamos a la mesa cuando bajaron Masaki, Kunihiro y sempai. Él parecía adormilado, aseado y parecía morir de hambre pues no espero nada para tomar un plato. Mamá le sirvió y le entregó un té sentándose a su lado en la mesa.

Mientras la comida pasaba por mi garganta Kunihiro interrumpió el silencio.

— Mamá, quiero que vengas conmigo a Tokio con Masaki, no puedo dejarte aquí sola.

— No es necesario, aquí tengo mis recuerdos. No tienen que cargar conmigo pues no soy una cosa que heredan. Lo mismo va para ti Tetsu, ustedes apenas empiezan a vivir como pareja, lo menos que requieren es una anciana en un rincón de sus casas. Puedo valerme por mi misma y si lo requiero contrataré un enfermero o enfermera. Y alguien para la limpieza.

Nadie contradijo a mamá, ella había sido clara y firme en sus palabras, de todas formas era una cuestión que me angustiaba. Tantas personas solían decir que una vez que uno de sus padres fallecía, el otro solía entrar en depresión.

Ese día resultó extraño, mamá parecía mimar a sempai demasiado. Salieron juntas a caminar por sugerencia de mamá que quería mostrarle algunas cosas de la cuidad. Desafortunadamente aunque quería acompañarlos, Kunihiro y yo debíamos revisar los papeles de la compañía. El testamento nos había sido dado por el abogado de papá, justamente el mismo día del funeral, con tal de facilitarnos las cosas y teníamos que verificar que todo estuviera en regla. Ninguno de nosotros deseaba un dinero que venía con la muerte de papá, pero tampoco queríamos que el trabajo de su vida se perdiera. De modo que junto con Masaki revisamos un sinfín de papeles en las oficinas y tomamos algunas copias. Descubrimos que mamá se había hecho cargo de todo y podría seguir haciéndolo.

Al llegar a casa por la tarde, mamá y sempai todavía no habían vuelto, aunque quizá habían vuelto a salir, razón por la que preparé la cena para todos, esa misma noche debíamos volver a Nagoya pues tenía que trabajar.

Una vez que estaba todo en el fuego, aparecieron sempai y mamá con muchas bolsas. Más que nada regalos para el bebé, zapatitos, pañales, mamilas, cosas que comenzábamos a acumular en casa. Además de que traía un cambio de ropa nuevo cada una. Me causó mucha gracia que mamá le hubiera comprado un par de pantalones de maternidad que se veían masculinos, los cuales hacían sentir menos incómodo a sempai e incluso a mí. Si usaba la imaginación podía pensar que sólo estaba algo gordito. Además de todo, habían traído postres.

Kunihiro y Masaki me ayudaron a poner la mesa mientras que mamá y sempai se sentaron en ella, se notaba que habían caminado mucho pues Souichi reflejaba su cansancio.

La cena parecía discurrir entre los comentarios nuestros, sobre el rendimiento de las acciones y las ganancias que mamá manejaba. Ella estaba completamente al tanto de todo.

— Veo que podrás manejar todo perfectamente mamá. — Expresó Kunihiro.

— Ustedes dos tendrán que venir de vez en cuando aquí para revisar que todo siga bien. Yo iré a Nagoya unos meses.

— ¡Qué! — Se escuchó la duda en labios de Masaki Kunihiro y yo.

.

Souichi Tatsumi

Esa señora me hacía sentir tanta añoranza, mucho más sus cálidos brazos que me rodearon en un abrazo.

Decir una noticia de ese tipo no era fácil, mucho menos simple. ¿Cómo decirle a alguien como Morinaga una cosa así? Nadie seguramente está listo para recibir una noticia de ese tipo. Sin embargo, era urgente que yo le dijera, el tiempo apremiaba en cuestiones de ese estilo. Así que al llamarlo, solíamos conocernos tan bien que de inmediato supo que algo andaba mal. Pero jamás se imaginó que yo pudiera decirle aquello. La culpa, el pesar lo enmudeció, luego de negar mis palabras. Entonces continué:

— Debemos llamar a tu hermano mayor, tu padre necesita verlos a ambos y…

De pronto lo observé, no hacía un solo movimiento y sólo veía al frente. Toqué su hombro sin recibir una respuesta hasta que lo moví con fuerza.

