Disclaimer: NADA ME PERTENECE, HISTORIA PERTENECE A SARA ORWIG TODO LO RELACIONADO A TWILIGHT PERTENECE A MEYER!:)


Gracias por sus comentarios:)

decidi cambiar el prefacio de la historia, y hacerlo un poco mas interesante, las que ya abian leído el antiguo, notaran la diferencia;)

Imagines de ropa en mi perfir:)


Capitulo seis: Cambios y Besos

Una semana mas tarde, un domingo de julio por la noche, Bella cenó con su vecina. Pequeña, delgada y de pelo corto, liso, negro, Alice era una diseñadora de ropa muy conocida en Seattle, estaba casada con un general de las fuerzas armadas, Jasper Whitlock. Bella se entendía muy bien con ella porque las dos les encantaban la ciudad, y les encantaba trabajar. Mientras cenaban en el tranquilo restaurante, escuchó a Alice hablar de su nueva tienda.

Sonriendo a su amiga, Bella bebió un sorbo de te verde. "Estás ascendiendo en tu carrea profesional y, sin embargo, yo me siento como si estuviera hundiendo".

"No digas tonterías. Sigue haciendo lo que haces y piensa en; la recompensa del trato que hiciste con tu jefe" respondió Alice.

Bella miro el reloj, "Sera mejor que me retire ya, mañana tengo que hacer ese maldito trayecto otra vez, me saludas a Jasper".

"Por supuesto. Pero si tan terrible es, por que no pasas la semana en la finca, como ya te he sugerido que hicieras. Tu misma me contaste que es una casa enorme, así que ni siquiera es necesario que lo veas".

Bella agarró el bolso y pensó en la noche del último jueves. El beso.

"No se, no se. Desde luego, tendría sus ventajas. Lo haría si el se fuera de la casa". Las dos sonrieron y dejaron de hablar de ello durante el trayecto a sus casas.

Cada vez le costaba mas viajar a la finca a diario; sin embargo, vivir en la casa de Edward le resultaba igualmente indeseable. Y el silencio en aquel lugar la hacia sentirse como si fuera las dos únicas personas en la tierra.

Ya en su casa, salió al patio sólo para escuchar los ruidos de la ciudad: en la distancia, el rumor del tráfico, un perro, ruidos a los que estaba acostumbrada. No comprendería por que a Edward le gustaba tanto ese sitio. Pero…..era a el a quien no comprendía.

El martes por la mañana Bella volvió a pensar en la conversación con Alice. A pesar de que el tiempo era bueno y los días eran largos, seguía conduciendo en la oscuridad una larga distancia.

Al cruzar la puertas del cercado, oyó un ruido y en cuestión de segundos, se dio cuenta que se había pinchado una rueda del coche. Le dieron ganas de gritar, pero mantuvo la calma y llamó a Edward para decirle que llegaría tarde al despacho. El le contesto que iría enseguida por ella.

Bella salió del coche preguntándose cuantas serpientes estarían escondidas en la hierba. Respiró profundamente y, con la linterna en la mano, iluminó el suelo a su alrededor orando por no ver nada. El viento era un suave susurro y el horizonte se veía ligeramente grisáceo hacia el este. Pronto aparecía el sol. Alzó la vista al cielo y vio lo que le parecieron millones de estrellas. Jamás había visto un firmamento así. Segura de poder oír criaturas pequeñas y salvajes en la hierba, abrió apresuradamente el maletero del coche y saco las herramientas para cambiar la rueda. Al poco tiempo oyó el motor de un coche y a continuación vio los faros.

Edward aparco y salió de su volvo gris dejando los faros encendidos. Llevaba unos pantalones azules con una camisa enrollada hasta los codos y botas…..y el pulso de ella se aceleró instantáneamente al verle. Bella no comprendía por que reaccionaba así en presencia de el.

"Vaya, has empezado ha cambiar la rueda. No era necesario que lo hicieras" comentó Edward

"No he conseguido aflojar los tornillos"

"¿Has cambiado la rueda de un coche alguna vez?" le pregunto Edward, comprobando la posición del gato.

