Capítulo 18 - Oscuridad
Tenía que admitir que aquella noche la estaba disfrutando enormemente. Charlotte parecía mucho más relajada que la anterior vez que la vi y después de más cervezas de la cuenta ambos nos habíamos atontado demasiado. Cuando su compañera se fue una sensación de mariposas me llenó el estomago, nos habíamos quedado solos.
- Tengo una botella escondida para que Sophie no se la pimple sola, ¿quieres que la probemos?- y después se le escapó una risita tonta.
No pude evitar mirar el trozo de piel que asomaba por su camiseta cuando se estiró para alcanzar el estante más alto. Trajo unos vasos con hielos y echó un poco en cada vaso.
-De golpe, ¿eh?- me guiñó un ojo y se lo tragó de golpe. Yo hice lo mismo.
La habitación ya me había empezado a dar vueltas hacía un rato atrás y tras unas rondas no me podía ni estar en pie.
-Tienes una cosa ahí…- Charlotte se acercó a mí y me pasó los dedos cerca de la comisura de mis labios.
Primero empezó como un suave toque, quitándome algo pero poco a poco se transformó en una caricia que llegó a mis labios. Nos acercamos lentamente y juntamos nuestras bocas en un beso. El primero fue como el de aquella noche en el portal de Baker Street, el segundo fue con más pasión y el tercero, lleno de hambre, con ansia. Parecía que ninguno de los dos había estado con alguien desde hacía siglos, o por lo menos yo, ya que todo fue mucho más rápido de lo que hubiera podido imaginar. Ni si quiera nos dio tiempo de movernos a su dormitorio.
Charlotte se sentó a horcajadas encima de mí y se quitó la camiseta dejando descubrir un sujetador morado oscuro de encaje. Después me arrancó la camisa haciendo que los botones salieran despedidos por todas partes y atacó mi cuello mordiéndolo y besándolo. Mientras estaba pegada a mí pude aprovechar y desabrochar el sujetador. Se separó un poco y me dejó quitárselo por completo. Aquellos pechos eran perfectos. Los agarré y los amasé mientras ella forcejeaba con mi cinturón y su pantalón. Pronto toda la ropa acabó en el suelo y, después de coger un preservativo, se subió encima mio muy despacio.
-¡Joder!- grité al sentir su estrechez rodearme por completo.
Ella se agarró al sofá y a mi hombro como pudo y empezó un vaivén primero lento pero que en cuestión de segundos hacía que los muelles del sofá chirriaran debajo de nosotros. Inclinó su cuerpo hacia atrás profundizando nuestro encuentro.
-Dios...- jadeaba de vez en cuando- ¡John!
Sentí como se arqueaba y llegaba al orgasmo. Sus músculos se estrecharon dentro de mí y no tardé también en gritar su nombre… un nombre.
-¡Sherlock!- Charlotte paró en seco y me miró desde arriba- ¡Charlotte!- traté de disimular.
¿Pero qué coño me pasaba?
Recogió sus cosas rápidamente del suelo y se encerró en su habitación. Me puse el calzoncillo y la seguí hasta su puerta implorando que me perdonara. Pero ella no me contestó. Acabé sentado delante de su puerta con la cabeza en blanco.
Había sido culpa del detective, sin duda. Si no me hubiera dicho eso la otra noche, no habría dicho nada. Ahora había plantado una duda en mi cerebro. Mierda.
Miré por la ventana y ya empezaban a salir los primeros rayos del sol. Cuando iba a regresar a implorar a Charlotte llamaron a la puerta. No al timbre, si no pequeños golpecitos. Esperé a que ella saliera a abrir pero como no lo hizo fui yo.
La cabeza me dolía horrores. Los oídos me pitaban. Era como tener una fuerte presión dentro de mi cabeza. Me habrían golpeado con una barra metálica, traté de adivinar. Me sentía muy cansado y débil como para intentar hacer cualquier movimiento. Aun así abrí los ojos. Seguía viéndolo todo negro. Me moví inquieto y descubrí que tenía las manos atadas con cadenas que no me dejaban moverme mucho. En la cara noté un trozo de tela cubriéndome los ojos, por lo menos no me había quedado ciego.
La sala estaba fría y el suelo aun más. Hice fuerza para soltarme y solo conseguí herirme más las muñecas.
-No sirve de nada-una voz a mi izquierda me sobresaltó. Era grave y parecía relajada. Me tomó un poco darme cuenta que era Sherlock.
-¿Dónde estamos?- me puse nervioso.
-Sé lo mismo que tú. Me golpearon y quedé inconsciente hasta ahora, no puedo adivinar por qué camino vinimos.
Su voz grave retumbaba por la sala, así que debía de ser grande. Mis huesos seguían congelándose y me seguía poniendo nervioso.
Escuchamos un sonido lejano, como un portazo de una puerta muy pesada pero a la vez sonaba a kilómetros de distancia.
Me tranquilicé un poco al saber que no estaba solo. Intenté pensar qué hacíamos allí o quién podría habernos hecho eso y lo que era más importante, cómo habrían conseguido dejar inconsciente a mi compañero que, inquieto como yo, no dejo que durara mucho el silencio.
-John...-comenzó pero hizo un gran silencio, como si no supiera que decirme después.- Sé que no estás enamorado de mí.
-Sherlock, cállate...- dije con las pocas fuerzas que me quedaban.