Demasiado fue aquello para su blando corazón, solía apoyarme en él últimamente con estos problemas, desde que estaba encinta y verlo así me dolía, llevarlo a ver a un ser querido que se despide, fue sin duda doloroso. Nadie quiere ver a su propio padre en ese estado. Todo eso me traía viejos recuerdos, mamá y la forma en la que yo había entrado a despedirme. Por mi edad no estaba permitido, a pesar de ello por su deteriorada salud y sus súplicas, me permitieron escuchar sus últimas palabras, las cuales en resumidas cuentas pedían por mi felicidad.

Así que la estúpida sensibilidad, me hacía decirle tanto y percibí inquieto al bebé con tanta preocupación que recibía desde mí. Así que me tranquilicé y respiré profundo, pero abrazarle y tenerlo así me causaba demasiada ansiedad. Sus lágrimas me hicieron retomar el control, solía ser siempre yo el que guiaba nuestros caminos, sin embargo, desde que mi estado se había vuelto tan confuso, Morinaga había tomado el control que ahora yo debía retomar con tal de darle apoyo. De esa forma nos fuimos al hospital, comprendí tantas cosas que de absurdas se hacían tan substanciales, sujeté su mano y sentí esa angustia. Jamás en toda la vida hubiera hecho algo como eso, de no ser porque ahora comprendía algunas cosas más importantes, algo que me traía esa vida que crecía en mí, ¡qué más daba mi tonto orgullo!

Así fue que observé aquello que tranquilizó un poco mi ansiedad, la señora Morinaga había dado una disculpa, a él y a mí, junto con su bendición. No sabía realmente cómo sentirme, de un momento a otro la vida me había traído a un camino completamente desconocido, como una mujer primero, luego como madre, y finalmente ahora era también un miembro de la familia suya y esa mujer Morinaga Suki, tan maternal me recordaba a mi madre Hana. En aquella entrada intenté darle valor, así que entré junto con él, aunque sabía que todo saldría perfectamente, por nuestra charla previa.

De pronto Morinaga y su padre se entendieron, así que la señora y yo salimos de ahí. Sentí una patada del bebé y acaricié esa zona sonriendo, ese pequeño solía traerme de mis abstracciones.

— Te exigen comida ¿verdad? — Preguntó la señora Suki.

— ¿Cómo lo supo?

— He traído a dos niños a este mundo y créeme, son bastante exigentes, sienten tus emociones y saben mejor que uno mismo las necesidades más básicas como el frío, calor y el hambre. Vamos a comer algo y dejemos que ellos se entiendan. ¿Me acompañas?

Asentí sorprendido, esa mujer de verdad sabía muchas cosas sobre los embarazos. Durante la comida me dio algunos consejos para poder descansar adecuadamente, y algunos más para que mis nauseas desaparecieran. Todas cosas que no estaban en los libros. Por alguna razón ella me recordaba a mamá, con esas ojeras de cansancio y que a pesar de ellas podía sonreírme. Esa misma sonrisa que Morinaga tiene me hacía confiar en ella. Mi espalda comenzaba a molestar, así que nos sentamos en el auto a charlar, ahí recliné el asiento con tal de sentirme más cómodo y ella me sugirió poner algo bajo me espalda y oh sorpresa justo como acomodó su suéter me hizo sentir tan relajado. Al poco rato el teléfono de la señora sonó, era el hermano de Morinaga que fue llevado por ella hasta la habitación, yo aguardé en el auto un poco, pues me sentía cada minuto más agotado.

Pero tenía preocupación, no sabía si él se quedaría a cuidar de su padre o quién, de modo que regresé al hospital para verlo salir e irnos con la señora hasta nuestra casa.

