Yuki no Hana
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Bien aquí os dejo con el capitulo 18 de 20. Si, señoras y señores (?) faltan DOS capítulos para que finalicé este fic. En fin, al caso que os dejo que leías no sin antes una pequeña aclaración. Justo al final del capitulo, hay un pensamiento que va entre comillas, en negrita y cursiva, se trata de un recuerdo de Rukia en el futuro, es decir, como si Rukia estuviera recordando ese momento. De todos modos, abajo también lo explico. Ahora sí, no os molesto más y… ¡A leer!:
Capitulo 18
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– ¡Ya es el día! ¡Ya es el día!
Una eufórica pequeña de cabello anaranjado y cuatro años corría alegre por los pasillos de su casa. Era temprano, muy temprano y cualquier niño de su edad estaría durmiendo en su cama, pero ella no. No paraba de correr de un lado para otro, dando brincos y sin que su sonrisa se borrase de su rostro. Subió las escaleras con más cuidado, pero en cuanto llegó arriba continuó corriendo y chillando. Abrió la puerta de la habitación de su madre y entro anunciando el día, dando vueltas alrededor de su futón.
– ¡Despierta, despierta mama! ¡Despierta! – seguía dando vueltas y brincos.
– Hmmm… – la morena se removió con una sonrisa en el rostro y se incorporó poco a poco.
– ¡Vamos mamá! – mareada de tantas vueltas se tumbo de golpe en su madre, costumbre de cuando se lo hacía a su papá. – ¡Ya es el día!¡Ya es el día!
– Si, ya es el día. – acarició sus mejillas con cariño y la besó en la frente.
– ¡Por fin, por fin, por fin! –continuó dando saltitos sobre Rukia, sin que la sonrisa desapareciese. – ¡Por fin va a volver papá!
– Sí…
Por fin… ya pasaron 6 meses más y todos los soldados, se supone que, volverían. Se sentía tan feliz y aliviada de saber que tendría de nuevo a su marido a su lado. Sonrió ampliamente a su hija quien correspondió de igual forma. Aún así, todavía era demasiado pronto y no tenían que ir por el momento al cuartel. La familia de Ichigo vendría a su casa e Isshin la acompañaría al cuartel, lo habían planeado todo. Ya ansiaba verle de nuevo, le abrazaría fuerte y le besaría hasta que ambos quedasen sin respiración. Suspiró y salió de sus pensamientos, sonriendo una vez más a la pequeña.
– ¿Vamos a desayunar? – pregunto mientras la levantaba y la cargaba en brazos. Hikari tan solo asintió. – ¿Qué quieres desayunar?
– Hmmmm… – quedó pensativa. Era la primera vez que le ofrecían elegir el desayuno. – Quiero galletas. – confirmó mirando fijamente a su madre, quien parecía que la iba a contestar con un tajante y rotundo: No.
– Hmmm… – continuó mirándola de forma retadora, pero finalmente sonrió y besó su esponjosa mejilla. – Está bien, hoy desayunarás galletas.
– ¡Bien!
Desde luego, tenía un MUY buen día y todo valía por hoy.
oOo
Su corazón le latía a mil por hora, estaba nerviosa y eufórica. No sabía qué hacer cuando le volviese a ver… bueno, claro que lo sabía pero seguramente montarían un espectáculo delante de todos. Aún así, no se iba a contener al ver a su marido ¡a la mierda lo que digan los demás! Llevaba casi 1 año sin verle, ¿acaso no es normal?
Llamaron a la puerta. Seguro sería la familia de Ichigo.
– ¡Dónde está mi hermosa nietaaaaaaaaaaaa!
– ¡Urusai viejo! ¿No ves que es muy temprano? ¡La vas a despertar!
Sí, sin duda era la familia de Ichigo.
Hikari, al escuchar a su abuelo, sonrió como de costumbre. Le gustaba su abuelo, era divertido y gracioso no como los de los otros niños. Se levanto del suelo donde jugaba con sus peluches y salió del salón dispuesta a recibirlos.
– ¡Hikari-chaaaaan! – corrió hacia ella a cámara lenta, cual película de amor. La pequeña también. – ¡A mis braz-¡¿eh?
