Yuki no Hana

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Lamento, otra vez, la espera… pero tengo unas cuantas excusas que creo que os valdrán xD numero uno, estoy atosigada a exámenes, suerte que hoy termine el último, y número dos, como algunos ya sabréis empecé un nuevo fic y llevo 3 a la vez cosa que es muy difícil. Pero os prometo, que en cuanto termine los dos últimos capítulos de "Puede ser" tendré tiempo para actualizar más fluidamente y más de seguido. ¡Gracias a todos por vuestro apoyo y por dejarme un review semana tras semana! ¡Gracias! Sin más, os dejo leer:

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Capitulo 11

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Las semanas pasaron rápidas, las visitas de Ichigo eran algo más escasas debido a la precaución que debieron tomar en consideración a Senna. Esa joven parecía tramar algo, y nada bueno. Su vista se posaba las 24 horas en Rukia, y cuando estaba con Ichigo notaba como analizaba más minuciosamente la situación, pero por el momento no había ocurrido nada. Quizá lo único algo alarmante fuese la buena relación que empezó a entablar con la jefa de aquel lugar. Habían encajado bien y parecía que tenían bastantes cosas en común, hasta le otorgo una habitación mejor que la de Inoue, y eso que la pelinaranja llevaba mucho más tiempo que ella en la casa de las Shinigamis.

Decidió no darle vueltas, prefería no pensar en aquello ahora lo único que quería hacer era descansar y relajarse de una vez por todas. Desde aquella mañana se había despertado mareada y se encontraba bastante mal, Rangiku fue a avisar a Urahara que no iría a trabajar y por tanto, paso toda la mañana en su habitación. Ya era por la tarde, casi anochecía, y no sabía nada del mundo exterior o de lo que involucrase algo que estuviese fuera de su habitación, por lo que decidió salir a comer algo a pesar de su malestar.

Se levanto cuidadosa de su futón, lenta para no marearse de nuevo pero era difícil. Quedo quieta durante un momento, recuperándose y respirando hondo para empezar a andar tranquila al sentirse capacitada. Camino despacio y con los ojos cerrados por los pasillos, escondiendo sus manos en las mangas del kimono hasta llegar al salón. Cerró sus ojos de golpe al recibir tanta cantidad de luz directa en su rostro, tapándose con su antebrazo levemente.

Pestañeó un par de veces y miro de nuevo el panorama. Todas las muchachas estaban de un lado para otro, recogiendo el salón para recibir a algún escuadrón o alguien importante, pero ¿quién? Rukia no se había enterado de nada. Volvió a echar un vistazo a la sala, buscando a Rangiku y la encontró dándole instrucciones a las siempre alegres Inoue y Momo. Camino hasta ellas y mientras se acercaba, las dos muchachas se fueron rápido, lo más probable, a continuar preparando todo.

– ¿Rukia? – se giro, encontrándose con la morena. – ¿Qué haces aquí? ¿Te encuentras mejor? – pregunto apurada pero aún así, preocupada.

– Si, ya estoy mejor. – admitió mientras observaba todo el movimiento de la sala. – ¿Quién viene?

– No tengo ni idea, cariño. – suspiro agotada. – La jefa vino y nos ordeno ponernos a trabajar…¡Ah, por cierto! – dio un respingo al caer en cuenta de algo.

– ¿Qué?

– La jefa te buscaba, iba a ir ahora a avisarte. – explico.

– ¿La dijiste que estaba enferma?

– Si, pero dijo que aún así fueses. – ambas se miraron unos momentos, pensativas en lo que pudiese decirles.

– Esta con Senna, ¿verdad? – pregunto sentándose en el suelo debido a su malestar.

– Si… – la ayudo a sentarse, imitándola a su vez. – Creo que esto tiene que ver con ella.

– No me extrañaría… – bufo. Ambas se quedaron en silencio, hasta que Rukia sintió una arcada, llevándose sus manos a la boca para taparla.

– ¿Rukia? ¿Te encuentras bien? – una nueva arcada abarco a la muchacha que negaba con la cabeza. – Ven, vamos.

La ayudo a levantarse, ganándose la mirada de muchas chicas de allí y saliendo de la sala al instante. Llegaron a otra pequeña habitación, dedicada a las empleadas de allí, y la rubia alcanzo un cubo de metal a Rukia, quien no tardo en cogerlo y sentarse para vomitar una vez más. Rangiku comenzó a sospechar y observaba a la supuestamente "enferma" Rukia, terminando de echar lo poco que había comido en todo el día.

– Rukia… –la llamo preocupada.

– S-si… – alzo el rostro, limpiándose la boca con la manga del kimono y carraspeando levemente.

– Se sincera… – habló seria. – ¿Crees que estas enferma de verdad…?

– Yo… – miro hacia otro lado, agachando su mirada y clavándola al suelo. – N-no lo sé...

– Rukia… – la incito a que le contase lo que se le estaba pasando por la cabeza.

– Rangiku… el caso es… – empezó a juguetear con sus dedos, nerviosa. –… que… se me está retrasando, ya sabes… – miro a la mujer directamente a los ojos. –… la regla.

– ¿Cuánto tiempo se retrasa? – frunció el ceño preocupada.

