Capítulo 12 - ¿Explicaciones?
Cerré los ojos, los cerré con tanta fuerza que dudaba de si podría abrirlos más tarde. Los cerraba para no verle, para que él no me viera a mí. Quería desaparecer, que me tragara la tierra. Un nudo se me hizo en el estomago que me subió hasta la garganta haciéndome difícil el respirar. No sabía ni cuánto tiempo llevaba el moreno en la puerta mirándome, ni cómo había acabado en su cama, atado, esposado, ni por qué no llevaba ninguna camisa puesta. No recordaba nada, absolutamente nada desde la pelea con Henry, ni si quiera como había llegado a casa.
"¿Me vas a sacar de aquí hoy o mañana?" le pregunté sin abrir los ojos todavía.
No me respondió pero supe que había sonreído, de esa forma que solo sabía él, demostrando orgullo, autosuficiencia, que no habría nada que él no supiera o pudiera resolver, haciéndome saber que él siempre tendría el control de todo, de mí. Pero no se movió de la puerta, solo se reía en silencio, haciendo que mi vergüenza fuera aumentando por momentos, sumiéndome en el ridículo poco a poco.
Por fin se movió pero tan sigilosamente que no escuché a donde se dirigía. Giré la cabeza a la derecha y después a la izquierda sin mirar, agudizando el oído en busca del detective. Un chasquido a mi izquierda, un suspiro a la derecha. Mi pecho subía y bajaba de forma arrítmica y acelerada y mi cerebro abrió mis ojos sin que yo lo quisiera. La luminosidad de la habitación me volvió a cegar pero me acostumbré a los pocos segundos. Se había tumbado a mi derecha, aún con la sabana enredada en sus piernas, con los ojos cerrados y boca arriba, juraría que ni respiraba.
"Por favor, Sherlock" susurré sin mirarle de la vergüenza.
Me respondió con un fuerte suspiro.
"Ahora volverás a ser el aburrido John Watson de siempre" giró su cabeza hacia mí y me miró con sus ojos verdes.
"¿Qué pasó anoche?" él me respondió con una sonora carcajada.
"Querrás decir, qué no pasó anoche, porque, mi querido John, esa droga es una maravilla" se incorporó y se levantó buscando algo en los cajones de su armario "Si la llave sigue aquí, te dejaré ir en unos segundos…" me contestó automáticamente concentrando toda su atención en recordar dónde la había dejado "No me mires con esa cara, no hiciste nada que no me esperara ya"
"Y, ¿qué te esperabas? Porque seguramente algo muy diferente a lo que yo" apoyé de nuevo la cabeza en la cómoda almohada de plumas y cerré los ojos esperando.
"Seguro que no…" dijo para sí mismo pero como casi siempre se le olvidó cerrar la boca mientras pensaba.
¿Eso qué significaba? ¿Qué pasó? Algo que me esperaba ya dijo él. Pero, ¿qué pensaba yo que había hecho? Estar semidesnudo y esposado a la cama del único detective consultor del mundo no ayudaba mucho. No habría podido pasar nada de lo que mi mente comenzaba a barajar. Él… yo… Por dios, ¡era Sherlock Holmes! Casado con su trabajo, asexual de nacimiento, asqueado de solo pensar la posibilidad de intercambiar fluidos con otro ser humano. No él no podría haber hecho nada de eso, en cambio yo… no estaba tan seguro. ¿Por qué? Después de cientos de relaciones, no muy exitosas eso sí, con mujeres ahora comenzaba a dudar de mi heterosexualidad, justo ahora. ¿Entonces cómo es que estaba yo sin camiseta? ¿Cómo es que estaba él sin nada? Abrí los ojos y le miré desde la cama. Estaba de espaldas a mí como Dios lo trajo al mundo. Era alargado, delgado, pero con esos brazos podía pegar unos buenos puñetazos si se lo proponía. No era musculado pero estos se le notaban tonificados debajo de su blanca piel. Sus negros rizos se revolvían en su cabeza cada vez que realizaba cualquier movimiento. Su larga espalda terminaba en…
"¿Vas a tardar mucho?"
"Anoche no estabas tan impaciente…" dio un giro de ciento ochenta grados hacia mi con la mano alzada en señal de victoria, entre sus finos dedos sujetaba la maldita llave metálica.
