Yuki no Hana

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¡Bueeeeno aquí estoy otra vez! Os traigo el PENULTIMO capitulo de esta historia. No os molesto más y dejo que leías a gusto, no sin antes una pequeña advertencia. Este capitulo contiene lemmon, si no te gusta blbablabla no lo leas! :3 ¡A leer! :

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Capitulo 19

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Oscuridad, frio, vacio, soledad… ¿Cuánto tiempo llevaba ahí encerrado? Había perdido la noción del tiempo, se estaba volviendo loco por la desesperación. La desesperación de imaginar el mero hecho de no volver a ver a su familia, de no poder ver crecer a su hija, de no poder volver a besar a su mujer…

De que aquel adiós fuese definitivo.

Intentaba no rendirse… eso nunca estuvo en sus planes. ¡Jamás se rendiría! Haría cualquier cosa por su familia, pero todo se estaba haciendo cuesta arriba y cada vez era más difícil. Demonios… su cuerpo parecía que iba a romperse si se ponía en pie, cada musculo le dolía con tan solo moverse y todo por los golpes que había recibido al no decir palabra de la información que intentaban sonsacarle.

Lo que no entendía es como aún no le habían matado…

De repente, en la profunda oscuridad de aquel pequeño lugar se coló un rayo de luz cuando alguien se dispuso a abrir la puerta. Eran aquellos hombres, y parecían apurados además de nerviosos. Suspiro de nuevo, resignándose a una nueva ronda de tortura, pero sus ojos se abrieron al ver que le sacaban de su cautiverio.

Cerró los ojos de golpe al sentir la luz golpearle en la cara después de casi tres meses de completa oscuridad. Pero no le alegró, pensó lo peor… aquí acababa todo. Iban a acabar con él, le iban a ejecutar y no había cumplido su promesa… No había vuelto con su familia…

Apretó los dientes con rabia y tristeza, intentando no derramar ni una lágrima, aunque aquel dolor en el pecho le incitara a lo contrario. Aquellos hombres le arrastraban rápidamente, hablando entre ellos y gritándose. ¿Acaso todo había acabado ya para ellos? Poco a poco sus orbes se fueron abriendo para enfrentar su realidad, pero lo que vio le dejo perplejo.

– B-Byakuya…

– Capitán Kuchiki… niño insolente. – musito con sus ojos cerrados y sin perder la compostura de noble.

No podía dar crédito a lo que sus ojos estaban viendo, ¿Qué hacía él aquí? Estaba amarrado al igual que él… pensó durante un momento sobre la situación y sus ojos se abrieron aún más. El noble moreno abrió los ojos, mirándose fijamente para después sonreír débilmente.

– Tú no puedes…

– Tienes una familia que te necesita. – recuperó su compostura habitual, cerrando los ojos. – Cumple la promesa que yo rompí, Kurosaki.

Y no pudo replicar más, aquellos hombres emprendieron la marcha, llevando al pelinaranjo su libertad, y encerrando a aquel hombre en su eterno cautiverio. Era imposible… ¿de verdad era libre? No pudo evitarlo, a pesar de la situación, una sonrisa de dulce y completa felicidad surcó su rostro

Volvería a ver a su familia… cumpliría su promesa.

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– Vaya… te ha crecido mucho el pelo, Hikari.

Madre e hija estaban en el salón acompañadas por la familia de Ichigo y Rangiku. La morena acariciaba y peinaba con sus dedos el largo pelo de la pelinaranja; mientras tanto la pequeña se dejaba acariciar mientras jugaba con su nuevo conejito de peluche, regalado especialmente por sus queridas tías.

– ¡Sí! – afirmo enérgica mientras le tiraba el peluche a su abuelo, empezando así una guerra de peluches contra Isshin.

– Cuidado, vas a hacerle daño al abuelo… – advirtió divertida, observando como la pequeña se abalanzaba a por él, al igual que sus dos cuñadas.

Desde la noticia de la retención de Ichigo, la familia de este se había apegado más a ella para darla ánimos. Venían muy a menudo a visitar a la pequeña y como no, estaban al tanto de las noticias que trajo el capitán Kuchiki. Sin embargo, pasó un mes desde entonces y aún no había noticias de Ichigo.

