Yuki no Hana

Bien, veo que el primer capitulo o prólogo, no ha tenido muchos reviews… mal. Me ha decepcionado algo, pero en fin. Gracias a los que han dejado su opinión. Respecto a eso, sé que hay historias con una trama parecida, un ejemplo es el maravilloso fic de "Rukia Kurosaki-chan" llamado "Geisha", es más lo sigo, pero no tiene nada que ver…. La historia será diferente, otro storyboard. Es solo una pequeña aclaración, tan solo eso. Os dejo leer a ver qué os parece. (:

Pensamientos: "Blablabla" (Entre comillas y en cursiva)

Aviso: Nada.


Capítulo 2

Lejos del Rukongai, se encontraba la base militar de Karakura más conocida por Sereitei. Todos los soldados se encontraban allí, entrenando y preparándose para una posible guerra. Todos los hombres más fuertes se encontraban allí, cada uno en un escuadrón especializado. Debían proteger a todos los ciudadanos aunque fuese con su vida.

Dentro del despacho del capitán de la 8º división, se encontraba un resacoso Kyoraku. La noche anterior le había dejado exhausto y no había hecho apenas nada. Pero…¿Qué tenía esa mujer? Sentía la necesidad de volver a verla, pero sabía muy bien que Rukia Kuchiki no acepta a cualquiera a no ser que ella quiera. Hermana del capitán Byakuya Kuchiki. Si este se enterará de que se había acostado con su hermana, le rebanaría el cuello sin pensárselo… aunque, el sabía demasiado bien lo que su hermana hacia en la casa de las Shinigamis. Aún así, cuando nombrabas su nombre, el Kuchiki se volvía colérico y se iba sin decir nada.

-¡Kyoraku Shunsui!

Un portazo dio paso a Nanao, su mujer. Estaba furiosa y no hacía nada más que gritar, aumentando el dolor de cabeza de este. Se sobo las sienes dejando que continuase gritando.

-¡Tienes resaca verdad! ¡Bien merecido te lo tienes!

-Habla más bajo por favor…

-¡No voy a hablar más bajo! ¡Hay rumores Shunsui!

-Ah…- fastidiado se froto más aun las sienes.

-¿Estuviste anoche en ese tugurio de las Shinigamis?- se puso en jarras frente a él, mirándole temerosa y enfadada.

-Nanao… déjalo ¿quieres?

-¡Contesta!

-Si Nanao, estuve allí. Fuimos con el 10º escuadrón...

-Admite algo más Shunsui…- su voz ahora se quebró débilmente, pero su ceño continuaba fruncido de rabia. El aludido tan solo alzo la cabeza.- Tu…t-tu…¿De verdad has estado con Kuchiki Rukia…?

-Deja de decir tonterías, Nanao.

Ofuscado por tanta pregunta y gritos, se levanto dispuesto a irse y terminar con esto.

-¡Estuviste con ella! ¿VERDAD?¡Los rumores son ciertos?- no le dejo irse, le agarro por el kimono y le zarandeo débilmente. Calló durante un momento y le miro a los ojos esperando una respuesta. No le hicieron falta las palabras, pudo descubrir en su mirada que todo era verdad.

-…

-¡¿Por qué! ¡Shunsui!- las lagrimas empezaron a surcar sus mejillas y de pura rabia comenzó a pegarle en el pecho sin descanso.- ¡¿Qué te da ella que no te doy yo? ¡Dime!

-Nanao…

-¡Dime!¡No soy suficiente para ti!- no la dejo hablar más, sello sus insultos y reproches con un beso que al principio ella se negó a corresponder. Pero ese hombre era demasiado para ella… siempre la vencía y al final acabo cediendo en el beso.

-Perdóname…juro que no volverá a pasar.- la abrazo dejando que se desahogara en llanto contra su pecho.

-¿P-Porque…. Por qué ella…?


-Porque dicen que es un ángel del infierno.

Un montón de soldados rasos se encontraban en su hora del almuerzo. Habían escuchado todos los gritos de la discusión entre Nanao y el capitán, asique ahora eso sería la comidilla del día. No tardaron en empezar a comentar sobre ello.

-Exageras Renji.

-No exagero. Esa mujer puede volverte loco con una sola mirada. Fíjate, hasta ha podido con el felizmente casado capitán Shunsui.

-Seguro que es una mujer más del montón.- continúo comiendo su arroz sin prestar atención a lo que decía el chico pelirrojo de los tatuajes.

