Chicas, cuanto lo siento, demoré tanto en actualizar… pero si supieran todo lo que pasé estas semanas… solo puedo decirles que no lo he pasado de lo mejor y eso me provocó la perdida de mi inspiración y así como estaba, peleada con tantas personas (comenzando con mi madre porque me saldré de la universidad), no podía escribir un capítulo en donde Edward y Bella se reconciliaran. Por eso vuelvo a pedirles muchas disculpas y les doy las gracias por esperar, de verdad les quiero! Besooss y ojala les guste el cap. Hice todo lo que pude, de verdad u.u
Capítulo 7
En El Fondo, Te Extrañé.
Ignorar a alguien que quieres, se vuelve tu propio castigo.
Bella POV
No entendía nada… ¿como podía ser posible? ¿Es que a todo mundo le había dado por besarme sin mi consentimiento? Primero Edward, luego Jacob, como se han atrevido... ¿acaso se habían puesto de acuerdo para burlarse de mí? No sé que traían en mente o no quería entenderlo, pero ya llevaba una semana completa escapando de ellos.
Era un poco complicado no toparme con Edward (a pesar que él había estado saliendo bastante seguido), debía inventar siempre raras excusas y aun así, de vez en cuando, me lo topaba por los pasillos de la casa o cuando cenábamos, pero jamás le miraba siquiera, aunque Edward tampoco insistía en buscarme si yo no le hablaba y Alice venía por mí todas las mañanas para llevarme al instituto. Por otra parte, escapar de Jacob se me había echo incluso más difícil aún porque él si que era insistente. Intentaba pedir disculpas por lo que había hecho, pero yo simplemente no quería oírlo. Su atrevimiento había ido demasiado lejos, yo no era cualquier chica como para que llegara y me besara sin más.
Alice y Ángela siempre me ayudaban a escapar en el instituto, cuando veían que se me acercaba alguno de los dos, los mantenían ocupados mientras yo corría lo más rápido para desaparecer de sus vistas o me salvaban diciendo que me necesitaban para alguna cosa y me llevaban con ellas. Pero debía admitir que toda esta situación me traía de los nervios, no sabía cuanto más iba a poder seguir arrancando, estaba bastante cansada.
Para peor, hoy estaba en casa toda aburrida y no tenía con quien huir, Alice debía acompañar a su madre a hacer algunas compras y yo no quería interrumpir su día de madre e hija. Ángela tampoco estaba disponible, tenía una salida especial con su novio Ben, creo que por cumplir tres meses juntos o cerca. Así que solo me tiré un rato en mi cama para ver la televisión en la gran pantalla que habían puesto colgada en la pared de frente y me puse a ver una película para pasar la tarde rápidamente.
La película no fue suficiente para mantenerme entretenida y pronto me bajó el sueño. Sentí que mis parpados estaban pesados y comenzaron a cerrarse lentamente.
– Bella, Bella… – esa voz…
– Mm… – fue todo lo que pude responder. El sueño podía más.
– Despierta dormilona – me remecieron unas cálidas manos. De pronto reaccioné.
– ¿Qué haces aquí? – pregunté levantándome de golpe y unos ojos de un verde profundo quedaron a centímetros de los míos. Quedamos sin reaccionar por un segundo y luego lo empujé para que se alejara.
– Lo siento –dijo haciéndose a un lado sacudiendo la cabeza como si intentara reaccionar –. Solo quería hablar contigo.
– pero no hay nada de qué hablar, ya te dije que en cuanto me dejaras tranquila, sin andarme haciendo bromas, todo estaría bien entre nosotros. –le dije cruzándome de brazos.
– Pero si no era… Bella ¡ya ni siquiera nos hablamos! – Se quejó – a demás, vivimos en la misma casa, es un poco incomodo verte todos los días y recibir esos desprecios que me haces…
Lo miré de reojo y vi en sus ojos una nota de tristeza.
– Debiste pensarlo antes – continué con orgullo, aunque ya no estaba segura de querer seguir con eso, en el fondo, también me dolía un poco (y solo un poco) ignorarlo.