Pero la pequeña se desvió ágilmente para abrazar a sus tías. El escandaloso abuelo se echó a llorar ante el desprecio de su querida nieta. Después de los agasajos y cariños de sus tías, fue hasta a su abuelo, el cual lloraba desconsoladamente en un rincón. Después de todo, la niña tenía un gran corazón.
– ¡Abuelooooo! – chilló con su voz infantil lanzándose a él y abrazándole fuerte. – ¡Hoy viene mi papa!
– ¡Sí! ¡Hoy vuelve mi estúpido hijo! – alzo a la pequeña y la llevó al salón para saludar a su madre. – Mi querida nieta esta despierta muy pronto, Rukia-chan. – hablo a Rukia, que estaba sentada en el suelo, y bajó a Hikari tras darla un beso en la mejilla.
– No hubo manera de hacerla dormir. – explico divertida. – Me despertó ella a mí…
– Es normal, su padre va a volver después de casi un año. – se sentó enfrente de Rukia.
– Si… – susurro mirando al suelo con una sonrisa nerviosa.
– Estás nerviosa ¿verdad? – adivinó al verla. – ¡Venga Rukia-chan! ¡Sonríe! ¡Tu marido va a volver ya!
–H-Hai… – alzo el rostro con una amplia sonrisa.
– ¡Por fin le tendrás en casa! – Su voz se tornó algo pervertida. – ¡Y podréis estar toda la noche haciend-¡
– ¡URUSAI VIEJO VERDE! – gracias al cielo, Karin le calló a tiempo con uno de sus certeros golpes, dejándole KO y lloriqueando en una esquina. La pequeña Hikari tan solo le daba golpecitos con el dedo para asegurarse que no estaba muerto.
– Buenos días Karin. – saludó la morena.
– Buenos días, Rukia-chan. – saludó de igual manera, sonriendo sinceramente.
– ¡Rukia-chan! ¡Buenos días! – Esta vez apareció Yuzu, más alegre y emocionada. Rukia contestó igual. – ¡Por fin vuelve Onii-chan! – abrazó fuerte a la oji-violeta. – ¿No estás feliz! – la apachurró fuerte.
– ¡C-Claro! –contestó a duras penas.
– Rukia-chan, ¿no crees que debemos ir ya al cuartel? – propuso serio Isshin, con Hikari sentada en sus piernas, comiéndose otra galleta.
– Oh… – miró el reloj que había colgado en la pared y se formó otro nudo en el pecho. – Si, claro. Vamos. – afirmó levantándose del suelo.
– ¡Yo también quiero ir! – espetó Hikari al ver como su abuelo y su madre se iban sin ella.
– No puedes cariño, eres muy pequeña. – acarició su cabeza y depositó un suave beso en ella.
– P-P-Pero yo quiero ir a ver a papá… – empezó a hacer un puchero, con las lagrimas amenazando con salir.
– Eres muy pequeña Hikari, los niños no pueden ir al cuartel. – explico de forma dulce.
– P-Pero… – dejo de hacer el puchero e intentó no llorar.
– Yo te traeré a papá aquí, ¿vale?
– ¡Vale! – cedió.
– ¿Vamos Rukia-chan? – le ofreció el brazo para agarrarse.
– Vamos… –se agarro al brazo de su suegro y respiro hondo…
En poco tiempo vería de nuevo a Ichigo.
oOo
Llevaba esperando en aquel lugar cerca de media hora, las gemelas y Rangiku se quedaron en casa, arreglándola un poco y cuidando de Hikari. En el cuartel había mucha gente, esposas, hermanas, padres, madres… la mayoría sin lugar a duda: esposas. Todas arregladas, con kimonos llamativos y pintadas. Rukia no, ella no se arregló de esa manera… sabía que a Ichigo le gustaba verla así, al natural… tal y como era ella.
Sonrió al recordarle…
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Flashback
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En la casa de las Shinigamis, más precisamente en la habitación de Rukia, los dos amantes reposaban en el lecho, desnudos y únicamente tapados por la manta. La noche de pasión había terminado y ahora ambos se relajaban con el tranquilo palpitar de corazón del otro. Los brazos de Ichigo la abrazaban fuerte contra su pecho, mientras que Rukia lo besaba lentamente, subiendo por su cuello hasta llegar a su rostro, donde se quedo observándole.
