Yuki no Hana
¡Hola! Vuelvo más pronto que nunca con un nuevo capitulo, cargado de emociones y con MAS PASADO DE RUKIA, que he de advertir es algo duro pero NO contiene lemmon. Aún asi es triste y duro, solo espero que os guste y disfrutéis leyéndolo. Estoy muy inspirada con este fic y de momento actualizaré mas de seguido y quizá sean más largos, como este. Sin más, os dejo leer:
Capítulo 9
-¿Ohayo?
La morena de ojos violáceos entraba a el establecimiento del matrimonio Urahara, dispuesta a comenzar su primer día de trabajo. Estaba emocionada y agradecida por todo lo que le habían ayudado sus amigos. Paso dudosa mientras miraba sus alrededores buscando al dependiente rubio o a su despampanante mujer. Se adentro un poco más hasta que por fin, Kisuke dio señales de vida, apareciendo con su abanico como siempre.
-¡Ara, ara! Kuchiki-san, Ohayo. – La chica hizo una cortes reverencia mientras el hombre se acercaba a ella.- Eres puntual, es una buena cualidad.
-Gracias por aceptarme en tu tienda, Urahara-san.
-No me agradezcas, Kuchiki-san.- agito la mano alegremente.- Me alegro que estés recuperando tu vida.
-…- Rukia alzo el rostro ante lo que él dijo, recuperar su vida… era completamente cierto.
-¡Rukia-chan! – Yoruichi rompió el silencio, saludando alegremente a la morena.- Bienvenida.
-Arigato.- hizo una reverencia ante ella.
-Bien, bien, dejemos de perder el tiempo.- empezó a empujar a ambos, Kisuke y Rukia.- ¡A trabajar!
-¿Yo también? – pregunto el rubio fingiendo fastidio.
-Tu el primero, venga, enséñale todo lo que tiene que hacer.
"Recuperando tu vida" esa frase no dejaba de revolotear por su cabeza. Hacia unos meses no se lo habría imaginado: enamorada, dejando la casa de las Shinigamis y replanteándose una relación con Ichigo. Definitivamente no entendía el destino, está en constante movimiento, dando vueltas para bien o para mal, pero recordó a frase que ya hace tiempo le dijeron "Cuando las cosas te salen mal durante mucho tiempo, un atisbo de luz choca en tu vida haciéndote feliz…." Antes lo veía como una vulgar patraña para mentes ilusas, pero ahora estaba dejando su escepticismo y se estaba dando cuenta que era verdad. Ichigo era ese rayo de luz que le faltaba a su vida.
Esbozo una amplia sonrisa y comenzó a sonreírle a su nueva vida…
Caminaba por el paseo que llevaba hasta la casa de las Shinigamis, estaba adornado con los cerezos ya, completamente abiertos. Un camino de piedras incrustadas en el suelo, grises y agrietadas, los pétalos de Sakura revoloteando a su paso indicando que la primavera ya había llegado. Una suave brisa mecía su anaranjado pelo, dedicándole una agradable sensación. El olor primaveral inundando sus pulmones… definitivamente se sentía el hombre más feliz del mundo.
Llego a la entrada del establecimiento, dispuesto a hablar con Rukia para terminar de conocer todo su pasado. Subió las escaleras que llegaban hasta la enorme puerta tradicional y la abrió, pasando al interior del recibidor, donde la siempre alegre Rangiku no tardo en salir a recibirle cortésmente.
-¡Kurosaki-kun! ¡Ohayo!
-Ohayo, Rangiku-san. – sonrió levemente.
-¡Pasa, pasa! Estás en tu casa.- le invito amablemente moviendo su mano en señal de recibimiento.
-Arigato. – entro finalmente en la casa, caminando un poco por el pasillo hasta llegar al salón de siempre, seguido por detrás de la despampanante rubia.
-Si buscas a Rukia, siento decirte que no se encuentra.- aviso mientras pasaba tras de él.
-¿No? ¿Y dónde está?
-¿No te lo dijo? Ahora trabaja en la tienda de Urahara.- esbozo una sonrisa mientras se sentaba en la mesa de té.
-Ah, si… es cierto.- se echó una mano a la nuca.
-¿Quieres un té, Kurosaki-kun? – le invito cordialmente.
-Arigato…- acepto gustoso mientras se sentaba el también. Aprovecharía para hablar con Rangiku sobre Rukia.
-Y dime…- comenzó a servir el té.- ¿Para que querías ver a Rukia? Si no es indiscreción.
-Quería hablar con ella sobre algo…- cogió su taza de té, ya llena, agradeciendo después.- Arigato.
-¿Algo en especial o es privado?- comenzó a servirse a sí misma.
-Pues, sinceramente…- dio un sorbo a su té y continuó hablando.- Ya que no puedo hablar con Rukia, quizá tú puedas resolverme la duda…
-Adelante, pregunta.- imito a Ichigo, bebiendo su té delicadamente.
-Pues se trata sobre algo que menciono cuando me conto su historia…- su voz sonó algo triste.
-Cuéntame…- ambos se pusieron serios.
-Ella... ella menciono algo sobre un hombre.- miro su vaso fijamente.- no me dijo su nombre, pero dijo que la hizo mucho daño…
-¿Byakuya…? – pregunto temerosa.
-No, no es sobre el…- la miro de nuevo.- Esa historia… desgraciadamente ya la sé. Se refería a otro…
-Oh… ya se dé quien hablas…- recordó nostálgica y con gesto amargo.
-¿Quién Rangiku? – pregunto ansioso.