Suspiró apoyando la cabeza en su mano, y mirando la taza de té que reposaba sobre la mesita de madera. Se sentía estúpida, aquel hombre le había hecho ilusiones y ella como tonta le había creído, pero… ¿Dónde estaba Ichigo? Parecía que se querían reír de ella…

– Hey, cariño, ¿Qué ocurre? – pregunto Rangiku la única que estaba al margen de todo el barullo.

– Nada que no sepas Rangiku. – sonrió amargamente.

– Venga, no le des más vueltas. – apreso el menudo cuerpo de la morena entre sus atributos, rememorando antiguos abrazos asfixiantes del pasado. – ¡Abrazo de osa!

– ¡R-Rang..iku! ¡M-me aho…ahog…ahogas! – exhalaba a duras penas.

– ¡A por mamá! – chilló como grito de guerra la pequeña, y ahora el juego se centraba en Rukia.

Entre risas, cosquillas y más gritos de ataque, la familia estaba ajena a quien llamaría a la puerta en escasos segundos. La persona que se encontraba al otro lado de la puerta, aguardando a llamar, esbozó una sonrisa al escuchar los ánimos de dentro de la casa.

– ¡Parad…parad… onegai! – suplicaba la morena entre risas. – ¡Enserio… parad… c-creo… creo que llaman a la puerta! – por fin la dejaron de torturar y escucharon lo que quiso decir.

– ¡Oh, yo abro! – se ofreció Rangiku, levantándose y marchando corriendo hacia la puerta.

La morena se quedo sonriendo, todavía tumbada en el suelo al lado de su pequeña, mientras la familia de Ichigo se levantaba para irse ya que estaba anocheciendo.

– ¿Ya se van?

– Hai, es tarde y vosotras al parecer tenéis visita.

– Oh, bien… – se incorporó, dedicándoles una leve sonrisa.

– ¡Te acompaño a la puerta abuelo! – chilló la pequeña, levantándose de un brinco.

– Adiós Rukia-chan. – se despidieron todos, dejándola en el salón.

– Tened cuidado… – precavió cuando desaparecieron, quedándose sola.

Suspiró y se dejó caer hacia atrás, con sus extremidades abiertas y sus ojos cerrados. Se estaba haciendo demasiado difícil todo, necesitaba a Ichigo y pronto… Hasta que escucho el grito de Hikari y sus ojos se abrieron de golpe.

– ¡Papá! – grito la niña desde el recibidor.

Se levanto tan bruscamente, que dio un golpe a la mesilla y tiró el vaso de té que reposaba encima. Pero poco le importo eso ahora. Corrió con los ojos abiertos y el corazón a punto de salírsele del pecho. Se apoyaba en las paredes para no chocar debido a la velocidad que había adquirido y paró en seco al llegar al recibidor.

Su boca se abrió de forma incrédula, no sabía si aquello era un espejismo o si aquel hombre que tenía enfrente era real. Sus piernas temblaron de la emoción, y no podía moverse. Tan solo se observaban fijamente, sin decir nada. Ella desde el inicio del recibidor y él ahí, en la puerta, con Hikari amarrada a su cuello.

Estaba cambiado, un poco más delgado, con el rostro un tanto demacrado pero su mirada transmitía completa felicidad y amor. Su pelo anaranjado se mezclaba con el de su pequeña, y ahora que se fijaba bien, lo tenía más largo que lo habitual. Lo único que hizo, después de dejar a Hikari de nuevo en el suelo, fue sonreír dulcemente.

– ¡Ichigo!

Y sin más, sus pies recobraron la movilidad y corrieron hacia él. El pelinaranjo la recibió con los brazos abiertos, pero al contrario de lo que esperaba, no recibió un abrazo… sino algo más doloroso en el estomago que le hizo encorvarse.

– ¡Idiota!

– Ugh… – se quejo adolorido ante las sonrisas de todos los presentes, a excepción de Hikari quien observaba asustada y sin entender nada como su mama pegaba a su querido padre. – ¿Q-Que clase de bienvenida es esa, enana? – levanto la mirada hacia Rukia.

