CAPÍTULO 4
El hostal que Terry había elegido para la estadía de ambos durante la Expo era muy pintoresco. No era el hotel más famoso de los alrededores pero era perfecto para sus planes. La propiedad consistía solo de pequeños bungalows rodeados de una enorme cantidad de paisaje nevado, cada casita estaba lo suficientemente alejada de la otra para la privacidad que buscaba.
Sin duda era un lugar impresionante. Candy se maravilló con todo lo que observaba, el paisaje nevado que observaba era magnífico. Siempre le había gustado caminar sobre la nieve, y aunque pareciera extraño los árboles sin hojas le parecían preciosos. Mientras el auto avanzaba por la vereda que atravesaba la propiedad que observaba, veía emocionada el paisaje, sería un lugar perfecto para explorar, o sentarse a la luz de la luna a observar las estrellas; aunque no entendía que hacían allí. Se suponía que debían estar de camino al hotel donde se hospedarían esos días. Tenía mucha duda, pero no le preguntaría. En todo el camino desde Londres no habían conversado mucho; Terry le había sugerido llevar solo un auto, para comodidad según él. Renuente había aceptado, después de todo no sería tanto tiempo, además que iban al mismo sitio. No tenía caso que ella llevara su propio vehículo. El camino hacía el pueblo lo habían hecho prácticamente en silencio. Iban mudos, observando el paisaje. Y aunque no hablaban, el silencio que los envolvía no era incómodo, era un hablar sin palabras. Se sentían muy bien uno al lado del otro, solo por la cercanía.
Al llegar a un bungalow más grande de los que habían dejado atrás, Terry aparcó el auto y apagó el motor. Candy estaba confundida. Talvez se había extraviado y él quería indicaciones de cómo llegar a la dirección, pensó.
- Llegamos –dijo Terry con una sonrisa
- ¿Cómo que llegamos? –Dijo confundida- no se supone que debemos ir al hotel para instalarnos antes de la reunión de esta noche.
- Exacto –dijo bajándose del auto- ¡He aquí nuestro hotel! –dijo señalando los alrededores.
- ¿Estás hablando en serio?
- Por supuesto, en el hotel donde se hospedarían los demás ejecutivos ya no había cupo, debido a que el pueblo no es muy grande pues el hotel principal no lo es tampoco, por lo que siendo éste el más cercano al evento, decidí hacer las reservaciones aquí. –dijo sonriente
- ¿Decidiste? ¿No habías mencionado que Annie fue la que había hecho las reservaciones?
- Pues sí, -dudó- solo que ella al preguntarme sobre que hotel prefería, no habiendo cupo en el que te mencioné, le comuniqué que este era muy adecuado. ¿No te lo parece?
- No mucho
- ¿Y eso por qué?
- Por que aquí solo observo bungalows, no pensarás que cada uno se quede en una casa solo, ¿verdad? –aunque la idea de compartirlo con él le provocó escalofríos.
- Para nada. No tenemos tanto presupuesto –mintió- compartiremos uno. –Al ver la cara de horror de la rubia, prosiguió- Pero no pongas esa cara, cada casa tiene dos habitaciones, tú tendrás la tuya y yo la mía. –Candy respiró aliviada- Entonces, ¿entramos a registrarnos?
- Claro. –dijo no muy convencida del asunto.
Los dos entraron a la casa que fungía como recepción. Dentro de ella los atendió una señora un poco mayor, que seguramente sería la dueña del hostal.
- Buenos días –saludó Terry al entrar
- Buenos días jovencitos –contestó la mujer- Nos da tanto gusto que estén aquí. –Mencionó como parte de su recibimiento habitual- ¿Tienen reservaciones? –sonrió
- Si, está a nombre de Terrence Grandchester
- Ah si, tanto gusto señores Grandchester. –Candy enrojeció al oír como los llamaba, seguramente la señora había creído que eran esposos y que estaban de vacaciones, en tan bello lugar; no quiso contradecirla, después de todo nunca la volverían a ver y que caso tenía aclararle el asunto.
La dueña los siguió atendiendo e indicándoles los servicios con los que contaba su estadía. Tal y como Terry le mencionó, tenían hecha una reservación solo para un bungalow. Lo que tanto Candy temió se cumplió, compartiría techo con Terry.
