Disclaimer: Junjō Romantica no me pertenece, si no a Shungiku Nakamura. Solo tomo prestado sus personajes para satisfacción mía y de mis lectores, obviamente, todo sin fines de lucro.
My Warrior
Capitulo 4
Si cruzas el bosque frondoso y sigues tu camino por las praderas donde los granjeros cultivan el maíz y algunas verduras, llegaras por lo menos en dos días al territorio del reino Usami. Un reino no muy grande como el reino Kamijō pero sigue siendo unos de los reinos mas influyentes y poderosos del valle, pero que eso no te confunda, siempre se ha dicho que uno no debe confiarse por las apariencias.
El rey Fuyuhiko era un hombre de negocios y sabía cómo mantener la economía de su pueblo estable, aunque eso le puedo haber beneficiado para agrandar su reino, él era un hombre que buscaba la paz y solo hacía alianzas con los reinos vecinos, lo que hacía que los productos hechos dentro de su reino fueron exportados hacia otros rincones del valle.
Podía decirse que era un buen gobernante, pero solo los que trabajaban dentro del castillo podían asegurar que no era un buen padre o al menos lo intentaba. Siendo padre de dos hijos varones, Haruhiko el primogénito y Akihiko el menor, los amaba por igual y quería lo mejor para ellos aunque sus métodos fueran algo despiadados en su necesidad de cumplir con ello. Esto hizo que ambos hermanos se odiaran y crearan una rivalidad entre ellos.
No necesariamente peleaban por la atención de su padre o por la corona. Era por ley que el primogénito debería ser quien fuera coronado al morir el padre y a Akihiko eso no le molestaba en lo absoluto ya que, después de tantos años de convivir con el príncipe Hiroki, el menor de los Usami estaba decidido que él tampoco quería ser rey. No le importaba lo que sería de su vida después de negar la corona, eso era antes de que el príncipe de cabellos castaños le convenciera de ser escritor.
El príncipe de cabellos plateados tenía un don para la escritura y nunca había pensado ser escritor o publicar alguna de sus obras, pero desde que su amigo de la infancia descubrió unos pergaminos donde el peli plateado tenia escrito sus obras este no le ha dejado de insistir. Al final, le prometió a su amigo que lo haría.
El plan parecía que funcionaría, hasta que su padre le llegó con la noticia que su hermano Haruhiko contraería matrimonio con una princesa extranjera y que se convertiría en el rey de aquel lejano reino, dejando el presente reino Usami en sus manos.
"¡Esto ha sido una noticia directamente del paraíso!" exclamaba feliz el rey "Ahora podré descansar en paz sabiendo que mis dos hijos serán reyes."
"Yo no seré rey," anunció seriamente el príncipe de cabellos plateados.
"¡Pero claro que lo serás! ¡Tu hermano—!"
"Entendí lo que me dijiste, padre," le interrumpió "Pero aun así no me convertiré en rey, renuncio a la corona."
"¡¿Cómo puedes decir semejante barbaridad?" preguntó furioso el gobernante y después se dio cuenta de algo "Ya veo… el príncipe del reino Kamiyō debió envenenarte la cabeza con su locas ideas de renunciar al trono."
"Tal vez, pero esta es una decisión que he tomado desde hace tiempo."
"¿Y qué pretendes hacer, eh? ¿De qué vivirás?" preguntó el rey mirando desafiante al menor de sus hijos, quien no cambió su expresión ni se sintió sumiso ante esa mirada.
"Eso no te incumbe, ya que es algo que nunca entenderás," respondió directamente haciendo que su padre su pusiera aun mas furioso.
Golpeó fuertemente la mesa de escritorio con el puño, "¡He tenido suficiente! ¡Te convertirás en rey quieras o no! ¡Y créeme que haré que eso se cumpla!"
Akihiko salió mudo del estudio del hombre que se hacía llamar su padre después de esas palabras. Ya no quiso discutir con el rey porque sabía que era inútil. Estaba cansado y solo quería alejarse lo más que pudiera de todo lo que tuviera que ver con el reino, coronación y sobre todo de su hermano.
Empezó a caminar a grandes zancadas por los pasillos del castillo hasta sus aposentos y al girar en una esquina no se fijo que alguien más caminaba por esos rumbos, haciendo que ambos cuerpos chocaran. El príncipe supo mantener el equilibrio, pero la otra persona no tuvo la misma habilidad ya que había caído al suelo sobre su trasero y las sabanas sucias que traía en mano estaban esparcidas a su alrededor.
