Yuki no Hana
¡Bien! Ya estoy aquí de nuevo, con otro capitulo más. Estoy contenta porque los reviews parecieron aumentar y pues ¡GENIAL! He de aclarar que este capitulo traerá un pedazo del pasado de Rukia, no se contará hasta más adelante su pasado, pero aquí se ve un pequeño fragmento desde el punto de vista de Rangiku… bueno sin más os dejo que leaís. :)
Avisos: Ninguno.
Capitulo 3
Día frio, nevado y lluvioso. Día gris. No era un día precisamente bonito, y para cierta mujer tan solo traía malos recuerdos. Esa "cierta mujer" era Rukia… observaba con gesto triste el paisaje que se postraba en su amplio jardín. La lluvia cayendo fuerte y veloz contra los arboles deshojados, encharcando la tierra del pequeño jardín Zen, empañando sus violáceos ojos con lagrimas. ¿Por qué todavía se sentía así? Habían pasado 3 años de aquello, ¿por qué aún le dolía tanto? Quizá el paisaje se asemejaba tantísimo a aquel fatídico día, que todas esas horribles imágenes volvían a aparecer. Una lagrima rebelde escapo de sus ojos, rodando dolorosamente por su pálido rostro.
Tanto dolor no era bueno… el dolor hace heridas en tu corazón que son muy difíciles de curar. Pero es inevitable cuando te han quitado todo lo que tenías, aunque fuese poco; cuando la suerte parece darte la espalda y atraes las desgracias a tu propio ser, sin dar tregua al corazón para descansar de tanto dolor. Y todo viene de golpe, te deja sin respiración, sin habla, te va dejando poco a poco sin vida…
-Rukia…
Una mano femenina se poso sobre su hombro cálidamente. Sabía de sobra quien era, su gran apoyo… Rangiku.
-Pasa dentro… aquí fuera te enfermarás.- su voz, una mezcla entre lástima, preocupación y cariño.
-Tranquila… enseguida entro…
La joven chica continuó sentada sobre la madera, mirando fijamente el horrible paisaje con una combinación de rabia, dolor y melancolía enterrada en lo más profundo de su ser. Sin embargo, Rangiku continuó mirando su fina espalda preocupada. Le dolía tantísimo verla así…
-Rukia, cariño…- se arrodillo a su lado, apoyando su mano de nuevo en su hombro y si dejar de observarla, aunque ella no le dirigiera la mirada. Tan solo atino a formular una pregunta obvia y tonta- ¿Estás bien…?
- Este mismo día… gris, repugnante y enfermo como entonces…- su voz había perdido la emoción, tan solo se podía divisar un pequeño atisbo de rabia contenida.- Ese día tan frío debió congelarme el alma, porque Rangiku… yo no la siento… ya, no siento nada…
-Por favor Rukia…- se acerco más a ella, abrazándola suavemente mientras ella se acurrucaba.- el pasado quedo atrás…
-El pasado quedo atrás…- repitió- …quedo atrás junto con toda mi esperanza, con toda mi felicidad…
-Nunca es tarde para recuperarlo…- contesto en un leve susurro la rubia intentando contener las lagrimas de la emoción.
-Ya si lo es Rangiku… nadie puede cambiarlo…
-Tú puedes cambiarlo, Rukia… debes hacerlo por ti…
-¿Por mi…? – Soltó una leve carcajada sarcástica.- no…yo ya estoy perdida.
-Créeme… algún día cariño… algún día…- la abrazo más fuerte contra su voluptuoso cuerpo.- Encontrarás a aquella persona, por la que querrás luchar… y primero deberás salvarte a ti misma para poder hacerlo…
-Rangiku…- se separo de ella y sin mirarla se levanto del suelo.- tan solo soy una simple prostituta.- escupió las palabras con asco.- Nadie será nunca "aquella persona" por la que deberé luchar.
Sin decir ninguna palabra más se fue del estrecho porche de madera, huyendo del doloroso paisaje, del cruel pasado… de la cruda realidad. La voluptuosa mujer tan solo la miro triste y preocupada, vio como año tras año Rukia iba perdiendo su fe, sus esperanzas y la poca felicidad que aún conservaba. Suspiró desganada y alzo su vista al paisaje que ella observaba. Era el mismo paisaje de hace 3 años, el mismo paisaje que cuando la encontró por primera vez…
Flashback
-Maldita sea… ¡llueve!- hizo una mueca de disgusto mientras sacaba su mano para que la lluvia chocara contra ella.- Me entretuve demasiado contigo Yoruichi.
-La tarde se paso volando.
