Aclaraciones del capitulo:
No se sorprendan si esta mas largo de lo normal el cap, mala costumbre que los penultimos capitulos son extralargos juar
Ya aqui me vole la barda y modifique el guion original de la peli jajajaja todo fuera por mas yaoi
Y hay 10069... oh vicio, no se quitara ya de las venas
Ademas de un poco de lime D18
Cuidado con el crack
Los dejo leyendo n.n
El sultán estaba más que maravillado ante la increíble llegada del nuevo príncipe; A-la´Dino se bajo de su blanco corcel para reverenciarse ante él monarca, mientras tanto cierto genio ayudaba a salir de su estado apachurrado al real visir.
-oya, no necesito tu ayuda.
-¡que amargado!- al sostenerlo para que se levantase se dio cuenta de su cuello, se relamió los labios ante aquella vista.- mnm, que buen cuello, delgado y mordisqueable como a mí me gustan.
-¿Qué has dicho?- se levanto completamente sin dejar de ver fríamente al que le apoyo.
-nada, nada; querido amo voy a estacionar a la tortuga, no tardo.- antes de salir miro por ultima vez al visir.- me pregunto cómo estará de todo lo demás; luego investigare~- entonces salió del castillo.
-mi señor, he venido a pedir la mano de su hijo.- la voz de Dino estaba impregnada de gracia y elegancia, como una real persona de sangre azul.
-esplendido príncipe A-la´Dino; pero antes te presento a mi visir real: Rokudo Mukuro.- aplaudía y brincaba del gusto por conocer tan magnifico hombre.
-oya, estoy tan excitado de conocerlo.- saludando de muy mala gana.- entonces dígame príncipe Ala-de´Pollo, ¿de dónde viene?
-mi nombre es A-la´Dino; y vengo del reino Muy, muy, pero muy lejano; un poco más lejos que el reino de Muy lejano.- agradecía haber ensayado con Byakuran su discurso porque si no ya hubiera metido la pata.
-lárguese.
-pero Mukuro, deberías estar agradecido de que ya no te tendrás que casarte con mi hijo.
-"en cualquier otro tiempo eso me hubiera hecho festejar, pero ahora no", kufufu pero mi señor, no confió en él.
-¡patrañas!, este chico parece alguien bueno, decente y fuerte como para soportar a Hibari; sí, estoy seguro que a mi hijo le gustara.- seguía Tsuna sin quitarle la vista a su nuero.
-y seguramente a mi me gustara él.- respondió inmediatamente Dino.
-debo intervenir en el nombre de Hibari Kyoya, él no desea casarse con nadie porque es asexual. Punto final kufufu.
-yo, querida piña, soy el príncipe A-la´Dino~ bastara con que me vea para besarme los pies.- pero con lo que no contaba el orgulloso Cavallone, es que su adorado estaba escuchando toda la conversación (bastante enfadado por cierto); no se dio cuenta del momento en que una tonfa le golpeo la cabeza.
-si claro estúpido herbívoro, sigan diciendo eso, anden, pero después de que los muerda hasta la muerte.- ahora Tsuna se ocultaba detrás de su visir, los tres hombres veían asustados al intruso príncipe que preparaba su par de amadas armas.
Una mega y dolorosa paliza a los tres después….
Era de noche, la luna parecía burlarse del falso y magullado príncipe; Gesso hacia aparecer una chuleta congelada para que el dolor fuera menor para Cavallone.
-Byakuran, necesito ayuda.- recargaba el filete en su ojo amoreteado.
-mira amo, si quieres tener a tu ukecito solo hay una forma: violarlo o decirle la verdad, cualquiera de los dos funciona.
-¡no se lo diré!- refuto aunque le doliesen las costillas- porque si se llega a enterar de que solo soy una rata callejera ahora si me enviara a mi tumba, ¿Qué no quieres darte cuenta como me dejo?
-pues claro que lo veo.- picoteando como niño travieso uno de los moretes.- pero Hibari no es como cualquier otro uke rebelde que haya conocido, además usted lo ama, si solo deseara echárselo las cosas serian más fáciles fufufu~
-¡genio!- regañándolo por lo que acababa de decir. Incluso la tortuga, que había vuelto a su tamaño original por conveniencia, miraba recriminatoriamente al mágico ser.
-¿qué?- arrinconándose a la pared.- yo digo solo la verdad y más que la verdad.