-Hace bastante de ello. Recuerdo como empezó todo…-Ichigo se acomodo para escuchar algo más de la historia de Rukia.- Después de encontrarme con Rukia por primera vez… cayendo inconsciente delante de mía, la acogí durante una temporada aquí, escondida para que la jefa no la descubriese.- Ichigo escuchaba atento.- Pero finalmente la encontró y tuvo que elegir entre quedarse en la calle o unirse a nosotras….Finalmente, como ya te puedes imaginar accedió a quedarse aquí…
Flashback
La situación era algo violenta, incomoda y algo humillante para Rukia. Después de haberla descubierto viviendo con Rangiku la ofrecieron quedarse y trabajar como Oiran a cambio de cobijo y comida o irse a la calle. Finalmente, por instinto de supervivencia acabo resignándose a trabajar de Oiran. Describo la situación como violenta e incómoda por el hecho de que la longeva mujer, dueña del establecimiento observaba con ojo crítico a Rukia, completamente desnuda dando vueltas a su alrededor para ver si podría dar la talla. Rangiku observaba un poco más alejada, rezando por qué la aceptaran.
Se daba aire con su abanico mientras miraba fijamente todos los ángulos del cuerpo de Rukia. La morena estaba sonrojada y avergonzada, intentaba cubrirse levemente, pero rápidamente la mujer le daba un golpecito con su abanico para impedirlo.
-Eres demasiado delgada…- continuó hablando sin dejar de mirarla.- ¿Cuántos años tienes, niña?
-D-Diecisiete…- contesto cohibida.
-Hmmm… - movió la cabeza con aprobación al escuchar su edad. Se paro enfrente de ella, mirándola de arriba a abajo hasta que llego a su rostro sonrojado, alzándolo por el mentón con su abanico.- Tienes el rostro aniñado, pareces tener menos edad. ¿No me estarás mintiendo?
-N-No señora…le juro que tengo diecisiete años…- contesto nerviosa mientras la mujer apartaba el abanico de su mentón para continuar analizándola.
-Hmm…- continuo girando a su alrededor. Paso su mano por el pelo de la chica y lo dejo caer para después seguir contemplándola.- Tienes buenas piernas… ¿eres flexible?
-N-No lo sé, señora…-confeso avergonzada.
-Bien…- continuo girando a su alrededor, volviendo a parar en frente de ella. Esta vez, descaradamente palpo uno de sus pechos como si fuesen naranjas de un mercadillo, haciendo que Rukia diese un respingo y cerrase los ojos humillada.- Tienes unos pechos normales, quizá algo pequeños…
Rangiku cerró los ojos, sabía que la pobre muchacha lo estaba pasando mal y esa vieja mujer no tenía consideración. Pero era menos de la cuarta parte de lo que debería soportar más adelante. La mujer dejo de manosearla vilmente y se quedo quieta mirando su rostro avergonzado y sus ojos cerrados.
-Niña, mírame.- Rukia alzo el rostro temblorosa y abrió sus ojos violáceos.- Tus ojos son bonitos, pero son demasiado inocentes. ¿Eres virgen?
-….- Rukia se paralizo de golpe, la pregunta le cayó como un balde de agua fría. Agacho la cabeza de nuevo y suspiro intentando aguantar las lágrimas. Recordó quien le había arrebatado su pureza y apretó los puños con rabia. Rangiku, al escuchar esa pregunta abrió los ojos y miro a Rukia apenada.- N-No…
-¿Con cuántos hombres has estado? – pregunto secamente como si estuviera hablando con una simple ramera de tres al cuarto.
-Señora, perdóneme interrumpirla pero…- Rangiku hizo una reverencia y continuo hablando.-…la niña ha pasado un mal trago… se podría decir que solo ha mantenido relaciones una vez y no precisamente consentidas…- explico tristemente quitando el mal trago de hablar a Rukia, quien continuaba apretando sus puños y mirando al suelo a punto de llorar.
-Ya veo…- dejo de mirar a Rangiku para mirar de nuevo a Rukia.- ¿Cómo te llamas niña?
-R-Rukia, señora…- alzo el rostro pero su vista iba hacia otro lado, mientras intentaba cubrirse un poco con sus brazos.
-¿Rukia qué? Dime tu apellido.- exigió seria.
-R-Rukia…- sus ojos empezaron a aguarse, el recordar su apellido le traía nada más que malos recuerdos y las lagrimas se agolpaban una tras otras queriendo salir de una vez.- Rukia Kuchiki…- confeso en un suspiro.
-¿Qué…? – a la mujer se le abrieron los ojos de par en par. ¿Esa mocosa provenía de la familia Kuchiki? ¿Provenía de una de las familias más nobles e influyentes de toda Karakura? Dirigió su vista a Rangiku, agitada y esperando una respuesta. La rubia tan solo asintió con la cabeza y sus ojos cerrados.- ¿Eres una Kuchiki?
-H-Hai….- una amarga lagrima rodo por su mejilla.
-¿No tendré problemas con tu familia si estás aquí? – pregunto preocupada y algo enfadada.
-N-No señora… yo ya no pertenezco a esa familia.- agacho el rostro intentando no llorar más.
-Hmm… entonces está bien.- la miro con gesto de aprobación y se alejo de ella unos pasos.- Estas dentro, Rukia.
-A-Arigato…- hizo una reverencia.
-Vístete.- ordeno mientras se giraba dispuesta a irse.- Rangiku, explícale todo lo que debe saber. Ahora eres una Shinigami.
Tras decir esto, la insensible mujer se fue dejando a las dos mujeres solas en la habitación. Rukia al instante cayó al suelo, abrazándose para intentar cubrir su desnudez, completamente humillada y avergonzada, y rompiendo finalmente a llorar. La rubia al ver como la muchacha de desmoronaba se levanto rápidamente corriendo hacia ella poniendo por encima el kimono y abrazándola fuerte.
-Ya esta Rukia… ya paso… ya…
-Y-Yo… y-yo… no sé si voy a conseguirlo, Rangiku…- se aferro a la mujer con una mano mientras que con la otra intentaba taparse más con el kimono.
-Venga… solo espera un tiempo y verás… - la morena se acurruco temblando y sollozando contra la voluptuosa mujer quien intentaba retener las lagrimas también.
