Cuando terminó de leer el trozo de papel que Huesos le había entregado, sintió un nudo en la garganta, sabía que tenía que mantenerse calmado y fuerte para ella, que tenía que consolarla como solo él podía hacerlo, pero había enmudecido no lograba pronunciar palabra.

Zach, el muchacho que tuvo la osadía de llamarlo estúpido durante el primer caso en que él y la mejor antropóloga forense del Instituto jeffersonian trabajaron juntos, el mismo que en innumerables ocasiones hizo gala de su limitada capacidad para interrelacionarse con otros seres humanos, pero que siempre se mostró interesado en aprender a vivir logrando un equilibrio entre su intelecto y sus emociones, el genio que aceptó participar en una guerra contra todo lo racionalmente esperado, y que terminó cayendo bajo la influencia de un lunático que lo separó para siempre de las únicas personas que lo querían y aceptaban tal y cómo era… le había escrito a su mujer una carta en la que indudablemente ella se había sentido reflejada.

Cualquiera que no la conociera lo suficiente, podría pensar que se trataba de un arrebato emocional ocasionado por el desborde de hormonas a consecuencia de su avanzado embarazo, pero él, que la conocía mejor que nadie, sabía muy bien que la madre de su hija había visto sus sentimientos descubiertos en las frases escritas por el que alguna vez fue su asistente predilecto.

Por una fracción de segundo una sonrisa se dibujó en sus ojos, al pensar en que si se atrevía a pronunciar la frase 'desnudar el alma', al instante Huesos lo increparía explicándole racionalmente que esa frase carecía de cualquier validez científica. Así es que apretó los labios y sin decir nada, devolvió la carta a su mujer, acortando el espacio entre ellos hasta envolverla entre sus brazos, regalándole un tierno abrazo que la ayudara a recuperar la serenidad, demostrándole por millonésima vez que él siempre estaría junto a ella, amándola, protegiéndola, preocupándose por hacerla feliz.

"Yo le enseñé a meter su corazón en una caja", fueron las primeras palabras que pronunció Brennan, con la voz quebrada, sin levantar el rostro que mantenía oculto entre el cuello y el hombro de su compañero.

Booth podía sentir las tibias lágrimas de su amada Huesos humedeciendo la tela de su camisa, el ligero temblor de sus sonrosados labios mientras permanecían silenciosos, apoyados en él, esos mismos labios a los que deseaba besar hasta conseguir que toda la tristeza desapareciera… "tranquilo Seeley, no la apures, dale tiempo de comprender lo que está sintiendo" se dijo a sí mismo.

Sin necesidad de que ella expresará sus emociones, el mejor agente del FBI tuvo la certeza de que en la mente extraordinaria de su pareja habían resurgido todas las inseguridades que durante mucho tiempo los mantuvieron alejados, las mismas que hacía menos de dos años casi los separaron para siempre… el corazón se le partía en pedazos al comprobar la forma en que los músculos del cuerpo de la mujer a la que amaba más que a nadie en el mundo se endurecían, podía sentir cómo ella intentaba con todas sus fuerzas compartimentar ese momento… y quizás por segunda vez desde que se conocían, Huesos se hallaba enfrentando a un conjunto de emociones tan fuertes, que no era capaz de distanciarse de ellas.

"No temas Huesos, está bien sentir tristeza al recordar a Zach" le dijo intentando ayudarla a identificar sus sentimientos, "voy a permanecer junto a ti hasta que te sientas mejor" agregó besándole tiernamente el cabello.

Fue entonces que ella se apartó unos centímetros de él, apenas lo suficiente como para poder mirar en lo profundo de sus ojos marrones, y regalándole una tenue sonrisa con la que intentaba superar la incomodidad que le producía llorar de manera casi involuntaria por la sobrecarga hormonal a la que estaba sometida durante la gestación de su hija, aclaró con su tono más distinguido, "Booth… el sentimiento que experimento no es tristeza, al contrario me siento complacida al comprobar que Zach no me hizo caso, y que a pesar de que yo intenté enseñarle a hacer sus sentimientos a un lado, él no me escuchó solo a mi, sino que fue lo suficientemente racional como para permitirse aprender de personas intelectualmente inferiores a él, como Angela, Cam…."

"… y yo", la interrumpió Booth aprovechando el momento para intentar robarle una sonrisa, mientras le acomodaba un mechón de cabello detrás de la oreja y se perdía en el bellísimo par de ojos celestes que lo miraban con absoluta calma.

Haciendo más evidente la ligera sonrisa que mostraban sus labios, la futura madre continuó "siento un gran alivio al descubrir que desde mucho antes que yo lo hiciera, Zach entendió que la única forma de vivir nuestras vidas a plenitud es permitiendo que los demás formen parte de ella, colocando nuestra felicidad en manos de las personas en las que confiamos… metafóricamente hablando", concluyó con un tono de voz más suave del que utilizó al principio, al sentir claramente como el rubor cubría sus mejillas ante la inesperada declaración de sus sentimientos más íntimos.

Sin poder evitarlo, una carcajada escapó de la garganta del ex francotirador, una risotada que lo liberó de toda la tensión que había acumulado desde que se encontró con Cam y Angela en los pasillos del Jeffersonian, en lo que ahora le parecía ocurrió hacía siglos, "¿metafóricamente hablando?" le preguntó con una mirada divertida, y besándola dulcemente en los labios agregó, "…pues científicamente hablando debo afirmar que te amo desde aquí hasta el infinito, de ida y vuelta, multiplicado por mil millones de millones, elevado a la potencia más grande que exista".

Separando sus labios apenas lo necesario para poder hablar, pero manteniendo apoyada su frente en la de su pareja, Brennan reclamó, "te das cuenta que lo que acabas de decir no tiene ningún sentido, ¿verdad?", al mismo tiempo que parpadeaba entre sorprendida e incrédula ante la imposibilidad de efectuar analíticamente el cálculo señalado por Booth.

"Vamos Huesos, pon ese hermoso cerebro tuyo a descansar… solo intento decir que te amo, y que aunque no tenga explicación lógica, cada día te amo más", exclamó el agente intentando silenciar a la antropóloga con un nuevo beso.

"Yo también te amo Booth", respondió ella, y sonriendo agregó "…desde aquí hasta dónde tú vayas".