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Capítulo 1: Vidas Paralelas
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~Más de dos años más tarde ~
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~ Viernes 9 de Diciembre, 17:43 PM ~
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Harry apretó los puños y contempló al hombre frente a él con la más fría de las expresiones bañando su rostro. Liam McWorth, sin embargo, no hizo otra cosa que ensanchar la sonrisa burlona que le había dedicado desde el mismo instante en el que las cuerdas enviadas desde la varita del ojiverde se habían enroscado en torno a su cuerpo, inmovilizándolo por completo. Le sostuvo la mirada fijando con intensidad sus ojos verdes en aquellos azules que no hacían más que provocarlo con un brillo desafiante y apretó con fuerza los puños.
'Lleváoslo' indicó Harry a sus compañeros del Departamento de Aurores. Liam amplió su sonrisa mientras uno de los hombres a su costado le apuntaba con su varita para hacer que se alzara unos centímetros del suelo. No correrían el riesgo de desatarlo hasta que no estuvieran en un lugar del que sabían no podría huir.
'El juego no termina aquí, Potter' canturreó McWorth al tiempo que su cuerpo levitaba lentamente en dirección a un moreno que apretó la mandíbula con furia, esperando de ese modo contener las ganas de golpearlo hasta cansarse.
Durante las últimas semanas Liam McWorth se había estado riendo de él, y todavía seguía haciéndolo después de ser apresado. Harry sabía que no debería de prestar atención a sus ataques, que lo más sensato era no darse por aludido ante las provocaciones que le enviaba, pero la ira y la impotencia lo cegaban. El recordar el estado en el que había dejado a sus víctimas, todas ellas mujeres, estaba grabado a fuego en su memoria y por esa razón no había cosa que más deseara que reventarle el rostro a golpes a ver si así lograba borrar aquella expresión que lo bañaba, como si de veras se sintiera orgulloso de las barbaridades que había cometido y no se arrepintiera en lo más mínimo. El cómo había logrado despejar su mente en el último momento para enviarle el hechizo Incarcerus en lugar del Crucio, era un auténtico enigma para él.
Con los dientes todavía apretados y su mirada esmeralda echando chispas, Harry observó cómo dos de sus compañeros del Departamento salían de aquel sucio sótano llevándose consigo al criminal más buscado de las últimas semanas de la ciudad de Edimburgo, lamentando el no haber acudido solo a aquella misión. De haberlo hecho probablemente habría sido apresado por ensañamiento, pero al menos se libraría de ese nudo que apenas lo dejaba respirar. Jamás le había sucedido nada igual. Nunca antes había deseado con tanto aplomo descargar hechizos de tortura contra alguien. Él era un Auror y, como tal, no podía hacer uso de las Maldiciones Imperdonables y hasta entonces no se le habría ocurrido hacerlo, pero con McWorth…
Respirando a base de grandes bocanadas de aire dejó de contemplar las escaleras que ascendían hacia la primera planta de la vivienda que aquel asesino había elegido como guarida, y echó un vistazo a su alrededor. No tenía ni la más mínima idea del por qué Liam había vuelto a cambiar su modus operandi con la mujer que había elegido como su décimo tercera víctima, pero suponía que ya no venía al caso preocuparse por ello. Alesha Stewart se encontraba a salvo y era lo único que importaba, aunque por lo pronto estaba seguro de que ella necesitaría muchas visitas a psicólogos para superar todo aquello. No sabía con precisión qué le había hecho aquel animal mientras la había mantenido allí encerrada pero, por lo que había visto en los informes de las demás víctimas, sabía que debía de esperar lo peor.
Haciendo acopio de su valor de Gryffindor, Harry se atrevió a acercarse a ella sintiendo cómo el corazón se le aceleraba al ver que todavía parecía encontrarse en un comprensible estado de shock. Su mirada, desprovista de emoción alguna, estaba clavada en un punto muerto de la pared que tenía frente a ella mientras una Medimaga recogía sus útiles una vez se había asegurado de que los cortes que tenía en su rostro, tobillos y muñecas, no eran graves. Y podrían no ser profundos, pero sin duda se notaba que debía de haber luchado por liberarse de los grilletes que la habían mantenido apresada a la pared… ¿por cuánto tiempo? ¿Una semana? El moreno ya ni siquiera sabría precisar en qué momento su prometido había denunciado su desaparición.
'Señorita Stewart' le dijo Harry con voz débil al tiempo que se acuclillaba frente a ella para poder estar a su mismo nivel. La mujer, que en realidad no debía de ser mucho más mayor que él, pestañeó y clavó sus ojos marrones en los del moreno 'Sé que no es el mejor momento para ello, pero el procedimiento habitual me obliga a hacerle unas preguntas, ¿desea responderlas ahora, o quizá prefiere que-?'
'Lo haré ahora' lo interrumpió la joven con una entereza que a él lo tomó por completo desprevenido. Lanzando un suspiro, introdujo su mano izquierda en el bolsillo interior de su americana y sustrajo una libreta pequeña junto con una pluma estilográfica – sin duda mucho más práctica que aquellas a las que estaba habituado a emplear en sus informes finales y en su pasado en Hogwarts.
'¿Recuerda qué sucedió el día de su secuestro?' vio cómo fruncía el ceño y clavaba su mirada en su regazo, esforzándose por evocar las imágenes en su mente.