– Eres hermosa… – susurró haciéndola sonrojar. – Pero…
Con la yema de sus dedos comenzó a quitar el color rojo de sus labios que ya casi estaba a punto de desaparecer debido a sus anteriores besos. Rukia le observaba atenta, mientras el terminaba de pasar sus dedos por sus labios, seguramente, sin ningún rastro de maquillaje. Después la beso suave y ligeramente.
– Así eres más hermosa…
La morena volvió a sonrojarse con más violencia, y escondió su rostro en el pecho de este, cual niña pequeña. Cerró los ojos fuerte, intentando saber si todo esto era un sueño o no, y después los abrió para contestarle.
– Idiota… – mascullo apegándose más a él. Ichigo tan solo se carcajeó levemente, acunándola más entre sus brazos.
Paso un tiempo en completo silencio, hasta que Ichigo volvió a hablar.
– ¿Sabes? Cuando te vi por primera vez… – Rukia escuchaba atenta. – estabas hermosa… y no necesitaste maquillarte para enamorarme como un idiota.
– Bakamono… – continuó insultándole con cariño, incorporándose para besarle de nuevo.
– Yo también te quiero… – ironizó divertido, besándola de nuevo.
Ese idiota… de verdad que no era real.
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Fin Flashback
Desde aquel día no volvió a echarse ningún tipo de pintura en su rostro, y eso tan solo hizo que llamase más la atención entre los hombres. Gracias a Dios, Ichigo siempre acudía en su rescate y ninguno consiguió tocarla.
Cómo le quería, estaba ansiosa de verle, necesitaba tocarle, saber que era real y solo para ella. Quería besarle una vez tras otra, sin descanso… quería sentirle cerca, aunque solo fuese eso. Isshin la miró de reojo y notó su nerviosismo. Sus manos apretando su kimono la delataban, al igual que su vista fija en el suelo.
– Todo estará bien. – palmeó suavemente la espalda de su nuera y sonrió levemente.
– Hai…
Todos dirigieron su mirada a la gran puerta de madera que empezó a abrirse. Eso solo significaba que los soldados que volvían de la guerra entrarían por ahí. Todos empezaron a acercarse, en busca de su amado, de su hijo, de su padre, hermano… cualquier familiar.
Rukia abrió los ojos para buscar a Ichigo, al igual que Isshin. No sería difícil encontrarle con aquel cabello naranja que tenía, pero había demasiada gente. Pasaron 10 minutos y no lo encontraban. A su alrededor parejas se abrazaban fuerte en un ansiado reencuentro. La morena ya estaba empezando a angustiarse por no verle, pero se intento tranquilizar, buscando aún así a su esposo.
Pasó más tiempo y cada vez quedaban menos personas. Sintió que su corazón se salía del pecho y el aire empezaba a faltarle debido a la ansiedad de no verle, por lo cual se sentó de nuevo, sobándose las sienes en busca de tranquilidad. Desde lo lejos, aquel hombre noble de pelo negro observaba a su antigua hermana. Byakuya estaba enterado de las noticias, pero el no podía comunicárselo, no tenía ese derecho. Sin embargo, Renji quien también volvió de la guerra al ver a la esposa de Ichigo corrió hacia a ella.
– Rukia…
La morena tuvo miedo de levantar la mirada.
– Renji… – Isshin llamo al amigo de su hijo. – ¿Dónde está Ichigo…?
– Él… él… – titubeó sin saber cómo decirlo, haciendo que Rukia explotase de los nervios.
– ¡Él qué, Renji? – se levanto de su asiento y le agarró del kimono con fuerza, mientras sentía como sus ojos se llenaban de lágrimas. – ¿Dónde demonios está Ichigo? ¿Dónde está?
– Rukia-chan, tranquilízate… – Isshin la separó con cuidado de Renji, sosteniéndola de los hombros.
– Dímelo Renji… dímelo… – su voz se quebró y su mirada se clavó en el suelo, al borde de las lágrimas.
– Renji… – le alentó el hombre moreno.
– A él… le tienen retenido. – soltó de golpe, observando como el cuerpo de Rukia se tensaba. – Los enemigos le tienen como rehén para conseguir información…
Y Rukia no pudo contener las lágrimas. Se dejo caer sobre el asiento, con sus manos tapando sus ojos y las lágrimas brotando sin cesar. No… no era justo. ¿Qué demonios había hecho ella mal? Nunca había hecho daño a nadie, jamás… y todo lo malo parecía ir detrás de ella. ¡No era justo, no!
