Capítulo 10 La llave de la felicidad.

Desde el funeral de papá que no pensaba en algo distinto, sólo sempai podía hacerme percibir otras cosas. Encargarnos Kunihiro y yo de los asuntos que cerraban aquello que papá había dejado inconcluso, era agotador pero debíamos hacerlo. Masaki siempre a su lado como su compañero me parecía bueno, ya que él se notaba muy feliz. Todo el día nos la pasamos en los negocios, no hablamos de nada que no fuera papá y todo lo referente.

Pero el hecho de que mamá viniera a Nagoya eran buenas noticias, lo que más podría asombrarme era que se llevaba de maravilla con sempai. No comprendía la razón para que mi madre pudiera tener atenciones tan amables con ella, a pesar de eso era bueno pues yo podía encargarme de otras cosas.

Me ponía algo incómodo luego del funeral lo que rondaba por mi cabeza que yo no había expresado, al inicio hice a un lado mis sentimientos, mi padre estaba muy enfermo y no recordé mis viejos resentimientos. Sin embargo, al verla a ella tan tranquila al lado de mi pareja me resultó un tanto extraño. ¿Sería posible que todo fuera a razón de que había dejado de ser gay aparentemente?

Intenté evadir ese pensamiento, mucho más pues tenía todavía esa imagen de papá inmóvil y sin vida.

No esperaba que Kunihiro y Masaki nos siguieran, vinieron con nosotros pues querían asegurarse de que mamá estuviera instalada y bien. Tampoco sabía yo lo que querían concretamente pues simplemente tomaron el vuelo con nosotros. Tenían un par de días de vacaciones que habían pedido en sus empleos, todo con tal de estar juntos como una familia. ¿Por qué me molestaba? Yo debía estar feliz y me sentía un poco frustrado y esa sensación de enfado que no debía tener pues mi padre acababa de fallecer.

El camino a casa con Sempai embarazado era un poco preocupante, no debía hacerla viajar en su estado, ni mucho menos llevarla a un funeral a exponerla a tanta tristeza y tensión. Pero no parecía estar enfadado, mamá lograba que su gesto adusto se pusiera relajado y sus atenciones las recibía tranquilamente.

Por mi parte, esperaba llegar a nuestro departamento vacío y relajarme con ella en la tina de baño o en la cama, aunque desafortunadamente no sería posible, ya que veníamos con mamá, Kunihiro y Masaki. Intenté calmarme pero el mirar a papá morir me traía tanto buenos como malos recuerdos, ¿por qué tenía que darle la vuelta a cosas tan malas? Ya había superado aquello, de modo que al llegar a Nagoya, en dos taxis fuimos llevados; Kunihiro y Masaki a un hotel y mamá vino con nosotros.

Suspiré aquella noche en que las cosas eran nuevamente comunes, debían serlo, tenía que pensar positivamente y entender que esperaba un bebé, no en que el pasado se restregaba en mi rostro. Papá y mamá aceptaron mi relación y me dieron la bendición, por supuesto lo más importante era que mi familia estaba unida. Sólo que… había demasiadas cosas guardadas en mi cabeza que no quería decirle a nadie. Mi padre… se había ido así, sin que dijera sobre lo que había guardado como una piedra en mi corazón, a pesar de ello me molestó que yo mismo manchara su memoria en mi cabeza con esas cosas, debía perdonar, él estaba muerto como para que yo conservara dudas y resentimiento. Siempre estuvo ahí para darme todo lo necesario, trabajó duro y yo sólo recordaba su mirada de asco y su rechazo. No debía…

Por la mañana me levanté cansado, no recuperaba las horas de sueño, pensaba en muchas cosas y no descansaba igual aunque cerrara mis ojos; de esa forma me marché al trabajo un tanto agotado. Sempai por su parte necesitaba descansar más, no se movió cuando me levanté, la dejé sobre una almohada para acomodar su vientre que era adorable. Mamá en la cocina me recibió con una taza de café y un poco de comida para llevar, así que me fui.

La mudanza de mamá no fue para nada pesada, yo había estado en el trabajo y ella se encargó al lado de sempai de comprar cosas nuevas. Un par de maletas con ropa era lo que había traído y al final del día llegué a casa notando que ellas reían. ¿Realmente sempai tenía ese lado risueño? Conmigo no había mostrado ese tipo de risa.

Desde la entrada noté que estaban sentadas en la sala, y se escuchaban murmullos en la cocina.

— ¡Buenas noches! Estoy en casa.

Hice notar mi presencia y ellas desde la sala respondieron mientras me acerqué.

— Buenas noches, bienvenido.

— ¿Cómo les fue el día de hoy?

El rostro de sempai, me observó de aquella forma tan particular, había algo en esa mirada que reconocí al instante y recordé los besos en la cama, mientras me quedaba dormido. Aclaré la garganta cuando mamá me comentó que Kunihiro y Masaki estaban en la cocina, así que decidí ayudarles un poco para distraerme y noté cierto ambiente extraño, ellos se notaban serios y al terminar de cocinar se excusaron, no se quedaron a comer lo que habían hecho para nosotros.

— Muchas gracias por la comida, ¿de verdad tienen que irse?

— Masaki no se siente bien, creo que va a enfermar, nosotros mañana regresamos a Tokio. — Se excusó Kunihiro.

Me causaba mucha extrañeza que se marcharan de inmediato, siendo que habían preparado la cena, así que los seguí mientras sempai se sentó a la mesa mirando la comida que mamá empezó a traer de la cocina, ella no se inmutó por su partida, simplemente les dijo "buen viaje".

Intrigado los seguí a la puerta y ahí pregunté:

— ¿Todo está bien?

— Si hermano, no te preocupes, Masaki se siente un poco enfermo como te dije.

Pero él se notaba bastante bien, no había tosido o estornudado y suspiré:

— ¿Sempai ha sido grosero con ustedes? Me gustaría que se quedaran, por favor, hace años que no los veo y menos para que me cuenten el por qué ustedes son una pareja. La última vez que vi a Kunihiro me hablaba de que se sentía extraño por culpa tuya. Ahora vienen hasta Nagoya y se marchan así nada más.

Kunihiro miró a Masaki que estaba callado y entonces se aproximó hasta nosotros:

— De acuerdo, nos quedaremos, pero sólo cuando Tetsuhiro esté, no quiero… escuchar cosas así.

