Yuki no Hana

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¡Aquí estoy otra vez! Mas pronto ya que no os quiero hacer esperar mucho más como la otra vez. Aquí por fin nace el bebé! ¿Cómo se llamará? ¿Cómo será? Leedlo y lo sabréis queridos lectores. No os molesto mas y espero que os guste.

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Capitulo 15

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– ¡Karin-chan! ¡Llaman a la puerta, Karin-chan!

Refunfuño al ver que su hermana no la escuchaba y dejo de preparar la comida para ir a abrir la dichosa puerta que no dejaban de tocar. Paso por el salón y vio que su morena hermana estaba dormida, por eso no había contestado a su llamada… por esta vez pasaba. Llego al pasillo y la puerta continuaba tocando con insistencia. ¿Qué ocurría?

Llego a la entrada y pudo escuchar una especie de jadeos. Abrió con miedo un poco la puerta y miro cautelosa por la rejilla. Pero al ver a Rukia, junto con Rangiku la abrió de golpe, asustada al ver a su cuñada gimiendo y respirando rápido.

– ¿Rukia-chan? ¿Qué te ocurre? – se puso al otro lado de ella, imitando a Rangiku y sosteniéndola.

– Creo que va a nacer ya, Yuzu. – explico la voluptuosa mujer adentrándose en la casa. – ¿Y tu padre?

– ¿Otou-san? Creo que esta en el baño. – recordó. – ¡Otou-san! ¡Otou-san, Rukia-chan esta de parto!

Por el marco de la puerta apareció Karin, frotándose los ojos ya que la habían despertado de su siesta. Sin embargo, al ver a Rukia de esa forma sus ojos se abrieron de golpe, despertándola por completo.

– ¿Rukia-chan…? – se ahorro el preguntar "¿estás bien?" porque era más que obvio que no.

De la puerta del fondo del pasillo apareció Isshin, quien también se sorprendió al encontrarse de repente con su nuera. Sin embargo, a pasos agigantados y veloces llego hasta donde ella se encontraba, quitándole el peso de la muchacha a las féminas.

– Vaya, vaya, Rukia-chan, veo que ya me vas a hacer abuelo. – intento distraerla, pero era imposible. – Venga, respira tranquila y subamos a la habitación de arriba para ponerte cómoda.

– I-Ichigo, avisad a Ichigo, onegai… – pidió a duras penas mientras la conducían al piso de arriba.

– Si, tranquila. – cargo a su nuera para llegar arriba más rápido, pero antes de subir se giro para darle órdenes a sus hijas. – Karin; ve corriendo al cuartel a avisar a tu hermano

– ¡Hai! – y no tardo más, la pelinegra salió pitando de la casa.

– Yuzu; avisa a nuestra vecina, Unohana. Ella sabe más de partos que yo.

– ¡Hai, Otou-san! – y de la misma forma se fue la otra melliza.

– Vamos Rukia-chan, vamos a traer al mundo a mi querido nietecito.

La animo mientras subía las escaleras, sonriendo de oreja a oreja y seguido de Rangiku. Unohana Retsu era una mujer que sabía bastante de medicina y remedios naturales, además de ser una matrona con mucha experiencia, asique Rukia tuvo suerte de que los Kurosaki la tuviesen como vecina… pero ella lo único que quería era que Ichigo estuviese cerca.

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Corría todo lo que podía, y era bastante a pesar de ir con kimono. Aún así, Karin era una chica dura, y podía aguantar lo que le pidiesen, más aún en esta situación en la que su cuñada estaba dando a luz a su sobrinito o sobrinita. Tras unos 30 minutos llego jadeante a las puertas del cuartel, adentrándose en busca de su hermano.

No fue demasiado difícil, ya que estaba en la entrada junto con Renji camino a tomar su almuerzo. El pelinaranjo, al ver a su hermana allí le extraño y pensó lo peor, preocupándose.