-Ichigo, créetelo. Yo nunca he estado con ella, no he tenido ese privilegio…pero ya me tiene medio loco solo con haberla visto.

-¿Privilegio? Es una prostituta, se acostará con quien la pague.

-No seas estúpido. Ella es la que decide con quien, yo ya se lo he ofrecido millones de veces y siempre me ha rechazado.

-Eso es porque eres feo y hueles mal.- finalizo levantándose para dejar su bol y dejando al pelirrojo con la boca abierta.

-¡Que-?- se levanto al instante y se olisqueo las axilas.- ¡Yo no huelo mal, baka!

El chico de pelo naranja tan solo esbozo una sonrisa de victoria al ver que había ganado a su amigo. No tardo en notar la presencia de Renji intentando alcanzarle y a los pocos pasos ya lo tenía a su lado, exhausto.

-Si no me crees, ven esta noche.

-¿Qué? No pienso ir a un burdel, ¿estás loco?

-No te las des de santo Kurosaki. Además, no es un burdel. Tiene estatus social alto, no es un lugar de mala muerte.

-Sigue siendo un burdel al fin y al cabo.

-Venga, no seas marica.- sonrió autosuficiente y se miraron de reojo.- Apuesto a que si vienes babearías por ella.

-Já…lo dudo, ni siquiera me daría cuenta de que es una prostituta más.

-¿Apostamos? No te diré quién es. Y ya de paso, podemos pasar un buen rato, hay algunas bastante buenas a parte de Rukia.

-Ah. Esta bien, si así te callas iré contigo.

-Yosssh! No te vas a arrepentir, amigo.


"Su cuerpo… su piel blanquecina, parecía nieve. Nieve con una calidez desbordante, que quemaba con solo tocarla o besarla. Esa piel… su tacto suave y fino. Sin ninguna imperfección, todo perfecto. Me estoy volviendo loco. Ella me ha vuelto loco. Esos ojos me hipnotizaron la primera vez que la vi, mas nunca me prestó atención… por eso anoche caí tan rápido. La ansiaba tanto que esperaba cualquier gesto por su parte para ir detrás suya. ¡Por el amor de Dios estoy casado! Y con una de las mejores mujeres del Sereitei… ella me ama y yo no puedo hacerla esto. Pero esos ojos violetas aparecen en todo momento, me han hipnotizado, embelesado, vuelto completamente loco… su mirada misteriosa, elegante, noble y a la vez fría me ha derrotado completamente…Ella me ha derrotado…Rukia Kuchiki. Un ángel del infierno."

-¡Oe! Kyoraku, ¿me estás escuchando?

-¿Huh? Ukitake-san. Discúlpame. Estaba con la cabeza en otro lado. ¿Qué me decías?

-Kyoraku, los rumores son ciertos verdad.- el aludido agacho la mirada serio.- has caído ante Rukia Kuchiki.

-Esa mujer…

-Ten cuidado. Ella no volverá a aceptarte.- rápidamente el castaño le miro intrigado, esperando una explicación.- Nunca lo hace. Tan solo elige a un hombre una o dos veces, luego jamás se vuelve a acostar con ellos…

-¿Por qué…?- intento preguntar indiferentemente.

-No quiere que se encaprichen de ella. Y ella no quiere enamorarse.- se hizo el silencio durante un momento.- Pero veo que tu ya te encaprichaste, Kyoraku-san.

-No…no es eso… es solo que es tan extraña… es como si necesitase volver a verla, volver a estar con ella.

-Eso es lo que les pasa a todos. No deberías volver a buscarla, ella no te aceptará y tú te volverás loco.- miro a su amigo fijamente.- Además… piensa en Nanao. Ella te ama.

-Lo sé… creo, amigo mío, que debo alejarme de ella…

-Hazlo, o si no será tu perdición.


Mientras tanto en el Rukongai, más precisamente en la casa de las Shinigamis, se encontraban recogiendo la casa de la noche anterior. Se quedo echa un estropicio gracias a los borrachos y ahora a ellas les tocaba limpiar. Todas estaban limpiando de alguna forma, fregando suelos, barriendo, quitando polvo y recogiendo las habitaciones revueltas de la noche anterior. Todas menos Rukia y Rangiku. Ellas siempre se libraban ya que eran las que más rango tenían, eso lo dejaban a las novatas.

Ambas se encontraban tomando el té y charlando tranquilamente.