— Vamos, no seas dramático, fue un comentario inofensivo. — Aclaró Kunihiro negando con la cabeza.

No deseaba entrometerme, primero ellos debían aclarar sus asuntos antes de hablar conmigo, así que evadí sus palabras:

— Mañana me dieron el día nuevamente. El jefe ha ido personalmente a ayudar y dijo que soy un miembro valioso que necesita unos días más para atravesar su pérdida. Así que me gustaría salir con ellas y por supuesto espero que nos acompañen, tal vez podemos ir al templo a pedir por el futuro. Llevaré todo para hacer un día de campo. ¿Qué dicen?

— Pasaremos a las once la mañana, ¿te agrada la idea?— Mi hermano sonrió y tocó mi hombro suavemente.

— Me parece perfecto.

— Hay muchas cosas que me gustaría preguntarte Tetsuhiro. — Recalcó luego de tomar la mano de Masaki.

Ahí cuando nos despedimos, no pude evitar preguntarme qué había sucedido con sempai y mamá mientras yo no estaba. Al entrar, la comida olía maravillosamente y moría de hambre. Todo se acabó muy rápido en mi plato, también sempai parecía complacido con aquello y por supuesto, mamá estaba más tranquila luego de que se notaba muy triste, seguramente le hacía bien la compañía, tanto como a mi pareja embarazada.

Sempai se levantó a la cocina y fue que mamá terminó el guiso.

— ¿Hay un pastel que traje, gustas un pedazo? — Pregunté sonriente.

— Por supuesto, tráelo, seguramente a Souichi-san le gustará comerlo.

De inmediato me levanté y lo miré ahí en el refrigerador tomando algunas cosas y lo abracé suavemente desde la espalda. De inmediato el aroma de su cuerpo llegó hasta mi nariz y recordé que tenía algunos días sin tocar su suave cuerpo:

— Tengo tantas ganas de hacerte aquello, sempai… ¿tú quieres?

Me empujó y molesto quería regañarme pero mamá estaba en la sala y podía escucharnos si ella hablaba fuerte, así que se contuvo de gritar pero sus ojos y todo lo que ella decía era ese ardor pasional que podía derretirse entre mis labios. Lucía más deseosa, lo quería más que yo seguramente, por ello le jugué una broma murmurando a su oído:

— Voy a esperar a que tú me lo pidas, de lo contrario no te haré nada.

Sus manos se agitaron con enfado mientras que tomé el pastel y lo llevé conmigo excusando mi visita a la cocina. Tenía que partir un par de trozos para todos, así que lo apoyé en la barra, mientras que ella escapó de la cocina. Me reí bajo, ahí olvidando que había cosas malas en el mundo, a veces sólo existía ese amor tan cálido que llenaba mi alma entera. Tomé tres platos y el cuchillo llevando todo a la mesa.

Me sorprendió que mamá observaba a sempai y tocaba su frente un par de veces con preocupación. Luego soltó una pequeña risa al verme poner el pastel en la mesa:

— ¿Qué pasó mamá?

— Sólo que la vida sigue hijo y que los quiero. Estoy algo cansada y tomaré mi postre en mi nueva casa, tengo que acomodar muchas cosas, así que creo que empezaré ahora.

El rostro que hizo me causó gracia, al parecer ella estaba totalmente sonrojada por mi abrazo cariñoso, mucho más pues había empujado suavemente mi pelvis contra su trasero en la cocina, así que mamá creyó que tenía fiebre. Tomó su plato con pastel y se despidió. Sempai se evidenciaba cada segundo más, no podía contener sus reacciones cuando era descubierto, miraba a todas partes y apretaba sus manos contra sus ropas de forma ansiosa.

Mamá no espero a que la despidiéramos, ella simplemente salió de casa y cuando la puerta hizo clic, yo volví a mirar a mi amado.

— ¡Es tu culpa idiota! ¡Tú mamá se dio cuenta!

— Yo no hice nada, tú te sonrojaste por un abrazo.

— ¡Sabes qué! ¡Perdí el apetito!

Como siempre esperaba huir de todo, ella seguía siendo él en el interior, pero ahora tenía las cartas sobre la mesa, no podía rechazarme, menos porque yo estaba en sus zapatos y ella tenía que aceptarme completamente. Era normal para una pareja de hombre y mujer el tener ese tipo de deseos, aunque no lo era para un chico homosexual el sentir ese calor entre mis piernas por una mujer embarazada. Sólo que era él quien me volvía una persona distinta, podía sentir amor y ternura, ese delirio de pasión que iba a hacerle gemir mi apellido hasta corrernos juntos.

No permití que se marchara, volví a abrazarle delicadamente por la espalda acariciando su vientre y resoplé mis palabras suavemente en su oreja:

— Sempai… tantos días sin tu calor… te deseo.

Eran realmente muchos días sin esa liberación tan grata que era dejarme llevar al orgasmo entre sus piernas, y se soltó de mi abrazo para verme nuevamente, con esa necesidad que yo mismo ya tenía a flor de piel tan dura pulsando en mis pantalones. ¿Por qué yo era tan distinto? Y sin embargo, me encantaba serlo.

Un simple beso de su delicada boca y me había perdido retirando sus ropas, poniendo una de mis manos entre sus piernas y percibiendo la humedad que iba a permitirme resbalar completamente hasta hundirme.

Demasiado era mi deseo, muchos días de centrarme en sufrimiento, en lo que quedaba cuando pierdes a una persona que ha estado ahí para hacerte pensar que vivirá eternamente. Sin embargo se disolvían entre sus largos cabellos las dudas y los pesares. Con sus gafas que caían del puente de su nariz y el aroma que inundaba mi garganta cuando yo lo besaba. Para mí existía una mezcla extraña entre mujer y hombre, ¿era posible amar a alguien de maneras distintas?

Pero sus senos redondos eran tan suaves a mi toque, más aun la sensibilidad entre mis dedos se hacía muy fuerte para ella. Se retorcía mientras yo apretaba sus pezones.

Más que nada sus labios sabían de la misma forma, podíamos unirnos ahí en la oscuridad de la habitación y el calor de su cuerpo me rodeaba, su voz, y cada murmullo de placer me trastocaba lentamente hasta encontrarme abrazado a mi sempai tan dentro, demasiado dentro de su cuerpo que no iba a detenerme. No era ni un poco el afán por frenarme percibiendo su humedad.