– Una semana. – confesó en un susurro, apartando la mirada de nuevo.

– Pero… ¡Rukia! – la regaño suavemente. – ¿Tú no te cuidabas o qué?

– ¡C-Claro que sí! – volvió a enfrentarla nerviosa y titubeante. – Pero… desde que empecé con Ichigo… – hablo más bajo, ante la inquisitiva mirada de su amiga. –… me despiste unos días y bueno…– su voz se resquebrajo, incitando al llanto a aparecer.

– Rukia… ¿de verdad crees que tú puedas estar…? – supuso preocupada acercándose a ella, la cual tan solo asintió mientras unas lágrimas se escapaban de sus ojos haciendo que las manos de la morena tapasen sus ojos, frustrada, para ocultarlo. – Hey… no llores, cariño… – la abrazo reconfortantemente.

– Soy idiota Rangiku… – se desahogo rabiosa mientras se secaba las lágrimas. – ¿..Y si estoy…– reunió valor para decirlo. –… embarazada?

– No pasaría nada… – froto sus brazos vigorosamente para animarla y la miro fijamente a sus orbes violáceas, húmedas por las lágrimas. – ¿sabes por qué?

– …. – miro a la rubia, ansiando la respuesta.

– Porque tienes a alguien que te ama, a alguien que te quiere… – contesto tranquila. – Tienes a Ichigo, Rukia. Le tienes a él.

– Ya p-pero… ¿y si él no quiere…?

– No te martirices, todavía no has hablado con él. – la regaño. – Además, seguro que la idea no le desagradaría para nada. – animó a la morena.

– ¿T-Tú crees…? – pregunto desconfiada con un hilo de voz.

– Por supuesto. – afirmo segura de sus palabras. – Ahora anímate, cariño.

– Arigato, Rangiku… – abrazo a la voluptuosa mujer con cariño y fuerza.

– De nada, Rukia-chan. – froto su fina espalda sonriente. – Sabes que puedes confiar en mí.

– ¡Oh, vaya, vaya! Que conmovedora escena… – apareció por una de las puertas de aquella solitaria sala Senna, aplaudiendo sarcásticamente con voz fingida. Ambas se separaron de golpe, asustadas ya que la morena habría escuchado, posiblemente, toda la conversación. – Vaya, Rukia-chan. Quien lo diría…

– Maldita… – mascullo mientras apretaba el puño pidiendo paciencia.

– Muy mal, Rukia. – se acerco a ambas, quienes ya se habían levantado. – ¿Cuántas reglas has quebrantado…? – empezó a contar con sus dedos. – ¿Una? ¿Dos?... ¿¡Tres? – Abrió los ojos de golpe fingiendo sorpresa para después sonreír de medio lado. – ¿Cuáles son Rukia? ¿Qué normas has roto?

–….. – la morena tan solo estaba callada, cerrando fuerte los ojos y apretando los puños hasta el punto de que sus nudillos palidecieron.

– Bien, yo te las diré. – se preparo para enumerar, mostrando en dedo índice. – Una, la más importante: ¡Te enamoraste de un cliente Rukia! – espeto haciéndose la ofendida para después sonreír malévolamente. – Pero para colmo, desobedeciste otra norma más: Dejaste de cuidarte. – Rangiku observo a Rukia, quien ya estaba perdiendo la poca paciencia que tenía. – ¿Y sabes que conllevó incumplir esa norma? Claro, mírate… ahora seguramente estés embarazada.

– No te metas en asuntos que no te incumben, Senna… – amenazo intentando contener su rabia.

– A mi no me incumben… – comenzó a caminar hacia la puerta de nuevo. –… pero a la jefa seguro que sí. –sonrió de medio lado.

– ¿Q-Que…? – la sangre de la morena se heló al instante y la rabia se convirtió en miedo.

– En fin… – se apoyo en el marco de la puerta. – La jefa quiere hablar contigo. Ve rápido, yo mientras la pondré al día... – ordeno saliendo finalmente por la puerta.

Ambas mujeres se quedaron estáticas en su sitio. Los ojos violetas de Rukia permanecían abiertos, mirando asustados el suelo de madera. Rangiku también estaba igual de preocupada que Rukia, y miro angustiada a la joven quien parecía haberse quedado petrificada. Y no era para menos, esa chica había escuchado toda la conversación y ahora iba a contársela a la jefa, a la cual tendría que ir a ver en breves instantes.

– Ruk.. – la rubia iba a decir algo, pero esta no la dejo continuar.

– Ve a buscar a Ichigo. – hablo tajante y asustada. – Aquí va a ocurrir algo malo, Rangiku… búscale.

– C-Claro que sí Rukia. – accedió todavía sin llegar a procesar la situación.

– ¡Vamos! ¡Ve ya! – grito agobiada y asustada. – Corre, Rangiku… por favor. – suplico mientras las lagrimas amenazaban con brotar de sus cuencas.

– Si Rukia, enseguida voy, pero… ¿D-Donde…donde le busco?

–¡ Ve al cuartel, debe estar allí! – explico nerviosa.

– ¡Enseguida! – Abrazó a su amiga y salió corriendo de allí, dispuesta a buscar al pelinaranjo.