Después de registrarse en la recepción, subieron nuevamente al auto; no tanto porque estuviera lejos el bungalow que ocuparían sino para no tener que cargar el equipaje hasta el lugar. Después de todo podían dejar el auto al lado de la casa. Al localizar el número de casa que les correspondía, Terry estacionó el auto y ayudó a Candy con su equipaje. Nerviosa, Candy entró al lugar y se maravilló del lugar. Los alrededores eran preciosos, pero el interior del lugar era magnífico. Estaba decorado de manera tan hogareña que bien podría decirse que era habitado todos los días del año. En la entrada había un pasillo que dirigía a las habitaciones, a la derecha estaba ubicada una pequeña sala que consistía en un amplio sofá y dos pequeños sillones al lado. Frente al sofá había una chimenea de piedra que complementaba la estampa, además de darle un toque cálido al ambiente. Caminó por el pasillo y al lado izquierdo observó dos puertas que seguramente se trataban de los dormitorios frente a ellos estaba un pequeño comedor de madera y al lado una pequeña cocina separada del comedor por una media pared. Todo estaba decorado en colores cálidos y daban una vista antigua y elegante.
Terry estaba parado en la entrada, recargado en el marco de la puerta. Observaba la curiosidad con la que Candy recorría el lugar, parecía una niña conociéndolo todo. Pues el plan hasta el momento iba muy bien. Ella se había creído lo de la falta de espacio en el otro hotel y había aceptado de buena manera el hospedarse en aquel pintoresco hostal. No había querido que se hospedaran el un hotel común, pues con los servicios que éstos regularmente ofrecían tales como televisión, bares y entretenimiento nocturno; no hubiera podido realizar lo que en este lugar pensaba hacer; conversar. Si, esto es lo que más quería en estos momentos. Conversar con ella. En los días posteriores a su primer día de trabajo, la rubia lo había evadido magistralmente. Él tenía que saber que le ocurría con ella, y solo lo conseguiría poniendo sus pensamientos y sentimientos en orden. Desde el día de la fiesta de compromiso no la había podido sacar de su pensamiento ni un solo instante. Lo cual era muy extraño. Necesitaba saber el porqué de todo esto. Aquí, en este bungalow, ella no tendría escapatoria. No pretendía intimar con ella, por lo menos no por el momento; pero sí debía convivir con Candy, solos; sin el ambiente de una fiesta o una oficina. Estando solos y en un lugar alejado, él podría saber exactamente lo que ella sentía por él. Bueno, eso esperaba.
- Este lugar es estupendo, Terry
- ¿Te gusta? –preguntó sonriente
- Por supuesto. Todo es muy bello. Nunca pensé que existieran lugares así. Después de todo parece que no hubiera cupo en el otro hotel no es tan malo.
- Pues me alegra que te guste. –Sonrió- ¿Por qué no entras a los dormitorios y escoges el que más te guste? Mientras yo entro mi equipaje, ¿te parece?
- De acuerdo.
Después de instalarse en sus respectivas habitaciones, Terry se dirigió a la cocina. Como ya conocía el lugar, había traído comida para preparar. En este hostal no existían restaurantes y las tiendas donde pudieran comprar comida estaban muy lejanas; así que trajo comida suficiente para los dos. La cena de inauguración de la Expo, era en la noche. Tenían el tiempo suficiente para preparar la comida y conversar un rato.
- Pensé que iríamos a algún restaurante.
- Candy, en este lugar no hay restaurantes. Además que mejor que comida hecha en casa, -sonrió- ¿no te parece?
- De acuerdo. Solo que no sabía que pudieras cocinar.
