Vuelvo a repetir que esta historia no es mía, yo solo la traduje para que ustedes pudieran disfrutarla también (obviamente con el permiso de la autora).

DECLAIMER: Los personajes pertenecen a la serie Fairy Tail de Hiro Mashima. Esta historia pertenece a Yankee-chan, y su traducción al inglés a Medley Nightfallen (sin la cual no la hubiera podido traducir ya que la historia original esta en francés).


Capítulo 2: Esperanzas… Desesperación… Dolor

(Por Yankee-chan)

Levy no podía oír nada más, no podía ver nada más, aparte del horrible espectáculo enfrente de ella. Estaba viviendo una pesadilla y si su voz no estuviera atorada en su garganta, hubiera gritado hace largo tiempo. Estaba paralizada por el miedo, en estado de shock, con sus emociones y monstruosos dolorosos recuerdos que chocaban dentro ella.

En frente de ella, encadenado a la pared de oscuras rocas, su cuerpo inerte y su cabeza caída, era Gajeel. Estaba cubierto de sangre, tanta sangre que encontrar siquiera un centímetro cuadrado de su piel que no estuviera coloreada de todo sería un milagro. La cantidad de cadenas alrededor de sus brazos era tremenda tanto que no podía verlos, pero podía adivinar la cantidad de heridas que escondían. Un líquido rojo caía lentamente en el suelo a un ritmo estable y siniestro, alimentando poco a poco un estanque ya bastante grande a sus pies. Su capa estaba desgarrada dejando ver enormes y profundos cortes, también empapados en sangre, mojando sus pantalones que solían ser tan blancos y limpios. Su pecho se levantaba con dificultad, brusca y débilmente que parecía que se mantuviera quieto. Su cabeza esta ladeada, media escondida con su cabella, el cual en vez de ser puntiagudo, caía tristemente al otro lado de su rostro. Y considerando la sangre que también caía desde allí, no había sido librado en ninguna parte.

- ¡Gajeel! – Grito finalmente Levy, con un quejido agudo que resonó en el corredor.

- ¡¿QUÉ LE HAN HECHO? - Phanter Lily grito, agarrando las barras con firmeza tratando de sacarlas.

A pesar de sus gritos, solo les contesto el silencio, roto por el sonido de la batalla que había afuera. Ahogado en su dolor, Gajeel no podía oír nada excepto un casi imperceptible susurro al cual no podía contestar.

Volviendo a obtener el poder de sus piernas al lado del deseo de salvar a su amigo, Levy corrió por las llaves que creyó ver a la entrada.

- ¡Lily ve a decirle a los demás! – Grito al mismo tiempo que ponía violentamente la llave en la cerradura.

El gato negro obedeció con reticencia y voló lo más rápido que pudo, removiendo sus lágrimas con una encolerizada pata. Al tiempo que la puerta abrió con una fuerte crack, la joven de apresuro dentro.

- ¡Gajeel aguanta!

Lo más rápido que pudo, lo libero de sus cadenas antes de tenderlo rápidamente en el suelo. No se sentía capaz de acarrear noventa kilos, con sus piernas que vagamente la podían soportar a ella misma. Con un tembloroso pero bastante suave gesto, removió su cabello que estaba pegado en su cara y le dio suaves palmadas en las mejillas.

- Vamos, despierta por favor.

Nada, no reaccionaba, Levy mordió su labio furiosamente, pero no la paro de llorar y hacer dejar caer sus lágrimas encima del rostro del Dragón. Era como si estuviera sufriendo tanto como él. Verlo herido, destruido, humillado… no quería verlo así, quería ver su sonrisa, oír su voz, no quería que sufriera. Mientras siguió llorando, atrapada en el dolor que apuñalaba su corazón, una débil voz debajo de ella la llamaba y alguien tocaba su brazo.

- Levy…

Bueno, no una voz, más bien un susurro, imperceptible y ronco que tuvo la oportunidad de escuchar.

- ¡Gajeel! ¿Estás bien?

- Moreteado – Bromo en un respiro, mientras que un doloroso y contraído gruñido aparecía en su rostro, sus ojos aún cerrados.

- Venimos a salvarte. Lily fue a buscar a los demás, vendrán, aguanta, ¿está bien? Te sacaremos de aquí.

- No, no puedo salir – Declaro con una voz cortante.

- ¿Qué? ¿Cómo que no puedes? ¡Por supuesto que puedes! Para de hablar tonteras, ¡Te acarreare si no puedes caminar! – Grito Levy, no entendía porque decía aquello.

- Levy… no puedo salir… no seré capaz de hacerlo… aunque pudieras llevarme… no funcionaria.

- ¡Te prohíbo decir eso! ¿Desde cuando hablas de una manera tan derrotista?

La joven comenzó a llorar nuevamente, pero de miedo y enfado esta vez y aún temblaba. El mago la agarro con una débil mano y gruño. De alguna forma logro forzarla a verlo y abrió sus ojos con dificultad. Y esta vez, Levy no puedo contener un largo y horrible grito de desesperación.