En poco tiempo, mi cabeza tocó la almohada y me dormí, para despertar con ese suave calor que tanto me gustaba, sujeto a mi espalda tan agradablemente. Ese empalagoso hombre podía hacerme sentir tranquilo, no sólo a mí, al pequeño bebé que se calmaba al escuchar su voz, solía cantarle una canción de cierto anime, la canción de la medusa.

Así que esa mañana nos levantamos para partir apresurados hasta el hospital, debíamos recoger al hermano de Morinaga para que durmiera un rato. La señora Morinaga me ayudó a cepillar mi cabello cuando me vio salir de la ducha, ¿cómo decirle que no? Esa mujer parecía estar hecha de la misma cosa que su empalagoso hijo. No me permitió mover ni una taza, me acomodó en el sillón y me trajo las cosas, al tiempo que su hijo de cabello azul se duchaba. De pronto tenía en la mano el té de jengibre, con mi platillo favorito. Me pregunté en qué momento le comenté aquello a la mujer, o que sorprendentemente era mucho más hábil que su hijo pues el platillo estaba increíble.

Mi segundo plato y de pronto apareció él duchado. Su aroma me atrajo, sin duda un par de días sin sentir su toque eran suficientes para que en este extraño estado me sintiera de esa desagradable forma. Ese bebé jugaba con mi cabeza, me volvía un loco, más que otra cosa deseaba tanto probar sus labios, aunque jamás diría una cosa de ese estilo, menos con la señora Suki cerca.

— ¡Mamá, te has lucido! Ese platillo huele delicioso. Además es el favorito de sempai.

Entusiasmado se sentó a mi lado con su plato de comida y nos apresuramos para partir al lugar, de verdad que fue tan extraño tener dos Morinagas para cuidar de mí, mamá e hijo. No pude evitar preguntarme si mi bebé sería como ellos, tan tranquilas personas distintas a mí.

Llegamos esa mañana justamente a tiempo para toparnos con ese tipo, el ex novio de Morinaga, sin duda parecía ser el mismo arrogante, egoísta y molesto. Sólo que en esta ocasión su mirada tímida al saludar a la señora Suki que lo recibió bien. Si supiera que su egoísmo había orillado a su hijo a sufrir el desprecio de su propia familia…

La cosa más desagradable era ser exhibido como rata de laboratorio, vaya que decirle a todo mundo sobre mi estado, me había irritado demasiado. Sólo porque esa señora había sido amable me contuve, y sobre todo por la situación, tenía ganas de mandar a todos al infierno. Pero respiré profundo e intenté escapar de ella que me siguió de cerca y me detuvo:

— Espera un segundo Souichi.

— ¿Qué es lo que quiere señora?

— Bueno, me disculpo por lo ocurrido, en realidad no entiendo bien la razón para esconder su relación o su estado. Pero sabe que para mí es una noticia maravillosa. Yo lamento ser una molestia para usted.

Esa mujer… la misma mirada, el chantaje de Morinaga y claro la dulce paz como la de mamá. ¿Cómo podía enojarme con ella?

— ¡Cómo sea! ¿Dónde dijo que estaba la pastelería?

— Es una sucursal de una pastelería que adoro de Kyushu. En el celular he encontrado que está a unas cuadras. Cuando supe que amabas el pastel, pensé que debías probar esos.

— En realidad no me gustan las cosas dulces… no me gustaban hasta que este niño me las exige.

Caminamos algunas cuadras a donde su celular indicaba y tenía razón esa mujer, ¡Por dios! El pastel más increíble que hubiera comido. Nos sentamos en un parque cercano donde sin notarlo me comí mi rebanada y la de la señora Suki. De pronto el bebé empezó a patear de manera incómoda. Quizá era el pastel o mi enfado en el hospital, pero se sentía demasiado raro.

— Ese bebé tiene calor. — Dijo la mujer.

— ¿Calor?

— Si, por eso está pateando ¿no? Es que pusiste la barriga al sol y debe estar muy caliente ahí dentro. — Acarició mi vientre y sonrió: — Mira le ha dado el sol mientras comías y está caliente.

La señora se levantó y trajo un raspado en bolsa, de un negocio ambulante que estaba en el parque y lo colocó sobre mi vientre mientras que me puse a la sombra.

