Disclaimer: Junjō Romantica no me pertenece, si no a Shungiku Nakamura. Solo tomo prestado sus personajes para satisfacción mía y de mis lectores, obviamente, todo sin fines de lucro.

My Warrior

Capitulo 3


El reino Kamijō era rodeado de verdes valles y numeroso cerros, al mismo tiempo que había reinos mas pequeños cerca. Las distancias entre el reino Kamijō y otro llevaban de dos a tres días, todo dependía en cómo estaba el clima. Más había un camino que todo viajero evitaba y advertía cualquiera que se atreviera a cruzarlo.

El camino mas rápido de llegar al reino Isaka era cruzando una montaña que, a simple vista, parece como cualquier otra montaña. Pero de boca en boca se corrían los rumores de lo traicionera que en verdad era. Otros decían que estaba maldita y otros juraban haber visto a un brujo lanzando conjuros hacia los viajeros. Varias eran las historias, más nadie podía confirmar nada, pero aun así los viajeros preferían usar un camino más largo que arriesgarse a pasar por la montaña.

"Con o sin brujo, la montaña es traicionera," se comentaba en una cantina de un pueblo a mitad de camino "Idiotas son los que se quieren hacer los valientes e intentan cruzarla."

"No he sabido de alguien que la haya cruzado por completo."

"¡Es por obvias razones que nadie la ha cruzado! Lo más seguro es que mueran o se regresan."

Los clientes bebían mientras seguían discutiendo, eran muchos quienes se encontraban en el grupo. Solo un hombre cubierto de una capa negra y un sombrero que ocultaba su rostro, sentado solo en la mesa de una oscura esquina, se reía de todo lo que escuchaba de la boca de aquellos hombres. Uno de ellos, sintiendo que el extraño solo se burlaba de todo ellos, volteó a verlo con una cara de pocos amigos.

"¿Qué es lo que te causa tanta gracia?" preguntó molesto.

"De todas sus tontas palabras," le contestó sin miedo el hombre y todos los demás clientes voltearon a verlo con enojo "¿Qué nunca se han puesto a pensar que todo puede ser obra de una banda de ladrones?"

"¿Ladrones?" el primer hombre se echó a reír "¡Ha, vaya iluso!"

Los demás también se echaron a carcajadas, pero eso no hizo que el hombre en la esquina se avergonzara sino hasta mostró una sonrisa mucho más grande. Se levantó de su lugar y fue hasta la barra donde se encontraban el grupo de hombres que se reían de él. Colocó varias monedas de oro sobre la mesa y todos los hombres callaron al mismo tiempo.

"Vino para todos," le ordenó al cantinero "Yo invito."

"¡Vaya, vaya! De haber sabido antes que el viajero es muy generoso," se oye un comentario "Pero ni con eso nos convencerás, chico. Ladrones… ¿para qué querrán una estúpida montaña?"

"No intento convencerlos, caballeros," dice el hombre mientras toma la copa de madera llena de vino y se pone de pie "Se oyen muchas historias sobre la montañas, yo solo aporte la mía."

"Tienes muchas imaginación, pero ladrones existen en muchos lados," otro hombre comenta "Además, si así fuera, pues que estúpidos. Una montaña puede más que ellos."

Sostiene con fuerza su copa pero nadie parece notarlo, "En ese caso, propongo un brindis por todos ustedes."

Todos alzaron sus copas con gritos de alegría y bebieron el rojizo líquido hasta el fondo. Mientras bebían, las luces del local se apagaron, al igual que de todo el pueblo. Segundos después, gritos de terror se escucharon por todos lados pero duraron solo algunos minutos. Cuando no se escuchaba nada más, poco a poco la cantina se fue alumbrando pero se sentía un calor sofocante.

