Yuki no Hana
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Bien, siento mucho la espera pero bueno no he tenido mucho tiempo para escribir y la imaginación, ya sabéis…¡pero bueno! Aquí estoy otra vez y os traigo un capitulo con humor, amor y… ¡si! LEMMON. Quienes no les guste el lemmon absténgase de leer, pero es bastante suave y romántico, aparece al final casi y bueno…. Ahí lo dejo para que leáis:
AVISO: LEMMON.
Capitulo 13
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Por fin, de una vez por todas, se había deshecho del apellido Kuchiki. Ahora era la mujer de Ichigo Kurosaki, aquel hombre que llego a su vida sin avisar y no quiso marcharse de ninguna manera. Y ahora se alegraba de que hubiese sido así, porque ahora podía tener la vida que siempre deseo… una vida tranquila, normal y con amor.
Mucho amor.
Ya era un hecho que Rukia esperaba una criatura, había pasado un mes y, aunque el vientre todavía estaba algo plano, su periodo continuaba sin aparecer, además que más de una mañana se despertó con nauseas y mareos. Pero gracias a Dios, el día de su boda con el Kurosaki fue normal y se encontró en condiciones para disfrutar de aquel día.
Celebraron una pequeña e intima boda en el templo, donde solo los más allegados a la familia fueron. Fue rápida y transcurrió tranquila, sin ningún percance. Rukia sintió un cosquilleo en el estomago al escuchar su nuevo nombre: Kurosaki Rukia. Sonrió disimuladamente, mirando de reojo a su marido, quien continuaba esperando impaciente a que el ritual terminase.
Por fin terminaron, ya era un hecho que eran marido y mujer, hicieron una reverencia ante el sacerdote y se levantaron despacio mirando hacia la gente que se encontraba allí. Llegaba a ser cómico, aunque la mayoría llorase. ¿Cómico? Rangiku abrazaba a Inoue y Hinamori, derramando lágrimas de felicidad, al igual que las dos jóvenes. Pero eso no era todo, si girabas hacia el lado de la familia de Ichigo, el panorama no era muy distinto. Isshin y su hija menor, Yuzu, se abrazaban mejilla contra mejilla llorando de igual manera que Matsumoto, sin embargo el padre de familia alzaba el pulgar orgulloso hacia su hijo.
La pareja se miro divertida y ambos pensaron lo mismo "No tienen remedio…."
A simple vista, los únicos que resaltaban en aquel lugar eran Karin y Renji, ya que eran los únicos que mantenían la compostura en aquel lugar, mirando a todos con sus cejas arqueadas y sonriendo de medio lado. Y lo mismo ocurría con el matrimonio Urahara, quienes observaban con cariño y diversión la entrañable escena.
Todo había sido rápido, demasiado para ser sinceros. La improvisada boda se celebro en menos de un mes, Rukia ya esperaba un hijo del Kurosaki, aunque esto fuese secreto para casi todos. Habían conseguido una casa en el Inuzuri, el barrio de Karakura donde vivió su infancia Rukia. Aquel lugar cambió mucho con el tiempo, lo que antes era un barrio de pobreza y delincuencia paso a la historia. Ahora gente honrada y normal habitaba en aquel lugar, por lo que Rukia convenció a Ichigo para ir allí. No fue muy difícil…
El pelinaranjo tomo la mano de Rukia, dándola un suave apretón y dedicándola una tierna sonrisa, para después caminar fuera de aquel lugar, seguido de todos los llorones de aquel lugar quienes les seguían para darles las felicitaciones. El patio de aquel templo estaba en plena primavera, hacia un tiempo agradable, los rayos del sol se colaban entre las nubes alumbrando los cerezos en flor que adornaban toda la entrada.
Rangiku se abalanzo contra su ojo derecho, asfixiándola más fuerte que las anteriores veces, estrujándola entre sus voluptuosos pechos y llorando en el acto, mientras Rukia intentaba separarse en vano.