-sigh, tendré que hablar con Kyoya.- al instante el genio curo todas sus heridas.- tengo que lucir seguro, confiable, como todo un semental. ¿Qué tal me veo?- peinándose un poco.
-ah, igual que cualquier otro príncipe supongo.
Dino salió con su caballo de aquel jardín para dirigirse al balcón de su enamorado. Hibari estaba enseñándole a Hibird un himno que había escuchado hace tanto tiempo; entonces se dio cuenta de un extraño ruido solo para darse cuenta que se trataba del príncipe herbívoro que le había caído de la patada. Tomo sus tonfas, su ave voló hacia su hombro, preparados para darle una "cordial" bienvenida al tal A-la´Dino.
-¿Qué haces en mis aposentos sin mi permiso?
-solo venía a hablar contigo.
-no quiero hablar, ¡fuera de aquí o te morderé hasta la muerte!
-espera Kyoya, debo hablar contigo.- retrocediendo del ataque de su adonis.
-oye.- Hibari observo con mayor claridad a su intruso, sintiendo algo extraño pero familiar.- me pareces conocido, ¿te he visto en alguna parte?
-no, ¡por supuesto que no!, es la primera vez que estoy aquí; quizás me confundas con uno de mis sirvientes, ellos si han venido a este reino.- sintiéndose nervioso de que casi lo descubriese.
-oh.- bajando levemente las tonfas.- quizás tengas razón.
-amo, déjese de payasadas y hable de lo que realmente le importa.- ahora Byakuran interrumpía, estaba transformado en una diminuto zángano.
-ajem, príncipe Hibari; usted es tan…. Ah… -sintiendo que las palabras se amontonaban en su boca impidiéndole hablar.
-hermoso, adorable, listo, impactante, uke….- hablando Byakuran a la velocidad de la luz.
-¡uke!- grito Dino la primera palabra frase fácil de pronunciar, aunque al instante se arrepintió de ello.
-¿uke?, ¿me dijiste UKE?, ¡kamikorosu!- lanzándose de nuevo al ataque.
-no, no, ¡quise decir hermoso! – sintiendo el arma en su barbilla. Tanto amo como genio sudaron la gota gorda y suspiraron de haberse salvado de una paliza.
-wow.- mirándolo seductoramente.- además soy el hijo del sultán.
-lo sé.- observaba al rubio con la misma intensidad.
-soy rico.
-eso es lo que deseo probar~
-un gran partido para cualquier príncipe.- Hibari rodeo con sus brazos el cuello de Dino, quien ya estaba rojo de la cercanía.
-sí, un príncipe… como… yo.- se sentía tan bien tener cerca a Hibari, pero eso le costaba toda la resistencia que poseía.
-fufufu, si hubiera sabido que esto iba a terminar así, le hubiera traído el lubricante amo mío~
-sí, un príncipe como tu… ¡un herbívoro inútil bueno para nada!-mandándolo a volar de un solo golpe.
-demonios, ¡solo lo alborotó para nada!- refunfuñaba el diminuto genio.- ¡exijo una lemonada para mi pobre amo!
-no Kyouya, espera, déjame explicarte.- se oía su voz de cerca.
-¿Cómo es posible?- se le hizo algo extraño a Hibari, pues ese remedo de príncipe debía ya estar con todos los huesos dispersos en el suelo. Entonces se acerco al balcón y observo como Dino lograba regresar a la escena porque había usado su látigo para sostenerse del barandal del balcón.
-uf, la sentí cerca.- respirando con dificultad.- entiendo que tu deseas ser libre, viajar por diferentes lugares; estoy de acuerdo con ello, pero yo solo quiero que seas feliz, si me elijes como tu esposo, prometo solemnemente protegerte y hacerte el hombre más afortunado en este planeta.- ante eso se arrodillo ante su amado, en símbolo de pedirle matrimonio.
-… -asombrado ante tales palabras de amor, Hibari trato de responder, por primera vez, de forma amable a su prometido.- si me vences en una pelea considerare real todo lo que dices.
-será un honor.- se levanto el rubio preparando con singular entusiasmo su látigo.
-de verdad que se lucio mi amo, el show se está poniendo bueno.- Gesso hizo aparecer un cubo relleno con palomitas y malvaviscos.