Levantó la mirada y al darse cuenta que uno de los príncipes estaba frente suyo se pudo de inmediato de pie e hizo una reverencia mientras se disculpaba, "¡Lo siento su majestad! ¡Todo fue mi culpa!"
El peli plateado se le quedó mirando al joven de cabellos castaños que tenía enfrente, supo de inmediato que se trataba de un sirviente pero estaba seguro que no lo había visto antes por el palacio. Cabello de color castaños, grandes ojos verdes y quien debería tener unos dieciséis años… aunque los sirvientes estaban obligados a ser discretos y no llamar mucho la atención, el joven enfrente al príncipe era alguien que llamaba la atención sin crear gran revuelo.
"Solo ten cuidado la próxima vez," dijo tranquilamente Akihiko y comenzó a caminar nuevamente, pasando a un lado del sirviente "Y recoge todo esto."
"¡S-Si señor!"
Antes de alejarse más, el peli plateado miró nuevamente al joven de reojo para intentar recordar sus facciones. Ya tenía idea de cómo averiguar sobre el adolescente y solo podía contar con una sola persona para ello. Inmediatamente se dirigió hasta la oficina de la mano derecha de su padre, el consejero real Tanaka, quien recibió al joven príncipe con gran sorpresa.
"Príncipe Akihiko, no todos los días tengo el placer de recibirlo en mi oficina."
"Seré breve, Tanaka," dijo el príncipe mientras veía la pila de papales que tenía el consejero sobre su escritorio "Entiendo que mi padre lo ha tenido ocupado."
"Así es, su majestad," asintió el hombre "Pero dígame su majestad, ¿qué se le ofrece?"
"¿Han tenido que contratar nuevos sirvientes?" preguntó el peli plateado, sorprendiendo un poco al consejero real.
"Bueno con los preparativos de la boda de su hermano hemos tenido que reclutar mas personas," contestó "¿Por qué lo pregunta?"
"Un chico. Cabello castaño, ojos verdes y debe tener como dieciséis años, ¿cuál es su nombre?" preguntó sin rodeos y Tanaka solo sonrió después de escuchar la descripción.
"Ese debe ser Misaki, es hermano menor del joven Takahiro, quien trabaja en los establos. Estoy seguro que hoy es su primer día en el castillo."
"Entiendo. Gracias por la información, Tanaka," se despidió del consejero real y salió de la oficina para dirigirse, ahora sí, hacia su habitación.
No entendía por qué le estaba dando importancia sobre la identidad de un simple sirviente, una persona que solo tenía trabajos y ordenes que atender, pero esos grandes ojos verdes le habían llamado mucho la atención. Una pequeña sonrisa se dibujó en el rostro del príncipe, tal vez podría divertirse un poco con el adolescente y así conocerlo más. Siempre podría ignorarlo cuando se aburriera, pero por el momento tendría un poco de diversión dentro del castillo.
oOOo
El príncipe se sorprendió al notar que, desde hace varios días, no se ha podido topar nuevamente con aquel sirviente de ojos verdes. Por lo que una tarde canceló todas las lecciones que tenía ese día, dando por excusa que solo quería dar un paseo por el castillo cuando en realidad fue en búsqueda del adolescente.
Tras recorrer la mitad del castillo, decidió tomar un descanso en el jardín privado de la familia real. Fue tal su sorpresa al encontrarse al susodicho sirviente mirando asombrado la fuente que se encontraba en medio del jardín, la cual era una escultura de una joven de largos cabellos, vestida con un simple vestido, y cargando un jarrón en manos. A su alrededor estaban unos querubines con jarrones en manos y el agua de la fuente salían de ellos.
"Impresionante, ¿no es así?"
El adolescente asintió y después se puso rígido al reconocer la voz de la persona que se encontraba detrás de él. Lentamente volteó el rostro y se encontró cara a cara con el menor de los príncipes.
"¡Ah, majestad!"
"Ya tienes el honor de sentirte halagado después de haber conocido a mi madre," dijo el príncipe mientras miraba la fuente.
El sirviente volteó de nuevo para ver la escultura, prestando atención a la mujer. Supo inmediatamente que no era la viva imagen de la difunta reina, ya que había visto pinturas de ella por todo el castillo, pero ahora que lo notaba podía ver cierta semejanza con el menor de los príncipes.
"¿M-Majestad…?" intentó decir algo pero no encontraba las palabras correctas, no quería sonar insolente frente a un miembro de la familia real.
"Misaki," le llamó el peli plateado mirando al castaño, quien no pudo evitar sonrojarse un poco "Ese es tu nombre, ¿cierto?"