— Sempai… te amo…

Ahora conocía mucho mejor los rincones de su anatomía trasformada y la ternura que me causaba el sentir como se apretaba contra mi pene al frotar entre sus piernas.

— M… Mo… Morinaga…

— ¿Ahí? ¿De esta forma?

— N… no… si…

Aunque no hacía falta preguntar cuando lo sabes de hecho al percibir sus caderas empujarse a un ritmo delicioso y recurrente.

Su mano delicada trabajosamente podía evadir su vientre para empujar la mía indicando que yo hacía demasiado bien moviendo mis dedos. No necesitaba decirlo, la humedad de su sexo los llenaba cuando estaba cerca y yo me empujaba lento pues era difícil maniobrar. Casi suplicaba como mi cosquilleo el que yo me adentrara más a prisa. A pesar de ello esa culminación tan poderosa lentamente se tornaba inminente, bombeaba desde mi corazón mientras que en besos a su cuello me derretía en la culminación. Más que otra cosa me hacía sentir tan amado que al final podía ser abrazado por ella y mirar sus ojos que asombrados de esa entrega mutua, profesaban sentimientos que seguramente no tenían esa explicación racional que sus ideas suplicaban, pero que en cambio, satisfacían para él o para mí.

La mañana llegó finalmente desnudos en la habitación, mirar su rostro durmiente era satisfactorio, y ahora sentía el bebé moviéndose en su vientre al tenerla recargada contra mi cuerpo. Mis manos acariciando esos lugares para tranquilizar a nuestro bebé no eran suficientes para terminar ese momento tan curioso en mi vida.

— ¿Se puede saber qué haces?

— El bebé pateaba.

— ¿Piensas que no me doy cuenta? — Entrecerró los ojos al levantarse de la cama lentamente sujetando su vientre. Esa mirada aterradora que ahora se veía mucho menos creíble y adorable.

Era de todas las mañanas el verla apurada por su vejiga llena que aplastaba el pequeño bebé y luego tomar de inmediato un vaso con leche para evitar sus nauseas, las mismas que al parecer desaparecían conforme el tiempo.

Mientras fui a la cocina a verla beber la leche, mi teléfono me sacó de mi labor diaria de mirar a sempai. Mamá quien hablaba para saber si estábamos disponibles para traer el desayuno:

— Claro mamá, sube a traerlo, aunque no tenías que molestarte.

Tenía que ir por algunos víveres pues había prometido a Kunihiro llevar cosas para el día de campo. Así que al empezar a desayunar, se los comuniqué:

— Me dieron otro día en el trabajo, el jefe ha ido personalmente a verificar el avance de mi área y me gustaría ir con Kunihiro y Masaki al templo, quiero decir una oración por papá y por el bebé de sempai.

La mirada seria de ambas me hizo preguntarme la razón para que se portaran así. Era común en sempai que no le gustara salir, menos caminar con la panza que le pesaba cada día más. Pero por otra parte mamá se notaba a disgusto. Sin embargo ella era prudente y calmada, no decía sus emociones en el rostro, yo sabía leerla. Entonces hizo una pausa, tomó el café:

— Tetsuhiro, creo que sería agotador para Souichi subir hasta el templo, más con este calor. Tal vez deberías dejarlo para otro día o ir tú con ellos. Me quedaré a hacer compañía a Souichi.

¿Parecía extraño, tal vez mamá estaba enojada con Kunihiro?

— Creo que le haría bien caminar un poco, los llevaría en auto hasta la entrada del templo. ¿Podrías venir sempai? Quiero pedir la buena fortuna para nuestro hijo, además siempre sales a caminar y no te hará mal subir hasta el templo. A menos que prefieras descansar, pero pensé que tenías todavía mucha energía.

Debía usar artimañas, conocía a sempai de años, lo que más podía obligarlo a realizar actividades era sin duda la competencia y picar su orgullo. Entonces me acerqué y sonreí como siempre solía hacerlo. Al tiempo que mamá seguía tomando su café pretendiendo que no nos prestaba atención.

El ceño fruncido de Souichi me miró extrañado, se levantó y me hizo una sutil señal que no pude rehusar, mucho más pues mamá sabía perfectamente que iba a ser regañado. Lo seguí al levantarse de la silla lentamente, eso le quitaba puntos a su gesto de enfado, al menos no me hacía regaños frente a ella.

Era risible verlo caminar enfadado, tocaba su vientre y respiraba profundo para calmarse hasta que cerré la puerta.

— ¡Qué carajos quieres al intentar hacerme ir con tu hermano y el idiota ese! — A pesar de intentar bajar su voz para que mamá no escuchara se notaba enfadado por mi táctica.

— Sólo quiero que vengas, no quisiera usar chantaje como dices pero es mi familia, mi padre acaba de morir y quiero saber que mi hermano está bien. Te necesito a ti porque eres la persona que me apoya, además ayer parecía enojado Masaki. ¿Le dijiste algo?

— ¿Siempre he de ser yo? ¡Idiota! Te golpearía de no ser porque no debo hacer corajes. No podrías pensar que a mí me vale una reverenda mierda lo que ese tipo le haga a tu hermano. Además, alguien tan egoísta como para hacerte pagar con sus mentiras debería importarte un comino lo que le ocurra.

Respiraba y contaba en voz alta mientras yo me enfadé:

— ¿Lo he perdonado sabes? Es malo guardar tantos rencores, además jamás dije mi versión, acepté lo que él decía porque quería protegerlo y que nadie lo hiciera sentir tan mal como yo me sentía con mi familia.

De pronto un puño contra mi rostro y salió tan enfadada que azotó la puerta. ¿Qué había dicho? Suspiré ahí y me duche para marchar a comprar algunas cosas para los almuerzos de la salida. Ya sabía que no podría llevarle ni a mamá. ¿Sería ella quien había hecho algo contra Masaki? Pero no era posible, puesto que todo el tiempo la había visto ser amable y buena con todos, mucho más desde la partida de papá.

El silencio sepulcral, mamá apoyaba a sempai al cien por ciento y me ignoraron mirando un documental. ¿En serio iban a tratarme como a un niño? Sobre todo mamá viendo documentales que solían aburrirle y por ello veía programas de variedades. Pero los ignoré, decidí que iba a salir y convivir con mi hermano al que no había visto, también con su pareja, a razón de que yo todavía quería mucho a Masaki como un amigo.

