Capítulo 7 - Polvo Blanco
Nada más bajar las escaleras supe que Sherlock había pasado la noche en el piso, en el piso pero sin dormir. Lo que antes era un espejo ahora era un collage de fotografías, lo que hasta la noche anterior era una pared ahora era un corcho donde había cientos y cientos de papeles pegados, y por ultimo, había tapado la cara amarilla agujereada con un gran mapa de Londres donde, marcados con chinchetas rojas, estaban localizados los últimos asesinatos. Como se aburría este hombre, bostecé.
"Veo que has dormido bien hoy" me saludó desde la cocina y salió de esta con una taza de café que me entregó.
"Vaya… gracias" Sherlock no era muy conocido por ser tan amable.
"Es que te necesito despierto y despejado para el caso" no, si ya lo sabía yo…
"Ponme al día"
"Bueno, la verdad es que te conté todo ayer. No hay ninguna relación entre los asesinatos y…"
"¡Claro que la hay! Lo que pasa es que tu coeficiente no llega a tanto, no te ofendas" se apresuró a rectificar "Esa parte déjamela a mi" se paseó por la habitación con las manos detrás de la cabeza "Tú tienes que ir a los últimos escenarios y buscar alguna pista, con que busques en los últimos quince escenarios me basta"
Rodé los ojos, no necesitaba ir al gimnasio, ya hacía suficiente deporte acatando las ordenes que me daba el detective.
"Y, ¿qué busco?" me fulminó con sus ojos verdes.
"¿En serio, John? ¿En serio?" y regresó a estudiar los papeles de la pared.
Subí a mi habitación y me puse un jersey, últimamente hacía mucho calor por lo que esta vez no me puse ningún abrigo. Guardé el móvil en un bolsillo, una libreta, un bolígrafo, la pistola en la espalda y el estuche de Sherlock en el otro bolsillo.
"¡No te olvides de comprar leche!" me chilló mientras bajaba las escaleras.
En ese momento entraba la señora Hudson cargada de bolsas de la compra y la ayudé a colocarlo todo antes de marchar y coger un taxi.
"¿Ya os habéis peleado de nuevo?" me preguntó alegremente mientras metía unos tomates en la nevera.
"¿Peleado? ¿Por qué lo dice?"
"Siempre te manda fuera o cuando estáis enfadados o cuando hace algo que no quiere que veas…" no le di demasiada importancia a la conversación y me despedí de ella rápidamente.
Me dirigí primeramente al último escenario, en un callejón cerca del puerto, en una zona comercial. Pagué al taxista para que me esperara y bajé. En esta parte de la ciudad no había mucha gente, tan solo algunos pescadores que pasaban de vez en cuando. Una docena de naves se alzaban ante mí y busqué la número nueve. No sabía cual era pero la mancha reseca de sangre en el suelo me dijo que había llegado al lugar exacto. No había nada, solo aquella oscura mancha marrón, nada, ni huellas, ni papeles, ni ningún indicio de que allí hubiera ocurrido un asesinato tan solo dos días atrás. Suspiré frustrado, Sherlock me mataría.
Di varias vueltas por las naves pero no hallé nada, NADA. Me cansé de buscar y regresé al taxi, le di la dirección del segundo asesinato y nos pusimos en marcha.
Esta vez era un callejón del centro, no había mucha gente, solo unos drogadictos al final de la calle, sentados en unas cajas.
"¡Eh tú! ¡Rubito!" me chilló una desde el fondo y todos los demás se giraron hacia mí.
Por un momento tuve pánico cuando comenzaron a caminar hacia mí, pero yo había sido soldado, había servido en Afganistán, no me iban a asustar unos simples yonkis.
"¡Guapo, ven aquí!" me llamó otra, cogí aire y caminé hacia ellos.
"Necesito información" dije lo más serio que pude "Hace unos días hubo un asesinato aquí, estoy buscando…" se empezaron a reír, a reírse en mi cara, y me comenzaron a rodear.
"¿Por qué tenemos… que decirte nada, rubito? Se acercó la primera y me empezó a sobar. Los demás seguían riéndose y recordé algo.
