Yuki no Hana

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Bien, vuelvo con un capitulo corto pero triste, la historia ha avanzado 3 meses queridos lectores, y bueno, ocurren cosas importantes, así que no os molesto más y os dejo leer. ¡Disfrutad! :D

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Capitulo 17

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Sentía frío, vacío, dolor… esa horrible pesadilla no la estaba dejando dormir en paz. Intento abrir los ojos poco a poco para darle fin y poder encontrarse con su marido, para que así la abrazase como hacía siempre que tenía una pesadilla así y poder dormir pegada a su protector, entre sus cálidos y fuertes brazos…

Se acerco hasta su lado de la cama, pero no dio con nadie. Abrió los ojos definitivamente y recordó que aquel lado de su cama estaría vacío durante un tiempo. Suspiro entristecida y se abrazó a ella misma. ¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Tres meses? Sí, exactamente tres meses…

De no ser por su pequeña Hikari, ya se habría derrumbado de nuevo. Sin embargo, contaba constantemente con el apoyo de Rangiku y la demás familia Kurosaki. Aún así le extrañaba mucho, extrañaba su calor, sus caricias, sus besos… extrañaba escuchar su voz una vez más. De nuevo, sintió un punzón en el pecho.

Debía dejar de pensar en eso…

– ¿Mami…?

Rukia se incorporó en el futón, mirando hacia la puerta de su cuarto en la cual estaba su adormilada hija, frotándose sus ojitos mientras sostenía a su amado peluche del conejito. No tardo en levantarse e ir hacia ella para cargarla y mecerla. Todavía no había amanecido.

– ¿Qué haces despierta tan tarde cariño? Todavía no es de día… – susurró mientras la pequeña bostezaba.

– He tenido una pesadilla… – explicó recostándose en el hombro de su madre.

– No pasa nada… – continuó meciéndola para volverla a dormir. – ¿Y la tía Rangiku?

– No ha vuelto todavía...

La rubia había salido después de cenar hacia el Rukongai, ya que volvía a haber problemas en la casa de las Shinigamis por lo que la habían comunicado. Ya eran las cuatro de la madrugada y no había vuelto, cosa que preocupó a la morena.

– Bueno… – le restó importancia para no preocupar a la pequeña. – Vamos a dormir tú y yo juntitas, ¿te parece? – propuso acercándose a su futón.

La niña asintió levemente con la cabeza, casi entregada a los brazos de Morfeo. Rukia la introdujo en el futón, en el sitio donde siempre dormía Ichigo, para después imitarla. Quedó recostada, mirando a su pequeña descansar. Era tan, tan, tan parecida a él… su pelo naranja, su ceño levemente fruncido, su rostro… le recordaba tantísimo a él que dolía.

Cuando la respiración de la niña empezó a ser más sosegada y tranquila, se dio cuenta que se había quedado dormida de nuevo. Paso su mano por el mechón rebelde que caía en su rostro, al igual que a ella, y lo apartó. Si no fuese por ella…

Media hora después, escucho la puerta de la entrada abrirse. Seguramente Rangiku había vuelto ya. Se despejo y beso la frente de la pequeña Hikari, levantándose después de volverla a arropar. Salió rápidamente de su habitación y bajó con cuidado las escaleras, hasta que llegó al piso de abajo.

Y vio a Rangiku. Sentada en el escalón del recibidor, tapando su rostro con sus manos. Se asusto y temía preguntar qué había ocurrido, pero tenía que hacerlo. Se acerco cautelosa hasta su amiga y poso una mano en su hombro. Ella ni se inmutó…

– ¿Rangiku…?

La mujer continuaba sin decir nada y sin moverse.

– ¿Va todo bien…?

Y por fin alzó el rostro, dejando ver la desolación en él. Sus ojos rojos e hinchados, derramando incesables lágrimas. Su mirada destrozada y triste la asustaron aún más. Parecía que iba a hablar, pero las palabras no salían debido a la angustia… Tomo aire ante la preocupada mirada de la oji-violeta y finalmente habló…

– E-Es… Es Inoue…

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El sacerdote terminó de hacer la simple oración por el alma de la joven y dejo que los más allegados le dieran su despedida. Esparció arroz y sal sobre la tumba de la fallecida, retirándose en el acto. Todos mantenían el semblante serio y duro, guardándose las ganas de llorar que quemaban por dentro.