- ¡Por el amor de Dios! ¡¿Qué te han hecho Gajeel?

El dragón no contesto, con una sonrisa dolorosa congelada en su rostro. Si fuera capaz de compartir sus lágrimas, lo hubiera hecho esta vez. Porque sus ojos que solían ser luminosos y brillantes, eran fríos y opacos ahora. El color rojo, chispeantes y que mesmerizaban a cualquiera que lo viera a los ojos, se habían ido para ser reemplazados por unos de débil color rosado, casi blancos.

- ¿Entiendes ahora cuando digo que no puedo salir? – El mago de hierro gruño con una voz cortante – Me lo hizo así no podría escapar, aunque vinieran a ayudarme… No debiste haber venido…

Estaba ciego

- No… no se atreverían… pero… Gajeel… Levy tartamudeo mientras su corazón latía dolorosamente contra su pecho. Un escalofrío se expandió a través de su cuerpo y repentinamente sintió un increíble deseo de matar al que le hizo aquello.

Gajeel no contesto. De todas formas, ¿qué podría decir él? Excepto que había sido capturado por Iván y lo habían torturado todos los días desde hace un mes. Nada más, no tenía nada que decir. Pero como Levy había venido a salvarlo, estaba fuera de cuestión que se marcharía sin él, él vendría con ella a cualquier costo. Justo cuando estaba a punto de levantarlo y volver con él, sus esperanzas súbitamente se frustraron.

- Que maravillosa sorpresa – Una voz sonó a sus espaldas – Acabo de matar a un gato negro que quería salir, ¿y que me encuentro? Una maldita hada tratando de ayudar a este mugriento traidor.

Para comenzar, Levy se volteó hacía el que recién había llegado. Aunque nunca lo había visto antes, sabía exactamente quién era. Alto, con barba negra, una trastornada expresión esparcida en su cara, extrañas ropas y realmente no inspirando confianza; tenía una larga katana en mano, cubierta de sangre. Y considerando el aura y el carisma que emanaba de él, no había duda que era Iván.

Inmediatamente la joven se posiciono entre él y el Dragon Slayer, determinada a protegerlo. Y repentinamente recordó lo que dijo. ¿Un gato negro? Lily. La recorrió un horrendo escalofrío. Estaba sola, los demás peleaban afuera y no sabían lo que sucedía adentro.

- Sabes pequeña niña, mejor te apartes, porque los cuervos se comen a las hadas.

Sin decir nada más, Iván levanto su brazo contra ella, susurro una maldición y varios shikigamis (muñecos de papel) blancos aparecieron, agarrando a la joven de sus brazos a toda velocidad, sujetándola a la pared sin que sus pies tocaran el suelo. Mientras trataba de forcejear, los muñecos de papel se convirtieron en cerraduras de metal, siendo horriblemente similares a los que Gajeel uso cuando se conocieron por primera vez. Instantáneamente comenzó a temblar, un recuerdo de terror lleno su mente, por lo que grito y peleo aunque fuera inútil.

- ¿Cómo funcionan estas malditas cosas? - Grito

Eran solo papel, no se podían convertir en hierro.

- Ne hecho es obvio, ¿no es así? – El mago oscuro replico con una mueca – Digamos que no solo le quite la vista a tu querido Gajeel. Mis shikigamis son bastante talentosos en absorber magia.

Reventó en carcajadas, una cruel y sadistica risa que le daban escalofríos, antes de que se volviera serio nuevamente, se volvió a él rugiente Dragon Slayer que estaba en el suelo y aún no se podía mover una pulgada. Repentinamente declaro:

- No puedo creer que confié en él, era un riesgo que debía tomar, y lamentablemente para él descubrí su pequeño juego del espía. De hecho fue solo de casualidad. Si realmente hubiera odiado Fairy Tail como me había dicho, nunca hubiera salvado tu patética vida al punto de dar la suya propia en la isla Tenrou. Se traiciono a él mismo haciéndolo; cualquier espía incluso el mejor, no hubiera arriesgado su vida a ese punto solo para jugar su rol.

Cuando lo vio caminar hacía Gajeel el cual aún estaba tendido en el suelo, y apretar su agarre alrededor de la katana con un aura mortal, la joven lucho desesperadamente, llorando impotentemente mientras se daba cuenta de que era inútil.

- Desde el comienzo fui muy bueno contigo Gajeel. Es tiempo de que pagues y comprendas que odio a los que me traicionan.

En un movimiento violento, enterró su katana en el hombro derecho de Gajeel, atravesándolo y descendiéndola hasta el piso con un horrible sonido. El rugido de dolor que el Dragón dejo escapar en ese momento mientras se retorcía en el suelo, de unió con el de Levy, quien tenía la impresión de estas sintiendo lo mismo. Dándose cuenta de que sus gritos no pararían al enemigo, hundió su cabeza, y rogo por él con una voz temblorosa.