– Oe, Karin… ¿Qué haces aquí? ¿Ha ocurrido algo malo?

– Ru… Rukia… ella… – apoyada en sus muslos y respirando agitada, hacia perder la paciencia al Kurosaki.

– ¿Rukia qué? ¿Le ha pasado algo malo?

Byakuya, quien también se encontraba allí, escuchaba la conversación atento.

– No… Ella, ¡Va a dar a luz, Ichi-nii! – soltó de golpe, haciendo que su hermano abriese la boca y los ojos de forma desorbitada.

– ¡Felicidades Kurosaki! – Renji palmoteo la espalda a su amigo, sonriendo de medio lado. – Vas a ser padre.

– Y-yo, ya, ya voy… p-padre… – se quedo como idiota, titubeando con una estúpida sonrisa en el rostro. Byakuya tan solo cerró los ojos complacido y tranquilo de que no fuese nada malo.

– ¡Deja de balbucear como estúpido y muévete! Rukia te necesita.

– ¿E-Eh? ¡Hai!

Y así los dos hermanos salieron corriendo de igual forma ante las miradas de felicidad de todos los que habían escuchado la conversación. Dirección a casa de los Kurosaki, esperando a ver a su descendencia. El corazón le latía a mil por hora y no era por la forma desesperada en la que estaba corriendo, no… era de la emoción de saber que en unas horas seria padre y tendría un hijo con ella, con Rukia…

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– Ahn… duele…

– Es normal, Rukia-chan. – la tranquilizadora mujer que atendía su parto, preparaba las cosas que Yuzu le iba trayendo. – Son contracciones, puedes estar horas con ellas.

– ¿Horas? ¡Kami-sama mátame…! – se dejo caer en el futón, retorciéndose del punzante dolor.

– Todo depende de cuán rápido dilates.

– Maldita sea…– musito entre jadeos, haciendo reír a Rangiku, quien estaba a su lado.

– Vamos Rukia, tu puedes. – apretó su mano dándola ánimos.

El tiempo pasaba, Ichigo no venia y el dolor cada vez iba a más. Maldijo mil veces a su esposo por no venir de una vez, pero el dolor empezó a hacerla olvidarse de aquella nimiedad. La puerta de la residencia de los Kurosaki sonó estrepitosamente, seguida de unos pasos fuertes subiendo las escaleras.

Era Ichigo…

– ¿Dónde está Rukia…? – pregunto jadeante, parándose frente a su padre y apoyándose en la pared.

– Esta ahí dentro… – le indico con una sonrisa paternal y cargada de cariño. El pelinaranjo avanzo para ir pero su padre le llamo. – Ichigo.

– ¿huh? – se giro al notar una mano en su hombro.

– Felicidades. – hablo en serio y con una sincera sonrisa.

– Arigato…

Y sin esperar más entro en la habitación. Ahí estaba Rukia, rodeada de tres mujeres, tumbada en aquel futón y respirando rápidamente. La morena, al escuchar el ruido de la puerta, se incorporo sobre sus antebrazos y sus ojos se iluminaron a ver a su esposo después de una hora y media de dolor, y espera. Esbozo una cansada sonrisa y susurro su nombre…

– Ichigo… – su marido se acerco a ella lentamente, con una sonrisa tierna y cuando estuvo a su lado, se agacho para abrazarla pero… – ¡Porque demonios has tardado tanto, baka!

– ¡Enana del demonio! ¡No me golpees! – chillo sobándose la cabeza. Hasta de momentos así conseguían hacerlo cómico.

– ¡Yissh! Itai… – dejo su enfado y volvió a sobarse la panza debido a otra contracción.

– Hmp… – esbozo una sonrisa y se sentó a su lado, dándola un fuerte beso en su sien y abrazándola. – ¿Cuánto tiempo llevas con contracciones?

