PERDONADMEEE! Mis queridísimos lectores estuve muy pero muy ocupada y no podía terminar este capítulo… primero, tuve que estudiar para las pruebas de mi universidad y luego me fui de vacaciones y lo peor es que donde me encontraba, no tenía internet. De verdad lo siento... pueden criticar sin compasión, me lo merezco. Y por cierto, como regalo, mándenme sus sugerencias e ideas y las incluiré en futuros capítulos de esta misma historia.

Otra cosa… yo nunca he dicho el disclaimer… así que por si cualquier cosa, desde hoy comenzaré:

Los personajes no son mios, son de Sthephenie Meyer.

CAPÍTULO 5

Cambios de Humor

"hay cosas que (a veces) prefiero no saber"

Bella POV

Luz... mis ojos… peso en un lado de mi cama y…

– buenos días dormilona… creo que no has puesto la alarma.

Iba a decir ruido pero una voz angelical como esa merece el nombre de "melodía".

– ¿Edward? – pregunté con los ojos cerrados con fuerza aunque por supuesto sabía que era él.

– ¿quien más vendría a despertarte para ir al instituto?

– no lo sé… ¿Emmett? o ¿Esme? – me gustaba tomarle el pelo

– claro, seguro tengo voz de mujer. Mejor levántate o te irás sola – dijo riendo, quitando la almohada a la cual me aferraba y tirándomela encima.

– ¡hey eso no se vale! ¡Me las pagarás! – dije levantándome rápidamente para tirarle la almohada de vuelta, pero él la esquivó.

– el la guerra y en el amor todo se vale – se burló de mí.

Reí ante sus palabras e imitando su manera en que a veces me molestaba, le respondí.

– Y… ¿por qué hacemos esto ahora, por guerra o por amor? – dije levantando las cejas con la mirada más coqueta que pude.

– mm… ehh… – balbuceo nervioso por mi comentario pero luego captó el fondo de mi broma, porque me siguió el juego. – no lo sé… ¿que prefieres tú? Podríamos hacer la guerra o… el amor – touché, me había ganado.

– ok, ok, sé que eres mejor con estas bromas, me rindo – no podía evitarlo, yo si que me ponía nerviosa.

– jajajaa eso está mejor, solo yo puedo hacer eso, no lo olvides. – Entonces se acercó para desordenar mi pelo con cariño y se fue cerrando la puerta por fuera.

Otro día había comenzado en la casa de los Cullen, otro día junto a Edward.

– ¡bieennn! ¡Aquí vamos! –grité levantando mis brazos con animo.

– ¡te voy a dejar aquí! – gritó Edward desde el pasillo; había escuchado mi "súper" expresión y se carcajeaba de manera que lograra escucharlo hasta que bajó las escaleras.

Así que sin más demora, me alisté para ir al instituto. Besé a Esme en la mejilla cuando me saludó en la cocina, antes de desayunar, creo que no se lo esperaba porque abrió los ojos como plato y luego llevó su mano hacia la mejilla en donde la había besado y entonces sonrió. No sé por qué, pero hoy estaba de muy buen humor y eso era extraño, hace más de un mes que no me sentía emocionada por nada y al parecer los demás lo notaron porque cuando salí de la casa, con Edward tras mí, alcancé a escuchar a Esme que le decía algo como "no dejes que se le quite, me gusta verla así". Pero no me di vuelta a mirar, solo di saltitos hasta llegar al auto, me subí, prendí la radio y me quedé tarareando la música. Edward me miró con una ceja alzada cuando llegó al auto, dando a saber que le parecía extraña mi actitud y me pareció de lo más gracioso por lo que solté una risita de la nada y solo me encogí de hombros, haciéndole saber que tampoco entendía por qué me encontraba así. Él solo sonrió de lado, mientras miraba hacia adelante y prendía el auto. De pronto sentí que mi día mejoraba aún más y creí notar que no era la única contenta hoy.

Alice también lo notó porque me interrogó de inmediato, me dijo que le contara todo lo que me había pasado desde que yo dejé el comedor el día anterior. Entonces ella creyó tener la respuesta:

Yo me encontraba feliz porque Edward se había disculpado conmigo, porque mi amigo Jacob me había dicho que nunca lo perdería, porque tuve a Edward siendo amable conmigo toda la tarde, defendiéndome de las locas que querían golpearme por lo ocurrido en la hora de almuerzo, por la manera en que me despertaron y, repito de manera textual: porque Alice era la mejor amiga que podría tener y eso era motivo de sobra para estar contenta.

