Yuki no Hana
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Siento la tardanza, pero aquí estoy con un capitulo cargadito de emociones y que espero que os guste. Dará saltos en el tiempo, espero que no se os haga difícil de comprender ya que lo he puesto de la forma más fácil, y bien, sin más os dejo leer y espero que os guste:
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Capitulo 14
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– ¿E-Estas segura…?
La voz temblorosa del pelinaranja sonaba nerviosa por lo que iba a hacer. Estaba tras de Rukia, frente a la puerta de su antigua casa, esperando a que la morena llamase a la puerta y que su familia saliese a recibirles.
– Ichigo, ya es hora de decírselo… ¡fíjate! – se giro y le enseño su ya abultada panza de 3 meses. – No creo que sean tan tontos de no haberse dado cuenta… quizá hasta ya lo sepan.
– ¿De verdad crees eso? – pregunto escéptico Ichigo mientras Rukia tocaba la puerta. –Rukia, mi padre me dijo que si estabas comiendo más de lo debido…
– ¿Qué? – se sonrojo y se giro de golpe, avergonzada.
– Cree que estas engordando y ya está… – Ichigo sonrió ante el sonrojo de la morena, pero aún así no se libraría de que lo continuase guardando en secreto.
Al contrario, al decirle que su familia pensaba que simplemente estaba gorda, la había alentado más para decírselo. Y era lo peor, porque en cuanto su padre se enterase, montaría una escenita vergonzosa sobre su virilidad, como siempre.
Pero ya no había vuelta atrás, cuando Rukia quería hacer algo, lo hacía y punto. Además, la puerta ya se abrió dejando paso a su alegre hermana rubia. Yuzu.
– ¡Onii-chan! ¡Rukia-chan! ¡Ohayo! – saludo alegre, abrazando a la morena con cuidado para después correr hacia el interior de la casa llamando a su otra hermana. – ¡Karin-chan! ¡Tenemos visita!
– A mi no me ha saludado… –musito Ichigo a modo de berrinche, entrecerrando sus ambarinos ojos.
– Normal, con esa cara de perro rabioso que traes siempre. – su esposa se carcajeo y entro tras de Yuzu, dejando a Ichigo con la boca abierta.
– Maldita enana…
Gruño, dándose por vencido y siguió a su mujer. Lo que decía era cierto, su estúpido padre, a pesar de saber medicina no había hecho ninguna suposición de embarazo. Estaba convencido que Rukia estaba engordando, aunque sus razones tenía para pensarlo… Rukia comía por diez, siempre repetía plato, cosa que hacía muy feliz a Yuzu. Pero aún así, ¿de verdad no sospecho nada?
Fuera lo que fuese ahora tendrían que explicárselo a toda la familia y esperar las reacciones. Sus hermanas se lo tomarían bien, especialmente Yuzu y su padre… ese era el que más miedo le daba…
– ¡Ichigoooo-! – el escandaloso hombre salto a por su hijo, quien con apartarse levemente hacia un lado esquivo a su pesado padre, haciendo que quedase incrustado en la pared. – Veo... ¡Veo que sigues teniendo buenos reflejos!
– Que molesto eres… – suspiro sobándose la nuca.
– ¡Rukia-chan! – rápidamente, y como si el golpe no le hubiese hecho efecto, se levanto y corrió hacia la morena para abrazarla. –¡Mi querida nuera! ¡Nunca podré agradecerte que hicieras a mi hijo un hombre! – grito con cascadas brotando de sus ojos y exasperando a su hijo.
– ¡Urusai, baka! –le dio otro golpe que lo alejo de Rukia y se sentaron en el salón.
– ¿Y bien Ichi-nii? ¿A que debemos esta visita? – Karin apareció en la sala, sentándose al lado de su hermana Yuzu, la cual servía un poco de té.
– Debemos comentarles algo.
– ¿Ocurre algo malo, Onii-chan?
– No, tranquila Yuzu… es algo… – Rukia miro a Ichigo de reojo y termino la frase con una sonrisa. –… bueno.