El hombre de la capa se mantenía de pie en el mismo lugar, mientras que a su alrededor había sangre y los cuerpos sin vida de los clientes. Dejó caer la copa al suelo y se limpió los labios con su mano al mismo tiempo que mostraba una sádica sonrisa. Rápidamente tomó las ganancias de la cantina y salió del lugar antes de que este se desplomara gracias al fuego.

Lo que quedaba del pueblo estaba siendo consumido por las llamas al mismo tiempo que borraba cualquier rastro. Aquel hombre la capa atravesaba el pueblo hasta llegar donde más de cien hombres se estaban reuniendo con mercancías robadas de los hogares en sus manos.

"Buen trabajo, muchachos," les felicitó y todos rieron orgulloso "¿Algún sobreviviente?"

"Mujeres y niños, señor," le contestó uno "No eran muchos, huyeron hacia las colinas."

"Qué lástima," comentó el hombre de la capa con sarcasmo "Al menos me ahorraran el trabajo de correr el rumor. Larguémonos de aquí."

Todos comenzaron a caminar siguiendo al hombre de la capa, alejándose del incendio y dirigiéndose hacia la montaña. Fue cuando el líder decidió por quitarse el sombrero, dejando ver su cabello corto y rubio, ojos color miel y con una sonrisa orgullosa en su rostro. Uno de los bandidos le entregó su espada y este la amarró fuertemente en su cinturón.

"Hablando de sobrevivientes, pero espero que no siga con vida," se dirigió a un hombre que se encontraba a su costado "¿Alguna buena noticia del ataque al castillo?"

"Uno de nuestros hombres que pudo escapar llegó con la noticia después de que usted se fuera para el pueblo, señor, pero…" le explicó a su líder y después calló u momento antes de continuar "El príncipe sigue con—"

Desfundó su espada y con rapidez la colocó en el cuello de su subordinado, interrumpiéndolo bruscamente. Todos lo demás hombres detuvieron el paso y miraban la escena con terror. "Vaya imbéciles que son, no pudieron con un plan tan sencillo como ese."

"¡El plan fue ejecutado correctamente, señor!" explicó fuertemente y mirando con miedo a la espada "¡Pero no contaban con que un soldado se encontraba cerca del príncipe en ese momento!"

"¿Soldado? ¿Para qué estaría un soldado cerca de un príncipe?" preguntó molesto el líder.

"Al parecer es su nuevo guardián personal…" volvió a contestar el aterrorizado hombre.

El rubio mantuvo la espada alzada cerca del cuello del otro por unos segundos más, cuando la bajó, el hombre suspiro aliviado de que su líder le había perdonado la vida. Guardó su espada y se quedó con el rostro serio, pensando profundamente. Poco después mostró su sonrisa burlona y se volteó para mirar a sus hombres, quienes lo miraban con confusión.

"Tal parece que optaron por el mismo método como lo hacen con el príncipe del reino Isaka," dice el hombre de cabellos rubios "Pero con o sin guardián, el reino Kamijō caerá, al igual que todos los reinos que lo rodean."

"Nos preocuparemos después del principito consentido," continuó hablando y siguió el camino hacia la montaña "Que se confíen un poco, mientras nos encargaremos de los reinos Isaka y Usami. Después, cuando menos se los esperen… todo el valle nos pertenecerá a nosotros."

oOOo

El sol ya se estaba ocultando mientras la familia real cenaba en el comedor real. El príncipe se encontraba de buen humor por lo que había decidido hacer presencia a la hora de la cena. Los reyes se sorprendieron en grande cuando vieron a su hijo entrar a la sala seguida de su guardián, pero decidieron no interrogarlo y solo le agradecieron que los acompañara esa tarde.

Miyagi también se alegró de ver ese suceso, pensando que tal vez su idea de un guardián estaba afectando el humor del príncipe de manera positiva. Mientras la familia se acomodaba en sus respectivos lugares, el consejero llevó al joven pelinegro hacia la cocina.

"Tardarán un buen rato ahí sentados," le explicaba a Nowaki mientras entraban a la enorme cocina "Come algo y recupera energía."