-¿Asique ayer conseguiste llevarte al capitán Kyoraku?

-Hai. ¿Qué problema hay?- pregunto tranquila dando un sorbo a su vaso de té.

-¿No lo sabes?

-A parte de que está casado… pero ese no es un problema.

-No Rukia-chan.- contesto divertida

-¿Entonces qué?

-El capitán Kyoraku es un cliente habitual, pero sus visitas tan solo son de diversión. Nunca de placer. Siempre venia a buscar compañía y sake, pero jamás sexo.

-¿Entonces…?

-Si Rukia, ¡tú le estrenaste aquí!- chillo entusiasmada

-¡Rangiku-san! Baja la voz… - se quedo pensativa durante unos momentos. - ¿Y yo por qué?

-Rukia, ¿no es obvio? Los hombres se vuelven locos por ti, y el capitán llevaba días que no podía parar de mirarte. Era cuestión de que tú te acercases a él para conseguir hacerle caer.

-Vaya…

-Ara! Por cierto, ¿Cuánto te pago?- pregunto interesada y emocinada.

-Ah, si sobre eso…- metió la mano dentro de su kimono, sacando una bolsa roja de terciopelo, la misma que el capitán le dio la noche anterior.- Creo que con esto tendré para pagar este mes.

-¿Qué es esto…?- cogió la bolsita roja y la abrió viendo su contenido. Sus ojos casi se salen de las orbitas al ver tal cantidad de dinero.- ¿De dónde has sacado tanto…?

-Ayer.- dijo sin darle importancia y dando un trago a su té.

-¿El capitán te dio todo esto solo por una noche…?

-Hai.

-Rukia…- la boca de Matsumoto nunca había estado tan abierta. Tenía la mandíbula desencajada y no terminaba de creérselo. Ella tan solo seguía tranquila tomándose su té con los ojos cerrados.- Podrías hacerte rica si hicieras esto más de seguido. Eres una mina de oro.

-Lo sé. Pero sabes Rangiku-san, que no me gusta esto…

-Tranquila… lo sé de sobra.- La exuberante mujer recobro la compostura. Ella sabía sobre el pasado de Rukia, era la única que lo sabía y por eso no la obligaba a trabajar noche tras noche. Le dio el privilegio de elegir cuando y con quien.- Hoy tenemos trabajo, viene un escuadrón más. ¿Qué piensas hacer?

-Um…- dio el último sorbo a su té y lo dejo en la mesa.- Hoy me tomaré la noche libre. Arigato Rangiku-san.- hizo una reverencia y se levanto, perdiéndose por los pasillos de aquella casa.

-Rukia…- miro por donde su subordinada acababa de marcharse con un gesto de tristeza en s u rostro.- cuando dejaras de sufrir por tu pasado…


Un escuadrón de hombres caminaba por las oscuras calles del Rukongai, entre proposiciones, insinuaciones e invitaciones de prostitutas baratas para atraer clientela. Simples mujeres, que no eran ni siquiera bellas. Algunas se salvaban, pero lo más probable es que esas mujeres preciosas acabasen en la casa de las Shinigamis, como el caso de Orihime Inoue.

Uno de los soldados que más llamaban la atención era Kurosaki Ichigo. El amigo de Renji. Y es normal que llamase la atención. En pleno Japón no era muy normal encontrar a hombres con el cabello naranja. Pero eso no era algo que desagradase a las mujeres, al contrario las atraía más. Y su cuerpo bien formado también ayudaba a que se volviesen locas por él. Su aspecto rudo y varonil le daba un toque especial. Poseía un aura misteriosa que le hacía ver más sensual.

-¡Oe, guapo! Ven aquí a pasarlo bien con nosotras.

Sus voces les llamaban desde distintos burdeles de mala muerte, provocándolos, pero ninguno caía. Sabían que al llegar a la casa de las Shinigamis sería un millón de veces mejor que eso.

-A menudo lugar me has traído, Renji…

-Urusai! Ya verás cuando lleguemos.

-En fin…

Ichigo estaba reacio, no le gustaban los burdeles. No porque pensase que esas mujeres eran escoria, sino porque las respetaba demasiado como para pagar por su cuerpo. Valían más que todo eso. Sin embargo, ante la terquedad de su amigo, cedió y también la curiosidad de ver cómo era ese "Ángel del Infierno" por el que todos caían rendidos.