Me causó mucha gracia su razonamiento final, tan "humilde" como siempre. Pero debo admitir que ella si es muy importante para mí, como si fuera mi propio rayito de sol que me alumbra el día cuando está muy gris.

En clases, Edward se sentó a mi lado, fue muy divertido porque hicimos un trabajo en la clase de Historia y ambos competimos para ver quien terminaba primero… él ganó. Debo admitir que es muy inteligente y aunque al principio me puse un poco celosa de que recibiera toda la atención que antes tenía yo (ya que era la primera en mi clase respecto a las notas), me estaba acostumbrando a ello y hasta me agradaba que hubiera alguien más a quien tuvieran que pedir los apuntes.

Cuando terminaron las clases de la mañana (ya que los días miércoles y viernes no teníamos clases después de almuerzo y al menos yo, no pertenecía a ningún club deportivo) solo me dispuse a ir a casa junto a Edward, pero cuando nos dirigíamos a ella en su auto (o eso creí yo) de pronto nos desviamos del camino.

– Edward ¿qué haces? La casa es hacia el otro lado

– ¿quién dijo que íbamos a casa? – dijo mirándome con una ceja alzada y su sexy sonrisa ladina.

– y entonces ¿dónde vamos?

– Lo verás cuando lleguemos – dijo sin mirarme y solo siguió conduciendo

– te advierto que no me gustan las sorpresas.

– La verdad cuento con que esta te guste – dijo esperanzado

– eso espero… porque me llevas sin mi consentimiento así que esto es prácticamente un secuestro.

Él solo sonrió ante mi comentario y siguió conduciendo sin mirarme hasta que un cartel diciendo "bienvenidos a Port Angeles" me reveló nuestra ubicación.

– ¿qué se supone que hacemos en Port Angeles?, si tenías que venir a hacer compras, o algo así, no tenías para qué traerme – dije cruzándome de brazos un poco molesta. Ya no acostumbraba a salir de casa con excepción del instituto y este chico, estaba cambiando mi rutina.

– solo… cálmate Bella. Y por favor, si algo no te gusta, al menos dilo al final del día, no antes de comenzar.

– si… como sea. – seguí con mi actitud. Edward resopló pero no dijo nada.

– Llegamos – dijo estacionando el volvo a la entrada de un restaurante. Miré un poco despectivamente, pero él me pidió que no hiciera comentarios negativos hasta el final del día así que solo me digné a abrir la puerta para bajar.

– Espera, espera, espera… – dijo saliendo del auto rápidamente hasta llegar a mi lado. Abrió la puerta del copiloto, y me tendió su mano, para ayudarme a salir – señorita… –esperó hasta que tomé su mano y al instante sentí una corriente eléctrica recorrer mi cuerpo. Le miré rápidamente para ver si había sentido lo mismo, pero seguro solo había sido yo así que me apresuré a salir y soltarle antes que notara mi extraña y vergonzosa reacción.

– ¿me llevas a comer?

– bueno, creí que sería buena idea comenzar por eso, ya que salimos de clases y nos vinimos directo, supongo que debes tener hambre… al menos yo la tengo. – dijo sabiendo que respondería que no, pues mi apetito se había reducido en este ultimo tiempo.

Cuando llegamos a la entrada me di cuenta que era el nuevo restaurante lujoso que habían abierto hace poco en Port Angeles.

– ¡¿aquí? pero, esto es muy costoso y solo venimos a almorzar…

– Bella, tranquila. Si no pudiera pagarlo no te habría traído a este lugar.

– Aun así… – pero antes que comenzara a sermonearlo, tapó mi boca y se puso tras mí para empujarme hacia el restaurante. En la entrada sacó su mano de mi boca para abrir la puerta, invitándome a pasar.

– no ganaré contigo ¿no es así? – él solo sonrió; yo suspiré derrotada y entré resignada.

Una ves que nos ubicamos en una mesa (que por cierto él pidió algo privado y para dos), se nos acercó una mesera a tomar nuestras órdenes, era bastante guapa y admito que sentí algo de celos solo de pensar que Edward probablemente quedaría embobado mirándola.

– ¿Qué puedo ofrecerle?– preguntó la mesera dirigiéndose a Edward mientras nos repartía el menú y pude notar el doble sentido de sus palabras.

– Las damas primero – dijo Edward para mi sorpresa y recién entonces me di cuenta, que yo estaba muy pendiente de la chica y que él se encontraba apoyando su cabeza en su mano izquierda, observándome fijamente.

– ah, si… –dije torpemente. La chica entonces se volteó hacia mí y comenzó a mover su pie con impaciencia mientras yo leía el menú. – quiero una… "ensalada Cesar" por favor – pedí cuando encontré algo liviano para comer.