Un par de minutos bastaron para que la sensación del bebé que se movía inquieto se relajara.

— Ya se ha calmado mi nieto, sin duda es como su padre, el solía ser bastante inquieto, incluso nació antes por eso, los médicos solían decir que podría enredarse con el cordón si se movía mucho cuando tenía poco más de ocho meses.

— ¿Cómo es que sabe lo que siento?

— Es muy fácil, para empezar está la experiencia y en segundo lugar eres bastante seria, así que algo que te incomoda te hace cambiar tu rostro de inmediato.

Volvimos al hospital y ella se quedó todo el día a cuidar de su esposo, mientras que el idiota de Morinaga les ofreció invitarlos a comer a su hermano y el tipo ese. Al llegar a casa, no pretendí ser hospitalario, sólo me encerré en la habitación, detestaba escuchar sus preguntas, no merecían mis explicaciones, ni quería darlas. Así que comí a solas pues me trajo a la recámara todo. Escuché su frase idiota:

— No te enfades sempai, le hace daño al bebé. — Y esta vez tuve muchas ganas de lanzarle un plato a la cara.

Finalmente se fueron luego de la comida, y Morinaga me llevó consigo al hospital, de modo que regresé a casa al lado de Suki. Esa noche estaba muy callada, parecía preocupada y por lo que había visto, ella solía ser como Morinaga, siempre hablando. Deseaba distraerla, así que hice algunas preguntas de la maternidad, cosas que yo había leído, sólo para escuchar su voz. Eso hasta que me fui a dormir, pero me hacía falta él para poder descansar, había detalles que resultaban agradables de tenerlo. Su arrullo, lo cómodo que era recargarme en él para dormir y el sonido de su voz que parecía interminable.

Esa mañana no esperé que todo sucedería de esa forma, pero la vida siempre es un ciclo interminable del que estamos seguros, no del amor, sino de nuestra condición finita. Su padre había fallecido, yo lo había visto los días anteriores, el deterioro y el dolor a pesar de los medicamentos. No obstante, el señor intentaba parecer ecuánime, tranquilo. Claro, era valiente y lo hacía con tal de que su familia no supiera. Pero yo lo veía en su mirar, en la voz que salía de él, cansada y las máquinas a las que estaba conectado. No quería tener razón en aquello, aunque era inminente debido al diagnóstico.

Así que esa misma tarde estábamos en un avión con los restos para los servicios. Tantas personas hipócritas ahí, parecían más interesados en parecer serviles a esa familia por su negocio, que realmente lamentar la pérdida. La señora Suki estaba desconsolada al igual que Morinaga, ellos se abrazaron de mí, sentí sus lágrimas y mi bebé las sintió conmigo. Ahí estaba yo, intentado animarlos un poco con lo que pude. Les traje de comer, mientras que muchas cosas acontecían. No pudieron rehusar mi invitación por mi estado, así que me alegré ser de utilidad. Y cada vez que los brazos de Morinaga o de Suki me envolvieron, yo correspondí intentando aliviar ese pesar en sus ojos. El mismo que yo también presentaba, porque su dolor era tan tangible que dolía en mí. Y ver ese cuerpo inerte me hacía malas pasadas, para mi cabeza tantas veces fue un sueño recurrente. Tocar la mano de mamá y besar su frente llorando. Parecía dormida, y yo quise pensar que podría despertar, así que le susurré un par de veces al oído: «Despierta mami» Algo que la tía notó de inmediato, siempre ahí para cuidarnos. Las lágrimas me acompañaron y los acompañaron a ellos en su dolor, en el mismo mío, que no había superado del todo. Es simplemente que te acostumbras con el tiempo a la idea de que esa persona se marchó para no volver.

Demasiadas horas de zozobra habían agotado mi cuerpo, pues sin saber, me quedé dormido en el sofá. Nuevamente un gesto suyo, Suki podía entender mi estado y sus exigencias, me dio algo perfecto para cenar, mi estómago se sintió confortable. Y por supuesto que descansar en brazos de Morinaga también lo había sido.