'Salía del trabajo…' meneó la cabeza a los lados 'Era tarde ya y-' se detuvo y tomó aliento para tratar de calmar esas emociones que hasta entonces se habían mantenido dormidas debido al shock por lo sucedido, y que en ese instante parecían comenzar a florecer por la forma en la que la voz había empezado a temblarle 'Cuando salí del Ministerio ya había oscurecido… Había muy poca gente en la calle, así que pensé en aprovechar esa oportunidad para, en lugar de tomar un taxi como hago habitualmente, Aparecerme desde un callejón oscuro…' cerró los ojos y Harry pudo ver cómo varias lágrimas resbalaban a gran velocidad a lo largo de sus mejillas llenas de cortes y moratones 'Lo-lo siento. A partir de ese momento sólo recuerdo despertarme aquí y-' miró a su alrededor, asustada al revivir los recuerdos que sin duda la atormentaban, y enseguida rompió a llorar hundiendo sus manos en su cabello castaño.
Harry apretó los labios y, una vez terminó de garabatear en su cuaderno los últimos datos que le había ofrecido, sustrajo un pañuelo de tela blanco del bolsillo de su pantalón y se lo entregó. Alesha lo tomó con manos temblorosas y lo acercó a su rostro secándose con cuidado las comisuras de los ojos. Paciente, esperó a que ella se tranquilizara y, una vez parecía tomar las riendas de sus emociones, quiso devolverle el pañuelo pero Harry apoyó su mano sobre la helada de ella en un gesto que le indicaba que podía quedárselo, recibiendo una leve sonrisa de su parte a modo de agradecimiento.
'Merlín, no puedo creerme que el mismísimo Harry Potter me haya salvado la vida' comentó de pronto en un pensamiento pronunciado en voz alta, riendo y llorando al mismo tiempo en un vano intento por incluir algo de humor en aquel drama 'No sé cómo podré agradecérselo, señor Potter'
'Llámeme Harry y la cuenta quedará saldada' respondió él, permitiéndose sonreír aún a pesar de tener todavía el pecho comprimido por la rabia y la congoja. Si tan sólo hubieran atrapado a aquel criminal antes…
'Gracias, Harry' el moreno asintió, recordando que tenía un trabajo que cumplir una vez volvió a mirar el cuaderno que tenía en su mano izquierda '¿Me harás muchas preguntas?'
'Tan sólo algunas que después se utilizarán en el juicio' el rostro de Alesha se descompuso.
'¿Juicio?' preguntó sin aliento '¿Tendré que volver a verlo?' el ojiverde apretó los labios y asintió una vez más, con pesar 'Dios santo, esta pesadilla no terminará nunca'
'No se preocupe, señorita Stewart. Sólo piense que aportará una información valiosísima para que Liam McWorth pase el resto de sus días en Azkabán. Usted estará a salvo en todo momento y no podrá hacerle daño de nuevo'
'¿Me lo prometes?' le preguntó ella, indefensa, delicada.
'Se lo prometo' removiéndose nervioso, volvió a echar un vistazo a su cuaderno antes de mirarla a los ojos dispuesto a proseguir con su pequeño interrogatorio aún sin saber bien qué preguntas realizarle. No deseaba incomodarla pidiéndole que le relatara qué había sucedido en ese sótano ni deseaba saberlo, pero era su trabajo '¿Tiene idea de cuántos días ha pasado aquí encerrada?'
'Seis' respondió ella, sin vacilar 'Me lo recordaba cada día diciéndome que debería de sentirme afortunada, no como las demás' la voz le tembló más que nunca, pero logró llegar al final de la frase sin derrumbarse ni perder los papeles.
Harry frunció el ceño, recordando sus inquietudes. Todavía no terminaba de entender por qué McWorth había mantenido con vida a aquella joven, cuando a las otras mujeres las había asesinado el mismo día de haberlas atrapado. Para ser sincero, incluso se había mostrado sorprendido al encontrar a Alesha con vida y sin apenas haber sufrido daños en comparación con las demás víctimas. ¿Por qué?
'¡Harry!' el moreno se sobresaltó al escuchar el bramido asustado de su compañero de misiones, Ryan Norton. Lo contempló por encima de su hombro viéndolo descender a toda velocidad las escaleras de madera del sótano hasta que su imponente figura se situó cerca de la tenue luz que le permitió reparar en su semblante preocupado 'Tienes que venir a ver esto' le dijo entonces y él, sintiendo que su corazón acababa de saltarse dos latidos, se puso en pie a toda velocidad.
'Enviaré a alguien para que siga hablando con usted' comunicó a Alesha antes de apresurarse a seguir a Ryan escaleras arriba. En la primera planta se encontraron con un grupo de Aurores que conversaban entre sí y Harry, sin mirar siquiera a ninguno en particular, le entregó su cuaderno y su pluma a uno de ellos 'Termina el interrogatorio de la chica por mí' le indicó antes de seguir a Ryan hacia las escaleras que los conducirían al segundo piso de la vivienda abandonada que McWorth había decidido emplear como guarida durante a saber cuánto tiempo.
'Sólo trata de mantener la calma, ¿de acuerdo? Sé las ganas que le tienes a ese hijo de puta, así que recuerda que ya lo tenemos' le dijo el hombre, ya entrado en sus cuarenta años, mientras lo contemplaba por encima del hombro deteniéndose frente a una puerta que se encontraba entreabierta.
'¿Qué hay ahí dentro, Norton?' le preguntó Harry con tono grave. Si le decía aquello, no podía esperar nada bueno. Ryan lanzó un suspiro y abrió la puerta tomándola por el pomo.
