Capítulo 11 - Probando


Me desperté sudando y con la respiración acelerada, otra vez aquella maldita pesadilla. La habitación estaba a oscuras, demasiado oscura… No recordaba haber cerrado por completo la contraventana, es más, me gustaba despertarme con los primeros rayos de sol. Miré el reloj de la mesilla de noche que marcaba las tres y pico de la mañana. Definitivamente alguien había entrado en mi habitación así que me incorporé rápidamente y un sonido me alarmó. Era como de metal cayendo sobre el suelo, me agaché y encontré una cuchara tirada cerca de la cama. ¿Una cuchara?

"¡Sherlock!" el aludido salió de debajo de la cama con una sonrisa inocente limpiándose el pijama azul claro que llevaba.

Se quedó de pie, mirándome desde arriba como si le acabara de reprender por lo más normal del mundo.

"¿Tengo que cerrar con llave?" me froté los ojos cansado mientras este se colocaba mejor la parte de arriba de su pijama.

"Sabes que tengo copias de sobra" paseó hasta el otro extremo de la habitación y se sentó en el otro lado de la cama.

Me levanté intranquilo, ¿desde cuando llevaba ahí? Joder… debía de tener un sueño muy profundo para no haberme despertado con los "experimentos" del detective. Me senté en el borde de la cama y me froté los ojos mientras él se agachaba a recoger sus cachivaches. Tenía una cuchara, un mechero, la bolsita de…

"¿Me intentas drogar?"

"No…" ironizó "Si no te hubieras despertado ya estarías en el suelo rodando como una croqueta"

"¿Te parece normal lo que estás diciendo?"

"Y, ¿por qué no? Necesito comprobar por mi mismo los efectos de la Estaticina, tú eres el humano más cercano en estos momentos; conclusión, voy a probarla contigo"

Perrito faldero, conejillo de Indias, ¿qué sería lo siguiente? ¿Es qué no tuvo suficiente con hacerme alucinar con el perro de Baskerville?

"Ah, no. No, ni hablar, eso si que no, ya tuve con aquel café. No, no…" empecé a negar con la cabeza como si mi vida fuera en ello.

"Si no lo haces por las buenas… tendré que utilizar otros métodos" levantó las cejas sugestivamente "No podrás vigilar todo lo que ingieres"

"Ya veremos…" me metí en el baño y cerré el pestillo.

Un ligero nerviosismo me invadió por completo y no me dejó relajarme hasta que lo escuché abandonar mi habitación. Cuando quería algo lo conseguía. No me asustaba la idea de que él tuviera control total sobre mí, no me haría nada, me daba miedo lo que yo podría decir e incluso intentar hacer. Pero, ¿a qué tenía miedo exactamente? ¿Qué podría decirle? ¿Qué harían mis instintos si les daba rienda suelta? Abrí el paso de agua caliente y me desnudé. Tenía dos opciones, hacerlo ahora o retrasarlo hasta el máximo. Me decanté por esta última. Tendría que hacer yo mi propia comida, aunque ya la hacía siempre, incluso podría haber mezclado la droga con la sal. También estaba la opción de ir al chino de abajo pero seguramente ya les habría avisado. Mierda. ¿Qué iba a hacer?

Desde ese día solo comí comida preparada del supermercado, directamente del supermercado a mi estómago. Ni si quiera tomaba ya té. Sherlock se preparaba unos cuantos al día pero cualquier medida preventiva era bienvenida.

Últimamente él estaba más tranquilo, se dedicaba a hacer experimentos con cadáveres en el hospital, o eso pensaba yo, y a resolver algún caso suelo por puro aburrimiento. El caso Montgomery no lo tocó mucho, decía que aún era pronto para actuar; y el caso del asesino se quedó en stand by hasta haber completado su experimento conmigo que me recordaba una y otra vez a la vez que me dedicaba una sonrisa o risita nerviosa. Yo tampoco paraba mucho por el piso, trabajaba a media jornada como médico de cabecera sustituyendo a Peter Ford que estaría de baja por algunas semanas.

A los pocos días llamé a Charlotte. Yo solo quería arreglar las cosas, si hubiera sido necesario hasta le habría contado la verdad, lo que fuera para aclarar el incidente ocurrido en la discoteca. Pero ella no me contestó, ni a la primera ni a la segunda ni a la tercera. Desistí y decidí ir por mí mismo.

Los miércoles salía pronto, a las 13.30. Sherlock había adivinado el horario de toda su semana solo con ver las veces que Henry actualizaba su Facebook. Llegué al edificio verde botella a las 13,40, comenzaban a salir unos pocos alumnos y profesores, quizá había llegado ya tarde, si corría podría cogerla en la parada de autobús. Eché un último vistazo a la puerta antes de girarme hacia Tottenham Road. De refilón pude verle, Henry. Me observaba desde el otro lado de la acera, apoyado en la pared de ladrillo y con la camisa por fuera. Sentía sus ojos oscuros detrás de sus gafas clavados en mi nuca. No me volteé para no darle más razones para sospechar de mí así que le miré ligeramente reflejado en los escaparates de la calle, me seguía, a cierta distancia, pero me seguía. No había ningún autobús estacionado y, esperando, solo estaban un chico y una anciana. ¿Dónde demonios se había metido? Aceleré el paso y me metí en otra calle paralela a Chenies St, estaba vacía. Seguía escuchando los pasos acelerados del profesor detrás de mí, cada vez más cerca.