– Vamos cariño… – la morena alentó a Hikari a acercarse, la cual tenía una flor blanca. –… déjala ahí.

La pequeña de casi cuatro años, se acercó sin llegar a entender nada de lo que ocurría a su alrededor. Con timidez y cuidado dejó la flor en la lápida y se retiró con rapidez de nuevo hacia su madre, abrazándose a su pierna.

Muchas de las muchachas de la casa de las Shinigamis continuaron haciendo su ofrenda a la joven fallecida y se retiraron con tristeza para dar más intimidad a los más cercanos. El matrimonio Urahara fue el siguiente en dejar la flor blanca y alejarse para dejar paso a Rukia.

Esta miró a Rangiku, quien le devolvió la mirada y ambas se acercaron a la vez a la tumba. Hikari observaba, junto al matrimonio, la escena; sin llegar a entender nada. Las dos mujeres se arrodillaron frente a aquella lápida e hicieron una reverencia. Con cuidado dejaron su lirio blanco, significado de inocencia, dulzura y bondad, sobre la lápida y cerraron los ojos resignadas.

– Descansa en paz…– susurraron ambas a la vez, acariciando el nombre que yacía sobre esa lápida. –…Inoue.

Inoue Orihime, pobre e inocente alma que perdió su vida demasiado joven. El destino cruel se cebo con ella también, dejándola sola en el mundo y a merced de gente sin escrúpulos. No tuvo el tiempo para vivir como ella siempre soñó. Más su sonrisa nunca se borro hasta el final de sus días…

¿Ingenua? Claro, pero quería creer a quienes les prometían felicidad, porque la ansiaba con todas sus fuerzas. Una felicidad completa, que siempre quiso y por la que nunca se rindió. Pero el obligarse a ser crédula no hizo nada más que dolor. Y ahora ahí estaba, muerta por culpa de monstruos que no merecen ser definidos como personas…

A sus tres meses de embarazo, no pudo ocultarlo más ante los que ahora mandaban en aquel lugar. Ella se resistió, ya que quería que aquel retoño que llevaba en su vientre fuese su felicidad al igual que Rukia, pero una vez más, el no ser dueña de su propio cuerpo no se lo permitió.

Ella, en realidad estaba vendida a aquellos hombres, su vida estaba dirigida por ellos y aunque se negase con todas sus fuerzas a deshacerse de su futuro bebé, aquellos desgraciados la obligaron a abortar. Fue demasiado para su corazón… fue más de lo que pudo soportar…

La pobre jovencita había soportado tantísimo a lo largo de su joven vida, había perdido tantas cosas, pero nunca dejo que le arrebatarán su sonrisa y sus ganas de vivir, hasta que la hicieron perder a su único brote de alegría. Todo se tornó oscuro para ella, no podía aguantar más, demasiados golpes y no podía resistirlos después de tanto tiempo…

Se quitó la vida, y de una vez por todas fue libre…

¿Tomó el camino fácil? ¿Qué camino fácil…? Ella durante toda su vida había aguantado algo peor que el camino difícil, y aún así resistió, pero… ¿Cuánto más podría seguir aguantando? No podía dedicar su vida a caminar sobre fuego… Triste final para alguien en su plena juventud… aunque la marchitaron antes de que pudiese disfrutarla. Inoue Orihime, una princesa que se equivocó de cuento de hadas, adentrándose en un cuento de terror con final trágico.

– Chicas, está empezando a llover… – alertó Yoruichi. – será mejor que vuelvan a casa…

Ambas miraron al cielo, el cual se tornaba gris y observaron como una mariposa de color anaranjado volaba desde las flores blancas que habían dejado en la lápida. Agitaba sus hermosas alas con fuerza, revoloteando de un lado para otro sobre sus cabezas…

Tan solo pudieron esbozar una triste sonrisa.

oOo

Llovía con fuerza, pero por suerte las tres mujeres estaban bien refugiadas en su casa. Llegaron a tiempo. Estaban en el salón, en silencio y cansadas. La más pequeña jugaba con sus peluches de conejos en una esquina, un tanto ajena a la tristeza de las otras dos mujeres que reposaban en la mesa, con la mirada perdida.

Tenían el té sobre la mesa, seguramente ya estaba frio, más no lo habían probado siquiera. Pensaban y pensaban en como se había derrumbado Inoue, no se lo esperaban ya que era una de las que más fuerza tenía de todas, a pesar de su infantil apariencia, pero… supongo que las cosas no son lo que parecen.