– Vamos Bella ¿hasta cuando seguirás molesta? Si así lo deseas, prometo no volver a molestarte, pero no sigas ignorándome… –dijo tirando de mi blusa como un crío.
– Mm… no te creo – dije haciéndome la difícil.
– Es enserio – puso unos ojitos de cachorro tan tiernos que no me pude resistir.
Lo miré con una ceja alzada e hice como si aún lo estuviera pensando, pero luego le sonreí y acepté sus disculpas. Sus ojos se iluminaron como si hubiera recibido un gran regalo. Yo solo pude sentir un gran alivio dentro de mí, como si un nudo se acabara de desatar, aunque en el fondo, aún quedaba otro, el de Jacob.
– ¡Gracias Bells! –dijo con entusiasmo y una risita se escapó de mis labios sin querer. –Me alegra verte sonreír otra vez, no sabía cuanto más resistiría tu mirada de odio y peor aun el que ni siquiera me dirigieras la palabra.
Me alegró saber que le importaba.
– Oh vamos, no es para tanto.
– Si que lo es…. – de pronto pareció recordar algo – por cierto, me pareció ver que no solo estabas enojada conmigo.
– ¿qué? – me hice la desentendida
– Bueno, creí notar que estabas enojada también con Jacob.
– Ahh eso… – hice como si no tuviera demasiada importancia – Sí, nos hemos peleado.
– Pero... ¿No que era tu mejor amigo? Por qué estarías enojada con él. – siguió con el interrogatorio y me hizo recordar la escena de hacía una semana. No pude evitar sentirme un poco triste.
– Se suponía que era mi amigo – mi voz sonó más apagada de lo que quería.
Así era, pero ya no estaba segura. Sentía pena, porque le necesitaba como amigo pero él había salido con sus cosas de amor, arruinándolo todo. Al menos solo me lo hubiera dicho, hubiéramos conversado, aclarado las cosas, tal vez hasta haber llegado a un acuerdo. Pero no, a Jake no se le había ocurrido nada mejor que sorprenderme con su confesión y luego plantarme un beso.
– ¿Te hizo algo malo? Porque si es así… –dijo Edward poniéndose de pie, como dispuesto a salir a golpear a alguien.
– ¡No! –le dije antes de que sacara conclusiones apresuradas. – No es nada importante en realidad… – Mentí. Era importante para mí.
– ¿Sabes qué? No importa – decidió terminar con el tema, para mi alivio –. Vamos a olvidarnos de lo ocurrido antes, ¿qué te parece? – Pero no alcancé a responder – ahora ponte zapatillas cómodas, quiero que vengas conmigo a una parte.
– ¿A dónde? Y ¿quién dijo que quería salir?
– Oh vamos, Bella – insistió – Llevas toda la mañana encerrada. No te hará mal un poco de aire fresco.
– Pero… –
– Sin peros – dijo tirando de mí y levantándome de la cama sin mayor esfuerzo.
– Está bien… – acepté desanimada. No es que no quisiera salir, pero se suponía que recién lo estaba perdonando, no debía demostrarle que en realidad lo único que quería era pasar todo el tiempo en su compañía y es más, recuperar esta semana en la que lo tuve tan lejos por puro orgullo.
– Excelente, te espero abajo – me dio esa sonrisa ladina que se había vuelto mi favorita y salió.
Hice lo que Edward me pidió, me puse zapatos cómodos y le encontré luego en el primer piso, listo para partir donde sea que me llevara.
– Muy bien, vamos – dijo y nos montamos en el auto.
Cuando llegamos a ninguna parte en realidad, porque nos detuvimos prácticamente a la entrada del bosque, Edward dijo que debíamos bajar y caminar.
– ¿A dónde vamos Edward?
– Es un lugar hermoso, ya verás – dijo entusiasmado caminando hacia el bosque.
– Espera… no soy tan rápida como tú.
– Será mejor que lo intentes al menos – se rio – el lugar es un poco lejos.
– Ahh... ya voy –dije apesadumbrada y le seguí lo más rápido que pude.
