Notas iniciales:
Prometi que este fic si se actualizaria pronto y cumplo mi palabra!
Ademas la musica ayuda a ratachicles en crecimiento juar!
Pero no por eso dejo de prestarles atencion a mis demas fics e incluso hacer un nuevo cuentito, que ya entre a un desafio conjunto donde Sebieth y yo llenaremos este mundo con fics cuentos que arruinen nuestra infancia trolololol.
Aclaraciones: creo que no mencione que son Tsuna y Hibari de 15 años con el respectivo Dino de esa temporada; solamente Mukuro y Byakuran si son TYL.
Las tormentas de arena golpeaban a nuestros aventureros, ni el frío o el peligro eran rivales, todo lo que hacían era con el propósito de cumplir sus más anhelados sueños.
Cavallone se asombro ante la gigantesca edificación hecha aparentemente de arena, a diferencia de su compañera que no parecía sorprenderse. Tomando a su tortuga con fuerza se acercó más a la cabeza que se inclino hacia él.
-¿quién eres?
-soy Dino, Dino Cavallone.- contesto, arrepintiéndose de haberle hecho caso a la jovencita.
-es el diamante en bruto, mi señor.- contesto reverenciando al liger.- Dino, en cuanto salgas te daré tu recompensa.
-…. Y brutísimo a lo que veo. Puedes entrar, pero no toques nada más que la lámpara.
-"¿Qué quiso decir con eso?" ok…- dijo adentrándose a la cueva.
¿Por qué era tan importante que el diamante fuera bruto… digo en bruto? La razón principal es que no se hacia llamar la "Cueva de las maravillas" por nada….
-woooooooow.- se impresionaba ante la fortuna que se ofrecía ante él.
En resumen, es que solo alguien con esa característica le haría caso a la cabeza parlante y no se llevaría nada del suculento botín. Las montañas hechas con monedas y objetos de oro, diamantes y gemas preciosas por doquier, comida de la más suculenta y apetitosa, hombres y mujeres jóvenes dispuestos a cumplirte todas tus fantasías; todas las tentaciones en un solo lugar.
-con solo un poco de esto y podría hacer que hasta el mismo sultán fuera mi zorra.- miraba todo asombrado, obligándose a no tocar nada.
Siguió caminando por los túneles repletos de tesoros hasta que llego a una altísima pirámide hecha de malvaviscos, si, malvaviscos como ustedes leen y Dino ve, donde en la punta, le esperaba su destino. Como no confiaba en la extraña estructura, bajo a Enzo y subió él solo a aquella construcción.
Con algo de dificultad llego hasta la cima y se encontró con una lámpara arábica vieja y llena de telarañas; Cavallone lo tomo aun sin creer todo el problema que paso por conseguir ese objeto.
-lo tengo, ¡no es maravilloso Enzo!, ¿Enzo?
Miro hacia abajo y se encontró con que su tortuga estaba masticando un malvavisco de la pared haciendo que todo el edificio cayera; una grave voz se escucho.
-han caído en la tentación, ahora serán enterrados, ¡adiós zopencos!
Toda la cueva empezó a hacerse pedazos, apurado, tomo a su mascota y corrió de ahí antes de que acabara hecho sándwich. Su viaje fue difícil al tratar de evadir las piedras pero antes de llegar a la salida las escaleras se hicieron añicos, el rubio se sujetaba del único escalón que quedaba y elevaba su mano a la chica que antes conoció.
-¡dame la mano!
-¡primero la lámpara!- trataba de alcanzarle.
-¡toma!- Dino fue lo suficiente ingenuo para sacar la lámpara y entregársela.
-¡kufufukuhahahaha al fin!- carcajeó con un tono de voz distinto al de antes; vio con desprecio a su compañero y piso la mano que soportaba todo el peso.- es hora de darte tu recompensa.- saco la punta de un tridente, dispuesta a clavársela, Dino prefirió dejarse caer, usando su látigo ella creyó que iba a golpearle pero la intención del de ojos cafés era otra. Observo con felicidad como su victima caía al vacío.
Aquella mujer se quito la capucha, se deshizo del labial y los pupilentes revelando que era el hechicero Mukuro, que solo se había pintado el cabello y maquillado un poco para disfrazarse de chica; de su capa salía el ave que siempre le acompañaba.
-¿le gusto mi actuación Mukuro-sama?- si, esa voz era la que interpretaba aquella falsa chica.