– ¡Rukia…!
Ambos hombres se acercaron a ella al verla caerse así sobre la silla y romper a llorar, e intentaron hacerla entender. Byakuya desde lo lejos, seguía observando. Cerró los ojos al verla así y decidió marcharse… tenía algo en mente. Mientras tanto, Isshin y Renji continuaban animándola de manera imposible.
– Rukia no temas, no está muerto… le pueden soltar, Rukia.
– ¡No soy estúpida, maldita sea! – les grito, alzando su rostro bañado en lágrimas y cargado de rabia. – ¡No le van a soltar!
– Tranquilízate Rukia… – suavizó Isshin, pasando su brazo por los hombros de ella. – Ya verás cómo no le va a pasar nada…
– P-Pero… – intentaba hablar, pero las lágrimas y los nervios no la dejaban articular palabra. – ¿Cómo se lo explico a Hikari…?
– Rukia…
– ¿Cómo le explico a Hikari que no se sabe si su padre va a volver…? ¿Cómo…?
oOo
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Ya casi oscurecía y la pequeña de cabellos naranjas se estaba impacientando. Estaba en el salón, sentada sin hacer nada más que esperar. Sus peluches quedaron abandonados en una esquina y tan solo esperaba a que su padre viniese. No se había movido de allí, seguía esperando sin moverse. Las gemelas y Rangiku la observaron fijamente, esa niña sí que era terca. La habían alentado a jugar o a merendar algo, pero ella continuaba empecinada en esperar a su querido padre. Escucho como se abría la puerta y una sonrisa se dibujó en su rostro al instante.
– ¡Papa ha vuelto! – se levanto corriendo del suelo y corrió hasta el pasillo. – ¡Papa ha vuelto! ¡Papa!
Pero se paró en seco al llegar al recibidor y ver solamente a su madre y su abuelo. No entendió nada y miraba a su mamá pidiéndole una explicación con la mirada, más ella desvió el contacto visual. Era pequeña aún, pero no era tonta... el rostro de su madre delataba que había llorado, al igual que sus ojos rojizos. Además, su abuelo nunca estaba tan serio como entonces. No... algo estaba mal con su querido papá, ¿acaso no había vuelto aún...?
– ¿Papá…? – susurro entre lágrimas.
oOo
Los días pasaban y eran grises, a la par que solitarios para ambas muejercitas. Ichigo no estaba y quien sabe cuándo podría volver a verle… si aquel día llegaba. Hikari estuvo enfadada con su madre durante una semana, culpándola de que su padre no había vuelto, pero finalmente consiguió hacerla entrar en razón y la niña decidió esperar a su padre, ya que no le contaron la verdad para no preocuparla.
Dos meses más sin él, casi iba a hacer un año lejos de él y se estaba haciendo muy difícil. Rukia no tenía ganas de nada, quizá se levantaba de su cama por su hija, solo por ella… Y ahora estaba en el salón, recogiéndolo un poco y esperando a que Rangiku volviese con la comida para la cena. Seguramente se habría entretenido con Yoruichi hablando…
Llamaron a la puerta. Ahí estaba.
– Hikari, cariño. – pidió. – abre a la tía Rangiku, mamá está ocupada.
– ¡Hai!
Y sin rechistar ni lo más mínimo la pequeña fue corriendo al recibidor, dispuesta a abrir a su tía Rangiku. Llegó hasta la puerta, y a duras penas la abrió de golpe. Pero no se encontró con su tía. Tuvo que alzar su mirada muy alto para encontrarse con unos de esos hombres que vestían como su papá.
– Tu no eres la tía Rangiku… – susurro pestañeando varias veces.
– No… – dijo el hombre. – ¿Está tu madre?
–… – la niña asintió intimidada por aquel hombre, pero no dejo de mirarle. – ¿Quién eres?
– Byakuya Kuchiki. – se presentó.
La niña tan solo se quedo mirándole un tanto cohibida y después salió corriendo a llamar a su madre.
– ¡Mamiiiiiii! – huyo de allí, yendo al salón y dejando al Kuchiki en la entrada.
El noble tan solo se quedó algo sorprendido. Nunca vio al bebé de Ichigo y Rukia, fue interesante. Una niña tan parecida a Rukia, pero con ese pelo y la mirada atrevida y sin miedo de su padre. Ahora, con más razón, tenía que hacer aquello que estuvo planeando dos meses atrás.