Enfrente de él, con su ceño fruncido y sus ojos llorosos, apretando sus labios para evitar llorar. Sus nudillos se volvieron blancos por apretar sus manos de tal forma. Abrió sus labios para insultarle una vez más de forma débil.

–Idiota… – su ceño se relajó y se acerco a él. – Has tardado mucho… – y finalmente le abrazó, escondiendo su rostro en su cuello.

– Lo siento… – la apretó contra su cuerpo, besando la cabellera de su mujer. – Lo siento… – se disculpo de nuevo en un susurro.

La pequeña Hikari se relajo al ver que sus padres se abrazaban después de haberse golpeado, y el resto de la familia sonrió al ver la tierna escena. Los besos en la cabellera de la morena, la hicieron separarse para buscar sus labios de forma ansiosa y le besó de nuevo, con ímpetu y desesperación. Esto hizo sonrojar a las más jóvenes, pero Rangiku e Isshin observaban complacidos el reencuentro.

Ichigo rompió el beso y en un movimiento ágil, cargo a Rukia a su hombro cual saco de patatas. La morena se sorprendió por la reciente acción y se agarro a él para no caerse. De repente, el pelinaranjo comenzó a caminar hacia el pasillo, sin bajarla en ningún momento.

– ¿Ichigo, que haces? – pregunto confundida.

– Debo cumplir otra promesa, ¿recuerdas? – contesto de manera divertida y seductora haciéndola sonrojar al recordarlo.

– ¡I-Ichigo! – le regaño avergonzada.

– ¡Tranquila Rukia-chan! ¡Nosotros nos vamos ya! – Cargó a Hikari. – ¡Pásenselo bien!

– ¿Por qué? ¡Yo quiero quedarme con papá! – rechisto la pelinaranja sin entender nada e intentando zafarse de su abuelo.

– No Hikari-chan, hoy no va a poder ser. Papá va a estar ocupado. – explico de forma picara, mirando a Rukia quien poco a poco desaparecía por las escaleras. – Hoy dormimos en casa del abuelo.

– ¡No quiero! – continuó quejándose y forzando con su abuelo. – ¡Yo también quiero estar con papá! ¿Por qué se van sin mi? ¡Yo también me lo quiero pasar bien! – pedía inocentemente mientras la sacaban de la casa entre risas.

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Entraron en la habitación entre desesperados besos, llenando de suspiros aquel cuarto y frases entrecortadas. Las manos del pelinaranjo acariciaban cada rincón del cuerpo de la morena, guiándola hacia más hacia el interior. Rukia correspondía, pero intentaba hablar de forma coherente a la situación de abajo.

– Ichi… Ichigo… no… – intentaba hablar entre besos. –tu familia…ellos… no…

– Hmm… – gruño molesto mientras bajaba al cuello de la morena, dándola tregua para poder hablar tranquilamente.

– Ichigo… tu familia, Hikari… parece que les hubiésemos echado… – explicaba entre suspiros de placer al sentir el tacto de Ichigo sobre ella. Aún así, no importaba lo que dijese, el pelinaranjo continuaba concentrado en morder, lamer y besar la piel expuesta del cuello, asique decidió llamarle de nuevo. –Ichigo…

– Shhh… – la mandó callar de golpe. Posando su dedo índice en sus labios y chocando sus frentes para mirarse fijamente. – Cállate… – ordeno en un susurro contra sus labios, besándolos en el acto y haciendo que la morena volviese a caer en sus redes. – Ahora… – la beso de nuevo. – Voy… – otro. – a… – paso a su mejilla para llegar a su oído. –… hacerte el amor. – succionó el lóbulo de Rukia, haciendo que un escalofrió recorriera su columna.

– Ichigo… – gimió complacida, y sin rechistar le beso con ímpetu.

Cuando el beso se tornó apasionado y desesperado, las manos de Ichigo sacaron a tirones el kimono de Rukia y la guiaron hasta apresarla contra la pared. Quedose desnuda, y sin cortar el fogoso beso, las manos de Rukia imitaron a Ichigo, pero ella le retiro su vestimenta con más delicadeza, acariciando con suavidad la piel que descubría a su vez.

