Bella POV
- ¡Es que no puede ser posible! Es inaceptable e inaudito para la humanidad humana de este planeta- seguía diciendo babosadas Alice, y al decir verdad me estaba hartando.
- A ver Al, ¿escuchas lo que estás diciendo? ¿Humanidad humana de este planeta? De qué demonios estás hablando hermana- dije hablándole pacientemente.
- Es que no puede ser posible que no estén, si apenas vinimos ayer, ¡y todavía estaban justo aquí!- dijo haciendo un gracioso puchero.
Mi hermana Alice y yo, estábamos en el centro comercial buscando unos zapatos que según ella, eran los mejores zapatos de la faz de la tierra, decía que eran cómodos, lindos y económicos para el bolsillo de nuestro padre, pero ella olvido el gran detalle de aquellos zapatos: el tacón, el tacón medía medio metro de altura, de tan solo verlo ya te dolían los pies, y no es que yo no usara tacones, pero tampoco a ese extremo y además ya habíamos recorrido todo el centro comercial por tercera vez en la semana (y eso sin contar que recién estábamos jueves) por los dichosos zapatos.
- Ese es el punto querida, recién vinimos ayer y anteayer y el día anterior a ese, y recién se te ocurre mirar esos zapatos- dije mientras miraba mi móvil que había sonado.
- Es que, Bells, tienes que comprenderme y entenderme, este suplicio catastrófico no se sufre todos los días.
- Alice, por lo que más quieras, deja de usar palabras tan rebuscadas para tu vocabulario, no te hace bien leer el diccionario cada vez que estés aburrida, te prefería cuando leías solo revistas- dije en tono cansino, y en serio que lo dije por su bien.
- A ver, te recuerdo quien me orientó a leerlo, Tú misma dijiste Alice, tienes que leer algo productivo, deja de leer esas revistan que no te hacen bien a tu cerebro Eso mismito dijiste y como no tenía ningún libro cerca, tuve que coger lo primero que vi- dijo después de hacer una supuesta imitación de mi voz.
- Te juro que en mis 18 años de vida, nunca escuche una imitación tan pésima de mi voz, y eso que he escuchado muchas imitaciones mías- dije aguantándome la risa por la mueca de ira que tenia Alice en su rostro.
- Claro, tantas imitaciones has tenido, por tu fama en el instituto.
- Sirve para que te respeten, era esa fama o la de las regaladas del grupo de Lauren Mallory- dije mirándola con el ceño fruncido por su actual comportamiento.
- Pero… - no la dejé terminar
- A ver Alice, ¿no vinimos por tus zapatos? Dejémonos de habladurías y pongámonos en acción porque no tengo todo el día, a las cuatro de la tarde tengo una cita.
- ¡Con quién! ¡Cuándo! ¡Dónde! No me lo habías dicho, ¡Quién fue el valiente!- prácticamente grito esta chica mientras iba lanzando pregunta tras pregunta.
- Mira, primero que nada, respira. ¿Con quién? Pues la cita es con nuestro televisor, ¿Cuándo? A las 4 de la tarde, ¿Dónde? En nuestra sala de estar y ¿Quién fue el valiente?, Andrew me acaba de mandar un mensaje- dije moviendo mi celular de un lado al otro mientras jugueteaba con el colgante.
- Jajaja, mira como me rio, déjate de payasadas, Bella.
- Hablo en serio Alice, pasamos más tiempo en este centro comercial que en nuestra propia casa, necesito una ducha, urgente- dije antes de lanzarme encima de una de las silla del patio de comidas.
Ya cargaba cerca de siete fundas de ropa en cada brazo, la última vez que estuve en mi casa fue ayer, y ni siquiera recuerdo haber llegado al centro comercial, las compras te succionan la vida. Pero al parecer a Alice no le afectan, porque ya arraso con otra tienda saliendo con cuatro fundas más.
- Sabrás que las cargas tú- dije viendo como se acercaba.
- Ya deja de quejarte que ya terminé, ahora si vámonos a casa- dijo recogiendo las bolsas que había dejado cerca de mis pies.
- ¡Aleluya! Ya decía yo que habías recorrido todas las tiendas. Ya tengo ropa hasta que termine el año- dije burlándome de ella.
