Adv'rt'ncia: Se h'ce r'fer'ncia al p'ganismo.
Cuando Norge se despierta, varias horas más tarde y muerto de frío, nota enseguida que lo único que tiene puesto es su ropa interior. Está muy oscuro y el resplandor de las enormes hogueras es tal, que ilumina el cielo sobre el claro del bosque donde se celebra el equinoccio, y puede verse claramente desde la orilla del mar. Norge hasta puede oir a la gente y las alegres canciones folclóricas a lo lejos.
Con un silencioso quejido se incorpora, tiene mucho, mucho frío y le duele la cabeza y los labios le arden donde la sirena lo besó, dejándolo inconsciente.
"Ey, Lukas, ¿me besas?"
Maldita sea, maldita sea, maldita sea la maldita, maldita sirena.
Lukas
Maldita sea, ¡RAYOS! Hace como... como años que no está tan enojado, y de haber alguien ahí para verlo, su cara mostraría una expresión terrible e intimidante; pero no hay nadie porque todos están cantando en el hermoso claro del bosque, bailando, tomando.
Y celebrando, pero Norge no sólo no está celebrando también sino que en cualquier momento puede agarrarse algún tipo de resfrío marino, y todo por culpa de una desgraciada (pero hermosa) sirena; y... Y algo dentro suyo le dice que puede que esta situación sea su culpa por ser tan antisocial. Si hubiera estado en el festival, ella jamás lo habría encontrado, ¿no?
Decide no pensar en eso; se levanta temblando e intenta dilucidar qué hacer, al tiempo que corre hacia donde pueda protejerse del viento. Está oscuro, salvo por la luz amarilla de las lámparas que bordean la rambla de piedra. Finalmente se pone al cubierto en un pasaje angosto que suavemente sube hacia la montaña y serpentea entre las casitas con vista al fiordo. Frunce el entrecejo.
Si fuera por esa calleja, pronto llegaría al claro.
...por supuesto. Si va por esa calleja, pronto llegará al claro. Se ríe por lo bajo de manera un tanto siniestra y afortunadamente no hay nadie cerca como para oirlo: tan sólo las gaviotas que alborotan por los muelles y los peces plateados bajo el agua.
Norge prontamente nota dos cosas: la primera, que usualmente él estaría intentando racionalizar la situación. La segunda, que en este caso no tiene ganas de racionalizar nada. Solamente le interesa cazar a esa condenada sirena (que ahora es una mujer, aparentemente), y ahorcarla con *su* corbata, como está en todo su derecho de hacer. Su hermosa corbata roja, que a nadie parece gustarle demasiado. Ugh. Como si le importara.
Hace frío, maldita sea, muchísimo frío, y un viento terrible que lo hace estremecerse mientras sube la colina hacia el claro del bosque. Ese festival siempre se llevó a cabo en ese mismo lugar, desde tiempos inmemoriales. Ni la gente del lugar sabe exactamente cuándo se empezó a celebrar, pero una gran roca tallada en el centro del claro, una reliquia de tiempos vikingos, prueba que el festival ha formado parte de la cultura de Bergen por mucho tiempo. Los locales le atribuyen a la roca poderes mágicos (aunque, claro, todo es considerado mágico por esos lugares) (y Norge sabe que es muy posible que realmente sea mágica después de todo…), y danzan en torno a ella, y cantan, y la decoran con flores y ofrendas; y encienden grandes hogueras a su alrededor, y celebran con dicha la venida de la siguiente estación.
Aunque el paisaje que lo rodea es muy bello, Norge se siente del peor de los ánimos. Aún cuando a medida que asciende lo envuelven el fragante aroma a madera de pino del bosque y a rocío que acaba de caer, a hidromiel y jengibre y jabalí asado; aún cuando ya puede ver los colores de los vestidos tradicionales y oír las canciones populares. Cuando finalmente llega al borde del claro todavía frondoso, él es apenas una sombre contra el paisaje marítimo que se recorta contra las olas con la poca luz que ofrecen los farolitos amarillos de la rambla. Una silueta que calla y observa desde la sombra de los fogones: alto, silencioso, esbelto, y casi desnudo.
… por lo que nadie realmente le presta mucha atención.
Y tampoco es como si alguien fuera a juzgarlo en esta noche en particular, porque no es el único en semejante estado de indecencia aunque haga un frío implacable; y porque a nadie le importa, porque esta noche es para disfrutar, para emborracharse y estar alegre y honrar una tradición milenaria.
Tiembla, y, bastante malhumorado, sus ojos recorren la gozosa concurrencia, buscando una cabellera rubia alborotada y una camisa rayada. Da un par de pasos, camina un poco entre la gente. Alguien le encaja un cáliz de madera lleno de gloriosa hidromiel. Distraído, toma un sorbo.
No logra verla. Alguien lo toma de la muñeca y lo arrastra, de repente está participando en la danza entre gente desconocida; baila un poco; se escabulle hacia los bordes del claro nuevamente.
Hasta que, después de buscar y buscar, logra encontrarla, finalmente. Está casi reclinándose en la roca sagrada del centro del claro, con un vaso de cerveza enorme en una mano, sonriendo sin preocupación alguna una sonrisa que la traiciona, Norge calcula que para este punto debe haber consumido alcohol suficiente como para estar así, mejillas sonrosadas; y de pronto está meciéndose con gracia con la música de los violines, y conversando alegremente con como seis jóvenes que parecen muy interesados en ella.
