Yuki no Hana

Gracias por todos los reviews del capitulo pasado, me alegro que os haya gustado. Este sera una mezcla muy extraña entre romanticismo y tristeza... ya lo vereís! Lamento mucho no poder actualizar mas de seguido pero apenas tengo tiempo... Pero en fin, sin más, os dejo que leais!

Capitulo 5

Los días pasaban y pasaban como si de un cuento de hadas se tratase. El invierno casi había pasado y la nieve se derretía al igual que los corazones de muchos. Los cerezos empezaban a crecer, haciendo inminente que sus pétalos florecieran. Visitas inesperadas, sonrisas cohibidas y sinceras, risas alegres incrustadas en charlas que se alargaban hasta el anochecer y silencios. Silencios, si. Pero no de esos silencios incómodos, que no sabes que decir ni que hacer. Un silencio que ellos entendían, que con solo mirarse podían decirse lo que quisieran. Rukia adoraba ese silencio porque podía escuchar los latidos desenfrenados de su corazón, podía observarle detenidamente sin dar explicación, y lo mismo ocurría al contrario.

Ichigo se embelesaba mirando cada pequeño detalle de su rostro. Sus ojos felinos, los destellos azules y violetas que se formaban en su iris dándole ese color que le hacía perder los estribos. Su fina nariz que la hacía ver una muñeca de porcelana, sus labios carnosos entreabiertos de los que salía una pequeña respiración relajada. Le encantaba todo de ella.

Sin embargo, cuando el chico se iba Rukia despertaba de aquel cuento de hadas y se maldecía una y otra vez por pensar así. Los cuentos de hadas tienen un final feliz y su destino, según ella, ya estaba sellado con la desgracia. Se recordaba a cada instante que esto no podía salir bien, que era imposible que su mundo fuese perfecto… pero de poco le servía auto regañarse, ya que cuando volvía a ver esos ojos color miel, su frio corazón se derretía y caía totalmente rendida a sus encantos e inocencia.

Rangiku veía todo lo que ocurría, y le encantaba. En más de una ocasión ella estuvo entre medias para que Ichigo viniese más a menudo, liando a ambos y dejándoles a solas. Le gustaba tantísimo ver a Rukia sonreír, le encantaba tanto verla reír así… pero también tenía miedo de que la volviesen a hacer daño como aquel hombre. Temía que pisotearan su ya roto corazón y que no pudiese volver a alzar la cabeza. Su subordinada favorita era tan joven y había sufrido tantísimo en esa vida que nadie podría entender el porqué continuaba viva. Pero Rukia Kuchiki era una mujer fuerte, que su orgullo la mantuvo a flote en ocasiones, que sus ganas de demostrar que nadie consigue vencerla la mantuvieron con vida, aunque a veces ella misma se autodestruyese…

-¿R-Rangiku-san?

-¡Ara! ¡Kurosaki-kun! No te escuche entrar.- se levanto del tatami sonriente y se acerco a el.- Buenas noches

-Buenas noches – le correspondió una leve sonrisa educada.

- Buscas a Rukia, ¿verdad?

-H-Hai…- desvió nervioso la mirada.

-Oh, está en el jardín de atrás, mirando el cielo.- se explico.- Kurosaki-kun…¿Te importa si te pregunto algo?

-¿Eh? No claro, dime, ¿qué quieres saber?

-No tardaré más de dos minutos, siéntate.- se arrodillo mientras esperaba que el joven hiciera lo mismo.

-Claro, dime.- estaba tranquilo y sereno, escuchando atentamente lo que Rangiku tenía que decirle.

-Mira, Ichigo… ¿Puedo tutearte?- asintió.- Bien… sabes que yo aprecio mucho a Rukia, ¿lo sabes verdad?- asintió de nuevo.- Me gustaría saber algo…

-Tú dirás…

-¿Tú quieres a Rukia?

Afonía. Ninguno dijo nada. Ninguno se sorprendió, ni se puso nervioso. Tan solo se miraron fijamente, serios y serenos. Entre ellos había una complicidad que se había creado por Rukia, mas específicamente por su felicidad, ya que una quería verla feliz y otro quería hacerla feliz. En resumen, el nexo que los unía era la felicidad de aquella flor de nieve.