Muy temprano ese par no se detenía, un equipo de eficiencia, el desayuno nuevamente era uno de los platillos que mencionaba por casualidad a Suki cuando hablábamos de comida. Esa mujer de verdad que había hecho de Morinaga un meloso, sin duda su forma de ser había sido aprendida por él, ya que podía buscar complacerme y mimarme demasiado.

Sentados todos en la mesa, esa familia parecía estar más tranquila, sin embargo, cuando el hermano de Morinaga le pidió a Suki irse con él a Tokio, no pude evitar preguntarme sobre la mujer, sobre Suki, ¿qué sería de ella sola en Fukuoka? Mucho más por su negativa a partir. Recordé la pena de papá, parecía estar bien, hasta que al caer la noche lloraba en su habitación. Ni nosotros podíamos cambiar su estado de ánimo, sólo el marcharse lejos de casa lo hizo mejorar, aunque prácticamente nos dejó abandonados con la tía Matsuda. Pero Suki ¿qué tenía para sí misma? Debía averiguar su razón de vivir, para poder hacer algo y que no se deprimiera, quizá instarla a viajar…

El momento adecuado para escucharla se dio oportunamente cuando me invitó al caminar, quería mostrarme aquella pastelería que en Nagoya, dijo no era tan espectacular como en la sede matriz. De modo que esta vez comencé a preguntarle sobre sus planes y aquello la entristeció, muy pronto para preguntar cosas en las que contaba con su difunto esposo. Así que de pronto estaba yo hablando de mamá, de que ella había muerto.

— ¿Y cómo logras superar algo así? — Preguntó Suki.

— En realidad no es que se supere, sólo que el tiempo sigue y tiendes a aceptar las cosas.

De caminar por el ardiente sol fue un alivio llegar al centro comercial, la señora me había pedido ir a comprar las cosas para cenar y además comeríamos por ahí. El aire acondicionado fue un gran alivio, hasta que de pronto esa sensación extraña en mi vientre me hizo notar que el bebé tenía hipo. Me detuve y no podía creer que yo sintiera aquello, así que puse mi mano y volví a sentir el leve brinco. La señora Suki, se aproximó hasta frotar esa zona y colocar su suéter sobre la panza.

— Dale un poco de calor, creo que el cambio brusco le dio hipo al bebé. Es esa bata, podríamos comprarte unos pantalones que la cubran.

La seguí hasta las tiendas, era como ir con Morinaga de compras, un poco fastidioso, aunque esa mujer tenía esa calidez que mamá poseía. Entonces entendí algo importante de escuchar sus consejos, y su forma de mimarme, yo necesitaba una mamá para pasar por esto, el parto y todo había dejado de asustarme cuando ella podía aliviar mis molestias con sus consejos y sus atenciones. ¿Podría ser que nos necesitábamos mutuamente? Además sin duda su experiencia era de utilidad. Aunque no en la misma casa, quería preguntarle si podría irse a vivir cerca de nosotros, al menos hasta que el bebé naciera.

Mientras en un restaurante me acomodó una silla para subir mis pies yo pensé que sería oportuno preguntar:

— Señora Suki, sé que quizá es demasiado pedir todo esto, pero me gustaría tenerla cerca, con todo esto del bebé, yo en realidad no tengo quién me aconseje como lo ha hecho usted. No le pido que venga a vivir a mi casa, pero tal vez cerca de nosotros, con su espacio y de tal forma que pueda pedirle ayuda. Mi tía como sabe no ha tenido esa experiencia, además le he dicho que en mi familia no saben más que mi hermano menor. Y tengo algo de miedo… su hijo no sabe lo que se siente, es algo asustadizo y yo…

— Entiendo, para mí sería un gusto mudarme este tiempo a Nagoya, pero con una condición.

— ¿Condición?

— Si, mi única condición es que me digas mamá, ya que cada vez que me dices señora Suki siento que me tratas como una extraña. Tendrás el bebé de mi hijo, y has estado ahí para la familia, eres uno de mis hijos. Sé que no estoy reemplazando a tu madre, pero quiero que me consideres como alguien importante en tu vida.