Metí mi mano en un bolsillo y saqué una placa de policía, una de las muchas que Sherlock le había robado a Lestrade.
Me soltaron rápidamente y se pusieron histéricos, recogían sus cosas a toda velocidad y tuve que chillar para que me oyeran.
"¡Solo decidme lo que quiero saber y os dejaré!" levante la placa y me la volví a guardar lentamente, parece que eso les calmó "Solo quiero información de lo que ocurrió el miércoles, sé que estabais aquí" les leí la mente seguían nerviosos pero más calmados.
"Vinieron una piva y un tío, ella iba ahí… too borracha. Se quedaron allí" señaló la esquina "y se liaron un rato y después él se piró" me contó un chico.
"Como ella no se movía fuimos a despertarla. Y… yo la llamé: ¡tía, ¿qué te pasa? Pero ella no contestaba y… creo que ya había estirado la pata" continuó otro.
Saqué mi libreta y apunté algunos detalles.
"Y, ¿cómo era él?" les cuestioné.
"Pues no se… guapo, era un hombre normal, con una camiseta y unos pantalones…"
"Ya" esto no me iba a servir de mucha ayuda "Gracias" empecé a marcharme pero me detuve súbitamente. A unos pocos metros de la sangre había una pequeña mancha blanca. Corrí hacia ella.
Me agaché y comprobé que no era una mancha, era un pequeño residuo en polvo. Era tan poca cantidad que no creí que pudiera coger una muestra con el estuche, solo unas pocas partículas. Pero al menos era algo y seguramente Sherlock sacaba más de mil datos de solo medio milímetro.
Les di unas monedas y regresé al taxi.
No fui ni a la mitad de los sitios que tenía que visitar pero regresé contento. El polvo blanco había aparecido en dos escenarios más y preguntando a los vecinos pude conseguir una ligera descripción del sujeto en cuestión.
Todas las personas coincidían en que sus acompañantes, las victimas, iban borrachas aunque no había ningún resto de alcohol en los cuerpos. Con algunas se besaba, con otras simplemente iba charlando pero él el que las dirigía a callejones o esquinas escondidas.
También descubrí que el hombre era el mismo, obviamente, y que siempre iba vestido de negro con una gorra de beisbol en la cabeza, por lo que ningún testigo me pudo describir como era su cara.
"Dime que tienes algo. ¡Dímelo!" me sujetó de los hombros y me zarandeó en las escaleras.
"Tengo…" me soltó como si quemase.
"¡Sí!" subió a todo correr, me quitó los botecitos de las manos y se subió al taxi del que me acababa de bajar abrochándose los últimos botones de su camisa.
Me quedé ahí parado.
"¿Vienes o qué?" me chilló desde el interior del vehículo.
Molly ya nos estaba esperando, ya ni me paraba a preguntar cómo lo hacía este hombre. Dejó el abrigo de cualquier manera sobre una mesa seguido de su bufanda y se sentó delante de su microscopio favorito. Esto iba para largo.
Mientras se ponía los guantes de látex y preparaba todos los utensilios requeridos me salí a la sala general con la forense.
"¿Qué tal estás? Atareado por lo que veo" me sonrió de esa forma tan inocente que ella solo sabía.
"Haciendo de perrito faldero de Sherlock Holmes" me encogí de hombros "lo de siempre"
"¿Qué pasa? ¿Os habéis peleado?" que manía tenía la gente.
"No, solo que está muy raro últimamente, más de lo normal" levantó las cejas "Ha aceptado un caso demasiado normal"
"Quizá no tendría otros c…"
"¿¡Qué dices! ¡Si tenía cientos!"
"No sé…" suspiré y le observé por el circulo de cristal de la puerta. Estaba tan concentrado.
¡Muchas gracias por vuestros reviews! ¡Ya hemos pasado los diez haha!
Ahora en serio, quiero agradeceros vuestro apoyo, se que soy una pesada pero últimamente me dejais unos comentarios tan ricos...
Sí, lo más comentado ha sido los celos de John con la señora Hudson y la escenita de la esquina... Habrá más, don't worry ;)
Cualquier duda sugerencia queja idea es bienvenida.