- Ni creas eso, no pienses que…
- ¡Señorita Swan! Olvido su tarjeta de crédito.- dijo una chica que venía corriendo en nuestra dirección, llevaba un vestido blanco que a duras penas le tapaba el trasero, calzaba unas botas rojas con plataformas de 15 centímetros, tenía una diadema con unos cachitos de diablesa de color rojo, unas medias negras que parecían rasgadas por un gato, una peluca corta color negro y estaba maquillada con sombras de color negro también. Ya había llegado a lado nuestro y le había entregado la tarjeta a Alice.
- Millón gracias, no sabe cuánto se lo agradezco señorita- dijo Alice muy, muy avergonzada.
- ¿Debo preguntar en que tienda dejaste la tarjeta?- dije mirándola con una ceja alzada.
- No, no deberías, por tu bien y el de las personas a nuestro alrededor. Ahora, sube estos paquetes a tu monstruoso vehículo.
- ¡Hey!, no hieras los sentimientos de mi adorado jeep, yo no ando insultando tu auto.
- Pero por lo menos mi auto es un deportivo y no una máquina de guerra- dijo Alice tratando de subir al auto sin que se le suba la falda.
- Bueno, dejemos a un lado el tema de los vehículos, porque después terminare cogiendo la Harley con tal de hacerte enojar- dije rodando los ojos ante semejante tontería.
- ¡No digas eso! Ni en broma, Isabella, no lo digas ni en broma- dijo mirándome con los ojos abiertos como platos mientras negaba con la cabeza.
Y entendía su reacción, hace ya un par de años tuve un gran accidente mientras conducía mi moto favorita, desde ese instante la dejé guardada en la cochera, nunca más la conduje.
- ¿Vas a subirte hoy o mañana?- dijo Alice ya subida en el asiento del copiloto.
- Lo siento, es que me estoy un poco perdida. ¿Vamos a casa, cierto? No vaya a ser que me hagas ir a otro lugar contra mi voluntad.
- Hablas como si fuera una secuestradora y sádica- dijo riendo por su comentario.
- Bueno lo de sádica no te puedo rebatir, Ay... eso dolió- dije sobándome el brazo que Alice me había golpeado, mientras ella se retorcía de la risa en el asiento.
Una vez que llegamos a casa, desembarcamos los paquetes del jeep. Lo único bueno de este viaje fue el hecho que habíamos comprado comida y no me tocaba cocinar. Alice estaba que brincaba de la felicidad ordenando su armario (más grande que su habitación), lo que no le permití, fue tocar MI armario, yo sabía dónde poner las cosas que usaría y donde poner las cosas que en la vida podría usar, como por ejemplo, una falda que más parecía un cinturón de cuero que servía para que muestres el diseño de tus bragas, lo cual no era para nada de mi gusto.
- El lunes tenemos que ir increíbles vestidas- dijo Alice metida en lo más profundo de su closet, de tal manera que su voz se escuchaba lejana.
- Si me dices la razón, el motivo y/o la circunstancia por la cual iras bien vestida, tal vez pero tal vez sopese la idea de tomarte la palabra- dije aguantándome la risa por su silencio, me imagino que no entendió una palabra de lo que dije.
- ¿Eso significa un sí?- dijo saliendo del armario con un vestido straples en un brazo y una trozo de tela que se suponía era una blusa, en el otro brazo.
- No, lo que quiero decir es que…
- Bien, explícame pero sin tantas palabras, que me confundes.
- No. Haré. Nada. Hasta. Que. No. Me. Digas. La razón – dije separando cada palabra para burlarme de ella.
- Ya te entendí- dijo entrecerrando los ojos- La razón es que llegan chicos nuevos, vienen de Londres y de seguro que son lindos- dijo soltando una risa tonta al final de hablar.
- Que genial Alice, espero te diviertas- dije embobada jugando con un Rubix que encontré debajo de la cama de Alice.
- Diablos, Bella, ni siquiera me estas escuchando, estoy que hablo y tu ahí echadota encima de mi cama, jugando con un aparato que se creó en los años 50- dijo haciendo un mohín demasiado gracioso como para no reírse.
- A ver, Brit, entonces que quieres que te diga, ¿Qué me emocione porque llegan nuevos? Te mentiría si te dijera que estoy contenta, porque no lo estoy- dije levantándome de su cama y caminando en dirección a la puerta- Además no creo que el Rubix se haya creado en los 50, ahora si me disculpas son 5 para las cuatro y tengo mi cita- dije saliendo rumbo a mi alcoba.