Caminamos alrededor de dos horas entre tropiezos y resbalones por mi parte. No es que fuera torpe, pero aún habían quedado rastros de la lluvia del día anterior y el suelo estaba todo resbaloso por el barro. Edward por su parte, parecía manejarlo mejor, como si hubiera venido más de una vez y claro, él tenía una buena condición física pues había estado en el equipo de basquetbol en su antiguo colegio. Como caminaba delante de mí, aproveché de corroborarlo. Sí, el tenia muy buena condición física, una espalda ancha y un lindo…
– Ya llegamos – anunció Edward sacándome de los pensamientos inadecuados que había comenzado a tener. Seguro era el cansancio que estaba bloqueando mi mente.
– Por fin –dije aliviada– ya estaba comenzando a tener visiones por la fatiga – bromeé.
– Si, creí notarlo – sonrió Edward torcidamente y me guiñó un ojo.
– ¿qué? – pregunté sonrojándome. Rayos, me había pillado.
– Que sí, creí notar que estabas fatigada, Bella… –dijo si quitar esa sonrisa traviesa y su mirada divertida, mientras avanzaba unos pasos más. Yo preferí hacerme la desentendida y restarle importancia al asunto.
Después de cinco metros más de puros árboles, una hermosa visión apareció ante mis ojos.
– ¿qué te parece? – Preguntó Edward
– Es… – dije maravillada, observando el pequeño prado lleno de flores que estaba delante de mí –hermoso.
No había visto nada igual aquí en Forks y eso que llevaba tantos años en este lugar. El sol iluminaba como rara vez lo hacía en este pueblo lleno de sombras y la brisa fresca golpeaba el rostro con un exquisito aroma a flores silvestres.
Avancé hasta el medio del claro observando todo a mi alrededor y me recosté en la hierba, tomé las flores que estaban a mi lado y las acerqué a mi nariz para absorber mejor ese delicioso aroma. Luego miré hacia el cielo y se veía de maravilla, todo azul y a penas unas nubecillas blancas pasaban de ves en cuando para adornar el cielo.
Cerré mis ojos y disfruté todo a mí alrededor, sentí de pronto una gran calma recorrer mi ser, una tranquilidad que no había sentido hace tanto tiempo. Sentí paz. Inhalé profundamente y apreté el pasto de mis costados como intentando obtener más de esa esencia tan pura que me rodeaba. Me olvidé por un momento de todo lo demás…. hasta que recordé que alguien más había venido conmigo.
Me apoyé en mis codos y miré a Edward que estaba frente a mí observándome. Tenía una chispa de diversión en sus ojos y se mordía el labio.
– ¿Qué? – le pregunté.
– No es nada –dijo aun observándome ¿complacido? – solo que te ves… tan feliz allí.
– Oh…
– Pensé que nunca lograría verte así. Estás siempre tan atareada, triste o molesta. No lo sé…
– Es que este es un lugar muy hermoso, me inspira calma. – Le expliqué contenta al notar su preocupación – ¿Cómo lo encontraste?
– Ehm… has estado tan ocupada evitándome esta semana, que ni has notado lo que he salido.
"eso dices tú" – pensé.
– pues, la semana pasada salí a caminar, quería estar solo un momento, reflexionar… anduve a la deriva por el bosque hasta que me topé con este claro de casualidad y he venido desde entonces. Así como tú, me sentí tan bien, que decidí hacerlo mi lugar especial.
– Gracias –dije ante sus palabas.
– ¿Por qué? –me preguntó ladeando la cabeza sin comprender.
– Por compartir tu lugar especial… conmigo. – y me pareció de lo más tierno ver como sus mejillas se teñían rosas. Tal vez no solo era el lugar el que me había hecho sentir tan bien...
– Será nuestro secreto – dijo guiñándome un ojo una vez más y entonces fueron mis mejillas las que se volvieron de otro color.
Edward se recostó a mi lado y nos quedamos así por no sé cuanto tiempo. Debo admitir que me sentía nerviosa tener su cuerpo tan junto al mío, nuestros hombros estaban pegados y estábamos tan quietos que podía sentir el leve movimiento producido por su respirar.