– ¡Rukia-chaaaaaan! – lloraba desconsolada, apretándola más contra sí. – ¡No puedo creer que te vayas de mi lado!
– R-Rangiku… no… n-no… me dejas…respi…rar… – todos a su alrededor rieron ante la escena y la contemplaron con cariño.
Pero no eran los únicos que observaban la escena. Desde detrás de uno de aquellos arboles de Sakura se encontraba él… aquel que por remordimientos velaba por la felicidad que el mismo le había robado una vez… su hermano, Byakuya. Nadie se percato de su presencia, y no lo harían ya que el moreno cerró los ojos y hizo una reverencia con la cabeza.
Le deseo todo lo mejor y se fue de aquel lugar de la misma forma que vino… sin que nadie le viese.
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Todos se encontraban en la casa de los Kurosaki, celebrando el matrimonio de la pareja. Isshin insistió en que se celebrara allí, ya que la casa de los recién casados aún no estaba del todo terminada, servía para lo básico nada más. Por lo cual, allí se encontraban los mismos del templo, la mayoría bebiendo.
Bueno, la mayoría no… Dejémoslo en Rangiku e Isshin, quienes habían congeniado demasiado bien.
– ¡Kurosaki-san! – bramo divertida y borracha la voluptuosa mujer, abrazando al padre de Ichigo. – ¡Brindemos otra vez por los recién casados! – alzo su vaso de sake.
– ¡Buena idea, Matsumoto querida! – hablo de igual forma, quizá más escandalosa, pasando su brazo por el hombro de la mujer, como si fuese un amigote más. – ¡Bri.. Brindemos!
–Ya han brindado como diez veces… – musito Ichigo, observando la escena con una ceja arqueada, al igual que Rukia.
– Déjalos, ya se cansarán…
No tardaron ni medio segundo en beberse ese vaso de sake, y menos aún tardaron en volver a llenárselo. Todos observaban a aquella embriagada pareja con una sonrisa incomoda y una gotita de sudor colgando de sus sienes.
– ¡Ara, ara! ¿Quieres más sake, Kurosaki-san…? – pregunto la rubia y sin esperar respuesta le lleno el vaso.
– ¡Claro que sí, Matsumoto! ¡Tenemos… tenemos que celebrar! – alzo el vaso.
– ¡Sí! – asintió la mujer emocionada y bebiendo su vaso.
– ¡Por fin mi hijo se caso! – se arrastro hasta su hijo, abrazándole por el cuello. – ¡Ya era hora desgraciado!
–…. – Paciencia, Ichigo estaba manteniendo la paciencia solo por ese día. La pelinegra le miro de soslayo, rogando que no se le acabase tan rápido.
– Ahora… ¿¡Cuando me daréis nietos! – chillo eufórico y riendo, mientras gateaba de nuevo hacia su gran amiga Matsumoto.
La pareja se tenso al instante, y se miraron fijamente para después dirigir su vista a Rangiku, temiendo que pudiese desvelar el secreto debido a su borrachera, ya que era la única que lo sabía. Rezaron por que mantuviese la boca callada.
– ¡Uuuuh Kurosaki-san! – comenzó a reír tapándose la boca. – ¡Seguro que muy pronto! ¡Nee muchachos!
– ¡Eso espero! ¡Pero no solo uno… dos! – Gesticulaba con los dedos – ¡NONONO! – Rectifico – ¡Una camada de nietos! – abrió sus manos indicando inmensidad y se cayó hacia atrás.
Ichigo y Rukia suspiraron aliviados, no se había dado cuenta de nada y Rangiku no se fue de la lengua con ese tema. Acabaron sonriendo ante la escena, y luego sus miradas volvieron a cruzarse. La morena se abrazo al brazo de Ichigo, apoyando su cabeza en su hombro.
– Le haremos feliz pronto a ese viejo… – susurro dulcemente mientras de fondo se escuchaban las conversaciones y gritos sinsentido de aquel dúo cómico borracho.