-No la quiero Rangiku…- está le miro interrogante y con el ceño fruncido.- Yo la amo.

-…- la forma en la que lo dijo…o mejor dicho: La forma en la que lo afirmo; fueron las más sinceras palabras que Rangiku había escuchado en toda su vida. Sonrió suavemente, mientras miraba hacia el suelo.- Ve con ella…

-Hai.- convencido se levanto del suelo dispuesto a salir al jardín. Pero la voz de la mujer le paro de nuevo.

-Ichigo.- no se giró. Ninguno se giró.- No la hagas daño… Onegai.

Tan solo pudo esbozar una sonrisa sincera y profunda.

-No podría hacerlo.


Todavía hacia algo de frio, el invierno se resistía a irse para dejar paso a la primavera, pero era un frió reconfortante, que te mantenía despierto. Rukia se encontraba ahí, sentada sobre la vieja, pero resistente, madera; observando la luna llena que se reflejaba mágicamente sobre su piel. Pronto pasaría esa época del año que tanto odiaba y daría paso a un nuevo florecer. Cerró los ojos y sonrió al notar la presencia que tenía detrás suya.

-Hey…- esa voz varonil intentando mostrar indiferencia, pero que su leve temblor le hacían saber que buscaba una respuesta a su saludo. Volvió a sonreír ante esto.

-Buenas noches, Ichigo.- correspondió con voz suave. Escucho las pisadas sobre la madera, y al momento sintió a Ichigo sentándose a su lado, observándola minuciosamente. A pesar de tener los ojos cerrados, lo sentía todo.- Es una bella noche… ¿verdad?

-Si…- alzo la vista a la luna, al igual que Rukia, observándola ambos sin decir nada.

-La primavera está a punto de florecer… - desvió su mirada de la luna y la poso en Ichigo, sonriendo sutilmente.

-Si…- dejo de observar la luna y la miró profundamente. Tenía el ceño fruncido como siempre, su mirada la penetraba hasta lo más profundo de su ser, cosa que hizo estremecer levemente a Rukia.

-Ichigo…¿ocurre algo? – cuestionó al ver la mirada tan distinta que poseía el chico.

-Rukia.- la llamo decidido y serio, tomando una de sus finas manos sobre las suyas, acariciándola levemente.- quiero que sepas algo…

-¿E-El que…? – se estaba poniendo nerviosa. La forma en la que la estaba mirando, sus caricias, su voz. Todo lucía tan diferente, que le asusto que fuese a decir aquellas dos palabras que tanto temía. Sintió un nudo en el pecho, sus ojos comenzaron a arder levemente, cosa que significaba que las lágrimas estaban preparándose para salir, pero pudo retenerlas por el momento.

-Rukia…

No dejo de mirarla ni un instante, no quería perderse detalle de ella, quería recordarla hasta el fin de sus días. Entrelazo sus dedos con los de ella suavemente y la distancia de sus cuerpos iba disminuyendo cada vez más. Rukia temblaba levemente, temerosa de que hiciese "eso" a lo que sabía que no podría resistirse, pero inconscientemente se acerco a el de igual manera. Sus respiraciones chocaban débiles contra el rostro del otro, sus narices se rozaban hasta el momento que el pelinaranjo giro su rostro levemente para que sus labios pudiesen encajar con los de ella. Podía sentir la calidez de sus sonrosados labios rozando los suyos, su nerviosismo y temblor; pero quería sentir más. Y así lo hizo, finalmente fundieron sus labios en un tierno y lento beso, que al principio Rukia no supo responder.

Un escalofrió recorrió el cuerpo de ambos, más no les detuvo para nada. La morena comenzó a corresponder el beso, y ante tal acción Ichigo poso su amplia mano sobre la tersa piel de la mejilla de ella, acariciándola a su paso. Era tan perfecto que creyó estar soñando, parecía el paraíso y quizá lo fuese. El beso fue romántico, apasionado, deseoso y a la vez desesperado; pero sin ningún rastro de lujuria. Nada.

