Hola! capítulo 7 ya, como crecen estos pequeños XD. Espero que les guste. Gracias a quienes comentaron: Mas alla de la realidad, AsukaMiyamoto, Loverxanime, Lindsaywest, UrikoTobari; y a lectores en general.
Por favor, no olviden dejar Reviews.
*Victorious no me pertenece.
Capítulo 7
Tori llevaba tres días fingiendo estar enferma, para no tener que ir a clases. No soportaba que su promedio escolar se fuera a pique, que todos notaran que ya no vivía en este plantea y principalmente, no podía aguantar la indiferencia de Jade.
Esa tarde, mientras caminaba por su habitación, con los habituales recuerdos, rondando su mente, escuchó que alguien llamaba a su puerta, haciendo que corriera hacia su cama, despeinándose con los dedos. -¿Sí?- Preguntó con voz quejumbrosa.
-Cariño, André vino a visitarte. –dijo su madre, detrás de la puerta. – ¿Puede pasar?
-Claro. –respondió ella, con desdén.
Entonces la puerta se abrió, revelando a un André radiante, que traía consigo un montón de libros. -¿Cómo estás amiga?- dijo con una gran sonrisa. -¿Te sientes mejor?
-La verdad, sigo igual. -mintió ella, forzando un estornudo.
-Vine a ponerte al día sobre las clases. –dijo su amigo.
-Oh, ahora no. –Se quejó ella, lo último que quería era pensar la escuela.
Durante días, había considerado buscar a alguien, a quien pudiera contarle lo que le pasaba, sin temor a ser juzgada, y había deducido, que el único en quien podía confiar, era André. Así que pensó que, tal vez había llegado el momento. Abrió la boca para empezar a hablar, pero su amigo se adelantó.
-Está bien, entonces déjame contarte algo que me pasó ayer por la tarde. –dijo él, sonando más que entusiasmado.
-Cuéntame. –Le animó ella, contagiándose de la sonrisa de su mejor amigo.
-Bueno, ayer Jade fue a mi casa.
-¿Ah, sí?- Preguntó la latina, esta vez con el ceño fruncido.
-Sí, pasamos toda la tarde juntos y… -se detuvo él, algo avergonzado de lo que diría, pero aun manteniendo la sonrisa. –No lo sé, no había vuelto a ver a Jade de esa forma, desde hace mucho tiempo, pero ahora…
-Te ha vuelto a gustar- completó Tori con el ánimo por los suelos.
-Creo que nunca dejó de gustarme. –dijo él, clavando inconscientemente la estocada final. – Y Beck ya no es un problema. Creo que esta vez puedo…
-Pero…- Se encontró diciendo ella, sin darse tiempo para escoger sus palabras. -¿Por qué con Jade?
-Vamos, Tori, ella no están mala como quiere que todos crean. –alegó André, tratando de convencer a su mejor amiga. –La vez pasada habló bien de tu actuación, en clase de Sikowitz, y mira que todos nos dimos cuenta de que actuaste pésimo.
-Gracias. –se quejó ella, poniendo una almohada sobre su cara.
-Ya, no te pongas así, sólo trato de decir que, cuando Jade quiere, se puede convertir en una linda persona.
La batalla estaba perdida y no había forma de hacer que André, diera marcha atrás. Se sintió impotente, maldiciéndose a sí misma, al no encontrar palabras para alejarlo de ella. –Oye, no me siento nada bien. Quisiera descansar. –dijo Tori, y su mejor amigo, borró al instante la sonrisa de su rostro, pareciendo desilusionado.
-Está bien, me voy. –Se despidió el muchacho. –Mejórate pronto.
-Gracias. -dijo ella, avergonzada de los celos que estaba sintiendo, y buscó comodidad en su cama, antes de cerrar los ojos, para soñar con ella.
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Era cerca de media noche, cuando Tori, cansada de pensar, soñar y preguntarse ¿Qué diablos pasaba por la mente de la chica gótica? Decidió salir de su casa e ir a resolver sus problemas con ella. Por lo que se deslizó por su ventana, para evitar despertar a su familia, y caminó a pasos rápidos hacia el único lugar donde quería estar.
La temperatura había bajado unos cuantos grados, ya no había gente en las calles y la casa de Jade quedaba un poco lejos para ir a pie; lo que llevó a Tori, a preguntarse si estaba haciendo lo correcto, pero al instante supo que no importaba, porque simplemente necesitaba hacerlo.