"S-Si, su majestad," respondió nerviosamente.
"Este lugar está fuera de los límites de muchos de los sirvientes, a excepción de los jardineros," explicó el príncipe y Misaki solo bajó la mirada.
"¡Lo sabía! Sabía que no duraría más de un mes trabajando dentro del castillo," pensaba el sirviente de ojos verdes "Lo siento hermano, te fallé."
"No diré que te encontré rondando por aquí," continuaba el príncipe "Solo por esta vez."
Levantó la mirada, sorprendido por la oportunidad que le estaban dando, y sonrió. "¡Gracias, su majestad!"
Akihiko sintió como la sangre se le subía a sus mejillas al ver esa hermosa y sincera sonrisa, y para que el otro no pudiera notarla, desvió su cabeza hacia el otro lado rápidamente.
"Pero tengo que asegurarme que te ganaste el derecho de ser perdonado," dijo sin voltear a ver al joven "Desde mañana trabajaras como parte de mis sirvientes personales."
"¿Eh?" sus ojos se abrieron completamente "¿Sirviente personal? Hermano… ¿en qué lío me he metido?"
Los príncipes contaban cada quien con un pequeño número de sirvientes que solo deben servir a su correspondiente príncipe y cumplir cualquier capricho de este. El rey lo había ordenado pensando que así tendría a sus hijos bien atendidos y así poder concentrarse mejor en como gobernar un país. Al igual que, cuando cualquiera de los príncipes saliera del reino, sus sirvientes personales deberían partir con ellos.
Entre los mismos sirvientes del castillo decían que ser un sirviente personal era un trabajo demasiado esclavizado, ya que era cumplir todos los caprichos de los hijos del rey. Por más absurdo que fuese y tenía que ser seguido a como fue ordenado. Además, las salidas de los príncipes fuera del reino normalmente eran inesperadas, por lo que se tenía que estar preparado para cuando eso pasaba.
Pero Misaki no podía imponerse ante la palabra del príncipe, ya que su libertad y su vida dependían de un hilo. Ya que al negarse, podría ser encarcelado en las mazmorras o ser sentenciado a muerte, dependiendo en que humor se encontraba el rey. Así fue como el joven de cabellos castaños se convirtió en parte del equipo de sirvientes personales del príncipe Akihiko.
oOOo
Cuando llegó con su hermano con las nuevas buenas, este no pudo decir mucho. Solo se limitó a sonreírle a su pequeño hermano y desearle buena suerte, agregando que ahora tendría una mejor paga. Eso era lo único que le confortaba al adolescente.
Al día siguiente, muy temprano en la madrugada, Misaki se presentó en el comedor de los empleados del palacio donde le esperaban los otros tres sirvientes personales del príncipe y el consejero real. Se le dio un nuevo uniforme y un par extra, diciéndole que tenía que usarlo diario y mantenerlo impecable.
Usó un pequeño almacén para cambiarse y notó que el uniforme le quedaba un poco grande. Cuando le hizo saber al consejero, este le contestó que se hizo a propósito ya que probablemente crecería y el uniforme le quedaría a la medida. Misaki lo entendió y no dijo más al respecto.
Tanaka les dio instrucciones generales y los mandó a su primera tarea, que era preparar el baño del príncipe. Mientras se preparaban, los viejos sirvientes se presentaron ante el adolescente de ojos verdes y le desearon la mejor de las suertes.
"Trabajar para el príncipe Akihiko no es tan pesado," comentaba uno de los sirvientes quien se llamaba Yasuo, un joven no mayor de treinta años, cabellos negros y tez morena "Tienes suerte de no haber sido elegido por el príncipe Haruhiko, he escuchado que trata a sus sirvientes como animales."
"¡Yasuo!" le regaño una rubia de ojos azules "Si alguien llega a escucharte—"
"Tranquila Fumie, no hay nadie más aquí," le interrumpió el sirviente quien llevaba mas tiempo trabajando para el príncipe, Fudo, un hombre a mediados de los treinta de cabellos castaños claros y con un extraño color de ojos, que eran como de un color verde olivo "Anda y termina de calentar el agua."
"El príncipe Akihiko si no se encuentra tomando sus clases, normalmente se la pasa en la biblioteca real todo el día," le continuó explicando Yasuo a Misaki mientras doblaban las toallas "Le preparamos el baño, estamos presentes en sus clases de arco y flecha al igual que de espada, cuando va a montar a caballo… eso es lo básico. Cuando se encierra en la biblioteca solo nos aseguramos de llevarle la comida y la cena, y estar pendiente por si no se le ofrece algo. Fuera de eso, todo es bastante tranquilo."
