Actualizando voy, actualizando vengo, vengo (8) xdd.
Sabeis que, sabeis que? La pereza es mi pecado capital favorito (por que sera, jepjepjep xd), por eso he intentado que este shot sea de los intensos, no se si me explico xd. Bueno, el caso, que espero que os guste mucho ^^.
Pereza
-Watson.
-¿Qué?
-Watson.
-¿Qué?
-Watsooon.
-Joder, ¿qué puñetas quiere, Holmes?
-Dormir. Tengo mucho sueño, Watson. Esto no es propio de mí.
Watson se muerde el labio inferior al punto de casi hacerse sangre, todo con tal de reprimir toda palabra o acción que ahora mismo pasa por su cabeza. Como un film, como una secuencia que su genio malvado ha decidido grabar en el rincón de ideas macabras.
-Holmes, por favor. Son las dos de–
-Pues eso, muy tarde.
-Del mediodía.
Silencio. Holmes refunfuña algo por lo bajo y Watson lee un periódico mientras piensa en lo inverosímiles que están siendo los días últimamente. No, bueno, la verdad es que desde que comparte parte de su vida con Sherlock Holmes todo es ciertamente inverosímil –y él ya está bastante acostumbrado, la verdad-, pero últimamente sobre todo. Watson tiene la sensación de que en cualquier momento un dragón va entrar volando por la ventana cantando el Himno a la alegría, y aun así sería más real que todo lo que está viviendo.
-Watson.
-No empiece otra vez.
-Watson.
-No siga, por el amor de Dios.
-Watson. Hágame un estudio. ¿Y si tengo narcolepsia? Podría ser grave.
-¿Narcolpesia? –Watson suelta una carcajada, la típica con la que suele expresar lo increíble que le resulta todo, y Holmes le mira como un perro confuso-. Se ha pasado semanas sin dormir, Holmes. Semanas. Es muy improbable que padezca de esas cosas.
-Me avergüenza mucho su comportamiento, Watson. Su amigo y compañero más fiel podría padecer un trastorno psíquico que le impide conllevar su vida con facilidad. Y usted me mira y responde con esa indiferencia…
Watson arruga su nariz y le mira con escepticismo mientras oye las pesadumbres de su amigo. Sí, totalmente inverosímil.
-Estoy terriblemente disgustado.
-Holmes–
-Por supuesto que sí –interrumpe el detective-. Yo perdono con facilidad, Watson. No como otros y-no-quiero-señalar –la boca y ojos de Watson se abren con longitudes que se creían hasta entonces inhumanas-. ¿Entonces me hace el estudio ahora o…?
-¿Pero qué estudio ni qué…?
-¿Entonces qué iba a decirme?
Watson bufa, y hasta él mismo se glorifica por la paciencia que tiene y le sale de diossabedónde.
-Que si estaba buscando alguna excusa para no pasear al perro, trabajase en algo más verídico.
Y Holmes se muerde la lengua.
-Watson.
-Otra vez no.
-Watson.
-No. No, no y no. Y no –interrumpe, tajante.
-Ni siquiera sabía lo que le iba a–
-He dicho que no.
-Watson.
-Que no.
-¿Podría no acostarme con usted?
-Que he dicho que no.
Y Watson no se dio cuenta de lo que había salido por su boca hasta ver a Sherlock Holmes mirándole con unos ojos desbordantes de voluptuosidad.
-No, no, no. Quiero decir, yo no–
-Lo sé, Watson, lo sé. No me dice nada y ya me lo dice todo –y Sherlock Holmes abandona la habitación, giñándole un ojo con descaro-. Por cierto, le toca sacar al perro.
No hay que mencionar que Watson estaba rojo como un tomate, claro. Y muy confuso.
-Ha venido Lestrade, Holmes. Decía que se le requería urgentemente en Scotland Yard.
-No.
-¿Cómo que no?
-Sufro narcolepsia, ¿recuerda? Y ahora déjeme tranquilo, estaba a punto de entrar en contacto con mi mundo onírico.
-Pero Holmes –los ojos de Watson le observan, abiertos como platos-, ¿se puede saber qué le pasa últimamente?
-Pereza, supongo. Estoy tan cansado de resolver misterios. Necesito unas vacaciones, Watson.
-Debe de estar tomándome el pelo. ¿Usted? ¿Cansado de resolver misterios? ¿El que decía que "mi mente no soporta la inactividad"?
-Soñando no está en inactividad, Watson, y lo sabe. A veces parece mentira que sea usted médico. Incluso los grandes genios necesitan dormir de vez en cuando.
Watson suspira- ¿Entonces va a ir?
-Uhm. Ya lo consultaré con mi almohada.
-Eso es un no en toda regla, ¿verdad?
-Verdad. Va usted adquiriendo algo de inteligencia, Watson. Eso me reconforta.
Y Holmes duerme plácidamente mientras Watson se muerde las uñas al borde de un ataque de nervios.