"¿Pero qué hay de su majestad?" preguntó el soldado de ojos azules, mientras volteaba hacia la mesa donde los reyes se encontraban conversando con el heredero.

"Tú sabrás cuando regresar cuando ellos estén a punto de terminar, solo no dejes de mirar a tu alrededor," contestó Miyagi y le hizo un ademán con la mano en señal de que le siguiera.

Cruzaron la enorme cocina, donde Nowaki se sorprendió lo grande que era y la cantidad de gente que trabajaba en ella. El consejero real lo llevó hasta otra habitación donde había una mesa muy larga y varias sillas, todos los muebles hechos de madera. En la pared que estaba hasta el otro extremo, al fondo de la habitación, se encontraba una réplica de la pintura de la familia real.

"Este es el comedor de todos los que trabajan en el castillo," le explicó "Puedes venir aquí cuando gustes, le diré a alguien que te traiga algo de cenar."

El pelinegro mayor lo dejó solo al soldado en el comedor por unos momentos y mientras hablaba con una de la sirvientas, Nowaki se acercó al cuadro. Nunca antes había visto el cuadro original en el castillo, pensando que estaba en alguna sala que aun no conocía. La pintura mostraba al rey más joven, pero con la misma intensidad en su mirada; la reina también se notaba más joven, lo que aún conservaba era esa calidez en su sonrisa; Hiroki parecía tener la misma edad que el soldado en la pintura, no sonreía, tenía la misma expresión seria de la primera vez que lo conoció.

"Ah, recuerdo los días en que pintaron ese cuadro," escuchó una voz comentar. El soldado miró detrás de su hombro y encontró a consejero real "Días antes de que el príncipe cumpliera los dieciocho. Esas eran tardes tranquilas…"

El soldado miró a Miyagi con confusión pero no se atrevió a preguntar. Se escuchó la puerta abrirse y ambos hombres voltearon hacia esta. Dos sirvientes aparecieron con platos de comida en manos y los colocaron sobre la mesa.

"¿Gusta que le sirvamos de cenar, Miyagi-san?" preguntó uno de los sirvientes.

"Si, pero llévenla a mi oficina," contestó y ambos sirvientes asintieron al salir del comedor, miró al joven a su lado "Tengo mucho trabajo pendiente así que te dejaré por ahora. Mi oficina está en el ala sur, por si se te ofrece algo."

Le dio una pequeña palmada en la espalda y salió del lugar. Nowaki le siguió con la mirada hasta que el consejero se retirara, después tomo asiento frente a la comida y comenzó a comer tranquilamente. Por su parte Miyagi cruzó la cocina y salió de esta por una puerta diferente a la que había entrado junto con el joven de ojos azules. Se dirigió directamente hasta su oficina mientras pensaba en todo el trabajo que tenía terminar. Suspiró cansadamente antes de saludar a los guardias que resguardaban las puertas de su oficina, quienes le saludaron con una pequeña reverencia. Cuando entró a la habitación se sorprendió al ver que el lugar no estaba desierto.

"Vaya, hasta que al fin llega," escuchó una joven voz que le daba una 'grata' bienvenida.

Miyagi recorrió su mano sobre su cabello al ver al hijo del general sentado en una de las sillas que se encontraba frente a su escritorio. Había olvidado por completo que a medio día debió hablar con el adolescente, pero se había quedado viendo al príncipe practicar con la espada junto con su guardián. Ahora su trabajo pendiente tendría que esperar un poco más.

"Lamento que tuvieras que esperar hasta ahora," se disculpó mientras caminaba hacia "Hubieras mandado a alguien para que me llamara."

"Lo hice, pero al parecer la chica que vino era nueva ya que no sabía quién era el consejero real," dice malhumorado el adolescente de ojos grises "No sé cómo pueden contratar sirvientes tan inútiles."