– Bien – dijo la mesera volteándose rápidamente a Edward.

– Espere – le dijo aun mirándome – Bella, no puedo permitir que sigas alimentándote así – me reprendió –. Solo por cortesía dejé que escogieras, pero como sigas con ese apetito, seré yo quien escoja tu alimento de hoy en adelante. – me sentí un poco avergonzada por tramarme como a una niña de 5 años, pero no pude decir nada ante su preocupación por mí, que me agradó bastante, así que solo le dejé seguir. – Por favor– dijo a la mesera nuevamente, mirándola por primera vez, directamente a los ojos, otro en su lugar, la habría mirado completamente – de entrada, tráigame dos ensaladas caprese , de fondo rizzotto de langosta y para la señorita fetuccini con camarones, y de postre quiero dos Tiramisú.

– Como ordene – apuntó con desgano la mesera – enseguida les traigo su orden – dijo retirándose.

– Sólo comida italiana, en honor a tu nombre – dijo guiñándome un ojo y me deslumbró por un momento.

– Edward ¿no crees que es demasiado? – le pregunté intentando no sonrojarme.

– Claro que sí… – respondió seriamente– en comparación a lo poco que has estado comiendo, sí lo es– continuó reprochándome.

– hey… no es para tanto. – traté de defenderme, pero él hizo referencia todo el tiempo a lo delgada que estaba, que si no quería enfermarme, debía consumir las vitaminas que los diferentes tipos de alimentos me ofrecían… yo solo pensaba "blablablá… dice esas cosas solo porque su padre es doctor".

La mesera llegó con el plato de entrada y comenzamos a servirnos, mientras conversábamos de cosas triviales.

– Edward… me dirigí a él un poco dudosa – ¿por qué me has invitado hoy a comer?

– bueno ¿no es obvio? Teníamos que almorzar –respondió con toda naturalidad

– si, pero podríamos simplemente haber ido a casa.

– tienes razón, mala excusa. – Sonreí ante su sinceridad – Pues verás… – dijo seriamente – la verdad es que, quería disculparme contigo…

– pero ayer ya te disculpaste…

– sí, pero la cosa es, que las palabras deben ir acompañadas por actos, no sirve disculparse solo con palabras, cuando yo te dañé con hechos.

Sentí que mi rostro comenzaba a arder otra vez. Lo que estaba diciendo me parecía muy maduro de su parte y muy tierno también, y aunque me decepcionó un poco que me haya invitado solo por disculparse, sentí que mi día mejoraba todavía más y yo que no creía que eso fuera posible.

– Bella ¿en qué piensas? – dijo sacándome del ensimismamiento

– Ehh… – intenté ordenar mis ideas, para no decir nada estúpido – pienso que, no era necesario, pero gracias – fue todo lo que pude decir aunque lo cierto es que pensaba muchas cosas más.

Después de comer el postre y de conversar bastante, Edward pidió la cuenta. Luego dejó una considerable cantidad de dinero, pero omití hacer comentarios sobre el gasto y entonces salimos del restaurante.

– eso ha salido bastante bien, no hemos peleado nada. – rio Edward luego de su propio comentario.

– Es cierto, lo he pasado bien – dije mientras caminaba hacia el auto

– que bueno, porque aún no hemos terminado con el paseo.

– ¿ah no? – dije mirando hacia atrás. Edward no se había movido de su lugar

– nop, así que no vayas al auto, estamos cerca.

– Está bien… como tu digas – dije levantando mis manos en signo de rendición.

Me acerqué a Edward para comenzar a caminar hacia su lugar escogido, pues yo no sabía donde íbamos.

– señorita… – dijo extendiéndome su brazo para que tomara de él.

– esto es un poco anticuado… ¿lo sabías?

– tal ves, pero así fui enseñado.

Entonces tomé de su brazo pues aun me lo ofrecía y seguimos caminando. De pronto Edward sacó su "iPhone" y lo levantó. No entendí que estaba haciendo hasta que él juntó su cabeza con la mía y sentí el flash y el sonido del obturador.

– ¡hey!… me hubieras avisado que sacarías una fotografía.

– no me hubieras dejado, a demás – dijo mirando su teléfono celular y luego a mí– has salido perfecta.

Desvié mi mirada de la suya porque me cohibí con su comentario. Era la primera vez que Edward me alagaba así y el ambiente que se había formado desde que llegamos a Port Angeles me hacía sentir como en una cita.

– bien señorita perfecta, hemos llegado – anunció luego de caminar unas cuantas cuadras – ¿qué película quiere ver? – dijo indicando al cine.