– Desde mediodía que fui al mercado, pero… – compungió el rostro. – … no le di mucha importancia, pero luego rompí aguas y empezaron a doler más… llevaré unas 2 horas y media o así…

– Bueno, solo aguanta unas horas más…

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Unas horas después…

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– Otou-san, ¿Rukia-chan está bien? – pregunto asustada Yuzu.

– ¡Claro, hija! – la animo. – ¿Por qué no debería estarlo?

– Lleva 7 horas allí arriba y mi sobrinito aún no nace… – hizo un berrinche, apoyando su cabeza en la mesa.

– ¡Buf! Y más que pueden quedar todavía, hija… un parto no es tan rápido.

Tomaban el té en la planta baja, esperando a que su nuera diera por fin a luz. Escucharon como alguien bajaba las escaleras lentamente, de forma pesada y cansada. Miraron por la puerta, hasta que apareció Ichigo, masajeándose la espalda.

– ¿Qué tal va allí arriba?

– Lento… muy lento. – suspiro sentándose de golpe en el suelo. Isshin tan solo sonrió ligeramente, recordando con nostalgia cuando Masaki dio a luz a Ichigo.

– ¿Onii-chan, quieres té? – ofreció Yuzu.

– Arigato, Yuzu…

– ¡Enseguida lo traigo! – y desapareció rumbo a la cocina.

Quedaron solos padre e hijo, en silencio mientras se escuchaba de fondo los resoplidos y gruñidos de dolor de Rukia. Estaba impaciente, muy impaciente, pero también nervioso… todo había pasado tan rápido y ahora mira, su esposa estaba en su antigua habitación dando a luz a su descendencia… y eso le hacía feliz.

Muy feliz, pero no dejaba de estar impaciente y nervioso.

–Oe, estúpido hijo. – le llamo de esa peculiar forma, ganándose una mirada asesina del pelinaranja. – Tranquilo…

– Si…

– Seguro que en poco tiempo ya tendrás a tu hijo en brazos.

– Eso espero… pero, está tardando mucho, ¿no? – alzo la mirada, preocupado por su inexperiencia.

– ¡Estúpido hijo mío! ¡Tu madre estuvo 17 horas de parto contigo! – le palmoteo fuerte la espalda, mientras Ichigo no terminaba de creérselo.

– ¡Diecisiete! – bramo incrédulo.

– Si, Ichigo, 17. Fuiste un niño cabezón…

– Imbécil. – le dio un codazo y miro a su hermana Yuzu, cargada con el té.

– Aquí tienes, Onii-chan. – Ofreció sonriente como siempre, dejando el vaso frente su hermano.

– Arigato.

– ¿Y por qué no estás con Rukia-chan? – pregunto sentándose en el suelo

– Ah, me echó de la habitación… decía que le estaba poniendo nerviosa. – y no era para menos, no hacía nada más que preguntar "cuanto queda, cuanto queda, cuanto queda" como un disco rayado.

– ¡JAJAJA! – su padre empezó a burlarse de él, ganándose otra ronda de golpes.

No estaba para bromas, estaba nervioso, impaciente y avergonzado, asique no aguantaría muchas tonterías por parte de su padre… Tan solo quería que aquel bebe naciese de una maldita vez, pero el reloj parecía no avanzar…

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Un par de horas más…

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El reloj continuaba lento, pero los gemidos de dolor de Rukia se escuchaban más fuerte y más desesperados. Además de las constantes pisadas de un lado para otro que retumbaban desde el piso de arriba. ¿Acaso ya era la hora y se estaban preparando? El pelinaranjo se levanto de la mesa, ante la mirada de sus hermanas y su padre, acercándose al marco de la puerta.

Estaba nervioso, muy nervioso.

Tenía una corazonada, sentía que ya era la hora y en menos de un minuto se escucho la puerta abrirse y unos pasos bajar rápidamente las escaleras. Era Rangiku y tenía una sonrisa de oreja a oreja, además de verse apurada.

