Capítulo 13 - Frío
Aquella fría mañana de febrero llovía a torrenciales. Una macha verdosa en el techo de la cocina amenazaba con convertirse en una gotera en toda regla, todavía quedaban restos de alguna explosión esparcidos por le suelo de la sala de estar, la ventana del baño seguía sin cerrar y todo el calor de la casa se escapaba por allí, y para colmo, Sherlock llevaba sin hablarme ya por más de una semana y media.
Después de nuestro "experimento" había vuelto a hacerme el caso omiso de costumbre, y eso solo tenía un nombre, el asesino en serie. Cuatro muertes en siete días lo decían todo. Tres adolescentes, una de ellas embarazada, y un anciano, esparcidos por todo Londres, sin restos, ni pistas, ni testigos, solo aquella marca limpia en el estómago con su correspondiente charco de sangre. El detective había hecho toda una teoría al respecto: el asesino sabía que le buscábamos, sabía nuestros movimientos, probablemente era aún más cuidadoso ahora que se había dado cuenta de nuestra visita a Rolf Warmer, de que ya estábamos al tanto de la droga que empleaba con todas sus victimas para tenerlas a su merced.
Marshall Strauss, Liliana Cooper e Iris Johansson, las tres personas de la lista negra de la Estaticina, conseguida por cierta pelirroja, estaban siendo vigiladas veinticuatro horas al día, siete días a la semana por los hombres de Lestrade. Pero no, no era ninguna de ellas. Por supuesto yo ya había ido a entrevistarles uno a uno.
Marshall Strauss era un adicto a toda clase de droga, la Estaticina era una más de su gran colección.
Liliana Cooper la consumió solo una vez para darle una "alegría" a su novio, que resultó tener el efecto contrario.
Iris Johansson, por el contrario, la utilizaba para experimentar con animales.
Volvíamos a quedarnos en blanco y cada vez le afectaba más a mi compañero de piso.
Los días pasaban monótonos. De casa al hospital, del hospital al supermercado, y de este último de vuelta a casa. La gente era muy exagerada, la mayoría de mis pacientes eran mujeres casadas a las que les dolía la cabeza o simplemente ponían cualquier excusa para escaparse de sus trabajos y maridos. Últimamente la caja registradora y yo nos llevábamos mejor ya que me aceptaba la tarjeta de crédito a la segunda. Y la casa… básicamente, la tenía para mi solo. Él se encerraba en su habitación, con sus chismes y sus cacharros, nunca antes había tardado tanto en resolver un caso, y eso le estaba matando, y las muertes seguían aumentando.
Anderson se pasaba los días en Baker Street trayendo cajas y más cajas con nuevos y antiguos casos hasta tal extremo de haber varias muertes al día. Y cuando pensé que el detective no podría soportarlo más, cuando estaba apunto de romperse…
El 24 de febrero acabó todo. Nada. Ninguna muerte más, no más asesino, no más victimas, nada.
"Sherlock" susurré desde el otro lado de su puerta después de tocar repetidas veces sin recibir respuesta "¿Puedo pasar?" tampoco me contestó y asustado decidí entrar.
La habitación estaba en penumbra, solo la luz de una pequeña lámpara proyectaba su sombra en la pared. Entré con sigilo y una ola de calor y sofocó me pegó en la cara. Las ventanas no habían sido abiertas en días, el suelo sin barrer, semanas. Lo que antes era una cama ahora era una alfombra de papeles y fotografías, y en el suelo, sentado en una esquina estaba él, con los ojos cerrados, abrazado a las rodillas y con la cabeza hundida en el pecho. Nunca le había visto dormir, parecía hasta humano. Me acerqué con cuidado y dejé el plato de comida encima de unos papeles. Me senté a su lado, rozando nuestros brazos. Su reacción fue un escalofrío pero yo me quedé inmóvil. Él, en cambio, se dejó caer, colocando su cabeza sobre mi regazo con una fuerte respiración, aún seguía durmiendo. Los rizos negros le caían tapándole los ojos cerrados y las marcadas ojeras que se habían intensificado en las últimas semanas. Su blanca piel había tomado un tono amarillento enfermizo, los huesos de la cara se le marcaban aún más que de costumbre.
"Qué voy a hacer contigo…" susurré tan bajo que me costó oírme a mí mismo y enredé los dedos en su cabello, dando pequeños círculos en su cabeza.
"John…" me respondió el detective con una voz más grave y ronca de lo normal.
"Shh" le ordené que callara de forma suave y por primera vez desde que le conozco me obedeció.
Relajó todos los músculos, su respiración se acompasó lentamente a la mía y se durmió del todo cuando volví a masajearle la cabeza hasta que yo también caí en los brazos de Morfeo.
Ningún hombre podía estar despierto tanto tiempo, ni si quiera el único detective consultor del mundo, y eso le había pasado factura.
Cuando desperté hacía calor, seguía sentado en el rincón de la sucia habitación a diferencia de que ya no me arropaba el cuerpo del detective, una manta había ocupado su lugar. Me estiré dolorido por la incómoda posición en la que estaba pero que fue tan cómoda tan solo unas horas atrás. La habitación seguía igual, solo que el plato ahora se encontraba vacío. Salí al salón lentamente y todo seguía igual que ayer, sin él. Me senté en mi sofá y cerré los ojos. Una extraña sensación de confort me cegaba, sensación de bienestar, de haber descansado por completo, casi de felicidad. No tenía nada de sueño, ni de hambre, ni de nada. Estaba bien así, todo estaba bien. Y todo eso por el simple hecho de dormir con él…
Los recuerdos de su cama me bombardearon la cabeza. ¿Había dormido en el sofá o realmente había dormido junto a mí? Esa pregunta no salía de mi mente. ¿Y a mí qué más me daba? Es decir, era mi amigo. Sentí una punzada en la parte posterior de la cabeza desde aquel momento en que desperté, una punzada de duda. Pero no dejaría que aquel lejano pensamiento me quitara la sensación que me envolvía entonces.
Aunque sí se la llevó el tono de llamada de mi móvil.
Charlotte Northman llamando
No me matéis, exámenes. Ya acabo el martes, lo siento.
También disculpas por la corta longitud de este capítulo :S
Y miles de gracias a todas las que me escribís de nuevo, sí, fui muy mala al dejar al pobre John ahí... y más dejando a Sherlock sin haberle hecho nada, o al menos eso es lo que le contó al médico, lalala
También quería agradecer, siempre se me olvida, y dedicar este y todos los capítulos a una de mis mejores amigas... la amante de Martin Freeman, porque me costó un montón meterla en este mundillo de Sherlock y ahora está aún más obsesionada y loca que yo. Gracias por ayudarme con los nombres, inspirarme en la trama y todo lo demás que tú haces :)