Vimos varias opciones y terminamos escogiendo una en 3D, de aventura y fantasía llamada "Avatar". Edward compró palomitas de maíz y bebidas, a pesar de toda la comida que habíamos ingerido hace media hora. Una vez sentados en el cine, solo nos dedicamos a ver la película y a comer por inercia, aunque yo también miraba a Edward de vez en cuando.

Terminada la película me dirigí al tocador mientras Edward me esperaba. Me miré en el espejo y noté que estaba un poco adormilada; lavé mi cara y la sequé con mi blusa, luego me acomodé el cabello que se había enmarañado un poco al apoyarme en el asiento del cine. No me arreglé nada más porque nunca llevaba conmigo ninguna clase de maquillaje aunque por primera vez creí que no sería tan mala idea comenzar a usarlo.

Después de ver que no quedara ningún cabello fuera de su lugar, me encaminé hacia Edward, aunque en cuanto lo vi, quise devolverme inmediatamente al baño, pero él ya me había visto salir y también la chica con quien se encontraba. Me dio un fuerte retorcijón en el estomago cuando me fijé que ella lo tomaba del brazo fuertemente y al acercarme a ellos me di cuenta que era hermosa. Su cabello era rojo como fuego y contrastaba con sus grandes ojos de color azul. Su piel se veía perfecta, al igual que sus rasgos casi felinos.

– Bella, te presento a victoria – me dijo Edward en cuanto llegué a su lado.

– hola, mucho gusto – me dirigí hacia la chica.

– Con que esta es la famosa Bella – dijo sin responder a mi saludo y mirándome de pie a cabeza de manera despectiva.

– vaya ¿así que soy famosa? – miré a Edward

– Si, Edward me ha hablado de ti desde que le saludé hacen 5 minutos – parecía desagradarle aquello pero yo me sentí bien al escucharlo. Aunque seguía molestándome el hecho de que Victoria, como la había presentado Edward, le estuviera tomando del brazo como si fuera más que una simple conocida o amiga.

– Eh... aún no me cuentas que haces aquí – se dirigió a la chica.

– Verás – respondió ella – me he cambiado de instituto y he decidido venir a Port Angeles, yo sabía que estarías en Forks y quise estar más cerca de ti. – yo solo podía pensar en lo descarada que era… – Bueno, eso y que mi padre realizará un proyecto de su empresa aquí este año, me dio la opción de quedarme en Phoenix o venir a este lugar y no me pareció tan mala idea un cambio de rutina – le guiñó un ojo.

– Tú no cambias – le dijo Edward.

– Tampoco tú – dijo Victoria y ambos comenzaron a reír mientras yo me sentía fuera de lugar. Creo que mi día había sido demasiado bueno para ser real, al parecer todo lo simpático que Edward era conmigo, no era más que su habitual forma de ser con todas las chicas. Y mi día vuelve a la normalidad…

– fue un gusto volver a verte Edward. Ah y por cierto ¿has cambiado tu número de teléfono? Porque el que tenía registrado ya no me funciona. Por cierto, dame también tu número de casa – le pidió, pasándole su teléfono móvil.

– Sí, he perdido el anterior y he tenido que comprarme otro – le contó Edward mientras se registraba en el teléfono de Victoria – aquí tienes – le devolvió el aparato.

– gracias, nos vemos pronto Edward – se despidió ella dándole un beso en la mejilla e ignorándome completamente, para luego alejarse con pasos de modelo.

– que simpática… – dije sarcásticamente y me dirigí hacia el volvo de Edward.

– ¡Bella espera! – pidió Edward siguiéndome.

– vamos, he tenido suficiente diversión por hoy.

– ¿lo dices enserio?

– claro que sí. Tú sabes que no acostumbro a salir y me has traído sin mi permiso, ahora quiero irme a casa. – había subido un poco el tono de voz sin darme cuenta y había logrado asustar a Edward por mi reacción sin sentido. Así que intenté calmarme pues él no tenía la culpa de mis estúpidos celos. – mira Edward… lo he pasado de maravilla, pero estoy cansada. Gracias por todo, de verdad, pero ahora necesito de la privacidad de mi habitación.

– eh… claro, como tu quieras – aceptó un poco desganado.

La verdad no quería que se sintiera mal por mi culpa, había sido muy amable y yo lo estaba arruinando, pero mis ánimos ya habían decaído otra vez.

Llegamos al auto y subimos en silencio. El panorama fue el mismo hasta llegar a casa. Allí, Esme nos esperaba y fue quién abrió la puerta.

– ¿que tal les ha ido chicos?

– Bien tía Esme – le respondí y pasé de largo. El resto de la familia, que estaba en el living, me miró con curiosidad, mientras pasaba para subir las escaleras, hacia mi habitación.