– ¿Kuchiki-sama…? – Rukia apareció enfrente de él, con el ceño fruncido y mirándole extrañada. – ¿Qué desea…?
– Debo… – observó a su antigua hermana. Había cambiado… no solo físicamente, ya que se notaba más mujer y su corte de pelo, sino su mirada, tan seria y madura, pero a la vez tan vulnerable. – Debo hablar contigo.
– Creo que ya dejamos las cosas claras. – finalizó tajantemente, dispuesta a cerrar la puerta. – Si me disculpa…
– Es sobre Ichigo. – paro la puerta con la mano y Rukia le miro fijamente con los ojos abiertos.
– …. – abrió la puerta y quedo pensativa durante unos instantes. – Pasa… – ofreció haciéndose a un lado.
El hombre caminó dentro de la casa. Aquella casa que hace años fue de su esposa, Hisana. Había muchos cambios, estaba más nueva y ampliada, pero sabía de sobra donde estaban las habitaciones. No lo olvidaba. Por lo cual, sin que Rukia le guiase, se adentró en el salón, donde vio a la pequeña Kurosaki jugar con sus muñecos.
– Puedes sentarte… – ofreció mientras la morena servía el té.
– Arigato. – la obedeció, sentándose tranquilamente y observando a la pequeña, quien ahora tenía la mirada fija en él.
– Hikari, cariño, ve a jugar a tu habitación ¿quieres?
– ¡Hai! – asintió con una sonrisa, cargando con sus muñecos a la vez y dejándoles solos.
Terminó de servir el té, y se sentó enfrente de Byakuya, esperando a que hablase sobre Ichigo.
– ¿Y bien…? – insistió.
– Veo que conserváis bien esta casa… está mejor que antes.
– Sí… – afirmó incomoda.
– Hikari… – hizo cuentas mentales. – Tendrá 4 años, ¿cierto? – pregunto serio y tranquilo, con aquel semblante Kuchiki.
– Si. Tiene cuatro años. – afirmo perdiendo poco a poco la paciencia.
– Se parece mucho a ti.
– Por favor… – pidió educadamente. – Dígame lo que me tenga que decir sobre Ichigo.
Tenía que cortar la conversación, no llegaba a nada y menos con él. Solo quería saber sobre Ichigo y que aquel hombre se fuese de una maldita vez. El moreno dejo el vaso de té sobre la mesa y la miró fijamente.
– Rukia, sabes que Ichigo está retenido. – ella asintió.
– Lo sé.
– Tan solo quiero decirte, que pronto estará aquí. –los ojos de la morena se abrieron ilusionados.
– ¿C-Como…? ¿Le van a soltar?
– Sí… – afirmo serio.
– D-De… ¿de verdad…? – pregunto incrédula sin poder evitar sonreír.
– Sí. – volvió a afirmar. – Pero Rukia...
– ¿Si…?
– En el caso de que ocurra algo, recuerda que tú fuiste una Kuchiki. – dijo levantándose de la mesa dispuesto a irse.
– ¿Qué…? – no entendía a que se refería con eso.
– Adiós, Rukia.
"En ese entonces, no entendí sus palabras… la felicidad que me inundó al saber que Ichigo volvería pronto no me permitió saber a qué se refería con aquello. Ahora sí… ahora, lo entiendo todo…"
oOo
¡Bien, hasta aquí está vez! Quedan 2 capítulos para que acabe este fic! Esto último que aparece en negrita y en cursiva, es un pensamiento de Rukia, es ¿cómo explicarlo?…. Como si estuviera en un futuro, recordando lo que ocurrió ese día, es decir este capitulo. Y es que bueno, el ultimo capitulo será como el primero. Narrado por Rukia, en primera persona. ¡Ya lo veréis! Solo digo que en el siguiente se verá todo lo que ocurrirá y bueno, una pregunta… ¿Quieren que salga algo sobre Hinamori y Hitsugaya? Pregunta tonta, seguro que sí… pero bueno, yo lo pregunto por si acaso.
Nada más que eso… y bueno, una cosa más… ¡Hikari is soooooo cute! *.* La amo! JAJAJA Ya, ya me voy. Dejad reviews con vuestras opiniones y bien, ¡hasta la próxima!
Gracias por leer.
Besos
SMorphine