'Dejadnos a solas un momento' pidió a quienes estaban en el interior de la estancia. Harry observó a dos de sus colegas abandonar el cuarto mientras lo contemplaban apretando los labios, haciéndole comprender que sin duda alguna lo que vería allí dentro haría que perdiera esa calma de la que Ryan había hablado. Norton le hizo un gesto con la cabeza indicándole que lo siguiera y él así lo hizo, ansioso por saber por qué diablos todos parecían esperar una reacción de él.
Entró a un cuarto vacío, a excepción de un escritorio y una silla que había contra una de las paredes llenas de recortes de periódicos mágicos, y miró a su alrededor permitiendo que su vista cayera en los nombres tachados de las paredes, sus últimas seis víctimas de las doce que había asesinado. Alesha Stewart todavía no figuraba allí y eso lo hizo sentir aliviado, hasta que de pronto vio su apellido escrito un poco más a la derecha y frunció el ceño echando un vistazo a Ryan por encima de su hombro. El hombre, con los brazos cruzados contra su pecho, todavía lo contemplaba con preocupación y él volvió a mirar al frente, acercándose para leer lo que fuera que parecía ir dedicado a él.
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Potter:
Cuando supe
Que eras tú quien debía
Atraparme, me sentí dichoso
¿El Niño que Vivió, respirando en mi nuca?
Eso merecía sin lugar a dudas un esfuerzo extra
¿Así que, qué podía hacer yo para mostrar mi agradecimiento?
He estado por varios días
Encerrado en esta pocilga
Recluido entre estas paredes
Mi mente no dejó de trabajar
Inquieta por la excitación
Obsesionada por idear algo
Negándome a rendirme hasta
Encontrar cualquier cosa que
Garantizara que mi venganza
Recayera sobre tus hombros
Arrastrándote al arrepentimiento.
No conseguirás atraparme
Ganaré esto lo quieras o no y
Entenderás más que nadie cuán
Rastrero en realidad soy.
Me han considerado un monstruo
Otros un asesino sin piedad
Reitero en que soy ambas cosas
Incluso un despechado que
Recicla aquellas vidas que no
Aportan nada a la sociedad.
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'Harry…' lo llamó entonces Ryan y él se volteó hacia el hombre frunciendo el ceño 'Veo que todavía no te has fijado en…' le hizo un gesto hacia la pared, apuntando con su dedo. El moreno volvió a echar un vistazo al mensaje allí escrito, confuso '¿Qué forma tiene?' le preguntó su compañero.
'El de una—' la palabra flecha murió en sus labios tan pronto como siguió la dirección que ésta indicaba y miró al techo, sintiendo como si de pronto éste fuera a caérsele encima al ver que en éste estaba grabado en lo que parecían marcas de quemaduras - como si lo hubiera escrito con llamas - el nombre de Alesha Stewart en una caligrafía irregular 'Pero, ¿qué cojones-?' retrocedió un par de pasos, como si de esa forma fuera a verlo mejor.
'Yo tampoco entiendo toda esta mierda, aparte de que sin duda no mató a Stewart por ser sangre pura y que con ello pretende decirnos algo, o decírtelo a ti, porque después de entrar en este cuarto es más que obvio que te la tenía jurada' comentó Ryan lanzando un bufido 'Pero qué más da eso ahora, ¿no te parece? Ya lo atrapamos, así que no hay enigma alguno que resolver'
Harry, por la contra, creía que sí. Quizá habían capturado a ese asesino despreciable al que de buena gana torturaría hasta la muerte por lo que había hecho, pero él sentía curiosidad del por qué se había molestado en dejarle a él un mensaje en clave. Todo aquello indicaba que Alesha era la pista principal, sin duda alguna, pero él nunca antes había visto a la joven sino hasta que su prometido les mostró una foto para ayudarlos con su búsqueda. Frunció el ceño y se volteó hacia Ryan, viéndolo al otro lado del cuarto inclinado sobre los recortes de periódico que había pegados a la pared.
'¿Tienes por ahí papel y algo que pueda usar para escribir?' preguntó. Su compañero lo contempló por encima del hombro con los ojos entrecerrados y acto seguido caminó en su dirección, sacando del bolsillo interior de su chaqueta de abrigo un cuaderno semejante al del ojiverde y un Vuelapluma. Harry rodó los ojos '¿Todavía usas esa mierda? ¿Dónde diablos metiste la pluma que te regalé?'
'Mi mujer la lleva en su bolso a todas partes y no hay quien se la quite. Además, el Vuelapluma te evita el esfuerzo de escribir. No sé por qué te niegas a usarlo sólo porque lo emplee esa periodista de El Profeta a la que tan poco soportas. Llevas dos años sin tener que aguantarla, supéralo y adáptate a lo práctico'
'Resulta imposible de superar. Si conocieras en persona a Skeeter, me entenderías' respondió él rodando los ojos 'Haz que ese chisme copie el mensaje de la pared tal y como está escrito, incluidos los nombres de esas seis mujeres y el de Alesha. Yo me niego a usar eso' Ryan produjo un respingo de diversión.
'Sí, Majestad' Harry lo contempló con los ojos entrecerrados cuando pasó a su lado 'Ni siquiera sé para qué quieres que lo haga cuando ya no viene al caso, pero bueno'
'Es para hacerle tragar la hoja durante el interrogatorio' comentó el moreno mientras, sin poder evitarlo, se acercaba a los recortes de periódico que colgaban amontonados de la pared opuesta, alzando las cejas con sorpresa en cuanto vio que todos ellos hablaban de él.