-kufufu, espléndido mi linda Chrome, debo decir que después de esto nunca volveré a pintarme o usar labial; aunque debo admitir que es agradable tener las uñas pintadas.- veía su mano con suma gracia.- muy bien, probemos esa lámpara kufufu….- buscaba entre la ropa ese objeto pero no lo encontraba por más que lo intentara; ya no la tenía.- ¡FUUUUUUUUUUUUUU!
El protagonista estaba inconsciente en el suelo después de aquella caída, hasta que su tortuga le mordió fue capaz de reaccionar, vio a ambos lados y se dio cuenta que ahora estaba completamente encerrado; suspiro pesadamente.
-me engaño, tenía que ser mujer.- entonces cayo una piedra en su cabeza.- ¡auuch! Ya entendí el mensaje.-busco su látigo y rio con torpeza.- pero al menos no tendrá lo que quería. Mmm, si fuera por mí lo tiraría a la basura, pero quizás con una sacudida pueda ganar unos centavos.
Haciendo caso a sus palabras, froto con sus manos aquella lámpara la cual instantáneamente brinco alejándose de su amo y saltando mientras soltaba humo por todos lados, de entre todas esas nubes humeantes apareció una gigantesca y terrorífica persona musculosa y de largo cabello blanco ondulado.
-¡ñaaaaaaaaam!, cien mil años dormido- miro su enorme cabellera.- eso puede causar que tengas cabello de hippie, disculpe un segundo.-chasqueo sus dedos e hizo aparecer varias tijeras, peines y artículos de estética que por su propia cuenta se movían a gran velocidad.
El trabajo fue finalizado y aquel extraño ente se podía apreciar mejor; ahora su cabello era corto y arreglado en picos, ojos afilados color lavanda aunque solamente el izquierdo tenia un extraño tatuaje en forma de corona invertida debajo de él, su piel era tenuemente bronceada, no vestía nada sobre su bien formado pecho excepto un collar y pulseras negras de picos, curiosamente no tenia piernas, sino una extraña eh… ¿cola? que parecía estar formada por humo. Ese ser miro sonriente al rubio y reverenciándole.
-permítame presentarme yo soy.- entonces aparecieron varias versiones chibis de él que bailaban y cantaban "ran, ran, ran, Byakuran" despareciendo con la misma rapidez.- el genio de la lámpara mágica, Byakuran Gesso a sus ordenes mi amo.
-¿amo? Explícate que no entiendo nada.
-¿se lo tengo que explicar con manzanas?, usted froto mi lámpara así que se ha vuelto mi nuevo amo, tiene derecho a tres deseos, no más, no menos, no se aceptan reclamos.
-y esos deseos son de lo que sea supongo.
-eh no exactamente.- se sentó a un lado de Dino.- ay ciertas clausulas para un genio, las cuales no podemos efectuar aunque lo intentáramos.
-entonces dime.
-Regla no.1: No se puede matar a nadie.- hizo el ademán de cortarse la cabeza pero en realidad si pasó y esta se fue rodando hasta los pies de un petrificado rubio.- así que no me lo pidas.
-entendido. Pero vuelve a la normalidad.- de un solo puff retornó a su forma original.
-Regla no.2: No puedo hacer que alguien se enamore de otro alguien.- fingiendo sentirse apenado.- no soy escritor fundashi como para efectuar ese poder, además si pudiera ya lo hubiera usado a mi favor.
-continua.
-Regla no.3: No puedo revivir a los muertos ni traer tus "yos" de mundos paralelos, es horroroso y destruye las dimensiones.- sintiéndose asqueado de recordar un experimento que hizo.- Pero de ahí puedes pedirme lo que quieras.
Dino, que no era tan bruto como todos creemos que es.
-te estoy escuchando narradora de cuarta.
Ajem, como decía antes de que me interrumpiesen, nuestro protagonista no era nada torpe, imaginó rápidamente una idea para salir de la cueva y probar gratuitamente los poderes del genio.
-¿así? Digo, así es.- especulando un plan hasta que se le prendió el foco.- ¿cómo puedo confiar en un genio que ni siquiera puede traer un "yo" de otro mundo?, quizás ni siquiera puedas sacarme de esta cueva, mejor busco una salida por mi mismo.- no más dio unos cuantos pasos y fue detenido por el genio.
-a ver, tu frotaste mi lámpara, me despertaste y ¿ahora quieres abandonarme después de alborotarme como si fuera novia de pueblo?- quitándose el vestido y velo de novia.- eso si que no, vas a tener tus deseos quieras o no, ¡¿ENTENDIDO!
Entonces lo cargo como si se tratase de una princesa y se lo llevo volando traspasando la sólida cimentación que antes les encerraba.