"Hablaremos de eso después," el consejero cambia el tema repentinamente "Supongo que ya sabes el por qué tu padre te mando hablar conmigo."

Shinobu desvía un poco la mirada, "Si…"

"No quiero que esto te parezca un interrogatorio, así que solo habla y veré como puedo ayudarte con eso," el chico frente suyo se quedó callado "Tómate tu tiempo."

"Regresé de la academia militar…" comenzó a hablar el castaño mientras miraba fijamente al consejero con el ceño fruncido "Por una razón."

"Bueno si no te molesta decírmela—"

"Estoy enamorado de usted," le declaró, interrumpiendo al sorprendido pelinegro, quien miraba al hijo del general con la boca un poco abierta. Shinobu bajó un poco la mirada "Es el destino."

"¿D-Destino?" preguntó aun más confundido.

"Lo ha olvidado, ¿verdad?" pregunta sonando un poco decepcionado.

Miyagi no dice nada por unos minutos y el hijo del general solo lo mira esperando una respuesta, "Siendo sincero tengo muchas cosas que pensar para acordarme de algo en específico."

Shinobu vuelve a bajar un poco la cabeza, esa no era la respuesta que él quería escuchar.

"Entonces, ¿esa es la razón por la que regresaste de repente?" pregunta algo incómodo el pelinegro.

"Nunca quise ir a la academia militar, pero cuando mi hermana anunció el compromiso que tenía con usted… simplemente tomé mis cosas y me fui," responde sin levantar la cabeza "Y regresé al enterarme que habían roto el compromiso, de ahí supe que era el destino."

"¿Eso es a lo que llama destino?" piensa el consejero real mientras suspira "¿Acaso tienes idea de lo que estás diciendo? Soy un hombre y fácil te debo doblar la edad, no tiene caso que le estés jugando ese tipo de bromas a la gente."

"¿Usted piensa que solo me saldría de la escuela militar y tomaría tres días de camino, sabiendo cómo está amenazado el reino, solo para jugarle una broma a alguien?" responde sin seguir mirando al hombre frente suyo, quien simplemente se queda pasmado por la respuesta y vuelve a respirar profundamente.

"Bien entonces, ¿qué quieres que haga?"

Sube la mirada y con el ceño fruncido contesta, "Tome responsabilidad."

Miyagi mira al adolescente frente suyo con sorpresa y confusión. ¿Responsabilidad? ¿A qué se refería con eso? Definitivamente no entendía a la juventud, ni mucho menos al joven frente suyo. De verdad que se estaba convirtiendo en una amenaza, de repente llegar a atacar sin previo aviso.

"Terrorista…" pensaba el pelinegro.

Shinobu se levanta de su lugar sin decir nada, sorprendiendo al consejero, quien por dentro ya se estaba sintiendo aliviado de que el joven ya se retiraba. Pero no esperaba que este le volviera a dirigir la palabra.

"Mi padre me debe de estar buscando," caminó hasta la puerta y la abrió, pero antes de salir por esta volteó a ver al consejero "Espero que piense bien en cómo se va a responsabilizar."

El hijo del general salió de la oficina cerrando la puerta, dejando a un problemático Miyagi. Ahora no solo tenía que lidiar con un rey y su reino en peligro, ahora tenía que preocuparse por un terrorista que solo venía por él. Definitivamente tenía el peor trabajo del mundo.

Continuara…


Espero que les haya gustado.

Algo que quiero aclarar, ya que hay quienes creen que abandono los fics porque tardo en actualizar. No soy de las que actualizan cada semana, lo hago cada mes y si es que tengo tiempo o inspiración. Si llegara a abandonar un fic les haría saber primero, por ahora no tengo planeado dejar nada inconcluso.

Hablando de avisar… al parecer no actualizare hasta agosto ya que me voy de vacaciones y quise publicar esto antes de irme. Así que los reviews son más que bienvenidos.

Mata ne~