– ¿Ichigo, hijo mío, para cuando los nietos? – entro en escena de nuevo el patriarca.
– Siéntate, viejo. – tiro de el frustrado y cansado para hacerle sentar de una vez. – El caso es… – se rasco la nuca y miro a Rukia, quien se hacia la desentendida tomándose un té. – veníamos a hablar de eso.
Karin lo entendió a la primera, quizá era la única de la familia que lo sospechaba, y sonrió de medio lado. Pero sin embargo, su inocente hermana y su escandaloso padre no llegaron a entender nada. De tal palo tal astilla…
– ¿Sobre qué, Onii-chan? – la rubia preguntaba sin entender nada mientras Isshin tomaba un sorbo de su té.
– Es… emmm… Rukia… – empezó a sonrojarse levemente y maldijo mil veces a su esposa. Ella fue la de la idea de comunicarles la noticia y ahora se hacia la tonta dejándole toda la carga a él solo. – ella… está embarazada. – concluyo serio.
Y todo ocurrió como Ichigo había imaginado.
Los ojos de Yuzu se abrieron a más no poder, brillando de la felicidad y con una sonrisa de oreja a oreja, al enterarse que iba a ser tía. Karin, si, ella ya lo sospechaba… era demasiado lista para intentar ocultarle algo, asique se limito a sonreír levemente. Pero su padre…
Isshin escupió todo el té con los ojos abiertos, para a continuación gritar de alegría mientras se levantaba del suelo. Dio miles de vueltas alrededor, bailo con Yuzu, fue golpeado por Karin al intentar bailar con ella, apachurro a Rukia de improvisto y se dirigió a su hijo…
– ¡Ichigo, que feliz me haces! – le dio unas palmadas en el hombro – ¡Ya sabía yo que eras un Kurosaki! ¡Sí, señor! ¡Qué orgulloso estoy de ti! – continuó gritando emocionado. – ¡Los Kurosaki somos unos sementales, verdad hijo!
Suficiente, le estaba abochornando demasiado y la única forma de hacerle callar era mediante un buen golpe. Aunque ahora dudaba de su eficacia, ya que en menos de un segundo volvía a estar de pié y corriendo hacia Rukia para agradecerle el hacerle abuelo.
– ¡Rukia-chan! – consiguió llegar a ella. – ¡Por fin me vas a dar nietos! ¡Gracias, mil veces gracias! ¡Yo ya creía que mi hijo era impotente-!
– ¡URUSAI! – esta vez, Ichigo le dio más fuerte y si sirvió para mantenerle alejado durante un tiempo.
– ¿Y de cuánto tiempo estas, Rukia? – pregunto más tranquila la hermana morena.
– Eh… pues unos 3 meses más o menos. – confirmo haciendo la cuenta mentalmente.
– ¡Vaya, no perdéis el tiempo, hijo mío! – grito desde el suelo Isshin, ganándose una mirada asesina por parte de su descendencia y haciéndole callar al instante.
– Voy a ser tía, voy a tener muchos sobrinitos… – hablo por fin Yuzu, entusiasmada e ilusionada por la idea, pero sin llegar a creérsela del todo.
Todos estaban felices por la noticia, y eso aliviaba bastante a la pareja. Se miraron y sonrieron complacidos, todo parecía ir sobre ruedas y les hizo ilusión saber que la familia se haría más grande en poco tiempo y todos estaban de acuerdo…
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Después de salir de la casa de los Kurosaki se dirigieron al Rukongai. Todo le trajo nostalgia y recuerdos a Rukia, no todos buenos. Aquel lugar donde había conocido a grandes personas como Rangiku, las muchachas y el matrimonio Urahara, pero también donde había conocido a escoria sin corazón como Kaien.