El pelinaranjo sintió como un leve sabor salado se colaba entre sus labios. Una gota salada. Abrió los ojos, observando que aquello era una lágrima. Una lágrima salía de los ojos de ella. Lloraba. ¿Por qué? Se asusto por ella y se separó poco a poco de ella, cortando suavemente el beso, juntando sus frentes y recobrando el aliento. Podía sentir el temblor de Rukia, sus ojos cerrados, sin querer afrontar la realidad, pero eso no le echaría atrás.

-Te amo, Rukia.

Espero una reacción, pero fue inmediata. Su ceño se frunció y un sollozo salió de los labios de la morena. Sus pequeñas manos se apretaron fuertemente y comenzó a respirar cada vez más rápido. Ichigo aparto su mano de su mejilla, atrayendo consigo unas lagrimas que quedaron derramadas sobre ella y la miró esperando respuesta.

Sus manos subieron temblorosas hasta su rostro, tapando sus ojos y consigo sus lágrimas. Se sentía tan mal viéndola llorar. Si ella sentía dolor, el también lo sentía… era tanta la compenetración entre sus cuerpos y sus almas, que no podía verla mal. Hizo el ademán de ir a abrazarla para reconfortarla pero al instante poso sus manos en su pecho, parándole.

-No…- su voz tembló. Miro hacia el suelo, sin quitar las manos de su torso, intentando dejar de llorar. Cuando creyó conseguirlo alzo la vista, observándolo con sus ojos cristalinos.- No Ichigo… no puedes… tú no puedes…

-Rukia…

-¡NO! – Le espetó tristemente.- No puedes amarme Ichigo.- le ordeno seria.- E-Esto ha llegado demasiado lejos…- se levanto sin mirarle del suelo, dispuesta a irse. Ichigo lo percibió y se levanto rápidamente, asustado.- Olvídalo Ichigo. Por tu bien…. Olvídame.

-¡NO! – la agarro del brazo bruscamente y sus ojos se escondieron tras su pelo.- No puedo olvidarte Rukia. Por mucho que lo niegues… yo te amo. ¿Me oyes? – La miro serio y decidido.- ¡TE AMO!

-…..- su labio inferior tembló, iba a romper a llorar en cualquier momento y no quería que él la viese otra vez así. Consiguió deshacerse del agarre y salió corriendo, lejos de el

-¡RUKIA!

De nada servía ir detrás de ella, aunque consiguiese atraparla, no serviría de nada. ¿Qué había hecho mal? Ella correspondió ese beso… ¿Cuál es el problema? Se sentó de nuevo donde antes estaba sentada Rukia y se tapo la cara clamando paciencia, y si era posible alguna respuesta. ¿Por qué era tan difícil? El estaba seguro que ella sentía lo mismo por él, el lo sabía, ese beso se lo había demostrado… ¿Por qué actuaba así?

-Ichigo…

Sintió como una mano se posaba sobre su hombro, dándole ánimos. Era Rangiku. Seguro que escucho los últimos gritos y se asusto, por eso salió al jardín. Se sentía tan estúpido…

-¿Qué hice mal Rangiku…?- alzo triste su rostro. La mujer ya se encontraba arrodillada al lado de él.- ¿Qué demonios hice mal…?

-No has hecho nada mal, Ichigo.- hizo una pausa.- Compréndela… no es fácil para ella.

-Pero… pero ella… ella correspondió igual que yo. ¿Qué es lo que ocurre…?

-La han hecho mucho daño Ichigo.- este giro la cabeza, escuchando atentamente.- Tiene miedo. Muchísimo miedo.- ¿Rukia Kuchiki miedo? Ichigo la miro incrédulo.- Por mucho que la veas tan fuerte… es una máscara que ella misma ha creado para protegerse… ahora tú has roto esa mascara Ichigo. Y tiene miedo a que la vuelvan a hacer daño.

-¡P-Pero yo no quiero hacerla daño!- replico como un niño pequeño.- Yo tan solo… tan solo quiero protegerla… tan solo quiero hacerla feliz.

-Solo necesita tiempo Ichigo…- volvió a posar su mano en el hombro de Ichigo, animándole.- Vuelve la semana que viene… yo hablaré con ella.