Ambas mujeres se encontraban en la puerta del pequeño establecimiento de alimentación de aquella zona. Era una tienda algo vieja, pero servía para que toda la gente de los alrededores pudiese comprar comida sin necesidad de salir del Rukongai. El negocio era llevado por el humilde matrimonio de Kisuke y Yoruichi Urahara, una pareja poco habitual.
La lluvia caía con fuerza, hacía frío y todo se veía nublado. Un día gris y horrible.
-Vaya… ¿Me podrías prestar algún paraguas Yoruichi?
-¡Claro! Enseguida te lo traigo.
Así la mujer de piel morena y pelo violáceo volvió a entrar en el negocio. Rangiku tan solo se quedo mirando hacia fuera, frotándose los brazos en busca de calor y esperando a su amiga. Una delgada silueta apareció entre la niebla, caminaba a duras penas e iba por el medio de la embarrada calle, mojándose a su paso. La rubia afilo su mirada para observar con detenimiento a aquella persona anónima. Poco a poco fue saliendo de la niebla, dejando una imagen aterradora.
Era una joven niña de unos 17 años, mojada de pies a cabeza. Portaba un kimono blanco que estaba desgarrado y sucio. El kimono le llegaba por debajo de la rodilla, dejando ver un pequeño rio de sangre bajando por el interior de sus finas piernas; se aterro al verla así. Su pelo negro se pegaba a su cara pálida, sus ojos estaban sin vida, opacos y sin brillo; además de rojos e hinchados. Sus labios morados por el frío y cortados, de los que salía una fina hilera de sangre. Respiraba forzadamente, su mirada perdida en ningún sitio, su cuerpo se movía lento y a duras penas. Unos pequeños detalles rojos aparecían en sus muñecas, como si hubiese sido forzada. Quedo a unos pasos de la mujer quien no daba crédito a lo que veía, quedo inmóvil al ver esa pobre niña. Esta se paro frente a Rangiku y lentamente alzo su mirada hacia ella, triste y a punto de desbordarse en lágrimas, además de débil.
-Por…por f-favor…ayude…- no pudo seguir diciendo nada más. Su voz quebrada acallo en el momento en el que se desplomó inconsciente al embarrado suelo.
-¡Yoruichi! ¡Kisuke!¡Ayudadme!
Fin Flashback
-Quien me diría que te conocería así…Rukia Kuchiki…
Un rayo retumbo en el cielo, dejando un desagradable sonido. En el Sereitei, más precisamente, en el despacho del 6º escuadrón se encontraba a oscuras el capitán Byakuya Kuchiki. En su escritorio, serio, sin decir nada; su mirada estaba pérdida y su ceño fruncido. La lluvia se escuchaba a través del cristal, retumbando sonoramente dentro de la sala. Estaba lleno de ira y rabia, la culpa lo abordaba dejándole indefenso y eso le enfurecía. Pero el incesante tintineo de la lluvia no era lo único que escuchaba, no. Miles de voces se repetían una y otra vez en su cabeza, gritos agónicos, suplicas, llantos…
"-¡Onegai!¡Nii-sama!"
Un fuerte puño impacto sobre el escritorio, lleno de furia. Apoyo su codo sobre el objeto golpeado y se tapo los ojos con su mano en busca de tranquilidad y silencio. Pero eso era imposible, y menos en ese día… su voz resonaba como un incesante eco en su cabeza.
"-¡No por favor! ¡NII-SAMA!"
"NII-SAMA…Nii-sama.." El eco de ese desgarrador grito se repetía cada vez con menos intensidad, pero esta vez la poca tranquilidad que reservaba se esfumo cuando todo lo que había sobre la mesa salió volando fuera de la mesa. La silla cayó hacia atrás, el escritorio se giro débilmente y el hombre pelinegro caminaba de un lado para otro alborotándose el pelo.
"-¡¿Por qué…?"
-¡URUSAI!¡URUSAI!¡URUSAI! -Un fuerte puñetazo impactó contra la dura pared, rasguñando los blancos nudillos del moreno. Mandaba callar a la nada, a esas horas de la noche no se encontraba nadie en el cuartel, pero interiormente sabía a quién se lo decía…
"¡NO!"
Fue el último grito que resonó en su cabeza, con más fuerza, más desgarrador… en ese momento la ira se esfumó. Sus ojos se volvieron opacos y se escondieron tras su flequillo. Sus puños dejaron de apretarse y cayeron cual peso muerto a sus costados. Ahora tan solo sentía lástima por él, por ella… sentía como la culpa le estaba matando poco a poco…
-Soy un monstruo…
Dentro de una casa, ni muy grande ni muy pequeña, se encontraba una familia cobijándose del frio. Se trataba de la familia Kurosaki. Había dos niñas, gemelas aunque completamente distintas, sentadas y sirviendo té bien caliente, ambas eran Yuzu y Karin, hermanas de Ichigo el cual se encontraba mirando la incesante lluvia por la ventana.
