Hola a todos! Aquí les dejo el nuevo capítulo, espero que les guste. Gracias por sus reviews, singifican mucho para mí.

Capítulo 6

-¡Tori!- gritó Sikowitz con desesperación.- ¿Podrías descender de Vegalandia y volver a mi clase por favor?- añadió.

-Lo siento. –respondió Tori, avergonzada. No podía evitarlo, por más que lo intentaba, su mente volvía a volar hacia el beso que Jade le había dado la noche anterior. Durante esos pocos segundos, la latina, había perdido la noción de la realidad, se había dejado llevar y de pronto, todo se había acabado abruptamente, con Jade, asegurando que cumpliría una promesa, que ahora Tori detestaba.

Esa mañana, ambas se habían cruzado en la escalera y Tori no pudo evitar buscar un encuentro con los ojos verdes de la chica gótica, pero ésta, simplemente había seguido caminando, ignorando por completo a la castaña.

Lo mismo había pasado en el salón de clases, cuando accidentalmente había chocado con Robbie, logrando mantener el equilibrio, poco antes de caer al suelo. Entonces, Tori había mirado discretamente a Jade, pero ésta se había mantenido indiferente, sin bromas, sin comentarios sarcásticos, ni siquiera había sonreído ante lo ocurrido.

Sus pensamientos fueron interrumpidos, cuando una pelota se estrelló contra su rostro. -¡Sikowitz!- gritó la castaña. – ¡Estoy prestando atención!- mintió.

-Entonces ¿Por qué no estás de pie en el escenario?- preguntó el maestro. –Llevo un buen rato llamándote.

-Lo siento. –contestó ella, bastante avergonzada, mientras se ponía de pie rápidamente y avanzaba al escenario, donde André la esperaba con confusión en el rostro.

-Bien…- dijo Sikowitz, tras aclararse la garganta. -Los dos serán infantes con lenguaje indescifrable, peleando por un pastel inmenso. –¿Están listos? Genial ¡Acción! –gritó y Tori se esforzó lo más que pudo por mantener el personaje, aunque la mitad de sus sentidos, estuvieran detectando la mirada de Jade sobre ella.

Cerró los ojos por una fracción de segundo, debía concentrarse, era una niñita que quería un pastel. Jade cambió de posición en su asiento y Tori estuvo tentada a voltear a verla; entonces quiso golpearse. Era una niñita y nada más importaba.

-¡Suficiente! –gritó Skowitz, para alivio de la castaña y giró hacia el resto de la clase. –Quiero sus opiniones.

-Yo creo que…- Empezó a decir Cat.

-¿Jade?- interrumpió el maestro, causando un gesto de indignación de parte de la pelirroja.

-No estuvo mal. –declaró la chica gótica con indiferencia.

-¿Estás ciega?- preguntó Rex, como si no pudiera creer lo que acababa de oír. – Es la peor actuación que Tori ha hecho en su vi... –continuaba el muñeco siendo interrumpido por la presión de la mano de Robbie contra su boca.

Jade volteó hacia Rex, con mirada asesina. –Me pregunto, qué tan difícil será sacarle los ojos a tu cabeza de plástico. -dijo, pero a diferencia de otras veces, no se mostró orgullosa de su propio comentario.

Cuando todos quedaron en silencio, Tori aprovechó para preguntar. -¿Ya puedo sentarme?

-En realidad. –empezó Sikowitz.- Creo que deberías ir a ver a Lane, ahora.

-¿Por qué? ¿Qué hice?- dijo la castaña con impotencia.

-Secuestraste a la verdadera Tori y todos la queremos de vuelta. –explicó el maestro.

-Estoy de acuerdo.- intervino André.

-Y yo. –continuó Rex, con voz temerosa, por la reciente amenaza de Jade.

Sin mucho que alegar, Tori tomó su mochila y salió del salón con la mirada en el suelo.

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-Adelante. –ordenó Lane y Tori ingresó a la oficina. No sabía que le diría al consejero escolar, pero definitivamente, no podía contarle la verdad.

-Sikowitz me dijo que viniera. –dijo ella.

-¿Por qué lo hizo?

-Estuve algo distraída en clase y él pensó que venir aquí sería bueno para mí. –Se encontró diciendo Tori.

Lane la miró, como esperando a que continuara, pero ella no mostró intención alguna. – ¿No me quieres decir qué te tiene así?

Tori suspiró. Realmente necesitaba comentar lo que sentía, con alguien, pero ¿Tenía que ser con Lane? –Verás.- dijo, buscando la forma de decirle las cosas, sin explicárselas realmente. –Yo hice que alguien, me prometiera algo y esta persona lo está cumpliendo, pero ya no estoy segura de querer que esa promesa se cumpla. –Habló, más rápido de lo que esperaba, y calló, dudosa de haberse dejado entender.

Lane, quien la miraba confundido, se tomó un tiempo para volver a preguntar. –Y… ¿Por qué no le dices a esta persona que la liberas de su promesa?

-Porque es lo que está esperando. –dijo ella. –Esta persona, me tortura cumpliendo la promesa, porque sabe que tarde o temprano, yo voy a querer deshacerla y entonces, esta persona me habrá ganado.- Terminó de hablar, notando una completa confusión en la cara del consejero.

-Tori…_dijo él. – ¿No sería más fácil para todos si me contaras la historia completa?

-Sería más fácil para ti, Lane. Para mí no.

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Cuando salió de la oficina, la clase de Sikowitz ya había terminado. Supuso que sus amigos estarían en la cafetería y dudó en reunirse con ellos, sabiendo que la interrogarían, respecto a su mala actuación. Deseaba ir a casa, pero aún le quedaban un par de clases. Una vez más su mente volvía al recuerdo de Jade, aferrando sus labios a los propios con la desesperación de quien teme perderlos. Había sido apasionado y perfecto, había sido… ¿Qué diablos había sido todo eso? ¿Acaso Jade sólo trataba de seguir humillándola? O… tal vez, la chica gótica empezaba a sentir algo más; algo que, bien sabía Tori, Jade jamás aceptaría.

-¿Tori? ¿Eres tú? –escuchó decir a Sinjin, a sus espaldas. –Ayúdame con esto, por favor. –pidió él, mientras luchaba con sus pantalones, los cuales estaban atados a su cabeza de tal modo que apenas podía ver con un ojo.

-Sinjin. –dijo la castaña, sorprendida. -¿Qué te paso?

-Le pregunté a Jade si quería salir conmigo.

-Uhmm y ¿Qué te respondió? –preguntó ella en son de broma, mientras trataba de liberar la cabeza del joven.

-Creo que me odia. -dijo él, pareciendo deprimido.

-No lo tomes personal. Ella odia a todo el mundo.

-Creo que Beck fue muy estúpido al dejarla ir. –Agregó él.

-Lo sé. –se encontró diciendo ella como acto reflejo, arrepintiéndose en seguida.

-Creí que ustedes dos no se agradaban. –dijo Sinjin sorprendido.

-Así es, lo dije… con sarcasmo. – se justificó ella, con lo primero que vino a su mente.

-No me pareció que eso fuera…

-Me tengo que ir Singin. –se despidió ella, dejando al chico a medio desatar.

-¡Espera! ¡Ayúdame!- fue lo último que ella le oyó decir.