– ¡Ichigo! ¡Ya, ya es la hora! – anuncio a todos chillando emocionada.

– ¿Y-Ya? – tartamudeo nervioso.

– ¡Sí! ¡Vamos! – agarro la mano del pelinaranjo y le arrastro hasta el piso de arriba.

Trago duro mientras la mano de Rangiku le guiaba hasta donde su esposa por fin estaba dando a luz. En menos de media hora tendría a su hijo o hija en sus brazos. No se lo podía creer, que rápido pasa el tiempo… Llegaron a la planta de arriba y los suspiros de Rukia eran más sonoros, además de las indicaciones de la doctora Unohana.

Abrió la puerta y ahí estaba.

– Vamos Rukia, tienes que empujar, ¿de acuerdo? – explicaba la serena mujer.

Rukia tan solo asentía con la cabeza mientras respiraba hondo. El pelinaranjo se adentro más en la habitación, llamando la atención de Rukia quien le dedico una mirada agotada a su marido. Se sentó a su lado, dándole la mano cosa que ella agarro fuerte al instante. Fue el peor error que cometió.

Su mano acabaría destrozada.

– Bien Rukia, a la de tres ¿vale? – esta volvió a asentir, cogiendo fuerzas y apretando la mano de Ichigo. – Una… dos… ¡tres!

Empujo con todas sus fuerzas, tragándose el dolor y apretando con más ímpetu la mano de Ichigo, quien ahora se arrepentía de habérsela dado. Volvieron a repetir la acción, una vez tras otra. El rostro de Rukia cada vez estaba más rojo y cansado, sus lágrimas de dolor se juntaban con el sudor que brotaba de su frente.

Casi media hora después, parecía que aquel calvario iba a terminar.

– Venga, Rukia. Ya casi lo tienes. Una vez más. – Ichigo tuvo la tentación de mirar y lo hizo, otro error. Se asomo disimuladamente, pero su cara se deformo al instante apartando rápido la mirada y haciendo que la rubia empezase a reír.

–¡Ichigo! ¡Te has puesto blanco! – empezó a decir entre carcajadas.

– ….

Mantuvo si mirada fija de nuevo en la tripa de Rukia, esta sería la primera y última vez que miraría eso en esas condiciones. ¡Nunca! Lo juraba por Dios. Pero mientras mantenía su mirada fija en el vientre de Rukia, el último grito de Rukia dio paso a un agudo llanto.

Abrió los ojos de golpe y su boca también, poco a poco fue alzando la cabeza, girándola hacia el lugar donde tenía que estar su bebé. Rukia se desplomo sobre el futón agotada, recuperando la normalidad en su respiración. Miro hacia Unohana, quien estaba lavando al bebé y enrollándolo en una manta para entregárselo a los padres, y sintió como algo le golpeaba fuerte el pecho.

– Felicidades muchachos… es una niña. – anuncio tranquila mientras depositaba el bebe en el pecho de Rukia, quien se había incorporado para cargarlo.

– Una niña... – susurro atónito el pelinaranja, acercándose a su mujer y observando de cerca a aquel bebé.

– Una niña, Ichigo. – repitió con voz suave y dulce, acunando más a su hija.

– M-Mira, tiene el pelo naranja… – señalo al pequeño matojo de pelo anaranjado que tenía el bebé, riéndose como bobo.

– Sí, igual a ti… – miro a Ichigo, dándose un tierno y fugaz beso para después seguir observando a su retoño.

La recién nacida abrió sus ojos de golpe, dejando ver su iris violáceo brillante, como su madre, y mirando hacia todos los lados de los que provenía sonido. Todavía no tenía nombre, más bien, Ichigo no lo sabía ya que su esposa decidió castigarle por llamarle "señora". Lo pago caro pero por fin podría saber el nombre.