- Tengo miedo… tengo mucho miedo…
Fin Flashbak
-Fue difícil para ella, le costó adaptarse a esto.- Ichigo observaba a Rangiku apenado.- La enseñe todo lo que se necesita saber para ser una Oiran, fueron unos meses los que estuvo digamos…"entrenando", hasta que aprendió todo y tuvo que empezar con la práctica. Lo paso muy mal…. Sobre toda la primera noche que tuvo que pasar con un hombre…
Flashback
El salón estaba en una de sus horas puntas, lleno de gente y mujeres, borrachos y sobrios. Rukia observaba cohibida desde un rincón junto a su siempre inseparable Rangiku. Su mentora explicaba todas las tácticas de seducción y como intentar sacarle el máximo de dinero a un hombre, extorsionarlos con tu belleza, ser sutiles, parecer inalcanzables… Rukia de todos modos, se sentía incomoda.
Durante esos meses que estuvo entrenando junto a Rangiku, la habían enseñado cantidad de cosas sobre sexo y como complacer a un hombre, le daba escalofríos el simple hecho de pensar que debería hacérselo a un extraño. Debido a tener unas piernas bonitas, la jefa decidió explotarlas, ¿Cómo? Hizo que practicase posturas para incrementar su flexibilidad y complacer aún más a un hombre. No tardo en conseguirlo, pero el simple hecho de que lo tenía que usar para eso…
A lo lejos pudo divisar a su jefa caminando hacia ellas seguida de un hombre delgado, de mediana estatura, pelo negro como el carbón y ojos del mismo color. Llevaba el uniforme de los soldados de Sereitei y un escalofrío recorrió su columna. Todo le recordaba a aquel hombre que la mato en vida, todo le recordaba a Byakuya…
-Rukia-chan.- la llamo seria.
-Hai, señora.- se levanto rauda y veloz, haciendo una reverencia permanente hasta que le indicaran lo contrario.
-Levántate.- se puso erguida.- Este es el señor Yoshiro-sama.
-E-Encantada Yoshiro-sama…- hizo una leve reverencia ante el hombre quien la miraba asombrado por su belleza.
-Quiero que trabajes con él.- Rukia se tenso al instante.- Tu entrenamiento ha terminado, ahora viene la práctica, Rukia.
-P-Pero...
-Quiero que trates a Yoshiro-sama como un rey…- la miro con el ceño fruncido y hablo más bajo.-… y le complazcas en todo lo que te pida.
-….- sintió unos nervios en su estomago que la empezaron a inquietar. Rangiku la miro angustiada, pero no podía hacer nada.
-Bien, Yoshiro-sama, le dejo con Rukia-chan.- se dirigió al caballero con más amabilidad.- Tenga en cuenta que es novata, pero es muy bella. Tiene unas buenas piernas y es flexible, no le decepcionara…- le hablo de Rukia como si fuese un objeto a vender, haciendo que esta agachase el rostro dolida.
-Arigato.- hablo el hombre.
-Rukia-chan.- la reclamo arisca.- Vamos, ve con Yoshiro-sama.
-H-Hai…- miro desesperada a Rangiku mientras caminaba con él. Rangiku no pudo hacer nada más que decirla con los labios "Tienes que aguantar…"
La noche parecía interminable, Rukia atendía al señor sirviéndole sake y dándole una conversación algo forzada e incómoda, bajo la atenta mirada de su jefa. Sus manos la temblaban y a la cuarta o quinta copa que pidió el señor, a Rukia se le resbalo la botella de sake, haciendo que esta manchase al hombre.
-¡G-Gommene, gommene…! – se disculpo mil veces mientras movía sus manos intentando buscar una solución que ni ella sabía cuál.
-Tranquila, no pasa nada…- la hablo amable.
-Yo… l-lo siento muchísimo…- hizo una reverencia disculpándose.
Rangiku no la perdía de vista, a pesar de estar atendiendo a otros clientes. Lo estaba pasando realmente mal al ver a Rukia así, rezaba porque todo saliese bien y no sufriera demasiado. Mientras tanto la jefa la observaba con una mueca de disgusto desde un rincón del salón. El hombre termino de secarse con la mano un poco de sake que había caído en su kimono y miro a Rukia sonriendo avergonzado.
-Oye… ¿Rukia, verdad?
-H-Hai…- contesto tensa.
-¿Qué tal si… si vamos a otro sitio?- propuso sin dejar de mirarla.
-… Hai…- asintió en un suspiro, todavía sin mirarle.
Ambos se levantaron, Rukia asustada y nerviosa. El nudo de su estomago estaba empezando a aumentar, haciendo que se sintiese mareada. Sus manos temblaban levemente y sus ojos estaban clavados en el suelo. Estaba a punto de salir del salón, cuando dirigió la última mirada a Rangiku, quien la miraba apenada y angustiada. Finalmente salieron del bullicio del salón, entrando en los laberinticos pasillos. Caminaban escuchando algún que otro gemido que provenía de las otras habitaciones. Rukia caminaba delante de él, llevándole a su cuarto el cual estaba totalmente preparado, gracias a su jefa.
-A-Adelante…- ofreció mirando al suelo y echándose a un lado para que el hombre pasase a la habitación.
Su corazón latía a mil por hora, y cada vez estaba sintiendo más mareada pero pudo controlarse. Temblorosa se acerco a aquel hombre que la esperaba ya arrodillado en el futón, observándola fijamente con sus mejillas sonrojadas debido al alcohol. Se arrodillo con cuidado en frente de el y lo miro nerviosa.
-Y-Yo no sé… no sé cómo…- intento explicarse mientras jugueteaba con sus dedos.
-Tranquila, déjame a mí.