Sonreí preparando los almuerzos, nada iba a quitarme la sonrisa pues era un bonito día y no merecía ese trato siendo que no había hecho nada a ninguna de esas mujeres. Realmente se comportaba sempai como una, quería recordarle que era un hombre pero no iba a hacerlo enfadar por nuestro hijo. De todas formas era algo sin importancia pelear por salir al templo.

Mandé un mensaje a Kunihiro que lo esperaba con todo listo y aunque ellas no vendrían yo les preparé también un par de almuerzos. Aseaba la cocina cuando escuché la puerta, ellas no se movieron de sus lugares cuando pasé y abrí para que ingresaran.

— Pasen por favor, debo terminar de enjuagar el fregadero y voy a poner todo en una bolsa para irnos.

Pasaron tras de mí, Masaki me siguió sonriendo.

— Yo te ayudo Tetsu, cuatro manos son mejor que dos. Pareces muy animado hoy.

No me detuve pues andaba apurado al traer las manos con guantes para limpiar, sólo le dije:

— Los esperaba y mientras me puse a limpiar porque había dejado sin atender la cocina desde que nos fuimos a Fukuoka.

Desde la cocina escuchaba a Kunihiro en la sala, y de vez en cuando miré que sempai volteaba a verme con ese rostro adorable y caprichoso que tenía. Ante aquello procuré hacerle plática a Masaki, él se notaba algo tenso, preocupado por la mirada de mis mujeres en la sala, al parecer mamá había dicho algo grosero a él, algo que nadie me había dicho. En voz baja pregunté:

— ¿Qué te ha dicho mamá?

— No te preocupes, es tu madre y de Kunihiro, no seré grosero ni nada.

— Debes decirme, todo este misterio me causa preocupación. Mamá parece cambiada, tal vez fue un malentendido.

Se acercó a mi oído diciendo:

— No lo fue y no quiero que me escuchen quejándome.

Señaló al frente y miradas furtivas de todos en la sala parecían atentos a nuestra conversación. Supuse lo obvio, a mamá no le agradaba mucho y menos a sempai:

— No te preocupes, siempre vas a ser bienvenido, además ahora eres mi hermano mayor.

De pronto me abrazó de forma tierna y dijo en voz muy baja:

— Gracias, veo que no has cambiado nada Tetsuhiro.

Su sonrisa franca me recordó aquellos días en que yo trataba de conquistarlo y en ese momento que yo tenía una familia, él estaba ahí para ser un buen hermano.

Afortunadamente con su ayuda no tardé en terminar de limpiar la barra de la cocina y caminé hasta la sala donde mamá discutía con Kunihiro.

— Nos vamos que se hace tarde. Les dejé en la cocina un almuerzo para cada una.

Señalé la barra de la cocina y traía un par de envases con la comida para nosotros tres. Masaki venía un poco más relajado simplemente recargó su mano en mi hombro y sonrío.

— He tenido ganas de conocer ese templo al dios de la fertilidad.

Solté una risa negando con la cabeza pues era un templo famoso por estar lleno de penes por todas partes y aunque no nos dirigíamos ahí cuestioné:

— ¿De verdad quieres ir a ese lugar?

— ¿Por qué no?

— De acuerdo, vamos ya que molestamos a sempai y a mamá

Kunihiro se levantó y de inmediato sempai nos interrumpió:

— Yo también iré, no puedo dejar que vayas solo ahí.

— ¿Solo? Pero Tetsuhiro irá conmigo y Masaki. — aclaró mi hermano.

No me esperaba la mirada con furia de mi pareja embarazada. No únicamente ella, mamá no dejaba de vernos a los tres con seriedad, muy distinto rostro el que mostraba a Souichi al atenderlo.

Me quedé sorprendido ahí de pie frente a sempai que tocando su espalda se levantó, de inmediato mamá lo ayudó con ligereza tocando su barriga.

— Necesitaremos una sombrilla para el sol. — expresó mamá tomando el brazo de mi pareja.

Sin duda ese par tenían algo en mente, querían hacerme la vida imposible a mi o a mis acompañantes, en realidad no entendí un segundo la razón para decidir venir de último minuto, no había lógica en su conducta, exceptuando lo que habían hablado con Kunihiro mientras empacaba todo con Masaki. Así que partimos todos juntos hasta el auto, en dónde observé que mamá no dejaba de ver a Masaki de aquella forma desaprobatoria. Por supuesto que era a propósito lo que había dicho, estaba más que seguro que alguna cosa tenían entre ellos dos, más que nada nos trataba con indiferencia a todos menos a quién cargaba con su nieto o nieta; la cosa más extraña puesto que las demás personas a quién procuraban ignorar era a él o ella, como fuera. Por el simple hecho de que decía improperios, groserías a quien intentara invadir su espacio personal.

Así que conduje hasta el templo y sí, los llevé al templo de Tagata, el dios de la fertilidad, donde veríamos un montón de penes por todas partes, entre llaveros y demás. Todo como intentando penalizar a mamá por maltratar a Masaki, estaba seguro de que ella hacía algo mal, tenía esa sensación.

Al llegar había un estacionamiento y no escaleras como en otros templos de la ciudad, pero ya me esperaba el tremendo golpe a mi cabeza.

— Mo…ri…na… ga.

— Sempai… es el templo de más fácil acceso, usted dijo que estaba cansado para subir escaleras, además sabía que vendríamos aquí y de todas formas se unió a nosotros.

Claro, él reconocía ese templo, era muy famoso por la enorme procesión que se daba cada año por la ciudad de Nagoya con un enorme falo de madera y supongo que por vivir ahí tantos años, su madre o familia lo habían llevado a ese sitio. Yo también lo conocía, todo chico gay quería ver un templo de la fertilidad por aquellos enormes penes y llevarse como recuerdo un pequeño llavero de aquella forma.

Aguanté mis ganas de reír y suspiré antes de decir algo a lo que fui interrumpido:

— ¡Ya llegamos al templo del pene! Vamos Kunihiro que quiero comprar muchas cosas aquí.

La voz entusiasta de Masaki hizo que se sintiera el ambiente mucho más tenso, era bastante obvio que lo hacía por molestar a mamá que tampoco parecía emocionada por llegar al lugar. Simplemente suspiré pues mis argumentos no podían ser debatidos cuando ellas habían decidido no venir y al último minuto habían cambiado de parecer.