Como un acto reflejo llevé mi mano a la pistola que tenía escondida entre el jersey y el pantalón, sin sacarla, solo para asegurarme de que seguía ahí, aunque no la necesitaría; mis ganchos eran los mejores de mi escuadrón. No me asustaba un puñetero pederasta así que aminoré la marcha. Si tenía algo que decirme que fuera empezando. Él también deceleró y dando una gran zancada me alcanzó, me tocó el hombro y reaccioné automáticamente cogiéndole la mano y haciéndole una llave hasta dejarlo de rodillas en el suelo con un gemido de dolor.

"¡Ah!" ¿Pero qué coño le pasa?" se quejó sobándose el brazo dolorido "Se te ha caído esto, gilipollas" me tiró un cuaderno a la cara que no me dio tiempo a esquivar, era mi libreta.

"Eh… gracias" le intenté ayudar pero me empujo ligeramente apartándome de él "Oye, lo siento, pensé que…" intenté disculparme.

"¿Pensó qué? ¿Qué pensó? ¿Qué le quería robar?" se puso en pie y dio un paso hacia mi,

"¿Robar? ¿Quién ha hablado de robar?" caminé otro paso más hacia él acortando la distancia.

"La cosa es si usted me quiere robar algo a mi" me señaló amenazador con el dedo índice.

"Ya no estamos hablando de la libreta, ¿verdad?" me estaba empezando a cabrear.

"No y usted lo sabe de sobra" se metió las manos en los bolsillos y se inclinó hacia atrás, como si no tuviera por qué defenderse de mí, eso ya lo veríamos.

"Y, ¿se puede saber qué sé tan bien?" me crucé de brazos y apoyé el peso en la pierna buena.

"Mire me cae bien, así que no quiero malos rollos, usted ya sabe qué no debe hacer, no lo haga y todos contentos" dio media vuelta y se alejó de mi con la cabeza alta.

¿Ahora también me daba órdenes un maldito viejo verde? Le dejé marchar, estaba tan enfadado que me temblaban las manos. ¿Pero quién se creía que era el tipo este? Cerré los puños tan fuerte que los nudillos se tiñeron de blanco. No era el momento de hacer una escena, no me pareció buena la idea de pasar unas semanas entre rejas.

Llegué casi corriendo a Baker Street. Varias veces me había parecido ver esa maldita cara escondida en una gorra, probablemente imaginaciones mías, mi cerebro solo mandaba una señal a mis brazos, partirle la cara. Iría a ver a Charlotte, hablaría con ella, saldría con ella, la besaría e incluso me la tiraría, y ese maldito cabrón no me haría nada por ello.

Entré en el piso dando un portazo y subí haciendo un ruido casi el triple del normal. El salón estaba vacío. Entré y tiré las cosas que llevaba en los bolsillos, puse más hincapié en la puñetera libreta que no acabó en el fuego de milagro. La cocina estaba llena de los juguetes de química de mi compañero de piso, pero no me importó, abrí la nevera en busca de algo que beber. Solo había leche y órganos etiquetados en bolsas. Podía hacerme un té pero necesitaba algo más fuerte. Busqué en los armarios con furia, nunca había comprado ninguna botella de alcohol pero único que deseaba era encontrarme una de ginebra rancia que llevarme a la boca. Y la encontré, no era ginebra, ni whisky, ni vodka pero me olió lo suficientemente cargado. Quité el corcho y le pegué un gran trago que me quemó la garganta. Mientras me pasaba, solo mientras tragué me di cuenta del error que acababa de cometer.

"¡Por fin!" chilló el detective desde su cuarto.

Desde ese momento solo tengo vagos recuerdos, le vi salir emocionado y empezar a revolver la habitación excitado, cambiar cosas de sitio, poner otras nuevas… Me dijo algo peor mis oídos ya no le escuchaban. Lo siguiente que recuerdo fue despertarme por la mañana, o a las dos mañanas.

El sol me hacia daño en los ojos aun teniéndolos cerrados, me quemaba las retinas a través de los parpados. Intenté incorporarme pero el cuerpo no me respondía, sentía un cansancio extremo, como si no hubiese parado de correr en horas. Me moví ligeramente y sentí una superficie mullida bajo mi cuerpo, estaba tumbado boca arriba y hacía frío. Después de varios intentos pude abrir los ojos y busqué asustado algo que me fuera familiar. No estaban mis cuadros, ni mis cortinas, ni el horrible papel de pared, en su lugar había una tabla periódica enmarcada… No. Abrí los ojos lo más que me dejaron e intenté salir de allí. Los brazos no me dejaron levantarme, giré la cabeza y las vi, unas esposas con mis manos atadas a la cama me impedían la huida. Sí, estaba esposado a la cama de Sherlock, pero eso no fue lo peor. El frío era causado por la no camisa que llevaba puesta. Tenía el torso desnudo y mojado de una fina capa de sudor. Las sabanas y mantas se enredaban a mis pies, peor eso tampoco fue lo peor…

"Buenos días, bella durmiente" me saludó el moreno desde la puerta con solo una sabana tapándole su pálido cuerpo.


Siento la tardanza.

Quiero agradecerles todos sus reviews, y a .o0 y a LNOops que no puedo contestarlas :)

Ahora es vuestro turno, si me dejais suficientes comentarios, escribiré lo que ocurrió aquella noche, si no... John se quedará sin saberlo, lalala