- Déjalo solo… para… te lo suplico, ¡déjalo solo!

Sus lágrimas recorrieron su rostro con rapidez, mientras incontrolables sollozos escaparon de su garganta.

- Aun así te ha lastimado a ti también, ¿no es así? ¿Ya lo olvidaste? No deberías perdonarlo.

Si, la había herido, gravemente. Pero aunque Gajeel hubiera cometidos actos irreparables, no merecía el castigo que Iván le estaban infligiendo. Si Iván debía matar a alguien, quería que la escogiera a ella y no a él, no quería que Gajeel muriera. Pero nunca alguien la escuchaba. Tenía suficiente.

- ¡Oye tú, cabeza de payaso! ¡Ataca a alguien que pueda pelearen vez de herir a alguien que no puede seguir peleando! – La joven grito con voz furiosa, esperando que dejara al Dragon Slayer solo.

Y eso fue lo que hizo. Mientras Iván giraba para enfrentar a la joven y replicar, Gajeel apresó su pierna violentamente y gruño mientras lograba hacerlo caer en el suelo con un fuerte golpe. Ahora que lo había atrapado, no lo dejaría ir. Una espadita en su hombro no lo pararía. Al menos eso fue lo que pensó antes de que el mago oscuro pronunciara un encantamiento, haciendo que treinta shikigamis perforaran su pecho, permaneciendo incrustados como dardos. El mago de hierro gruño y volvió a caer, escupiendo sangre. Iván se levantó nuevamente, tomo la katana que había dejado caer con inusitada violencia.

- Ahora, fue suficiente. Ya has abusado bastante de mi generosidad, ¡Vas a morir!

Después de estas horribles palabras, pronuncio un nuevo encantamiento. Al principio nada sucedió, entonces Levy vio que los muñecos de papeles incrustados en el cuerpo de Gajeel se tornaron rojos y vibraron repentinamente antes de que explotaran. Los gritos desesperados de la joven se perdieron en la deflagración. La explosión hizo volar a Gajeel a través de tres celdas, dejando una senda de flamas en el camino.

Levy comenzó a luchar más fuerte y más fuerte, sus pies golpeaban el aire tratando de deshacerse de los shikigamis. ¡¿Cómo podían estos fastidiosos pedazos de papel llegar a ser tan fuertes y difíciles de quitar?

Mientras Iván se alejaba de Gajeel tirado unos metros más lejos, se acercó a ella, su larga hoja oscura en la mano, con la clara intención de matar en sus ojos. Finalmente se paró delante de ella, mirándola con una sonrisa divertida mientras ella desesperadamente luchaba y Levy hizo la única cosa que vio capaz de hacer. Con un violento y rápido movimiento, lleno de odio y deseo de venganza, violentamente con su pie golpeo la entrepierna de Iván, él cual no lo vio venir considerando la expresión que se expandió en su rostro en el momento. Mientras dejaba caer su arma y caía arrodillado, su rostro rojizo y sus ojos ensanchados, con sus manos en su entrepierna a la vez que cuervos y shikigamis flotaban encima de su cabeza, la joven lo volvió a patear, esta vez en la cabeza.

Mientras el mago oscuro caía en el piso inconsciente, los shikigamis que tenía a Levy sujeta a la pared desaparecieron haciéndose humo mientras ella caía al suelo. Ignorando su pie, adolorido después de haber golpeado dos veces al maldito enemigo, corrió hacía Gajeel, jadeando, antes de caer a su lado. Con su rostro contra el suelo, no se movía, con una enorme quemadura sobre su ya arrasado cuerpo. Lentamente y con cuidado, la joven de cabellos azules lo volteo, Colocándolo de espaldas poco a poco. Ojos cerrados, aún no reaccionaba y el corazón de Levy salto en su pecho, sus extremidades tornándose adormecidas de a poco.

- No Gajeel, no puedes… no me puedes hacer esto ahora - Lloro.

Su pecho ya no se levantaba, no estaba respirando, colapsado e inerte, hasta su sangre había parado desde sus heridas. Con un movimiento instintivo, la mano de la maga de escritura solida toco su cuello, y lanzo un grito apagado con horror al darse cuenta que no sentía nada, excepto el calor del Dragon Slayer desvanecerse lentamente.

- ¡No Gajeel! ¡NO! ¿TE LO SUPLICO, NO LO HAGAS!

Tenía la impresión de que su corazón quería perforar su pecho, reemplazando el de él mismo, demasiado calmado y sin vida. Si pudiera, Levy se lo hubiera dado con gusto. Pero no podía. Todo lo que podía hacer era gritar, cargando el cuerpo sin vida y ensangrentado de Gajeel en sus brazos.

- ¡GGGAAAJJJEEEEEELLL!

Perdón por la tardanza. volvi a clases por lo que estoy mas ocuapda que nunca. Tratare de traducir el siguiente capítulo pronto pero no prometo nada. Cuidense.

Aralys.