A pesar de todo esperaba pasar un rato agradable, comunicarme con una deidad era algo más que espiritual, una manera de congraciarme con el estado etéreo que papá había alcanzado. Ahora mi padre formaba parte de memorias y recuerdos, eso mismo de los que están hechas las deidades, de creencias, de construcciones reales que se tornan en ilusorias por lo inmaterial. Y sin embargo, ahí estaba con mucho afán de pedir por el descanso de mi padre, además de la buena salud de mi vástago que yacía creciendo en el vientre tibio de él.

Sus cabellos rubios cubrían su rostro enfadado de forma adorable cuando bajó con mi ayuda y se apartó de inmediato a tomar el brazo de mamá. Empezaba a molestarme la forma en la que era atendido por ella que abrió la sombrilla y le sonrió tan feliz. Qué cosa era para mamá, conmigo no era tierna o cariñosa, menos con Kunihiro. Ahí denotaba un cierto recelo contra de nosotros, me hacía recordar cuando pequeño solía abrazarme cariñosamente, acariciar mi rostro diciendo cosas que me hacían sentir tan amado y feliz.

Masaki miró mi rostro y me tomó del brazo acurrucando su cabeza en mi hombro y luego dando una palmada en mi espalda.

— No hagas esa cara Tetsuhiro, creo que sólo quieren molestarte. — Me dijo en un tono bajo para evitar que nos escucharan.

Kunihiro aclaró la garganta y puso su mano en el hombro de Masaki, yo sólo me reí de ver que a mi hermano le habían dado celos, pero no era el único, juraría haber visto una mirada enfadada provenir desde sempai. Aunque no había forma de que le dieran celos de aquello, después de todo Masaki era la pareja oficial de mi hermano.

Sin duda el llegar a un templo es una ocasión de paz y tranquilidad, pero visitar aquél templo con tres chicos homosexuales, una madre que había dejado ir a sus hijos por ser gays y un hombre vuelto mujer que se decía homofóbico, no era tan grato. Nos miraban extraño las personas que pedían por la fertilidad. Se respiraba tensión cada vez que Masaki hacía un comentario sobre los penes por todas partes. Mucho más la mirada asesina de mamá y sempai al ver cuando murmuraban cosas ellos dos. Me causó gracia escuchar furtivamente "Quiero uno de esos para ver tus gestos…". A pesar de no escuchar todo, era obvio entender lo que harían ese par. No paraban de demostrar que eran una pareja sin ser obvios, así que yo suspiré yendo al lado de todos, justo en medio, entre mamá y Kunihiro.

A pesar de que estaba ahí como mediador pensé que debía sonreír, tenía una familia, no debía preocuparme por pequeñeces, no todo el tiempo los demás iban a prestarme atención, mucho menos pues mamá se encargaba de hacer confortable el camino a mi sempai.

Recorrimos el sitio hasta que al llegar frente al enorme altar, un altar con un pene. A pesar de eso, pedí a cualquier dios que existiera, por la salud de mi bebé, de sempai y por el descanso de papá. Mis manos juntas cuando observé a los demás hacer lo mismo, me pregunté por los deseos de mi pareja, él podría realmente preocuparse como yo por el parto. Me aterraba pensar que decían que muchas mujeres morían durante el nacimiento de los bebés. Puse mi mano en su espalda y me dirigió una mirada fría que me hizo sentir mal, acompañado y solitario al mismo tiempo. ¿Por qué dejarme llevar por algo así? Así que respiré profundo tratando de ignorar ese reclamo, ¿qué había hecho yo para ser tratado así?

El almuerzo estaba listo en los envases que traía cargando, sólo debíamos buscar un lugar para sentarnos todos y había varios por ahí dónde hacerlo. Finalmente nos sentamos y les entregué a cada cual su comida, no había charla mientras todos masticaban en completo silencio la comida, fue que escuché a mi hermano:

— Hay algo que necesito saber Tetsuhiro y lo preguntaré ahora que todos están presentes. Es que no había dicho nada porque papá estaba mal y luego murió, no era propio hacer preguntas, pero ahora necesito saberlo… ¿Ya no eres gay?

Sempai que bebía una taza de té de jengibre, empezó a toser mientras mamá no sabía qué hacer, sólo agitó un abanico en su rostro para que respirara. No obstante luego de ver que dejaba de toser yo respondí:

— Claro que soy gay, ¿no lo reconoces? Él es mi sempai, el mismo que te golpeó aquella vez.

Los ojos asombrados de todos los presentes, por un lado mamá no daba cabida a lo del golpe y hubo unos segundos largos de silencio hasta que la voz de mi rubio enfadoso se hizo presente:

— No tienen derecho a preguntar nada, esos asuntos no les conciernen.

— ¿Eso quiere decir que es una mujer transgénero? — Espetó Masaki.

Eso hizo casi estallar a Souichi que se levantó a intentar golpearlo gritando a todo pulmón:

— ¡Soy un hombre y hasta con este bebé soy más hombre que tú!

El primer golpe que lanzó fue esquivado por Masaki pero un segundo golpe de ella fue directo a mí al detener el pleito.

— ¡Tranquilos por favor! Respira sempai, es normal que pregunten sobre ese asunto, no pueden evitarlo.

Kunihiro se acercó a mi preocupado por el tremendo golpe a mi mandíbula:

— ¡Es un salvaje! ¿Por qué agredes a todo el mundo? Sólo ha sido una pregunta.

Mamá se interpuso entre Kunihiro y gritó:

— No es asunto suyo, no quiero que hagan enojar a Souichi-san, ustedes par de… No tenían que quedarse en primer lugar. Mucho menos él, no debería estar cerca de la familia.— Señaló a Masaki.

— ¡Pero madre! — Alcé la voz para detener ese asunto.

— No tienes que justificar a nadie Tetsuhiro, sea lo que sea lo que tienes con esta mujer, mamá tiene razón, no nos incumbe, y lamento que reunirnos sea incómodo para ustedes. Masaki y yo nos retiramos.

Tomó la mano de Masaki y se fueron juntos caminando.

La mirada de sempai había cambiado, lucía pensativo mientras recogí los recipientes del suelo. Mamá tampoco decía nada, hasta que se acercó a ella y acarició su vientre.

— Respira, no debes agitarte, le hace mal al bebé, ¿lo sentirse girar?