Ambos hombres empezaron con una de las peleas más espectaculares jamás vistas, aunque en sí solo había un espectador, puesto que los dos poseían una fuerza semejante. Hibari era rápido y feroz, pero comparado con la agilidad y lo defensivo que era su contrincante, le costaba trabajo acercarse a él; además, la diferencia entre rangos entre las armas debe destacarse, pues el alcance del moreno era más corto comparado con la distancia media del ataque por el látigo.
Duraron así por minutos, la pelea finalizo con un empate. Ambos yacían en el suelo, exhaustos pero felices de haberse entendido uno con el otro.
-wow, no estuviste tan mal.- se levanto Hibari mirando con cierta calidez a su contrincante.
-Kyoya.- se levanto estando a unos cuantos centímetros del rostro de su enamorado.- permíteme enseñarte un poco del mundo. –le tendió el brazo; sin embargo algo observo Hibari que le hizo confiar más de aquella persona.
-iría, pero si la piña se entera llamara a los guardias y entonces….
-lo entiendo.- chiflo para que su caballo viniera, entonces tomando de la cintura al príncipe lo subió al majestuoso animal; seguro de que el genio le oiría, recito unas palabras.- solamente deseo que nada ni nadie nos interrumpa en nuestro viaje, lo que menos quiero es causarte problemas.
-creo que oí la palabra deseo~ - reacciono Byakuran ante las palabras.- no se preocupe amo, me encargare de que ni los guardias ni ese interesante visir se enteren siquiera de su escapada.
Dino y Hibari no tardaron en salir volando del balcón, ante la inesperada velocidad del corcel, el moreno abrazo con fuerza al conductor que solo sonrió ante tal gesto.
El animal, como si supiera lo que pensaba su dueño, tomo un curso que rodeaba a todo el mundo; paso por la majestuosa torre Eiffel, vieron un ritual prehispánico mexicano, pasaron por las extravagantes pirámides de Egipto, se maravillaron ante la arquitectura de Grecia, fueron hipnotizados por la batalla actuada que se efectuaba en el coliseo de Roma, pidieron un deseo en la fuente de Trevi, quedaron atónitos ante la luz que irradiaba las Vegas, pasaron por la torre de Tokyo y así sucesivamente veía las demás maravillas del mundo. Su viaje terminó en un festival chino donde los fuegos artificiales eran el espectáculo principal.
Quizás la magia de la velada o la seducción de la noche fue la que los alentó a realizar lo que los amantes hacen usualmente en la cama. Esta noche el mundo sería solo para los dos, sin recibir órdenes de los demás, podrían soñar despiertos todo lo que quisieran.
Las ropas del príncipe fueron despojadas por el hábil rubio, las caricias fueron suaves y amables, los besos probaban con gusto los frutos que se ofrecían; las sonrisas no se desvanecerían en esos dos rostros.
A pesar del frío, ambos estaban cálidos por la unión de sus pieles en una sola; nadie escucharía el canto de aquellos dos amantes, era como si no existiera alguien más en este planeta.
Se sentían en el paraíso perdido, se enseñaban cosas maravillosas, alcanzaban en un instante un sueño compartido solo alcanzado por los que se aman.
No les importo el tiempo o las reglas; quedaron sobre el techo de ese edificio chino, Dino le regalo su abrigo para que no sintiera frío; y es que había sido un salvaje por romperle la ropa de esa forma. Los dos quedaron sentados y muy juntos observando el show.
-así que… -contesto el moreno sonriéndole seductoramente a su amante.- … tuvimos que alejar a Enzo y Hibird para que no nos interrumpieran.
-si, Enzo puede ser mas mañoso de lo que crees jajaja.- entonces Dino se dio cuenta de algo, él cómo príncipe JAMÁS había mencionado el nombre de su mascota, solamente cuando aun era un ladrón.-oh uh.
-lo sabía.- tomando de nuevo sus tonfas.- eres el mismo chico que conocí aquel día que me escape, me di cuenta cuando vi tus seis tatuajes; ¿me crees un imbécil?, ¡dime la verdad o te morderé hasta la muere!
-me sorprende que hasta los hayas contado… bueno Kyoya verás.- ¿ahora que podría decirle? Solamente estaba seguro de algo, evadir la cruel realidad.- la verdad es que soy un príncipe, pero me visto de plebeyo para salir de la monotonía, ¿se te hace extraño?- tragando un poco de saliva, esperaba que si le creyera.
-no tan extraño como crees.- se volvió a inclinar para recargarse en Dino, tapándose con esa verde prenda.
Le abrazo y entrelazo sus dedos con los de su pareja.