Estaba pensativo, y fuera de mentiras, ansioso. Llevaba casi una semana sin verla, sin ver a ese ángel. Todos tenían razón, podía volver loco a cualquiera y el sentía la asfixiante necesidad de verla otra vez, más no se había atrevido a ir solo. Renji se negaba a ir ya que se gasto la ultima vez casi todo su dinero y ningún escuadrón había decidido ir por el momento ya que había demasiado trabajo. Frunció más el ceño y suspiró.
-Ichi-nii, llevas extraño desde hace unos días.- Rompió el silencio su hermana Karin con un tono tranquilo y dando un sorbo a su té. Era morena como su padre, tranquila, bastante perspicaz y sarcástica…. Demasiado sarcástica.
-Es cierto Onii-chan, ¿te ocurre algo? – La dulce y preocupada voz de su otra hermana, Yuzu. Ella sin embargo era castaña clara… o quizá rubia, quien sabe. Ella a diferencia de Karin, era más inocente y cariñosa; siempre amable y servicial, había tomado las riendas de la casa al morir su madre.
-Tranquilas… estoy bien.
-Pareces inquieto.- Karin hizo una pausa y continuó.- Deberías hacer lo que sea que se te este pasando por la cabeza de una vez.
Esa respuesta le dejo pensativo… tenía razón en lo que había dicho, y eso era lo que más le molestaba. Se levanto sin decir nada y salió del salón ante la impasible Karin y la preocupada Yuzu. ¿Qué se suponía que tenía que hacer? ¿Ir hasta allí y arriesgarse a no verla? Cualquier cosa sería buena con tal de verla y dejar de lado esa desesperación. Llego hasta el recibidor y salió rápido de casa, no sin antes gritar un "Me voy"
Una vez fuera miro hacia el oscuro cielo, ya apenas llovía, tan solo goteaba levemente, pero hacia frio. Un frio que calaba hasta los huesos. Cogió aire y comenzó a andar a paso rápido hacia aquel hechizante lugar. La impaciencia le hizo dejar de caminar para empezar a correr, no sabía por qué, pero al igual que el día en que la vio, sus piernas cobraron vida propia.
Parecía tan delicada, tan frágil… pero a través de sus ojos podías ver como estaba rota por dentro. Su mirada, triste y sin brillo, queriendo aparentar alguien que no es. Una sonrisa que parece forzada, y que sentía la necesidad… mejor dicho: sentía la curiosidad de saber cómo se vería su rostro con una sonrisa plena y feliz, con unos ojos radiando alegría. ¿Por qué quería eso? Apenas la conocía de una vez, pero era una mujer tan enigmática, sentía la grandísima necesidad de protegerla, ¿de qué? No sabía la respuesta… ¿De quién? Quizá, de ella misma.
Ya estaba entrando a los llamados barrios del placer, o Rukongai; no tenía ni idea de lo que iba a hacer cuando llegase allí, ni siquiera se le ocurría una mísera excusa. Paro para recobrar el aliento, estaba exhausto. Observo jadeante los alrededores y continuó caminando más tranquilamente. No había gente por las calles, había pocos locales abiertos y aquellos que si lo estaban, parecían estar escasos de clientela. Se fijo en los carteles que daban nombre a los locales, todos intentando darle un nombre con estatus pero que quedaban en el intento…
Se fijo que de un local salía un hombre rubio, con gorro y un pequeño abanico cubriéndole la boca. Le miraba, al parecer, sonriendo; analizándole indiscretamente. Ichigo tan solo le miro con una ceja arqueada mientras pasaba lentamente por enfrente. Era una tienda de alimentación, raro en estos barrios. El hombre pareció empezar a hablarle a el, pero no sé paro.
-Veo que has caído….- comento con una voz burlesca y divertida.
-¿Perdone?
-La flor de nieve consiguió congelarte…- Ichigo paró de caminar y le miro extrañado sin entender nada de lo que aquel hombre decía.
-¿Me habla a mi?
-Me pregunto si podrás salvarla y evitar que se marchite…
Esa última frase la dijo en un tono más serio y apenado, dándole la espalda al pelinaranjo y entrando en la tienda. Ichigo no entendía nada, todo lo que aquel extraño hombre le había dicho le habían dejado perplejo. ¿La flor de nieve? ¿A qué se refería? Agito la cabeza y continuó su camino hasta ella.