Sin embargo, las manos de Ichigo tocaban con deseo la nívea y suave piel de su esposa. Vagaban por cada rincón, al igual que sus labios, recordando el sabor de aquella piel que tanto le gustaba y que le volvía completamente loco. La ansiaba, la deseaba, la necesitaba… echaba de menos a aquella mujer, la amaba tanto que no podía esperar a recorrer su cuerpo sin ningún pudor.

Quería oír su nombre brotar de sus carnosos labios, sus gemidos, sus suspiros… todo. Apretó más su cuerpo contra el de la morena, aprisionándola aún más contra la pared. Alzo una de sus piernas desnudas hasta su cadera, incitándola a que le rodease y de paso acaricio su muslo con fervor. Subía y bajaba con lentitud pero con fuerza, llegando hasta su trasero y alzándola para que finalmente quedase colgada en el.

Todo esto, sin que sus labios se separarse.

– Ichigo… – gimió de nuevo al sentir la mano de su marido sobre su pecho izquierdo. Ante tal caricia, echó su cabeza hacia atrás, dándole facilidad para que pudiese atacar su cuello. Y no tardó en hacerlo.

El pelinaranja cogió impulso y camino con ella hasta depositarla sobre el futón, volviendo a la carga en cuestión de segundos. Cuando tuvo el cuerpo de Rukia a su merced se sintió el hombre más afortunado sobre la faz de la tierra, recorrió cada rincón con sus labios, desde su cuello, clavícula, pechos, vientre… todo. Con cada beso, le añadía una caricia.

Llego hasta sus piernas y comenzó a besar sus muslos, besando lentamente el interior para subir a su centro, arrancándole un gemido a la morena, quien tan solo se agarro a las sábanas, gimiendo desesperadamente.

–¡Ichi…Ichigo…! – le necesitaba demasiado, necesitaba sus caricias, sus besos… pero también necesitaba sentir su cuerpo, tocarle, besarle al igual que el lo estaba haciendo. – P-Por favor… para… Ichigo… – jadeo agarrando su cabello y separándole de su intimidad para mirarle a los ojos agitadamente.

Quedaron así unos segundos, hasta que el moreno se lanzo a sus labios de nuevo. La morena correspondió con igual o incluso más intensidad, sacando fuerzas para tomar el control y quedar ella encima de nuevo. Con ansias abandono sus labios para besar cada rincón de su cuerpo. Bajo por su cuello, aspirando su aroma que embriagaba su cama y que le hizo todo más difícil, continuó por su clavícula y bajo por su pecho, mientras tocaba su músculos, que no habían cambiado demasiado.

Cuando llego a su vientre, extraño de nuevo sus labios por lo que volvió a subir hasta ellos para besarlos de nuevo. Los brazos de Ichigo la rodearon por la cintura, apegándola más a su cuerpo y haciéndola rodar de nuevo. Ya no podía soportarlo más…

– Rukia… – la llamo entre besos y jadeos. – Quiero hacerte mía ya, Rukia… – pidió besando su mejilla.

– Hazlo ya Ichigo… por favor… – suplico enroscando sus piernas a su cintura, rozando sus intimidades directamente.

Y sin más dilaciones, se adentro en ella para después soltar un gutural gemido al sentir su miembro apresado en la estrechez de la morena. La morena se sintió completa por fin en un año, se sintió completamente feliz y al sentirle dentro tan solo pudo sonreír complacida. Le abrazo y escondió su rostro en su cuello, sonriendo sin cesar mientras el se movía sobre ella.

Llevo sus manos a la nuca del chico, enredando sus dedos en el pelo de él, el cual estaba más largo que antes. Daba leves besos en su cuello, susurrando su nombre cosa que hacía que el pelinaranja se excitase más y aumentara la profundidad de sus embestidas. La morena se desplomó en el futón y su sonrisa se vio aplacada por lamentos de placer. Se aferró a las sábanas cuando tras las últimas embestidas sintió como su pequeño cuerpo se contraía espasmódicamente.

El pelinaranjo se derramó por completo en ella ante la presión, quedo apoyado en sus antebrazos, regulando su respiración mientras sus frentes quedaron juntas, más sus ojos no estaban abiertos aún.