-¿Estás segura…? – pregunto desanimado.

-Créeme… - asintió con una sonrisa.- Déjame hablar con ella…

-Está bien… confío en ti, Rangiku…


"No, no, no y no….esto no es posible. No puede volver a pasar, no puede, ¡NO!"

Entro enfadada en la habitación, llorando y dando vueltas de un lado a otro sin saber qué hacer. Las palabras de Ichigo volvieron a resonar en su cabeza, volvió a sentir el cálido roce de sus labios, su embriagador y varonil aroma volvió a inundarla.

-¡NO! –chillo de nuevo y se dejo caer apoyada en la pared, sollozando débilmente. Escondió su fino rostro entre sus rodillas y continúo martirizándose.

"Se te ha escapado de las manos Rukia… esto ha llegado demasiado lejos y mira…ahora… ahora te has enamorado otra vez… que pasa, ¿no aprendiste con la última? ¡Demonios! No quiero que vuelvan a hacerme daño… y eso es lo que conseguiré si me enamoro de él…"

Alzo el rostro ya más tranquila, suspiro y observo su alrededor. Los momentos de estos últimos tiempos con él se mostraban ante ella… era tan feliz, que olvidaba el pasado cuando estaba a su lado.

"Aunque ¿a quién intento engañar? Yo… yo ya me he enamorado de él… pero yo… yo no puedo soñar con una vida feliz, no puedo… eso no está hecho para mi… mi destino es otro y tan solo conseguiría arrastrar a Ichigo a la desgracia… n-no quiero hacerle daño…pero le amo tantísimo… tantísimo…"

-¿Qué demonios debo hacer…? – pregunto a la nada para después volver a esconder su rostro entre sus rodillas.

-Si fueses inteligente…- asustada dio un respingo y miro a quien acababa de entrar a la habitación.- Correrías e irías a por ese hombre que has dejado como alma en pena Rukia.

-Rangiku…

-Sabes tan bien como yo, que le amas. ¿Por qué te niegas a admitirlo, Rukia-chan?

-Tengo miedo Rangiku.- admitió seria, dejo atrás su orgullo, sincerándose.- Mucho miedo…

-No debes tenerlo…- se acerco a ella y se situó delante de ella.-…el no te va a hacer daño.

-¿Cómo estas tan segura…? – cuestionó.

-¿Acaso no te has fijado en su mirada? ¿La decisión de sus palabras? – hizo una pausa.- Créeme que es la declaración más sincera que jamás he visto Rukia… y mira que a mí me han engañado mucho.

-Rangiku… yo…

-Ichigo te ama, tú le amas… ¿por qué no te dejas llevar?- La miro profundamente.- Hay ocasiones, Rukia, en las que hay que arriesgarse a que te hagan daño para poder ser feliz.


Los días pasaron e Ichigo no tenía noticias de Rangiku. Se estaba desesperando al no saber nada de Rukia. Necesitaba verla de nuevo, hablar con ella, abrazarla, besarla, protegerla… pero no podía. Vagaba como alma en pena por el cuartel, sin motivación de nada, perdido en las nubes de tormenta. ¿Cómo le pedía que la olvidase? ¡Por Kami! Si no pudo hacerlo desde la primera vez que la vio ahí sentada, donde hace unos días la beso…

Ese beso… fue tan especial. Pudo sentir todo de ella, su dolor, frustración… pero también su amor, sus ganas de ser feliz, su esperanza. Pudo sentirlo todo de ella. Esos labios que parecían de un ángel le habían vuelto loco, suaves y dulces… estaba totalmente enamorado de esa mujer.

-Kurosaki.

-¡H-Hai, capitán!- se tenso al instante cuando escucho la voz de uno de sus capitanes.

-Tenemos una misión. – el que hablaba era ni más ni menos que el hermano de quien le estaba produciendo tal desesperación. Un hombre serio, frio y aparentemente sin sentimientos. – Debemos ir al Rukongai, distrito 2.

-¿Cuál es la misión, señor?

-Se ha encontrado a una, prostituta asesinada.-dijo serio y con gesto de disgusto.- Puede ser que haya una trama detrás de esto. Me han asignado a mí y a tres soldados más a ir allí. Llame a Abarai y Madarame. Iremos dentro de cinco minutos, ¿entendido?

