Hola! Bien, oficialmente, éste es el capítulo más amargo que he escrito, y supongo que el único que tendrá esta historia, puesto a que se acerca a su fin. De todos modos, aquí está.
Agradezco a quienes comentan, (realmente me alegran el día) y a quienes leen esta historia.
*Victorious no me pertenece.
Capítulo 11
Tori estaba de pie, inmóvil frente a su guardarropa. No estaba segura de querer empezar a arreglarse; en parte, porque deseaba con todas sus fuerzas, que la cena con su novio se cancelara, y en parte, porque sabía que no iba a ser así y que después de ese día, se odiaría a sí misma por un largo tiempo.
Acababa de tomar una decisión muy difícil, luego de pasar días pensando en cómo se había sentido la noche de la presentación de André, y de preguntarse, una y otra vez, qué era lo que estaba haciendo con un muchacho, al que ella no quería y que, claro, éste la hacía olvidarse de Jade por unos instantes, pero no dejaba de ser un simple instrumento para ella.
Antes de que Tori, robara ese primer beso a Jade, en el armario del conserje, ella se había considerado una chica honesta, incluso llegando a jactarse de ello, pero desde ese día, todo había cambiando y ahora mentía a sus amigos, con tal de ocultar sus sentimientos por la chica gótica, y le mentía a Jim, fingiendo corresponderle, cuando sabía que bastaba una palabra de Jade, un indicio de que las cosas cambiarían, para que ella, Tori, olvidara cualquier noviazgo.
Por ese motivo, la castaña estaba resuelta a romper su relación con Jim, en una muestra de respeto a él, porque tarde o temprano, la pequeña burbuja de mentiras que había construido, terminaría reventando y ella no sería la única que sufriría por ello.
Sabía que él llegaría en cualquier momento y su corazón, inquieto, no la dejaba olvidarlo. Resignada, se vistió rápidamente mientras escogía de antemano, cada palabra que utilizaría, cada excusa que daría en lo que sería, la última mentira dirigida a Jim.
Buscó en su interior una vez más, con la esperanza de detectar en sí misma, un sentimiento, que le indicara que estaba empezando a enamorarse de él, pero como en todas las ocasiones que lo había hecho, fue inútil. Frustrada y triste, terminó de alistarse y esperó a su novio, quien iría a buscarla para llevarla a su casa, sin imaginarse, cuál sería el verdadero plato fuerte de esa velada.
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El viaje en el auto de Jim, estaba siendo silencioso, llegando a lo incomodo, pero Tori fingía no darse cuenta, mientras miraba las calles, con la frente recargada en el cristal de la ventana. Él por su lado, había estado observándola, con gesto de preocupación durante un momento, como queriendo decir algo, pero al parecer, había preferido no hacerlo. Tori se sentía agradecida por eso.
Cuando estaban por llegar, Tori salió de sus pensamientos, al divisar a un muchacho larguirucho, de cabello claro y alborotado sentado en el pórtico de una casa, al parecer, jugando con un avión a escala. -¿Ese no es Sinjin? –preguntó Tori, algo aliviada de haber roto el hielo finalmente.
-Sí, somos vecinos. –dijo Jim, pareciendo más relajado, ahora que estaban conversando. –De hecho, solíamos ser mejores amigos de niños.
-¿Y ya no lo son? ¿Por qué?- preguntó Tori, suponiendo que un disgusto entre ellos, justificaría lo que su extraño amigo le había dicho el día de la presentación de André.
-Bueno, no lo sé… yo cambié y a él no le gustó mucho que fuera más popular. –dijo Jim, con indiferencia ésta vez. –A veces pasan esas cosas.
-Es extraño. –se encontró diciendo Tori, sin saber por qué. –Yo creo que a Sinjin no le interesa la popularidad.
Jim estacionó el auto y bajó de él, sin hacer más comentarios sobre Sinjin, raídamente ayudó a Tori a bajar, caballerosamente, generando otra vez en ella, ese sentimiento de culpa que tanto la atormentaba.
Él parecía notar con claridad que las cosas no estaban bien, pero se mantuvo sereno, tal vez para tranquilizarla a ella.
-Bienvenida a mi hogar. –dijo Jim, sonriendo, mientras abría la puerta de su casa, para que Tori pudiera entrar.
La castaña empezó a ponerse cada vez nerviosa, y ni siquiera pudo devolver la sonrisa.
–Bien, suficiente. –dijo él, con un gesto de inseguridad. -¿Qué te pasa Tori?
Ella lo miro a los ojos, deseando no tener que sincerarse tan pronto, pero era un hecho que debía empezar ahora. –Tengo que hablar contigo.
-De acuerdo, siéntate. -dijo él, caminando hacia el sofá y tomando asiento después de Tori. –Te escucho.
En ese momento, todo lo que Tori había planeado decirle, quedó olvidado. Su mente estaba en blanco y se esforzaba por encontrar un nuevo discurso. -Jim, he pensado mucho sobre esto… -Empezó a decir, con los nervios estrujándole el corazón. –Estoy pasando por muchas cosas ahora, y pienso que… no es un buen momento para estar en una relación.
Jim quedó en silencio, con una expresión entre decepción y sorpresa.