Salió con cuidado de ella, ganándose un quejido de desaprobación y suspiro agotado. Poco a poco abrió los ojos, encontrándose con las orbes violetas de su esposa, las cuales le observaban con dulzura y amor. La morena sonrió y acarició el rostro de su esposo con cariño, apartando los mechones de pelo de su rostro.

– Te amo Rukia… – susurró mientras giraba levemente la cabeza para besar la mano de ella. – No sabes cómo te extrañé…

– Idiota… –susurró abrazándole y haciendo que escondiese su rostro en su fino cuello. – Hikari y yo te extrañamos mucho…

– Hikari… ha crecido tanto… – susurró de nuevo.

– Te amo…

Ichigo se incorporo de nuevo para besarla una vez más, pasando su brazo por la cintura de ella y girando de nuevo, para situarla sobre su cuerpo. Le encantaba esa postura, tenerla sobre él, dándole su calor con su pequeño y ligero cuerpo. La abrazó y la tapó con la sabana para que no pasara frio.

– ¿Cuándo viniste…? – pregunto acomodándose sobre su pecho.

– Ayer por la noche…

– ¿Por qué demonios no me avisaste? – le regaño tranquilamente mientras acariciaba uno de sus pectorales.

– Estuve en revisión durante unas horas y tuve que descansar… – explicó con los ojos cerrados. – Además, quería darte una sorpresa.

– Idiota… – se abrazo más a él. – ¿Cómo… cómo te sacaron de allí?

– Byakuya… – contesto mientras abría los ojos y miraba el techo.

– Lo sé, me dijo que te sacaría de allí… – dijo tranquila. – ¿Dónde está? Debemos agradecerle aunque sea solo eso…

– El no está aquí… – hablo serio.

– ¿Cómo…? ¿Y dónde está…? –se incorporó apoyándose en el pecho de Ichigo, mirándole fijamente a los ojos.

– Rukia… – la miró fijamente. – El se cambió por mí…

– ¿Qué…? – susurró anonadada.

– El se cambio por mí… – repitió. –Era obvio que preferían tener retenido a un capitán antes que a mí… por eso aceptaron.

–… – la morena no pudo articular palabra, estaba en shock. – Él… ¿de verdad hizo eso?

– Rukia, si él no hubiese llegado… yo ahora no estaría vivo.

A la morena se le paro el corazón durante un instante y cuando reacciono ante las palabras de Ichigo, tan solo pudo abalanzarse de nuevo sobre él. El simple hecho de pensar que pudo haber muerto y que ahora podría ser que no le tuviese bajo ella, la mataba. Asique ahora que le tenía en carne y hueso allí, no le soltaría jamás…

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Estaban completamente agotados, pasaron toda la noche en vela, y apenas descansaron 4 horas. La verdad Ichigo estaba cumpliendo la promesa casi a rajatabla, "a todas horas…" y vaya que la estaba cumpliendo. Pero ahora ambos reposaban tranquilos sobre el futón, descansando de tanto ajetreo nocturno.

La luz ya se coló completamente en la habitación, despertando al pelinaranjo y observando a la mujer que tenía a su lado, durmiendo plácidamente mientras le daba la espalda desnuda. Hermosa, simplemente… hermosa. Sintió la tentación de besar su cremosa y blanca piel, y no dudo en hacerlo. Se apego a ella y beso su hombro suavemente.

– Hmmm… – la morena se removió al sentir el gentil roce.

Este continuó besándola, bajando de su hombro por su brazo mientras lo acariciaba. Observo como Rukia sonreía levemente aún adormilada y no pudo evitar sonreír también. Subió por el mismo camino y llegó hasta su cuello el cual atacó de forma más desesperada.

– No te cansas nunca, ¿eh? – susurro de forma divertida, girándose poco a poco para quedar rostro con rostro.

– Nunca me cansaría contigo… – continuó besando su cuello y poniéndose poco a poco encima de ella.

– Pervertido… – se carcajeó levemente abriendo por fin sus ojos y proporcionándole caricias en su ancha espaldas.