El hombre se acerco lentamente a ella y empezó a besar su blanquecino cuello. Lo primero que Rukia sintió fue asco y lo segundo, como su corazón parecía querer salirse del pecho. Cerró los ojos fuerte mientras sentía como aquel hombre la toqueteaba y besaba su piel sin dilaciones. Con los ojos aún cerrados, sintió como la iban recostando en la cama, sin que las caricias cesasen. Quería evadirse de la realidad, sentía miedo, pánico y tan solo le venían los amargos recuerdos que Byakuya había creado.
Las grandes manos de aquel hombre comenzaron a desatar su obi para despojarla de su kimono, más pareció cambiar de idea ya que paso de largo y llevo sus manos a sus piernas, acariciándola de la misma forma que lo hizo aquel hombre, Byakuya.
-¡…! – abrió los ojos de golpe y la escena que ocurrió hacía meses cuando abusaron de ella, se presento en sus ojos como una película.
El hombre dejo su cuello para subir por su mejilla y buscar los labios de Rukia, mientras acariciaba ferozmente sus piernas. Esta empezó a sentirse más y más mareada, veía algo nubloso, lo más posible por las lágrimas que se acumulaban en sus retinas, además de sentir unas enormes ganas de vomitar ante las caricias de aquel desconocido. La morena intento evitarlo, pero finalmente el hombre se apodero de sus casi vírgenes labios, besándolos lujuriosamente. La oji-violeta intento corresponder pero cuando sintió como el sabor a alcohol se colaba por sus garganta, recordando amargamente el mismo sabor que le proporciono Byakuya, sintió unas inevitables ganas de vomitar.
-¡…!
Saco las fuerzas de donde pudo, empujando al hombre con rudeza y saliendo de la habitación corriendo ante el extrañado hombre. Corrió mareada, chocándose con las paredes y apoyándose en ellas para no caerse, mientras con una mano se tapaba la boca, evitando vomitar ahí. Su kimono estaba descolocado, dejando ver uno de sus hombros y sus piernas al andar. Corrió y corrió casi desorientada hasta que llego al salón, donde las miradas de todos se dirigieron a ella. Matsumoto se levanto preocupada, mientras que la jefa frunciendo el ceño; pero Rukia no les prestó atención.
Continuó corriendo tapándose la boca y corriendo fuera del salón para llegar a una sala solo para el personal y vomitar finalmente en un cubo que se encontraba allí. Sentada en el suelo con las piernas abiertas hacia los lados cual niña pequeña, sosteniendo el cubilete con sus dos manos y vomitando lo poco que había comido en todo el día. Segundos después apareció Rangiku, corriendo hacia ella y agachándose a su altura para recogerla el pelo.
-Rukia…
-…R-Rangiku y-yo…- con la cabeza todavía mirando el cubo comenzó a llorar y temblar asustada.
-Shhh… tranquila…- abrazo la cabeza de la joven, atrayéndola a su pecho y acariciando su pelo.
-Ha…ha sido horrible Rangiku…- sollozo contra el pecho de esta, aferrándose en un desesperado abrazo.- Horrible…- recalco con un hilo de voz.
-¡Qué demonios te crees que haces, niña! – rápidamente entro la jefa, furiosa y enfadada.- ¡Dejaste al Yoshiro-sama tirado! ¿Quién te has creído?
-G-Gomenne…- se disculpo en un susurro mientras intentaba secarse las lagrimas que no dejaban de salir.
-¡No me lo puedo creer! – caminaba de un lado para otro agitada y nerviosa. Finalmente la miro furiosa y corrió hacia ella, apretando sus mejillas con las manos y haciendo que la mirase horrorizada y asustada.- ¡¿Cómo me haces esto, niña? ¿Eh?
Rukia tan solo era forzada a mirarla asustada y temblando, sin dejar de llorar hasta que Rangiku decidió intervenir, apartando valientemente la mano de la mujer y enfrentándola sin miedo.
-Señora, creo que no debe ser tan dura con ella.- Se puso en medio, protegiendo a Rukia.- Es su primer día y ella lo ha pasado mal.
-Rangiku, no te metas en esto.
-Si señora, si me meto.- contraataco firme y decidida.- Esta muchacha lo ha pasado muy mal y tiene secuelas. Deme un tiempo para ayudarla y le prometo que en unas semanas más podrá trabajar.
-Eso espero Rangiku.- se levanto del suelo, rabiosa y dispuesta a irse.- Sino tendrá que irse de aquí.
Finalizo con un portazo, dejando a Rangiku y Rukia solas. Tan solo se escuchaban los sollozos de la morena la cual temblaba incontroladamente. La rubia se giro suspirando y la observo, tan frágil y asustada, sintió tanta angustia por ella que solo pudo abrazarla fuerte. Una lágrima se escapo de los ojos de Rangiku, al escucharla llorar tan desgarradoramente y como sus manos apretaban su kimono desesperada.
-R-Rangiku… no puedo…n-no puedo…
-Shh… te prometo que lo conseguirás…te lo prometo…
Fin Flashback
-Tsk…- gruño Ichigo enfadado y mirando hacia otro lado.
-Lo paso muy mal los primeros días.- suspiro melancólica.- Tuve que ayudarla a acostumbrarla con otras cosas… antes de que un hombre, ya sabes…- miro incomoda hacia otro lado.- La primera vez que lo hizo finalmente, lo consiguió pero no volvió a ser la misma. Su mirada ya se había apagado, sus ojos estaban secos, no la quedaban más lágrimas. Cuanto más se acostumbraba a esto, menos esperanzas tenía y más resignada estaba.- Ichigo volvió a mirarla.- Nunca sonreía, era callada y huraña… pero paso a ser una de las mejores joyas que poseía nuestra jefa. Los hombres la ansiaban, querían tocarla aunque fuese solo eso, pagaban cantidades absurdas de dinero, por lo cual acabó siendo independiente… es decir, ella empezó a elegir con quien se acostaba y no la jefa.- hizo una pausa, tomando un sorbo de su té.- Y luego apareció el… ese hombre del que tú hablas…
-…..- espero impaciente a que Rangiku continuase hablando.