–No solo a tu padre… – dirigió su mirada a las hermanas de Ichigo, quienes hablaban amenamente con las otras dos jovencitas. – Supongo que a todos los que están aquí… – La mirada de ambos fue divagando por las personas de la casa, el matrimonio Urahara, bebían tranquilos mientras hablaban con Renji, habían entablado una buena amistad.
– Si, tienes razón…
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– Bueno, nos vamos.
Ya era tarde, la noche ya cubría la ciudad de Karakura y todos se iban de la residencia Kurosaki. La despampanante Matsumoto llego a su límite y sus dos jóvenes subordinadas la cargaban como podían, hasta que Renji se ofreció a ayudarlas.
– Muchachas, cuiden bien a esta loca… – pidió divertida la morena a sus amigas.
– ¡Hai Rukia-chan! ¡Lo haremos! – Volvieron a cargarlas y se dispusieron a irse junto a los tenderos, agitando animadamente la mano. – ¡Adiós! ¡Cuídense!
– ¡Adiós! – termino de despedirse de sus amigos y se giro para ver a Ichigo, quien se encontraba en la puerta de su antigua casa.
– Si os da demasiados problemas ese viejo, llamadme. – les hablaba a sus hermanas pequeñas.
– Tranquilo Ichi-nii, el viejo no se levantará del suelo del salón hasta mañana. – hablo la morena divertida.
– Bueno, pues entonces nosotros nos vamos. – Rukia se acerco ahora a su esposo. – Vosotras dos, iros a dormir y cuídense.
– Hai – contestaron al unísono, entrando de nuevo a su casa.
La pareja se quedo en la oscura calle, sin escuchar más sonidos que el de sus pies contra la tierra. Caminaban juntos, tomados de la mano y felices de por fin estar juntos para siempre. La morena sonrió para sus adentros y miro a su esposo.
Kurosaki Rukia… sonaba muy bien.
– ¿Qué pasa? – pregunto tranquilo.
– Todo esto es tan irreal…
– Si, pero no lo es…
– Y me alegro que así sea… – apretó la mano de Ichigo. –… esposo. – le giño el ojo, sonriendo divertida.
– Y yo me alegro de que tú seas MI mujer. – hablo mientras la abrazaba contra el posesivamente. Sin cesar de andar. – Kurosaki Rukia.
– Kurosaki Rukia… – repitió en un susurro. – Me gusta como suena.
Llegaron por fin a su casa, aquella que en un pasado fue la que vio crecer a Rukia junto a su hermana. Ahora estaba en muchísimas mejores condiciones que entonces, hasta era algo más grande, pero aún así, era su antigua casa. Abrió la puerta y entraron al recibidor.
La morena cerró los ojos y respiro hondo, embriagándose de toda la felicidad que ahora le era devuelta de una vez por todas. El pasado quedo atrás y nunca más volvería a sentirse sola, tenía a Ichigo y en 8 meses tendría a su bebé. Todo era perfecto, no sentía miedo, no se sentía sola. Todo porque Ichigo, él, la protegía como nunca nadie lo había hecho.
Y ahí lo tenía, sus fuertes brazos rodeándola de forma cálida y reconfortante por su espalda, sintiendo los besos que le daba en la nuca.
Sonrió una vez más.
Se giro para poder verle mejor, y con sus pequeñas manos acarició su tonificado torso para después besarle con amor y ternura. Ichigo, obviamente, correspondió con la misma intensidad o más, apretando su pequeño y frágil cuerpo contra el suyo, rodeando su fina cintura con sus brazos.
Sus pulmones reclamaron aire, por lo que tuvieron que separarse. Se miraron fijamente, entre la oscuridad de aquella casa y el brillo de sus ojos fueron suficientes para expresar sus deseos. En silencio, Ichigo cargo a Rukia cual princesa de cuento, haciendo que esta se sostuviese de su cuello y camino al interior de la casa, perdiéndose en la oscuridad de los pasillos.
– Te amo, Kurosaki Ichigo.