— Si…

— Eso no es malo a esta etapa, pero debes controlarte, le trasmites a mi nieto tu estrés.

Luego de ver eso me sentí culpable, no sabía realmente lo que debía hacer, por una parte, estaba sempai y mi bebé, por otra estaba mi hermano y su pareja que se habían marchado a su hotel. Debía hablar con mamá a solas, tenía que aclarar todo, que mi pareja volvería a ser hombre una vez naciera el bebé y por supuesto que si realmente le parecía tan malo eso de ser gay. Creí que me había aceptado pero ahora no estaba seguro de nada. De todas formas no quería perderla, era mamá, tenía que ganarme su afecto, si había podido conquistar el corazón de él, seguramente el de mi madre también, tendría que poder amarme sin cambiar nada de mí.

Respiré profundo, calmarme para hablar siempre era algo fundamental pues le causaba estrés a mi bebé si hacía cualquier cosa, así que sonreí, una sonrisa para que todos creyeran que no sucedía nada.

— Vamos a casa. — Dije al levantar los trastos y guardarlos en la bolsa de donde los había sacado.

No dije nada más al ver a sempai respirando una y otra vez, tampoco sus ojos chocaron con los míos una sola vez, así que el viaje se hizo largo aunque el trayecto era muy corto al departamento. Tenía muchas ganas de llorar, demasiados sentimientos encontrados, eran las viejas memorias y además nuevas. ¿Por qué mamá no podía amarme incondicionalmente como decían de las madres? ¿De verdad era mejor tener una esposa que un esposo? Pero para mí él siempre sería sempai, sin importar su género y de todas formas lo extrañaba a ratos, muchos lo identificaba como una mujer y otros seguía siendo ese tipo gruñón que podía helarme la sangre con una mirada. Podía verlo como una madre dulce que le habla al bebé que lo hace sentir bienvenido, sin olvidar de protegerlo hasta de sus arranques de ira.

Si él podía controlarse yo también debía dejar de lado todos mis conflictos absurdos, ¿no era vivir acaso lo que hacía? ¿No era ser feliz con un beso o con un gesto de amor? Mis dudas egoístas las intenté dejar de lado al mirar por el retrovisor observando a mamá y a él que observaba el panorama por la ventana.

Al llegar a casa se notaba extraño, bajamos del auto los tres y mamá se ofreció subir con nosotros hasta el departamento para medir la presión de sempai, ya que había comprado uno de esos aparatos. Rehusó pero yo insistí al notar ese tono pálido de su rostro:

— Sólo estoy cansado, no tienen que sobre protegerme.

Mamá era tan extraña al estar en su presencia, de forma cálida le dio un beso en la frente:

— Claro que estás bien, sólo debemos asegurarnos que tu cuerpo también lo esté, recuerda que compré ese aparato porque en uno de mis embarazos tuve problemas con la presión y no queremos que te ocurra a ti.

Un suspiro pesado de sempai y luego sus palabras:

— De acuerdo…

Llegamos arriba y su presión estaba completamente normal, sólo tal vez se sentía cansada, demasiadas emociones, en conjunto con las actividades de los días anteriores.

Mamá la llevó a la cama y con un poco de té se acomodó a descansar, al salir le hablé discretamente y nos sentamos en la sala. En voz muy baja con el televisor prendido le dije:

— Mamá…

— Dilo de una vez, siempre te has de guardar lo que piensas, ¿crees que no nos damos cuenta? Anda, dime que soy una mala madre por tratar así a Kunihiro. No sabes nada, antes de suponer deberías averiguar completamente las cosas. Tampoco es que vaya a negar que me molesta, no puedes simplemente suponer que voy a…

El silencio en esa última frase me hizo completarla:

— ¿A aceptar a tus hijos maricas?

— Lo lamento Tetsuhiro, realmente soy una mala madre, debería recibirlos y pensar que ustedes hacen lo que creen correcto, pero es que a veces pienso que tal vez Kunihiro está mal o que Souichi podría quedarse como una mujer y ustedes serían igualmente felices. No lo entiendes, no es que yo los vea mal, es que la vida es complicada para todos, y cuando miras a tus hijos crecer esperas que sean muchas cosas.

— Pero mamá, sabes que yo siempre he tenido eso dentro de mí. Cuando me mudé a este lugar investigué lo que era, he leído muchos artículos y no es que yo fuera a decidir llevarte la contraria, yo nací así, mi cabeza tenía modificada la percepción. Podría decirse que en un porcentaje de la población existe algo como un gen gay, aunque no lo han probado. Nosotros percibimos distinto, como una mujer heterosexual con los hombres.

— Puedes decir eso pero tu argumento se contradice porque embarazaste una mujer, o me dirás que ella te obligó.

Técnicamente así había sido al inicio. ¿Pero qué iba a decir a mamá? Nunca podría decirle que él me había drogado para excitarme, después de todo yo había hecho la misma cosa con él en el pasado. Sin embargo, ella tenía razón, después de todo yo lo amaba aun siendo una mujer y disfrutaba nuestros encuentros.

— Es que no necesariamente se es gay o heterosexual para amar a alguien. Tatsumi mi sempai, él no es gay, no lo era cuando lo conocí ni lo es ahora. Te aseguro que a él no le gustan los hombres pero a lo largo de todos estos años, descubrí que una persona puede amar por el simple hecho de conocer a otro. No podría explicarlo… te aferras a valores enseñados, a creencias que se justifican cartesianamente1 con la costumbre. Entonces alguna cosa sacude tu mundo y te das cuenta que estás enamorado de su compañía, de unas palabras, de un par de ojos miel, que te gusta sentirle de muchas formas y que sus besos son iguales para tu cabeza sin importar el que sea su género. Pienso que así fue como a él le pasó conmigo, nunca le pregunté por su pasado o cosas así, pero estoy seguro que él me ama como jamás amó a nadie más. No porque tenga un pene o senos o lo que fuera que tuviera, estoy seguro que tal como yo lo amo a él, me vería y sería capaz de mirar a través de una fachada material.

— Entiendo, tal vez no tanto pero creo que ustedes son bonita pareja. No sé qué pensaré al verle como un hombre cuando regrese a la normalidad, a pesar de eso mi nuera es una buena persona. Y te ama.

— ¿Madre… podríamos hablar con Kunihiro y Masaki entonces? No quiero que se vayan a Tokio enojados con nosotros. Por favor, seguramente basta una llamada y ellos se quedarán el fin de semana.