Un moreno bastante frustrado buscaba sin descanso alguno al visir real, llevaba horas deseando hablar con él pero no le encontraba; entonces reconoció la piña de cabello y se fue a golpear a su dueño al instante aunque el poseedor del curioso peinado logro evadir los golpes del príncipe.
-te estaba buscando piña buena para nada. ¿Qué te traes con ese nuevo tinte de cabello?
-kufufu, mi señor me halaga, solo desee probar algo nuevo, ¿le gusta?; kufufu pero eso no es por lo que me buscaba, ¿en qué le puedo servir?
-pareces una berenjena… aunque no me sirves para nada, los guardias apresaron a un joven por órdenes tuyas; exijo que lo liberes inmediatamente.
-pero mi señor, ese muchacho era un criminal.
-¿Cuál fue su crimen?
-robarme el protagonismo, oya, eso no era.- leyendo el cuaderno que está grabado con el título de "guión".- raptar al príncipe sin duda alguna.
-si serás idiota, él no me rapto, yo escape.
-oya, pero que lamentable situación, si me lo hubiera dicho antes no le hubiera mandado a la horca.
-¿¡que acabas de decir!- jaloneándole del cuello de su prenda.- ¡te morderé hasta la muerte si esto es una broma!
-no miento.- sintiendo por dentro que podría morir de la risa.
-yo… yo quería combatir con ese tipo, se veía bastante fuerte…. –entonces miro retadoramente a su sirviente.- tal vez no tenga el poder para correrte porque eres el consentido de mi padre, pero solo por sacarte de aquí, sería capaz de casarme. Algún día te morderé hasta la muerte.
Entonces se fue de aquella escena dejando frustrado y muy malhumorado a Mukuro que solo veía intensamente a su némesis; Chrome se acercaba volando hasta su dueño preocupada por lo que acababa de pasar.
-ese Hibari Kyouya, tengo la fortuna de que sea un asexual, pero con esto que acaba de decirme lo creo capaz hasta de casarse con un erizo solo para desgraciarme.
-Mukuro-sama, si eso pasa nos quedaríamos desempleados, nuestro curriculum no tiene buenas referencias que digamos.
-lo sé, si tuviéramos la lámpara esto no me preocuparía, maldita sea la hora en que la perdí. Ahora solo tengo que esperar hasta que el frígido hijo del estúpido sultán consiga un idiota con quien casarse.
-oiga Mukuro-sama, ¿y si usted fuera el idiota…?- en ese momento recibió un tridentazo de su amo resultando en un chipote.- snif, ¡no me dejo terminar!, snif, ¿qué si usted no podría ser el que se casara con el príncipe Hibari?
-oya, no es tan mala idea.- empezaba a meditar mientras se recargaba en la pared.- solo necesito alterar la ley de matrimonio para usarla a mi favor. Entonces, de lo único que nos preocuparíamos seria de que desaparecieran después el sultán y el príncipe. Kufufufu brillante idea, valdrá la pena realizar este plan.
Gesso y Cavallone llegaban a un oasis, ambos se relajaron al llegar ahí y disfrutaron del agua y frutos que se presentaban; el viaje había sido largo así que ya les rugía la tripa desde hace horas. Byakuran se reía victorioso al haberle probado a su amo que tenía el poder necesario para cumplir sus deseos.
-fufufufu, ¿Qué te pareció eso?
-ah bastante bien, mm, tres deseos… que pediré…
-¿tres?, ¿¡que no sabe contar!, acaba de gastar uno.
-eso fue cuenta tuya querido amigo, aun sigo poseyendo tres deseos.
-… -frustrándose al pensar que tenía razón.- ¡no más muestras gratis!
-mmm, no se me ocurre que pedir, ¿genio tu que pedirías?
-pues, nunca nadie me había preguntando eso.- pensando.- bueno, siempre he deseado una esposa rebelde para domarla, cuello delgado, caderas prominentes para soportar todos los hijos que deseo y un trasero redondito y firme…. Pero no puedo buscarla si no soy libre primero.- se deprimía al pensar que no podría casarse.
-¿libre?, ¿eres un prisionero?- se reía de lo curioso que era su genio; sostenía y observaba la lámpara mágica.
-sí, es todo parte de ese show del "genio todo poderoso que carga con la magia del universo" pero que está encerrado dentro de una lamparita. Si fuera libre eso sería lo más grande y espectacular de todo el mundo… Pero es imposible.
-¿Por qué?- compadecía a su genio.