-Apareció Kaien Shiba…
Flashback
-Rukia-chan, necesito que me hagas un favor…- tosió de nuevo la despampanante mujer.
-Dime, Rangiku.- Accedió mientras mullía la almohada de la mujer, tranquilamente.
-Necesito que vayas donde Urahara a hacer unas compras, yo no puedo ir como ves estoy enferma…- intento reír pero tan solo volvió a toser y estornudar.
-Está bien, solo dime que tengo que comprar y enseguida voy.- respondió con voz suave y tranquila.
-Bien, tengo una lista ahí encima de la cómoda, de todos modos… Urahara te aconsejará.- estornudo de nuevo.
-Vale…- se levanto y cogió la lista de la cómoda observándola rápidamente. Además, cogió un pañuelo y se lo tiro a Rangiku.- Toma anda, suénate esa nariz…
-Adigato Dukia…- agradeció mientras se sonaba sonoramente la nariz.
Finalmente Rukia salió de la casa, los rayos del sol impactaban contra su pálida piel y cegaba sus ojos. ¿Hacia cuanto que no salía a la calle? Poso su antebrazo en sus ojos para poder acostumbrarse a tanta luz y comenzó a caminar. Llevaba la bolsa de mimbre enorme y la lista interminable de lo que debía comprar.
Caminaba por las calles del Rukongai, bajando hasta el segundo distrito donde se encontraba la tienda de Urahara. Las calles de tierra, la gente moviéndose arriba y abajo, burdeles cerrados y chicas limpiando la entrada para sacar el polvo. Suspiro resignada, ese era su nuevo hogar. Después de caminar un buen rato, llego a la tienda de Urahara, justo en su entrada fue donde se desplomo aquel día frente a Rangiku. Suspiro una vez más pesadamente y entro de una vez.
-¡Ohayo, Urahara-san, Yoruichi-san! – saludo hablando alto para que los tenderos se cerciorasen de su llegada.
-¡Ohayo Kuchiki-san! – se escucho a lo lejos la divertida voz de Kisuke y después unos pasos andando hacia allá.- ¡Ara! ¿Qué haces por aquí?
-Hago la compra…- explico mientras buscaba lo que necesitaba por los estantes.- …Rangiku está enferma.
-Vaya, vaya…¿Y que le ocurre?- pregunto sentándose en la madera y abanicándose.
-Tiene gripe…- contesto mientras cogía un bote de especias.- … se pasa todo el día estornudando y tosiendo.
-¡Esta Rangiku no aprende! – rió el tendero.
Rukia esbozo una leve sonrisa mientras continuaba buscando las cosas que figuraban en la lista hasta que alguien más entro en la tienda, haciendo sonar los cascabelitos que había arriba de la puerta, dando paso a un hombre alto, fuerte de ojos azules y pelo negro. La morena le observo fijamente.
-¡Hey, Kisuke! ¿Qué hay? – saludo enérgico y sonriente. Rukia no le perdía de vista mientras cogía las cosas que necesitaba.
-¡Nada, Kaien, lo de siempre! - ¿Kaien? Asique se llamaba así… entonces Kaien dirigió la mirada a Rukia, haciendo que ella se sonrojase al instante y apartara la mirada rápidamente. El hombre rió.- ¿Qué buscas?
-Nada, un par de cosillas que me han encargado.- volvió a sonreír y empezó a buscarlas, pasando al lado de Rukia y dejando su aroma a su paso. Rukia tan solo cerró los ojos y se dejo embriagar.
-Kuchiki-san.- le llamo Urahara.
-¿Hai? – rápidamente se despertó de su trance algo sonrojada y le miro. El hombre moreno también la observo curioso mientras buscaba a tientas lo que debía comprar.
-El es Kaien Shiba, un viejo amigo del ejército.- los presento malicioso mientras sonreía.
-Ah, h-hola…- se giro para saludarle e hizo una reverencia mientras se acercaba a la morena.- y-yo soy Rukia.
-Encantado Rukia.- esbozo una sonrisa de medio lado mientras se acercaba a ella y tomaba su mano, besando el dorso.- Yo soy Kaien.
-E-Encantada….- se sonrojo al instante y aparto su mano nerviosa, mirando hacia otro lado que no fuese él y cogiendo rápida lo que necesitaba. Este sonrió ante su nerviosismo. Termino de coger todo lo que necesitaba, metiéndolo en la cesta de mimbre con prisa y sin mirar a aquel hombre que no hacía nada más que observarla. Con fuerza cogió la cesta que pesaba más que ella y la arrastro como pudo hasta donde estaba Kisuke esperando divertido.- Ten Kisuke, esto es todo…- le tendió la lista para que hiciese el cálculo mental de todo. - ¿Cuánto es?
-Son 5.300 yenes, querida.
-Toma aquí tienes.- saco el dinero tendiéndoselo rápidamente y cogiendo su bolsa como pudo para salir de allí. El hombre moreno pago también rápido al dependiente sin recibir las vueltas para salir corriendo tras de Rukia, que parecía huir de el.
-¡Oe! – La llamo pero no se paraba.- ¡Oe, Rukia! ¡Espera!
-…- no paraba, estaba sonrojada y su corazón latía rápido, no sabía por qué.
-¡Oe! – Finalmente la alcanzo, haciendo que se parase.- Espera, te ayudaré, esto debe pesar más que tu.- sonrió mientras intentaba quitarle la bolsa.
-¿Eh? N-No es necesario…- se negó hasta que sintió como el tacto de aquel hombre tocaba la suya, haciendo que se descuidase un momento y le arrebatara las bolsas.
-Venga, no me cuesta nada.- la dedico una tierna sonrisa.- ¿Dónde vives? Te acompañaré.
-No te molestes…- susurro cohibida.
-No es molestia, tranquila. – comenzaron a caminar.
