Capítulo 20 - John(I) Final I angst (para final feliz saltar al siguiente capítulo)
"John"
Aun seguía escuchándole. Lloraba. Me llamaba. No podía hacerle eso. ¿Si moría que sería de él? Toda la vida solo y ahora dependía de mí, enteramente de mí. Quería contestarle. Pegarle por ser tan estúpido y rebajarse a eso. El gran Sherlock Holmes tirado en el suelo abrazando a su amigo muerto. La vida es muy injusta, toda mi vida al servicio militar salvando vidas para acabar se esa manera. Notaba mi cuerpo inmóvil zarandearse, Sherlock parecía no darse por vencido.
Y yo tampoco.
Saqué fuerzas de donde no las había y respiré fuertemente. Hice un sonido extraño con la garganta puesto que se me había secado y no podía hablar. Entonces escuché una risa nerviosa por parte de mi salvador.
- John, no hables. Voy a ponerte una inyección, no te muevas.
Incluso en aquella situación tenía que estar mandándome, si hubiera podido moverme hubiera sonreído. Pude abrir los ojos para ver como Sherlock hacía un torniquete con una goma en mi brazo izquierdo y después me inyectaba algo en las arterias. No supe distinguir qué era. Recordé que Henry se había ido a buscar algo para mantenerme más despierto.
-¡Henry!- chillé y me incorporé como si el suelo quemara.
- Tranquilo- me calmó mi compañero y me ayudó a ponerme en pie- Ya está todo solucionado.
Fue apoyar la pierna del cuchillo y me caí como un peso muerto de nuevo al suelo. Sherlock me ayudó a apoyar mi peso sobre él y no tener que pisar con la pierna mala, después me pasó un brazo por debajo de la axila para sujetarme mejor y con la mano que le sobraba cogió la mía y la apretó fuertemente para demostrarme que estaba allí. Noté que en la espalda y escondida en su pantalón llevaba una pistola. Me asusté un poco pero su agarre me calmó.
Salimos de la sala marrón a un pasillo larguísimo y con varias puertas de metal. Parecía que estábamos en un hospital, las paredes eran blancas al igual que los fluorescentes del techo y hasta se podía oler a desinfectante en el aire. Caminamos muy despacio y sentía que la cabeza me daba vueltas cuando pasamos al lado de la habitación donde había estado Sherlock.
- Charlotte- le recordé.
- John, ahora no te preocupes por eso, tengo que llevarte al hospital.
Seguimos caminando durante lo que a mí se me hicieron horas por un laberinto de pasillos, Sherlock parecía perdido, ponía una mueca de fastidio cada vez que girábamos una esquina y solo encontraba más pasillo. Yo solo podía dejarme guiar por él mientras no apartaba mis ojos de su rostro. Él, al contrario, me mandaba miradas furtivas de vez en cuando que hacían que me saltara el estómago dentro de mí. Ahora que nos salvaríamos, ¿qué pasaría? Intenté no pensar en ello pero la duda no dejaba mi mente. Quizá ahora negaría todo aquello que dijo, que había llorado por mí o que habría dado su vida por la mía. Quizá incluso todo había sido una invención de mi cerebro en un momento de pánico.
- Sher...
- Te he dicho que no hables- me cortó con toda la neutralidad que pudo.
- Lo que me dijo Henry, ¿es verdad?- me dolía el pecho al hablar pero tenía que saberlo.
- No sé qué te dijo Henry, ahora calla- su voz se transformaba en enfado.
- Que pediste que te lo hiciera a ti y me dejara libre.
Como si un jarro de agua fría hubiese sido echado se paró en seco y me miró fijamente.
- Si ya lo sabes para qué me preguntas. - Bajé la mirada avergonzado. Si hubiera tenido más sangre en el cuerpo seguramente habría subido hasta mis mejillas y me habría hecho sonrojar.- Ya te lo dije, no me hagas repetirlo más, eres lo más importante que tengo.
- Pero, ¿por qué...?- no me dejó acabar ya que me calló con un beso.
No fue romántico ni bonito, solo pegó sus labios con fuerza contra los míos para callarme.
- Te dije que te callaras.
- Creo que voy a hablar más a menudo- susurré pero me escuchó y le hice sonreír.