— Ese es un asunto distinto, no quiero ver a ese chico con el que está tu hermano. ¡Deberías despreciarlo!

— ¿Por qué dices eso? ¿Sempai te lo dijo?

— Yo se lo pregunté, debía saberlo, debiste decirme desde el principio. Tal vez yo te hubiera creído a ti. ¡Cómo pudiste dejar que todos escucháramos eso sin dar tu versión! Pensé que habías orillado a ese sucio mentiroso al suicidio y resulta que él es simplemente un cobarde.

— No madre, sólo éramos unos chiquillos, todos buscando nuestro lugar en el mundo. Al igual que Sempai y yo, somos su familia madre, no puede dejarlos ir así.

Mamá se quedó seria, no me miró y respondió en un tono bajo:

— Tal vez después Tetsuhiro, tampoco son tan inocentes recuerda que hicieron enojar a Souichi-san, debieron pensar antes de decir cosas tan incómodas para ella. Está embarazada y ese asunto es molesto para ella pues cuando hablamos la primera vez noté que era algo muy personal. Primero pensé que era una broma, ¿quién iba a creer semejante historia? Pero luego entendí que quizá era cierto.

Frente a nosotros una voz apagada que entre los murmullos de la televisión se escuchó:

— ¿Entonces esperará a tener cáncer terminal para reconciliarse con su hijo?

Esa voz era la de sempai que se tocaba la espalda baja y traía los cabellos revueltos, seguramente no podía dormir.

— Tu deberías estar en cama descansando. — Dijo mamá sonriente y se movió de inmediato para hacerle un lado en el sofá a sempai que se sentó cuidadosamente.

— No podía dormir, este bebé se mueve mucho y me quita el sueño.

— Es el estrés, haces que se ponga inquieto, tienes que relajarte y dejar que todo fluya, no puedes controlar todo a tu alrededor.

Resopló con enfado, mientras que yo estaba sorprendido mirando esa escena, mamá le dio un beso en la frente a él que hizo una incipiente sonrisa, de esas que amaba mirar.

— Quieres quitar esa cara Morinaga… Es tu madre, no puedes sentir celos de mí y usted señora, entienda que no es un cuento, soy un varón, nací como uno. Tenemos las pruebas y la máquina que me cambió de género es real. Incluso hay un video del suceso, mi alumna es de verdad una genio y con patrocinadores.

— Pues me gustaría verlo, es que es difícil de creer pero sé que es cierto así que no hagas más corajes. ¿Y cómo es eso de que Morinaga está celoso de ti?

Mamá me miró de pronto parecía intrigada, por aquella razón me levanté de inmediato y aclaré la garganta:

— Es tu imaginación sempai, no tengo ningún problema.

Bufó con enfado y se dirigió a mí:

— Eres un mentiroso… es tan obvio, tanta inseguridad de quién todavía tiene a su madre, anda por qué no te acercas a ella y le dices todo. ¿O también esperas a que le dé alguna enfermedad? Y usted señora, no evada eso que le he dicho, Kunihiro es su hijo, ¿de verdad malgastará el tiempo?

Tenía que ser cuidadoso con lo que decía, a pesar de ello era difícil al escucharle decir todas esas cosas, de inmediato espeté:

— No tengo nada que reprocharle a mamá, debe estar confundido, me ha cuidado cuando pequeño y ahora está aquí con nosotros. Lo demás no importa si todavía está aquí… — Mi corazón se rompió al recordar las duras palabras de papá ante mi homosexualidad, el silencio de ella y se mezclaba con su funeral, con su rostro frío y también con nuestra despedida durante toda la noche en que charlamos como un par de amigos. Me di la vuelta pues no quería ser visto llorando así tan frágil.

Sin embargo, me interrumpió mamá, me tocó el hombro:

— ¿Qué dices…? ¿Qué sucede Tetsuhiro? ¿Es que te molesta que me lleve bien con Souichi-san?

— No es nada… creo que me confunden, es todo esto del funeral, de ver a papá morir, me siento inestable.

— Tiene razón Souichi-san, hay algo que te molesta ¿no es así?

¿Qué esperaba…? ¿Un abrazo de mamá? No había recibido ninguno, sólo aquella vez antes de entrar a hablar con papá. Pero con sempai era tan distinta, cariñosa, sonriente. Me preocupaba demasiado no ser el hijo que ella esperaba y realmente no lo era. Siempre había querido que ella me amara por ser yo y eso hacía, o al menos lo decía pues era su familia, sin olvidar que se había mudado a Nagoya para estar con… sempai y su nieto…

Respiré uniendo los puntos esos segundos en que me fue preguntado aquello:

— ¿Por qué ha venido a Nagoya madre?

— Ya entiendo… Souichi-san, ella fue quien me pidió venir, es que te molesta que invada sus vidas una anciana metiche.

— ¡Morinaga! — la voz de sempai se alzó tras las palabras de mamá.

Me di la vuelta de inmediato, no podía hablarle a la pared luego de lo que había sido insinuado en la sala.

— No me molesta que usted esté aquí, madre… Es sólo que.

— ¿Qué? ¿Qué te ocurre? ¿Qué es eso que tanto te molesta? ¿Por qué tienes tanto miedo a decirlo?

— ¿Se arrepiente de haberme tenido? ¿Alguna vez pensó que Kunihiro y yo deberíamos ser heterosexuales?

Miré a sempai respirar profundo en el sofá, se notaba que estaba tratando de calmarse. ¿Qué clase de monstruo egoísta era yo al pensar sólo en mis sentimientos?

— No lo entiendo hijo, pensé que habíamos aclarado eso, yo…

Entonces la interrumpí, no podía seguir tensando el ambiente en casa, dando demasiado estrés a mi bebé. Sonreí falsamente para no preocuparlos.

— No sé en qué pensaba, no tiene que aclararme lo que dije, ya está aquí para ayudarnos, y le agradezco que cuide a sempai y a mi bebé.

Un enorme suspiro se escuchó desde el sofá y luego la voz relajada de sempai.

— Mamá Suki… a lo que refiere el idiota de su hijo, es que no lo quiere por ser gay. Siempre sus miedos e inseguridades nos dan problemas, en vez de hablarlos directamente nos ahorraría mucho drama. Y justo ahora era evidente que pensaba escapar pero yo sé mejor que él eso que usted siente y también debe decírselo.