"si, mis hermanos me enseñaron. No comprendo como se me ha pinchado la rueda, tanto el coche como los neumáticos son nuevos.

"Puede que el neumático no estuviera bien desde el principio. Vamos, hazte a un lado para que cambie la rueda"

Unas ondas de su pelo bronce caían por la frente de el y de nuevo se preguntó porque reaccionaba de esa manera con el.

Edward sacó la rueda y se volvió para mirarla.

"¿No quieres?"

"¿Que si no quiero que?"

"trasladarte a mi casa. Hazlo esta semana y, si no te gusta, no pasa nada."

"¿Crees que no nos molestaríamos?"

"No. Prueba"

"Supongo que valdría la pena probar"

"Bien. Bueno la rueda ya está.

"Gracias"

"De nada. Me alegro que te haya pasado aquí, en la finca, en vez de la autopista."

Edward se puso en pie y se limpió las manos con un trapo, pero estaba cerca de ella y se la quedó mirando. De nuevo esa corriente eléctrica. Cautiva de esos ojos, volvió a recordar el beso.

Con gran esfuerzo, se dio media vuelta para meterse en el coche, casi sin respiración y enfadada.

"te veré en la oficina" dijo Edward

Bella se alegró de tener mucho trabajo aquel día y de que no fuera necesario tratar con Edward lo que estaba haciendo, se vieron poco ese día.

Alice llegó a su casa aquella noche al mismo tiempo que Bella.

"Iba a llamarte esta noche" dijo Bella, "Voy a quedarme en la finca el resto de la semana. Si me encuentro a gusto, de ahora en adelante pasare allí los días laborales.

"Estupendo!" será mucho mas fácil para ti".

"Bueno, ya veremos. El tipo ese dijo que no nos molestaremos".

"Si es una finca tan palaciego como dijiste, no creo que sea un problema" dijo Alice.

"Emmett también insistió en que me quede allí. Si Edward fuera Emmett, no lo pensaría dos veces".

"De todos modos, trabajas allí. Yo echare un ojo a tu casa. ¿Quieres que te riegue las plantas?"

"No, gracias. Sólo pasare allí cinco días a la semana".

"Es verdad" Alice se paso los dedos por su pelo negro.

"Bueno, hasta el fin de semana entonces" dijo Bella. Ya en su casa hizo el equipaje y después pasó otra inquieta noche soñando con Edward Cullen.

El miércoles apenas vio a Edward en la oficina, lo que le permitió concentrarse mejor en el trabajo hasta que oyó unos golpes en la puerta y, al levantar la cabeza le vio.

"Por hoy termine con el trabajo. Las secretarias se fueron hace dos horas".

"Dios mío, ¿que hora es?" Bella miró el reloj y se sorprendió al ver que eran las siete y veinte, "Voy a tener que ir en coche hasta tu casa porque traje algunas cosas. Si quieres te puedo llevar".

"Bien. Acaba y vámonos ya".

En el momento en que salió de la oficina una ráfaga de calor la golpeó. A pesar de estar bajo la sombra de un árbol, el interior del coche parecía arder, este verano iba a ser unos de los más calientes en Forks. Mientras ponía en marcha el motor y encendía el aire acondicionado Edward se metió en el coche y retiró las carpetas del asiento para acomodarse.

"¿Llevas trabajo a casa?" Preguntó el.

"Un poco" admitió Bella, consciente de que Edward probablemente no lo hacia.

"Tu y Emmett son iguales: trabajo, trabajo y mas trabajo. ¿Trajiste el traje de baño?"

"No, se me olvido" respondió ella

"En ese caso, me daré un baño mas tarde; pero cena conmigo. Preparare un par de filetes a la plancha en santiamén".

"No es necesario que...-

"Ya lo se" le interrumpió el, "pero los dos tenemos que comer".

"Esta bien" contestó Bella, hambrienta al oír mencionar los filetes.