Caminaron un poco más, y entre la espesa masa de arboles nevados, lograron ver el amplio caserón de estilo tradicional. Tres plantas, grandísimo, con árboles de cerezos congelados y llenos de nieve adornando la entrada. Ichigo quería entrar de una vez, se estaba congelando. Nada más pasar al recibidor una voluptuosa mujer apareció envuelta en un Kimono rojo y dorado, saludando alegre y cortésmente a los invitados.

-Bienvenidos caballeros. Pasen y pónganse cómodos.

Demasiado voluptuosa para su gusto, llegaba a ser exagerado y a él le gustaban más sencillas. Camino por los pasillos donde la mujer les iba indicando, con los ojos cerrados y una mueca de disgusto en el rostro. Llegaron hasta un enorme salón, en el que ya se encontraban algunas mujeres. Unas estaban sentadas de rodillas mientras sostenían el sake, otra tocaba el koto tranquila y relajadamente, dando un ambiente acogedor a la estancia. Algunas se encontraban juntas, tapándose su sonrisa y cuchicheando coquetamente mientras miraban a algunos soldados. Pero ninguna la sorprendió. ¿Dónde se encontraba ese supuesto ángel? Ninguna le parecía lo suficientemente buena como para enloquecerle.

-Vaya Renji, creo que perdiste la apuesta. Ninguna me sorprende lo más mínimo.

-Cállate, no está aquí. No es ninguna de estas chicas.

Ambos se sentaron y esperaron a que se les acercaran alguna mujer. No se hicieron de esperar ya que Orihime y otra jovencita se acercaron modestamente a sus lados. Saludaron cortésmente y sirvieron sake.

-No gracias. Yo no quiero.- Ichigo alzo la mano en señal de alto y miro fastidiado los alrededores. ¿Dónde estaba esa mujer?

-¡Oe, Rangiku-san!- la voz de Renji sonó por la sala, llamando a la encargada que les había recibido momentos atrás. La aludida no tardo en ir hacia ellos, sonriendo y dando pequeños saltitos.

-¡Vaya, Abarai-kun! Siempre es un placer verte por aquí.- junto sus manos y puso una delicada sonrisa.- ¿Qué deseas?

-¿Dónde está Rukia?

-¡Ara! Lamento decirte que Rukia-chan hoy ha decidido tomarse el día libre…- fingió una cara de pena.- ¡Pero sabes que mis otras chicas son casi igual de buenas!

-Tranquila, lo sé. Era solo que quería que el Kurosaki la conociese.- Se aparto dejando ver a su ofuscado amigo.

-¡Vaya! Lo lamento Kurosaki-kun, pero ahora no está de servicio. Puedes volver a intentarlo en otra ocasión si lo deseas.

-Bah…- no le prestó la más mínima importancia.

La noche transcurría cada vez más divertida para algunos. El sake había hecho efecto en la mayoría de soldados y muchos ya no se encontraban en el salón. Seguramente habían ido a un lugar más íntimo para cortejar a sus Oiran. Renji estaba rodeado de mujeres, fardando de tatuajes y todas les seguían el juego tocándolos y poniendo cara de sorprendidas. Menudo estúpido, estaba borracho y se reía altivamente al verse rodeado de tantas mujeres.

Esto era aburrido para el joven Kurosaki. Una chica llamada Orihime se había ofrecido en numerosas ocasiones, pero la había rechazado educadamente. Era aburrido, se encontraba solo, apoyado contra la pared y observando el panorama. "Suficiente". Pensó. Finalmente se levanto del suelo y camino hacia la puerta que llevaba al jardín. Un poco de aire fresco le vendría bien.

Salió y se apoyo en la columna de madera. Estaba nevando, copos blancos de nieve caían sin cesar del cielo. Por fin un soplo de aire fresco le despertó de su aletargo. Pero se dio cuenta de algo. Justo en la barandilla de enfrente, cruzando todo el jardín, había una mujer. Achico los ojos para intentar verla mejor. Era blanca y la nieve que caía del cielo se perdía al pasar por su piel. Su pelo contrastaba con ella, era negro por lo que podía ver.