Aún así, Rukia medito… si a ella le hubiesen hecho abortar a Hikari, seguramente tampoco habría podido soportarlo. Miro de reojo a su pequeña, quien estaba concentrada jugando con sus muñecos. Sí, sin duda se habría desmoronado…pero, ¿habría acabado con su vida? Quizá la única diferencia entre la difunta Orihime y ella, fue que Rukia tenía a Ichigo a su lado…

Y Rangiku… ya había perdido a una de sus "hijas". Orihime era su consentida, siempre la apreció muchísimo. Con su mirada aún perdida, apoyo su cabeza en la palma de su mano y continuó pensando. La pelinaranja había sido muy fuerte, o eso quiso aparentar frente a todos… pero se desmoronó y ella no estuvo ahí para ayudarla…

– No pudimos ayudarla…

Susurró la voluptuosa mujer, ganándose la atención de Rukia al instante.

– ¿Huh?

– No pude ayudar a Inoue, Rukia…

– Nadie pudo Rangiku… – hablo serena. – Ella decidió por primera vez sobre su vida…

– Lo sé…

– Es duro, pero tenemos que aceptar su primera y última decisión.

Se hizo el silencio entre ambas mujeres, y al cabo del rato, Rangiku miró fijamente a Rukia con una sonrisa melancólica y triste.

– Ahora es libre…

– Sí…

Otro silencio en el que volvieron a retirar sus miradas y a sumergirse en sus pensamientos. Hinamori no fue al funeral, ¿por qué? Simple… después del suicidio de su querida amiga, decidió que era el momento de huir, antes de que las cosas empeorasen aún más. Con el revuelo de la muchacha, nadie noto su ausencia y consiguió huir con su príncipe azul.

Cada vez las casas de Oiran y los burdeles del Rukongai estaban bajando su popularidad. La guerra y el cada vez más bajo estatus atraían a menos clientela. Además, con la noticia del suicidio de Orihime en la prestigiosa casa de las Shinigamis, dio mucho de qué hablar. Y no para bien.

El negocio se estaba yendo poco a poco a pique.

– ¿Tienes noticias sobre Ichigo…? – preguntó Rangiku cambiando de tema.

– Bueno, cada mes me dan noticias y de momento está bien… – explico un tanto afligida.

De verdad que le echaba de menos…

– Seguro que dentro de poco le tienes contigo otra vez. – la animo frotándole la espalda.

– Eso espero… la verdad, le extraño mucho. – habló bajito para que Hikari no escuchara nada.

– Es normal, querida.

– Lo sé, pero tengo miedo a que algo malo pase… – miro a la pequeña pelinaranja. – Hikari adora a su padre.

– No pasará nada, tranquila. – continuó animándola. – Dentro de unos seis meses volverán, solo tienes que esperar.

– Lo sé… – sonrió amargamente. – cuento cada día que pasa para que llegue la fecha.

– Verás que vuelve antes de lo que te esperas…

– Lo sé… él… me lo prometió.

Prometió que volvería.

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¡Bien, hasta aquí por hoy! Cortito, triste y lleno de desgracias blablablá, lo siento… No odio a Orihime, ni nada por el estilo, habrá quien se alegrará porque la haya matado en este fic, pero no lo he hecho por gusto, que quede claro. Espero que hayáis entendido el significado que le he dado a la muerte de Orihime… ¡LO SIENTO! Pero tenía que hacerlo… Y bien, esta es una de las dos muertes que os había anunciado… ¿Quién será la otra? Lo veréis más adelante y que más deciros… quedan como mucho dos o tres capítulos para que acabe el fic, asique… espero que lo estéis disfrutando queridas lectoras.

Ahora, dadme vuestra opinión por un review por favor, os estaría muy agradecida. ¿Los merezco? :)

Sin más, lamento que haya sido tan cortito, pero no quería adelantar más cosas aún. En el próximo capitulo daremos otro salto de tiempo y ocurrirán más cosas, más acción… y… ¡Ya lo veréis! No desvelo más.

Ahora… ¡Conseguimos ser TT en Twitter! Y lo mejor de todo es que nuestro queridísimo ichirukista-secreto Tite Kubo lo ha visto y ha comentado sobre ello, dando las gracias. ¡Vamos por buen camino queridas ichirukistas, pronto el IR será cannon! ¡Ya lo veréis!

Muchos besitos y gracias por leerme.

SMorphine