Suspiré, las cosas que hacía con tal de que todo estuviera bien con mi bebé y también con la señora… mamá.

— De acuerdo mamá Suki, le agradezco el que nos acompañe, creo que todo irá bien para el bebé si usted me ayuda con lo que sabe. Lo que viene en los libros no ha podido enseñar eso que usted conoce.

Al parecer yo vendía mi alma al diablo cada día más, y a pesar de ello, sentí algo extraño en mi pecho cuando ella se levantó, me dio un beso en la frente y me abrazó suavemente.

La tarde caía cuando volvimos a la casa Morinaga, ahí mamá Suki hizo el anuncio de que vendría a Nagoya. De modo que esa noche, salimos con sus maletas en el auto rentado que devolvimos. Nos acompañaron Kunihiro y el tipo con su rostro arrogante.

Esa mujer era tan empalagosa como su hijo pues se desvivía en atenciones, me traía cosas, cuando yo no las pedía pero curiosamente si sentía agrado de recibirlas, pues satisfacían mi sed o hambre que no sabía tenía hasta que ella me daba aquello.

De vuelta en Nagoya, el hermano de Morinaga se fue a un hotel con su sucio amante y a mamá Suki la invitamos a quedarse hasta encontrar un piso para ella. Sin duda tenía el dinero para comprar una casa, pero no parecía interesada en eso.

Por la noche me sentía algo ansioso, días de no recibir los mimos de ese tipo, parecían darme un cierto calor por todas partes, quería lanzarme a sus brazos como el idiota que era, sólo me lo impedía el que su madre estuviera en casa. De pronto lo vi entrar y mientras me recostaba,el aliento se me fue al verle distinto, él tenía algo que quizá eran mis hormonas del embarazo. Así que suspiré y me recosté sin verle a la cara, no podía pensar en nada más que en sentir su piel contra la mía y esos movimientos que podían hacer crecer la tibieza dentro de mí. Resoplé intentando no pensar, recordé que en la otra habitación estaba mamá Suki y no debía escuchar nada. De pronto su aliento en mi oreja al recostarse a mi lado:

— Buenas noches sempai… yo también te extraño, sabes… Gracias por estar ahí para mí.

Me giré en la cama pues mi resistencia se había perdido luego de los roces de sus labios y su aliento. Lo besé impetuoso, ansioso y mientras lo tocaba, él parecía cansado, claro, la noche anterior sin duda no había podido dormir, luego un día activo y el viaje lo tenían muerto de cansancio. Su boca se movió cada vez más lento, hasta que se durmió entre mis brazos. Su cabeza pesaba en mi hombro, así que me moví hasta usarlo de almohada yo a él. El destino me ponía a prueba y debía resistir mis impulsos. El bebé se empezó a mover mientras intentaba conciliar el sueño y me dejó pensando en cosas tontas, ¿por qué yo no estaba cansado? Sin duda por las atenciones de mamá Suki.

El mascullar de su voz… mi honorífico, un par de veces en el silencio me hicieron relajarme, hasta dormir.

Mamá Suki rentó un departamento en la planta baja. De modo que mientras Morinaga se fue a trabajar, ella y yo fuimos a algunas tiendas de electrodomésticos y compramos algunas cosas. Más tarde aparecieron Kunihiro y Masaki a ayudarnos. Tenía su cama nueva, junto con otros muebles necesarios, ya que todos los trajeron esa misma tarde.

Su cocina todavía no tenía gas, así que compró una parrilla eléctrica, además de algunos comestibles. Fue extraño, pasar todo un día ayudándola a elegir sus cosas nuevas, para finalmente cenar en nuestro piso.

Agradecí que se despidieran más tarde, su hermano y ese tipo, puesto que me desagradaba estar cerca de ellos, me observaban de una forma molesta.

Morinaga llegó algo tarde ese día por trabajo acumulado, se veía cansado y todavía tenía en su rostro esa mirada triste desde el funeral de su padre, al igual que mamá Suki que de cuando en cuando miraba al vacío.