-Arigato…
-Nunca te había visto, Rukia. Siempre voy a la tienda de Urahara, y nunca te vi.- confeso tranquilo.
-Ya... es que normalmente va Rangiku a hacer las compras, solo que hoy enfermo.- contesto intentando parecer tranquila.
-¡Ah, Rangiku! ¿Es la mujer rubia de ojos grises? – Rukia asintió mirándole.- ¿De qué os conocéis?
-Em… vivimos juntas…
-¿Qué? ¿Vives en la casa de las Shinigamis? – pregunto mirándola extrañado.
-H-Hai…- afirmo borrando la sonrisa de su rostro y mirando al suelo. El pareció entender entonces a lo que Rukia se dedicaba.
-¿Qué edad tienes…? – pregunto con voz neutra y tranquila.
-Diecisiete…- confeso haciendo que Kaien abriera los ojos sorprendido por su juventud.-… pero pronto cumpliré los dieciocho.
-Vaya…- miro de nuevo al frente.-…eres muy joven.
-Hai…- asintió incomoda y mirando todavía el suelo.
-Pero, sinceramente…- intento romper la tensión.-… eres hermosa, Rukia.
-A-Arigato…- alzo la mirada sorprendida hacia él y se sonrojo de nuevo.
-No me agradezcas, es la verdad.
-Jeje…- rió nerviosa. Se formo un silencio incomodo entre ambos y la joven morena decidió romper el hielo.- Tu… ¿tienes la misma edad que Kisuke?
-No, soy algo más joven.- contesto alegre.- el me entrenaba a mí.
-Ah… ¿entonces tú también eras un soldado del Sereitei?
-Exactamente, "era", ya no estoy de servicio.
-Oh…- volvió a formarse un silencio incomodo y miraba el suelo mientras caminaban tranquilos. Ya habían llegado al paseo de piedra.- Kaien… ¿puedo hacerte una pregunta?
-¡Claro! Dispara.- la invito a preguntar sonriente.
-Tu… ¿Estas casado?
-Nop.- contesto sin más mientras se llevaba una mano a la cabeza.- Más adelante quizás.
-Ah… bueno, hemos llegado.- se paro frente a el con las manos juntas.
-Bien, ¿quieres que suba la cesta hasta arriba? – Señalo las escaleras.- Puedes caer rodando en un descuido.
-De acuerdo.- rió levemente.- Pero debes aceptar un té, por agradecimiento.
-Eso está hecho.- la guiño un ojo haciéndola sonrojar.
¿Qué había hecho ese hombre? No sabía porque se sentía así, pero estaba recuperando las esperanzas.
Fin Flashback
-Me imagino que se enamoraría de él…- supuso Ichigo mirando a Rangiku.
-¿Enamorarse solo? Por Kami… esa niña estaba loca por el…- suspiro amargamente.- Durante una temporada empezó a ir ella a comprar solo para verle. Se hicieron amigos, hablaban mucho y empezó a sonreír otra vez. Por una parte me alegré, pero por otra sabía que eso no acabaría bien… ese hombre tenía casi 30 años, era demasiado mayor para Rukia.- Dio un sorbo a su café.- El caso es… que al final acabaron viéndose más a menudo, no solo para ir a comprar. Más de una vez los sorprendí a punto de besarse, había algo entre ellos dos….- se aclaró la garganta.- Una noche, ese hombre se presento aquí buscando a Rukia y finalmente, ella cayó en su juego, se entrego a él en cuerpo y alma, confiada en que el la salvaría de aquí…
Flashback
-Ah…¡Kaien!
El cuerpo del fuerte hombre cayó finalmente desplomado sobre Rukia, sin llegar a aplastarla, totalmente agitado y sudado. Rukia tan solo mantenía los ojos cerrados e intentaba regular la respiración. Sus finas manos acariciaban la amplia espalda de este, quien no se movía ni decía nada. Sentía la inocencia del primer amor, era joven e ingenua. Todavía no había llegado al orgasmo de todas las veces que se acostó con un hombre, ni siquiera con Kaien esta vez. El había acabado antes y no se molesto en hacerla terminar a ella. Rukia sonrió y se dispuso a decirle las dos palabras que tanto ansiaba confesarle.
-Te amo…
-…
No hubo contestación.
Fin Flashback
-Nunca hubo contestación…- Ichigo escuchaba atentamente las amargas y melancólicas palabras de Matsumoto.- Solo buscaba a Rukia para sexo gratis y ella no se daba cuenta… hasta que un día decidí hablar con ella…- miro fijamente a Ichigo.- ¡Oh, Ichigo, no te imaginas! Creo que durante los diez minutos que duro nuestra conversación me odio de una forma gigantesca; pero tenía que decirle la verdad, la quería demasiado como para dejar que la utilizasen de esa forma….
Flashback
-Rukia, no te enfades. – Se puso seria.- Sabes que te lo digo por tu bien.
-¡No! Kaien… ¡Kaien me ama! ¡Lo sé! – chillo rabiosa a su amiga.
-¿Estás segura? – La encaro.- ¿Cuántas veces te lo ha dicho? ¿Eh, Rukia? ¿Cuántas!
-….- se quedo completamente callada, observando a su amiga. La había dejado sin argumentos y tenía razón. ¿Cuántas veces se lo había dicho? Ninguna. Los ojos de la morena comenzaron a aguarse.- N-No…- intento negar con un hilillo de voz.
-¡Si Rukia! ¡Abre los ojos! – La sujeto por los brazos, obligándola a mirarla.- ¡Solo te quiere por el sexo gratis que le das! ¡Te está usando, maldita sea!
-El…no…- no conseguía articular palabra.
-¿Qué sabes de él? ¿Acaso te ha hablado de su vida, Rukia? ¿Cómo no sabes que está casado? – espeto la rubia.