Aunque por qué debería de asombrarse teniendo en cuenta que McWorth parecía haberse obsesionado con él después de que saliera la noticia de que sería el encargado del caso. Escuchó a su compañero leyendo en voz alta y a toda prisa el mensaje para que el Vuelapluma lo copiara, mientras él repasaba las noticias que el hombre había pegado contra la pared, percatándose de que eran incluso más de las que había esperado. Bajo las primeras había más, y así sucesivamente. Las que podían verse a simple vista eran sin duda de las más recientes, mas no fueron esas las que llamaron su atención, sino una que hizo que el estómago le diera un vuelco.
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~ La Magia Tiene Fecha De Caducidad ~
Por Rita Skeeter.
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Harry se apresuró a arrancar aquel artículo para hacerlo trizas. Si no lo había leído hacía dos años, no iba a cometer ahora el error de abrir las heridas y echar sal en ellas cayendo en la tentación de hacerlo. No quería saber qué bazofia se había inventado la odiosa escritora acerca de las razones que habían puesto fin a su relación con Hermione, pero no deseaba averiguarlo tampoco. Lanzó los trozos de papel al suelo y los pisó, percatándose de cuán irónica era la vida. Llevaba siglos sin pensar en Skeeter y para una vez que la nombraba, justo se había ido a encontrar con el que estaba seguro era su peor escrito y el cuál, además, le traía tan buenos y malos recuerdos a la mente.
Agitó la cabeza y lanzó un suspiro esperando que todas las imágenes que enseguida se agolparon en su mente se desvanecieran en cuanto antes. No le gustaba demasiado pensar en Hermione. Lo eludía todo lo posible para no torturarse, pero en ese momento no pudo evitar hacerlo. Desde la noche en la que vio cómo desaparecía delante sus narices sin dejar rastro alguno no habían vuelto a mantener contacto directo y, sin importar en absoluto el saber que se encontraba bien gracias a que los Weasley lo mantenían al tanto de su vida, debía admitir que la echaba de menos.
No podía compararse el saber de ella a través de terceras personas, a verla con sus propios ojos. Daba igual que los Weasley le dieran informes detallados de lo que hacía siempre que iba a visitarlos a Londres o a La Madriguera, cuando hablaban por Red Flu o se escribían cartas, porque de igual modo se sentía como si no supiera nada de ella. Las últimas noticias habían sido de hacía unas semanas, antes de que el caso de Liam McWorth recayera sobre sus hombros. Desde entonces no había vuelto a mantener contacto con nadie que no fueran sus compañeros del Departamento de Aurores en Edimburgo, o algún que otro colega del Ministerio. Habían pasado cuatro meses y no podía esperar al momento de contactar con los Weasley de nuevo y saber qué tal se encontraban, qué tal seguía ella. Sabía que era algo que no debería de hacerse y que lo mejor sería dejar de preguntar por la castaña, pero no podía evitarlo a pesar del daño que le producía aún aquella separación.
¿Por qué se torturaba de esa forma? Sabía que en cierto modo si preguntaba por ella era para quedarse más tranquilo y para que sus amigos dejaran de sufrir por él, nada más. Sabía que si de un día a otro dejaba de interesarse por la castaña, Ron sospecharía que las cosas no estaban tan bien como quería hacerle creer y cumpliría alguna de sus amenazas de maldecirlo por seguir torturándose a causa de algo que había sucedido hacía poco más de dos años. Era el que preguntara por ella lo que hacía que sus amigos pensaran que había superado la ruptura, más que nada porque siempre lograba mantener una calma que en sí no sentía al abordar el tema. Comprendía bien que el comportarse así le hacía daño, pero una vez había cometido el error de interesarse por ella una primera vez, sabía que no había marcha atrás. Lo que no había pensado de ninguna forma, creyéndose idiota una vez después lo había meditado, era que el mostrarse tan tranquilo a la hora de hablar con Hermione se volvería en su contra aún más de lo esperado.
Cuando se había cumplido un año desde que se había mudado al norte, ya todos lo creían lo suficientemente recuperado como para comunicarle que quizá había llegado el momento de enfrentarla para hablar aquellas cosas que habían quedado en el tintero. Harry les había respondido que no creía que aquella fuera una buena idea, que todavía debía esperar a perdonarle el que ella se hubiera cerrado en banda como lo había hecho no respondiendo a sus cartas o contactando con él. Fue entonces que supo que Hermione también preguntaba por él a sus amigos. Se lo contaron para que comprendiera que la castaña compartía sus mismas dudas, pero ni eso lo convenció. Les dijo que se negaba a ser él quien se arrastrara una vez más y mucho menos para que acabaran discutiendo, indicándoles que por el momento lo mejor era que siguieran sin verse. Y entonces Harry comprendió más que nunca su metedura de pata al haber empezado a preguntar por Hermione, cuando Ron le inquirió si al menos todo ese tiempo le había servido de algo. Le dijo que sí, que en parte había logrado superar lo sucedido aún cuando estaba mintiendo de forma descarada, sin esperar que su pelirrojo amigo le comentara que, ya que se había recuperado, bien podría regresar a Londres. Desde entonces aquella petición se había vuelto tan repetitiva que él se mareaba cada vez que la escuchaba. Ahora hacía dieciséis semanas que no había vuelto a hablar con ninguno de sus amigos desde que había tomado las riendas del caso McWorth, pero sabía que en cuanto lo supieran libre volverían los bombardeos de insistencias para que regresara y eso era algo que simplemente no podía hacer.
El caso era… ¿Cómo decírselo sin que se percataran de que había estado mintiendo durante todo ese tiempo, sólo para protegerse frente a ellos y hacer que dejaran de sentirse mal por él?