– Rukia…

– Toma… – no le dejo hablar y comenzó con cuidado a entregarle el bebé. – carga a Hikari…

– Hikari… – la cogió de forma torpe y nerviosa, no quería hacerle daño a esa criaturilla tan pequeña. Pero sonrió al saber el nombre de su hija. – Hikari… significa "luz", ¿cierto?

– Sí… ella es el rayo de luz de mi vida que nunca se apagará, Ichigo…

– Me gusta… Hikari… – susurro acunándola más hacia él, mientras la morena se apoyaba en el costado de Ichigo, observando más de cerca a su pequeña.

– ¡Ooooooooooow! – Rangiku, quien había estado al margen de toda la escena, hizo acto de presencia, haciendo que los embobados padres la mirasen. – ¡Que ternura! ¿Puedo coger a mi sobrinita?

– Claro… – Ichigo, costándole un mundo hacerlo, le entrego a su recién nacida a la rubia, quien se le ilumino el rostro.

– ¡Oh, que adorable! ¡Voy… voy a llorar de la emoción!

Unohana termino de recoger sus cosas y sonrió viendo la escena.

– Bien muchachos, yo me marcho y les dejo solos. – hizo una reverencia. – Volveré dentro de 2 horas para ver como sigues Rukia-chan, descansa hasta entonces.

– Hai, Unohana-san.

– Avisaré a los demás. Adiós, muchachos.

Y así su matrona salió de la habitación, pero la puerta no llego a cerrarse cuando apareció la familia de Ichigo. El primero, como no, Isshin; seguido de sus hijas Yuzu y Karin, quienes observaban curiosas aquel bulto que sostenía Rangiku.

– ¡Dónde está mi nieto! ¡Y mi nuevo Kurosaki! ¿Dónde está? ¡¿Dónde está? – chillo.

– ¡Urusai, viejo! ¡No grites! – tuvo que callarle con una patada como de costumbre para después intentar no gritar él. – Y no es él es ella, viejo.

– ¿Ella? – se levanto del suelo mirando hacia Rangiku, quien mostraba el bebé a las curiosas y pequeñas tías. – ¿Tengo una nieta?

– Hai… Hikari.

– ¡Oh, sí! ¡Una nieta tan bella como Rukia-chan! – salto a los brazos de la agotada morena, quien tan solo sonrió incomoda ante el abrazo de oso que estaba recibiendo. – ¡Enhorabuena querida!

– A-Arigato…

– Viejo, déjala. ¿No ves que está cansada? – ordeno poniéndose en jarras y suspirando, por culpa de su enérgico e inagotable padre.

– ¡Oh! – miro a Rukia quien todavía seguía sonriendo forzadamente y la soltó. – ¡Gomenne!

– ¡Mira Karin-chan! Tiene el pelo naranja como Onii-chan.

Las miradas de todos fueron hacia las pequeñas, quienes observaban embelesadas a su sobrina. Todos sonrieron tiernamente, incluso Isshin quien pareció serenarse un poco. Las pequeñas continuaron observándolas, sin prestar atención a otra cosa que no fuese a la pequeña Hikari.

– Si, esperemos que no acabe siendo tan gruñón como él. – todos rieron levemente ante el comentario de Karin, todos excepto Ichigo.

– ¿Y el abuelo no quiere coger a su nieta? – pregunto Rangiku, ofreciéndole el bebé al moreno.

– ¡Oh, Masaki! ¡Qué emoción! – finalmente la cargó, con cascadas brotando de sus ojos y sonriendo de oreja a oreja. – ¡Por fin me hicieron abuelo! ¡Hikari-chan es tan hermosa!

Definitivamente, aquel hombre hacia de todo una escena cómica.

– Creo que deberíamos dejar descansar a Rukia-chan… – propuso dulcemente Rangiku, observando como la morena se le empezaban a cerrar los ojos por el agotamiento.