Rangiku Matsumoto se encontraba sentada en la solitaria habitación, tumbada en el suelo con su mano sosteniendo su cabeza. Hoy no había mucha clientela, quizá uno o dos hombres que venían directos a pasar la noche con alguna Oiran y se marchaban. Estaba preocupada por Rukia, no había salido de su habitación ni siquiera para cenar. Pero, ¿de qué se sorprendía? Es decir, año tras año, este mismo día siempre era igual debería saber lo que ocurriría. Sentía tanta pena y compasión por ella…. Si Rukia se enterase que alguien sentía lastima de ella, le mataría con sus propias manos; a pesar de todo era una mujer orgullosa.
Escucho como la puerta de la entrada se abría y unos pasos sonaban en el recibidor, esperando que alguien saliese a atenderlos. Había clientes, por lo cual se levanto y fue a atenderlos con su mejor sonrisa. Tal fue su asombro que se encontró con el joven de hacia una semana, aquel que quería ver a Rukia.
-¡Vaya! Bienvenido esto…¿Kurosaki-kun cierto?
-Si…
-¡Pasa pasa! Estás en tu casa
-Gracias…
Algo cohibido paso hacia el salón donde antes descansaba Rangiku, quedándose de pié y buscando con la mirada a esa mujer. ¿Estaría allí?
-Kurosaki-kun, ¿qué puedo ofrecerte? – ofreció amablemente
-Pues yo…esto…- se sobo la nuca algo incomodo.- emmm, me gustaría saber si se encuentra una chica…
-¿Quién quieres saber?
-Esto…Kuchiki Rukia…
-Ah, vaya…- torció la boca y miro hacia otro lado.- lamento decirte que hoy no podrá ser posible
-Y-Yo no quiero nada de "eso"…- movió nervioso las manos en forma de negación.- tan solo quiero verla…
-¿Huh? – por un momento la mujer se sorprendió al escuchar aquello, pero recobro la compostura.- Yo, lo siento mucho pero es imposible… hoy Rukia no se encuentra en condiciones…
-¿Está bien? ¿Está enferma?- pregunto preocupado.- Por favor, déjeme verla.
-No insistas Kurosaki-kun… precisamente hoy, es imposible…
-P-Por favor…- no entendía porque estaba suplicando de esa manera, era la segunda vez que la veía, demonios.
-Ya le he dicho que n-
-Rangiku-san…- ambos miraron a sus espaldas, donde se encontraba una Rukia seria observándoles tranquilamente.- Esta bien…
-¿Estás segura?
-Si…
-Está bien…Kurosaki-kun, puede ir…
-H-Hai…
Nervioso el chico observo de nuevo a Rukia. Traía un kimono sencillo, lila con los bordes del mismo color pero algo más oscuro y su obi era granate. Su pelo estaba suelto sin ningún adorno, pero aún así se veía preciosa. Sin embargo, algo le llamo la atención… sus ojos estaban totalmente inexpresivos, su voz era suave pero triste… ¿Qué la ocurría?
Camino tras ella, esta vez sin ningún contacto físico como la vez pasada. Ella iba delante de él, en silencio con las manos escondidas en las mangas de su kimono. Se sentía incomodo, se notaba que ella estaba de mal humor y además triste, pero aún así lo había aceptado. ¿Qué iba a hacer cuando estuviese a solas con ella? ¿Qué haría? No le dio tiempo a pensar más, porque ya habían llegado a la puerta de la noche pasada, aquella con los estampados de Sakura.
-Puedes pasar…
-Gracias…
Paso lentamente dentro pero no se sentó, se quedo de pie observándola como iba de nuevo hacia esa mesilla y encendía esas varillas de incienso de olor a jazmín. Era incomodo, no sabía qué hacer y ella se notaba a leguas que estaba mal… tenia tantísimas ganas de darla un abrazo para reconfortarla, pero prefirió no hacerlo ya que tenía miedo al rechazo.
-¿Qué deseas Ichigo…?
-Yo…- Rukia miraba el suelo, triste y sin decir nada, el pelinaranjo tan solo la pudo observar preocupado.-R-Rukia…¿estás bien…?
-¿Qué deseas Ichigo…?- su voz se quebró y vio como cerraba los ojos para evitar llorar.
