Disclaimer: NADA ME PERTENECE, HISTORIA PERTENECE A SARA ORWIG TODO LO RELACIONADO A TWILIGHT PERTENECE A MEYER!:)

Gracias por sus comentarios! =) los aprecio mucho y como le encanta la historia voy a continuarla! :)

aqui esta el capitulo tres, espero que le guste a todos=)!

imagenes de ropa en mi perfil por si quieren verlas, es mas facil imaginarselas asi.

NOTAS IMPORTANTES AL FINAL LEANLAS

El martes por la mañana, el día del temido traslado, aún era de noche cuando Bella salió de su casa. Después de abandonar su hogar en el norte de Seattle, y atravesar Port Angeles, se dio cuenta de que había mirado el reloj quince veces durante los últimos quince minutos.

Fue un largo y aburrido trayecto sin incidentes que la alejó de las luces de la ciudad y la civilización. La semana anterior Edward Cullen no le había inspirado confianza. Se había mostrado receptivo y había cooperado, pero no había participado mucho en las conversaciones que habían mantenido el, Emmett y ella; en realidad, la mayor parte del tiempo había parecido estar soñando despierto. Era evidente que no tenia ambiciones; de lo contrario, no habría dejado la empresa.

Bella apretó los dientes e imaginó una casa alargada con caballos y animales correteando alrededor y una valla metálica rodeándola para evitar que se le acercaran las vacas. Y a pesar de que la calefacción estaba encendida, se estremeció.

"Emmett, te odio por todo lo que me has hecho" se dijo a si misma en voz alta.

Conduciría cuatro horas al día de lunes a viernes de Seattle a la finca, y a la inversa, por un paisaje llenos de arboles y vallas de hilo metálico.

Cuando por fin cruzó dos altos postes de piedra, la luz del sol ascendía por el llano horizonte. Unas grandes puertas de hierro se abrieron al utilizar el control remoto que Edward le había dado.

Recorrió un largo sendero hasta llegar a otra valla con más puertas de hierro y con sorpresa vio el cambio de paisaje: aspersores de agua regaban zonas de césped, había estanques y fuentes plateadas, y abundaban los robles. El roció en las hojas y en la hierba reflejaba la luz. No tardo mucho en llegar a la finca propiamente dicho, y se dio cuenta de que había subestimado a Edward Cullen. Había suficientes edificaciones para formar un pequeño pueblo. La casa de la finca era una mansión de dos plantas que igualaba en lujo a la palaciega de Emmett Cullen.

La luz del sol bañaba los tejados y confería un tono rosado a las innumerables flores de los jardines que rodeaban las edificaciones. Se sacó un trozo de papel con direcciones, las siguió y detuvo el coche delante de lo que parecía una casa de finca de madera y piedra largada. Tras agarrar el boso, la cartera y el ordenador portátil, se bajo del coche.

Su sorpresa aumento mientras cruzaba un ancho pasillo con calefacción que recorría el perímetro de la edificación. La puerta se abrió antes de darle tiempo a llamar al timbre y el pulso se le aceleró al encontrarse con esos ojos verdes y esa sonrisa que hacia, que le hacían temblar las piernas. El cuerpo le tembló y al instante, igual que le había ocurrido durante su ultimo encuentro, se olvido de su animadversión hacia el. Sentía la atracción por ese hombre hasta los dedos de los pies.

"Buenos días" dijo Edward Cullen con una sonrisa. Su camisa de rallas y la botas le recordaron una vez mas por que no le gustaba su nuevo trabajo. "Vaya, estas tan guapa como una mañana soleada. Vas a conseguir que este trabajo me resulte soportable".

"Gracias" respondió ella aun mirándole fijamente a los ojos, incapaz de romper el hechizo que la mantenía inmóvil.

La sonrisa de Edward se agrando.

"¿Que tal el viaje?"

"Tranquilo, sin incidentes y nada de trafico" respondió Bella, sorprendida por la amabilidad con que había pronunciado esas palabras.