-la única forma es que MI AMO deseara mi libertad, y nadie es tan bruto como para regalarle uno de sus deseos a un esclavo.
-mmm pues te hago un trato, después de mis dos deseos el tercero será para ti.
-si como no, ¿Quién eres, Dinocho?
-no , ¡hablo en serio!, te prometo que te liberare.
-está bien, creeré en ti.- dándole su mano en señal de trato.- entonces, ¿Qué es lo que tu mas deseas?- viéndole pícaramente.
-pues.- ruborizándose.- hay un chico…
-¡ERROR 404!- sacando, de quien sabe dónde, una señal de transito con el escrito de STOP.- no puedo hacer que alguien se enamore de otro alguien.
-pero no entiendes, él es inteligente, fuerte, tierno, y…
-¿violable?
-es muy hermoso; tiene unos ojos… ese cabello… y si vieras su sonrisa~- se derretía de tan solo recordarlo.
-oh, Cupido, nunca fallas.- volando alrededor de su amo con alas de querubín y vistiendo solo una hoja de arce que tapaba ahí abajo.
-pero es el príncipe, así que la única forma de casarme con él sería.- dándose cuenta de ese detalle.- ¿puedes convertirme en un príncipe?
-déjame ver.- revisando en la geniopedia.- si, si es posible.- celebrando que el primer deseo se efectuaría.- di las palabras mágicas querido amo.
-¡deseo convertirme en un príncipe!
En la sala donde el trono del sultán veía de frente a los bienvenidos del castillo, se encontraba el Tsuna jugando al solitario, cuando fue interrumpido por la entrada ruidosa de su visir.
-Tsuna-sama, he encontrado la solución a nuestro problema.
-¿de veras? Entonces dime.
-según la ley.- presento ante su jefe un largo pergamino.- si él príncipe no ha elegido con tiempo a su pareja, el sultán podrá elegir por él, pero si se llegase el caso que todos los pretendientes fueran rechazados entonces recurrir a la clausula 69, sección A, artículo segundo: "tendrá que casarse con el gran visir". Oh, pero si se refiere a mí, kufufu, que dilema~
-pero, estoy seguro que solo un príncipe se podía casar con otra persona de sangre azul.
-mi señor, ¿ha leído todo el documento como para basarse con tanta seguridad?
-la verdad es que no, ¿has visto el tamaño de esa cosa?; pero confió en ti así que si eso dice la ley no queda más opción de que…
Mukuro parecía ya disfrutar de su muy temprana victoria cuando el sonido de los fuegos pirotécnicos y el de música tipo festival traspasaban las gruesas paredes del casillo; por curiosidad el líder abrió las puertas, quedando maravillado ante el espectáculo que caminaba en la avenida principal del reino. Por otra parte, Hibari también veía el mismo show pero desde un plano más alto, precisamente el enorme balcón de su habitación.
-un espectáculo para herbívoros.- bostezaba al no ser cautivado por el festival que se realizaba para él.
Bailarinas, cocineros, malabaristas, magos, espadachines, guaruras, cantantes y demás personas que desfilaban en armonía, acarreaban algunos de ellos las torres hechas de monedas de oro y joyas; animales exóticos y extraños para ese reino como los cocodrilos, los pavos reales, tigres, leones, camaleones, gorilas, zorros, tucanes, elefantes y hasta los pejelagartos desfilaban con gusto para su dueño; fuegos artificiales y globos aerostáticos adornaban al guapo príncipe de ropaje elegante que montaba un caballo de melena aparentemente hecha de fuego y que al mismo tiempo estaba sobre una tortuga enorme del tamaño de una casa. Al frente del festival, Byakuran simulaba ser la persona que lideraba la caravana.
-¡gloria a nuestro príncipe A-la´Dino!- cantaban al unísono con sumo entusiasmo.
Mukuro cerró la puerta principal con tablones y cadenas pero eso no detuvo la gran caravana; termino siendo hecho puré de piña por la propia puerta.
El príncipe A-la´Dino al fin había llegado al palacio.
Notas finales:
Curiosidades:
Mención de Dinocho, fic de sebieth Suzakuran ?sid=73410
El nuevo traje de Dino es el del anime, después de todo, contrarresta con el ropaje del reino :3
El fic fue cambiado a mayores de 16 porque los chistes de Byakuran no son aptos para los más jovencitos XDDDDD (o al menos no los futuros)
Así es, aquella chica era una falsa Chrome humana. La verdadera no dejara de ser una lechuza.
Nos vemos en el siguiente capitulo: El segundo deseo!