(N/A: El panorama sería algo así, Ichigo desde cerca y Rukia sentada en el otro extremo, quitad los espacios para ver. h t t p : / / a d r i a n 1 9 8 4 . f i l e s . w o r d p r e s s . c o m / 2 0 0 8 / 1 1 / j a r d i n – j a p o n e s – 1 – r e d u c i d o . j p g )

Sintió curiosidad, quería verla desde más cerca. Camino por el paseo de madera, sin dejar de mirarla. Cada vez la veía desde más cerca y su belleza se incrementaba cada vez más. Estaba sentada en el suelo, su kimono lila se esparcía por la madera, cubriendo sus piernas. Sus hombros estaban al descubierto, podía ver perfectamente la piel de su cuello, clavícula y el comienzo de sus senos. Sus ojos estaban cerrados, no había notado su presencia aún.

Dio unos pasos más hasta situarse a escasos metros de ella. Ahí fue cuando se dio cuenta. Lentamente abrió sus ojos y los dirigió a él. Una mirada profunda, hipnotizante. Le había dejado embelesado, no decía nada… tan solo la miraba fijamente con los labios entreabiertos. Sus finas facciones le miraban sin expresión alguna, analizándole y mirándole minuciosamente.

Finalmente, esa mujer sonrió levemente. Ahí fue cuando consiguió despertar. Se sonrojo al instante, no sabía porque estaba así delante de esa mujer. Ni siquiera entendía porque sus pies habían cobrado vida propia y habían caminado hasta esa chica.

-Buenas noches.- continuó mirándole con esa sonrisa y desde el suelo.- Veo que eres uno de los soldados. ¿Ocurre algo?

-….- Su voz… no podía contestarla se había quedado estático al ver a esa belleza

-Perdone, ¿está bien?- un tanto preocupada se levanto del suelo y le observo un poco más de cerca. Ante tanta cercanía, Ichigo se sonrojo más aun y continuo sin contestar.- Joven, ¿se encuentra bien? ¿Está enfermo?

-I-I-Ichi…g-go.

-¿Perdone?- arqueo una ceja, no había entendido nada. Tenía una sonrisa divertida en su rostro al ver a ese hombre así.

-M-Me llamo Ichigo Kurosaki.- hizo una reverencia rápido y nervioso, con la esperanza de que ella se presentara también.

-Vaya. Hola Kurosaki- kun.- este volvió a quedar erguido y la volvió a mirar fijamente.- Mi nombre es Rukia Kuchiki

-¡…!- Era ella. Ese maldito de Renji tenía razón. Era un maldito ángel, ¿Qué ocurría con el? Nunca le había pasado eso.

-Eres bastante extraño, Kurosaki-kun…- se giro lentamente mientras sonreía divertida. Estaba dispuesta a irse, le dio la última mirada por encima del hombro y sonrió.

-¡Espera, Rukia! N-No te vayas aún…- la chica paró y se giro sobre sí misma para volver a mirarlo.

-Lo lamento mucho, Kurosaki-kun. Hoy es mi día libre.

-Y-Yo, yo no quiero nada de eso…- se sonrojo mientras bajaba el tono.- Me gustaría…me gustaría hablar contigo, n-nada más.

-¿Hablar? – esta vez Rukia se sorprendió. Era la primera vez que alguien solo quería estar con ella para hablar. Dudaba de que fuese un engaño por parte del chico, pero parecía muy sincero y ese rubor en sus mejillas le hacían ver que hablaba enserio.

-S-Si… pagare si es preciso…- ¿Pero que estaba haciendo? Acababa de verla y ya estaba tan desesperado…

-…- esbozo una sonrisa tierna y le sostuvo la mano. Este tan solo dio un respingo al sentir su tacto… era tan suave.- Está bien, pero vayamos dentro… aquí empieza a hacer frio.

-Hai…

Dejo que aquella misteriosa mujer le guiara. Sostenía su mano y tiraba de ella, guiándole por pasillos y más pasillos. No podía dejar de mirarla. Su vista alcanzaba a ver su pelo recogido en un moño, su nuca, el comienzo de su espalda. ¿Cómo había caído tan rápido? Le siguió guiando hasta que paro de golpe enfrente de una puerta con estampados de Sakura. Giro su cabeza levemente para mirarle de nuevo y sonreír. Otra vez se sonrojó. ¿Qué le ocurría con esa mujer? Al final Renji tenía razón… era un ángel.

-Pasa…

Se hizo a un lado, dándole paso al pelinaranjo. Estaba nervioso, no sabía de qué hablaría con ella, lo dijo sin pensar. Tan solo quería estar con ella y admirar su infinita belleza. Tenía que ocurrírsele algo porque no sabía de que empezar a hablar. Mientras tanto, Rukia se había dado cuenta de todo. Sabía que él no sabía de qué hablar, que lo había hecho para que no se fuese pero ella sintió curiosidad por Ichigo.