Rukia se quedo inmóvil, todavía sin llegar a creerse lo que se le venía encima. Quedo ahí quieta, sin moverse y con su mirada húmeda mirando el suelo. El corazón latía a mil por hora, desbocado y atemorizado por lo que pudiese pasarla. Apretó su kimono con fuerza y se resigno a lo que tenía que venir.

– ¡Rukia! ¡RUKIA! ¡¿Dónde está esa maldita niña!– la voz furiosa e histérica de su jefa se escuchaba desde el fondo de los pasillos, reclamándola violentamente.

Cogió aire para resignarse a lo que le esperaba, sintiendo sus piernas temblar y un nudo en la garganta que tan solo le permitió susurrar en un hilo de voz un nombre, el nombre de...

– Ichigo…

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La voluptuosa mujer corría por las calles del Rukongai, chocando con la gente y sin mirar atrás en ninguna ocasión. Estaba asustada, sabía de sobra lo que ocurría si una de las Shinigamis incumplía las normas y más Rukia, una de sus mejores chicas. Acelero la marcha ante sus propios pensamientos, todo lo rápido que sus piernas pudiesen avanzar. Su corazón se le saldría del pecho en cualquier momento, tenía miedo por lo que le pudiese pasar a su subordinada.

Paso corriendo frente la puerta de la tienda del matrimonio Urahara, más no se paró en ningún momento. Yoruichi, quien se encontraba barriendo la entrada y Kisuke, sentado en el recibidor mientras se abanicaba, pararon al instante y observaron como Rangiku no se paro ni a saludar. No paso desapercibido su rostro de preocupación y pavor, asique ya pudieron imaginarse de que trataba el posible asunto.

– Algo ha pasado. – hablo la mujer apoyándose en el palo de su escoba.

– Me temo que sí. – paro de abanicarse y miro el camino por el cual se perdió Rangiku. – Y creo que Kuchiki-san está involucrada…

– ¿Tú crees que… – se giro a mirar a su esposo. –…la hayan descubierto?

No dijo nada, se formo un silencio más que elocuente y ambos volvieron a dirigir su mirada a la calle donde ya no quedaba rastro de Matsumoto.

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Un golpe seco y después se desplomo sobre la madera del suelo.

– ¡¿Es cierto lo que dice Senna?

La furiosa mujer estaba de pié frente el cuerpo desplomado de Rukia, ante la feliz y atenta mirada de Senna desde la puerta. La joven no reaccionaba, su cuerpo temblaba débilmente mientras su mano se sobaba la mejilla impactada por la mano cargada de ira de la jefa. Sintió como poco a poco su rostro se bañaba en lágrimas y las palabras, aunque quisiese, no podían brotar de sus labios.

Estaba asustada.

– ¡Contesta! – perdió la poca paciencia que tenía y la agarro fuerte del pelo, haciendo que chillara de dolor. – ¿Estas embarazada de ese hombre? ¡CONTESTA! – espero a que respondiese, respirando brava y mirándola fijamente, pero esta no podía hacer nada más que llorar y sollozar. Volvía a ser débil.

Al ver que no contestaba perdió la paciencia, soltó su oscuro pelo empujándola de nuevo contra el suelo y quedando de pie, dando vueltas de un lado para otro pensando sobre la situación. La impotencia de Rukia hizo que sus manos se dirigieran hacia su vientre, temiendo que su incertidumbre fuese cierta. La longeva mujer miro de reojo la acción de la muchacha y gruño enfadada para después mirar a Senna, quien disfrutaba con la escena.

– Senna. – la llamo. – ¿Quién es el hombre…?

– Kurosaki Ichigo, señora. – delato.

– ¿El hombre de cabellos naranjas?

– Si señora, el mismo.

Las miradas volvieron a dirigirse a Rukia, quien se había incorporado contra la pared, observando a ambas mujeres con miedo mientras se secaba las lágrimas. Su cuerpo temblaba incontrolado y los gritos de la jefa seguro habían alertado a las demás chicas, pero ninguna tuvo el valor suficiente para entrar en aquella sala.

La mujer dio unos pasos hasta Rukia, con el ceño fruncido a más no poder y su rostro denotando fiereza. La morena tan solo se juntaba más contra la pared, intentando en vano retrasar lo que fuese a suceder. Finalmente, llego hasta ella y la levanto del suelo agarrándola del rostro y obligándola a mirarla fijamente.

– Rukia… – hablo de forma macabra mientras apretaba sus mejillas. – ¿te das cuenta de lo que acabas de hacer?

– L-lo siento… l-lo siento… – repetía incesante con un hilo de voz.

– ¡Has quebrantado la primera regla! – grito mientras la empujaba bruscamente contra la pared, todavía sin soltar sus mejillas. Los ojos de Rukia se cerraron, asustados por los gritos. – ¡Estaba terminantemente prohibido enamorarse de un cliente! – espeto furiosa. –¡A estado contigo de gratis! – volvió a gritarla, para después soltarla de una vez, haciendo que la morena se deslizase por la pared, ya que sus piernas temblaban y apenas respondían.

La mujer volvió a alejarse de Rukia, intentando recobrar la compostura mientras maldecía entre gruñidos. El rostro de Senna no podía parecer más feliz, y sus ojos miel se encontraron con los violáceos de Rukia, asustados y débiles, como nunca antes los había visto. Disfruto con ello.