Fíjate en sus ojos, mírale a los ojos, los ojos, los ojos… Y sin querer bajé la vista pasando por alto su desnudo pecho, su delgada cintura, su… Regresé en una milésima de segundo los ojos a los suyos y sonrió de nuevo. Me puse nervioso y él lo sabía de sobra.
"Por favor, date prisa"
"¿Por qué tanta prisa, John? ¿Es qué… te pongo nervioso?" subió a la cama como un gato y avanzó hasta quedarse pegado a mi. Me soltó en un ligero movimiento de sus manos y rápidamente me froté las muñecas por las marcas que me habían quedado en ellas.
Me levanté demasiado rápido, la cabeza me dio unas cuantas vueltas a la habitación y me tuve que agarrar a la mesa para no caer al suelo. La droga todavía circulaba por mis arterias, muchísimo menos concentrada pero aún estaba ahí. Hice acopio de fuerzas y caminé lentamente hasta la puerta, tenía que salir de allí ya.
"Se te pasará en unos minutos, treinta y tres si mis cálculos son exactos" ya no le hacía caso.
Solo unos pasos más, unas escaleras, un piso más arriba, una puerta más y estaría lejos de él, encerrándome en el baño podría pensar lo que quisiera, solo eran unos pasos más.
Después de varias caídas y de arrastrarme por las escaleras conseguí llegar a mi objetivo. Entré arrastrando los pies y cerré la puerta con pestillo. Me deshice del pantalón y llené la bañera de agua donde me metí y hundí la cabeza por completo. Sherlock… el egocéntrico detective había derrumbado mi mundo en tan solo dos segundos. No había pasado nada, no tenía que haber pasado nada. Tendría una explicación, siempre la había. Me froté las sienes confundido. Sí, tenía que haber una explicación…
Salí cuando sentí las manos lo suficientemente arrugadas, no sentía las yemas de los dedos, en cambio mi cabeza estaba ya del todo despejada, lo que era malo en cierta manera. Ahora podía pensar con claridad, no tendría el intelecto del moreno pero algo habría aprendido.
La camiseta. La droga podría producir un efecto de calor y sopor, conclusión, me la quité estando drogado.
Su cama. Quizá no me tenía en pie para subir las escaleras hasta la mía, conclusión, acabé dormido en la suya.
Su sabana. Sherlock dice que duerme siempre desnudo. Conclusión, se la habría quitado para dormir en el sofá.
Las esposas. Las esposas…
Nada, no se me ocurría nada, y la explicación a la camisa se me había empezado a desmoronar. Bajé finalmente y él ya estaba vestido con su usual camisa y chaqueta sentado con las piernas cruzadas a lo indio en el suelo y con mi portátil encima de ellas.
"Hazme un té" me ordenó.
No tenía ganas de discutir así que le obedecí, un té con mucha leche y dos de azúcar.
"Oye…"
"Sí, John, te quitaste tú solito la camisa" me respondió sin dejar de teclear "Y te hubieras quitado más ropa si no te lo hubiera impedido"
"¿Pero qué clase de droga es…?"
"Creo que tiene el mismo efecto en todos los consumidores. Los primeros efectos son de aturdimiento, perdida del conocimiento por unos momentos, después de histeria. Te pusiste a gritar y a chillar como un cerdo en el matadero, me hablabas sobre el horario de trenes de la estación sur de Londres… Después te calmaste, me dijiste que tenías hambre y te di algo que había en el armario. Empezaste a contarme tu supuesto plan para robar el banco de Londres utilizando un clip y un armadillo. Te tumbaste ahí" señalo con el índice mientras que con la otra mano seguía escribiendo "diciéndome que había subido el termostato de la casa, te quitaste la camiseta y todo eso… Después te dormiste por unas horas" finalizó.
Siguió escribiendo como si nada, eso solo resolvía una de mis dudas.
"Ya, pero… ¿eh? ¿Las... las esposas?" tartamudeé de pie con la taza de té entre las manos temblorosas.
"Ah, sí. Después de despertarte me confesaste tus fantasías sexuales" me atraganté "Nada que no me esperara. Todas heterosexuales, tranquilo. Después te volvió la histeria incrementada. Te abalanzaste sobre mí gritándome que yo no podía pero que ella sí, así que te tuve que atar para detenerte"
"¿Con unas esposas?"
"Era lo que tenía más a mano"