– Te amo, Kurosaki Rukia…
Ambos sonrieron por el apellido que había utilizado Ichigo para llamar a Rukia, pero después con Rukia todavía en brazos, iniciaron un beso más intenso que el anterior. Camino a tientas hasta el final del pasillo y entro en una de las habitaciones que usaban para dormir, donde ya estaba el futón extendido, esperando a que la pareja derrochase amor sobre él.
Con delicadeza, y sin separarse ni un instante, Ichigo la deposito sobre el futón, temiendo romperla como si fuese la muñeca de porcelana más frágil del mundo. Se puso sobre ella y se volvieron a mirar fijamente, esta vez con una tenue luz que venía de la pequeña ventana de la habitación.
Si no hubiese hecho caso a Renji, sin no hubiese ido a aquel lugar, si no hubiese hablado con ella, si hubiese dejado que los prejuicios le influyeran no tendría entre sus brazos a una mujer como ella y habría sido el peor error de su vida. Pero digamos que, gracias al destino, ella ahora era su mujer, y en su vientre tenía un bebé que sería su descendencia. De eso estaba seguro y en ningún momento lo dudo.
La ropa había desaparecido, ahora tan solo querían sentirse vestidos con la piel y los labios del otro. Y no se hizo esperar, Ichigo comenzó como siempre por su fino cuello y lo beso con parsimonia y tranquilidad, deleitándose con su textura y con las caricias que las yemas de los dedos de Rukia le proporcionaban por lo ancho de su espalda.
Continuo su camino de besos hasta su clavícula mientras las manos de Ichigo acariciaban cada rincón del cuerpo de su ahora esposa. Podía escuchar sus suspiros de placer y como sus uñas se enterraban débilmente cuando aprisionaba uno de sus pechos entre sus labios. Continuó descendiendo por su costado, delineando su pequeña figura mientras hacía lo mismo con sus manos.
Pero paro y apoyo su rostro sobre un lado de su vientre, llamando la atención de Rukia quien se había incorporado ligeramente para observar al quieto pelinaranjo. Y al instante su corazón pareció darle un vuelco debido a la acción de Ichigo.
Su mano acariciaba arriba y abajo el levemente abultado vientre de Rukia, observándolo con la curiosidad de un niño pequeño y depositando suaves besos hasta su ombligo. Sus ojos se entrecerraron al observarle y en su cabeza volvía a formularse una pregunta… ¿de verdad Ichigo era real? Temía que fuese una vil broma de su mente, pero no… ahí estaba Ichigo expresando cuanto la amaba a ella y al fruto de su vientre.
No pudo más y sostuvo su rostro con cuidado, guiándole de nuevo hasta sus labios para besarlo con desespero y pasión. Solo Dios sabía cuánto amaba a ese hombrecillo y nunca pensó que alguna vez podría volver a amar.
El beso se intensificaba, haciendo que sus respiraciones se tornasen más agitadas y que sus deseos se acumularan con más impaciencia. La morena abrió sus piernas, dando espacio al pelinaranja para acomodarse entre ellas e invitándole a continuar. No tardo en hacerlo, pero como siempre, se introdujo dentro de ella con cuidado.
Siempre igual, parecía que quería protegerla de todo, inclusive de él. Idiota.
Se abrazó a su amplio cuerpo, reposando su cabeza en uno de sus pectorales y dejando que se moviese al ritmo que quisiese. Mientras ella gemía al ritmo de sus movimientos, el depositaba suaves besos en la parte que quedase a su alcance, esta vez su hombro. Sin duda, eso debía ser el paraíso y era solo para ella.
Los movimientos se hacían más rápidos y a ella le costaba más resistirse, por lo que se dejo caer contra el futón, arqueando su espalda y apretando las sabanas ante la atenta, y extasiada, mirada de Ichigo que al verla así, apoyo su antebrazo a un lado de su cabeza y su otra mano asiaba un muslo de la morena, aumentando la profundidad de sus embestidas.
Aprovecho la posición para besarla y ahogar el último gemido que daba paso a su orgasmo, pero aún así su lamento de placer pudo escapar de sus labios a duras penas.