-Quería verte…. Pero…- se acerco temeroso a ella, su mano tembló levemente hasta que rozo su mejilla con delicadeza. Nunca había sido capaz de hacer estas cosas, siempre había sido tímido y reservado, especialmente con las mujeres, pero ella…. Acarició su tersa piel y la siguió mirando preocupada.- dime que te ocurre…Rukia…
-…- Alzo su mirada cristalina y sus ojos violetas se fusionaron con los ojos miel de Ichigo. ¿Qué estaba haciendo aquel chico? ¿La estaba acariciando? ¿Estaba preocupado por ella?- I-Ichigo…
-Estas triste…- la vergüenza desapareció, ahora tan solo había preocupación en su mirada, su ceño estaba levemente fruncido y su mano continuaba acariciando su mejilla.
-¿Por qué estás aquí Ichigo…? – pregunto en un susurro.
-Sinceramente…- su mano paro de acariciarla, sin embargo continuaba posada en su mejilla. La miro directamente a los ojos.- Necesitaba verte de nuevo…
- No deberías venir más Ichigo…- poso su fina y fría mano sobre la que Ichigo tenía en su mejilla.-… tan solo te traeré problemas.
-Me da igual.- contesto serio y tajante, haciendo que esta se sorprendiera.- ahora por favor… no quiero verte así…- quito la mano de su mejilla y agarro la pequeña mano que tenia sobre la suya propia.
-Ichigo…- le miro fijamente. Pareció darle un vuelco a su corazón, esos ojos… eran tan sinceros, derrochaban tanta bondad… ¿Hacia cuanto que no veía una mirada así? Sonrió inconscientemente, una sonrisa leve. Estaba tan sorprendida de lo que ese chico había conseguido en tan solo dos días que se asusto.
Apretó la mano de Ichigo y tiro de ella mientras se sentaba de rodillas en el suelo, haciendo que él también se arrodillase enfrente de ella. El pelinaranjo estaba algo nervioso, pero cada vez estaba más tranquilo y con más confianza. Era tan bella que cuando la vio sonreír sinceramente creyó estar en el paraíso. Otra vez hizo ese gesto de la vez pasada, dio unos golpecitos sobre sus piernas para que él se recostara sobre ellas. Sin pensarlo dos veces se tumbo apoyando su cabeza sobre sus muslos y dejando que sus manos vagaran por sus cabellos.
-Eres extraño, Ichigo….
-¿Extraño…?- susurro con los ojos cerrados.
-Sí. Eres el primer hombre que no desea mi cuerpo… ¿Acaso no es de tu gusto?
-No, no, no, claro que no. – abrió los ojos de golpe, negando mil veces nervioso. Rukia tan solo pudo esbozar una leve sonrisa.- Eres preciosa, no es eso, t-tu… es solo que… yo no quiero hacer algo que tu no quieras….-se relajo y cerró los ojos.-…y menos pagar por ello…
-¿Acaso eres real…?- susurro.
-Me pregunto exactamente lo mismo…- abrió los ojos mirándola fijamente y dedicándola una tierna y sincera sonrisa. Ella correspondió la sonrisa.
-No sé si es correcto que te veas con alguien como yo…
-Me da igual si es correcto o no.- continuo hablando relajado y con sus ojos cerrados.- ¿acaso te estoy molestando…?
-No… claro que no… al contrario. Me agrada que vengas… pero, no quiero causarte problemas…
-Me da igual…
-A ti todo te da igual.- sonrió y le acaricio el rostro, haciendo figuras abstractas.- Sigo diciendo que eres extraño…
-Todos lo somos…
-Supongo que si.
Se quedaron en silencio unos minutos. La respiración de Ichigo comenzó a ser acompasada y tranquila, sus ojos se mantenían cerrados y su ceño parecía estar algo relajado. Las finas manos de Rukia delinearon su mandíbula, subiendo a sus mejillas; repitiendo ese movimiento una y otra vez. ¿Quién era este hombre? ¿Por qué con el se sentía en paz…? Durante unos momentos, todos los malos recuerdos desaparecieron…
-Gracias Ichigo…
No hubo respuesta, el chico se quedo dormido sobre sus piernas, más no le importo lo más mínimo. Quizá Ichigo era su cura… la cura para su doloroso pasado…
Bieeeeeeeeeeeeeeeen, ¿Qué os pareció? Tierno el momento de estos dos. Y la forma en la que Rangiku conoció a Rukia… mal ¿verdad? Es duro… ya os enterareis de todo lo que paso, algunas me odiareis pero LO SIENTO! Jajajaja. Sin más espero que os haya gustado y que este bien este fic. Cualquier duda será resuelta mediante review o MP.
Ahora…¿Merezco reviews? Por favor decidme que si!
Gracias a todos por leer y muchas gracias por vuestros comentarios.
Besos