Me levanté a la cocina por un poco de crema para acompañar el guiso y de pronto tenía al bobo tras de mí. Sus manos me abrazaron con ternura, pasaron a mi vientre y sus caderas se recargaron contra mi espalda.

— Tengo tantas ganas de hacerte aquello, sempai… ¿tú quieres?

Esa simple frase ya me tenía nervioso y ansioso por sentirle dentro. Qué demonios era yo y sin embargo lo deseaba, pero volví a la realidad y lo aparté:

— ¡Qué demonios haces! ¡Regresa a la mesa! — Dije en voz baja.

Se encogió de hombros y me dijo coqueto al oído:

— Voy a esperar a que tú me lo pidas, de lo contrario no te haré nada.

¡Maldito desvergonzado! Quería gritar pero me contuve mirándolo con toda mi ira y me dispuse a tomar la crema del refrigerador. Volví a verlo con enfado mientras tomaba el postre del congelador:

— Yo sólo vine por el postre que mamá me pidió, no te enfades sempai.

Negué con la cabeza y me fui a la mesa antes de perder la cordura. Una vez ahí, la señora Suki no dejaba de mirarme:

— ¿Estás bien Souichi? — Tocó mi frente con su mejilla: — ¿Tendrás fiebre?

De pronto el idiota salió de la cocina y me sonrió. Una risa se escuchó de parte de mamá Suki y se sentó nuevamente sin preguntar más cosas.

— ¿Qué pasó mamá? — Preguntó Morinaga mientras servía en los platos.

— Sólo que la vida sigue hijo y que los quiero. Estoy algo cansada y tomaré mi postre en mi nueva casa, tengo que acomodar muchas cosas, así que creo que empezaré ahora.

Mis mejillas se sintieron tan calientes, no sabía a dónde mirar, ella se había dado cuenta que el bobo y yo teníamos algo. La señora tomó su plato y se levantó, me dio un beso en la frente, me estrechó un poco y luego hizo lo mismo a su hijo.

Antes de salir se detuvo:

— Sean felices y ámense que la vida es corta.

Entonces salió cuando Morinaga me hizo esa mirada traviesa.

— ¡Es tu culpa idiota! ¡Tú mamá se dio cuenta!

— Yo no hice nada, tú te sonrojaste por un abrazo.

— ¡Sabes qué! ¡Perdí el apetito!

No podía ponerme a discutir con un imbécil como él, así que me fui directo a la cama para leer. No di dos pasos cuando tenía su cuerpo pegado al mío de forma seductora.

— Sempai… tantos días sin tu calor… te deseo.

Me giré a golpearlo pero sus ojos verdes suplicaban lo que yo deseaba afanosamente. Entonces irresistiblemente lo besé, tan cálido y suave. Su lengua en mi boca y podía arder justo ahí mientras sus manos tocaron mis caderas.

CONTINUARA…

.

.

.

¡Saludos a todos! Mis ánimos vuelven, mi pasión se hace letras y el fuego que quiere llegar a ustedes. ¡Los quiero! Por venir a leer y esperar tanto por las continuaciones. En fin, primero que nada les anuncio que estoy a la mitad del siguiente episodio de «Cómeme a besos», donde sempai es un lycan o sea un hombre lobo. Y además que tengo un nuevo fic que una vez tenga la ilustración, lo subiré también pues está terminado, con ese serán oficialmente 50. Si son los fanfic de koi suru boukun que tengo. Una loca escritora que se apasionó de dos personajes. Además espero que puedan leer mis otras historias, yo les recomiendo la de los ángeles «Ángeles blancos de alas negras», es todo el material que no exploté en la de navidad, donde sempai y Morinaga son ángel y demonio. Claro que en ella son un par más maduro de hombres, no son ellos, son distintos. En fin nos vemos cuando suba « El más tonto error» y el segundo episodio de «Cómeme a besos». Un abrazo a todos, porque sus comentarios para mí son cálidos abrazos que llegan a mi corazón. Si, si… ya sé, soy una melosa. En fin… nos vemos en unos días.