Aquel lugar que la acogió cuando no tenia donde ir, aunque tuvo que pagar un alto precio por permanecer allí y no acabar en la calle en pleno invierno, acabando muerta. Sin embargo, en aquel lugar conoció a Ichigo, y se convirtió en su esposo… para próximamente ser el padre de su retoño. Quizá tuvo suerte, quizá fue el destino que después de tantas malas jugadas decidiera brindarle la felicidad de una vez por todas, pero de lo que estaba segura es que no lo iba a dejar pasar…
– ¿Ohayo? ¿Urahara? – la morena entro en la tienda, seguido de Ichigo, pero nadie contestaba. – ¿Hay alguien?
– ¿Crees que se hayan ido?
– No creo, no dejarían la tienda abierta… – la morena hizo uso de la confianza que el matrimonio Urahara le habían brindado y se adentro en la casa.
Llego hasta el pequeño saloncito donde siempre tomaban el té y escucho una conversación. Las voces parecían serias, pero no quiso cotillear por lo que abrió la puerta con cuidado para hacer presencia, encontrándose con una seria Rangiku y la pareja de comerciantes en la misma posición.
– ¿Rukia-chan? – hablo Rangiku, sonriendo levemente. –¡Que bien verte por aquí! ¿Qué tal sigues? – pregunto acariciándole la tripa.
– Bien, bien, estoy bien, ¿ustedes?
– Estamos bien, bueno… más o menos. – contesto la voluptuosa mujer sentándose en su sitio de nuevo.
– ¡Oh, Kurosaki-kun! Tu también estas aquí. Sentaos muchachos, no se queden de pie. – les animo el rubio con sombrero.
– ¿Ocurre algo malo? – los muchachos se sentaron alrededor de la mesa y observaron las caras largas de todos.
– Si, Rukia-chan…
– ¿Q-que ha ocurrido…? – tuvo miedo de preguntar, ya que no quería escuchar malas noticias. No ahora que su vida iba perfectamente.
– Se trata de la casa de las Shinigamis, ¿recuerdas a Senna? – como olvidarla… –Pues ha conseguido hacerse el control de la casa junto con la organización de los Espada. Aquellos hombres que vinieron esa vez…
– ¿C-como? Pero… ¿Qué hay con la jefa? – continuo interrogando sorprendida.
– Adivina… – todos agacharon la cabeza, mientras la morena se echaba las manos a la boca de la impresión.
– Oh dios mío… ¿no me digas que la han…? – no pudo continuar formulando la pregunta.
– Misteriosamente… – esta vez hablo Yoruichi, arqueando una ceja y con una mueca de disgusto.
– ¿Y como están las cosas ahora?
– Mal, Rukia, mal…– la rubia suspiro cansada. – las muchachas trabajan más que nunca, casi siempre acaban magulladas y cada vez acude más gente indeseable…
– Rangiku…
– Rukia, ¿recuerdas que te conté que uno de aquellos hombres era Gin…?
– Si. – afirmo prestándola más atención aún.
– Él… ha conseguido sacarme de allí. – la morena volvió a sorprenderse e Ichigo, quien seguía la conversación al pie de la letra, abrió los ojos de igual manera. – Ya no soy una shinigami… – concluyo en tono triste.
– Pero Rangiku, ¡deberías estar feliz! Ahora estando allí corrías peligro…
– Lo sé Rukia… pero ¿Qué hay de las muchachas? ¿Qué hay de Orihime y Hinamori? Sabes que todas sois como mis hijas… ellas corrían más peligro que yo.
– Rangiku… – Rukia no había caído en eso, pero tenía razón. Matsumoto era una mujer con bastante edad y casi nunca tenía que trabajar. Pero Hinamori y Inoue, ellas eran bellas y jóvenes, además de bastante reclamadas por los hombres, ellas si corrían peligro…
– Además, ahora… ¿Dónde voy yo? Llevo casi toda mi vida allí y ahora no tengo donde ir…
– De eso estábamos hablando. – explico esta vez Urahara. – le estábamos ofreciendo quedarse aquí, pero ella se niega.
– No, vosotros ya tenéis suficientes gastos con la tienda y la casa como para acogerme a mí también.