Ahora que lo pensaba, ¿Cómo le estaría yendo al genio con ese deseo?
Desde que se había ido su amo de viaje, Byakuran había actuado al instante poniéndoles a todos los guardias alcohol en el café, ahora todos ellos bailaban el "Macho macho men" y otros dormían incluso sobre los arboles. Complacido por su buen trabajo, el albino sacudió sus manos y movió su cuello tronando todos sus huesos.
-muy bien, ahora a "investigar" a ese visir.- se relamió los labios y en un instante apareció frente a la puerta del hechicero, toco varias veces y antes de que abrieran hizo puff transformándose en un bonito conejo blanco.
-oya, oya, estoy ocupado.- al ver que nadie se encontraba viro su vista ante el que le llamaba la atención.- kufufu, ¿qué haces aquí?- tomo al conejo entre sus brazos.
-¿Quién era Mukuro-sama?- contesto la lechuza cargando vendajes limpios.
-parece ser que alguien nos dejo un conejo.- rascándole las orejas y la barbilla.- kufufu, ¿no crees que es lindo?
-"yo no soy lindo, soy sexy, que no es lo mismo".- pensaba el conejo Byakuran, aunque se moría del gustito por ser acariciado de esa forma.
-de verdad es lindo, pero me da mala espina.- respondía la lechuza.- aunque no importa supongo.
-kufufu te lo encargo, tengo que ver en Google quien es realmente ese príncipe A-la´Dona.
-pero Mukuro-sama, aun sigue herido, al menos póngase las vendas primero.
-"¡a eso me refiero!, ¡que se quite la ropa!, ¡tubo, tubo!"- entonces el animalito de largas orejas empezó a jalonear la larga túnica del visir.
-oya, oya, está bien.
Y como si hubiera escuchado las maravillosas palabras de Gesso, Mukuro se fue desvistiendo ante la vista de esos dos seres hasta quedar en solo unos pantalones bien ajustados al cuerpo.
-"¡santas caderas Batman!"- se transformó momentáneamente en perro, aullaba y jadeaba al ver semejante cuerpo de modelo.- "ouhhhhhhhh ¡qué buena carne! Como para jugar con él a las mordidas~"
-¿Qué fue eso?- respondió el visir, volteó solamente encontrándose de nuevo con el conejo que babeaba en masivas cantidades.- creí haber oído a un perro aullar.
-habrá sido alguna otra cosa.- Chrome volaba y era la encargada de ponerle los nuevos vendajes en el pecho a su dueño.
-"¡que suertuda! Tener semejante bombón para ella sola; que cuello, que cintura ni que decir de esas deliciosas caderas…. Solo falta una cosa más"
Entonces con un poco de su magia hizo que Chrome jaloneara a su amo y cayeran ambos al suelo; Byakuran que no era nada tonto, aprovecho la oportunidad y se le lanzo encima al peli indigo probando que tan cómodo era el asiento que quería.
-"¡están suavecitas, firmes y redonditas como me gustan!"- acomodándose mejor.- "ya encontré a mi rebelde esposa~"
-¡Chrome quítame este conejo mañoso de encima!
Su ave le hizo caso quitando al ventajoso animalejo y colocarlo en un lugar donde no volviera a atacar, algo que claramente disgusto al conejo mágico.
-oya, tengo suficiente con el príncipe y ese sultán como para ahora hasta soportar un conejo pervertido.- se coloco de nuevo ese traje que escondía toda su bien formada anatomía.
-en realidad es raro, jamás había visto un conejo de ojos violeta y hasta con un tatuaje.- observaba con detenimiento la lechuza.
-"fufufu no te sorprendas aun amor mío, cuando sea libre verás lo que te tengo planeado en la cama, en la sala, en la cocina, en el baño, en el jardín, etc~"
-… mi sentido arácnido me dice que estar cerca de este animal pone en peligro mi cuerpo.- sentía una gota de sudor resbalar de su sien al ver la mirada brillante de su invitado.- oya, ese conejo me da miedo.
-también a mi Mukuro-sama.
-bueno, eso no nos debe importar.-se sentó en el mullido sillón que tenia.- por el momento debemos encontrar la forma para que aun pueda conseguir el trono. Tengo que quitar de mi camino al príncipe A-la´Dinopicapiedra; así cuando se dé cuenta el sultán que ya no hay más príncipes que elegir, entonces hará caso a la ley que invente y me casaré con Hibari. ¡Así podre al fin obtener el control total de este reino kuhahahahaha! – se levanto dispuesto a irse.- Debo prepararlo todo, Chrome no dejes rastro de tu cena.- entonces salió de la habitación.