Londres era sin duda una ciudad enorme donde encontrarte a alguien a quien no deseas ver por los motivos que sean podía resultar difícil, pero no imposible, y mucho menos cuando dicha persona trabajaba en el mismo edificio en el que él lo haría. Si regresara estaba seguro de que se encontraría con Hermione en cualquier parte y no estaba seguro de querer comprobar si de veras las heridas podían infectarse de nuevo después de tanto tiempo. Con saber que estaba bien, que en su trabajo en el Departamento de Aplicación de la Ley Mágica había ascendido algún que otro puesto y que estaba soltera y sin compromiso, tenía más que suficiente. Verla, por mucho que en sí lo deseara, sería agua de otro costal y no era capaz de imaginarse siquiera cómo reaccionaría. No después de haber acumulado cierto odio hacia la castaña por ser lo bastante cobarde como para no enviarle una carta en la que le preguntara de forma directa qué tal estaba. Sabía que esa etiqueta debería de colgar también de su cuello, pero era consciente de que él sí que le había escrito, años atrás, y nunca había recibido respuesta. ¿Por qué insistir, entonces?
La relación a través de terceras personas era mucho más sencilla y cómoda. De ese modo no habría discusiones, ni reproches, ni mucho menos derrumbamientos por parte del ojiverde en cuanto se percatara de que no podría besarla ni abrazarla a pesar de tenerla frente a él.
'¿Harry?' el moreno pestañeó saliendo de su ensimismamiento y se volteó a toda prisa hacia un Ryan que lo contemplaba con una ceja enarcada '¿Te encuentras bien?' le preguntó, preocupado.
'Perfectamente' mintió.
Porque simplemente era imposible que se sintiera bien cuando pensaba en Hermione. Todavía era hoy, dos años y dos meses después, que deseaba golpearse por haberla dejado escapar comportándose como un novio celoso e inseguro que no tenía nada que ver con su forma de ser real.
'Le diré a los expertos que ya pueden recoger todo lo que hay en este cuarto y llevárselo al Departamento' Harry asintió ante las palabras de su compañero.
'¿El resto de la casa?' preguntó entonces.
'Todo limpio, a excepción del baño y la cocina. Te juro que no sé cómo diablos no vomité toda la comida que he ingerido en mis cuarenta y dos años de vida al entrar a esos dos sitios' respondió Ryan arrugando la nariz en un gesto de disgusto mientras se acercaba hacia él y le entregaba al fin la hoja donde estaba escrito lo que el moreno le había pedido. Harry la guardó en el bolsillo interior de su americana.
'Regresemos al Ministerio para rellenar los asquerosos informes y acabemos con esto de una vez. Todavía tenemos que interrogar a ese hijo de puta para que nos diga a qué mierda venía ese mensaje' ambos salieron del cuarto y se dirigieron a la planta baja de la casa, donde se encontraban algunos de sus compañeros esperando órdenes.
Harry, como líder de la misión, les indicó a los expertos en recolección de evidencias que fueran a tomar fotografías del cuarto del que habían salido y que, además, recogieran todo lo que pudieran despegar de las paredes y lo llevaran al Departamento, tal y como Norton le había comentado.
'A eso le llamo trabajo en equipo' dijo Ryan mientras ambos salían de la casa para enfrentarse a las gélidas temperaturas del invierno.
Harry se estremeció enseguida y se abrazó a sí mismo descendiendo los escalones que lo conducían al jardín delantero de la casa cubierto de nieve y con pisadas por todas partes que ellos mismos habían dejado.
'Parece ser que finalmente podremos tener una navidad tranquila, ¿eh?' le preguntó Ryan, creando conversación mientras ambos se dirigían a la arboleda en la que se encontraba el Traslador que debían emplear para regresar a la ciudad desde aquella colina apartada de la mano del hombre. ¿Quién podría haber construido allí esa casa? Porque desde luego a esa persona no le agradaba tener vecinos teniendo en cuenta que el pueblo más cercano se encontraba a varios kilómetros de distancia '¿Viajarás a Inglaterra?'
'¿Por navidad?' preguntó Harry, pensativo. Norton asintió mientras lo contemplaba por el rabillo del ojo 'Si tengo los días libres, ya sabes que sí' respondió entonces.
'De todas formas te recuerdo que puedes venir a cenar a casa. Este año nos visitan los padres de Becky y créeme que necesitaré apoyo moral para soportar a mis suegros' el moreno rodó los ojos, sonriendo 'El año pasado lo pasamos bien' comentó el hombre.
'Admito que fue una noche… interesante' Ryan enarcó una ceja, deteniéndose en su andar 'Claro que si en lugar de haber sido yo el que entró a la cocina en ese momento lo hubiera hecho alguno de tus hijos… Trauma de por vida' el hombre a su espalda produjo un respingo de sobresalto.
'¡Sabía que algo te había incomodado!' exclamó, apresurando sus pasos para alcanzarlo 'Pero, claro, no esperé que fuera el que me hubieras pillado entre las piernas de mi esposa'
'La próxima vez, Norton, sella la maldita puerta' le comentó Harry mientras le hacía un gesto hacia el Traslador para que procediera a activarlo para ellos.
Diez segundos más tarde, ambos aterrizaron sanos y salvos en los suburbios de la ciudad de Edimburgo, desde donde se Aparecieron a un callejón que había cerca del Ministerio de Magia. La jornada había sido larga, pero sin duda alguna no había acabado.