-¡Hai!

El Kuchiki salió de aquel lugar, de la misma forma que entro. Serio. ¿De verdad ese era el hermano de Rukia? Ambos poseían ese toque de elegancia y frialdad, pero no podía llegar a comprender que fueran hermano. El capitán Byakuya era un alto mando, un capitán reconocido y respetado, ademas de un noble...Rukia, ¿Ella era noble? Si era así, ¿por qué demonios vendía su cuerpo? Era tan extraño que llego a dudar, pero ella misma se lo confirmo. Confirmo que era su hermana, que era una Kuchiki. Recordó la expresión de tristeza en su rostro al reconocerlo...¿Que ocurría detrás de todo?


-¡Vamos Rukia! No tengas esa cara….

Caminando por las calles del Rukongai, se encontraba la despampanante Rangiku haciéndole pucheros a una Rukia seria, que caminaba a lado de ella, con una cesta de mimbre al igual que la antes nombrada. Iban hacia la tienda del matrimonio Urahara a hacer unas compras, así que Rangiku aprovecho para hacer que a Rukia le diese el aire libre después de casi una semana encerrada en su habitación.

-Te dije que no me apetecía salir, Rangiku…

-Pero tenemos que ir a hacer compra a la tienda de Urahara.- sonrió.

-Ya, pero podías habérselo pedido a Inoue, como siempre… -suspiro desganada. Ya estaban llegando a la tienda.

-¡Ara, Ara! Me gusta más ir contigo.- guiño un ojos y miro al frente, donde se encontraban un cumulo de personas, donde se encontraban los dueños del establecimiento.- ¿Qué ocurre?

-No lo sé… parece que están los soldados del Sereitei…

-Rangiku-san, Rukia-chan, ¿Qué bien verlas por aquí? – saludo el siempre alegre Kisuke Urahara.

-¿Qué ha ocurrido?

-Parece ser que han asesinado a una de las chicas del burdel de Kitsune. – esta vez hablo Yoruichi.

-¡Vaya! ¿Y eso como fue?

Mientras Rangiku hablaba con los dependientes para enterarse de que había pasado, Rukia intentaba mirar entre el bullicio, ya que debido a su, pequeña estatura no podía ver bien. Miraba disimulada y tranquilamente hacia los huecos que permitían ver a los soldados que allí se encontraban, todos con el mismo uniforme negro de siempre.

-¡Vamos, vamos señores! No se les ha perdido nada por aquí. ¡Dispersense! - un hombre calvo, con apariencia agresiva comenzó a despejar la zona. Casi todos los que se encontraban más cerca se alejaron para finalmente irse de aquel lugar. Tan solo quedaron unos cuantos curiosos, los tenderos, Rangiku y Rukia, los cuales se encontraban mas alejados de allí. Pero la distancia no importo cuando el panorama se dejo ver mejor...

Rukia se quedo petrificada al ver a uno de los soldados. Si, vio a Ichigo, pero no fue por él el por qué de su reacción. Si no por su hermano…Kuchiki Byakuya.

Se quedo inmóvil, empalideció más de lo que estaba y sus ojos se abrieron con gesto de miedo. El hombre no tardo en percatarse de la presencia de su hermana y también quedo inmóvil. Sin embargo, el tan solo la miraba serio y, aparentemente, inexpresivo. Hacía tres años que no se había visto las caras, desde aquel fatídico día no habían vuelto a verse. Las manos de Rukia comenzaron a temblar levemente, el verle así, de golpe, después de tanto tiempo la había dejado en shock. No escuchaba las conversaciones de nadie, no escuchaba nada, tan solo el susurro del viento. El mundo se paró y, desgraciadamente, solo estaban ese hombre y ella.

Sintió como el miedo calaba sus huesos, acongojándola en su propio ser. ¿Por qué se sentia tan débil ante ese hombre? Era imposible no sentir pavor después de lo que la hizo. Marco en su vida un antes y un después, transformándola en un infierno lleno de tristeza y dolor. El. Byakuya Kuchiki.