-claro que sí Mukuro-sama.
-"un momento, ¿ese sexy visir va hundir a mi amo y su viejo en una trampa? Además, ¿qué quiso decir con cena?"
Se dio cuenta de que quisieron decir las palabras de la erótica piña del mal cuando sintió como la lechuza se avecinaba hacia él, y no precisamente para jugar, o quizás sí pero no le convenía al Byakuran-conejo que le alcanzaran. Se escondió detrás de una cortina.
-"¡se me antojaba una birria pero no ser el ingrediente!"- entonces recordó un pequeño detallito.- "¡pero si seré wey, soy un genio!"- desapareció en un puff para regresar a la lámpara de su amo.
Los protagonistas regresaron al balcón, Hibari bajo del caballo, Hibird voló rápidamente para traerle un saco largo a su dueño, regreso la verdosa chaqueta; antes de descansar miro por una vez más a su prometido.
-peleemos otra vez algún día de estos.- le sonrió retadoramente.- te venceré.
-eso me gustaría probarlo.- respondió acercándose al moreno.
-quizás después de nuestra boda.- bajo su cabeza para que no viera su reacción pero se notaba a leguas elprofundo sonrojo.
El caballo acerco más a su amo empujándole para que le diera un ultimo beso a su pareja, uno dulce pero de ensueño. Hibari se encamino hacia su habitación mirando seductoramente al príncipe, se había dado cuenta que él era el elegido y con suma satisfacción entro a sus aposentos.
-¡anotación!- grito a todo pulmón el rubio al saber que seria correspondido.
Se bajo al jardín brincando y dando vueltas de felicidad, se tiro con gusto al piso como si deseara formar ángeles de pasto; miro las estrellas con suma ilusión como si ellas supieran la razón de su optimismo.
Pero entonces se dio cuenta de algo, era cierto que ahora su amado quería casarse con él, pero por ende eso lo transformaría en un sultán.
Y él no era un verdadero príncipe.
Eso le asusto y deprimió, llegar a tomar el trono, el control total del reino sin ser merecedor de ello. Amaba a Hibari, de eso no había duda, pero tener semejante poder era demasiado.
Froto su lámpara con tristeza, tenia que hablar con su fiel amigo genio.
-¡amo!, ¿Qué tal le fue? Fufufufu de seguro muy bien porque se tardo. Y adivine que, ¡ya solo falta un deseo para que sea libre! Aunque debo decirle algo importante.- el chico que parecía hecho de nieve soltaba confeti como celebración.
-yo también tengo algo que decirte.- se vio forzado a reír aunque realmente le carcomía la culpa.- no puedo liberarte.
-shalalala…. ¿Qué?, ¿esta jugándome chueco Dino-sama?- abriendo sus ojos completamente.
-puedo casarme con Kyoya, pero eso es gracias a ti, yo no soy un príncipe verdadero; pero si te libero lo perderé, lo siento.
-… me estaba cayendo bien, era una buena persona, pero resulto peor de lo que imagine.- la cólera en los ojos violetas era indescriptible.- bueno que más da, más siglos de encierro, justo cuando al fin había encontrado una buena esposa… pero le diré una ultima cosa solo por la amistad que le profese; el príncipe y usted están en peligro, el visir les ha tendido una trampa. Ahora con su permiso AMO, me iré a dormir.- entonces regreso a su lámpara.
No sabía que hacer ahora, cumpliría su sueño pero no de la forma correcta. Entonces se decidió. No haría pagar a Byakuran su error; hablaría con el sultán y su hijo para decirles la verdad. Además debía avisarles del peligro.
Sujeto con decisión a su tortuga y se adentro al castillo, pero fue bienvenido por los guardias que le apresaron cual delincuente, entre aquella turbia se distinguió el visir.
-kufufu llévenlo a los calabozos, no se demoren, ya tuve suficiente con el ridículo de verlos bailar la Macarena; una tontería más y les latigueare.
-no, ¡no otra vez!- lloraron al unísono los mandarines.
-¡tú!, ¡me las pagaras!, ¡no te saldrás con la tuya piña del mal!- gritaba nuestro protagonista mientras era jaloneado.