Llegué a mi cuarto y me tiré sobre la cama, boca abajo; allí me quedé pensando sobre lo ocurrido el día de hoy.

Estaba un poco confundida.

Sí; admitía que sentía algo por Edward, que lo había pasado muy bien hoy. Admitía también que me había puesto celosa, pero sabía que no tenía por qué molestarme con él, porque no éramos nada más que dos conocidos, viviendo por casualidad en la misma casa.

Lo que no sabía, era como actuar, porque a veces él lograba confundirme hasta llegar a creer que sentía, aunque sea lo mínimo, por mí, pero luego sale con sus bromas o lo que sea, que cambian toda mi visión de las cosas y me decepciono por haber creído que él pudiera pensar, siquiera un poquito en mí, de forma diferente.

Un melancólico suspiro se me escapó después de mi momento reflexivo que quedó en nada, una vez más.

– ¿Bella? – Me sorprendió esa voz. No había escuchado la puerta abrirse. – ¿Estás bien?

– ¿qué quieres Edward?

– eh, no lo sé. Solo quiero saber si te encuentras bien. De pronto te pusiste toda rara y entonces ya no volviste a sonreír, ni siquiera volviste a hablar y te viniste seria todo el camino.

– siempre estoy así, ¿por qué te extraña ahora?

– porque hoy te levantaste feliz y de pronto, salimos del cine, tú vas al tocador y cuando vuelves, llegas toda rara. O… tal vez fue cuando llegaste junto a Victoria y a mí…

– ¿qué quieres decir? – me di vuelta para mirarlo. En ese momento pensé que se había dado cuenta de mis celos, me senté en la cama y continué prestándole atención.

– bueno que, tal ves te molestaste porque Victoria fue muy grosera cuando se dirigió a ti y luego no se despidió… supongo que no fue agradable para ti.

–ehh... sí, lo que tú has dicho. Pero que mal educada fue… – le seguí la corriente. La verdad es que sí había notado la mala actitud de la chica hacia mi persona, pero no le había tomado mayor importancia. – por cierto… ¿de qué se conocen?

– pues… ambos pertenecimos al equipo de basquetbol del colegio allá en Phoenix.

– ohh… con que fueron compañeros en el instituto – me sentí un poco aliviada de que solo fuera eso.

– sí, eso y… a demás fuimos novios. –adiós alivio.

– ¿novios?

– sí, por tres meses.

– ¿solo tres? – tal ves preguntaba mucho, pero quería saber los detalles.

– es una larga historia, pero aunque fueron solo tres meses, alcanzamos a hacer de todo. – mi mundo repentinamente se vino abajo, Edward, con 17 años, ya había pasado de todo y yo recién había recibido mi primer beso a los 16, y ni siquiera fue con mi permiso. No sé que cara habré puesto, o tal vez fue mi silencio, pero Edward se dio cuenta de lo que pasaba por mi cabeza. – ¡no es lo que estás pensando!

– pero… dijiste que habían pasado de todo.

– sí, pero no ese tipo de cosas… me refería a: navidad, año nuevo, día de san Valentín. – mi mente me había jugado una mala pasada pero agradecía que solo hubiera sido eso… oh, tal ves no, quizás con ella no pasó eso, pero ¿y si tuvo otra novia antes? – a demás… – continuó explicando – mi primer beso ha sido contigo y con eso te digo todo.

Su primer beso… Oh oh... él lo sabía.

– ¿qué?... ¿de qué estás hablando? – me hice la desentendida.

– vamos Bella, sé que estabas despierta ese día en la enfermería.

– pero…

– Tu cuerpo te ha delatado – Respondió antes que pudiera formular la pregunta –. Si hubieras estado durmiendo, no te habrías sonrojado ni apretado los ojos más fuerte… eres una mala actriz. – se burló de mí.

– bien… estaba despierta, pero jamás creí que me besarías. Ha sido mi primer beso y la verdad no esperaba que fuera de esa manera – le reproché. – ¿por qué lo hiciste?

– ¿no es obvio? – Respondió con naturalidad – Porque me gustas.

Fin del quinto capítulo! Shan shan shaann! ¿Qué opinan de lo que ha ocurrido hoy? Ojala que les haya gustado… no sabía como terminar el capítulo pero dejarlo en suspenso esta vez me pareció una buena opción. ESPERO SUS COMENTARIOS A TRAVÉS DE LOS REVIEWS! y recuerden presionar Go! Para estar al tanto de los próximos capítulos… los quiero! Gracias por seguir leyendo a pesar de toda la demora!