Sintió que en cualquier momento iba a romper a llorar. Rangiku cuando paro de hablar con Yoruichi echo un vistazo al, ya despejado panorama, abriendo los ojos sorprendida de quien se encontraba allí. Automáticamente miró a Rukia, y sus sospechas se hicieron ciertas, estaba atemorizada, inmóvil y sin dejar de mirarle con esos ojos de terror.

-Rukia, cariño. Vámonos.- la llamo pero no se movía.- Rukia, vamos.- paso su brazo por sus hombros y la alejo de allí, intentando que no le viese más, pero su vista no se despegaba de él.

Kisuke y Yoruichi también se cercioraron de lo que ocurrían, asique se interpusieron entre ellos cortando así el contacto visual y despertando a Rukia de ese trance. Comenzó a acelerar su respiración y sintió ganas de llorar y gritar, pero Rangiku rápidamente se la llevo a rastras de allí. Cuando ya estaban alejadas unos metros de aquel lugar, Ichigo la vio e intento ir detrás de ella pero el matrimonio se lo impidió.

-No joven. Ahora no es el momento.

-¿Qué? ¿Por qué? – pregunto confundido mientras intentaba no perderla de vista.

-Rukia acaba de sufrir un golpe muy grande ahora mismo.- Ichigo miro a la mujer sin comprender nada.- Será mejor que vayas esta noche a verla… va a necesitarte.

-¿Rukia...?

Volvió la mirada por donde se veía la pequeña silueta de Rukia a lo lejos, acompañada de Rangiku. Estaba preocupado, "¿Un golpe muy grande...?¿Que ha ocurrido?


-Rukia...

Cuando las dos mujeres pasaron por le umbral de la puerta, la mas joven se separo y camino por su cuenta por los pasillos, con gesto inespresivo y sus ojos opacos. Mirando a ningún sitio en concreto, caminando cual alma en pena. Con su rostro derramando frialdad y seriedad. Desde el principio del pasillo, Matsumoto la observaba triste y preocupada. Le dolía tanto verla así.

Una de sus subordinadas apareció para recibirlas, y tambien noto la expresion de Rukia, mirandola extrañada y sin entender nada. Era Orihime, y de sobra sabía que a su amiga le ocurria algo. Miro hacia el otro lado donde Matsumoto se encontraba con los ojos cerrados y se acerco a ella para poder enterarse de que ocurria en aquella casa.

-Rangiku-san...¿Qué la ocurre? - se puso en la misma posicion que ella, mirando el pasillo por el que Rukia ya se había perdido.

-Fantasmas del pasado, Inoue...- suspiro mientras abría los ojos.- ... vuelven en el peor momento.


Siempre piensas que eres lo demasiado fuerte, cuando dejas de ver tus miedos. Pero cuando vuelven, después de tanto miedo, toda esa fuerza se desmorona, abandonándote en el peor momento. Crees que eres valiente, que nada ya puede afectarte; pero no. El ser humano es débil, a la par que cruel. Cuando temes a una persona siempre hay dos categorías. El ser vil y aterrador que produce ese inevitable pavor en ti, convirtiendote en alguien débil y frágil. Sabes que cuando no lo tengas delante, podrás aparentar ser fuerte y de hierro, pero cuando lo vuelves a ver el shok es tan grande, que hasta el más duro e irrompible hierro se acaba rompiendo en mil pedazos.

Porque cuando dicen que el pasado quedo atrás, están muy equivocados. El pasado nunca queda atrás, siempre lo arrastras como un peso muerto contigo, la clave es en si vas a poder resolverlo. Resuelves tu pasado, intentas limpiar la oscuridad creada. Solo cuando no sientes miedo al reencontrarte con el, puedes decir que lo dejaste atrás. Aunque la herida en tu corazon siempre permanece, pero es una ayuda para hacerte saber que has conseguido vencer a pesar de todo.

-Nii-sama...

Su voz temblorosa en un susurro, partió de sus labios. Todo en ella temblaba débilmente, sus ojos miraban opacos ningun lugar. El trauma de nuevo volvió a aparecer al ver el rostro de esa persona que tanto daño había causado. Despues de tres años...tres largísimos y duros años en los que no le volvió a ver ni una sola vez. Para nada.