Cogió una varilla de incienso y la encendió, aspirando su aroma a jazmín. Lo situó en su repisa y se giró a mirarle. Estaba de rodillas, tenso, con las manos apretando su uniforme y la mirada baja. ¿Qué hacia alguien tan inocente como él en un sitio como este? Camino hacia el, situándose a sus espaldas, también de rodillas.

Poso sus manos en sus hombros y comenzó a masajearlos.

-Estas tenso. Tranquilízate, Kurosaki-kun.

-H-Hai…

-¿Ves esa varilla de incienso? – pregunto tranquila sin cesar el masaje. El tan solo asintió.- Cuando se consuma, habremos terminado de hablar, ¿te parece?

-H-Hai.

-Y dime… ¿de qué deseas hablar?- subió sus manos hacia la piel descubierta del cuello de el, noto como un escalofrió recorría el cuerpo del chico. Sonrió ante esa reacción.

-Y-yo… pues…

-Es la primera vez que te veo por aquí, Kurosaki.

-Ah, si… no me gusta venir a estos sitios…- contesto casi sin pensar.

-Oh vaya…

-¡No quise decir eso! Es decir… yo me refería a que… no me gusta pagar por el cuerpo de una mujer… - rectifico rápidamente y nervioso. Rukia no podía dejar de sonreír, ese hombre era tan tímido y gracioso…

-Pareces joven. ¿Cuál es tu edad? Si no es indiscreción.

-Tengo 21 años…- Poco a poco se fue relajando más, las manos de Rukia eran mágicas.- ¿Y tú?

-Oh! Esas preguntas no se le hacen a una mujer…- contesto en un tono dulce y leve.

-D-Discúlpame…

-Tengo 20 años.

Ichigo sorprendido por la edad que había dicho se aparto de ella, rompiendo el masaje y se giró para verla mejor. ¿Había dicho bien? ¿20 años? Ella tan solo lo observaba tranquila y sin decir nada.

-¿D-De verdad? Pareces más joven.

-Lo sé. Suelo aparentar menos…

-Oye… tu apellido… Kuchiki. ¿Acaso tienes algo que ver con el capitán Byakuya Kuchiki?

-….- La sonrisa de Rukia desapareció, su sonrisa se miro hacia otro lado y boca formo un gesto de disgusto.

-Yo… perdona, n-no quería incomodarte…

-Tranquilo. No pasa nada…- otra vez volvió a sonreír. Tan solo que esta vez, era fingida.

-¿Entonces…?

-Es una larga historia, además dejemos de hablar de mí.- le miro profundamente y se dio unos golpecitos en sus rodillas, indicándole que se tumbara sobre ellas. El sumamente sonrojado la obedeció y apoyo su cabeza donde le había indicado. Se sonrojo aun más cuando esta, comenzó a acariciar su pelo delicadamente.- Tienes un pelo extraño para ser japonés…

-Lo sé… es herencia de mi madre… tenía raíces extranjeras.

-¿Tenía…?

-Si… murió cuando era un niño.- cerró los ojos dejándose llevar por las caricias de Rukia.

-Lo lamento mucho…

Rukia aprovecho que el chico cerró los ojos para observarle detenidamente. Tenía unas facciones varoniles muy marcadas, su entrecejo estaba algo relajado pero aun así estaba fruncido. De todos modos, tras esa imagen varonil y seria, tenía una faceta inocente, tímida y tierna. Los ojos de Ichigo se abrieron, cruzándose con los de Rukia. Ahora podía fijarse además en sus ojos… eran de un color miel, parecido a un atardecer.

-Tienes unos bonitos ojos, Rukia…

-Arigato, Kurosaki-kun.

-Llámame Ichigo, por favor.

El chico ya no parecía sonrojarse con tanta facilidad, había adquirido confianza y ahora la miraba fijamente, serio y callado. La sonrisa de Rukia también desapareció, y tan solo se dedicaba a perderse en su mirada. ¿Qué estaba haciendo? Por el amor de Dios, encima era su día libre, no quería a ningún hombre para nada de nada.

-Se acabo el incienso…- susurro el pelinaranja.

-Lo sé…- sonrió tiernamente.-… se acabo hace bastante rato…

-Ah vaya…- el pelinaranja se incorporó, quedando de rodillas frente a esa hermosa mujer.