Pasó cerca de una hora, cuando llegó a la casa de los West; entonces, se dio cuenta de que, siendo la una de la mañana, no podía simplemente llamar a la puerta. Tomó su teléfono y marcó el número de Jade, casi adivinando lo que pasaría.
-¡¿Qué?- gritó una adormilada voz, a modo de saludo.
-Estoy en la puerta de tu casa. –dijo Tori.
-Que bien. Déjame dormir. –contestó Jade cortando la llamada sin despedirse.
Tori pudo ofenderse, pero ya estaba acostumbrada al carácter de la chica gótica, por lo que volvió a marcar su número.
-¿Qué quieres, Vega? Mañana hablaremos en la escuela.
-¿En serio? ¿No me vas a ignorar?
-¡Tú querías eso!
-Necesito hablar contigo, ahora. –Insistió la latina, con voz decidida y pudo escuchar un suspiro, del otro lado del teléfono.
-Espera un momento. –dijo Jade, a regañadientes y colgó.
Tori se sentó en los escalones del pórtico, tratando de ordenar sus ideas, para poder hablar con Jade, sin sonar tan confundida como estaba, pero en el fondo, sabía que en cuanto viera los ojos de la chica a quien esperaba, toda su mente se nublaría.
La puerta al fin se abrió, y Tori notó que, la chica gótica, se había tomado un tiempo para arreglarse.
-¿Por qué traes pijama?- Preguntó Jade, con confusión en el rostro y Tori notó por primera vez, que había olvidado cambiarse antes de salir.
-No tuve tiempo de… No importa, vine por otra cosa. –dijo ella.
Jade se hizo un lado, indicándole a Tori, con un gesto, que podía ingresar a la casa -¿Y por qué no llamaste a la puerta?- continuó la chica gótica.
-Para no despertar a tus padres.
-Ellos no están.- dijo Jade con frialdad. –Entonces… ¿Qué se te perdió aquí? –agregó sentándose e invitando a Tori a hacer lo mismo.
Como lo había pensado, su mente estaba en blanco. Sabía que tenía mucho que hablar con ella, pero ahora todos sus pensamientos estaban congestionados, luchando por salir primero.
-Bueno… -Se aventuró a decir, sin saber cómo terminaría. -¿Por qué me besaste?
-Oh –soltó la chica gótica, con indiferencia. –Era eso.
Tori esperó en silencio, la respuesta de Jade.
-Lo hice, porque tenías razón en dos cosas. –admitió, fríamente, la chica gótica. –Sí, me gustó que me besaras, y sí, le estaba dando demasiado valor a algo insignificante. Así que quise repetir el beso y de ese modo, le quité cualquier importancia.
-Entonces, ya puedes alejarte de mí sin ningún problema. –dijo Tori, tratando de ocultar su desaliento.
-Sí, pero debes dejar de buscarme, Vega. –Añadió la chica gótica, con mirada malvada. -Hacerte sufrir es una afición muy tentadora.
-Lamento tentarte. –dijo Tori, aguantándose las ganas de gritarle a la chica frente a ella, que no quería seguir siendo ignorada.
-Quiero un café. –Mencionó Jade, antes de levantarse de su asiento y salir del salón. –Puedes venir. – Gritó a la castaña, desde lejos y ésta la siguió llegando a la cocina.
-Y entonces… ahora pasas tiempo con André. –dijo Tori, para sorpresa de sí misma.
-¿Qué?
-Me contó que fuiste a su casa. –Agregó, tratando de sonar indiferente.
Jade bajó la mirada, pareciendo avergonzada. –Sí, bueno, desde que Beck y yo terminamos, tengo más tiempo libre del que quiero. –dijo y tras dar un sorbo al café que acababa de servirse, continuó. –En realidad, esa tarde fui a casa de Cat, pero ella tenía un disfraz extraño y quería que cantara una canción infantil con ella, así que, me fui y terminé en casa de André.
-Ah. –Expresó Tori, algo aliviada de que la chica gótica, le diera tan poca importancia a esa tarde con su amigo; pero ese pequeño descanso de sus pensamientos, le permitió darse cuenta de que, eran cerca de las dos de la mañana y estaba en pijama, en la cocina de Jade, quien sólo estaba esperando que ella se fuera, para volver a dormir.