El malestar de la joven, mezclado con los nervios de la situación provocó que esta empezase a marearse de nuevo. La jefa, miro de reojo a la muchacha, quien se llevo una mano a la boca, reprimiendo una arcada. Rezo porque no se hubiese dado cuenta, pero ese día la suerte no estaba de su parte.

– Y para colmo… – gruño en tono neutro, mirando una vez más a Rukia. – puedes estar embarazada.

– Señora, y-yo… – intento defenderse en un susurro.

– ¡Urusai! – mando callar furiosa. – ¡Rukia Kuchiki, más te vale no estar embarazada! – la miro con rabia. – Porque sino…– se alejo de ella, intentando calmarse. –… tendrás que abortar.

– ¿Q-que? – abrió los ojos de par en par y decidió defenderse. – ¡Pero las reglas… las reglas decían que en ese caso me expulsaríais! – grito nerviosa mientras se ponía a duras penas de pie. – ¡Échame entonces y punto!

– ¡Estás loca si crees que haré eso! – viro rápida sobre sus talones enfrentándose a Rukia. – ¡Eres una de mis mejores Oiran! – se acerco a ella furiosa. – ¡Antes que irte de aquí, abortarás!

– ¡NO! – se negó rotundamente mientras apretaba su vientre. – ¡No puedes hacer eso!

– ¡Si que puedo! – agarro la mano de la muchacha con brusquedad, apartándola del vientre y tiro de ella. – ¡Eres de mi propiedad hasta que un hombre te despose!

– ¡Y-Yo… y-yo… – se deshizo bruscamente del agarre. –… me casare con Ichigo!

– Já, no me hagas reír niña… – hablo irónica mientras Senna reía de fondo. –… ese hombre ha tenido lo que quería, ahora que estas embarazada no le sirves. – intento hundir a la morena.

– No es cierto… – susurro asustada. – ¡NO ES VERDAD! – chillo furiosa, llorando de nuevo.

– Si, Rukia, si. – se alejo de nuevo de ella, caminando hacia la puerta. – ¿Crees que un hombre, hecho y derecho, va a querer un hijo de una prostituta? – hablo vil y cruelmente.

– ¡URUSAI! – la mando callar, mientras que en su mente se repetía una y otra vez la frase de Ichigo "Confía en mi" .

La mujer rechisto mientras de fondo se escuchaba la puerta de la entrada seguida de la voz de unos hombres. Senna y la jefa se miraron mutuamente para después dirigir su mirada a Rukia, quien continuaba llorando, mirando el suelo y apretando de nuevo su vientre.

– Señora, los hombres que le dije ya están aquí.

– Bien, ve a atenderlos. – ordeno.

– ¡Hai! – hizo una reverencia y se dirigió corriendo a la puerta.

– ¡Senna! – la llamo de nuevo, haciendo que esta parase en el marco de la puerta.

– ¿Dígame señora?

– Quiero que escojas un hombre para Rukia. – la morena alzo la mirada asustada. – Esta noche tiene trabajo.

– Enseguida, señora. – ahora si, finalmente desapareció dejando a las mujeres solas.

– ¡N-no pienso hacerlo! – se negó rebelde.

– Lo vas a hacer quieras o no, ¿me oyes? – amenazo acercándose a ella. – Hoy vas a trabajar si no quieres que te ocurra algo malo.

– ¡N-No…!¡No! –continuó negándose pegándose más contra la pared.

– ¡Vamos! – la agarro de la muñeca bruscamente. – ¡Hoy te acostarás con quien Senna elija! – tiro de ella, caminando hacia fuera de la habitación aunque Rukia intentase zafarse. – Es más, ahora mismo vas a ponerte a ello. – confirmo tirando de ella.

– ¡N-No! – Se resistía, pero su esfuerzo era en vano... – ¡ICHIGO!

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– ¡Kurosaki!

Entro finalmente en el cuartel, agotada y agitada, buscando a gritos al pelinaranjo. Todos los que había en la sala se quedaron mirando a la voluptuosa mujer, todos sabían quién era y de donde venia. En la sala, había una persona quien quedo intrigado en saber el por qué de la visita de la mujer. Byakuya Kuchiki.

Se quedo desde lejos observando a la mujer, temeroso de que le hubiese ocurrido algo a Rukia, más no se acerco ya que sabía que no sería bien recibido. No obstante, Renji Abarai se encontraba en aquella sala y se acerco a la desorientada mujer, que no hacía nada más que buscar al oji-miel sin cesar.

– Eh, eh, eh ¿Rangiku? ¿Qué ocurre? – se acerco a ella, pasando una mano por su hombro para tranquilizarla.

– ¿Dónde… – respiro jadeante. –…donde está Ichigo?

– ¿Ichigo? – repitió confundido. – Pues está aquí, ¿por qué? ¿Qué ocurre?

– Es.. Es Rukia. – confeso nerviosa. Byakuya abrió los ojos e intento escuchar más sobre la conversación.

– ¿Qué? ¿La ha ocurrido algo malo? – pregunto preocupado.

– Ella… – iba a comenzar su relato, pero Ichigo apareció tranquilo por la puerta. – ¡Ichigo!