Sabía de sobra que el estaba al tanto de todo lo que hacía, cosa que la molestaba, pero ella... ella no sabía nada de el, y en el fondo no quería saberlo. Quería enterrar todos los recuerdos con el, quería estar muerta para el, que no la buscase, que no se preocupase, que no recordase tener hermana. Era lo único que pedía...

El destino juega malas pasadas, muy malas; pero... ¿por qué siempre se las juega a las mismas personas? Ironico y enervante. Injusto. Traicionero... pero así es el destino...


En cuanto el sol se puso, dejando paso a la noche, allí se encontraba Ichigo. Desesperado y preocupado, necesitado de verla, ansioso por poder ayudarla. Quería saber que ocurría de una vez, pero sabía que no sería nada bueno. También sabía que Rukia se resistiria a hablar, como siempre, pero tenía que intentarlo...

Paso el amplio umbral de la puerta y camino con confianza hasta el salón donde siempre estaba Rangiku, pero esta vez no había nadie. Estaba a oscuras, vacio y no se escuchaba nada. Camino despacio hasta la puerta que daba al jardín, saliendo al frio de la noche. Tampoco nadie había alli, ni Rukia ni nadie. Camino por el estrecho porche de madera hasta llegar a la puerta que daba a los pasillos por los que se perdía con Rukia. Estaba seguro que recordaría el camino hasta la puerta de cerezos.

Se paseo por los oscuros y silenciosos pasillos, sin encontrarse a nadie a su paso. Parecía desierto. Intento no perderse, y llegó a una zona ya conocida. Giro un par de esquinas y alli estaba. Esa puerta con detalles de Sakura... dio unos pasos hasta quedar enfrente...

-¿Rukia...? - la llamo en un susurro, esperando respuesta, más nadie le contesto asique entro por su cuenta.

Corrió la puerta lentamente y allí estaba. Sentada, dandole la espalda y mirando a la nada, con ese kimono que dejaba sus hombros al descubierto y que la hacia ver tan bella. Se acerco a ella y se arrodillo a su lado, mirandola fijamente. Ella tan solo mantenia los ojos cerrados, había notado su presencia desde hace tiempo, pero no le impidió entrar.

Ichigo pudo ver que se encontraba mal, y era algo que odiaba. Poso su amplia mano sobre su rostro, cosa que ella no despreció. La atrajo contra su cuerpo y la abrazó. La abrazó fuerte, reconfortandola, protegiendola. No lo nego tampoco, es más, lo correspondio aferrandose a el, escondiendo su rostro en su torso.

-Ichigo... soy una basura...- susurro debilmente.

-No Rukia, no lo eres...- beso su coronilla.- eres la mejor mujer que he conocido...

-Entonces... ¿Por qué toda mi vida me han tratado como tal...? - replico sin fuerza en su voz.- ¿Por qué Ichigo? - alzo su rostro, quedando a escasos centímetros del rostro de el, mirándole con los ojos cristalinos.- ¿Por qué...?


Bueno! Hasta aquí! Lamento que haya tardado tanto en actualizar, pero ando ocupadísima. Este capitulo ha sido bastante lleno de sentimientos, pero espero que os haya gustado. ¿Qué os ha parecido? En el próximo capitulo se desvelará el pasado de Rukia. ¡AVISO! Va a ser triste, y duro…. Muy duro. Estais avisados, asique ya veréis si leeis o no. Espero que os este gustando hasta el momento, pero en el siguiente capitulo, cuando se sepa el pasado de Rukia, me odiaréis... lo lamento mucho... de verdad.

El fic "Puede ser" que algunos ya leeis, no esta estancado ni mucho menos, es simplemente que no tengo tiempo para actualizar los dos a la vez... he decidido hacer este porque me sentia mas inspirada, pero el otro lo actualizaré lo antes posible de verdad. Me vuelvo a disculpar por ello. :)

En fin... lo de siempre...¿Merezco reviews? Decidme que si por favor...! Me esforce mucho en este capitulo! :D

Muchas gracias a todos los que leen y dejan reviews. Muchas-gracias.

Besos

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