– Pero- – la mujer de cabellos violáceos iba a replicar pero Rukia se adelanto.
– Quédate con nosotros. – hablo seria y sincera la morena, mirándola fijamente.
– ¿Qué? – Rangiku se quedo sorprendida.
– Si, tenemos espacio de sobra y no tenemos problemas con el dinero… – sostuvo la mano de aquella mujer tan importante y le dedico una tierna sonrisa. – Hablo enserio, Rangiku…
– No, no quiero molestaros, vosotros dos estáis muy bien solos…
– Rangiku, tu nunca molestarás, además me vendrá bien tener algo de compañía cuando Ichigo se va al cuartel, y seguro que no le importa, ¿verdad Ichigo? – giro para mirar a su esposo, quien sonreía levemente aprobando la idea de su mujer.
– Rangiku, quédate con nosotros. – afirmo Ichigo.
– ¿D-De verdad…?
– Rangiku, eres de la familia, por supuesto que sí…
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Y así la familia cada vez se fue haciendo más y más grande. Rangiku fue a vivir con la pareja de enamorados y en el fondo fue una buena idea. Rukia no se quedaba sola cuando Ichigo tenía turnos de noche, o aunque fuese por las mañanas, no le gustaba dejarla sola en casa por lo que tener a Rangiku fue un alivio.
Además que Rukia tenía alguien con quien hablar de cosas de mujeres, ya que se sentía sola y sus amigas estaban en la casa de las Shinigamis, lugar donde no quería ir de ninguna manera. Además que los comentarios que se difundieron sobre ella en el barrio no la ayudaron a hacer amigas.
También se sentía más tranquila, la tenía al lado por si ocurría algo y en el caso de ponerse de parto no estaría sola, porque señores ya habían pasado seis meses por lo que podría salir de cuentas en cualquier momento. Era invierno, su hijo o hija nacería en esa época en la que tal mal lo paso… ¿quién lo diría?
Paso todo el caluroso verano con antojos que trajeron a Ichigo por el camino de la amargura, solo quería fresas y más fresas a todas horas, y como no consiguiera su preciado alimento, deberías prepararte para las consecuencias de no satisfacer sus caprichos. Aquel bebe nacería rosa… Con sus nueve meses de gestación, su oronda y grande panza ya era imposible de disimular y eso solo había traído más y más habladurías sobre ella…
– Mira Rukia-chan, estos melocotones tienen muy buena pinta... – la voluptuosa mujer miraba embelesada el alimento, casi se le caía la baba.
– Si, se ve que tienen buena pinta… – la morena rió al ver a su amiga mirando con tanta pasión aquella fruta y continúo inspeccionando las verduras para la cena.
Pero unas voces llamaron su atención y la constante mirada de alguien sobre ella la inquieto. Busco disimuladamente las personas de las que procedían aquellos cuchicheos y dio con ellas. Dos mujeres de mediana edad, hablando – lo más probable de ella – de una manera descarada. Opto por ignorarlas y no escuchar, pero estaban siendo tan descaradas que podía escucharlas perfectamente…
– Si… esa es la Oiran, la prostituta de la casa esa de mala muerte… – cuchicheo la más mayor.
– ¿Esa es…? Pues he escuchado que ha conseguido atrapar al hijo del doctor Kurosaki… – la morena frunció el ceño y continúo ignorándolas, pero era imposible.
– ¿El hijo del doctor Kurosaki? – pareció sorprendida. – Que bajo han caído… quién lo diría.
– Si, si… además mírala, está preñada… quien sabe, seguro que ese hijo no es del joven Kurosaki… – Rukia sintió un nudo en el pecho y unas inevitables ganas de gritar.
– Que esperabas, seguro que lo ha hecho para conseguir un hombre que la mantenga. Vaya mujerzuela…
– ¡Suficiente! – grito… pero no fue Rukia. Rangiku, quien parecía ajena a todo había escuchado hasta la última silaba de lo que aquellas víboras habían dicho. La voluptuosa mujer, con las manos en la cintura se acerco a ellas de forma feroz y enfadada. – ¿Qué demonios os habéis creído?