"Entra. ¿Quieres un café antes de que empecemos?" Edward se echo a un lado para cederle el paso y cuando ella aparto la mirada se rompió el hechizo. La vergüenza la hizo enrojecer. Se había comportado como una adolescente al mirarla un chico por primera vez. ¿Donde tenia la cabeza? ¿Y por que le había dicho a Edward que el viaje había sido tranquilo? Había sido horrible: demasiado largo, demasiado aburrido y solitario.

Se adentro en el recibidor preguntándose a que clase de hechizo se había visto sometida.

"Ya veo que trajiste la oficina contigo" dijo Edward mirando la cartera y el ordenador portátil.

"Son unas cosas pensé que deberíamos revisar".

"Primero vamos a tomar un café y hablar de lo que vamos hacer hoy. Si quieres comer algo también-…"

Bella decidió establecer las reglas de la relación desde el principio.

"Edward, creo que deberíamos tratar el trabajo como si estuviéramos en la oficina. De esa forma seremos mas eficientes".

Edward le sonrió y los ojos, llenos de humor, le brillaron, lo que la irrito aun más.

"Como quieras, Bella. A propósito, como es que te pusieron ese nombre? Ya no es frecuente".

"Mi cumpleaños es en septiembre y mi madre se había ilusionado porque iba a visitar a Italia, y también tener una hija, así que me puso por nombre Bella, que significa hermosa, o algo así" contesto ella, e intento volver a adoptar una actitud seria y profesional, "Necesitare algo de tiempo hoy por la mañana para instalarme".

"No te preocupes por eso, llamare a alguien para que se encarguen de traer sus cosas".

"Supongo que será lo mas rápido" dijo ella, "¿donde esta mi despacho?"

"Al lado mío. Puedes decolarlo a tu gusto. Emmett se encargo del transporte de algunos de tus muebles con el fin de que tengas lo básico aquí".

"No necesito nada especial. Aquí no van a venir a vernos clientes".

Sonriendo traviesamente, Edward la miro

"Todo esto te hizo poca gracia como a mi, verdad? Mi hermano es un poco experto presionando, igual que nuestro padre".

"Supongo que a mi me ha hecho mucha mas menos gracia que a ti" respondió ella secamente.

¿Como podía bromear? Ella no le veía la gracia a la situación. Y le molestaba aun mas encontrar a Edward Cullen atractivo.

"ya veo que estas listo para trabajar en la finca" comento Bella mirando el atuendo de Edward.

"aquí no es necesario vestir formalmente. Es mas tú también puedes vestirte como quieras. Estaremos solos, además de las dos secretarias Lauren y Jessica que van a venir mañana. Dejemos las formalidades para otras ocasiones".

"Me siento mas profesional cuando llevo ropa de trabajo" dijo ella con su voz mas fría, sin comprender por que estaban hablando de la ropa.

"No seas demasiado dura con las secretarias si deciden vestirse de forma informal".

"Por mi pueden ir vestida con sacos de patatas si trabajan bien".

"Me alegra oírte decir eso. Este es mi despacho" dijo Edward indicando una puerta abierta.

Al dirigir la mirada al interior de la estancia, vio una habitación amplia con puertas de cristal correderas que daban a un patio; en ella había plantas, elegante mobiliario y tejidos coloridos. El lugar parecía salido de las páginas de una revista de decoración.

"No vives mal en esta finca, ¿verdad?" dijo ella acercándose al despacho que Edward le había asignado.

Su despacho era una habitación soleada con un escritorio grande, procedente de las oficinas de la empresa; le habían llevado los archivadores de madera de cerezo y una mesa de conferencias. También tenía un cuarto de baño privado.

"No me va a faltar espacio" declaro Bella, "Bueno, voy a empezar".

"Como quieras".

Ese hombre representaba todo lo que no le gustaba. Era lo contrario a ella. Le vio salir de la estancia mientras oía los tacones de las botas golpeando en la tarima del suelo. ¿Como iba a sobrevivir así un año entero?