– ¡Aahn, I-Ichigo!
Y ese gemido, junto con la presión de su interior, dio paso al orgasmo de Ichigo, derramándose en ella y respirando agitado, juntando su frente sudorosa contra la de su amante. Se quedaron así unos minutos, recobrando la compostura y el aliento, hasta que Ichigo se hizo a un lado llevándose a Rukia encima de él.
Como pudo, Rukia apoyo sus antebrazos en el trabajado torso de Ichigo, observándole fijamente con una leve sonrisa y sus ojos cansados. El pelinaranjo la miraba de igual forma, con un brazo tras su cabeza y su otra mano apartando ese dichoso mechón que siempre cruzaba el hermoso rostro de la pelinegra.
Un beso, otro… y otro más para después volver a mirarse tranquilos del todo.
– Señora Kurosaki. – la llamo divertido.
– Hmp, eso de señora me hace sentir vieja… – hablo cansada la morena, haciendo que Ichigo se carcajease levemente. – No vuelvas a llamarme señora… – advirtió desganada apoyando su rostro en el pecho de Ichigo.
– Esta bien, señora. – la morena se quejo adormilada, no tenía ganas de pegarle ni de regañarle, por lo que cerró los ojos intentando dormirse, pero Ichigo tenía otros planes. – Oe, Rukia…
– ¿Hmm…?
– ¿Qué nombre le pondrás al bebé…? – intento entablar una conversación con su adormilada esposa.
– Eso es sorpresa… – hablo divertida, pero todavía acostada sobre él intentando dormir.
– ¡Hey! Debo saberlo, soy el padre… – se quejo como un niño pequeño.
– No. – ahora le tocaba a ella rabiarle por haberla llamado señora.
– ¡Rukia! No es justo…. – la movió levemente. – Dímelo.
– No. – se negó divertida. – Es tu castigo por llamarme señora.
– No serás capaz…
– No te diré como se llamará hasta que nazca… – sonrió victoriosa, abrazándose más a él.
– Hmp, eres una enana cruel… – por tal apelativo, la morena le pellizco el costado haciendo que Ichigo diese un respingo para después sonreír. Como quería a esa mujer, con todas sus virtudes y defectos, la amaba.
Se imagino todo lo que podría pasar con ella en el futuro… una niña de ojos color miel y pelo azabache como su madre, o al contrario… de cualquier combinación seria hermosa… o quizá un niño como él, aunque no sé si eso sería una maldición o suerte, un Ichigo Kurosaki versión mini… daba miedo solo de pensarlo. Aún así, mientras fuese parte de Rukia sería perfecto…
Quien sabe lo que el destino tiene planeado, pero seguro que sería bueno…
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¡Bien! Aquí volví. Estoy viva y continuo actualizando. ¿Qué os ha parecido? Rangiku e Isshin se llevan bastante bien, ambos igual de fiesteros y escandalosos, me hizo gracia ponerlos juntos a armar de las suyas, pero bueno… ¡Por fin se casaron! Y ahora no tienen ningún problema con la casa de las Shinigamis, Rukia es completamente libre. Todo gracias a Ichigo. Aaains, Ichigo, tan tierno besando su vientre…. *.* Ame esa escena. Pero bueno.
¡ATENCION! :D
Ahora tengo una especie de concursito, ¿Cómo creéis que será el/la hijo/a de estos dos? Yo ya sé cómo será, pero a ver quien acierta! ¿Sera niña o niño? ¿Ojos violetas o ambarinos? ¿Pelo negro o naranja? Muaajajaja ¡Dejadme vuestras suposiciones y cuando nazca el bebé veremos quien ha acertado! Y el nombre, bueno… el nombre yo ya lo sé, porque busque un nombre con significado y este bebé va a tener un nombre con significado.
¡A ver quién gana! Solo tenéis que dejármelo en un review junto con vuestras dudas y opiniones. ¡Espero vuestros reviews!
Sin más, gracias por leer y comentar a todos!
Besos
SMorphine