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~ Mientras tanto, en Londres ~
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'¡Señorita Granger, espere!' Hermione se detuvo en sus trancas y miró por encima de su hombro con expresión despistada en dirección a Megan, sonriéndole cuando vio que la chica le extendía una hoja de pergamino mientras corría tras ella. Cuando llegó a su altura y la castaña tomó la hoja para examinar su contenido, la pobre muchacha respiraba de manera tan agitada que no pudo evitar enviarle una mirada de disculpa '¿Acaso se le escapa el tren? Diablos que es usted rápida a pesar de esos tacones que lleva' Hermione sonrió.
'Es la costumbre, supongo. Estoy tan habituada a andar de un lado para otro entre horarios ajustados que ahora dudo mucho que pudiera caminar despacio aunque me lo propusiera. ¿Por qué me has seguido? ¿Es urgente?' le preguntó alzando el pergamino para dar énfasis a lo que se refería en caso de que Megan se hubiera despistado.
Pobre chica. Era un verdadero encanto, pero a veces resultaba un desastre y comenzaba a creer que en realidad así era su forma de ser. En tres años que llevaba trabajando como recepcionista de su Departamento no había cambiado en lo más mínimo, y la castaña se había fijado en que tendía a anotar cada detalle en su agenda para poder recordar lo que le decían las personas que llevaban informes para los trabajadores y no deseaban entregarlos en persona, ya fuera por falta de tiempo, o por vagancia. Aunque bueno, quizá se debía a que todavía era joven y tenía la mente distraída en otros temas… Y ahí estaba Hermione Granger, pensando como una persona de sesenta años en lugar de hacerlo como una de veintiocho. ¿Pero Megan cuánto más joven era que ella? ¿Cinco años? A ella le parecía un mundo esa nimiedad.
'No. El señor Doyle me ha dicho que no se preocupara en absoluto durante el fin de semana y que disfrute plenamente de sus días libres' Hermione alzó las cejas.
'¿Y has corrido detrás de mí por todo el Ministerio, por algo que bien podrías haberle pedido a Charlotte que dejara sobre la mesa de mi despacho?' Megan se sonrojó y la castaña no pudo más que dedicarle una sonrisa de ternura 'No importa. Siento haberte causado la molestia'
'No es molestia, señorita Granger. Se trata de mi trabajo, aunque a veces parezca que no pienso las cosas con demasiada claridad'
'¿Hay algún mensaje más que deba tener en cuenta para el lunes?' le preguntó.
'Oh, no, señorita Granger. Nada más. Disfrute de su merecido fin de semana libre. Yo...' señaló con su mano algo por encima de su hombro, lo que Hermione entendió como que regresaría a su puesto de trabajo. Una vez más le sonrió.
'Cuídate, Megan. Nos vemos el lunes'
'Adiós, señorita Granger' la chica la despidió con un amago de su mano derecha y Hermione volteó sobre sus talones al tiempo que abría su cartera de cuero, aquella donde siempre trasladaba los documentos de trabajo, lo justo para introducir entre los demás papeles aquel que Megan le había entregado. Una vez tuvo todo en orden reanudó su andar hacia la zona de Aparición del Ministerio. Le había prometido una visita a su madre la semana pasada y no había podido acudir debido a su trabajo, así que suponía que había llegado la hora de cumplir dicha promesa ahora que por fin tendría un fin de semana libre después de tanto tiempo.
[…]
'Hola, cariño' Jane Granger depositó un beso sobre la mejilla de su hija, y acto seguido retrocedió para permitirle la entrada a la casa mientras la castaña observaba con aparente diversión el mandil rosa fucsia que cubría su vestido floreado y el cual, junto con el gorro de paja en la cabeza y los guantes de látex, le dieron una ligera idea de qué estaba haciendo su progenitora antes de que la interrumpiera en sus tareas.
'Mamá, estás pidiendo a gritos una jubilación anticipada disfrazándote de ese modo. Ya te comportas como toda una ancia-'
'Termina esa frase, Hermione Jane Granger, y te rociaré con el pulverizador de agua y abono' la interrumpió su madre mientras le enviaba una mirada de advertencia que a ella no le provocó más que la necesidad de contener la risa 'Además, estoy así vestida porque estaba encargándome de mis plantas' su hija rodó los ojos.
'Menos mal que me lo dices, porque sino jamás lo habría adivinado' comentó con sarcasmo y al tiempo que echaba un vistazo al interior del salón, encontrándolo vacío a pesar de que las luces estaban encendidas '¿Y papá?' preguntó con curiosidad mientras regresaba sobre sus pasos hacia la entrada para depositar a un lado su maletín y colgar su ropa de abrigo en el perchero que había junto a la puerta.
'Ha salido a comprar pan para la cena. Supongo que llegará en cualquier momento. ¿Comes con nosotros, o tan sólo pasabas a saludar?'
'Tengo el fin de semana libre, así que supongo que no me vendrá mal pasar unas horas en vuestra compañía. Hace mucho que no hablamos con tiempo' Jane sonrió, complacida.
'Gracias a Dios. Comenzaba a olvidarme de que tenía una hija' Hermione rodó los ojos '¿A qué viene esa cara? En el último año apenas has podido terminar el té antes de salir corriendo por alguna emergencia, ya fuera lunes o domingo. Ni siquiera por navidad pudiste disfrutar de la cena sin que alguien te molestara con asuntos de trabajo'
'Soy una chica ocupada, ¿qué quieres que haga?' Jane la contempló alzando las cejas y sonriendo con sarcasmo.
'¿Chica, querida? Hace diez años que dejaste atrás esa etapa de tu vida' le dijo con sorna mientras caminaba en dirección a la cocina y Hermione la seguía, de nuevo rodando los ojos '¿No te miras mucho al espejo, o es que ya has entrado en la crisis de los treinta? ¿Mientes acerca de tu edad?'