Trabajó a destajo todo el día. Al colgar el teléfono tras una llamada y levantar la cabeza, vio a Edward apoyado en el marco de la puerta.

"Puedes quedarte a cenar si quieres. Yo voy a cenar en la casa; pero si tu lo prefieres, podría traerte la cena al despacho".

"No gracias. Voy a volver a mi casa y es un largo trayecto" respondió ella mirando el reloj, " Dios mío, no me había dado cuenta, de que era tan tarde.

Eran las siete y media, se había quedado más de la cuenta.

"Estoy acostumbrada a trabajar hasta la siete de la tarde en Seattle" explicó Bella, " Aquí no puedo hacer eso y volver a casa en coche".

"No, no puedes. Podrías quedarte en la finca durante los días laborales y volver los fines de semana, tengo espacio de sobra. Ni siquiera tendríamos que vernos. Te ahorraría el viaje, tiempo, gastos de gasolina y el desgaste del coche".

"Gracias, pero prefiero ir a Seattle" respondió ella.

"como quieras" dijo Edward, "mañana llegaran Lauren y Jessica, me dijeron que se van a instalar en el pueblo. Esa seria otra opción para ti. A ellas no la invite a quedarse en mi casa".

Bella sabia porque, ya que las había visto hablando con Edward en al oficina en Seattle y las dos habían coqueteado con el. Debía reconocer que Edward, aunque había sido educado, no se veía muy cómodo hablando con ellas. Quizá la forma fría como ella se había comportado con el era lo que le había hecho sentirse lo suficientemente seguro para invitarla a quedarse en su casa.

Cuando llegó a su casa aquella noche, canceló la visita para cenar que tenia con su mejor amiga Alice Whitlock, porque estaba demasiado cansada. Cenó planificó el trabajo del día siguiente, trabajó una hora mas contestó a unos mensajes electrónicos, se fue a la cama y soñó con un alto y de cabello bronce con ojos verdes finquero.

Las dos secretarias, Lauren y Jessica se trasladaron a un pueblo cerca de la finca y ella les envidio en trayecto de cuarenta y cinco minutos al trabajo; sin embargo, ella no soportaba la idea de vivir en un lugar con solo unas cuantas casas, una oficina de correos, una tienda que tenia un poco de todo y una gasolinera. Y únicamente arboles en aquel paraje.

Durante la semana intentó mantener con Edward la misma relación fría y profesional que en Seattle, pero pronto se dio cuenta de que era la única de los cuatro que hacia eso. LA personalidad relajada y natural de Edward era contagiosa.

A Edward no parecía importarle la altanería de ella. Todas las mañanas le ofrecía desayuno y ella lo rechazaba, a pesar de los olores que salían de la cocina y que no dejaban de tentarla. Sabia que las dos secretarias desayunaban cuando llegaban, pero Edward se iba a su despacho y las dejaba solas desayunando.

Hubo momentos de una intensa tensión entre ambos: si se acercaban demasiado el uno al otro, si se rozaban las manos al ir por un papel….Todo tipo de contacto físico por mínimo que fuera les afectaba; a el también, lo había visto en sus ojos.

NOTAS:

al final de cada capitulo, voy a escribir un pequeño avance, de lo que escribire en el proximo capitulo:)


Capitulo cuatro: Besos Ardientes

"¿porque no?" susurró Edward e inclinándose hacia ella le cubrió la boca con la suya.

El corazón le golpeó las costillas. Un intenso calor la invadió. Se encendió su deseo y el beso ardió cuando Edward, pegándose a ella, la rodeó la cintura con un brazo. La besó con más firmeza, introduciendo la lengua en su boca.

Bella dejó de besarle y el se aparto ligeramente.

"Edward, no deberíamos" protestó Bella debilmente sin poder evitar mirarle la boca y desear sus besos.

"Si deberíamos" murmuró Edward volvieldo a estrecharla contra si para besarla.


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