– ¿Rangiku-san? – se acerco hacia ella tranquilo. – ¿Qué ocurre?

– ¡Ichigo! – se abalanzo sobre él, agarrando el cuello de su kimono asustada. – Es Rukia… ella.

– ¿Rukia? – su ceño se frunció al instante y miro a la rubia preocupado. – ¿Qué ha ocurrido?

Byakuya intentaba enterarse de lo que ocurría, pero sus voces hablaban más bajo impidiendo cerciorarse de que todo fuese bien. Sin embargo, no dejaba de observarlos mientras que Nanao le hablaba sobre papeles y demás cosas, a las que él no prestaba atención.

Mientras tanto, Rangiku comenzaba a explicarle todo.

– Rukia está en problemas Ichigo, me dijo que te buscase.

– ¿En problemas? – pregunto asustado. – ¿Qué ha ocurrido?

– La jefa, ella… – titubeo nerviosa. – Lo sabe todo… – confeso.

– ¿Qué? – Exclamo Ichigo, mientras que Renji no terminaba de comprender nada.

– Pero...eso… eso no es todo Ichigo. – miro a Renji, indicándole que la conversación era privada y no tardo en irse tras una reverencia. El pelinaranja no dejaba de mirar impaciente a la rubia. – Ella… es posible que…

– ¿Es posible que…? ¡Rangiku! – hablo impaciente.

– Es posible que esté embarazada. – confeso rápido, dejando al joven en shock.

– ¿Q-que…?

– Ichigo… no tenemos tiempo. – tiro de su brazo alterada. – Tienes que ir, Rukia está en problemas… ¡Vamos! – le despertó de su trance.

– ¡Sí!

Decidido comenzó a correr, dejando a Rangiku atrás que intentaba seguirle casi sin éxito, hastiada de tanto correr antes. Dejaron a todos sin entender nada, Renji se quedo en la sala preocupado por lo poco que le había contado la rubia. Sin embargo, Byakuya no dejaba de observar la puerta por la que ambos se habían ido corriendo de golpe. Algo estaba mal con Rukia, eso era lo único que había alcanzado a escuchar, pero ¿Qué podía hacer él? No era bien recibido ni mucho menos y Rukia no querría verle.

– Capitán… ¿capitán? – la voz de Nanao le saco de sus pensamientos.

– ¿Qué…?

– Le digo que tiene que rellenar estos informes. – explico dándole una pequeña pila de papeles.

– Eh, si… enseguida. – los cogió sin dejar de mirar la puerta.

– Capitán, ¿está bien? – pregunto preocupada al ver lo absorto que se encontraba el hombre.

– Si… estoy bien…

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– ¡NO! ¡SUELTAME!

La morena seguía forcejeando, pero la fuerza de la jefa era considerablemente mayor, por lo que no pudo escapar. La arrastro prácticamente por los pasillos, ya que ella no cedía a caminar por su propio pié, hasta que llego a la puerta de su habitación con los estampados de Sakura, donde las esperaba Senna, con media sonrisa en el rostro. La mujer miro a la joven, mientras Rukia continuaba negándose.

– ¿Está todo listo? – pregunto.

– Si, señora. – hizo una reverencia y continuó hablando. – El señor Grimmjow-sama espera dentro.

– Bien. – dio un tirón a la muñeca de Rukia haciendo que quedase frente a la puerta. – Ahora harás lo que él te pida, ¿entendido? – amenazo.

– ¡No, por favor…! – se tiro al suelo suplicando a la mujer mientras se aferraba a su kimono. Su orgullo se había perdido por primera vez y solo por él, solo por Ichigo sería capaz de dejarlo a un lado. – Se lo suplico… – pidió con un hilo de voz. –… no me haga esto…

–Tendrás tu castigo por desobedecer las normas. – se deshizo del agarre de Rukia y abrió la puerta de su habitación, dejando ver al hombre de ojos celestes sentado en el futón. – Ahora, vamos… – susurro mientras la agarraba de su kimono y la metía en la habitación, dejándola de rodillas ya dentro. – Hola, Grimmjow-sama. – fingió una sonrisa y su voz cambio radicalmente.

– Hola. – saludo mirando a Rukia, quien se encontraba sollozando débilmente tirada de rodillas en el suelo.

– Esta es Rukia Kuchiki, señor. – la dio una leve patada para que se presentase, pero no hizo nada. Rio nerviosa y continuó hablando. – Es de las mejores que tenemos.

– ¿Por qué llora? – pregunto curioso.

– Emm, es solo que bueno… hoy esta rebelde y se resiste a trabajar.

– Ya veo… – sonrió ante la idea de que se resistiese.

– Por eso, hoy el gasto corre de la casa. – la vendió finalmente, haciendo que Rukia escondiese sus ojos tras su flequillo, frustrada y sintiéndose como un simple objeto.

– Está bien, no importa… – miro de nuevo a la morena. – me gusta que se resistan.

– Entonces perfecto. – dio unos pasos hacia atrás dejando a Rukia sola. – Los dejos solos. Que disfruten.

Dicho esto cerró lentamente la puerta, dejando a ambos solos. A la morena se le paró en seco el corazón, sus ojos se abrieron asustados por lo que iba a venir y por lo visto resistirse no serviría de nada, ya que a él le parecía mejor. Aún así no se lo pondría fácil, confiaba en que Ichigo viniese a rescatarla cual doncella en apuros.