-Lo menos que quiero es lastimarte…
-¡Entonces, no lo hagas! –casi gritó él. -¿Por qué tipo de problemas estás pasando? ¿Tengo yo algo que ver? Porque en serio, he tratado de hacer bien las cosas. –agregó, pareciendo desesperado.
-No, Jim. Tú no tienes la culpa. –respondió Tori, tratando de calmarlo. –Es sólo… en verdad no puedo seguir con esto.
-Bueno, es obvio que hay algo que no me estás contando. –dijo él, en un tono furioso, que empezaba a asustar a Tori. – ¡Creo que me merezco saber la verdad!
La castaña, buscó algo que decir, pero no encontraba una explicación que pudiese servirle en ese momento, por lo que bajó la mirada, para no enfrentar al chico frente a ella.
-Hay alguien más ¿verdad? –dijo él, levantando con un dedo el mentón de la castaña, para volver a verla a los ojos.
-Lo siento. –se limitó a decir Tori, sintiéndose avergonzada.
De pronto, lo que era un trato delicado, de la mano de Jim sobre el rostro de ella, se volvió una garra que presionaba contra su quijada, causándole un fuerte dolor, del que no podía escapar.
-¡Jim, me estás lastimando!
-¡Todo este tiempo saliste conmigo, pensando en otro! –dijo él, liberándola de su agarre para sujetarla por los brazos con la misma fuerza. -¡Me siento como un estúpido!
-Jim, suéltame por favor. –suplicó ella, retorciéndose, en una torpe búsqueda de liberarse, con lágrimas que empezaban empañar su vista. Estaba sorprendida de la reacción de alguien que, siempre se había mostrado dulce y tierno.
-No me vas a dejar. ¡No puedes dejarme! –gritó el chico, aproximándose a ella violentamente y besándola a la fuerza.
La castaña, empujó contra el pecho de su atacante, tratando de quitárselo de encima, pero él, sujetó sus muñecas, haciéndolas retroceder hasta su espalda.
-¡Ayuda!- gritó Tori, cuando Jim se separó de ella para recuperar el aliento, lo que causó que él estrellara uno de sus puños contra el estomago de la latina, dejándola sin fuerzas y sin aire.
-Cállate. –ordenó él. –No quiero tener que hacerte daño. –agregó tras sujetar las manos de ella con sólo una de las suyas y usando la otra, para presionar su cuello contra el espaldar de sofá. Volvió a besarla, pareciendo no hacer ningún esfuerzo, contra la lucha incansable de Tori, por liberarse.
El timbre de la puerta sonó, causando que Jim, se pusiera de pie de un salto.
Tori mantenía un llanto silencioso, temiendo que, si hacía ruido, el muchacho se enfureciera aún más.
El timbre volvió a sonar, haciendo que el joven se pusiera más nervioso. –Sal por la puerta de atrás. –le dijo casi susurrando. -No le dirás a nadie sobre esto ¿verdad? Sabes que no puedes. –aclaró, mientras la latina salía corriendo, tratando de controlar el temblor en su cuerpo.
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Tori recorrió varias calles a pie, llorando desconsoladamente. Sabía que lo correcto era tomar un taxi y dirigirse a su casa, pero de pronto, sentía miedo de estar cerca de cualquier persona y no soportaría meterse en el auto de alguien extraño.
La gente que pasaba por su lado, se le quedaba mirando y ella sólo buscaba alejarse, viéndose desprotegida, insegura, sola entre mucha gente. Entonces pensó en la única persona con la que no se sentiría de ese modo y, casi como acto reflejo, sacó su teléfono y empezó a marcar.
-¿Qué pasa ahora, Vega? –preguntó una desdeñosa Jade, del otro lado de la linea.
La castaña trató de dejar de llorar, para hablar bien, pero le fue imposible. – ¿Puedes venir a buscarme? –dijo entre sollozos.
-Tori ¿Estás llorando? ¿Dónde estás? ¿Qué te pasó? –preguntó la chica gótica, claramente alarmada.
Tras darle una referencia de su ubicación, la latina empezó a llorar nuevamente, sin poder tenerse.
-Tori, tranquila, voy para allá. –Aseguró Jade.
-No te demores, por favor. -Pidió la castaña, antes de colgar el teléfono.
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No pasaron más de diez minutos, antes de que Jade consiguiera encontrar a Tori. Al detener el auto, la chica gótica bajó de él a toda prisa y corrió hacia la castaña, abrazándola fuertemente.
-Gracias por venir. –dijo Tori, aún llorando, pero sintiéndose segura, en los brazos de la chica que la sujetaba de forma protectora.
-No tienes que agradecerme. –contestó Jade, separándose un poco de Tori, para poder ver su rostro. –Te llevaré a tu casa.
-¡No! –gritó Tori, muy nerviosa, pues no quería tener que dar explicaciones a sus familiares, menos sabiendo, que su padre se metería en problemas, si acusaba o agredía de alguna forma, al hijo de su superior. –A mi casa no, por favor. –suplicó.
-Está bien, está bien, tranquila. –dijo Jade, pareciendo confundida. -¿Quieres ir a mi casa?
Tori asintió con la cabeza y la chica gótica la llevó, abrazada, hasta el asiento del copiloto, antes de bordear el auto, para subir ella.