Suspiró, sabiendo que no quería decir lo que diría. –Bueno, creo que debería irme.
-Es cierto. –Afirmó la chica pálida, sin mirarla a los ojos, como solía hacer cada vez que era tan directa.
Ambas caminaron, a pasos lentos, hacia la salida, pero Jade, quien iba detrás de Tori, la detuvo, sujetándola por la muñeca. –Ya que estás aquí... –dijo la chica gótica, con una indiferencia que parecía fingida. – ¿Podrías darme tu opinión sobre algo?
Tori, aunque estaba sorprendida, asintió rápidamente.
-Sígueme. –Pidió Jade, caminado hacia las escaleras sin detenerse a ver si Tori caminaba tras ella.
Subieron a la segunda planta y recorrieron un largo pasillo, deteniéndose en la última puerta, la cual estaba abierta y mostraba tras ella, un dormitorio con paredes oscuras, llenas de disecciones de mariposas, peces y otros animales. Jade entró y se dirigió hacia el piano, que había junto a la ventana de la habitación, que era bastante grande, para sorpresa de Tori.
-Estuve componiendo esto, para la clase de música. –mencionó Jade, mientras se sentaba frente al instrumento y se disponía a tocar.
-Soy toda oídos. – dijo Tori, forzándose a no sonreír demasiado.
La chica gótica empezó y Tori sintió la necesidad de salir corriendo. La melodía era aterradora e inquietante en muchos sentidos. Eso, sumado al aspecto lúgubre de la habitación en general, hizo que a la castaña, se le pusiera la piel de gallina.
Para su suerte, la pieza musical no duró mucho y pronto tuvo la mirada expectante de Jade sobre ella. – ¿Y bien? –preguntó la chica gótica.
-Eso fue… lindo. –se encontró diciendo, a lo que Jade respondió con una mirada de desilusión.
-Gracias Tori, tu opinión me sirve de mucho. –dijo Jade, con sarcasmo. –Sé critica ¿quieres?
Tori suspiró e intentó de nuevo. Esta vez tenía que ser sincera. –Creo que tu composición es muy perturbadora y que puedes espantar a tu público –admitió, temerosa de dañar los sentimientos de la chica gótica, pero ésta, lejos de enojarse, mostró una amplia sonrisa.
-Genial. –dijo Jade.
-¿Por qué quieres asust…
-No importa, Vega. –Interrumpió la chica pálida. –Ahora, será mejor que regreses a tu casa. -dijo caminando hacia la salida, pero esta vez fue Tori quien la detuvo, sosteniéndola por los brazos y acercándose a ella.
-Tori. –susurró Jade, alejándose ligeramente, aún sin liberarse de las manos de la latina, mientras parecía luchar internamente, contra sus ganas de acercarse más.
Tori permanecía en silencio, absorta en los ojos de la chica frente a ella. No sabía cómo había tomado valor para detenerla; no sabía y no le importaba. Observó la mirada de Jade, bajar hasta posarse en su boca y supo que ya no escaparía más. –Al diablo. –La escuchó decir, justo antes de sentirla empujarse contra sus labios, con las ansias de una adicta. La latina, se dejó embriagar por el aroma de Jade y quiso más de ella, plena y absolutamente. Deseó tenerla, con las mismas ganas, con las que se dejaba atrapar por aquel beso eterno, por esos dedos que se colaban por debajo de su ropa y recorrían su espalda, estrujándola, uniéndola a ella, en un solo cuerpo.
Las manos de Tori, sujetaban el rostro de Jade, presionándolo contra el suyo, pero era la chica gótica quien tenía el control, era ella quien la enredaba entre sus brazos, era ella quien intensificaba el beso a cada segundo, era Jade quien, sin dudarlo, empezaba a deslizar hacia arriba la chaqueta de Tori, para sentir por completo su piel, pero entonces se detuvo, separándose de ella por unos centímetros. –Vega, es sólo por esta noche ¿Me entiendes? –Aclaró Jade, jadeante, antes de volver a besarla, para separarse una vez más. –Mañana lo olvidamos ¿De acuerdo?
-De acuerdo. -Aceptó Tori, sin importarle mucho lo que decía.
Jade bajó su rostro, besando el cuello de la latina, mientras la hacía retroceder hasta su cama. Por esa noche, no volvieron a cruzar palabra.