'¿Crisis de los treinta? Todavía tengo veintiocho, por lo que puedes comprobar que no, no miento acerca de mi edad' protestó con una mueca infantil haciendo que su madre la mirase por encima del hombro.
'Porque a mí no podrías engañarme ni aunque quisieras. Yo te di a luz' le dijo en tono confidencial, como si se tratara de un secreto 'Ahora, si no te importa, acompáñame. Todavía me quedan un par de plantas por regar y después podremos ponernos con la cena'
Hermione la siguió sin decir nada, estremeciéndose cuando salieron al jardín trasero y el frío la golpeó con toda su crueldad ahora que no llevaba su fiel abrigo. Se abrazó a sí misma y caminó tras su madre a lo largo del estrecho sendero empedrado, lo único que no estaba cubierto por un manto blanco de nieve, hasta una pequeña caseta de madera que había al fondo de la parcela del jardín. Ambas se introdujeron en el interior del minúsculo habitáculo lleno de plantas y la castaña sacudió la cabeza al tiempo que se frotaba los brazos, estremeciéndose una vez más.
'Y dime, cielo, ¿cómo has estado?' le preguntó su madre al tiempo que recogía la regadera del suelo y comenzaba a echar agua en los tiestos de las margaritas 'Por aquí no hay demasiadas novedades, así que… Cuéntame cómo te ha ido a ti'
'He estado bien, supongo. Terriblemente ocupada con el trabajo. Claro que es debido a eso por lo que tengo el fin de semana libre. Hoy cerré un caso y el jefe decidió darme un respiro' respondió mientras apenas prestaba atención a lo que decía, su mirada recorriendo la variedad de flores y plantas que su madre acumulaba en aquel habitáculo reducido en el que apenas quedaba espacio para moverse libremente. En ese instante estaban dos allí dentro, así que no podía siquiera inclinarse un centímetro a un lado sin chocar con algo debido a la cantidad de macetas 'Y como te prometí que vendría a veros ya la semana pasada y no pude, pues aquí me tienes' añadió tras unos segundos de silencio en los que su madre buscaba el modo depositar la regadera en el único hueco libre que había en uno de los estantes. Los ojos de Hermione, que hasta entonces seguían los movimientos de aquel surtidor de agua azul turquesa, de pronto se posaron en un jarrón que había en uno de los estantes superiores y que llamó verdaderamente su atención. Frunció el ceño y ladeó la cabeza '¿Esas rosas rojas son auténticas?' preguntó y Jane la miró de pronto pareciendo asombrada.
'¿Cuáles, querida?' le preguntó al tiempo que trataba de seguir la dirección de su mirada 'Ah, esas. Eran naturales, tan bonitas que decidí conservarlas. Les apliqué un poco de barniz y laca, y voilá. ¿Te gusta el resultado?' Hermione asintió.
'Te han quedado muy bien. Tranquilamente podrían pasar por rosas de porcelana' alargó el brazo poniéndose de puntillas para acariciar una de sus hojas, notando enseguida la dureza de ésta tras los productos que le habían sido aplicados.
'Me alegra que digas eso, porque son tuyas' Hermione frunció el ceño.
'¿Cómo que son mías?' Jane chistó la lengua y se volteó a mirarla con expresión de haber hecho algo malo.
'Quizá se me ha olvidado comentarte un pequeño detalle sucedido hace… más de dos años' la castaña se mostró todavía más desorientada y la mujer rodó los ojos antes de enfrascarse en quitar pequeñas hierbas malas de los tiestos de los estantes superiores, para lo cual se vio obligada a emplear un taco de madera que tenía bajo la mesa 'Quería esperar a que te subiera un poco el ánimo para decírtelo, pero se me olvidó por completo. Si no llegas a preguntarme por él ahora—'
'No te habrías acordado, sí, eso ya lo has dicho. Lo que no sé todavía es qué se te olvidó exactamente' la presionó Hermione mientras de nuevo se estremecía debido al frío. Comenzaba a no sentir los dedos de los pies, y eso calzando unos zapatos de tacón alto no era de lo más confortable.
'Días después de que dejaras a Harry vino aquí, buscándote' la chica enseguida cambió la expresión de su rostro a una pétrea mientras sentía cómo su corazón brincaba desaforado y cómo un peso – al igual que si hubiera tragado una docena de piedras – se situaba en su estómago 'Estaba guapísimo con aquel traje y traía ese ramo de flores. Oh, cariño, realmente era precioso' Hermione tragó saliva mientras de nuevo volvía a contemplar las rosas, esta vez con un nudo instalándose en su pecho que le dificultaba respirar 'El caso es que, al no encontrarte en el trabajo ni aquí, me dio el ramo a mí. Tan caballero. Sabe que me encantan las flores. ¿Qué sabes de él, por cierto? ¿Todavía sigue en el norte?' Hermione asintió, pasmada. Fue entonces que se dio cuenta de que su madre no la estaba mirando y que por tanto no podía haberla visto, por lo que carraspeó agitando la cabeza para salir de su repentino ensimismamiento y se apresuró a responder verbalmente.
'Sí. Sigue en el norte' Jane suspiró.
'Qué disgusto me llevé cuando me contaste que se había mudado allí. Tenía la esperanza de que os reconciliarais' dijo con tono lastimado 'Tenías que haberlo visto, Hermione. Estaba realmente devastado. Me dio tanta lástima que te juro que de haberme dicho a dónde te habías ido de vacaciones, se lo habría revelado aunque me hubieras pedido que no lo hiciera' la castaña enarcó una ceja y punzó con su mirada la nuca de su madre sintiéndose traicionada 'No sé cómo diablos no fuiste a buscarlo en cuanto regresaste y descubriste que se había ido' Hermione suspiró sonoramente y se abrazó a sí misma con más fuerza. Desde que habían empezado a hablar de Harry que tenía la sensación de que la temperatura había disminuido en varios grados más.