- Yo, mí querida dama. Soy el mejor cocinero que podrías llegar un día a conocer. –bromeó
- Eso lo veremos
Terry sacó de las bolsas que había traído consigo todos los ingredientes que próximamente utilizaría; los que no le servían en estos momentos los colocó dentro del refrigerador, los demás los dejó en la mesa donde prepararía la comida. Candy lo observaba entretenida, nunca se imaginó que su viaje fuera a ser así. Tenerlo a él cocinando para ella, era encantador. Se notaba que él se esforzaba por atenderla y tratarla bien, el corazón se le encogió y pensó que sin duda este fin de semana sería difícil de sobrevivir. Terry para esta primer comida había decidido preparar espagueti a la bolognesa; algo fácil de preparar y que al estar tan nervioso como estaba y teniendo la mirada de la rubia fija en él, no sería complicado hacer. No era cierto eso de que era el mejor cocinero del mundo, pero la cocina le había llamado la atención desde muy joven y al vivir solo como lo hacía, preparar sus alimentos era algo de lo más natural. A decir verdad, la cocina lo relajaba. Después de un día agitado en el trabajo, llegar a su apartamento y preparar alguna receta nueva le hacía sentir mejor. Bueno, era relajante, siempre y cuando no tuviera a una rubia hermosa observándolo; pues ahora lejos de sentirse relajado, estaba sumamente tenso. Intentaba aminorar su nerviosismo conversando a ratos con ella, una conversación sencilla; sobre la cocina, para disminuir su tensión.
Después de un rato preparando todo, la comida estuvo lista. Le indicó a la rubia que se dirigiera al pequeño comedor del lugar y que él le serviría la comida. Candy obedeció las indicaciones del guapo castaño, él se encargó de servirles y cuando estuvo todo listo se sentó frente a ella.
- Bueno, espero te guste. –dijo nerviosos
- Me toca comprobar si es verdad lo que dijiste, a ver si en verdad eres el mejor cocinero del mundo –dijo bromista
- Eso ni lo dudes. Provecho
- Gracias, -entonces Candy dio el primer bocado, era cierto estaba muy rico- Wow Terry me sorprendes, en realidad esto está muy sabroso.
- Te lo dije -agregó con una sonrisa- me alegra que te haya gustado.
Siguieron comiendo en silencio. Ninguno se atrevía a comenzar a hablar. Candy se sentía muy bien en compañía de él, era lo más extraño del mundo; podía quedarse junto a Terry largo rato en silencio y no era incómodo. Además estaba el hecho que hablar con él sería más perturbador que estar en silencio. Se había esforzado tanto en evadirlo los días anteriores, ahora solos en medio de la "nada" iba a ser imposible. Por su parte Terry disfrutaba verla comer a su lado, la familiaridad que sentía en el aire era tan especial que no quería romperla, aún así debía hablar.
- Candy, yo en realidad necesito hablar contigo
- Sobre qué –dijo sin voltear a verlo a la cara, mantenía su vista fija en el plato
- Mírame Candy. –La rubia volteó a verlo- durante todos estos días pasados he querido conversar contigo sobre nosotros.
- Terry, ¿tu no has entendido que no hay un NOSOTROS, aquí? Lo que sucedió fue un error, no un ¡horror! Olvidémoslo, ¿sí? Será lo mejor para todos.
- En eso te equivocas, no es lo mejor para todos. Para mí, no. Yo no sé lo que estoy sintiendo por ti Candy. Pero te puedo asegurar que nunca lo había sentido por alguien más en la vida.
- ¿Sabes? Este tema ya me tiene cansada. Entre tú y yo no puede haber nada. Tú eres un hombre comprometido. Y yo me voy a casar con un amigo tuyo. Así que si no te importa, me retiro. Estuvo muy sabrosa la comida. –Se levantó- Provecho –cuando ya había caminado algunos pasos se volteó- Y por favor, en lo que resta del fin de semana, te suplicaría no vuelvas a tocar el tema, ¿de acuerdo? –no esperó su respuesta, se adentró en su habitación. Terry se quedó observándola, no se daría por vencido tan pronto. Si no conseguía que ella estuviera a su lado, por lo menos ella tendía que escucharlo.
OoOoOoOoOoO
A la hora pactada partieron al lugar donde sería la cena de inauguración. Llegaron un poco antes de la hora y uno de los meseros los condujo hacia su mesa. Fue una reunión colorida y alegre. Los artesanos estaban felices por la inversión en sus productos por parte de todos los ejecutivos que se encontraban en la Expo. Después de la presentación, hubo una pequeña degustación de productos y posteriormente se les invitó a la exposición al aire libre en la mañana del día siguiente, se hizo la despedida a los invitados y todos comenzaron a abandonar el lugar. Candy y Terry estaban fascinados con el evento, los pobladores del lugar eran muy hospitalarios y sus productos artesanales eran deliciosos. Sin duda había sido una buena decisión invertir en el proyecto.