– Además… – continuó entre beso y beso. –… estoy faltando a mi promesa… ya han pasado 4 horas sin hacerte el amor…

– ¿Pues a que esperas? – le incitó mientras mordía su hombro. – ¿No querrás faltar a tu promesa?

El pelinaranjo esbozo una sonrisa de medio lado y la beso de nuevo.

– Ni loco…

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– ¿QUEEEEEEEEÉ!

La voz de Rangiku resonó por todo el salón, llamando la atención de Ichigo y Hikari, los cuales jugaban (muy a pesar de Ichigo) con aquel conejo que tanto adoraba su hija. Rukia tan solo les dedico una sonrisa nerviosa y la miro alarmada, con su ceño fruncido.

– No grites tanto Rangiku… – la regaño por lo bajo.

– ¿Pero cómo es posible…? – imitó su tono de voz, agachándose para que solo Rukia pudiese escuchar.

– ¿De verdad tengo que explicártelo? – arqueó una ceja.

– No pero… pero… ¡Rukia!

Otra vez llamaron la atención de los otros dos, haciendo que Ichigo las mirase de forma sospechosa. Algo no iba bien, pero volvió a atender a su pequeña. Ya paso un mes desde que volvió Ichigo y todo iba muy bien, por no decir que perfecto. Ichigo tenía unos meses de reposo y pasaba mucho tiempo con su familia.

Y claro, pasar tiempo con su familia incluía ciertas actividades con la morena…

– Maldita sea Rangiku… shhhh. – la volvió a callar. – es normal… desde que volvió no es que nos hallamos comportado como santos…

– ¿Pero porque no te cuidaste, Rukia? Mira que te lo he dicho veces… – la reprendió de forma divertida.

– Lo sé, lo pensé tarde…. Pero el día que vino… pues… – la miró de forma desesperada – ¡Rangiku llevaba un año sin eso! ¿Cómo esperabas que me cuidase…?

– Ay, vaya, vaya… ¿y se lo piensas decir a Ichigo? – pregunto mientras ambas dirigían la mirada a él. Estaba jugando a las muñecas con Hikari y su rostro era completamente de disgusto y aburrimiento.

– Pues… no sé yo que decirte… – hablo divertida. – ¿Otra Hikari que le obligué a jugar a las muñecas?

– Cierto… – ambas empezaron a reír, ganándose una mirada asesina por parte de Ichigo, el cual creía que se estaban burlando de él. – Pero… ¿y si es un hombrecito? Le haría ilusión.

– Si… aunque creo yo, que le hará ilusión sea lo que sea…

– Pues… ¡ya está! – se levanto llamando la atención de los otros dos. – ¡Ichigo! Rukia tiene una noticia que darte.

– ¿huh? – se giró a mirar a Rukia con una ceja arqueada. – ¿Q-Que noticia…? – pregunto asustado.

– ¡Rangiku… no…! – la regaño mientras la dejaba en un aprieto y cargaba a Hikari para irse de allí.

– ¿Sabes qué Hikari? – Ichigo escucho atento lo que iba a decir Rangiku, sin mirar a una pálida Rukia. – ¡Dentro de unos meses vas a tener un hermanito! ¿No es genial? – finalizó saliendo de la habitación con una contenta Hikari.

– ¿Qué? – los ojos de Ichigo se abrieron del pánico y no se creían lo que estaba escuchando.

Rukia tan solo sonrió nerviosa y habló…

– Jeje… ¡E-Enhorabuena vas… vas a ser papá…!

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¡YYYYYYY CORTEN! ¿Bien? ¿Qué tal este capitulo? Ha tenido un poco de todo: Reencuentros, aclaraciones, LEMMON y un final divertido Jajajaja Ya estamos en el penúltimo capitulo, lo que significa, para aquellos que sean un cortitos, que el próximo capitulo será el final T_T ¡Es tan triste! ¡Me da tanta pena terminar este fic! Pero hay que hacerlo…

El próximo capitulo será más serio y se terminarán de aclarar los matices principales de la historia, se volverá a narrar en primera persona como en el primer capitulo pero bueh, ya lo veréis ¿ok? Bueno pues sin más, espero vuestros comentarios y opiniones!

¿Review? :DDDDD

Besos

SMorphine