Entre tanta pelea, nadie del grupo se dio cuenta de que Dino había perdido su chaqueta, solamente el único testigo desafortunadamente fue Mukuro; aquella prenda era donde estaba guardada la lámpara mágica.
-esto podría ser.- miro el objeto, su gesto se impregno con malicia.- kufufu ahora lo comprendo todo, especialmente a ese supuesto príncipe; no importa, seguiré el original plan.
Entonces froto la lámpara despertando de nueva cuenta al genio.
-oye, no estoy de humor como para…- volteo fastidiado a su amo, algo que le sorprendió pues no era la misma persona que peleo hace pocos minutos.- oh, esta vez mi amo será alguien realmente sexy mnm.- miraba con binoculares a su nuevo dueño.
-kufufu, ¿te me haces conocido?, ¿nos hemos visto antes?- acariciaba con el dedo índice la barbilla del ser mágico.
-nou, como podría olvidar semejante cuerpo. ¿Qué deseas amo mío?- volvía a babear al ver la elegante y sensual sonrisa del visir.
-oya, eso es sencillo.- jaloneo al genio hasta tirarlo al suelo, pisándole con sus largas y poderosas botas negras.- mi primer deseo es ser el gobernante de este reino, ser el sultán.
La familia real estaba para entonces conversando y celebrando que al fin hubiera un pretendiente, entonces la horda de guardias les apuntó con sus armas; ambos se quedaron atónitos ante la traición de sus propios hombres, entonces el anterior visir se acercó a ellos ahora luciendo la ropa y joyería de la realeza.
-¡Mukuro!, ¿explica que haces con mi ropa?- grito Tsuna al ver semejante fechoría.
-kufufu, no debes hablarme así, soy tu rey ahora; estas prendas indican que yo soy el verdadero gobernante de este reino, tu solo eres un loco en ropa interior, que por cierto, ya pasaron de moda los ositos cariñositos.
-¿¡que!- entonces se dio cuenta de que estaba semidesnudo y con esos boxers ultra secretos.- esto no puede ser posible.- tapándose con lo que pudiera.
-ahora reverénciense ante mi.- ordeno la piña sultán.
-¡nunca!- grito Hibari bastante furioso.- ahora si te pasaste remedo de fruta, ¡kamikorosu!- se le fue al ataque solo encontrándose con una ilusión.
-sino se inclinaran ante mi, lo harán ante el ser más poderoso.- chasqueo los dedos, Byakuran había estado escondido a su lado todo el tiempo.- genio, quiero pedir mi segundo deseo, ¡es mi deseo ser el ilusionista más poderoso en la faz de la Tierra!
-hay amo, ¿no prefiere una bolsa de dulces chocolates para que se le quite lo amargado?- recibió un tridentazo ante tal sugerencia.- ¡esta bien!, sus deseos son mis órdenes.
El dueño del genio fue envuelto en una aterradora neblina, la ropa blanca representativa del sultán fue cambiada por un color negro con toque índigo, estaba rasgada de ciertas partes y ahora no existía un ridículo sombrero pomposo. De sus manos el mortal tridente podía transformarse en un báculo de forma extraña.
-muy bien, ¿dónde quedamos?, kufufu lo olvidaba, ¡deben humillarse!- su bastón obligo a que los anteriores monarcas reverenciaran al nuevo líder.- ¡espléndido!, ¡kufufu kuhahahaha KUHAHAHA!
-ya… ya valimos.- sudaba la gota gorda el padre, mirando aterrorizado al que se burlaba de su desgracia.
La sombra del peligroso ente cubría a esas dos victimas, estaban a merced de un poderoso desquiciado, ¿Quién podría salvarlos ahora? Ni el chapulín colorado seria tan torpe como para pelear contra alguien así, Dino se pudriría en las mazmorras y no había alguien más con el suficiente poder para enfrentarlo.
Como dijo Tsuna, ya valieron.
Notas finales del capítulo:
Muy bien; como siempre las aclaraciones:
-batman y spiderman no son de mi propiedad sino de marvel! al igual que los picapiedras y los ositos cariñositos; solo sirven para burlarme de ellos XDDDD
-el juego de las mordidas fue patrocinado por el fic "mocosos en noche de brujas" de vampire whitte du shiffer chan~
-el baculo de mukuro es el del arco de la pelea de Shimon, incluye arete que no describi trolololol
-la lampara es pequeña, cabe en un bolsillo
Y... creo que es todo, los veo en el capi final: El tercer deseo