Aquel siniestro hombre se acerco a ella y la agarro de la muñeca, haciendo que Rukia se alertase y alzase asustada el rostro.

– Bien, pequeña. – tiro de ella acercándola más a él. – Empecemos. – susurro mientras la tumbaba bruscamente.

– ¡N-no! – negó al instante, pero el pesado cuerpo del hombre ya estaba encima suya. – ¡Suéltame…!

– Acabamos de empezar… – sonrió de medio lado y beso lascivamente su cuello, haciendo que Rukia sintiera repugnancia. Comenzó a removerse, intentando quitársele de encima, pero el hombre la tenía sujeta por las muñecas sin darla posibilidad a mover sus extremidades. Pero eso no fue suficiente para hacerla desistir, siguió removiéndose. – Me gustan que se resistan… lo hace mas… – subió sus labios hasta su oído. – divertido. – susurro para luego succionar su lóbulo.

– ¡SUELTAME! – continuo moviéndose y gritando, pero el hombre le basto con una mano para sujetar sus muñecas, mientras que la otra la empleaba para toquetear y manosear el cuerpo de Rukia. Sintió miedo, mucho miedo. Era la primera vez en mucho tiempo que se volvía a sentir débil. – ¡NO! ¡DEJAME!

Cerró los ojos fuertes, sintiendo como era manoseada por aquel hombre sin ningún tipo de pudor. Se sentía sucia y asqueada, como si volviese a ser la primera vez que empezó en aquella casa. Otra vez volvió a sentirse mareada, pero pudo soportarlo por el momento. Necesitaba a Ichigo, tenía que volver rápido, tenía que salvarla… él, su héroe, su príncipe azul… ¿Dónde estaba?

– ¡Ichigo… por favor…!

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Corría como nunca lo había hecho, había dejado a Rangiku atrás hace bastante tiempo pero era lo que menos importaba, ella sabía cómo llegar sin problemas. Ahora tenía que ir por Rukia, ella era su prioridad. Acelero la marcha al llegar al camino de piedra, rodeado por los cerezos y diviso la gran casa, con las luces encendidas en el anochecer. Tenía que darse prisa.

Llego hasta las escaleras que subían a la casa y las subió raudo y veloz, saltándose escalones. Abrió la puerta y paro en el recibidor, donde no había nadie. Escucho algunas voces de hombres que provenían del salón donde siempre le atendía Rukia y corrió de nuevo hacia allí, abriendo de golpe la puerta.

Todos se le quedaron mirando, al verle con su rostro completamente preocupado y su ceño fruncido considerablemente. Jadeaba debido a haber corrido tanto, pero eso ahora era lo de menos. Con su mirada, buscaba a Rukia, rezando por qué estuviese en aquel salón sana y salva, más no la encontró. Sin embargo, la jefa de aquel lugar le diviso y camino hacia el con el ceño igual de fruncido y con gesto de desaprobación.

– ¿Qué haces tú aquí? – se puso delante de él, negándole la entrada.

– ¿Dónde está Rukia? – pregunto tajante.

– Rukia ahora mismo no está, y tú deberías irte.

– No me iré de aquí sin Rukia. – aparto bruscamente a la mujer y paso al salón, directo a la puerta que comunicaba con las habitaciones.

– ¡No puedes pasar! – grito siguiéndole por detrás, chillando incesante, pero Ichigo la ignoraba mientras corría rápido hasta la habitación de Rukia. – ¡HE DICHO QUE NO PUEDES PASAR!

Continuó sin hacerla caso y finalmente se fue acercando hasta la habitación de Rukia, de la cual se podían escuchar gritos de rechazo y suplicas que cargaban su nombre. Era la voz de ella, de su flor de nieve y estaba llorando. Había un hombre, escucho su voz mandándola callar, lo que le enfureció más. Alcanzo la puerta de estampados de Sakura y la abrió dejando ver a aquel extraño hombre sobre Rukia.

Tenía su rostro escondido en el cuello de ella, mordisqueándolo mientras sus manos acariciaban salvajemente las piernas descubiertas de la morena, quien se resistía entre llantos y gritos. Finalmente, Ichigo entro en la habitación haciendo que el hombre soltase sorprendido sus muñecas

– ¡Ichigo! – grito aliviada mientras se quitaba de debajo del hombre lo más rápido que podía.

– ¡Rukia! ¿Estás bien? – la atrapo entre sus brazos, apegándola contra su cuerpo.

– Ichigo… menos mal que viniste… – susurro contra su pecho.

– ¡Te dije que no podías pasar! – hizo aparición la jefa del lugar, gritando y encontrando a Rukia protegida por aquel hombre.

– ¿Qué demonios ocurre aquí? – pregunto el hombre de ojos celestes sin comprender nada.

– ¡Me llevo a Rukia! – hablo Ichigo mientras la escondía tras su espalda.

– ¡No puedes hacer eso! – espeto la mujer. – ¡Es mía!

– No. Rukia se viene conmigo. – confirmo confiado.

– ¡No te la puedes llevar…! – reto.