Cuando llegaron al bungalow cada uno se dirigió a su habitación. El silencio en que ahora se habían enfrascado si era incómodo, pues sabían el porque de éste. Como en la Expo habían comido, ya no haría falta cocinar para cenar. Candy se tiró en la cama, boca abajo y cerró los ojos; debía concentrarse en no pensar en Terry y no caer en la tentación de ir a buscarlo. Ya entrada la madrugada Terry decidió salir a dar un paseo en los alrededores, estaba claro que no podía conciliar el sueño; así que debía hacer algo al respecto. Talvez si salía a caminar un rato, el cansancio lo haría caer rendido. Salió de su habitación y notó el absoluto silencio en el que se encontraba la casa, pensó que Candy estaba completamente dormida por lo que hizo el menor ruido posible. Salió por el frente de la casa en silencio y notó que Candy no se encontraba dormida tal y como él lo había pensado. Ella estaba allí en la silla columpio situada a un costado de la casa. Estaba observando el cielo estrellado y lloraba. Ella estaba llorando. No había notado que era observada por Terry y sus sollozos aunque callados eran audibles. Terry no entendía porque siempre la encontraba llorando. ¿Ella no era feliz? ¿O por qué lloraba? No estaba seguro si acercarse a ella o seguir con su camino. Estaba estático pensando, cuando un sollozo más alto llegó a sus oídos. No lo soportó más y se acercó a ella.
- Candy, otra vez estás llorando.
- ¡Terry! –Dijo escandalizada- ¿Qué haces aquí? –preguntó mientras inútilmente se secaba las lágrimas.
- No podía dormir, así que decidí explorar el paisaje. Aprovechando que no está nevando. –mencionó sonriente.
- Que bien.
- Pero ya no me respondiste, ¿por qué lloras? ¿Te sientes mal?
- Para nada. Es nostalgia, talvez. Nada de importancia. –Dijo sin mirarlo- Ahora si me disculpas creo que el sueño ya me está venciendo, así que, buenas noches. –dijo empezando a caminar hacia el interior.
- No Candy, espera. Quiero hablar contigo.
- Otra vez con lo mismo.
- No me voy a dar por vencido tan fácilmente. Dime, ¿qué sientes por mí?
- ¿Sentir? ¿Qué se supone que debo sentir? Eres casi un extraño, apenas te conozco.
- Pues yo también apenas te conozco, pero estoy cada vez más seguro que, no sé la razón exactamente, pero te quiero. Te quiero más de lo que jamás he querido a nadie. Cuando te vi esa noche, al bajar las escaleras del brazo de Anthony, sentí algo muy fuerte entre tú y yo. Y aunque trates de negarlo, sé que tu sientes lo mismo, sino fuera así no huirías de mi cada vez que estamos solos o querrías por lo menos hablar conmigo sobre el tema. –con esto último acortó los pasos que los separaban. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, le dijo- Te quiero Candy. Te quiero y estoy seguro que quiero pasar el resto de mi vida contigo.
- Esto no puede ser. Simplemente no puede ser. Yo me voy a casar –balbuceaba nerviosa ante la cercanía de él- Tenemos que olvidar todo esto y seguir con nuestros planes.
- No puedo Candy, simplemente me pides algo que esta fuera de mí. Estoy dispuesto a luchar por esto. Se qué será difícil hacerlo, pero no me importa. Solo necesito una señal tuya y renunciaré a mi mismo por ti.
- Terry yo… -no pudo seguir, él la besó nuevamente.