Rukia miro a su amiga sorprendida de su reacción, y después a las mujeres quienes se habían echado hacia atrás al ver que Rangiku les plantaba cara.
– ¿P-Perdone? – una se atrevió a hablar haciéndose la desentendida.
– ¿Os creéis que podéis hablar de lo que no sabéis? ¡Y encima en sus narices! – quedo frente a ellas, llamando la atención de los transeúntes del mercado. – ¡Sois unas sinvergüenzas!
– Rangiku, no importa… – intento alejar a su amiga de aquellas mujeres, agarrando su brazo y con la mirada agachada.
– No, Rukia, claro que importa. ¿Qué se han creído estas cotillas? ¡Un poco de respeto que esta mujer no las ha hecho nada!¡Métanse en sus asuntos! – las dos mujeres empezaron a alejarse intentando irse asustadas de la voluptuosas mujeres, pero Rangiku no paro. – ¡VIVORAS! ¡Como os mordáis la lengua os vais a envenenar, malditas víboras!
– Rangiku, ya se han ido da igual…– suspiro cansada y tocándose el vientre con gesto de dolor.
– Esas entrometidas… me ponen de los nervios. – hablo intentando calmarse. Abrió los ojos y vio a Rukia con mala cara. – Rukia, cariño, ¿estás bien?
– Sí… e-es solo que me duele un poco… – se encorvo un poco, manteniendo sus manos en el vientre y frunciendo el ceño por el intermitente dolor. – V-Vámonos a casa…
– Si cielo, vamos a casa, venga… – paso un brazo por su hombro e intento emprender el camino a su casa pero al dar el primer paso Rukia gimió de dolor.
– ¡Ah! R-Rangiku… creo… creo que… – miro hacia el suelo, fijándose en como un liquido resbalaba por su pierna. – creo que he roto aguas.
– ¿Qué? ¿Estás segura? – pregunto nerviosa.
– S-Si… – confirmo apretando los ojos del miedo y del dolor. – Por favor, llévame… llévame a casa.
– ¿Qué? ¡Estás loca! Estamos muy lejos de casa… – la rubia empezó a pensar otra opción mientras la morena empezaba a hiperventilar. – ¡Vamos! Iremos a casa de tu suegro, nos queda muchísimo más cerca.
– Lo que sea Rangiku, pero vamos… va a nacer de un momento a otro…
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Soy mala, muy mala lo sé pero en el próximo capitulo sabremos cómo será el bebé. Bien, el tiempo ha pasado rápido y ya Rukia está a punto de dar a luz, pero no quería enrollarme más y quería ir al grano. De todos modos, la historia no se terminará con el nacimiento del bebé, todavía queda un último toque final que será algo triste pero seguro os gusta. Ame como Isshin se entusiasmo por el embarazo de Rukia y como se hacia el tonto. Venga, por favor, todos sabemos que Isshin Kurosaki sabe más de lo que aparenta, y esto siendo el doctor no iba a ser menos. En fin, las cosas en la casa de las Shinigamis se han puesto feas, Rangiku ha conseguido librarse de las manos de la banda de los Espadas, todo gracias a Gin, pero…¿Y Hinamori y Orihime? Ellas todavía están dentro y corren peligro. ¡Pronto se verá que es lo que ocurre! Otro punto, las viejas zorras del mercado… pobre Rukia, lo que tiene que aguantar… ¡pero así eran las cosas! En fin…
¡EL CONCURSO SIGUE ABIERTO! Dejadme un review junto con vuestras dudas (si las tenéis) y como pensáis que será el bebe. ¿Niño o niña? ¿Pelo negro o naranja? ¿Ojos violetas o ambarinos? ¡Elegid lo que penséis y veremos si en el próximo capitulo habéis acertado.
Sin más, gracias por leer y disculpadme una vez más por la espera.
Besos
SMorphine