– Puedo y lo haré. – miro a Rukia quien observaba la escena asustada. – Me voy a casar con ella, por lo cual deja de ser de tu propiedad. – hablo serio, haciendo que todos abriesen los ojos de golpe, inclusive Rukia.

– ¿Qué? – pregunto anonadada la mujer. – ¿Vas a casarte con ella? ¿Con una prostituta? – espeto furiosa al ver que perdía su pieza más valiosa.

– Me voy a casar con Rukia Kuchiki. No con una prostituta. – corrigió valiente mientras abrazaba a la pequeña.

– Estás loco… – ataco confundida. – ¡Estás loco!

– Lo que usted diga. – la ignoro y camino hasta la puerta donde se encontraba. – Ahora, si no la importa, Rukia viene conmigo.

– Es imposible… no puede ser… – repetía para sí misma mientras era apartada por Ichigo.

Así, dejándola en estado de shock, salieron de la habitación. Rukia era arropada por el brazo de Ichigo, que se posaba en su hombro. Caminaban por el oscuro pasillo en completo silencio, hasta que la muchacha alzo el rostro para ver a Ichigo con su semblante duro y su ceño fruncido. Decidió preguntarle algo…

– Ichigo… – le llamo en un susurro. – Tú… ¿lo sabes? ¿Sabes que estoy…?

– Si. – confirmo tajantemente.

– N-no quiero presionarte… p-pero… – comenzó a titubear mientras se acercaban a la puerta del salón. – e-estas… ¿estás seguro?

– Nunca en mi vida había estado más seguro de algo. – afirmo tranquilo, dedicándola una mirada sincera.

– Ichigo…

La puerta del salón se abrió haciendo, una vez más, que todos los presentes se giraran a mirarlos. Orihime y Momo observaron a la pareja preocupadas pero al ver que ambos salían de allí hacia el recibidor sin que la jefa se opusiera, sonrieron tranquilas, significaba que por fin Rukia era libre…

Llegaron al recibidor y salieron finalmente de la casa de las Shinigamis, encontrándose con una exhausta Rangiku, quien al verlos subió rápido las escaleras. Cuando por fin estuvo arriba, arrebato a Rukia de los brazos de Ichigo, abrazándola fuerte y aliviada al ver que estaba bien. El pelinaranjo tan solo se quedo quieto observando tranquilo la escena.

– Menos mal que estas bien, cariño…. – suspiro aliviada apretando el abrazo y a punto de llorar. – Menos mal…

– Rangiku… – se acurruco en la mujer, derramando algunas lágrimas. – por fin… soy libre..

– Eres libre, Rukia… – la abrazó fuerte llorando finalmente. Era normal, su gran amiga se iba de su lado. – Me alegro tanto por ti…

– Rukia… – la llamo Ichigo, haciendo que ambas se separasen secándose las lágrimas rápidamente. – está oscureciendo, será mejor que vallamos pronto…

– Hai… – volvió a mirar a Rangiku y volvió a abrazarla. – Te voy a extrañar tanto…

– No vas a ser la única… – apretó finalmente el abrazo para separarse de ella y mirarla. – Pero me alegro de que por fin vas a ser feliz…

– Tenías razón, Rangiku… – acabo cediendo, dándola la razón sonriente.

– Por supuesto… yo siempre tengo razón. – bromeo haciendo que ambas rieran levemente. – Ahora ve…– la morena asintió con la cabeza y se acerco de nuevo al pelinaranjo. – Ichigo.

– Hai.

– Cuídala bien, por favor. – rogo haciendo una reverencia.

– Por supuesto…. – sonrió sincero.

– Adiós muchachos…

– Adiós. – se despidió Rukia mientras comenzaba a bajar las escaleras. – ¡Vendré pronto a verte! – alzo la voz a medida que bajaba las escaleras. – ¡Te lo prometo! – finalizo mientras la rubia se despedía con la mano.

Finalmente, la pareja se perdió entre los cerezos y la oscuridad, dejando a Rangiku sola en lo alto de las escaleras. Agacho su mirada y suspiro cansada, una última lágrima rodo por su mejilla. Se había quedado sola, otra vez. Pero no, no iba a deprimirse, sabía que la morena nunca la dejaría sola, ambas estaban allí para la otra siempre que quisieran, no tenían que preocuparse.

– Sé feliz, Rukia. – sonrió ampliamente mientras se adentraba en la casa de las Shinigamis. – Se feliz…

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– ¡Ya estoy en casa!

El pelinaranjo abrió la puerta de su humilde casa, avisando de que había llegado. Nada más entrar, un rico olor inundo el olfato de la pareja. Unos segundos después apareció Yuzu, alegre y con su cuchara de palo en la mano, sonriendo de oreja a oreja.

– ¡Bienvenido Onii-chan! – abrió los ojos y diviso la pequeña figura de Rukia tras él. – Onii-chan ¿Tenemos visita?

– Eh… hai. – afirmo mientras se llevaba la mano a la nuca, rezando por que su padre no apareciese.

Imposible.

– ¡Ichigoooooo! – al momento apareció su padre, enérgico como siempre seguido de Karin, quien estaba tranquila. Se iba a lanzar a su hijo, pero al ver a Rukia paró en seco y la observo fijamente. – ¡Vaya! ¿Quién eres? – se acerco a ella, sosteniendo sus finas manos y sonriendo ampliamente. – ¿Eres mi nuera? ¿Eres la que aguanta al pesado de mi hijo?