– ¡Hikari-chan, tienes que dejar a tu adorado abuelo para irte con tu hermosa madre! – la pequeña hizo el ademán de ponerse a llorar, alertando a Isshin, quien alzo más aún la voz. – ¡No, no, no, no llores! ¡El abuelo no se va!

– ¡Baka! ¿No ves que va a llorar porque no haces más que gritar? – le regaño el pelinaranjo, alzando también la voz.

– ¡Mentira! ¡Es porque me quiere mucho!

– ¡No te hagas ilusiones, baka! ¡¿Quien te quiere a ti?

– ¡Silencio! – la morena perdió la paciencia, haciendo que todos se callasen. Extendió los brazos, señal de que quería que le devolviesen a su hija y cuando ya la tuvo en brazos suspiro. – Si seguís gritando así no habrá forma de hacerla callar…

– Gomenasai. – se disculparon padre e hijo a la vez.

–Bien, vamos a comer algo, cualquier cosa que quieras Rukia-chan, llámame. – se ofreció Yuzu de forma sincera.

– Arigato, Yuzu. – agradeció sonriente, acunando a la pequeña para que no llorase.

Y así todos se fueron poco a poco, dejando en aquella habitación a la pareja junto con su hija. Les embargaba una enorme felicidad, pensar que de forma tan rápida habían pasado tantas cosas. Como el destino cambia las cosas en menos de un parpadeo. Y visto lo visto, cambios a mejor.

– Es hermosa…

– Sois hermosas. – corrigió Ichigo, tumbándose al lado de Rukia, con el bebé en medio de sus cuerpos.

– Me alegro muchísimo de que sea tu hija… – confesó la morena, mirándole fijamente con ojos cansados, recibiendo las caricias de su marido.

– Ya verás, Rukia… ya verás cómo a partir de ahora todo va a ir bien…

– Eso espero… – susurro sonriente para después fundirse en un tierno beso.

La vida da muchas vueltas, un día las cosas son muy oscuras pero al día siguiente se ilumina de golpe. Ahora Rukia, tenía un mejor recuerdo en aquellos días, ni siquiera se le paso por la cabeza aquel horrible recuerdo, no. Ahora solo quería crear recuerdos nuevos junto a Ichigo y Hikari…

Recuerdos de felicidad que la ayudasen a continuar…

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Tierno capitulo, ¿verdad? Intenté meterle algo de cómico, Isshin y sus locuras, pero quería hacerlo tierno también. Ichigo estaba nervioso e impaciente, normal, es padre primerizo y cometió el error de mirar donde no debía también JAJAJA. Pero bueno, ¿Qué os ha parecido el nombre de Hikari? Significa "luz", como Rukia, pero tiene más significado aquí en la historia. Ya lo explico Rukia, a partir de ahora Hikari será aquel rayo de luz que siempre la impulsaría a seguir adelante, ya no tenía motivos para hundirse. Y bueno, para Ichigo también tendrá significado, pero ya lo veremos más adelante, porque… las cosas vuelven a ponerse mal.

Será triste y bueno, habrá una muerte. ¿De quién? Ya lo veréis. Soy muy mala y os dejaré con la intriga. Aunque en la historia no solo habrá una muerte, habrá otra más, pero… ya lo veréis. Muehehehehe

¡Ya por fin nació el bebé! ¿Quiénes han acertado? Decídmelo por review, ahora pondré las características de la pequeña Hikari aquí:

Nombre: Hikari Kurosaki

Sexo: Femenino

Ojos: Violetas

Cabello: Naranja

Y lo demás ya lo veréis también más adelante. Cosas como la personalidad o como llevará el pelo, porque señoras y señores, todavía es un bebe medio calvo y que no sabe ni hablar. JAJAJAJA . En fin, la historia seguirá avanzando rápido respecto al tiempo y demás, pero bueno, espero leeros en el siguiente capitulo.

Dejadme vuestros review con vuestras opiniones y demás por favor… porque ¿merezco reviews?

Gracias por leer

Besos

SMorphine