A Norge no le hace ni media gracia tener que presenciar eso, de hecho le molesta bastante verla coquetear tan descaradamente usando su ropa, nada más ni nada menos, después de haberlo ¿engañado? tan espectacularmente como lo hizo allá en el muelle.
Sin ningún reparo se le acerca sigilosamente, y la separa con brusquedad de un hombre que no tiene mucho que envidiarle a sus ancestros vikingos.
La mira a los ojos con enojo, frunce el ceño.
"Hej, hej, Norge!" alguien llama a sus espaldas, pero francamente a Norge le importa ya un comino lo que cualquiera piense de él en esa situación en particular. No contesta.
"Norge!" llaman de nuevo, en una voz despreocupada y amigable, y él siente que le ponen una mano en el hombro, "No te la acapares, hej! Es demasiado sexy…!"
(le desagrada un poco oír eso…) "Tengo un asunto pendiente con ella," contesta cortante, y el joven se aleja murmurando que Norge es un aburrido.
Cuando se da vuelta a mirarla de nuevo, Matthias sonríe (y sus mejillas siguen con ese delicioso tinte rojizo; y a la luz de las hogueras es demasiado hermosa y demasiado sobrenatural), le sonríe a él solamente, una sonrisa amplia y un poco presuntuosa.
"Hola de nuevo!" le dice.
Norge la mira casi con desdén, la toma de los pliegues de la camisa y la acerca un poco a él, quizás con más brusquedad de la que hubiera querido, "Oíme, vos-" trata de decirle, pero ella lo interrumpe con una pregunta desubicadísima y embarazosa,
"Hmm, estás tratando de sacarme la ropa, Norge?"
Es entonces cuando él pierde la calma que honestamente nunca tuvo. "Esa es MI ropa, estúpida," le dice roncamente, intentando dominar la vergüenza que le causa saber que él está sonrojándose ahora, sonrojándose de verdad.
La danesa le sonríe de nuevo, divertida, borracha. "Podemor compartir si querés…"
Norge no sabe muy bien qué es lo que le está queriendo decir, pero sus acciones dejan en claro inmediatamente qué es lo que ella tiene en mente, y de repente una sensación se anida en su pecho y lo traiciona, y hace que se odie por ser como es.
"Esperá," le dice, con calma pero derrotado, "Abotonáte eso de nuevo, no seas idiota". Ella deja de mirar los botones de la camisa, que trabajosamente había comenzado a desabrochar, y lo mira a él.
"Sos un poco indeciso, no Norge?" le pregunta entretenida. Obviamente, ella jamás se dio cuenta de que cada vez más gente, hombres y jóvenes sobre todo, se empezaron a agrupar en torno a ellos ni bien se dieron cuenta de lo que estaba pasando. No se vuelve a abrochar los botones que había desabrochado, pero tampoco desabotona los que quedan.
"…" Norge no le contesta, simplemente la mira con una mirada ilegible.
Ella solamente se ríe por lo bajo. "Bueno, toma dos," anuncia, y fácilmente se las arregla para que sus pantalones se deslicen de sus caderas hasta el pasto mojado de rocío.
Norge considera apropiado mirarla escandalizado, así que lo hace sin problema.
"Pero qué diablos, mujer…?"
"Jaja, relájate un poco Norge!" le contesta ella, y levanta los pantalones del suelo.
"Tomá, ponételos, además de malhumorado, ¡indecente!" murmura, y el joven no sabe muy bien si es porque está borracha, o porque simplemente se había olvidado de lo increíblemente estúpida que es Matthias. Muy a pesar suyo, y bastante cohibido, se pone los pantalones, lo más rápido que puede. Ni bien lo hace se alegra de haberlo hecho.
Su camisa es larga, y a ella le cubre casi hasta la mitad de los muslos, así que aunque no es lo que su caballero interior desearía, tampoco se puede quejar. Por las dudas, la mira con frío reproche.
Ella lo observa de una forma que él no termina de entender, pero desea que no lo esté considerando… comestible.
"Definitivamente te quedan mejor a vos," comenta ella y por poco no le guiña un ojo, y el tono de voz en que se lo dice hace que Norge tenga que luchar para no sonrojarse de pies a cabeza, y entonces ella agrega, "Igual, a mi cuerpo increíble no le quedaban muy bien, eran muy angostos."
SI, bueno, tiene que admitirlo. Nunca se sonrojó así antes, y tampoco mostró tanta variedad de sentimientos en toda su vida.
Pero, para hacer todo exponencial e infinitamente peor, la mitad de la población de Bergen, que había estado siguiendo la conversación con ebrio interés, se descostilla de la risa.
A/N: Chuus! Tardé un poco en subirlo porque estoy a mil con la facu, y si alguna leyó el original, va a ver que algunos mínimos detalles los retoqué un poco. Jeje, es lo bueno de traducir tus propios fics!
Me alegro mucho que me hayan pedido que lo siga! Va a ir de a poco pero, con el apoyo de ustedes voy a terminarlo seguro. Mil gracias por los reviews! L s quiero!