Candy otra vez sintió la conexión mágica que los unía. Era tan extraño todo esto. Ella nunca había besado a alguien que no fuera su novio. No creía en la infidelidad. Pero al ser besada por él, todo lo anterior creído se borraba. Las palabras que le había dicho anteriormente, habían bajado sus defensas considerablemente, no se sentía capaz de rechazar sus besos. Por Dios. Los besos de él eran tiernos y apasionados al mismo tiempo, le hacían sentir en las nubes. Nunca creyó sentirse así por un beso, jamás. Por su parte Terry estaba embelesado. Besar a Candy nuevamente era maravilloso. Había ansiado probar sus labios cada día que la había tenido cerca y haberlo soportado había sido casi imposible. Todo lo que le dijo era cierto. El la quería, la quería mucho. No entendía porque, pero estaba seguro no haber sentido algo así nunca. No era algo físico solamente. Ella era hermosa, la más bella que hubiera visto. Pero no era solo eso. Era una conexión con su alma y espíritu difícil de explicar. Era como si toda la vida su alma estuviera buscando algo, y al verla simplemente entendió que. Ella. Ella era la mitad perdida de su corazón, ella era todo lo que siempre había buscado. Y ahora lo había encontrado. Se siguieron besando largo rato. Pero poco a poco el beso le fue insuficiente a Terry, necesitaba sentirla más cerca. Pegó su cuerpo más al de ella y sus manos descendieron a sus caderas. Candy reaccionó ante el atrevimiento de Terry. Este movimiento le hizo volver a la realidad. Esto no podía suceder. No así. Se separó de él bruscamente y entró corriendo a la casa. Terry reaccionó ante sus acciones y entendió la aparente molestia de ella. Corrió tras ella y antes que ella entrara a su habitación la alcanzó.
- Candy espera
- No Terry, esto está mal. No podemos hacerles esto a ellos. –Dijo desesperada- ¡No podemos! –comenzó a llorar nuevamente
- No llores Candy –acarició su mejilla- Ellos entenderán. Les explicaremos lo que nos sucede y entenderán. Aún si no lo hicieran que importa. Lo importante es que nosotros estemos bien. Lo demás simplemente no importa.
- Suena tan fácil –decía ella entre el llanto
- Lo es. Confía en mí. Solo importamos nosotros –dijo besándola de nuevo.
Candy nuevamente se dejó envolver por el beso. Cuando él la besaba todo desaparecía se sentía que no era dueña de sí misma. Terry entre besos la empujó dentro de la habitación a la que pretendía entrar anteriormente. Los sentimientos que los embargaban no les hacían razonar sobre lo que estaban a punto de hacer. Pero es que para Terry tenerla entre sus brazos era tan irresistible, que su anterior pensamiento de no tenerla hasta ella estar segura y confiada de admitir sus sentimientos, se borró por completo. Lo importante ahora era tenerla siempre así, entre sus brazos. Ella no parecía objetarle algo al respecto. Su muda respuesta le incitaba a seguir. Poco a poco los besos se fueron volviendo más largos y poderosos. Las caricias por parte de él al cuerpo femenino de ella no se hicieron esperar. Sus manos viajaban de la espalda a sus caderas, de allí a las piernas torneadas de ella y de nuevo a su espalda. Pronto abandonó su boca y recorrió la mejilla hasta llegar a su delgado cuello. Las respiraciones de ambos eran cada vez más pesadas. Los jadeos involuntarios de Candy inundaban el ambiente, incitando a Terry a seguir con su exploración. Candy por su parte tampoco perdía oportunidad de acariciar el esbelto cuerpo de él. Sus manos recorrían a placer el pecho de éste y se entretenían bastante tiempo en su espalda. Era un sentimiento nuevo para ella. Nunca había tenido un tipo de intimidad así con nadie. Aún así se sentía confiada de estar en los brazos de él. Era tan placentero sentirse querida por él, y lo era aún más sentirse deseada, por el hombre que sin aceptarlo abiertamente le había robado el corazón. Terry siguió su labor lentamente. Desabrochó el vestido que ella usó para el evento que habían acudido y que no se lo había cambiado. Lo hizo lentamente, como queriendo disfrutar el momento eternamente. Ella se sonrojó ante el movimiento de él. Pero por alguna razón no se sentía incorrecto estar haciendo esto con Terry. Era lo más correcto del mundo.
Cuando finalmente el vestido estuvo totalmente desabrochado, los labios de él abandonaron el cuello de Candy. Para observarla. Quería apreciar el cuerpo de ella. Candy ante el escrutinio por parte de él al saberse en ropa interior bajó la mirada, nunca imaginó que él la observara con la devoción con la que lo hacía y le hacía sonrojarse. Con cuidado, él le levantó la barbilla para que lo mirara a los ojos.
- Eres preciosa Candy. No sabes lo que me haces sentir.