Para su suerte, el primer día de Misaki fue bastante tranquilo pero sabía que no siempre sería así. En los siguientes días, cuando tenían que estar en las clases del príncipe, las horas parecían pasar demasiado lento y solo luchaba contra sus parpados para no quedarse dormido. La única clase a la que le gustaba asistir era en la de arco y flecha, donde siempre terminaba maravillado por la puntería que poseía el peli plateado.
Una tarde, varias semanas después de empezar a trabajar como sirviente personal, le tocaba al adolescente de ojos verdes llevarle el almuerzo al menor de los príncipes a la biblioteca. Tocó la puerta antes de entrar y esperó a que le autorizaran la entrada. Después de escuchar la voz del príncipe, abrió la puerta y entró a la habitación.
"Le traigo el almuerzo, su majestad," dijo mientras dejaba la charola de comida sobre una mesa.
"Veo que te has acostumbrado a tu trabajo, Misaki," le llamó Akihiko mientras colocaba el libro que estaba leyendo sobre sus piernas "Puedo decir que te has merecido el perdón."
"Se lo agradezco, su majestad," sonrió y dio una pequeña reverencia.
Levantó nuevamente el libro y regresó sus ojos hacia la lectura, "¿Sabes por qué te dije ese día que tenías el placer de haber conocido a mi madre?"
Misaki se sorprendió ante la repentina pregunta del príncipe, pero antes de que pudiera contestar, el peli plateado continuó.
"Como lo habrás pensado, no soy hijo legitimo de la reina, solo mi hermano. Mi padre tuvo una aventura con una doncella con quien estuvo ciegamente enamorado y quien quedó embarazada. Tuvo tanta suerte el maldito que la reina también estuviera embarazada y que ambas dieran a luz el mismo día. El hijo de la reina nació muerto y mi madre murió en el parto, por lo que decidieron hacerle creer a la reina que yo era su hijo."
El adolescente se quedó perplejo a lo que le estaba contando el príncipe, no sabía por qué le estaba contando todo esto y sentía que no merecía saberlo.
"Mi padre mandó hacer esa fuente en nombre de la única mujer que había amado y la reina nunca sospechó nada, o eso es lo que creen. Si yo sé todo esto es porque ella seguramente llegó a descubrirlo, pero no dijo nada por el bien del reino."
"¿Por qué me está diciendo todo esto, su majestad?" preguntó quedamente pero el peli plateado escuchó perfectamente.
"Confío en ti Misaki," respondió sinceramente "Solo eso."
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"Excelente puntería, su majestad."
Sus sirvientes personales aplaudieron al ver como el daba en el blanco con el arco y flecha a ciento cincuenta kilómetros de distancia. Había decidido practicar distancias más largas por lo que salieron a terrenos fuera del castillo con una escolta de soldados que se encontraba cerca de ellos.
Los aplausos y las felicitaciones no hacían feliz a Akihiko, porque sus empleados ya conocían su buena puntería, lo único que lo alegraba era la cara de asombro que hacia Misaki cada vez que daba en el centro. El adolescente había cambiado algo en el príncipe que solo pocas personas se habían dado cuenta, y pocas solo se limitaba a dos personas: Tanaka y Fudo; las únicas personas que conocían bien al joven príncipe.
"Trescientos metros," ordenó el príncipe y dos sirvientes movieron el blanco a la distancia indicada.
Una brisa se soltó haciendo que hojas de los arboles salieran volando y el peli plateado esperó a que esta se calmara para poder hacer su tiro. Por su parte, el joven de ojos verdes tuvo la sospecha que esa brisa no solo anunciaba la venida del otoño, sino pudo sentir que algo no estaba bien.
El viento se detuvo y el príncipe se preparó para lanzar, manteniendo los ojos fijos en el centro del blanco. Los sirvientes se mantenían en silencio por lo que pudo escuchar perfectamente un ruido que lo hizo cambiar de dirección y disparar hacia su derecha. El sonido de un hombre gritando de dolor fue lo que soltó la segunda flecha… y no precisamente del arco del príncipe.
"¡Misaki!"
Akihiko había sido quien había gritado su nombre, pero este fue rodeado por los escudos de los soldados impidiéndole moverse de su lugar. La flecha iba directo hacía él y cerró los ojos esperando el impacto… el que nunca llegó. Cuando abrió los ojos, encontró al hombre de tez morena enfrente de él con la flecha incrustada en su pecho.