-¡El me dijo que no está casado! – chillo
-¿Y eso que tiene que ver? – La hizo callar al instante e intento serenarse.- Eso no quita la opción de que tenga novia o esté comprometido Rukia…
-No… no es verdad…- se negaba asimismo una y otra vez con voz temblorosa y ojos aguados.
-Rukia… Kisuke me conto algo y…
-¡URUSAI! – grito por última vez, cerrando los ojos con fuerza, tapándose los oídos para no escuchar la verdad y finalmente se marcho corriendo de la habitación dispuesta a buscar las respuestas que quería.
Corrió con todo su ímpetu, aguantando las lágrimas e intentando olvidar las palabras de Rangiku. Le dolía pelear así con su amiga, pero más le dolía el solo hecho de pensar que lo que decía era cierto. Bajo el camino de piedra, saliendo por fin de su distrito, entrando en el 2; corriendo directamente a la tienda de Urahara.
Llego por fin hasta allí, con los pies llenos de polvo por correr en la tierra y se encontró con Yoruichi, barriendo la entrada de su establecimiento. Llego hasta ella jadeando y con su voz quebradiza, la mujer la miro apenada.
-Yoruichi…- la llamo respirando fuerte.- … donde…¿Dónde está Kaien?
-Rukia…
-¡¿Dónde está..?- volvió a repetir más alto y rabiosa.
-Se acaba de ir por allí…- indico más abajo. La morena no espero mas indicaciones y comenzó a correr, buscando esos ojos azules entre la gente. De la tienda salió Urahara, quien diviso a lo lejos a Rukia.
-Ya lo sabe ¿verdad?- pregunto serio.
-Eso parece…- suspiro la mujer.
-Pobre chiquilla…¿Cuánto más tendrá que soportar…?
Fin Flashback
-Sinceramente, acabe odiando a Kaien por lo que la hizo a Rukia… la gente es cruel y egoísta, no se preocupa por los sentimientos de los demás, se creen que nosotras somos juguetes y no es así… nos quemamos si jugamos con fuego, nos duele si nos pegan, como a cualquier persona… pero a veces las palabras duelen mil veces más que los golpes…
Flashbak
Empujaba a la gente que tenia en medio, buscando desesperada a aquel hombre, hasta que le diviso. Corrio mas ansiosa hasta el, temerosa de escuchar la verdad… poso su mano en su hombro, haciendo que se girase con la mirada de siempre, desinteresada y alegre. O al menos esa era la máscara que dejaba ver.
-¡Rukia! – sonrió ampliamente, pero no duro demasiado al ver el rostro de Rukia.- ¿Qué te ocurre?
Tenemos que hablar, Kaien…- exigió seria y con los ojos cristalinos.
-Está bien…- accedió desconfiado.- Pero vamos a otro sitio, esto esta lleno de gente.
-…- accedió sin decir nada, caminando hasta un descampado alejado de la gente, dónde solo estaban ellos dos, cara a cara, avecinando lo que iba a ocurrir en su interior.
-¿Y bien…? – la sonrisa de Kaien ya era inexistente, ahora la miraba con el ceño levemente fruncido.
-Kaien… - acerco su rostro al suyo, haciendo que el se tensase levemente. Las manos de Rukia se alzaron temblorosas hasta las mejillas de el, acariciándolas asustada.- …¿me quieres?
-¿Rukia…?- cogió sus manos y las aparto confuso.
-Dime Kaien…- la paciencia de Rukia se estaba agotando.- ¿Tu me quieres…?
-Yo…- titubeo sin decir nada.
-¡Maldita sea Kaien!¡Responde! – grito enfadada, mirándole fijamente. Este sin embargo se quedo callado, devolviéndole una mirada más profunda.- Entonces todo es cierto…
-¿huh?
- Solo me querías para usarme…- le espeto desganada y mirando al suelo.- He sido un simple juguete para ti…
-Tsk…- rechisto cansado mirando hacia otro lado.- ¿Qué demonios esperabas Rukia…?
-¿Q-Que…?- incrédula abrió los ojos de golpe, mirándole fijamente.
-¿Esperabas que me enamorase de ti…? Por Dios, tienes 17 años.- se hizo un silencio que Rukia no tardo en romper, al igual que su paciencia.
-¡Poco te importo eso para acostarte conmigo!
-¡Eres una puta! ¿Por qué te molesta tanto?
ZAS.
Una bofetada impacto contra la mejilla de aquel hombre, dejándole atónito con su mano en la mejilla. Rukia le miraba furiosa, se sentía estúpida por no haberle hecho caso a Rangiku.
-No me vuelvas a faltar el respeto en tu vida…- gruño rabiosa.- …maldito mentiroso…- apretó sus puños y miro de nuevo al suelo, reteniendo las lagrimas de rabia que querían salir de cualquier manera.
-¿Mentiroso? – Se carcajeó sarcásticamente.- ¿Qué ocurre Rukia? ¿Te creíste que yo te iba a salvar de esa casa de putas? ¿Qué te iba a hacer mi esposa? ¡Por el amor de Dios, no caería tan bajo!
-…..- se quedo callada, siendo humillada por aquel hombre de ojos azules.
-Jamás me casaría con alguien como tú, teniendo a una mujer de verdad entre mis brazos.
-¿….que…? – pregunto con un hilillo de voz mientras volvía a alzar su mirada confusa. Rangiku tenía razón, tenía toda la razón.
-Miyako. Esa si es una mujer, no como tú...- Rukia entrecerró los ojos y apretó más los puños, esperando a lo que tenía que escuchar.-… una puta barata.
ZAS.
Otra vez, su mano impacto contra la cara de Kaien, sin embargo esta vez no fue con la mano abierta. El puño que apretaba con rabia fue descargado sobre su cara de nuevo, haciéndole sangre en la nariz. Quedo noqueado, aturdido mientras con sus manos intentaba parar la hemorragia. La morena tan solo le observaba con asco, rabia y frialdad.