Lo dicho por él, le hizo sentirse especial. La pena pronto dio paso a otro sentimiento, era la necesidad de sentirse más cercana a él. Lo más cerca que se pudiera. Continuaron acariciándose largo rato. El a lapsos le besaba el cuello y posteriormente volvía a capturar sus labios. No quería que este momento terminara. Como pudo hizo que Candy le ayudara a quitarse la camisa, al estar con el torso denudo ella aprovechó y lo acarició a sus anchas. Terry para los ojos de Candy, era el hombre más atractivo en la faz de la Tierra. Todo lo que estaban viviendo era mágico. Todo hasta que… sus emociones fueron interrumpidas por el sonido del timbre de un celular. Terry no le prestó atención. Pero Candy aunque lo intentó, no lo pudo hacer. El celular seguía sonando y ella paró los movimientos de Terry sobre su cuerpo.
- Déjalo que suene –dijo Terry queriendo besarla nuevamente
- No. Que tal y es algo importante.
- Nada es más importante ahora. –capturó de nuevo sus labios. Ella se trató de concentrar de nuevo en el beso, debido a que el celular dejó de sonar. Ya estaba encendiéndose nuevamente cuando sonó nuevamente
- Debo contestar –dijo soltándose del agarre del castaño, contestó inmediatamente sin notar quien era- Bueno
- Candy, ¿Cómo estás linda?
- ¡Anthony!
- Si, soy yo. Ya estabas dormida amor. Te tardaste en contestar
- Ah, si. Ya estaba dormida –todo lo anterior le hizo quererse morir. Estuvo a punto de hacer el amor con Terry, se sentía mal. Muy mal. Anthony no se merecía esto.
- Me lo imaginé. Entonces te dejo dormir. Solo quería oír tu voz antes de irme a acostar, te extraño preciosa. –Candy se sintió una basura ante lo dicho por el rubio, ella estuvo a punto de engañarlo con un su amigo, ¿qué clase de persona era ella?- Te hablo mañana ¿te parece?
- Está bien. Feliz noche Anthony.
- Feliz noche linda. Sueñas conmigo ¿eh? –dijo cariñoso
- Claro, te hablo mañana. –y colgó. Todo se acumuló en su mente y le hizo sentirse sucia. No podía hacerle esto a alguien como Anthony, él no se lo merecía.
Terry intentó acercarse nuevamente a la rubia. Al sentir los brazos alrededor de ella, saltó. No podían continuar. No era correcto.
- ¡Suéltame!
- Candy, ¿qué ocurre?
- Ocurre que, soy la persona más miserable en la Tierra. ¿Sabes? No sé tú pero yo no me siento capaz de hacer esto. Yo no puedo ignorar los sentimientos de otras personas solo por yo "disque" buscar mi felicidad. Todo esto no está bien. Nunca lo ha estado. Talvez me hubiera gustado conocerte antes. Es cierto, no lo pudo negar me atraes mucho. Me gustas demasiado. Pero estoy comprometida –dijo enseñándole el anillo en su dedo- y ahora ya es demasiado tarde. Ya es muy tarde para un "nosotros".
- No Candy, no es tarde. Aún podemos ser felices. Es solo cuestión que tu así lo decidas. Que busques ser feliz cueste lo que cueste.
- ¿Aun sobre los sentimientos de otros? No Terry, no podría. Y por favor salte de la habitación. Será mejor seguir como antes. Mientras menos hablemos mejor.
- Está bien Candy, me iré. Pero te aseguro que no descansaré hasta convencerte que lo nuestro tiene que ser. Que debemos estar juntos.
Dicho esto, salió de la habitación de Candy. Todo iba tan bien hasta la llamada de Anthony. Parecía como si hubiera presentido lo que estaba por ocurrir. Lo maldecía. Nunca creyó odiar tanto a alguien como odiaba en estos momentos a Anthony. No tanto por la interrupción. Sino porque si las cosas no resultaban como él quería, Anthony sería el dueño de la mujer que él quería para que fuera suya.
CONTINUARA...
Hola!
¿el porque de subir dos capitulos hoy? pues no lo se realmente, quise ir al mismo tiempo con las publicaciones aqui y en Terryland! las publicaciones son los martes y viernes... asi que como hoy publique este cap por allá... decidí publicar este tambien hoy...
GRACIAS A LAS QUE SIGUEN LA HISTORIA AQUI EN FF.. Y ME DEJAN UN REVIEW...
hasta el martes...
saluditos