-¿Holmes? ¿Pero qu-qué hace?
-Reconózcalo, esto es algo bastante sugerente para usted. Y en el fondo le encanta.
-Y a usted parece que ta-también.
-¿Ve? Tartamudea. Signo claro de que le pongo nervioso.
Y así es.
Ha sido demasiado sorpresivo levantarse en medio de la noche, somnoliento, con ganas de volver a dormir y encontrarse a su compañero de piso sobre él –prácticamente en cueros, por cierto-, indagando en los huecos que deja su cuello, suspirando sobre él, dejando pequeños besos.
-Sí, le encanta.
-Sí. Pero eso es algo que ya debería saber, ¿no? Recuerde que al contrario que usted, yo no reprimo nada.
Watson nota la sonrisa de Holmes sobre su piel. Como sus labios hacen el eterno recorrido de su garganta al ombligo y del ombligo a su garganta. Watson sabe que no está bien, que no está nada bien, que él es un hombre comprometido –y dentro de nada, casado-, que la infidelidad es un pecado que él jamás se perdonaría. Que Mary ha sido la mujer de sus ilusiones y futuro y no se merece eso. Que no.
Pero es demasiado bueno para ser cierto. Tiene al morbo de lo prohibido reencarnado sobre él, haciéndole sentir lo que –muy a su pesar- nunca le ha hecho sentir Mary. Esas ganas de saltar de la cama e intercambiar posiciones, de hacer el doble de lo que está haciendo Holmes. El doble de fuerte, el doble de sensual, el doble de lento, porque Watson cree que para saborear adecuadamente y dar el gusto al paladar hay que tomárselo con calma.
Pero no. No lo hace porque ese no es su mundo. El mundo de los vicios, el mundo del "aquí te pillo, aquí te mato" no es lo suyo. Él busca estabilidad, tranquilidad. Aunque en el fondo tenga el espíritu más avivado e intrépido que su amigo.
-No opone resistencia alguna, Watson. Ambos sabemos lo que nos gusta, verdad.
-Holmes, esto no es–
-Al cuerno con lo que está bien y lo que está mal. Con lo moral e inmoral. Usted es igual o peor que yo, y lo sabe.
Sí, lo sabe. Y Watson es un humano. Un humano no deja de ser un animal. Un animal tiene instinto.
Cuando Watson se quiere dar cuenta tiene a Holmes, debajo, totalmente desnudo, mirándole con una expresión que... oh, Dios mío. Instinto. Es puro instinto. Watson se lanza a sus labios, y nunca creía que besar fuera un placer tan grande como ese. Le vuelve a besar, una, dos, tres veces. Podría tirarse así el resto de su vida, porque le puede. Es algo que puede con él, el tabú que todos queremos degustar y no soltar.
Holmes será el camino a su perdición.
Watson se levanta, sobresaltado. Desprende chorros de sudor por todos los poros y lo único que es capaz de pensar es en lo enfermo que puede llegar a estar y por qué su subconsciente ha decidido canalizar todos sus miedos y represiones a través de esos sueños.
Aunque quizá Holmes tenga razón.
Watson suspira, intentando que el pulso de su corazón alcance una velocidad normal. Y de paso, busca bajarse todas esas tonterías que sobrevienen en su cabeza. Es un sueño. Un maldito sueño. No tiene por qué significar nada. No es motivo de preocupación
Que ahora mismo, se sienta altamente libidinoso y con ganas de quitar todo resquicio de moralidad e inocencia a Sherlock Holmes no es motivo de preocupación. Para nada.
Por eso, John Watson cree que lo mejor será echarse a dormir. Otra vez. Echarse sobre la cama y…
Oh, Dios.
-¡Por el amor de Dios! ¡Holmes! –grita, al encontrarse a su amigo justo a su lado.
-Madre mía, Watson –exclama, somnoliento, al despertarse por el inconfundible grito del doctor-. ¿A qué viene tanto alboroto?
-¿Qué hace aquí, en mi cama?
-Ah, eso. Nada, quería comprobar si su cama es tan cómoda como usted. Y no me equivocaba. ¿Podría quedarme a vivir aquí?
John suspira, sonriendo con resignación. Cierra los ojos, recostándose nuevamente sobre la cama. Holmes le observa, perplejo.
-¿Qué pasa? –pregunta cuando nota la mirada de su amigo clavada sobre él.
-¿No me va a echar? Quiero decir, normalmente me estaría dando patadas y arrastrándome a mi habitación.
-Nah. No voy a hacer eso.
Sherlock Holmes continúa fuera de sí.
-Vaya, su reacción ha sido de lo más sorpresiva. Me gusta –Watson sigue sonriendo-. Pero, ¿por qué?
-¿Por qué qué?
-¿Por qué ese cambio repentino de humor?
Watson se encoge de hombros. Quizá, en el fondo, no quiere que se vaya- Pereza, supongo.
Revieeeeew? :3