-Te lo advertí.- hablo seria haciendo gala de su apellido Kuchiki.- Te divertiste demasiado conmigo, pero no más. Eres el primero y último que me va a hacer daño.- advirtió con semblante duro e inmutable.- Ojala y te pudras, Kaien. Ojala acabes tan podrido como tu corazón…
Sin derramar ni una lágrima más se dio media vuelta y se marcho de aquel lugar. Se sentía estúpida por ser humillada y maltratada una vez más. Menospreciada, insultada, tratada con un juguete sin sentimientos. Si su corazón ya estaba lo bastante roto, ahora se lo habían pisoteado… ya la habían vuelto completamente insensible, la habían obligado a olvidar su alma y que tenía sentimientos.
Llego de nuevo a la casa de las Shinigamis, donde Rangiku la esperaba en el salón, angustiada y preocupada. Cuando la vio pasar al salón, con el rostro serio, frío y esos ojos opacos, tuvo un mal presentimiento. Se levanto del suelo y espero a que Rukia se acercara con la misma expresión.
-Rukia…
-Lo siento Rangiku.- se disculpo serenamente.- Debí escucharte.
-¿Estás bien…? – pregunto preocupada.
La morena paso de largo, con la mirada perdida hasta la puerta que daba al jardín, donde se paro y contesto a la rubia sin mirarla.
-Nunca más, Rangiku… no van a jugar conmigo ni una vez más.- se giro dejando ver una expresión de rabia en sus ojos que la asusto.- Eso te lo juro…
Fin Flashback.
-No volvió a ser la misma. Se volvió completamente fría, siempre parecía ida, en su mundo; dejo de sonreír, la poca esperanza que mantenía se esfumó con aquel despreciable hombre, apenas salía a la calle, por no decir que nunca salía. Solo se sentaba en el porche y observaba el jardín horas y horas. No conseguí sacarla de aquí hasta hace unos meses.
-Maldita sea…- gruño Ichigo pensativo.- Ese cabrón…
-Pero ahora Ichigo...- este la miro atento.- Gracias a ti Ichigo la he visto sonreír de nuevo. ¿Sabes lo que me costó conseguirlo? ¡Qué demonios! No lo conseguí.
-Me alegro de haber podido ayudarla…
-¿Bromeas Ichigo? No solo la has ayudado.- El pelinaranjo miro a la mujer interrogante.- Has salvado su vida. Ella sola se estaba autodestruyendo…- Ambos se quedaron en silencio durante unos segundos.- Sabía que tu no eras como él, como Kaien. La mirada tan sincera con la que la observas, las palabras que la dedicas…. Ichigo, gracias.
-No hace falta que me las des, Rangiku.
-Aún así, estaré eternamente agradecida por lo que estás haciendo.- confeso sincera.
-De nada.- sonrió levemente.
-¡Ohayooo, Rangiku!
La voz de Rukia se hizo presente en un grito desde el recibidor, haciendo notar su llegada. Ambos se miraron cómplices y sonrieron. Los pequeños pasos de Rukia se escuchaban más cerca hasta que se dejo ver por el umbral, masajeándose a sí misma sus hombros, ya que venía agotada de trabajar.
-¿Ichigo?- abrió los ojos sorprendida de verle ahí.- ¿Qué haces por aquí?
-Vaya forma de echarme ¿no crees? – rió divertido.
-No, no es eso. Solo, no te esperaba.- se acerco a ambos, sentándose en la mesita de té junto a Ichigo.
-Vine a hacerte una visita, pero como no estabas, me quede hablando con Rangiku.- explico mirando a la mujer.
-¿Y de que hablaban? – pregunto sirviéndose algo de té.
- De ti.- confeso Rangiku divertida haciendo que la morena la mirase desconfiada.
-Miedo me dais vosotros dos.- contesto divertida dando un sorbo a su té.- ¿Y qué le contabas de mi?
-Cotillaaaaa…- canturreo la rubia haciéndose la desentendida.
-¿Cotilla? – Repitió sonriendo.- Pero si estáis hablando de mi.
-Hablábamos de lo bonita que te ves sonriendo.- respondió Rangiku dulcemente.
-Completamente de acuerdo, Rangiku.- corroboró el pelinaranja, dedicándole una sonrisa a Rukia.
-No me lo llego a creer del todo, pero… está bien.- bebió su té de nuevo sonriente.
-¡Ara! ¿Sabes que tenemos nueva compañera? – aviso Rangiku emocionada.
-¿Nueva compañera? – Repitió la morena. Ichigo tan solo escuchaba quedando al margen.
-Ajá. Viene esta noche, es de tu edad creo.- explicó.- la trae la jefa del burdel de Kitsune, en el que asesinaron a esa mujer.
-Oh, vaya.- dio otro sorbo a su té, tranquila.- ¿Cómo se llama?
-No lo sé, aún.- confeso.- Habrá que esperar a esta noche para saberlo.
Habrá que esperar hasta el siguiente capitulo para saberlo. Wijiii que mala soy, pero bueno, de todos modos este me quedo bastante largo asique no os quejéis. Nah, bromeo. ¿Quién será la nueva compañera? Traera mucha tela y va a ser influyente en la historia, ¿para bien o para mal? Ya lo veréis.Pero en fin…¿Qué os parece esta parte del pasado de Rukia? Algo fuerte lo sé, pero así eran las cosas. Kaien resulto ser un cabr** hijo de p***, pero bueno, al menos ahora encontró a Ichigo.
He actualizado este fic antes porque me tiene más inspirada. En el de "Puede ser" ando un poco sin ganillas, pero pronto me obligo a cogerlo y empiezo a escribir los últimos capítulos para no haceros esperar. Espero que os este gustando el fic y demás, sugerencias para la historia y demás serán bien recibidas si son constructivas, ya sabéis. Pero ahora lo de siempre, ¿merezco reviews?
Gracias a todos por leer y comentar.
Besos
SMorphine