No hablé más en todo el camino. Encontramos unas escaleras y comenzamos a subirlas. Estábamos tres pisos bajo tierra. Cuando las escaleras se acabaron salimos a un garaje. Al final a la derecha se veía la salida a la calle y el ruido de la ciudad. Dentro solo había unos pocos coches, entre ellos una furgoneta blanca, como las del parkin de aquel día.
- Vamos- Sherlock me dirigió hacia ella y no supe entender muy bien por qué.
La puerta de atrás se abrió y alguien bajó de la furgoneta, era Charlotte. En ese momento todo se ralentizó, casi se paró el tiempo. Nos hizo señales para que la siguiéramos. Esa zorra me había engañado, nos había engañado. Todo un mes estando con ella, enamorándome de ella. Había estado en mi casa, en mi salón y lo peor de todo no era que casi me mata su maldita secta, había intentado herir a mi Sherlock. La furia se mezcló con la droga que llevaba en la sangre. Sin pensarlo dos veces dirigí mi mano a la espalda de mi compañero y saqué la pistola. Apunté directamente a Charlotte en la frente. Escuché a Sherlock gritarme que me detuviera, incluso intentó interponerse en la trayectoria de la bala pero yo ya había disparado y Charlotte caía hacia atrás ya sin vida.
Entonces todo volvió a acelerarse. Sherlock corrió a agacharse sobre ella y yo caí al suelo inconsciente.
Cuando abrí los ojos sentí frío. Una enfermera estaba cambiándome el suero.
- Ha despertado- me rasqué la cabeza- llamaré al doctor.
Desapareció por la puerta y a los pocos minutos entro el que era mi doctor.
- Buenos días, doctor Watson. Ya nos tenía preocupado- sacó una pequeña linterna y me revisó los ojos así como las pulsaciones y otros signos vitales- Parece que está bien. Podrá caminar en unos días. Avisaré a su pareja de que ha despertado.
¿Pareja? Retiré la sabana y mi muslo estaba vendado de arriba a bajo. Presioné un poco y me dolió. Abrieron la puerta de nuevo y unos rizos negros asomaron.
- ¡Ah!- Sherlock soltó un pequeño grito de alivio y se acercó a mi cama- Menos mal que despertaste, no sé que hubiera hecho si hubieras muerto por mi culpa.
- Sherlock, no es tu...- reí ligeramente- ahora no hablemos de eso.
- Claro- se sentó en la cama y me observó.
- ¿Qué es eso de pareja?- le pregunté no muy seguro de querer la respuesta.
- Solo dejaban quedarse a familiares y parejas, así que dije que lo era- la pequeña llama de esperanza se apagó y mi sonrisa se esfumó tan rápido como había llegado.
Lestrade entró por la puerta corriendo y sonrió al verme despierto.
- ¡John! Qué alegría verte despierto.
-Gracias, Greg, yo también lo estoy- bromeé intentando tapar lo que acaba de ocurrir pero por la mueca que puso Sherlock no había funcionado.
- John, luego tendré que hacerte algunas preguntas sobre lo ocurrido con la señorita Northman y...
- Dije que era tu pareja- le cortó Sherlock y no le importó que no estuviéramos solos para continuar- porque ahora... Lo soy, ¿no? Creo que al besarte me convertí en eso sin quererlo.
.
- Y ya se puede imaginar lo que ocurrió después- reí mientras esperaba la respuesta de Ella, mi psicóloga. Después de todo lo ocurrido Gregson me convenció para ir a unas cuantas sesiones.
- John...- empezó.
- ¿Sí?
- Lo has vuelto a hacer, ya hemos hablado de esto. Dijimos que cuando se tiene una perdida muy grande se tiende a cambiar los hechos para no sufrir tanto dolor. La señorita Northman no ha muerto, la viste la semana pasada en su juicio, ¿no te acuerdas? Declaraste contra ella. Aquel disparo era para ella pero fallaste, John. No le diste a ella, le diste al señor Holmes. John, Sherlock lleva muerto tres meses.
Fin.
Lo sé, soy mala, malísima, pero son así las cosas. El final es bastante ambiguo y queda abierto. ¿Charlotte era al final mala? ¿Se arrepintió y ayudo a Sherlock a salir? ¿O nunca estuvo en el otro bando? ¿Cómo escapó Sherlock?...
Estas respuestas quedan ya a gusto del consumidor.
Espero que les haya gustado y que hayan disfrutado con él.
Por último, decirles que ahora que he acabado este empezaré un nuevo fic llamado "Cuando la luz nos encuentre"
