Capítulo 19 - Luz


La luz me cegó unos segundos pero me acostumbré rápido. La habitación era pequeña y parecía revestida de material de aislamiento de color marrón. Mi silla se colocaba en el centro de la sala y estaba orientada hacia una pared con una gran ventana que en ese momento estaba tapada. A mi espalda escuché un sonido metálico y girándome lo máximo que pude vi una mesa con varias herramientas encima, no me fijé mucho en ellas con miedo de lo que podían ser. Henry colocó sus manos en mis hombros y apretó un poco.

- Es una pena, parecías majo- y caminó hasta colocarse frente a mí. Llevaba puesta ropa negra, guantes negros, una gorra de beisbol...- Vaya con tu amigo, ¿eh?- comentó como si estuviésemos tomando una cerveza en un bar.

- ¡No te atrevas a hacerle nada!- grité con toda mi furia.

- Tranquilo- me guiñó un ojo- Yo...-volvió a la mesa donde ya no le podía ver ya que estaba a mi espalda- me quedaré aquí contigo.

Escuché como cogía algo y se quedaba quieto sin moverse. No se cuanto tiempo pasó hasta que volvió a moverse y ponerse de nuevo frente a mí, llevaba algo en la mano pero me concentré en otra cosa cuando retiró la tela que cubría la ventana. No daba a la calle, como había pensado. Daba a otra habitación, en la que había estado antes. Había otra silla como la mía quedando frente a frente. El ocupante de la silla seguía con una venda negra sobre los ojos casi del mismo color que sus rizos negros que caían por su frente subiendo y bajando con su respiración.

- Tienes suerte- volvió a hablar Henry- me ha suplicado que te deje ir- una ligera esperanza me llenó- pero como no lo puedo hacer, dejaré que el sufra MÁS que tú.

Entonces no había escapatoria y aun así intentó salvarme de nuevo. Definitivamente me había enamorado de él. Bueno, no enamorado, esa palabra se quedaba corta en expresar lo que sentía por él en aquel momento. Henry se colocó entre la ventana y yo quedando de espaldas a Sherlock. Vi que llevaba un pequeño cuchillo en la mano derecha. Algo se movió detrás de la ventana, a la izquierda de la silla y de espaldas había alguien. Llevaba el pelo en una coleta alta, el pelo rojo, rojo como el fuego. Sentí como si me hubiera tirado al vacío. Sherlock se había equivocado. No me dio tiempo a más cuando sentí como me clavaba el cuchillo en el muslo derecho, hundiendo rápidamente el filo en la carne y hasta el fondo. Grité por la sorpresa y abrí los ojos. Sherlock ya no llevaba ninguna venda y me miraba fijamente. Aun estando lejos, aun habiendo un cristal entre nosotros pude ver lo que me quería decir. Me pidió perdón, de nuevo. Noté de nuevo dolor cuando Henry comenzó a mover el cuchillo dentro de mi pierna. Paró pero no sacó el cuchillo y volvió a la mesa. Charlotte ya no estaba en la sala, o al menos no la veía.

Esa puta... Dios, Sherlock no se equivocaba nunca en sus deducciones. Me sentí engañado, frustrado e impotente. Charlotte estaba en el equipo de Henry, en la secta. Recordé la cafetería donde había conocido a su hermana, todo empezó allí. ¿Pero por qué? ¿Por qué querían herirnos a Sherlock y a mí? Henry se volvió a colocar frente a mí. Noté que cada vez podía concentrarme menos, el cansancio y el dolor no tardarían mucho en hacer que perdiera el conocimiento. No sé cómo volvió a mover el cuchillo que me hizo gritar de dolor agudamente, había tocado algún nervio de lleno. Se deleitó todo lo que quiso mientras mi pierna temblaba sola por el dolor. La visión se me nubló un poco. No recordaba haber padecido ningún dolor tan intenso. Con la otra mano me abrió la camisa y con otro cuchillo comenzó a clavarlo lentamente en mi pecho. La deslizaba despacio, hundiéndola lo suficiente pero sin pasarse. Estaba dibujando algo. Intenté coger más aire y solo recibí más dolor. Detrás de la ventana y sin que Henry lo viera, Charlotte había vuelto a aparecer y estaba junto con Sherlock, haciéndole algo en los brazos. Aparté la mirada, no quería mirar, no quería que la última vez que le viera fuera así. Sentí como los cortes de mi torso comenzaban a sangrar. El líquido caliente bajó hasta que me mojó los pantalones y acabó haciendo un charco bajo la silla, si seguía así por mucho tiempo acabaría muerto por desangramiento antes de lo que esperaba. Quitó el cuchillo de pronto sobresaltándome y haciendo que diera otro grito gutural.

- ¿Tú no habías estado en la guerra? Pensaba que tendrías más resistencia...- escuché como la puerta se abría y cerraba, no había echado la llave.

El cuchillo de la pierna había acabado sobre mis rodillas, estaba tan cerca y a la vez tan lejos. Estiré un brazo hacia él. Las ataduras de mis muñecas me hacían daño pero poco a poco se resentían y me dejaban llegar un poco más lejos. Podía sentir mis pulsaciones en cada centímetro de mi cuerpo, no tardaría mucho en suceder todo. Mis dedos rozaron el cuchillo y por fin pude agarrarlo. Era muy complicado cortar las cuerdas que me sujetaban, me arriesgaba a no apuntar bien y cortarme a mí mismo pero casi era mejor acabar así que a manos de un loco. Logré liberarme una mano casi sin haberme hecho nada y con la poca adrenalina que me quedaba, pude liberarme del todo.

Mi cuerpo calló inconsciente sobre el suelo. No podía mover ningún músculo, estaba paralizado. Escuchaba ruidos cercanos, probablemente Henry estaría llegando con algo que me mantuviera despierto. Así que así acabaría todo. Cerré los ojos esperando el final cuando empecé a escuchar una voz lejana que cada vez se hacía más clara, era Sherlock el que me llamaba.

"John"

Pude sentir un pinchazo en el corazón. Henry dijo que Sherlock sufriría más que yo. Se refería a que me vería morir a mí y luego le harían lo mismo que a mí. Pero él no sufría con el dolor ajeno, ¿no? ¿Por qué iba a hacerlo ahora con el mio? En cambio recordé su mirada y algo que no había captado antes. Una lágrima. Una lágrima que se le escapó de sus perfectos ojos azul cielo.

"John"

El dolor se hacía más y más agudo. Por primera vez me arrepentí de haberme enfadado con él, de haberle seguido en todos los casos, de haberle prestado mi móvil, de que Mike nos hubiera presentado. Aunque mi vida a esas alturas hubiera sido la más aburrida del mundo, me habría ahorrado todo aquel dolor, no por las heridas físicas, si no por perderlo.

"John"

"John"

-¡John! ¡Respóndeme!- abrí los ojos.

Me habían colocado boca arriba y pude sentir como alguien me sujetaba y me movía poco a poco. La luz del techo me cegó un momento y pude distinguir a contra luz unos rizos familiares.

- ¡John, por favor!- su voz era más grave que de costumbre y sonaba rota, como si hubiera estado llorando- Por favor, no me dejes. Quédate conmigo.

Quise hablar, gritarle que nunca le dejaría pero no pude. Los ojos se me cerraron y pensé que nunca los volvería a abrir.


¿Fin?

No soy tan mala, le queda un capítulo o dos más.