– ¡Oe! ¿A quién llamas pesado? – regaño mientras le proporcionaba un golpe en la cabeza.

–¡Hijo, eres tan cruel! – Se quejo sobándose la cabeza, pero por arte de magia se recupero y se puso "serio" – ¿Y bien? ¿Quién es la invitada? – pregunto tranquilo.

– Es Rukia… emm… – miro a la aludida para después dirigir la mirada al frente, donde toda su familia. –… mi prometida. – confeso sonrojándose y mirando hacia otro lado.

A todos se les desencajo la mandíbula. No daban crédito a lo que estaban escuchando, ¿prometida? ¿Desde cuándo? Sin embargo, les embriago un gran sentimiento de felicidad que al instante hizo que todos sonrieran de forma tierna y sincera.

– Así que por eso estabas tanto tiempo fuera de casa… – cavilo Karin.

– ¡Estoy tan orgullosoooo! – chillo Isshin abalanzándose contra la pareja y abrazándoles fuerte.

– ¡Viejo, s-suéltame! – intento resistirse pero su hermana, Yuzu, se incorporo al abrazo.

– ¡Kyaaa! ¡Por fin podré ser tía! – chillo feliz.

Aquel comentario provoco que Rukia e Ichigo se mirasen algo extrañados. Cuando soltaron el abrazo Isshin dio una palmada en el hombro a ambos, sonriéndoles y aprobando su relación.

– Enhorabuena a ambos.

– ¡Si, si! ¡Enhorabuena Onii-chan, Rukia-chan!

– Enhorabuena, Ichi-nii, Rukia-chan…– felicito esta vez la morena más tranquila pero en el fondo igual de ilusionada que los demás.

– Arigato. – agradeció Rukia cortésmente haciendo una reverencia.

– ¡Oh! ¡La comida! – advirtió Yuzu al oler la cena que parecía estar quemándose. – ¡Karin-chan, ayúdame!

– Hai, hai…

Las gemelas se fueron rápidas a atender el tema de la comida mientras que la pareja e Isshin se quedaban en el recibidor, sin decir nada, hasta que el padre decidió romper el silencio.

– Bien muchachos, os dejo que os acomodéis. – dio una palmada en el hombro a su hijo y camino hacia la cocina. – Os espero para cenar.

– Hai…

Otra vez se quedaron solos y en silencio. Era algo incomodo ya que no habían tenido tiempo de hablar nada e Ichigo ya había hecho oficial su compromiso. Pero lo más importante, todavía no habían hablado sobre su posible embarazo. Llevó, una vez más, sus manos a su vientre y lo acarició con suavidad para después mirar a Ichigo.

– Ichigo… – le llamo.

– Shh… ven. – cogió delicadamente su mano y la guió hasta el piso superior, hasta su habitación. – Siéntate…

– Hai. – le obedeció mientras se sentaba en el tatami de aquel lugar, seguida de Ichigo. Se miraron fijamente, sin decir nada hasta que Rukia decidió que debía dar el paso. – Ichigo, yo…

– Rukia. – la corto, haciéndola callar. – ¿es cierto?

– Es… es posible que este… – comenzó a explicar apenada y algo triste. – pero Ichigo… si tu…s-si tú no quieres yo-

– Cállate. – no la dejo hablar más y la abrazó fuerte entre sus brazos. La morena al sentirse aceptada y protegida se acurruco en el, escondiendo su rostro feliz en su pecho. – Yo si quiero… – susurro. – ¿entiendes? Asique no digas tonterías…

– L-lo sé… – se separo de él para continuar hablando. – Es solo que… no quiero arrastrarte a casarte conmigo solo por que pudiese estar embarazada… – finalizo en un susurro y apartando la mirada.

– Rukia. – tomo su rostro entre sus cálidas manos y la acerco a sus labios, besándola tiernamente para después juntar sus frentes y mirarse fijamente. – Te quiero, y quiero casarme contigo por eso… ¿entendido?

– H-hai…

Ahora empieza tu nueva vida Rukia…

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Bien, ¿Qué tal? Me quedo algo largo, pero mejor. Senna es una perra sin escrupulos y la jefa otra igual, pero en fin… ¡Ichigo nuestro salvador vino al rescate! Rukia renunció a su orgullo por Ichigo y suplico, rogo e incluso lloro al ver que tenía que entregarse a otro hombre que no fuera Ichigo, hay es donde quiero mostrar el lazo que hay entre ambos. Espero que se halla visto. Emmm Rukia, embarazada, bien. No se si a todos os parecerá bien o que, pero el fic será así y lo siento a quien no le guste, sigo la trama de mi historia jajajaja. Pero aún así, espero que me dejéis vuestras opiniones en un review. ¿Si? ¡Venga, que no cuesta nada! :D

Os recomiendo que empecéis a leer mi nuevo fic "Aprender a vivir", lo estoy empezando y bueno, quisiera saber que os parece :)

No molesto más, os dejo tranquilos que escribáis mi review. (:

¡Gracias por leer!

Besos

SMorphine