'Ron me contó todo lo que había sucedido en mi ausencia. Me lo echó en cara, más bien. Dijo que entendía mi postura, pero me reclamó que no le hubiera al menos contestado una sola carta, aunque fuera mandándolo al cuerno. Comprendí que Harry lo había pasado incluso peor que yo y que se merecía un descanso lejos de todo, así que… Dejé que el tiempo pasara. Y hasta hoy' respondió Hermione con un dejo de melancolía en su voz 'Ahora cada uno tenemos nuestra vida. Ron me ha dicho que Harry se ha acomodado demasiado bien en Edimburgo y que no parece tener intención alguna de regresar a Londres a pesar de sus amenazas con patearlo de aquí al fin del mundo. Y yo…'
'Tú estás felizmente emparejada con el chico que causó vuestra ruptura' la burbuja melancólica de Hermione le explotó en la cara y enseguida contempló a su madre con expresión indignada.
'Por como lo dices, incluso parezca que estoy haciendo algo malo. Sólo llevo cuatro meses saliendo con Henry. No es como si me hubiera lanzado a sus brazos una vez Harry se fue' respondió, observando a su madre voltearse hacia ella con una ceja enarcada.
'Quizá no, pero de igual modo ese Henry es el causante de las peleas por las que acabaste decidiendo poner fin a la relación con el que jurabas era el hombre de tu vida'
'Y realmente creía que lo era. No sé a qué viene ese tono sarcástico, como si estuvieras poniendo en entredicho lo que sentía por Harry' reclamó la chica al tiempo que alzaba el mentón con altanería hacia su madre.
'Realmente estabas enamorada de él'
'Lo estaba, y mucho' contestó Hermione a la defensiva.
'Y sin embargo ahora estás saliendo con el chico que a él tantos celos le provocaba… ¿Por qué?' la castaña suspiró, decidiendo que lo mejor que podía hacer era pasar por alto la expresión sardónica de su progenitora.
'¿Por qué no? Es guapo, simpático, tenemos un sinfín de gustos en común y él me ha demostrado su interés por mí' la expresión sarcástica con la que Jane todavía la contemplaba cuadraba a la perfección con el tono irónico que Hermione había empleado.
'¿Por qué no?' repitió con aplomo tras varios segundos en los que su mirada escrutadora había estudiado el rostro de su única heredera 'Ay, cariño'
'¿Qué?' su madre meneó la cabeza a los lados '¿Qué?' insistió en saber, mas en ningún momento recibió la respuesta hasta que escuchó un suspiro y los ojos de su madre de nuevo se encontraron con los de ella.
'No tienes idea de lo que daría por volver a verte tan feliz con alguien como cuando estabas con Harry' Hermione apretó la mandíbula.
'No saques de nuevo ese tema a colación, por favor' pidió con más calma de la que incluso había esperado de sí misma 'Además, ¿por qué sigues dándole vueltas a ese tema? Él vive a miles de kilómetros y no tiene intención alguna de regresar, y yo tengo toda mi vida aquí. Papá y tú, mis amigos, mi trabajo y a Henry'
'¿Casualidad que haya sido tu supuesto enamorado el último de tu lista de preferencias?'
'Mamá, basta'
'Sí, hija. Dejemos el tema y vayamos a preparar la cena antes de que tu padre llegue y empiece a gruñir por las esquinas' Jane la apremió a salir de la pequeña caseta y ella así lo hizo, empezando a tiritar tan pronto como estuvo de nuevo al aire libre. Se estremeció y frotó sus brazos con energía mientras esperaba a que su madre la siguiera, mirando en dirección a la caseta al ver que no salía y enarcando una ceja al verla tomar el jarrón con las rosas disecadas. Abrió la boca para preguntarle qué iba a hacer con eso cuando su madre se lo entregó, dejándola sin saber qué hacer con aquello, o qué decir. Frunciendo el ceño alzó echó un vistazo a las flores frente a ella por última vez y después buscó a su madre con la mirada, viéndola abrir ya la puerta trasera de la cocina.
Echó a andar en aquella dirección y maldijo. Definitivamente ya no sentía los pies.
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¡Hola!
Antes de nada, agradecer los mensajes que me habéis dejado por ese Prólogo tan... emplearé la palabra deprimente (?). Me alegra que os haya gustado, a pesar de todo.
La verdad, nunca me ha gustado escribir una separación de Harry y Hermione, mucho menos cuando estaban involucrados románticamente. Pero bueno, debo admitir que al mismo tiempo me encantan esas historias en las que se reencuentran después de mucho sin verse. Es contradictorio, lo sé, pero en sí puedo ser bastante rara (?). El caso es que en sí habéis podido leer cómo es su vida dos años después de esa separación. Ahora bien... tenemos a un asesino atrapado que le ha dejado un mensaje subliminal a Harry que él desvelará muy pronto... Y tenemos por otro lado a Hermione, que se creía capaz de abordar el pasado sin esperar que su madre le pusiera las cosas difíciles...
En resumen, espero que os haya gustado el capítulo. Tan sólo se trata del comienzo de la historia, pero en sí podría decir que éste es clave en la trama principal - sobre todo ese PoV de Harry -.
Un saludo a todos y ¡gracias por leerme!