"¡Yasuo!" gritó espantada Fumie, mientras observaba como su compañero caía en césped y Fudo corría hacia él.
"Yasuo-san… ¿por qué?" preguntó aun en shock el más joven de los sirvientes.
"Mi-saki…-kun…" intentaba hablar el herido y Fudo le gritaba diciendo que no hablara para que ahorrara energías, pero el joven no le hizo caso "Tienes una v-vida… por delante… n-no como un… p-pobre diablo co-mo… yo… cuida d-de su majestad…"
Fueron sus últimas palabras antes de dar un último aliento. La rubia gritó por última vez mientras lloraba por la muerte de su compañero. El mayor de los sirvientes solo bajo la cabeza mientras con su mano le cerraba los ojos a Yasuo. Misaki aun no podía creer lo que había presenciado y las lágrimas comenzaron a salir sin control de sus ojos verdes.
Akihiko había visto todo desde su lugar, resguardado por soldados, mantenía su rostro serio pero sus manos se había hecho puños. No solo se lamentaba de la muerte de uno de sus sirvientes personales, si no de que se sentía culpable de que el adolescente de cabellos castaños tuviera que pasar por todo eso.
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"El atacante llevaba consigo un nota, su majestad," le informaba el general al rey y a los dos hijos presentes "Dirigida a usted y amenazando al reino."
El rey suspiró ante las noticias dadas, "Parece ser que los terroristas no solo pensaban amenazar al reino Kamijō si no a todo el valle, ¿no han llegado noticias del reino Isaka?"
"No, su majestad," respondió el soldado de alto rango "Pero hemos mandado las alertas al reino Isaka como lo ordenó."
"Bien. Puede retirarse, general," el hombre dio una reverencia y salió del estudio privado del gobernante "Con tu prometida fuera del reino no queda más remedio que suspender la boda, Haruhiko, es muy arriesgado que cualquiera salga o entre del reino."
"No es a mí a quien quieren muerto," habló el primogénito "El que será rey de estas tierras es Akihiko. La muerte de uno de sus inservibles sirvientes sirve como prueba."
"No es momentos de sus peleas que ya he tenido suficiente," el rey dijo antes de que el peli plateado pudiera responderle a su hermano "No pienso arriesgar la vida de ninguno de los dos pero temo decir que el castillo no sea suficiente para protegerlos. Por lo pronto los mandaré a ambos al reino Elden."
"No pienso ir con él," reclamó el menor refiriéndose a su hermano "Ni muchos menos ir al lugar donde se convertirá en gobernante."
"Ni si quieras estas invitado, Akihiko."
"Silencio," les ordenó "Ustedes en verdad que hacen las cosas más difíciles. Me pondré en contacto con los reyes del reino Kamijō e Isaka para decidir cuál será el mejor lugar para mandarte Akihiko."
Los dos príncipes estuvieron satisfechos con la decisión y salieron de la habitación para dejar a su padre en sus asuntos. El peli plateado pensaba ir a su habitación pero decidió averiguar cómo se encontraba Misaki, quien seguramente estaba en el funeral de Yasuo junto con los otros sirvientes.
"¿Vas a ir a tu difunto sirviente?" preguntó burlonamente su hermano.
"Déjame en paz," le contestó mientras comenzaba a caminar por el pasillo hacia el oeste.
"Escuché que te has llevado bien con uno de tus sirvientes, ¿cuál era su nombre?" decía mientras caminaba detrás de él "Oh si, Misaki. Sería una lástima que no pudieras llevártelo contigo a donde quiera que te lleven."
Detuvo sus pasos y volteó a ver desafiante al primogénito, "Me has quitado muchas cosas, Haruhiko, pero tocas a Misaki y no llegaras a tu propia boda."
"¿Es acaso una amenaza?" preguntó sarcásticamente "Bien, acepto tu reto."
Continuara…
Capítulo dedicado a la pareja Romantica… y vaya que me salió largo.
Pero lo que debería hacer es ponerme de rodillas y pedir perdón por haberme tardado… lo siento perdí la cuenta, en fin… mucho tiempo en actualizar. Regalo de Navidad atrasado y publicado antes de que se acabara el año.
Mi disculpa sería más larga pero tengo que madrugar en el último día del año, el trabajo me llama.
Feliz super atrasada Navidad y Próspero Año Nuevo 2012.
P.D. Second Chance espero tenerlo actualizado más tarde pero, lamentablemente, no puedo prometer nada.