-Bueno, creo que será mejor que nos despidamos ya. Un placer…

-I-Igualmente… ¡ah!- dio un leve respingo y busco entre su kimono el dinero para pagarla.- T-Toma…

-….- al ver que le iba a ofrecer dinero, sonrió tiernamente y sostuvo la mano que lo poseía, cerrándola otra vez y llevándola hacia el pecho de Ichigo.- No es necesario. Hoy… invita la casa…

-Gracias…- se quedo estático, mientras la miraba fijamente.

Se había levantado con cuidado y fue hasta la puerta corrediza, esperando a que Ichigo se marchase. Este no tardo en levantarse y salir al pasillo.

-Adiós…Ichigo.- se despidió mientras cerraba lentamente la puerta corrediza.

-¿Te volveré a ver?- pregunto ansioso y preocupado.

-Quien sabe...- la puerta estaba a punto de cerrarse y tan solo se podía ver un ojo de Rukia y su dulce sonrisa.- Puede ser…


-¡Adiós muchachos! Vuelvan pronto!

La mitad del escuadrón que habían llegado a ese establecimiento se marchaban del lugar ya en la noche cerrada. Algunos se habían quedado, otros se fueron antes. Todos iban cansados y satisfechos, pero Ichigo caminaba pensativo al lado de Renji, con la mirada perdida, cosa que no paso desapercibido para su pelirrojo amigo.

-Oe, ¿Dónde te metiste todo este tiempo? Cuando te perdí de vista, creí que te habías marchado.

-Estuve por ahí…

-¿Has estado con alguna mujer?

-Si, pero no…- continuaba hablando con un tono suave y tranquilo.

-Explícate, baka.- le miro intrigado.- ¿Con que mujer has estado? ¿Orihime?¿Hinamori?¿Ran-?

-Rukia.- le corto, dejándole con los ojos completamente abiertos.- Kuchiki Rukia.

-¿Qué?- su mandíbula estaba totalmente desencajada y no daba crédito a lo que escuchaba.- Debes estar de broma…

-Es extraña…- le ignoro y continuó hablando.- Sus ojos… reflejan miedo y tristeza.

-Por lo visto tiene un oscuro pasado.- esta vez Ichigo le prestó atención.- Yo no sé demasiado, pero por lo visto, algo paso entre ella y su hermano.

-No lo sé… el caso es qué… tenías razón.

-Já, te lo dije, baka.- le dio un codazo cómplice.- Entonces…¿te acostaste con ella?

-No.

-¿No?

-Tan solo hable con ella, nada más.- continuo caminando tranquilo y pensativo.

-Serás idiota. Consigues hablar con la Shinigami que todos ansían y tu, tan solo la quieres para hablar.

-Su cuerpo no debería estar en venta…

-Lo sé. Pero tu no puedes hacer nada.

-¿No puedo hacer nada…eh?

Su voz se torno cada vez más suave y desganada, pero algo pasaba por su cabeza. Esa mujer ya se había metido hasta dentro y ahora no podía dejar de pensar en ella.


"¿Qué demonios te crees que haces Rukia? ¿Eres estúpida? ¿C-Como se te ocurre…? Ese maldito niñato… no puede ser…quizá me ha ganado este asalto, porque era la primera vez que un hombre quería hablar conmigo y no mi cuerpo. No debería verle más o se convertiría en un problema… lo sé. Sé que si no me resisto a verle, caeré de nuevo… y no puede ser. Yo no puedo volver a caer…. No puedo confiar en nadie y menos en un hombre… pero el parecía tan bueno… el podría salvarme de esto…¡En qué demonios piensas Rukia Kuchiki! Te estás volviendo igual de ingenua como Hinamori… Ningún príncipe azul va a salvarme. Deja de hacerte ilusiones… las ilusiones son para los soñadores y yo hace mucho tiempo que deje de soñar…"


Bien. ¿Qué os ha parecido? Espero que os guste, este es más largo. Por favor dejadme reviews con vuestras opiniones, necesito saberlas para animarme a escribir más... La primera vez lo he dejado pasar, porque era un corto prologo, pero espero que este segundo capitulo vaya mejor… Sin más hare la pregunta de siempre ¿Merezco reviews?

Gracias por leer y gracias a "metitus" y a "Akemi277-chan" por dejarme reviews. De verdad.

Besos

SMorphine.