Edward le subió la bolsa al piso superior. "¿Prefieres ocupar la habitación del otro día u otra en el ala opuesta? Aunque te quedes en la habitación de la otra noche, ni yo te voy a molestar a ti, ni tu a mi".

"Bien".

Edward dejó sus cosas en el mismo dormitorio que había ocupado.

"Baja cuando quieras. Voy a preparar algo de beber, ¿que te apetece?".

"Un te con hielo. Bajare en quince minutos".

"No hay prisa" respondió Edward y se marchó, pero su presencia había quedado en la habitación.

Bella volvió a preguntarse si no habría cometido un gran error al decidir quedarse allí. Con los mismo pantalones y las misma blusa que había llevado en la oficina, Bella se reunió con en el patio. Edward, de espaldas a ella, se había puesto un polo de mangas cortas y unos pantalones. El humo que salía de la barbacoa en la que estaban haciéndose los filetes olía deliciosamente bien.

Se oía el rumor de las fuentes en los estanques y maceteros con exóticas flores añadían festividad al ambiente. Era un lugar perfecto para relajarse; sin embargo tenia los nervios a flor de piel debido a la presencia de el.

Edward se volvió y la miró de arriba abajo. Una hermosa envoltura que cubría hielo puro. No. No era así, se contradijo a si mismo. Había fuego bajo ese hielo. Que desperdicio. Edward agarró un vaso color ámbar y se lo dio.

"Tu te, Bella"

De nuevo se volvió para ocuparse de los filetes y pensó en la oferta de su padre. Giró la cabeza una vez mas para mirarla y se dio cuenta que Bella podía ser el medio que le llevara a vengarse de su padre como a conseguir la finca de la familia. Un matrimonio de conveniencia con Bella. Rechazó la idea inmediatamente; en esos momentos a Bella no le gustaban los hombres, no mantenía ninguna relación. Le dio la vuelta a los filetes y continuó argumentando consigo mismo. La mala opinión que Bella tenia de los hombres podía favorecerle, ella no querría un matrimonio duradero. Pero un matrimonio de conveniencia seria un negocio con contrato y no implicaría tener relaciones. Podía casarse con Bella, conseguir la finca y luego divorciarse. ¿Podría convencerla?.

Tras meditarlo un poco más, le pareció perfectamente factible y se acerco a ella. "¿ te gusta eso?"

"es precioso. Es como un oasis".

Se miraron y se sostuvieron la mirada. Una suave brisa revolvió unas hebras de ella y Edward se sintió casi seguro de que podrían acordar un matrimonio de conveniencia.

Edward clavó los ojos en los labios de ella y Bella respiró profundamente. Quería volver a besarla y, en ese momento, estaba claro que ella también lo deseaba.

"Edward…." Susurro Bella dando un paso atrás.

Edward le puso la mano en el cuello.

"Sssss, Bella. Es sólo un beso…."

Edward se inclinó hacia delante y la besó. Bella tenía unos labios suaves, cálidos y lascivos; cerró los ojos y le puso una mano en los hombros. Edward deslizó la lengua en la boca de ella y Bella le devolvió la caricia. Mientras se besaban, el le quitó el baso de te y lo dejó en la mesa, que estaba al lado.

La envolvió con sus brazos, estrechándola contra si, su pasión se encendida al sentir las suaves curvas de ella. Si, bajo el hielo había fuego. Bella era una amante apasionada, pero también era una mujer que no se implicaría emocionalmente en un matrimonio. Para lo que el quería, era la mujer perfecta.

Espero que le guste!:)

Dejen sus comentarios, son los que me inspiran a seguir con la historia:)


Capitulo siete: Conociendote Mas

"¿quieres verme montar?" le pregunto el

"Me parece que no, aunque te agradezco la invitación. Me resulta demasiado primitivo verte en un caballo dando corcovos, lo encontraría aterrador".

"Me alegra que te preocupes por mí. Pero no sería un caballo. Me apunte para la prueba de montar de toros".

Perpleja, Bella frunció el ceño.


Parece que nuestra Bella, no tiene un corazon de hielo como todas pensabamos..jejeje :)