Después de un rato de silencio nos pusimos a jugar a encontrar las formas a las nubes que pasaban. Fue simplemente genial. Nos reímos tanto, ya no recordaba lo que era reírse con ganas.
– Mira esa –dijo apuntando al cielo, hacia la nube que pasaba en ese momento. – parece un cisne.
– es cierto, que bonito –asentí.
Cuando bajó la mano, sin querer rozó la mía. Sentí una corriente eléctrica recorrer mi cuerpo como ya me había pasado otra vez. Por inercia miré a Edward rápidamente y él hizo lo mismo, al parecer, en esta ocasión, no me había pasado solo a mí.
Nos quedamos mirando fijamente y mi corazón aceleró el ritmo de sus latidos. Sus expectantes ojos verdes me hipnotizaron en el acto y me perdí en ellos no sé por cuanto tiempo. De pronto sentí un fuerte apretón en mi mano y luego el rostro de Edward enrojeció.
– Oh… lo siento –dijo sentándose de golpe mientras apretaba nervioso su mano con la que había tomado la mía. Entonces me di cuenta que mi mano estaba tibia porque él había permanecido apretándola todo el rato que estuve bajo su hipnosis – no fue... yo no… no me di cuenta de como… – Pero no pudo articular más palabras y solo agachó la vista, avergonzado.
Me levanté, apoyándome en mis codos y le miré un momento. Parecía perdido en sus pensamientos mientras miraba a la nada.
– Yo… lo siento – volvió a decir.
– ¿Por qué te disculpas tanto?
– Es que, no quiero que te enojes por pensar que estoy jugando con tus sentimientos, no quiero que me vuelvas a ignorar – dijo a penas con un hilo de voz –, de verdad no me di cuenta, solo tomé tu mano y…
No pude evitar sentir compasión por Edward, verlo ahí tan asustado solo porque podía enojarme con él. Me sentí como un ogro malvado. En verdad lo había pasado mal siendo ignorado, y yo con la idea de hacerme respetar, no había notado que me había pasado de la raya.
No lo dejé continuar y lo abracé. Lo hice porque era lindo, porque era tan considerado conmigo, porque en el fondo, sabía que me había traído a este lugar para que me sintiera bien, porque no quería hacer nada para que yo estuviera molesta. Y aún sin esas tontas excusas, lo hubiera abrasado de todas maneras. Lo apreté tan fuerte que tuvo que pedirme aflojar los brazos por falta de oxígeno pero no me avergoncé, porque había necesitado hacerlo desde hacían días. Porque le había extrañado aunque viviéramos en la misma casa y nos cruzáramos todos los días. Pero no había sido suficiente, y por fin me había dado cuenta de que no podía estar molesta con Edward y de que no volvería a ignorarlo jamás, porque en vez de castigarlo a él parecía que me castigaba a mí misma.
Cuando me separé, Edward me miró con extrañes y no era para menos si hasta esta mañana le había hecho entender que no quería ni verlo. Pero no quise explicarle todo lo que había pensado así que poniendo mi dedo índice en sus apetecibles labios y negando con la cabeza le hice entender que no dijera nada y luego le regalé la mejor de mis sonrisas. Después de eso nos volvimos a recostar en la hierba, entonces fui yo quien a propósito tomó su mano y así permanecimos hasta que Edward dijo:
– Bella… se hace tarde, debemos partir.
No lo habría notado si no me hubiera dicho lo obvio; se estaba haciendo tarde, el sol ya casi se ocultaba y nosotros aún teníamos que caminar como una hora para volver a penas al auto. Así que, nos pusimos de pie y sacudimos el pasto pegado a nuestra ropa para volver a internarnos en el bosque, no sin que antes tomar la mano de Edward otra vez, quien correspondió a mi gesto y la mantuvo presionada lo que duró el regreso a casa, hasta que Esme abrió la puerta y con un abraso, le dio la bienvenida a una muy buen humorada Bella.
¿Mereceré algún review? U.u