Mamá me abrazó acariciando suavemente mi espalda:

— No me interrumpas cuando debo decirte cosas importantes. Jamás me he arrepentido de haberte traído al mundo, ¿Cómo podría no amar a una parte de mí que creció en mi vientre? Sou-chan debe saberlo igual que yo. Seguramente a ella no le molestaría el camino que su hijo siguiera, siempre y cuando sea feliz. Ya te lo dije varias veces.

— Lo entiendo mamá, no explique más cosas.

— Eres tan alto como tu padre y tus ojos son iguales a los suyos. Te lo dije ese día, cuando tu pareja me hizo entender que no es importante eso que creemos al ser padres. Que los hijos deben seguir un camino justo como nosotros imaginamos. Lo admito, me hubiera gusto que ambos fueran heterosexuales pues mira el regalo de la vida que has concebido. Si lo piensas bien, en realidad has obtenido todo por tus propios medios, conseguiste a una persona que te ama, un hogar y una familia justo como yo deseaba para ti. Estoy orgullosa de ti.

Cuando dijo esas palabras un par de lágrimas recorrían mi rostro, no era igual reconciliarse por papá y su cáncer, era tan distinto escucharle decir lo que tanto había deseado por años. La abracé fuerte me agaché hasta poner mi rostro en su hombro.

— Ahora señora Suki… mamá Suki, debería hacerle saber la misma cosa a su otro hijo. A veces es difícil crecer sin escuchar eso.

Nos separamos del abrazo y miramos a sempai que frotaba su vientre son sus manos, tenía esa mirada feliz en sus ojos a pesar de que sus labios no mostraban una enorme sonrisa, noté que estaba emocionado. Miré a mamá y de inmediato fuimos al sofá a abrazarlo. Ella se sentó a su lado y yo en el descansabrazo del sofá. Pensé besarlo ahí, aunque entendía que eso sólo lo enfadaría.

— Ya, ya… me estresan más. — Aunque nos acarició las manos como pudo, con dos empalagosos que lo sujetaron.

Mamá tomó el teléfono y luego salió de ahí pidiendo un taxi aunque ofrecí llevarla. Insistió en que Souichi debía descansar. Así que al despedirla en la puerta volví a su lado y me senté:

— Gracias… no sé qué hice bien en el mundo para toparme contigo.

Un enorme suspiro suyo mientras rodó los ojos arriba ignorando el televisor que había prendido.

— Otra vez tú y tus palabras melosas. Nos vas a empalagar.

Me reí de sus gestos, ya no podía ocultar de mí que le gustaba quién yo era. Mamá me había hecho ver que no todo era como suponía, que mis inseguridades estaban hechas de papel, más que ella, sempai con firmeza arreglaba los cabos sueltos que todavía dolían en mi corazón, mi vida no podía ser mejor de ninguna forma.

— ¿Te dije qué te amo?

— Como un millón de veces…

— Te amo, los amo a los dos.

Me acerqué a besarlo y puso su mano en mi boca:

— No te atrevas, que no me tienes tan contento.

Intrigado abrí los ojos y pensé en la razón de que él se pusiera a hacerme un berrinche. Casi podía ver sus pucheros tiernos, algo que no había visto venir, el embarazo lo había ablandado demasiado.

— ¿Me perdonas? — cuestioné en un tono bajo y de la forma más cariñosa posible.

— Ni siquiera sabes por qué estoy enojado.

— No importa, siempre tienes razón.

Puso ambas manos en su rostro y bufó enfadado.

— ¡Eres un idiota!

Cerró un puño y me quedé quieto esperando el golpe con los ojos cerrados, pero no hubo tal, únicamente quería pararse e irse, así que me levanté para ayudarle:

— ¿puedo ayudarle caballero?

Me dio sus manos puesto que sabía perfectamente que era mejor no hacer esfuerzos en su condición.

— Me iré a dormir y no me sigas.

Quería reírme, me pareció particularmente tierno, sus gestos y su andar enfadado como un niño.

— Pero es que necesito saberlo.

— No te importa. ¡Largo!

— Anda sempai. — Abusé de su estado pues no era muy rápido y pude abrazarlo desde la espalda como tantas veces pegando mi torso a su cuerpo.

— No es nada… ya déjame ir a dormir.

— Pero si te molestó es que si fue algo, además dijiste hace rato que nunca digo lo que siento y que eso ahorraría muchos dramas.

— Pues ya lo dije… no era nada.

Mi boca fue a su cuello, un beso húmedo en esa blanca piel, otro arriba y otro abajo moviendo sus cabellos rubios casi platinados mientras me empalmé delicadamente. Cuando se soltó de mis brazos pensé que escaparía pero un tierno beso desde sus labios a los míos me confirmó que yo era tan amado por él, ese beso que se había tornado fogoso a los pocos segundos. Mi cuerpo que reaccionaba completamente a los caprichos de mi cabeza y del amor que profesaba.

Aquella tarde nos fuimos a dormir muy temprano, en nuestra cama le hice el amor hasta terminar de calmar sus inseguridades con besos y con caricias. Dormidos y desnudos nos relajamos nuevamente de todas las vicisitudes que acontecían, no había otra cosa más que él y yo.

Muy temprano me levanté completamente fresco y renovado, un nuevo día que brillaba para mi familia. Era sábado por la mañana y luego de no saber de él, un mensaje suyo en mi celular:

«Te extraño amigo, de verdad lamento todo el problema. Por favor me gustaría charlar un día. ¿Cómo te ha ido?»

Mi amigo Hiroto que dejaba un mensaje cada cierto tiempo, a pesar de sentir tristeza recordé que mi mejor amigo me había chantajeado y había traído a ese acosador a mi vida. Todavía no estaba dispuesto a perdonarlo. Aunque respondí:

«Todo bien, espero que a ti también te vaya bien en todo»

Luego de eso, no recibí ningún mensaje suyo, mamá nos acompañó al desayuno y se fue felizmente a pasear al lado de Kunihiro y Masaki, dejándonos ahí para tener un día tranquilo. Al menos eso creí cuando salí a traer un enorme bote de helado de fresa y chocolate a la tienda. Al volver me encontré con Hiroto en la entrada de la casa al lado de una mujer.

1 En referencia al argumento de René Descartes sobre la creencia justificada en que el sol sale todos los días.