-No lo estás. Pero si te lo decía lograría enfadarte y que te marchases y me dejaras solo unos cuantos días, los suficientes como para que resolviera el caso y todo volviera a la normalidad.
Note que se movía a mi lado y rozó una pierna con la mía. Algo se estremeció dentro de mí. Había hecho falta que estuviésemos apunto de morir para obtener una muestra de su afecto, era injusto. Años a su lado esperando y tenía que ser justo en ese momento.
-No podía perderte- susurró. Se me hizo un nudo en la garganta y me quedé sin aliento.- No debería decirlo pero Mycroft tenía razón. Después de tantos años solo... Ahora no podría vivir sin ti, supongo.
- Para, por favor- volví a suplicarle.
- Yo solo he puesto en peligro tu vida una y otra vez...- silencio. Sentí una fuerte presión sobre el pecho y los ojos se me humedecían debajo de la tela.- Eres lo único que me importa.
Gruñí porque mi garganta se cerró y no me dejó hablar. ¿Por qué era tan malo conmigo? Después de tanto tiempo, me daba falsas esperanzas antes de morir, porque era eso lo que yo pensé, falsas. Y aun así me las creí. Y por un momento pude imaginarnos juntos. Para que engañar, ya ni intentaba negarlo.
- ¿Te he hecho llorar? Lo siento.- en un impulso estiré mi mano hacia donde procedía su voz pero las cadenas me recordaron su función.- Cambiaré de tema.
- Sherlock, yo...
- Ya se por qué estamos aquí. Lo sé todo. He sido tan estúpido. Todas las piezas estaban ahí delante pero no supe encajarlas bien.
No continuó y supuse que estaba esperando a que le diera permiso, cosa inusual en él. No quería que me lo pidiera, no quería que fuera amable, no quería que demostrara que tenía algo de sentimientos hacia mí. Prefería morir sin saberlo, sin darme cuenta de lo que todos me gritaban a la cara. Pero ya era tarde.
- Cuéntamelo, Sherlock- le pedí con la voz entrecortada. Prefería escuchar su voz antes de ponerme a pensar, que al final fue peor el remedio que la enfermedad.
-La droga que utilizaba el asesino y la runa están relacionadas. No sabíamos que era la droga porque buscábamos mal, no era una droga en sí. Es una mezcla de plantas con un fuerte poder alucinógeno que se encuentran en África. Por separado no producen nada, pero juntas y añadiéndole además otras como cocaína y parecidos produce un efecto muy fuerte. Investigué las plantas y hallé una página en internet donde la vendían. El nombre de Rolf Warmer apareció un par de veces pero no es relevante ni importante para el caso, simplemente es el camello. Seguí indagando y descubrí un grupo religioso, más bien una secta radical que es relativamente moderna. Es un grupo muy pequeño al rededor del mundo que veneran a un Dios llamado Whois, la runa tatuada en el hombre del parkin representa a ese Dios. Algunos dicen que este grupo sigue en cierta forma la filosofía de Nietzsche, buscan crear un súper hombre, de sangre pura, que solo se consigue cuando las civilizaciones y culturas procrean sin mezcla de razas. Según sus profecías, llegaría pronto un mesías que los guiaría a todos y salvaría al mundo de la suciedad de los que tenemos varias razas en nuestros antepasados.
" Todas aquellas víctimas con el corte y la droga eran un sacrificio a su Dios. No es porque fueran extranjeras, si no porque tenían antepasados de diferentes etnias, sus sangres no eran puras y debían de ser eliminadas de la tierra. ¿Y el hombre del parkin? Fácil, revisé su árbol genealógico y su familia lleva en la península Ibérica desde hace muchísimas generaciones. Le arrancaron los testículos para obtener su semen. Ellos mismos crearían a su mesías y necesitaban a los mejores especímenes para ello. ¿Y la mujer? Es ahí donde entra Henry. Sí, Henry Montgomery. Los padres de Charlotte y Troian tienen antepasados españoles muy antiguos también. Henry primero se concentró en Troian como elegida y, al descubrir que no era hija de su padre, cambió radicalmente por Charlotte. O sea que ella va a ser la madre que de a luz a su mesías. Luego, supongo que harán otro rito como con el hombre.
Unas palmadas lo callaron, como un aplauso lento. Pude escuchar la respiración acelerada de mi compañero intentando descubrir su procedencia.
-Bravo, señor Holmes- la voz de Henry Montgomery sonaba cada vez más cerca- Excelente.
-¡Suéltanos! ¡Nosotros no tenemos nada que ver!- los nervios me hicieron gritar aun a pesar de que seguía llorando.
- No, John- me explicó Sherlock intentando sonar tranquilo- Yo les he descubierto y tu has intimado con ella, nos van a matar- pude notar un cierto retintín en la palabra "intimado".
- Sigue acertando, señor Holmes. Pero la muerte solo es el último paso.
Eso último lo escuche tan cerca de mí que me pegué todo lo que pude a la pared. Henry me desató y me obligó a levantarme empujándome y alejándome de Sherlock. Por alguna razón mi cuerpo no respondía muy bien a mis órdenes. Salimos por una puerta ya que me pegó contra su marco y me metió en otra sala cercana a la anterior. Me sentó en una silla dura y solo cuando estuve bien amarrado a ella me destapó los ojos.
Me tomó algo de tiempo acostumbrarme a la luz.
Uff, el capítulo más difícil de todos, no por todo lo de Sherlock/John, si no por la escena de sexo hetero.
